Fandom

Wikihammer 40k

Relato No Oficial Wikihammer: Relato Interactivo

7.591páginas en
el wiki}}
Crear una página
Comentarios0 Share

¡Interferencia de bloqueo de anuncios detectada!


Wikia es un sitio libre de uso que hace dinero de la publicidad. Contamos con una experiencia modificada para los visitantes que utilizan el bloqueo de anuncios

Wikia no es accesible si se han hecho aún más modificaciones. Si se quita el bloqueador de anuncios personalizado, la página cargará como se esperaba.

Inqsello.png Por orden del Ordo Wikia de la Santa Inquisición, este artículo se considera fuera del Canon Imperial. Se declara carente de toda veracidad y blasfemo; y todo el que lo lea sufrirá purga inmediata. Si usted es el autor, diríjase a las autoridades competentes para someterse a la penitencia pertinente.

Atención: Material No Oficial sin Sello de Calidad Wikihammer

Prólogo y capítulo primero: Mina de NecrodermisEditar

En un lugar alejado, muy alejado del lector tanto en el espacio como en el tiempo, se encuentra Acturis IV un planeta en el que la Humanidad puso sus pies hace bastante poco, apenas unos cientos de años. Era un planeta parecido a Terra allá cuando aún era un vergel. Bellos parajes, inmensas praderas, extensos bosques de coníferas... Todo aquello era un paraíso. Eso fue lo que pensaron los primeros colonos humanos de este lugar. Con una temperatura idónea y unas estaciones suaves, se había convertido en la joya de esta zona.

Acturis IV.jpg

Acturis IV

Con sus dos continentes y sus numerosas islas, atraía a un número cada vez mayor de colonizadores para hacer de este bello lugar su casa. Al contrario de los otros mundos que había poblado la Humanidad, éste no tenía una fauna (o incluso una flora) extremandamente agresiva ni temible. Sus exuberantes océanos y bosques tenían algún carnívoro algo agresivo hacia el hombre, pero nada inusual. En un principio se pensó hacer de éste un planeta dedicado a la agricultura o al divertimento de la nobleza, pero de un día para otro los recursos ya no llegaban al planeta, así como los colonos. Los habitantes tuvieron que autoabastecerse, lo que no fue muy difícil debido a la abundancia del planeta. Apenas había mil millones de habitantes unos años antes de que se viviera la historia que el lector va a tener el placer de disfrutar. En Acturis IV el gobierno se componía de un consejo entre las escasas ciudades que existían. El número exacto no se recuerda, pero aproximadamente eran siete. Entre ciudad y ciudad, los campos de cultivo salpicados de casas eran el paisaje habitual. Pero el ser humano tiene la extraña cualidad de estropear el entorno donde vive, y esta vez no sería una excepción. Los habitantes habían desarrollado una industria basada en el vapor, descubierto nuevamente en el planeta cincuenta años antes. Las ciudades estaban cubiertas por una permanente nube de color gris, siendo muchas veces causante de enfermedades que en otro caso ni siquiera se hubieran dado.

En las afueras de las ciudades, vastas extensiones llenas de residuos, escombros y metales era el hogar de los parias de aquel planeta, los vagabundos hacían de aquel deprimente lugar su casa y los delincuentes planeaban sus fechorías en aquel sitio donde los cuerpos de seguridad no se atrevían a entrar. En ese lugar es donde, querido lector, empezaremos esta epopeya. Nuestro protagonista, un huérfano de padre criado en este vertedero llamado Lewis Gruetlen de veinte años, se conocía como la palma de su mano las inmediacones de su residencia. Vivía bien dentro de lo posible recogiendo las placas de metales que encontraba entre la basura y llevándosela a algún vendedor que seguro que le daría un buen uso. El joven contaba con una espada fabricada con dedicación por él mismo, la cuál sólo había usado una vez para amenazar a un comerciante de metal cuando éste no quiso darle el precio acordado. También tenía, enganchada a su cinturón una de esas pistolas que funcionaban con proyectiles sólidos. En concreto tenía hueco para seis balas, pero él tenía tres. Nunca había usado esa arma debido a la dificultad de conseguir balas para esa arma. En sus largos años de buscador de metales, nunca había encontrado ninguna bala que le cupiera en el tambor de su arma. Por lo visto, ésta era una herencia familiar, había pasado por muchas manos antes de que le llegara a él.

La vida en aquel lugar era sencilla, había que sobrevivir a toda costa. Lo poco que conseguía ganar debía pagarlo a un mafiosillo local, un infeliz que tenía a todos los alrededores subyugados. Él y su banda de matones eran quienes dirigían todo el movimiento de aquella zona. El momento y lugar de inicio de esta increíble historia es en el cuartel de estos delincuentes cuando nuestro protagonista se disponía a pagar su tributo mensual.

-¿Sólo me das ésto?- Preguntó el jefe de los maleantes, quien respondía con el nombre de "Le Big".

-Lo siento señor, es lo único de lo que dispongo, no tengo nada más, lo juro.- Dijo nuestro protagonista con voz baja.

-Creo que a Le Big le importa poco lo que sientas, lo que le importa es que le pages por tu protección.- Sugirió uno de ss matones.

-Espera, me da la sensación de que este muchacho puede pagar su tarifa más tarde; siempre y cuando nos haga un favor.- Comentó otro de los que le acompañaban.- Ya sabes que ese trabajo es bastante peligroso.

Le Big, quien entonces estaba sentado, se puso en pie. Como el lector ha supuesto, Le Big era un hombre realmente grande. Era un hombre muy musculoso con abundantes cicatrices en su oscura piel, además de sacarle dos cabezas al resto de los que estaban con él. Además de eso, tenía unas dos distintivas y pequeñas piezas metálicas en su frente. Sus acompañanates eran grandes y fuertes, pero él era con diferencia el hombre más grande que Lewis había visto. Él no recordaba momento en el que Le Big no estuviese ahí ni tuviera esa apariencia. El gigante, se pasí la mano por la parte inferior de la cara en señal de estar pensando y dijo:

-Está bien, te perdonaré la deuda de este mes si llevas acabo una tarea para mí. Será algo sencillo. Sólo tienes que hacer un pequeño agujero donde yo te diga y meter dentro un artefacto. Después de eso, sólo tienes que encender la mecha y empezar a correr.

-¿Qué hará el artefacto señor?- Preguntó Lewis, sabiendo que preguntando eso podría habr muerto.

-Explotará. Creemos que debajo de ese lugar se esconde una mina de algún tipo. Tu deber es volar esa zona por los aires y descubrir qué hay en su interior. Después de eso, tienes otro mes para pagarme, aunque si resulta cierto lo de la mina, tal vez te dejaría que trabajases para mí en ella. Y ahora, traedle el artefacto al muchacho, seguro que sabrá cómo conectarlo.- Habló, gritando a sus acompañantes.

Las órdenes de Le Big eran claras, debía usar unos fósforos para encender una mecha en el artefacto que previamente hubiera colocado en el ñugar acordado. Por el bien de Lewis debía hacer eso bien o explotar con el artefacto. Mientras caminaba hacia la zona donde supuestamente estaba la mina, vio unas cuantas luces de color rojo y blanco alineadas en el cielo. Aquellas luces parecían dirigirse a la ciudad de Waslom. Pero eso a Lewis no le importó lo suficiente como para interrumpir su camino. Unas tres horas después de estar caminando por esos inhóspitos parajes, llegó al lugar al que Le Big había indicado en el mapa que le había dado. Con su propia espada y mucho esfuerzo, cavó un hoyo en esa castigada tierra. Después de eso, introdujo el artefacto explosivo en el lugar y prendió la mecha. Se alejó de aquel lugar rápidamente cuando la mecha se perdió de vista. Lewis pensó que se había apagado y volvió. Momentos después, el suelo se hundió bajo sus pies.

Cuando se disipó el polvo, parecía que Le Big tenía razón; en parte. Debajo del suelo había una gran galería de color negro, donde multitud de estatuas del mismo color y de una forma calavérica que le recordaba vagamente a un hombre. Nada más recibir la luz de la estrella a la que el planeta rondaba, unas cuantas estatuas se iluminaron de un color verde intenso. Después de unos segundos, las estatuas dejaron de iluminarse tan fuertemente, pero tanto la zona pectoral como los ojos seguían con aquel sobrenatural color verde. Aunque el lector pueda pensar que quien escribe el siguiente relato ha perdido la cordura, debe creer lo que aquí se escribe; las extrañas estatuas empezaron a moverse y cogieron una especie de armas tubulares gigantes que estaban en las paredes de la galería. En aquel inmenso y oscuro lugar, Lewis se quedó paralizado sin saber qué hacer.

Capítulo segundo: Mente oscura, corazón vacíoEditar

Esas extrañas criaturas se adentraron en la galería, pero Lewis estaba demasiado asistado como para seguirlas. Entre esos monstruos metálicos se acercaba otro, pero no parecía igual que los demás. Los otros eran exactamente iguales los unos a los otros, incluso se movían igual. Pero éste se movía de una forma diferente. Lo peor de todo esto, es que esa criatura se acercaba a Lewis. Ese era el mometo apropiado para sacar su arma de fuego y disparar a la bestia metálica que se aproximaba con paso firme. La sacó, apuntó lo mejor que pudo, intentando darle a la cabeza, pero era extraño, parecía que su blanco se encontrara en el agua, se movía si dejar de andar de frente. Este monstruo no era como los demás, tenía un fulgor verde más fuerde que los otros, no es que fuese más brillante, sino que estaba expandido por todo su cuerpo y las inmediaciones de éste. Pero Lewis decidió disparar. Apretó el gatillo una vez. No parecía haberle dado. "Que raro, le he apuntado a la cabeza y ni siquiera había sonado el impacto" pensó. Esta vez decidió dispararle al pecho. Si no lo mataba, al menos lo dejaría herido. Apuntó y disparó...Con el mismo resultado. "Maldita sea, ¿por qué no le puedo dar?¿Acaso es un espejismo? Esa fue la conclusión que sacó al disparar por segunda vez. De repente, el ser desapareció. Era imposible, Lewis tenía la vista puesta en él todo el rato, no podía haberse escabullido. A los pocos segundos, el mismo ser apareció a escasos centímetros de Lewis. Éste saltó del susto y cayó al suelo. Al estar más cerca, tenía oportunidad de verlo mejor. Tenía un aspecto aterrador, con garras metálicas que sostenían un báculo brillante del mismo verde que tenía en su pecho, unos ojos inexpresivos y una vieja capa negra a la espalda. El fulgor verde había desaparecido, pero Lewis no podía arriesgarse a perder su última bala sin saber las intenciones de aquel ser.

-¿Tienes miedo de mí?- Dijo aquel ser.

Lewis asintió con la cabeza.

-Sois unas criaturas bastante extrañas, la verdad. Sufrís del mal del miedo y aún así queréis seguir explorando lo desconocido y lo aterrador. Yo dejé de tener esa desagradable sensación hace mucho. Pero, mi nuevo amigo, vas a cumplir un cometido que te explicaré más adelante, después de presentarme. Por favor, levántate; de mí es de lo que menos miedo tienes que tener ahora mismo. Soy Ak-henet,

Spotlights de otros wikis

Wiki al azar