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Verdad Imperial

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El Adepto Sabiondus, mascota del Imperio del Hombre, protege este saber; pues es parte del Omnissiah. Pulsa sobre él para aprender más sobre los dominios del Emperador.

El Omnissiah sabe todo, comprende todo. Tus visitas honran al Dios Máquina.

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El Aquila Imperial, antaño el símbolo de la Verdad Imperial.

La Verdad Imperial es el nombre dado al conjunto de creencias filosóficas y culturales de carácter secular y racionalista promulgadas por el Emperador de la Humanidad durante su Gran Cruzada para reunificar a todos los mundos de la Humanidad bajo la égida del naciente Imperio en el M31.

La Verdad Imperial fue ensayada por el Emperador en Terra ya antes del inicio de la Gran Cruzada, y defendía los valores de la razón, la ciencia y el progreso secular por encima de las viejas tradiciones de la religión, la superstición y la fe que habían definido por mucho tiempo a gran cantidad de los mundos humanos caídos en la oscuridad durante la Era de los Conflictos tras la caída de la primera civilización interestelar humana. El propio Emperador afirmó que la Humanidad no sería libre para progresar y avanzar a su predestinada posición como la especie preeminente de la galaxia hasta que "la última piedra de la última iglesia fuese derribada sobre el último sacerdote". Purgó la vieja Terra de todas sus antiguas religiones y creencias supersticiosas, llegando incluso a acudir personalmente a la destrucción de la última iglesia de Terra tras entablar con su último párroco una batalla dialéctica entre ciencia y dogma.

La Verdad Imperial también afirmaba que la Humanidad era la especie que debería gobernar por derecho la galaxia, pues su forma física era la más pura. Además, todas las demás razas alienígenas inteligentes, como los Eldars, ya habían intentado dominar la galaxia y habían fracasado: ahora era el turno de los humanos de lograr el éxito donde los demás habían fallado.

La Verdad Imperial debía ser llevada a todos los mundos de la Humanidad, pacíficamente en principio, aunque impuesta por las armas si era necesario, pues el Emperador creía que la unidad era el único camino por el que la Humanidad podría sobrevivir y prosperar en un universo tan hostil. Si esto requería el desafortunado uso de la fuerza contra los que rechazaban esta necesidad, así sería.

Aunque sostenía la luz de la razón y la ciencia, tenía una sola prohibición en ese sentido: los hombres nunca debían desarrollar inteligencias artificiales. El Emperador recordaba que había sido la guerra entre la Humanidad y las máquinas inteligentes conocidas como Hombres de Hierro lo que había iniciado el declive de la civilización interestelar humana al final de la Era Oscura de la Tecnología, y no tenía ningún deseo de que la Humanidad repitiese sus errores pasados. Por tanto, cuando las Flotas Expedicionarias de la Gran Cruzada encontraban civilizaciones humanas avanzadas que habían desarrollado inteligencia artificial, simplemente exterminaban a su población como peligro potencial para todo el naciente Imperio.

La Verdad Imperial fue extendida a todas las colonias humanas redescubiertas durante la Gran Cruzada, enseñada a los soldados del Ejército Imperial, extendida por los Astartes, e inculcada en toda la población por grupos de Iteradores Imperiales. Los Iteradores eran un cuerpo de oradores y retóricos de una habilidad y pasión inmensas que iban adjuntos a todas las Flotas Expedicionarias de la Gran Cruzada con la misión específica de extender la Verdad Imperial. Este credo reforzó aún más la Gran Cruzada, dando el apoyo simbólico del Emperador a todos los científicos, escépticos y pensadores sobre los que se articulaban los planes del Emperador de una civilización galáctica unida. El Emperador necesitaba que apareciera un nuevo Renacimiento por todo el naciente Imperio para ver cumplirse sus ambiciosos sueños de mejorar la vida de la Humanidad. El Emperador esperaba que una nueva era de ciencia y progreso tecnológico consolidaría las victorias obtenidas por él y sus guerreros al obtener un nuevo lugar para la Humanidad en la galaxia, una restauración del puesto que correspondía por justicia a la Humanidad como especie predominante del universo conocido.

Sin embargo, la dominancia de la Verdad Imperial ya estaba siendo atacada décadas antes de que estallase la Herejía de Horus. Un texto conocido como Lectio Divinitatus, que llamaba a toda la Humanidad a reconocer al Emperador como el único y verdadero Dios de la Humanidad, había sido escrito por nada menos que el Primarca Lorgar de la Legión de los Portadores de la Palabra. Lorgar había sido criado en Colchis, un mundo teocrático dominado por sacerdotes que rendían culto a los antiguos Dioses de lo que se conocía como la Vieja Fe. Lorgar había derribado la Vieja Fe en favor de una nueva religión llamada el Pacto de Colchis, que veía al Emperador como un Dios encarnado siguiendo las visiones sobre su futura venida que había tenido el Primarca en su juventud. Estas visiones, probablemente de origen psíquico, se cumplieron cuando el Emperador vino a Colchis a recuperar a su hijo perdido. Mientras tanto, Lorgar y su mentor y padre adoptivo el sumo sacerdote Kor Phaeron habían lanzado una exitosa guerra santa de seis años contra los creyentes en la Vieja Fe de Colchis para obligarlos a convertirse al culto al Emperador.

Después de conocer finalmente a su padre, escribió el Lectio Divinitatus, que enseñaba que el Emperador era un Dios merecedor de adoración. El texto se extendió rápidamente por las Flotas Expedicionarias de la Gran Cruzada, y recibió más apoyos entre los civiles y el personal de apoyo de las Flotas y los mundos conquistados que entre los oficiales del Ejército Imperial y los Astartes, que creían más fuertemente en la Verdad Imperial debido a su cercanía al Emperador.

Aun así, con el tiempo mucha gente en el Imperio se convenció de que el Emperador era verdaderamente un ser divino y empezaron a extenderse cultos en su honor, ganando más fuerza a medida que se acercaba el inicio de la Herejía de Horus y la influencia de los Dioses Oscuros iba creciendo. Este proceso se aceleró aún más según los Portadores de la Palabra iban convirtiendo a todos los planetas que conquistaban a su nueva fe. Este proceso hizo su avance mucho más lento que el de las demás Legiones Astartes, y finalmente les llevó a ser brutalmente humillados como fallos de la Gran Cruzada ante el propio Emperador en el mundo de Khur, donde habían logrado extender con éxito la fe en el Dios-Emperador. El Emperador ordenó a la Legión de los Ultramarines destruir la gran ciudad de Monarchia hasta reducirla a cenizas, donde se le había adorado abiertamente como a un dios, para después hacer a los Portadores arrodillarse ante él sobre las ruinas de su mayor logro.

Esta humillación destrozó a Lorgar, lo que facilitó que el Primer Capitán Kor Phaeron y el Primer Capellán Erebus lo convirtiesen al Caos y corrompieran su Legión. Lorgar siempre había rechazado la Verdad Imperial, y creía de todo corazón que la fe religiosa era lo que de verdad hacía fuerte a la Humanidad frente a la adversidad. Si el Emperador rechazaba su adoración, no era digno de ella, y por tanto debía buscar seres verdaderamente divinos que merecieran culto. Así, dispersó su Legión por las Flotas Expedicionarias para obtener datos sobre las religiones de todas las culturas humanas reconquistadas y encontrar un patrón común que identificase a esas verdaderas divinidades. Él mismo se internó con el Capítulo del Sol Serrado, en lo que se conoció como el Peregrinaje de Lorgar, en el interior del Ojo del Terror, donde se le mostraron las ruinas de los reinos Eldars destruidos en su Caída. Al creer que tal debacle había ocurrido porque los Eldars no habían aceptado el don del Dios que habían creado, se entregó a la adoración a todo el panteón del Caos y se convirtió en un sirviente secreto de los Poderes Ruinosos, que temían el Orden que traía el Imperio consigo.

Lorgar pasó las siguientes décadas manipulando lentamente las piezas de un gran plan para convertir al Caos a las Legiones de Marines Espaciales y finalmente iniciar una gran revuelta contra el Emperador en el nombre de los Dioses Oscuros.

La Verdad Imperial fue muriendo poco a poco a medida que avanzaba la Herejía de Horus y la fe religiosa en el Emperador parecía ofrecer tanto socorro espiritual como auténtica protección psíquica contra los crecientes poderes y peligros demoníacos de los Poderes Ruinosos. Del mismo modo que antes convertían mundos enteros al Emperador, ahora los Portadores de la Palabra imponían el sangriento culto al Caos en todos los mundos que capturaban durante la Herejía, obligando a sus habitantes a memorizar la nueva obra de su Primarca, el Libro de Lorgar. Una vez que la Herejía de Horus hubo terminado con la derrota de las Fuerzas del Caos y el repliegue de las Legiones Traidoras al Ojo del Terror durante la Gran Purga, la Verdad Imperial fue olvidada aún más rápido por los hombres. Sin la influencia directora del Emperador y su constante reafirmación de su deseo de establecer una cultura imperial basada en el racionalismo secular, la superstición y la religión volvieron a los corazones humanos.

Lorgar había acertado en una cosa: la religión sí daba un medio de unir a la Humanidad mucho más fuerte que la razón y la ciencia. La creencia en la Verdad Imperial desapareció poco a poco, año a año, mundo a mundo, hasta que se formó oficialmente el Adeptus Ministorum en el M32 y el Culto Imperial fue reconocido como la religión oficial del Imperio por los Altos Señores de Terra. El Culto Imperial combinaba las extendidas creencias en el Dios-Emperador que protegía a la Humanidad de los terribles peligros del universo en una sola religión unificada que barrería la Verdad Imperial como un dogma falso y herético.

Al final, la religión estatal del Imperio llevó a la Humanidad a un declive hacia la ignorancia, la superstición, la intolerancia y la tiranía, las mismas cosas contra las que tanto había luchado el Emperador. Irónicamente, en el M41 la propia Verdad Imperial sería vista como una herejía castigable con la muerte a manos de la Eclesiarquía o la Inquisición.

El propósito del EmperadorEditar

A primera vista, la Verdad Imperial parece una gran contradicción: ¿Por qué el Emperador de la Humanidad, un ser inmortal que había vivido milenios y conocía perfectamente la existencia de los Dioses del Caos, los Demonios y todas las demás entidades del Inmaterium, promulgaría un código de creencias que sólo defendía la razón y la ciencia? Especialmente cuando el poder psíquico generado en la Disformidad por la fe de miles de millones de personas podía ser usado para protegerlas de la influencia del Caos. La razón parece ser que el propósito final del Emperador al lanzar la Gran Cruzada y fundar un Imperio galáctico era intentar destruir para siempre al Caos.

El Emperador, quien había sido responsable del desarrollo de varias de las principales religiones de la Vieja Tierra, había dedicado toda su existencia a buscar el bien para la Humanidad. Y aun así, una vez tras otra había visto cómo los principios que él había propuesto en forma de religión eran tergiversados por la naturaleza humana, transformando una fe basada en el amor y el respeto mutuo en un credo sangriento de violencia, represión, asesinato y guerra santa que sólo reforzaba a los Dioses del Caos.

Después de que el inicio de la Era de los Conflictos pusiese fin a la anterior Edad de Oro de la Humanidad y el salvajismo consumiese a la civilización humana, el Emperador decidió que su larga política de esconder su verdadera naturaleza de sus congéneres para guiarlos hacia un futuro mejor había fracasado. Necesitaba tomar un papel mucho más activo en el desarrollo de su especie, así que creó el personaje del Emperador y se propuso usar sus potentes habilidades psíquicas, su intelecto y su extraordinario conocimiento para reunificar a toda la dispersa raza humana, por la fuerza si era necesario. El Emperador llegó a esta dura conclusión porque temía que, a menos que toda la Humanidad se uniese, acabaría por ser destruida pedazo a pedazo por los horribles peligros de la galaxia, incluidos el Caos y otras razas alienígenas. Promulgando la Verdad Imperial en todos los mundos habitados por la Humanidad, el Emperador esperaba irónicamente que se formase una fuerza psíquica de creencia en la ciencia y la razón lo bastante fuerte como para que los Dioses del Caos, que crecían y se fortalecían con las emanaciones psíquicas más oscuras de la Humanidad, quedasen fatalmente debilitados.

Por supuesto, los Poderes Ruinosos conocían las intenciones del Emperador y desde el principio intentaron desbaratar sus planes y hasta hacerlos funcionar a su favor. Primero corrompieron a varios de los Primarcas casi en el momento de su nacimiento, cuando fueron robados de los laboratorios genéticos del Emperador bajo el Himalaya, y dispersados a través de la Disformidad por toda la galaxia. Después, corrompieron a Lorgar, y lo usaron como su instrumento para corromper a Horus y finalmente a todos los Primarcas y Legiones Traidores que se rebelaron contra el Emperador. Su corrupción destruyó el sueño del Emperador de un Imperio unido que abriese una nueva Edad de Oro de razón y progreso para la Humanidad.

Al final, resultó que el Emperador había calculado mal, subestimando profundamente la necesidad básica de la Humanidad de creer en algo más grande que ella misma, más allá de los estancados confines de la ciencia y la tecnología. Irónicamente, lo que al final supuso la única esperanza para que la Humanidad sobreviviese a la Era del Imperio tras la Herejía de Horus fue la fe religiosa en el propio Emperador. La fe colectiva de la Humanidad en el Dios-Emperador refuerza su forma psíquica en la Disformidad, permitiéndole combatir la influencia destructora el Caos y dando a sus siervos el poder psíquico para defenderse de las amenazas de los Demonios, alienígenas y herejes.

Aunque el precio por la supervivencia del Imperio ha sido alto, un coste mucho más alto de lo que el Emperador esperaba que la Humanidad tuviese que soportar, una nueva versión de la Verdad Imperial ha prevalecido en el millón de mundos del Imperio. Esta es una verdad cuyo primer principio es la piedra angular del Culto Imperial: El Emperador protege.

FuentesEditar

Extraído y traducido de Truth Wikihammer 40K UK.

  • El Primer Hereje, por Aaron Dembski-Bowden.

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