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Relato No Oficial Tau: Buscando el Camino

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Inqsello Por orden de la Sagrada Inquisición, este artículo se considera fuera del Canon Imperial. Se declara carente de toda veracidad y blasfemo; y todo el que lo lea sufrirá purga inmediata.

Si usted es el autor, diríjase ante el Predicador más cercano para declarar su inocencia.

Atención: Material No Oficial


Bajó de la pasarela de la nave respirando profundamente el aire de aquél planeta que tras un tiempo había decidido llamar hogar. Cuando las suelas de sus botas tocaron tierra por fin se sintió liberado. Siempre que viajaba por el espacio se sentía perseguido, como si en cualquier momento su nave cayera en una emboscada o un ataque.


Caminó hacia el centro del asentamiento procurando dejar una buena distancia entre él y sus guardaespaldas. Allí se sentía seguro, en aquella colonia humana… Bueno quizás humana no fuera la palabra adecuada, pero sin duda era el asentamiento con una mayor proporción de humanos en territorio TAU. Para el estándar imperial realmente los humanos allí sólo habitaban un par de barrios, el resto estaba conformado por una miríada de seres de otras razas, seres… xenos. Aquella era una palabra que le sonaba ahora muy inadecuada, para él la gran mayoría de los seres que poblaban el universo eran individuos como él, con el mismo nivel de importancia. Así se lo habían dicho sus amigos TAU, y poco a poco él mismo había descubierto que aquello era cierto. Sólo era necesario abrir los ojos al Bien Supremo, o, como a él le gustaba decir, crear una gran unión universal de individuos en busca de un mismo fin.


A su derecha oyó de pronto un estallido. No pudo evitar dar un respingón, mientras empezaba a crecer en su interior un temor frío. No tardó mucho en advertir que la explosión se había producido por el choque de un par de vehículos gravitatorios que se habían acercado demasiado el uno al otro. Odiaba que aquella sensación de miedo le atenazara las entrañas con tanta facilidad. Sin duda, podría enterrar aquellos sentimientos en el período de descanso que se había marcado. No viajaría por el espacio en un tiempo, así desaparecería la desagradable impresión de tener tras los talones al Ordo Hereticus imperial.

Pensar aquello le agrió el humor un instante, pero su mano volaba ya en busca de su bolsa de dinero. La apretó suavemente notando las formas de diferentes monedas y las irregulares caras de piedras preciosas. Dejó escapar un suspiro de alivio. Las cosas habían ido muy bien, los negocios habían salido mucho mejor de lo que había previsto, su “bolsa de la suerte”, estaba llena, y no era más que un pequeño pellizco de los beneficios obtenidos. A su espalda los hombres en quienes había depositado su confianza y su seguridad, transportaban el resto de las ganancias. Sí, su tesón y su astucia habían aumentado mucho el valor de los objetos vendidos, no le cabía ninguna duda. Y eso no era todo, su otro “negocio”, también había salido bien, y esperaba que le hiciera obtener otra clase de beneficios.


Pero primero quería llegar a casa, lo “otro” podía esperar. Ya podía ver la entrada de su hogar. Un edificio de formas redondeadas y austero en los adornos, al estilo TAU pero con materiales más humanos. Era un capricho que le había costado caro en su momento, pero del que se sentía orgulloso. Se detuvo un rato a contemplar la fachada, de manera que su gente llegara a su altura y pudieran entrar todos juntos.

Al poco lo alcanzaron, se volvió y los escudriñó uno a uno, aún no había conseguido sentirse del todo tranquilo cuando alguno de ellos penetraba en su casa. Quizás fuera buena idea elegir a sólo uno para que le ayudara a meter las bolsas en el edificio y decir al resto que podían ir a descansar a donde los esperasen. Kurr ni siquiera lo miraba, tenía cerrados los ojos y parecía olfatear el viento, algo muy rek sin duda, aquella raza felino-humanoide se sentía mucho mejor en libertad, al aire libre, que encerrada en una nave respirando aire reciclado una y otra vez. A su lado, Iksit, el reptiliano, sí que le miraba fijamente a los ojos, totalmente quieto, esperando, aquello siempre lo ponía nervioso. Los mercenarios humanos, Preven y Koight, presentaban una actitud demasiado relajada, parecían estar de broma, cuchicheando entre sí, estaba seguro de que gastarían su paga en sólo una noche.


Suspiró. Sólo quedaba Noi, que miraba con la cabeza algo ladeada. No se sorprendió al decidirse por él. El kroot se había ganado su confianza sin esfuerzo, quizás fuera un mercenario, pero de una fidelidad absoluta. Sólo esperaba que cuando decidiera dejar de trabajar para él pudiera encontrar a otro de su raza para ocupar el puesto vacante. Así pues, les dijo a los demás que podían irse, que se habían ganado un buen descanso. Luego Noi y él comenzaron a meter los sacos en la casa. Casi habían acabado cuando llegó un emisario de la Casta del Agua invitándolo a reunirse con Aun’Mal’Caor.

No le iban a dejar descansar ni siquiera un día… aunque, por supuesto, no dejó que se reflejara en su rostro su disgusto trató de convencer al emisario para que le diera algo de tiempo. Fue inútil, el tema que debía tratarse era demasiado importante, y no pensaba negarse una segunda vez, eran raras las ocasiones que uno podía tener la oportunidad de estar en presencia de un Etéreo, un Aun, aunque fuera la segunda vez que hablaba precisamente con el que ahora lo requería. Por lo que parecía el “otro negocio” no podía retrasarse de ninguna manera.


Pensó decirle a Noi que se quedara en la casa hasta que volviera, pero el kroot parecía decidido a seguirlo, así que no se lo impidió.

Anduvieron con paso rápido por las calles de la colonia. Por el camino charló amistosamente con el emisario sobre aspectos comerciales de su reciente viaje. Se sentía a gusto con los TAU, y cuando encontraba alguno que hablara con fluidez su idioma no desaprovechaba la oportunidad. Cuando llegaron al edificio que ejercía como una especie de ayuntamiento de la colonia se extrañó de que lo estuvieran esperando cuatro guerreros de la Casta del Fuego para escoltarle. Parecieron reacios a dejar que Noi pasara con él, pero el kroot ni siquiera les hizo caso y continuó a su lado.


Empezaba a sospechar que algo no iba bien, en la otra ocasión nadie lo había escoltado y el ayuntamiento parecía tener mucha más actividad que ahora. Los llevaron a una sala lateral, muy amplia, donde había más guerreros, incluido lo que parecía un oficial de alto rango, y, como no, el etéreo. Conocía Lo suficiente sobre las expresiones de los rostros del pueblo TAU como para darse cuenta de que los que lo rodeaban lo miraban de manera hostil.

El oficial, quizás un general, empezó a soltar una retahíla de palabras en su idioma señalándolo de vez en cuando con expresión furiosa. No entendió nada de lo que decía, pero seguro que no era nada bueno. El etéreo, Aun’Mal’caor, cortó la diatriba del general con un gesto y habló.


- Debemos hacernos entender Shas’O Vash’ya, este gue’la debe saber de qué se le acusa, y defenderse – entonces le miró directamente a los ojos – ha sido un amigo de mi pueblo honorable, y un comerciante digno, gue’la Derio. Pero ahora se ha desviado del Camino del Bien Supremo, ha dado la espalda al Fin Sagrado…

- No, yo no he hecho eso, he llevado a cabo la misión que se me encomendó…

El general lo cortó irritado y miró a los guerreros a su mando. Éstos lo rodearon apuntándole con sus rifles de inducción. Notó un empujón en el hombro y vio como Noi se ponía delante de él. Tenía la boca entreabierta, una postura flexionada y sujetaba fuertemente su largo cuchillo. Las púas de su cráneo se erizaron y empezaron a chocar entre sí, produciendo un sonido como de cascabeles de hueso…


Los soldados miraron al mercenario sin saber qué hacer, el oficial seguía gritándoles algo. El etéreo parecía consternado y miraba la escena. Derio no sabía qué podía hacer él, enmedio de todo aquello, sólo era un comerciante y la palabra traición rondaba angustiosamente su cerebro.

Los guerreros del fuego se movilizaron de pronto. El kroot hizo lo propio y en un parpadeo había derribado a uno de sus enemigos y acometía a un segundo. El resto de soldados no se atrevían a disparar, así que avanzaron hacia Derio con los rifles preparados para golpear. Noi había acabado con su segundo contrincante y de pasada había lanzado a un tercero contra la pared, luego saltó como una exhalación a enfrentarse contra los que avanzaban, Su cuchillo seguía intacto, no había derramado sangre alguna.


Escrito por SOGAD

laespadadesogad.blogspot

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