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Segunda Guerra de Armageddon

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¡Allá vamoz, allá vamoz, allá vamoz! ¡Waaagh!


Gi vs orkos comisario.jpg
La Segunda Guerra de Armageddon fue un conflicto que enfrentó al Imperio de la Humanidad contra los orkos en el planeta Armageddon.

HistoriaEditar

En el día de la Festividad de la Ascensión del Emperador (941.M40), un masivo asalto orko comenzó en el mundo colmena de Armageddon. Naves lanzadas desde el pecio espacial Alveus Alpha Alpha Sextus atravesaron el cordón orbital del planeta, aniquilando el obsoleta sistema orbital de monitorización. Un masivo desembarco espacial avasalló la mayoría del continente occidental de Armageddon Prime. Asaltos relámpagos de las altamente móviles fuerzas orkas rodearon una ciudad colmena tras otra. Decenas de miles de orkos se abrieron paso a través de sus defensas externas y masacraron o esclavizaron a las poblaciones atrapadas.

Hernan Von Strab.jpg

Herman von Strab, Gobernador de Armageddon.

A lo largo y ancho del continente las fuerzas de la humanidad fueron puestas en retirada. Debido a la negligencia criminal del Gobernador Planetario Von Strab (referencia a archivo del Administratum: Armageddon 40.004, Condenas por Crímenes de Guerra), las mal preparadas fuerzas humanas fueron casi completamente barridas por la ola verde. Las divisiones de las Fuerzas de Defensa Planetaria fueron enviadas por Von Strab de a una en una a combatir al enemigo, por lo que eran engullidas y destruidas.

Columnas interminables de máquinas de guerra orkas levantaban cortinas de polvo de cientos de metros de altura mientras se abalanzaban por los desiertos de ceniza de Armageddon Prime. Las voces de cientos de miles de orkos entonaban brutales cantos de victoria. Los reportes de los campos de batalla llegaban uno tras otro, donde la sangre de valerosos guerreros humanos manchaba las arenas multicolores. Era evidente que von Strab había subestimado seriamente la astucia y la habilidad estratégica de su enemigo el Señor de la Guerra Ghazghkull Thraka, Líder de todos los Goff, Profeta de la Waaagh!.

Von Strab huyó a la relativa seguridad del sur, Armageddon Secundus, el corazón industrial de Armageddon. Dos días después los orkos invadieron Armageddon Secundus y la verdadera batalla por Armageddon comenzó. Armageddon Secundus contenía el 80% de la capacidad industrial del planeta, vital no solo para la lucha planetaria sino también para asegurar sistemas estelares cercanos contra amenazas alienígenas. Ghazghkull deseaba arrancar el corazón industrial de su enemigo. La única esperanza provenía de los Capítulos de Marines Espaciales, pero Von Strab se rehusó a pedir ayuda, pensando todavía en que podía obtener la victoria y reclamarla como propia.

Orkos Waaagh! Armageddon.png

Guerra en Armageddon

El asalto de los orkos comenzó en la Temporada de Sombras, cuando los volcanes de Armageddon entran en erupción, enviando grandes nubes de humo y polvo a través de los turbulentos cielos color sangre. Las columnas mecanizadas impactaron contra las posiciones imperiales, débilmente defendidas. Buggies de guerra corrían por las arenas candentes hacia las líneas humanas. Una vociferante masa de demonios verdes sobrepasó a los defensores humanos. A la menguante luz de las Montañas Palidus, mientras el mismo Monte Eschatus erupcionaba y la lava burbujeaba y siseaba ladera abajo, hombres y orkos luchaban y morían. El retumbar de los bolters no tenía fin. Los Gargantes se arrastraron hacia delante, empequeñeciendo a los humanos que huían ante ellos, con su miríada de torretas escupiendo muerte. Los orkos abrieron agujeros en las líneas humanas y se dirigieron al sur. Dos tribus rodearon la Cordillera Palidian por el este, hacia el sur y la ciudad colmena Hades. El resto de la tribu orka se movió hacia el oeste, hacia el puerto de Helsreach.

Avance imparableEditar

Al culminar la Temporada de las Tormentas, barriendo la nubes del cielo, el avance orko continuó hacia el sur. Destrozaron las patéticas defensas improvisadas por los sobrevivientes humanos sobre las costar rivereñas y atravesaron las Montañas Palidus hacia la ciudad colmena Infernus. Desmoralizado por las continuas noticias de derrota, sin fe en las promesas de Gobernador Planetario y atemorizado por el impresionante número de las hordas mecanizadas orkas, el Gobernador de Infernus se rindió sin luchar. Las motos de combate orkas apuraron las kilométricas columnas de refugiados que abandonaron la ciudad, devolviéndolos a Infernos y convirtiéndolos en mano de obra esclava en las fábricas. Debido al hecho de que los orkos consideraban a los hombres, mujeres y niños con sus propios patrones de inhumana resistencia física, cientos de miles morirían en cautiverio.

Legion de Acero.jpg

Sargento de la Legión de Acero

Pronto el complejo colmena de Hades estaba sitiado y parecía el sitio de mayor conflicto de la campaña. El legendario Comisario Yarrick supervisó las defensas. En esos días oscuros parecía estar en todos lados, supervisando las cerraduras de las enromes puertas anti-impactos, negociando en persona tratados de alianza con bandas armadas de la ciudad y uniéndolos al ejército, levantando la moral de un pueblo desmoralizado por el hambre y la derrota con su propia fe inquebrantable en la victoria final. Sorpresivamente logró juntar un ejército improvisado capaz de repeler a los orkos. En Hades, se detuvieron. Uno solo puede imaginarse lo que debe haber sido. Los cientos de kilómetros de trincheras apresuradamente realizadas por los grupos de esclavos bajo el látigo de Ork Runtherdz (kaporales), los gigantes Gargantes disparando a las distantes espiras de la ciudad, las armas resonando como la risa de dioses locos. Cientos de miles de ojos llenos de odio observando el premio, tan cerca y sin embargo tan inalcanzable. La población humana escabulléndose por las sombras de la ciudad, kilómetros de corredores a oscuras por la necesidad de ahorrar energía. Miles con hambre o comiendo ratas y cucarachas. ¿Quién sabe que actos de heroísmo y horror fueron realizadas en ese lugar, en esos tiempos? Aquellos que sobrevivieron no hablan mucho sobre ello, salvo para alabar la valentía de Yarrick.


HelsreachEditar

En el oeste los defensores del puerto de Helsreach, animados por la resistencia en Hades, lucharon con valentía. Defendieron el puerto y las refinerías con bravura. Bandas callejeras utilizando armas improvisadas emboscaban a los orkos en cada esquina. Contenedores reforzados y modificados con prisas fueron dedicados al servicio de evacuar civiles. Sin lugar para todos, los lugares se sorteaban y las familias se separaban llorando, sabiendo que tal vez nunca más fueran a verse. Una vez que el último barco había partido los defensores supieron que no había refugio para ellos; cada miembro de las improvisadas Fuerzas de Defensa de la ciudad juró vender su vida lo más caro posible. Impulsados por el odio y la cólera combatieron a los orkos con la furia de un rhinodonte enloquecido. Hombres-bomba suicidas saltaban en el medio de las patrullas orkas y detonaban los explosivos que llevaban en los pechos. Los corredores de Helsreach se tiñeron de sangre. Los conductores de las grandes grúas de carga del puerto se ataron a sus vehículos y atacaron a los Gargantes. Ola tras ola de ataques orkos fueron repelidos hasta que los mismos generales orkos comenzaron a dudar de la sabiduría de su ataque. Mensajes de esperanza desde Hades se escuchaban en la red de comunicaciones de Helsreach.
El momento de mayor oscuridad para el pueblo de Helsreach fue cuando el puerto finalmente cayó. La derrota, al llegar, se mostró de la forma más inesperada.

Psíquicos Orkos convocaron una monstruosa tormenta psíquica. Olas de dolor estallaron en las mentes de los defensores. Algunos enloquecieron, otros murieron por el shock, sus cabezas explotando. Bajo el efecto de esta tormenta los orkos entraron a Helsreach y la limpiaron de su población, hasta el último hombre.
Cuando las noticias de la caida de Helsreach llegaron a Hades, el Comisario Yarrick ordenó una hora de silencio y luego se encerró en la Capilla del Emperador a orar.

El asedio de HadesEditar

Algunos dicen que el viejo hombre habló con la divinidad y encontró nueva inspiración. Aquellos que lo conocieron bien dicen que lloró. El mismo Ghazghkull llegó para supervisar el asedio de Hades. Había escuchado historias sobre la resistencia humana y pensó que debería supervisar la derrota de Yarrick. Por semanas un largo duelo se desarrolló bajo el cielo amarillo. Ghazghkull trató cada estratagema; fingió asaltos en una parte de la ciudad mientras sus fuerzas principales atacaban por otro lado; desplegó unidades de Kommandoz sobre las espiras y les ordenó que buscaran una entrada a través del sistema de ventilación; le ordenó a sus Mekánicoz que le construyeran poderosas máquinas de asedio, enormes torres con grandes arietes; Gargantes modificados para remover la tierra y taladros para alcanzar la superficie subterránea de la ciudad colmena.

Yarrik.jpg

Yarrik contra el Kaudillo Ghazghkull Thraka

A cada estrategia implementada por los orkos el Comisario Yarrick encontró una respuesta. Fuerzas móviles usaron la infraestructura de transporte de la ciudad para responder a las fintas; los Kommandoz se encontraron con luchadores de túneles voluntarios, locos dopados elegidos de los pocos ingenieros de mantenimiento restantes en la ciudad, quienes habían perdido todos sus seres queridos en el asedio. Estos hombres se escabullían por los túneles completamente desnudos salvo por un cuchillo, una pistola bolter y un extenso conocimiento del sistema que les permitía poner trampas y tender emboscadas. Lucharon una guerra solitaria y no reconocida en la terrible oscuridad, pero hicieron su trabajo. Ni un solo Kommando orko emergió con vida de los conductos de aire. Los escuadrones suicida de la Fuerza de Defensa realizaban incursiones por las noches y asaltaban a las máquinas de guerra con bombas de fusión y hachas de energía.

Mientras el asedio de Hades continuaba columnas de orkos marchaban al sur desde Helsreach e Infernus . Se dirigían a Acheron y lo que parecía ser el último bastión de la resistencia humana. Era el comienzo de la Temporada del Fuego y las temperaturas fuera de las ciudades colmena habían empezado a subir. Los resistentes orkos y los militares humanos especialmente equipados no tenían de qué preocuparse, pero los refugiados que habían escapado de las redes orkas comenzaron a morir de a puñados.

Los Acheronianos se prepararon para la batalla. Sabían que su tiempo había llegado. A través de los monitores oculares de su ciudad podían ver las incontables filas de orkos que se acercaban. Cascos con cuernos, buggies customizados para la guerra y grandes máquinas de asedio se extendían hasta el horizonte. La única promesa de apoyo que tenían era del Gobernador Von Strab. Consistía en sus buenos deseos y veinte de sus guardias personales de elite, que habían perdido su favor. Con un bramido ensordecedor los orkos avanzaron, el mismo aire vibrando con el rugido de miles de poderosos motores. Arrasaron con los barrios externos de la ciudad y pusieron sitio a la colmena central misma. Aún con su tropas pobremente aprovisionadas e inadecuadamente armadas, el gobernador de la ciudad se negó a someterse, “Lucharemos hasta el último hombre”, anunció. “Y luego nuestros fantasmas volverán a por esa basura orka.”

El Imperio respondeEditar

Los orkos cargaron, confiados en su victoria. De repente grandes agujeros aparecieron en sus rangos. Sus vehículos eran arrojados al aire como hojarasca por poderosas explosiones. Los habitantes de Acheron observaron maravillados como el bombardeo orbital continuaba. Las naves llenaron el cielo y cañoneras imperiales Thunderhawk se abalanzaban al suelo, desembarcando escuadras de avanzada de Marines Espaciales en el medio del combate. Tomados por sorpresa, los orkos retrocedieron. Los Marines Espaciales continuaron saliendo de sus vehículos, los bolters escupiendo muerte. Los defensores de la ciudad se juntaron y emergieron para ayudar a sus salvadores. Por primera vez en su campaña, los orkos probaron
la derrota. Una fuerza de ayuda encabezada por los Salamandras, los Ultramarines y los Ángeles Sangrientos se apuraron al norte en un esfuerzo por recuperar Hades .


Mapa Armageddon Segunda Ghazghkull Warhammer 40k Wikihammer.jpg

Justo mientras los Marines Espaciales se abrían paso por la línea frontal orka, Hades cayó. Los orkos llenaban los corredores, las últimas compuertas eran voladas y la lucha se encendía en los lugares que antes servían de casas y talleres. En las últimas horas la lucha fue mortal y virtualmente mano a mano mientras la batalla continuaba a través de las últimas zonas seguras de la ciudad. El Comisario Yarrick fue uno de los pocos supervivientes. Su cuerpo terriblemente herido fue encontrado en las ruinas, con docenas de cuerpos de orkos a su alrededor. Afortunadamente para el Imperio este guerrero excepcional vivió para luchar otro día. En el oeste una nueva ola de refuerzos orkos había llegado y un terrible asalto a la ciudad colmena de Tartarus comenzó. Las líneas imperiales habían sido diezmadas en los esfuerzos por ayudar a Hades y los orkos no tuvieron prácticamente oposición al rodear la ciudad. El mismo Ghazghkull tomo el mando del asalto y lanzó un último intento desesperado de ganar la guerra. Por días todo se mantuvo equilibrado. Si los orkos tomaran Tartarus romperían el eje de la resistencia imperial, devastando la base industrial del sur a tal punto que la guerra sería inganable. Por un momento pareció que el Señor de la Guerra podría triunfar mientras furiosos asaltos arrasaban la ciudad. En una apuesta desesperada los Ángeles Sangrientos volvieron a sus naves. Los Marines Espaciales descendieron en cápsulas de desembarco y cañoneras Thunderhawks detrás del cuerpo principal del frente orko, separando a una tribu Goff entera y al mismo Ghazghkull. Una fina línea de Marines de armadura roja mantuvo el puñado de puentes intactos a través de visceral flujo de barro corrosivo conocido como río Skeletus.

A menos que recapturaran los puentes sobre el Skeletus los orkos no podrían retroceder de la trampa en la cual Tartarus se había convertido. Pronto los Salamandras, Ultramarines y fuerzas de la guardia imperial regresando desde Hades pudieron destruir a las fuerzas orkas de una vez por todas. La única forma en la que los orkos podían escapar sería retomar los puentes y abrir un camino sobre el Skeletus.

Conflictos de CanonEditar

Este es el relato antiguo de la segunda guerra de Armaggedon, por eso puede que noteis que faltan cosas como el uso de misiles víricos por parte Von Strab, los sumergibles orkos, o la destrucción por la negligencia de Von Strab de las fuerzas de titanes acuarteladas en el planeta.

FuentesEditar

  • Caja Básica 2ª Edición

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