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Relato No Oficial Laidor: Luces y sombras

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El clima era frió y oscuro en aquel planeta, eso le decían los escáneres al joven liquen, explorador laidor, pero no todo era así, ya que la colmena de Imperia Noctruny rebosaba con un infernal calor industrial.

- Joder, estos humanos no aprenden o mejor dicho no avanzan, un par de bombas bien colocadas y su ciudad podría convertirse en ruinas - se quejo el explorador repudiando a aquella raza. No era que le molestara lo primitivo, si no que odiaba toda esa religión innecesaria y ese estancamiento. Odiaba el echo, de que una raza tan inteligente, que podría avanzar y rivalizar en tecnología con la suya o con los Tau, fuera malgastada con tantos hombres rezando y otros tantos muriendo por causas tan estúpidas. En vez de aprender, seguían conservando sus estúpidas tradiciones y repitiendo los mismos errores.

Entonces la invisible y diminuta nave laidor dio un respingo debido a las contaminantes interferencias del humo, pero haciéndoles caso omiso esta descendió hasta una zona amplia, donde aterrizó, dejando salir a los jóvenes laidor con aire de superioridad, seguidos del sabio sargento y su compañero, que lideraban la misión para que sobreviviesen todos los posibles.

- ya vez como es esto no, jefecito.-dijo el compañero.-estos mocosos, van muy confiados, que no te sorprenda que terminen con un agujero de linterna en la cabeza...que crees que sea mejor, nos separamos y así en caso de ser descubiertos unos hacen de distracción, mientras otros cumplen la misión.-dijo sin dejar de caminar el veterano.

-ya, pero espero que no sea así, y para eso estoy, ya que de poco importa tener una misión si no queda nadie para cumplirla.-Le contestó el sargento, mientras su guantelete voltaico se iluminaba levemente, tras lo que se encendieron los guanteletes laser de los jóvenes, entonces el grupo empezó a avanzar.

-bueno, estoy aquí para cumplir mi misión, por segundo en prioridad, mi misión seria asegurar que tu cabeza y la mía estén aun en su lugar y sin ningún agujero.-dijo para reír un poco y luego seguir al líder, el veterano Endiu, viejo amigo del que lo lideraba, siempre mostrando la habilidad para los disparos sin igual y el humor para quitar el suspenso y le estrés a sus compañeros.

-Puede ser, pero aquella vez en Tresder casi me arrancan la cabeza esos orkos, y espero que aquí no se repita eso, mas que nada porque aquí no somos cincuenta soldados.-Le contestó el sargento Nobor con su característica forma de humor

Las seis figuras se movían con sigilo en la ciudad extrañamente desierta, sin embargo el sargento sentía miles de miradas clavándose en él y su grupo, entonces volvió su mano hacia un compartimento en la cintura de su armadura, ahí tenía la llave para conseguir que los sacerdotes máquina les dieran todo cuanto pedían, y de paso, conseguir parte de su gratitud, pero eso no lo sabría nadie mas que él, por lo que siguió su camino junto a sus compañeros, qué la habían empezado a adelantar.

Un guardia pasaba por hay y detrás de el, esquivándolo las seis figuras, el guardia tenia suerte, pues hoy no querían armas un jaleo tan grande como para poner en alerta a la ciudad, tales figuras tan solo siguieron su camino cuando el guardia aparto su mirada, carentes de sonido, tal vez debido a algún sistema en sus armaduras o alguna habilidad aprendida, lograron colarse sin problemas en la mayor parte del camino.

Pero su suerte cambió al ver el Manufactorum, esa inmensa fortaleza de metal, llena de tubos y cables hacía que los humanos pareciesen dioses gigantes y omnipotentes, en vez de ser una raza en plena decadencia que intenta sobrevivir a su falta de inventiva buscando en su pasado, pero eso a ningún laidor le importaba, Nobor alzó el puño y lo cerró y abrió alternativamente dos veces, entonces los suyos asintieron y activaron los sistemas miméticos de sus armaduras, volviendo a las figuras xeno en seres tan invisibles como el mismo aire.

Las figuras caminaban ahora mas holgada y libremente que antes, pero sin perder la disciplina ni el silencio que caracterizó su travesía, entraron por la inmensa puerta abierta del edificio, y entonces vieron la majestuosidad del lugar en todo su esplendor.

Las figuras avanzaban sin dejar de mirar a su alrededor, viendo como unos seres semi-mecánicos hacían tareas que ellos no comprendían.

- Son esclavos -dijo uno de los jóvenes, que miraba fijamente al mas cercano, que arreglaba un tubo de metal con remaches y placas de aspecto rústico, posiblemente como medida temporal.

- No son esclavos, según tengo entendido, son el castigo para aquellos que cometen los peores crímenes.-dijo el veterano, sin quitar su vista del camino, a lo que el joven respondió con el silencio.

Linquen se adelantó al grupo con una arrogancia que ni los demás jóvenes se atrevieron a imitar, haciendo que uno de esos semi-orgánicos se desviara de su labor al caer de bruces contra el suelo, entonces se agachó para ayudarle, pero recordó las palabras de Endiu y, pensando en lo malvado que tenía que ser en realidad le dejó y continuó, ahora tras Nobor, dándose cuenta de que por muy avanzados que fueran los humanos, nadie se merecía eso.

Y entonces, tras adentrarse en las entrañas del edificio, encontraron una puerta dorada inmensa, con un inmenso símbolo en el centro, partido exactamente a la mitad, correspondiendo cada una de ellas con uno de los portones, los cuatro jóvenes la miraron, asombrados de la precisión del símbolo allí grabado, pero los dos veteranos lo ignoraron y, apoyando sus manos fuertemente, pegaron un empujón y la abrieron, dejando ver un monumento a la tecnología, en el que decenas de hombres semi-mecánicos trabajaban bajo las órdenes de unos hombres que también poseían implantes mecánicos, pero que inspiraban sabiduría.

El veterano le hizo unas señas al otro, que les recibió, tras lo que el sargento dejó a un lado la ocultación, desactivando su campo mimético, pero los jóvenes, tal y como le dijo el sargento con señas, tras lo que los sacerdotes semi-mecánicos se giraron en su dirección, rodeándolo casi en su totalidad, con precaución, tras lo que, como era de esperar, sonó una alarma ruidosa y molesta, y decenas de tecnoguardias llegaron el momento, provocando en Los jóvenes una sensación de inseguridad y ansiedad, que se calmó al ver al tranquilo sargento.

-supongo, así es la bienvenida del mechanicum, y bien, nos darán alguna bebida?.-dijo el veterano en broma al sargento.

-Puede.-murmuró en el canal de comunicaciones de su casco, con el objetivo de que no fueran descubiertos ninguno, ya que eran su salvaguarda.

-espero, no se ponga feo, hay bastantes, como disparemos nos cocinan vivos.-le respondió por le mismo canal.

-bueno, pero esto os da la oportunidad perfecta, yo les distraeré, mientras tanto, guía a los jóvenes a la sala de datos y coged todo lo relacionado con los sistemas de estasis que buscamos -Contestó el sargento

Algunos trataron de oponerse a las ordenes de su sargento, pero antes siquiera de hablar, la fría voz del veterano dijo .-en marcha muchachos, hoy será un largo día, suerte camarada.-dijo para irse junto ala escuadra que lo siguió con el amargo sabor de dejar a su líder atrás. el sabia, como era su viejo amigo, un astuto guerrero, no se dejaría matar así como así.

Los infiltrados corrían, siguiendo al veterano, este comprobando cada esquina antes de cruzarla, puesto no tardarían en descubrir la tapadera que les había puesto el sargento y posiblemente ya estuvieran moviéndose, al avanzar podían ver servo cráneos cruzando por ha y por allá acompañados de skiitiari, milicianos del mechanicum.los humanos, estaban estancados tecnológicamente, pero tecnología para matar no les faltaba, sus armas aun que antiguas conservaban la misma letalidad que hace milenios habían mostrado y sobre todo los humanos no eran estúpidos...pero los laidor tampoco, como maestros del sigilo, los exploradores se toparon con pocos problemas para llegar hasta el centro de datos.

Los guardias formaron un corro alrededor del que se creía que era el único laidor, dejando un pasillo humano que dejaba pasar a un sacerdote increíblemente mecanizado, de aspecto noble y aun mas sabio que el de sus congéneres, cuando estaba a unos pocos pasos se detuvo y se hizo el silencio, que nada podía perturbar.

-¿Qué hace aquí un ladrón de conocimientos como tú?-Preguntó el hombre con un tono sabio y monótono.

-Conoces a los de mi pueblo, bueno, eso agilizará un poco las cosas.-Le contestó Nobor con un tono de superioridad que casi desconcierta el tecnosacerdote.

Entonces el tecnosacerdotese acercó un par de pasos, alzándose en todo su esplendor, mostrando a un ser del que no se sabía que era orgánico y que no, cosa que repugnó levemente al sargento, pero que ignoró por el bien de la misión.

-Sé que si no venís a robar, venís a comerciar supongo.-Dijo finalmente el tecnosacerdote.

-Tiene razón, he venido a comerciar.-Y sacó un pequeñísimo artefacto de aspecto romo y antiguo, entonces se pudo distinguir entre cables y piezas de metal una cara de asombro y adoración que nunca nadie podría poner.

El laidor sonrió al ver la cara del humano, entonces supo que le tenía por donde quería.

-Sabes que es esto, y sé por tu rostro que es algo importante, creo que las llamáis PCE o algo parecido ¿No? -Dijo el sargento ya conociendo la respuesta.

-¿Qué quieres por él? Te daré lo que quieras, pero dame eso, en tus impías manos no se le puede dar ningún uso.

-Puede, pero quiero algo a cambio.-Y el laidor sonrió con una idea formándose en su mente.

Cada dato y la pantallas de las maquinas, asombraban bastante a los jóvenes laidor, pocos de ellos habían visto jamás tantos planos de armas y tantas fechas diferentes, pero eso poco le importaba al veterano, sabia que cada segundo era vital, y en su caso, al terminar de descargar los archivos, se pudo oír la puerta de la sala abrirse, rápidamente, se apartaron de las pantallas y buscaron alejarse de los visitantes, tecno-curas que venían a revisar, el lugar, todos salieron despacio, hasta estar lejos de la sala.

El laidor sabía que le había pedido un imposible, ordenar al tecnosacerdote apagar sus defensas fué demasiado,pero aún así el lo hizo con adoración y reticencia

-Lo he hecho xenos.-Le dijo el tecnosacerdote una vez cumplida su orden.

-Y te mereces tu recompensa.-Y le dio la PCE con desdén ,cosa que el tecno sacerdote agradeció, tras lo que se retiró unos pasos con una rapidez imposible dado su tamaño y el peso de sus implantes.

- Matadle.-Y los guardias allí presentes obedecieron mecánicamente, alzando sus rifles, entonces Nobor cerró los ojos con resignación, tras lo que la sala se inundó de fuego laser.

Pudo oírlo, o al menos pudo sentirlo en su carne, los miles de rayos láser que atravesaban la carne de su viejo amigo, con resignación siguió avanzando, solo linquen noto aquel se debía la cara del veterano, si el sargento había partido, lo que mas le dolía y comprendía con el veterano, era que esto no era sino uno de los muchos gajes de este oficio tan cruel, no obstante los problemas no terminaron hay.

Algo que caracterizaba a los humanos era en cierto modo su capacidad de no dejar cabos sueltos, y a sabiendas de esos no les sorprendió encontrar escuadras enteras buscando posibles intrusos.

Y por eso el veterano siguió avanzando, esquivando las diferentes patrullas, que no advirtieron su presencia en ningún momento, entonces salieron, solo para volverse visibles para su sorpresa.

Una onda electromagnética, “muy listos estos humanos”.-Pensó el laidor.

Lo sabia bien, posiblemente solo un par de ellos vivirían para contar esta misión, pero lo harían como un triunfo, no aceptarían un fracaso. Tomando la iniciativa, Linquen paso por hay guiando a su grupo, con tremenda agilidad, siendo vistos por un grupo de tecno sacerdotes, ágilmente apunto su guante y una ráfaga de plasma perforo el cuerpo del tecno sacerdote, cayendo este al suelo, así la batalla comenzó, al final de estas se sorprendieron de que dos exploradores murieron y uno estaba herido de gravedad.

Linquen estaba agachado junto al herido, le quitó el casco para ver su cara ensangrentada, que suplicaba una muerte rápida, que el Joven, de un solo disparo lo concedió, pero el disparo, no solo trajo paz al explorador si no también la atención de los guardias, un gran pelotón con un leman russ a la vanguardia, el joven explorador se intimido bastante ante tal tanque, E hizo lo que le vio hacer al veterano, huir, o como lo llamaban en el ejército, retirarse, eso a Linquen dejó de importarle en el momento en el que los proyectiles surcaban el aire en su dirección.

El veterano, como era se quito el casco, y le lanzo el contenedor de la información, sonrió y le dijo.- falta poco para salir pero ese leman podrá matarnos antes de que lleguemos, les distraeré.-dijo para correr y disparar, luego saltar y cubrirse, linquen con resignación tomo el casco del veterano y se fue, una vez salido y cumplido con su misión se dirigió al punto de encuentro, con al cabeza agachada debido al odio y la tristeza.

Años más tardeEditar

En las entrañas del manufactorum al fin consiguieron conectar la PCE, pero en ese momento un virus invadió todos los sistemas del mundo forja, haciendo que todos los generadores explotaran junto con la ciudad, creando una flor de fuego y destrucción, cosa que el general contempló desde el puente de la nave.

“ese día me culpe a mi mismo por el echo de haber sido el único en haber salido de aquella maldita ciudad, condecorado por el cumplimiento de mi misión, vi la oscuridad de los humanos y lo que podían llegar ha hacer, ninguna medalla me ayudo a olvidar mi ira por aquellos seres tan corruptos”

Pensó el general de las fuerzas, aun mirando, con seriedad la ciudad envuelta en llamas y dijo para si mismo.

-si, los humanos eran una amenaza seria y yo seria quien iba a desaparecer tal aberración de la naturaleza de este sombrío universo al que llamamos hogar.

Por su comunicador se hoyo una voz:

-comandante tropas de asalto listas, esperando ordenes para tomar el planeta.

Fin.

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