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" ¡Devorador de Almas! " gritó Stern, al tiempo que alzaba su espada como advertencia. Un segundo después, el enorme Demonio atravesó el mamparo sur de la cúpula.

El Demonio fue directo hacia él. Sobrevoló la horda demoníaca y aterrizó con violencia entre sus filas. El Devorador de Almas bramaba, apartó a golpes a los Horrores y las Diablillas y, acto seguido, blandió su mayal de sangre.

Stern, hombro con hombro junto a sus hermanos, pugnaba por contener a la marea de demonios ante ellos y no pudo eludir el golpe. El martillo de bronce le alcanzó en el pecho de lleno; abolló su armadura argéntea y le resquebrajó el caparazón negro. Stern se tambaleó, mas no cayó, prueba de su increíble fortaleza. No obstante le corría sangre entre los labios y jadeaba al respirar mientras apuntaba con su bólter de asalto.

El Demonio rió, ignorando los proyectiles del bólter que alcanzaban su piel dura como el hierro. Agitó el mayal de sangre por encima de su cabeza, listo para atacar de nuevo, y Stern apretó los dientes para encajar el golpe inminente.

En aquel mismo instante el grito de un Fenrisiano irrumpió en la vocorred.

" ¡Caballeros Grises! ¡A Cubierto!".

Por instinto, Stern aseguró el anclaje magnético de sus botas a la superficie metálica y se preparó para la detonación. Un segundo después, todo el muro oeste de la cúpula reventó. Una tormenta de explosiones de láser y misiles arrasó las vidrieras antirradiación.

El aullido de la atmósfera al escaparse el oxígeno se adueñó de la cúpula. Los Caballeros Grises se habían anclado al suelo, pero los Demonios no contaban con tanta protección. Stern contempló atónito como sus enemigos, entre gritos y aullidos, eran arrastrados dando tumbos a través del atrium, absorbidos por la brecha y arrojados a cientos de metros sobre las arenas rojizas del exterior. El Devorador de Almas, que aleteaba furiosamente contra la succión del vacío fue el último en ser arrastrado. Se golpeó contra los restos de plastiacero y salió en barrena, profiriendo alaridos de furia ahogados.

Stern observaba silente, con el casco puesto para protegerse del vacío, las tres naves de los Lobos Espaciales que permanecían estáticas sobre la brecha. Se abrieron las rampas y sus salvadores saltaron al atrium, armas en mano.

Fuentes Editar

  • Zona de Guerra Fenris: La Maldición de los Wulfen.