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Relato certamen I: Fellblade Loyalty

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IMG 2010.jpg

Fellblade Loyalty, Lobos Lunares.

Relato que he presentado al Certamen de Relato, que lo disfruteis.

[Año 850.M41]

Perdidos en mitad del desierto del planeta Tallarn, un grupo reducido de Astartes avanzaba lentamente. Serian una decena, mal armados, vestidos con armaduras MK VII, excepto dos de ellos que llevaban unas antiguas MK IV.

- ¿Estás seguro que en este condenado desierto vamos a encontrar el depósito? –dijo uno de los Astartes que llevaba una MK IV, con honores tal vez de sargento.

- En el manifiesto de la nave encontrada hace dos semanas lo ponía claro, Nero, era un deposito secreto del Señor de la Guerra.

- La nave estaba destruida hace cuánto, seis mil años, tal vez. La información podría estar corrupta Garvi.

- No lo creo, aceptó mi código del Mournival, y mostró la información.

- ¿Teníais hasta códigos de acceso? Desde luego yo no.

- Lo malo es que cualquiera hubiera podido acceder a la información.

- Estás muy equivocado, Garvi. Horus, Tarik y Aximand están muertos, sólo tú y...

- Ezekyle, dilo Nero.

- Sí, Abaddon. Garvi, no sé por qué te empeñas en llamarlo por su nombre. Ya no es quien tú conocías, ni tu amigo, intentó matarte.

- Lo sé, Nero. Aunque ha pasado tanto tiempo, cada vez que lo recuerdo lo llamo por su nombre. Éramos amigos.

- Todos erais amigos. Pequeño Horus mato a Tarik -la voz de Nero Vipus se embargó de emoción-, y ese sí era nuestro amigo, Tarik. Horus nos bombardeó hasta matarnos a casi todos.

- Era como un padre para mí, el Señor de la Guerra.

- ¿Por qué? Nos traicionó.

- Siempre le tuve mucho respeto, Nero. Las cosas no podemos cambiarlas.

- Y seguro que cuando veas alguna vez a Abaddon le extenderás la mano y él te la cortará con esa espada que lleva.

- Cuando me encuentre con él…

- Sal corriendo, es mi consejo Garvi. Corre todo lo rápido que puedas. Es un suicidio enfrentarse a ese loco homicida.

- En Isstvan estuve a punto de derrotarle.

- Tuviste suerte, el muro se derrumbó encima de él por el Titán.

- Sí, pero le podría haber vencido. De eso estoy seguro.

- Venga Garvi, déjate de tonterías. Aquí nos tienes en mitad de un desierto, tú diciendo sandeces y yo de niñera.

- Son Astartes como nosotros, han pasado todas las pruebas.

- No saben ni empuñar un bólter, míralos y dime, ¿después de todo lo que hemos pasado para esto hemos quedado?

- Estamos rehaciendo la Legión, Nero…

- Me llevas diciendo eso desde hace unos miles de años, Garvi y no somos más de mil. Tenemos una guardería, eso es lo que tenemos. Dos mil huérfanos y huérfanas que estamos cuidando.

- Los hemos salvado, merecen una segunda oportunidad.

- Yo no sé tú, pero a mí me parece que nos siguen tomando un poco fuera de juego. No tenemos medios para formar una Compañía decente, encima somos un poco más que niñeras y ahora somos hasta conejillos de indias.

- ¿Te refieres a la nave?

- ¿A qué te crees que me refiero? Nos dan una nave que nadie sabe cómo responderá en combate.

- Es un modelo nuevo, Stormraven creo que me dijo Nathaniel que se llaman. Son un prototipo, hasta dentro de unos años, no estarán en pleno funcionamiento. Los contactos del Mecanicus de Nathaniel nos la han dejado. Además, con los extras que les hemos puesto quedan muy bien. Nadie sabe que estamos aquí.

- Si se puede preguntar, ¿de dónde sacaste esa tecnología?

- Es la misma que llevaban las antiguas Naves Negras de las Hermanas del Silencio. Además ¿recuerdas a los Invisibles de 63-19, las pantallas de invisibilidad? Pues las hemos adaptado a la nave. Es totalmente invisible al auspex y a la vista.

- Sigues siendo un fanfarrón Garvi, como en 63-19.

- Pero llegamos antes que la primera, ¿o no?

- Tienes toda la razón, pero eres un fanfarrón.

Un Astartes se acercó al dúo.

- Mi comandante, creo que ya regresa el explorador.

- Bien Sargento -le respondió Loken-, veamos qué dice.

Un Astartes embutido en una armadura de explorador avanzaba hacia ellos. Llevaba una capa de color arena que le cubría, además de que, aunque la armadura que llevaba era negra, las ropas eran también de color arena. Llevaba la insignia que le denominaba como un Guardián de la Muerte, la gran I con la calavera en la izquierda, y en la derecha un cuervo negro con una gota de sangre que decía que pertenecía a los Cuervos Sangrientos. Era muy especial, ya que aunque llevaba un respirador, se le veía una melena rubia oscura que ondulaba al viento cálido del desierto. En sus manos llevaba un fusil de francotirador.

- Comandante -dijo con voz suspicaz.

- Cyrus -le respondió Loken.

- No hay nada en varios kilómetros a la redonda, no se detecta Guardia Imperial, ni hostiles. El punto que usted dijo está detrás de esas dunas a un kilómetro aproximadamente.

- Gracias, explorador.

- Iré a colocarme en una posición a cubierto y le avisare si hay algún problema.

- De acuerdo, Cyrus. Nero, dile a los chicos que revisen el armamento y que estén preparados por si hay problemas.

Cyrus le saludo y desapareció tan rápido como había aparecido.

- Extraño tipo -dijo Nero.

- Es el mejor explorador que tiene Nathaniel. Ojala tuviéramos uno como él en nuestra Legión.


- ¿Tan amargado? No, gracias, contigo tenemos bastante.

- Hoy estás muy gracioso, ¿no, Nero?

- No, Garvi, estoy nervioso.

- Continuemos.

El grupo siguió adelante desplegado en patrulla de combate. Loken iba en el centro, con dos Astartes a cada lado, otros dos iban en la derecha y en la izquierda Vipus con dos más. Iban andando un poco más lentos, pero a una buena velocidad. Rápidamente visualizaron las dunas.

- ¿Alguna novedad Cyrus?- inquirió Loken.

- Ninguna comandante, todo está tranquilo.

- Bien avancemos. Radiax, tú a la derecha, Silhen, a la izquierda, y Nero...

- Ya lo sé, me encargo de guardarte las espaldas, como siempre.

- Sí, viejo amigo -le respondió Loken sonriéndole a través del casco.

Loken avanzo con dos legionarios. Hasta un punto, levantó la mano y cerró el puño. Todos los demás se situaron a su alrededor, cubriéndolos.

- Chicos, este es el punto. Debemos de buscar algo raro.

- ¿Como esto, comandante? - dijo uno de los legionarios, dando con el pie en el suelo y produciendo un ruido metálico.

- Como eso, Agias.

Los tres pusieron sus Bólters a la espalda y comenzaron a excavar, con las manos dejando al descubierto en nada de tiempo una superficie metálica de un metro cuadrado.

- Tiene que abrirse de algún modo -dijo Agias.

- Sólo puedo abrirla yo -le contestó Loken, poniendo una de sus manos en un soporte.

Se oyó un clic, y puerta metálica ascendió, dejando al descubierto una escalera.

- Agias , después de mí -dijo Loken-, y después Jon.

Los chicos asintieron. Loken desapareció por la escalera, y después cada uno de los chicos.

Vipus miraba a su alrededor nervioso. Ya hacía casi diez minutos que Loken y los chicos habían bajado, y todavía no tenía noticias de él. Impaciente, accionó su comunicador.

- Garvi, contesta, demonios. Garvi, aquí Nero, dime algo.

No se escuchaba nada, sólo estática.

- Maldita sea. Radiax, quédate al mando. Voy a bajar a buscar al comandante. Vosotros dos conmigo.

- Sí, mi Capitán -le contestó Radiax.

Estaban acercándose a la entrada cuando escucho una voz en su comunicador.

- Nero, aquí Garviel, baja con los chicos, tienes que ver esto.

- Me has pegado un susto de muerte, Garvi -le dijo Nero.

- Si, ya te tenía que haber llamado antes -le contestó, saludándolo.

- Sigo diciendo lo de siempre, eres un fanfarrón- le sonrió Nero que se había quitado el casco y lo llevaba enganchado en la cintura.

Ni Loken ni los Astartes llevaban ya los cascos.

Sargento, vamos a hacer recuento, Nero, ven conmigo.

El sargento comenzó a nombrar al grupo.

Vipus fue con Loken a un terminal.

- Veamos -dijo Loken manipulando el terminal holográfico-, vamos a ver. Aquí está. Abrir depósito.

Loken accionó el icono y uno de los paneles metálicos de la pared comenzó a moverse. Loken y Vipus se unieron al resto y esperaron pacientemente que la gigantesca puerta se abriera.

- Bien, Nero, tú primero.

- Gracias, comandante -le contestó Vipus.

La vista del depósito era magnifica. Al principio todo estaba envuelto en oscuridad, pero nada más detectar que había seres vivos allí, unos globos lumínicos se activaron, iluminándolo todo como si fuera de día. Y entonces lo vieron. Allí había de todo, armaduras de todos tipos, sobre todo Mark IV, Mark III y algunas Mark V y Mark VI. Tambien había armas, Bólteres pre-Herejía, rifles de plasma, pistolas, espadas sierra, de energía, escudos, armas pesadas como cañones de plasma, cañones láser, lanzamisiles, cañones de fusión, Bólteres pesados y algunos vehículos, sobre todo Rhinos y algún que otro Land Raider y Predator.

La sala era inmensa, pero fueron atraídos los diez hacia el centro de la estancia, donde estaba una gran estructura cubierta.

- ¿Que será eso?- preguntó el Sargento.

- No lo sé, Radiax- le contestó Vipus- Pero es algo grande, muy grande.

- Veamos qué es, descubrámoslo -dijo Loken.

Entre todos movieron un gigantesco toldo que cubría la estructura. Loken sintió cómo se aceleraban sus corazones, ya sabía lo que era.

Cuando lo descubrieron, vieron delante de sus ojos el carro de combate más grande que habían visto en su vida, gigantesco, parecido a un Baneblade de la Guardia Imperial, pero más antiguo. Estaba a medio pintar pero se veían los colores de los Hijos de Horus.

- Mi comandante, ¿qué demonios es eso? ¿Un Baneblade?

- No Radiax, es un Fellblade, el antecesor de los actuales Baneblade -le respondió Loken-. Es un tanque superpesado, un...

- Un cazador de Titanes -terminó Vipus-. Pero este no es Khatek.

- No, este es nuevo, lo estaría preparando Horus para el ataque a Terra, pero no les daría tiempo a terminarlo.

- ¿Crees que funcionará?

- No lo sé, pero mandaré una señal al Legion of One para que Arteus venga verlo inmediatamente. También quiero que haga un recuento del material almacenado.

- Sería una buena base, está cerca de Isstvan.

- Ya lo sé, pero no tenemos tanto personal preparado en este momento. Es una buena base para reparaciones y táctica, lo sé, pero ahora tenemos lo que tenemos. Cuando Arteus me haga un recuento de todo, tal vez tengamos una moneda de cambio para tratar con el Mechanicus.

- La última vez rehusaron siquiera considerarlo. Decían que era demasiado peligroso.

- Creo haber visto en un terminal que hay Plantillas de Construcción Estándar, tal vez podamos intercambiar información. Si les das un dulce pican.

- Puede ser. El Fellblade es impresionante, ¿cómo lo llamaremos?

- Unconquerable Spirit, creo que le vendría bien, es nuestro espíritu, inconquistable.

- Loyalty también le vendría bien. La lealtad a nuestros ideales.

- Me gusta, Loyalty. Bien, Nero, ese será su nombre, Loyalty.

Loken usó su comunicador.

- Aquí Loken a Cerberus.

- Aquí Cerberus, mi comandante -contestó una voz metálica.

- Diríjanse al sector 23 Gamma 2 para aterrizar. Una vez en ese punto le indicaremos el lugar de aterrizaje. También póngase en contacto con el Legion of One. Necesitamos a Arteus y un grupo de trabajo en el mismo sector.

- Entendido, corto y cierro.

- Debe de haber una pista de aterrizaje cercana. Tal vez oculta por las arenas.

- Seguro, alguno de esos controles debe de ser- dijo Vipus señalando unos terminales.

Los dos hombres se acercaron y lo observaron, y tras operar un rato encontraron los controles del hangar, oculto bajo la arena.

- Horus lo tenía todo bien pensado, desde luego.

- No hacía nada a medias. Ese es nuestro espíritu. Debemos terminar lo que empezamos. Y rápido. Llama a Cerberus e indícale la posición del hangar.

- Entendido.

El comunicador de Loken zumbo.

- Aquí Loken, ¿qué pasa?

- Comandante, soy Cyrus. Tenemos compañía.

Loken y Vipus estaban allí en la arena junto con Cyrus. Les había costado un poco encontrarlo, porque estaba camuflado, pero él se mostró a ellos.

- ¿Quiénes son? -inquirió Vipus.

- Incursores de Tallarn, parece que están de patrulla. Son unos veinte.

- Son de los nuestros -dijo Vipus.

- Sí, deben de pertenecer a la guarnición del planeta. Desde luego no nos buscan a nosotros.

Loken miró con unos prismáticos y vio a unos hombres curtidos por el desierto, que estaban junto a un enorme Sentinel.

- Están muy lejos para estar de patrulla -dijo Cyrus-, nunca se alejan tanto de la guarnición más cercana.

- Si pudiéramos escucharlos sería de gran ayuda -dijo Vipus.

- Puedo acercarme a ellos, no se darán cuenta- respondió Cyrus.

- Bien, hazlo, Cyrus, con cuidado.

- No se preocupe comandante, no se darán cuenta de que estoy allí.</p>

Cyrus desapareció al instante.

Habían pasado unos veinte minutos cuando el explorador volvió a aparecer.

- Mi comandante, no estaba equivocado. Siguen la pista a unos esclavistas Eldar, que deben de tener un Incursor cerca.

- Piratas Eldar, hacía tiempo que no oía hablar de ellos -dijo Vipus.

- ¿Puedes encontrarlos, Cyrus?

Son bastante esquivos, pero puedo lograrlo. Además no deben estar lejos. Hablaban de que han atacado un asentamiento cercano. Han matado y empalado a todas las mujeres y hombres, y se han llevado a niños.

- ¡Canallas! -dijo exasperado Vipus- Lo van a pagar caro, lo juro.

- Cálmate Nero, los encontraremos. Llama a Radiax, dile que se preparen los chicos, que cojan armamento del depósito, lanzamisiles, cañón laser, un bólter pesado y algún lanzallamas.

- Entendido.

Cyrus se adelantó y siguió a los incursores. Mientras, Loken y Vipus esperaban al resto de componentes de la escuadra.

- Informa, Radiax -dijo Loken.

- Todo listo, mi comandante. Los hombres están armados y preparados. Arteus ya está en la base. Dice que debe leer esto -Radiax le pasó un holomensaje del Tecnomarine.

Loken lo leyó atentamente.

- Es un recuento del material. No está mal, doscientas armaduras completas y cerca de mil piezas de armadura sueltas. También hay unos doscientos Bólteres, cincuenta lanzallamas, veinte rifles de fusión, treinta Bólteres pesados, veinte lanzamisiles, y treinta cañones de plasma. Mira tú la lista.

- También dice que hay un sarcófago de Dreadnought. Un modelo antiguo, tal vez hasta esté operativo.

- No me gustan los Dreadnoughts -dijo Loken.

- Garvi, puede ser de gran ayuda en combate. También hay que ver de qué lado esta.

- Yo me encargare de ello, más tarde. Ahora vayamos por esos niños.

Unos minutos más tarde, siguiendo la estela dejada por los soldados tallarnianos, el grupo se detuvo por orden de Loken. Cyrus lo había llamado por el comunicador, diciendo que los habían encontrado y los soldados se estaban preparando para atacarlos.

- Nero, ve tú por la derecha y llévate el bólter pesado y el cañón de plasma. Encárgate de la infantería. Sargento, tu por la izquierda, quiero ese Incursor parado, destrózalo con misiles y el cañón laser. Cerberus, aquí Loken. Quiero que estés en el aire camuflado. Dirígete a este sector, quiero que destroces los motores del Incursor, así será más fácil abordarlo.

- ¿Y tú que harás Garvi?

- Entrar en esa nave y rescatar a los niños.

Delante de ellos estaba la nave. Loken vio aproximadamente una cincuentena de piratas, vestidos de negro, con máscaras y unos extraños fusiles alargados, terminados en sierras. Eran parecidos a los que ya había visto antes con los Eldars, pero eran retorcidos y rezumaban maldad. La misma impresión le causaron los piratas. La primera vez que vio unos Eldars fue hacía siglos, mientras era un Marine de línea, al principio de la Cruzada. Le había parecido que eran delicados pero a su vez elegantes, y sobre todo mortíferos en combate, como averiguó más tarde. Después, cuando estuvo con Garro, entabló contacto con ellos y le parecieron amables y, hasta cierto punto, unos aliados fiables. Pero estos eran todo lo contrario. En ellos se veía la maldad, sobre todo en su líder, un Arconte, así creía que se llamaban. Era impresionante, vestido con una armadura negra decorada con filigranas de color cobre, pero lo que más le inquietaban eran sus ojos. Llevaba puesto el casco y aquellos ojos no eran normales, eran como un fulgor rojizo, que le hizo tener un poco de miedo. Le resultaba extraño, en teoría los Astartes no tenían miedo, no se dejaban llevar por el pánico como, por ejemplo, la Guardia Imperial. Pero eso era falso, él lo sabía, todos, hasta los elegidos del Emperador, lo tenían. El dicho "nosotros somos el miedo encarnado" le sonaba a chiste a Loken. Todo el mundo tenía miedo, el miedo era lo que te hacía sobrevivir. Los Ultramarines, después de diez mil años, lo habían tergiversado todo con frases como "no conocemos el miedo". Ese era el punto débil de los Ultramarines, una confianza extrema en su Codex, pero Loken sabía la verdad. En la guerra, en la guerra real, no existen códigos de conducta, sólo hay una regla no escrita: o sobrevives o mueres. Así de simple.

Vio a los soldados preparados para atacar. Sin duda los piratas ya habían detectado a los tallarnianos y están preparándose para atacarlos. Contaba con ello. Los Guardias Imperiales serian una distracción necesaria, y además sabía que cerca de ellos estaba Cyrus con su rifle de francotirador, quién también se apuntaría a la batalla.

- Cerberus en posición de ataque. Cuando quiera, comandante.

- Sólo cuando ataquen los tallarnianos. Destroza los motores y aterriza detrás de las dunas. Te llevarás a los niños.

- Entendido, Comandante. Cerberus fuera.

Los piratas se movían, preparándose para atacar. Uno de ellos cayó al suelo, muerto de un disparo certero en la cabeza, su casco destrozado. Sonrió, ese debía de ser Cyrus, quien a más de quinientos metros había hecho un disparo. A este le siguieron más, seguramente de los soldados.

Los piratas dispararon los extraños fusiles. Los gritos de los soldados no tardaron en escucharse. Loken dio la orden.

- Adelante, es nuestro turno.

La Cerberus fue la primera en atacar, apareciendo de la nada detrás del Incursor Eldar y destrozando los motores. Vipus comenzó a disparar fuego de cobertura, y Loken junto con sus hombres avanzaba disparando su pistola bólter. Antes de llegar al Incursor ya había matado a cinco. Avanzaba disparando con una mano y cortando y aserrando con la otra, donde llevaba su espada sierra. Detrás de él, disparando sus Bólters, iban cuatro Lobos, cubriendo sus flancos. En pocos segundos llegaron hasta la base del Incursor.

- Quedaos aquí, voy a subir -dijo por su comunicador.

Loken subió de un salto al transporte. En él había tres piratas. El primero cayó nada más subir, bajo disparos de su pistola bólter. El segundo, que custodiaba a cinco niños, intentó atacarlo, pero uno de ellos, que no tendría más de ocho años, se echó encima de él y le enganchó el cuello con la cadena que llevaba puesta en las manos. El tercero, el artillero de lanza que disparaba al Sentinel, se volvió hacia Loken y este le atacó con la espada sierra. Detuvo el golpe con la lanza de energía, pero la pistola de Loken matraqueó, y casi a bocajarro destrozó el pecho de la armadura del pirata, quien vibró por los impactos del arma. Su cuerpo sin vida cayó al suelo. Loken se volvió y vio al tercero de los Eldar. Estaba en el suelo muerto, con el chico encima, quien lo había asfixiado.

- Ya está chico -le dijo Loken tocando su espalda-, está muerto. ¿Cómo te llamas?

- Kernya- dijo el chico con la mirada perdida.

Loken lo levantó y miró al resto. Estaban aterrorizados. El gigantesco Astartes se acercó a ellos y les habló.

- Tranquilizaos. Vais a venir con nosotros. Estáis a salvo.</p>

Y al decir esto, con la espada sierra cortó las cadenas de Kernya y del resto.

- Comandante -dijo una voz por el comunicador.

- Sí, estamos listos.

Los cuatro Astartes ayudaron a Loken a bajar a los chicos, y los nueve corrieron cuando Loken dio su orden.

- Radiax, destroza el incursor.

El equipo de demolición del Sargento actuó rápido. Un misil impactó en el centro del vehículo y el cañón láser terminó el trabajo. La nave reventó en medio de una gran explosión.

Loken miro y vio que la lucha continuaba. Los tallarnianos se estaban llevando la peor parte del enfrentamiento. El Sentinel estaba casi destruido por los disparos de la infantería y casi una docena de hombres habían caído. Valientemente, ocho resistían el ataque con sus armas. Detrás de ellos, el Sentinel disparaba su cañón láser, causando bajas a los atacantes.

- Nero, concentra el fuego junto a los soldados.

- Entendido.

- Coge a los chicos y llévalos hasta la Cerberus, el resto conmigo.

La llegada de Loken y sus Astartes cogió a los piratas desprevenidos, y cuando se quisieron dar cuenta estaban entre dos fuegos. Loken y sus chicos, apoyados por el fuego de cobertura del Sargento avanzaban masacrando a los enemigos. Cuando se dio cuenta estaba delante del Arconte.

Loken miró al pirata y lo retó señalándolo con la espada sierra. El enemigo lo miró y aceptó el reto. En una mano llevaba una espada de intricado diseño y en la otra un cuchillo y atacó ferozmente al Astartes. Detuvo el golpe con la espada sierra y golpeó con la culata de la pistola en el casco del pirata. Este se echó para atrás aturdido y Loken contraatacó con una finta con la espada. Las dos armas chocaron y los dientes de su espada chisporrotearon al tocar la espada enemiga. El pirata, con el cuchillo, golpeó a Loken en la mano de su pistola y lo desarmó.

El Astartes, lleno de rabia, atacó con las dos manos en la espada sierra y cortó uno de los cuernos que llevaba en el casco el Eldar, que intentó de nuevo acuchillarlo. Loken le propinó un puñetazo en pleno rostro que le destrozó la parte delantera del casco. El enemigo trastabilló y cayó hacia atrás, pero se recuperó rápidamente e intentó atravesarlo con su espada. Ésta llego a su destino, pero la armadura de ceramita repelió el ataque, momento que aprovechó Loken para asestarle un golpe mortal, directo a su cabeza. Y en se momento ocurrió algo extraño. Una silueta se interpuso entre la espada de Loken y el Arconte, a quien desgarró, cortándole la cabeza. La figura de un monstruo cayó al suelo. Era un Ur-Crófago, un guardaespaldas del Eldar. El monstruo ciego paró el golpe y el Arconte aprovechó el momento para intentar huir, ya que vio que tenía perdida la lucha contra Loken. Éste se lanzó con rabia detrás del enemigo y tirando al suelo la espada, cogió el bolter que le colgaba a la espalda y disparó una ráfaga contra el pirata. Falló. El Arconte sonrió, el maldito tenia suerte y lo más seguro era que escapase. En el suelo había unos aerodeslizadores, utilizados por algunos enemigos que habían caído. Se montó en uno, y saludando burlonamente con la mano emprendió el vuelo.

El Arconte reía bajo el casco destrozado, una risa perversa y pervertida. Sabía que era afortunado, se había enfrentado a un humano de los llamados Marines Espaciales y había sobrevivido. El Marine no podía alcanzarlo a esa distancia armado con un bolter.

Loken vio con rabia como el enemigo se escapaba, cuando, estando a unos dos kilómetros, vio un destello que impacto en el alienígena, que hizo que cayera al suelo. Loken, corriendo se acercó al cuerpo sin vida del Arconte. Un solo disparo en la cabeza había acabado con él. Ya sabía quién lo había matado.

- Garvi, vuelve –dijo la voz de Vipus por el comunicador-, tenemos problemas.

Loken volvió todo lo rápido que pudo. Vio allí a Vipus esperándolo. Habían derrotado al resto de los piratas, y los que no estaban muertos habían huido. Vio en su rostro preocupación.

- Cyrus me ha dicho que puede que tengamos problemas con los tallarnianos, quieren ver a los niños.

- Bien, dejemos que los vean.

- Garvi, no pueden vernos, dirán lo que han visto...

- Lo sé, Nero, pero no tenemos más remedio. Hablaré yo con el oficial al mando.

Loken se acercó dónde estaban Cyrus y el que parecía el oficial de mayor graduación de los tallarnianos.

- Este es mi oficial al mando -dijo Cyrus con voz vehemente.

El oficial lo miró de arriba abajo.

- Ante todo quiero darle las gracias, Capitán. Nos ha salvado el pellejo a nosotros y a los chicos.

- No tiene por qué darlas, ¿teniente, no?

- Sí, teniente del 34º Regimiento de Incursores de Tallarn.

- Pertenecemos a los Guardianes de la Muerte, estamos aquí en una misión de reconocimiento para el Ordo Xenos.

- No visten las armaduras de los Guardianes -dijo suspicaz el teniente al ver la armadura verde marino de Loken-. Ni su armadura ni la de sus hombres son iguales que la del explorador.

- Si, la verdad es que hace poco que nos reclutaron, solo para una misión.

- Tampoco llevan distintivo de ningún Capítulo, además las de sus hombres son blancas.

- El oficial al mando tiene que distinguirse, ¿no? Pero usted quería ver a los niños.

- Si, los niños. Su explorador me dijo que están bien.

- Si los tenemos en un transporte cercano. Alpha 1, trae a los chicos.

Unos minutos después Vipus y dos Astartes aparecieron con los chicos. Eran dos chicos y tres chicas.

- Ve teniente, están bien.

- Sí, ya lo veo, pero creo que deberían acompañarnos hasta nuestra base, allí el comandante del puesto se hará cargo de ellos.

- Tenía otra idea, teniente. Un planeta como Tallarn no es un buen lugar para que crezcan.

- Son tallarnianos, pertenecen a este lugar.

- No, yo voy con él- dijo uno de los chicos, el que había matado a uno de los piratas.

- Chico, eres muy joven- dijo el teniente agachándose-. Con nosotros podrás…

- No, no, voy con ellos- dijo acercándose a Loken-, él nos ha salvado, nos protegió. Los soldados de mi aldea no lo hicieron.

- Eres muy joven- dijo el teniente-. Ellos son extraños, nos los conoces de nada, no son…

- Quiero ser como él- dijo el niño-. El protege a los débiles.

El teniente miró a Loken.

- ¿Se lo llevará?

- Si quieren venir con nosotros no hay problema. Nuestra lanzadera es espaciosa.

- El comandante me preguntará.

- Dígale que están muertos, los piratas los mataron a todos.

- La muerte de los chicos podrá convencerlo, pero nuestra supervivencia, un docena de hombres muertos, el Sentinel casi destruido... Eso no sé cómo explicárselo.

- Dígale la verdad. Los Guardianes de la Muerte lo ayudaron.

- Bien usted gana, llevese a los chicos y váyanse, antes de que me arrepienta.

Cuando volvían a la Stormraven, Loken se acercó a Cyrus.

- Buen disparo, Cyrus.

- Gracias, comandante. No puedo decir que sea de los mejores, pero lo abatí.

- Me gustaría decirte algo, en mi Leg... Capítulo hacen falta hombres como tú.

- ¿Está intentando reclutarme, comandante? Soy de los Guardianes, pero mi lealtad es para mi Capítulo.

- Lo sé, no quiero que dejes tu Capítulo, sólo que lleguemos a un acuerdo.

- Si el Capitán Boreale se enterase, me mata. Casi llegó a las manos con Garro cuando le dijo que me reclutaba para los Guardianes.

- Por algo será, Cyrus. Quiero que entrenes a algunos de mis hombres, y a cambio podríamos ofreceros información.

- ¿Qué información? -dijo Cyrus interesado.

- Tenemos unos archivos gigantescos, sabemos todo, o casi todo lo ocurrido desde la Herejía de Horus hasta ahora. Podríamos…

- Saben algo del Capítulo.

- Algo, sí, algo que lo cambiaría todo.

- Sabe que para los Cuervos el conocimiento es poder.

- Exacto, si saben sus verdaderos orígenes.

- Usted lo sabe.

- Lo sospecho. Tu Capítulo tiene muchos psíquicos, ¿no?

- Sí, tenemos conjeturas, unos dicen que podríamos ser un Capítulo perdido de los Ángeles Sangrientos, o de los Ángeles Oscuros, pero son sólo eso, conjeturas.

- La verdad está escondida en Rahe, Cyrus. Solo te puedo decir eso.

- Es uno de nuestros mundos de reclutamiento. Si la respuesta está allí significa…

- Algo antiguo, muy antiguo. Sois de la sangre de los Hijos Perdidos del Cuervo. Eso sí, tened cuidado con los Hijos Pródigos. Podrían intentar atraeros a la Oscuridad. No puedo decir nada más. El conocimiento es poder, guárdalo bien.

Cyrus se quedó mirando a Loken fijamente.

- Comandante, usted sabe muchas cosas, cosas que se supone no debe saber nadie.

- Cyrus, si quieres saber mi verdad, y la verdad de mis hombres, acepta. Todo te será revelado.

- Acepto, pero solo por un tiempo. Entrenaré a sus hombres.

- Bien, ante todo bienvenido a los Lobos Lunares.

- Lobos… Lunares, ¿no es el antiguo nombre de la Legión de Horus?

- Exacto. Somos los supervivientes de Isstvan III. Y eso es sólo el principio, Cyrus, conocerás toda la verdad cuando lleguemos allí.

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