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Bulldog El Sargento Guillermito, mascota de los Marines Espaciales, tiene el honor de patrocinar este espacio por orden del Capellán Cassius de los Ultramarines. ¡Pulsa sobre él y te acompañará a una Cruzada épica!

¡Lee más! ¡Sin piedad, sin remordimientos, sin miedo!

El encargado del vocorreceptor Mendaxis se mantuvo, solemne y silencioso, envuelto en las sombras de un foso de comunicaciones en el puente cavernoso de La Roca. Alrededor suyo, los Servidores parloteaban y los bancos de runas parpadeaban. Los pergaminos se acumulaban en cola, con datos desde las naves de guerra que incluso en éstos momentos entraban en órbita sobre los mundos de Fenris.

Los servidores reunieron los pergaminos bajo el brazo, pero Mendaxis se situó dignificado entre el revuelo. El rol del senescal encapuchado era esperar a la decisión del semidiós entronizado en la parte superior. Después de todo, el Supremo Gran Maestre Azrael estaba tratando con una situación difícil; no quería que sus órdenes fuesen, de alguna forma... perdidas sin comunicarse.

Mendaxis ahogó una risita, confirmando que los servidores no se habían dado cuenta. No, aún estaban activos con sus propios asuntos. Estúpidos, cegados en el rebaño. Pero, al fin y al cabo, eso es lo que eran muchos humanos: presumidos, mezquinos, de mentes estrechas y gobernados por sus temores. No era de extrañar que alguien como él los pudiese liderar a su antojo.

El senescal ajustó sus ropajes, aguantando un calambre en su cuello mientras tenía cuidado de no forzar demasiado su carne de forma antinatural. Muy limitado, pensó irritadamente. Pese a ello, eran fáciles de llevar, como Mendaxis había comprobado en las últimas semanas. ¿O era el Hermano Dolutas, una baja trágica tras el ataque de un Wulfen y ausente del apothecarion de los Ángeles Oscuros? ¿O quizás el Maestro Astrópata Asconditus, torbellino de misivas y voz del consejo?

Otra sonrisa ahogada iba a delatarle y Mendaxis tomó medidas drásticas ante tal sensación. Había trabajado duro para llevar la situación a éste punto, y aunque él no era sino una pieza más de una gran maquinaria, Mendaxis sabía que era una pieza crucial. Había cumplido con las órdenes de su señor, y lo había hecho bien. Pero aún le quedaban varias tareas por realizar, y eran las más importantes de todas.

Solemnemente, el ser que portaba la carne de Mendaxis escuchó intensamente a las palabras intercambiadas más arriba en el estrado del trono. No necesitaba su dispositivo auricular del vocorreceptor para escuchar a Azrael y a sus ayudantes, pero la pretensión lo era todo.

- "Las cosas están peor de como pensábamos, mi señor. Nuestros Bibliotecarios informan de una brecha en la realidad tan grande como todo el sistema."

Esa era la voz de Asmodai, Maestro Capellán Interrogador.

- "¿Y los Lobos?" - La solemne, profunda voz que respondió pertenecía al mismísimo Azrael.

- "En un terrible peligro, mi señor, como temíamos. Las intercepciones de vox sugieren que éstas bestias mutantes no sólo están bajo la protección de los Lobos Espaciales. Sus propios hermanos de batalla... se están convirtiendo en ellos".

Hubo una larga pausa antes que Azrael hablase de nuevo. Cuando lo hizo, su voz era tan fría como el acero estirado en el invierno.

- "Entonces no tenemos elección. Dad la orden para abrir fuego. El dolor antes que la redención".

- "El dolor antes que la redención" - asintió Asmodai, difundiendo el mandato de su señor.

A través de todo el Sistema Fenris, las lanzas se iluminaron y los cañones de bombardeo se encendieron con fuego silencioso mientras que la flota de los cruzados abría una lluvia de fuego de disparos sobre los mundos que estaban orbitando.

Acechando en las sombras de su pozo de comunicaciones, el Cambiante contempló la carnicería, y sonrió.

Fuentes Editar

  • Zona de Guerra Fenris: La Maldición de los Wulfen.

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