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Me escondí entre dos rocas mientras observaba como esos herejes patrullaban el lugar, hacía mucho que no tenía un trabajo como aquel, realmente prometía mucho, sin quererlo sonreí divertido, los herejes se alejaron y decidí que era el momento de desplazarse, avancé silenciosamente entre las rocas corrompidas por el caos, oteé el horizonte y encontré lo que buscaba, el campamento del caos a menos de un día de allí, cargué mi arma y me dirigí hacia allí tan rápida y silenciosamente como podía.

Cuando llegué al campamento, la corrupción se palpaba en el aire, no le di la mayor importancia al fin y al cabo no era la primera vez que me encontraba en esa situación, con mi rifle de precisión cargado me deslicé dentro de la base de los servidores oscuros, yo como uno de los más veteranos del templo Vindicare debía de cumplir mi misión, no había fallado nunca y no pensaba hacerlo ahora me deslicé entre dos rocas cuando oí el ruido de dos armaduras viniendo hacia mí, dos marines del caos, corruptos hasta la médula; esperé a que pasaran y me interné más aún en el campamento en busca de mi presa, atravesé el campamento con relativa facilidad pero conforme me iba acercando al centro de la base la seguridad se iba intensificando, fruncí el ceño tenía que darme prisa o me descubrirían y mi misión se iría al traste, me escondí detrás de un blasfemo icono dedicado al engañoso dios Tzeentch conteniendo mi repugnancia y respirando hondo me dispuse a esperar.

No pasaba de la media tarde cuando vislumbré a mi objetivo: un hechicero del caos, al parecer era uno de cierta importancia que había dado problemas a los grandes señores de Terra, debía de ser eso porque de otra forma nunca me habrían llamado a mí; el hechicero iba acompañado de una repugnante escolta, marines espaciales del caos poseídos, aquellos que de entre todos los marines del caos habían sido mas fieles a sus amos y estos les habían recompensado con unas cuantas bendiciones, si es que se le puede llamar bendiciones a que te crezcan alas, las manos se te conviertan en pinzas y demás horribles mutaciones; alejé de mi mente estos pensamientos y apunté mi arma contra el líder de los marines del caos y disparé, la bala cruzó el campamento como un rayo, algún hereje se dio cuenta de lo que pasaba por que soltó un grito de alarma, demasiado tarde pensé y se empezó a dibujar una sonrisa en mis labios...., sonrisa que se me congeló cuando vi la bala rebotar contra un poderoso escudo mágico que rodeaba al hechicero.


El señor oscuro aulló de rabia cuando se dio cuenta de lo que pasaba y calcinó a uno de sus marines que estaba cerca de él, en ese momento decidí que debía acabar con él, no importaba como y lancé dos granadas consecutivas, la primera fue una granada de fragmentación que lanzó al hechicero por los aires destrozando su escudo y desperdigando a su guardia personal de poseídos, la segunda fue una granada de humo que me creó una cortina de protección que utilicé para atravesar el campamento corriendo mientras me mantenía agachado para evitar los disparos de los locos que intentaban alcanzarme a ciegas; llegué a donde estaba el hechicero, le puse mi rifle de precisión en la cabeza y disparé a bocajarro, murió al instante pero por desgracia el disparo reveló mi posición a la guardia personal de poseídos que se abalanzó a por mi; empecé a recular hacia las rocas pero los poseídos seguían detrás de mi gritando blasfemias incomprensibles, salté detrás de dos rocas y los observé, les sacaba una buena distancia, tal vez consiguiera huir de allí, no tenía intención de luchar contra ellos, al fin y al cabo ya había cumplido mi misión y no me apetecía suicidarme, volví a mirar por donde iban y comprobé alarmado que estaban casi encima mío, rápidamente eché a correr en dirección a unas rocas que formaban un pequeño acantilado y en cuanto las alcancé di un salto y me escondí entre ellas, conté las balas y solté una maldición ocho balas y diez enemigos, en cuerpo a cuerpo no tenía la más mínima posibilidad contra esos monstruos, y menos si se mantenían unidos, tardé unos pocos segundos en trazar un plan para separarlos y darles caza uno por uno, segundos que ellos aprovecharon para llegar a mi escondite, entonces puse en marcha mi plan, cogí un puñado de piedras sueltas y las lancé en direcciones diferentes, los poseídos se miraron unos a otros y cada uno se dirigió hacia un lugar diferente, sonreí mi plan había funcionado, gracias al Emperador que esos tipos se regían más por instinto que por la inteligencia o si no este plan nunca habría funcionado, me deslicé entre las rocas hasta encontrar a uno que estaba parado en mitad de una especie de llano, cargué mi arma y disparé, el disparó le dio de lleno en la cabeza matándolo al instante, nueve enemigos y siete balas, rastree el lugar hasta dar con el otro, repetí la operación anterior, cargué, apunté y disparé, este también murió en seguida, claro tendría que haber sabido después de tanto años de experiencia que las cosas nunca salen como las esperas y al parecer dos de los poseídos que estaban cerca de allí oyeron el disparo y se acercaron a gran velocidad, me giré lo más rápido que pude y disparé contra uno al que le volé la tapa de los sesos, sin embargo el otro ya estaba encima mío antes de que pudiera cargar el arma de nuevo así que no tuve más remedio que echarme al suelo para esquivar su envite, rápidamente me puse en pie y le golpee en una pierna con la culata de mi arma provocando que se tambaleara y antes de que consiguiera recuperar el equilibrio le disparé en la cabeza acabando también con este.

Suspiré, ya había acabado con cuatro de esas abominaciones y solo me quedaban cuatro balas, cargué mi arma y me dirigí hacia donde mi escáner me indicaba que estaba mi próxima presa, que al parecer no estaba sola, no, no era solo uno si no cuatro poseídos juntos estaban tratando de encontrarme, fruncí el ceño apunté y disparé, una vez, dos veces, tres veces, a la cuarta vez que disparé el último consiguió evadir mi disparo, solté una maldición me había quedado sin balas y aún quedaban ese enemigo más otros dos que no había encontrado todavía, me preparé y en cuanto el poseído estuvo a una distancia prudente me abalancé sobre él derribándolo y aplastándole la cabeza contra el suelo con la culata del rifle acabé con él, solo me quedaban dos enemigos y me había quedado sin balas busqué en mi escáner y fui a la persecución de los últimos.


Uno de ellos estaba entre dos rocas que hacían como un pequeño camino, y se me ocurrió una idea para acabar con él de forma rápida y eficaz, me subí a una de las rocas que formaban el camino y esperé a que pasara, no tuve que esperar demasiado y en cuanto el poseído pasó por debajo mío di un salto colocándome justo detrás de él y con la velocidad que da el entrenamiento de los Vindicare y la habilidad que da la experiencia le rompí el cuello terminando con su vida al instante; solo quedaba uno, seguí su rastro hasta una pequeña colina, allí no podía emboscarle de ninguna manera y tomando aire eché a correr hacia él, cuando ya estaba justo encima de él se giró de repente y me lanzó por los aires golpeándome contra unas rocas con una especie de tentáculo que llevaba en su brazo derecho, el golpe me dejó aturdido unos momentos y cuando conseguí recuperarme el poseído estaba ya encima mío a punto de acabar con mi vida, por puros reflejos me lancé a un lado esquivando un segundo latigazo que destrozó la roca por completo, rápidamente me puse en pie y salté hacia él tratando de golpearlo con mi arma pero ese tipo era rápido como un demonio y me pegó un puñetazo en el estómago que me dejó sin respiración, acto seguido me enroscó su tentáculo en el cuello tratando de estrangularme, pensé que ese era mi final pero el Emperador me dio fuerzas suficientes para levantar mi arma y golpearle en la cabeza, aturdiéndolo provocando que me soltara, una vez libre de mi presa no perdí el tiempo, le golpee repetidas veces en la cabeza has terminar con su miserable vida, suspire, todo había terminado me dirigí hacia el borde de la colina, desde allí se podía observar todo el campamento de los herejes, activé el comunicador y dije:

-Misión cumplida, comandante.

-Buen trabajo –me respondió y a través de la línea general dio la orden de movilización total.


Me senté en la colina a observar el espectáculo, un regimiento de la guardia imperial formado por decenas de tanques, miles de hombres, todos unidos por la fe en el Emperador surgieron de una parte cubierta de las montañas y avanzaron sobre la base caótica, estos privados de su líder trataron de defenderse como pudieron pero no pudieron hacer nada para evitar la aniquilación absoluta, no hubo piedad con ellos; en menos de una hora había desparecido el rastro de todo hereje en aquellas tierras y el campamento estaba en llamas, me levanté, cargué el rifle de precisión al hombro y me dirigí hacia nuestra base con una sonrisa, una victoria más para las tropas del Emperador, aquella vez había sido en el infesto lugar conocido como el pozo de Kobol.


Escrito por KIMEREITOR

warhammeraqui.mforos.com

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