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Ignace se caló la máscara antifrag y retiró el seguro de su rifle automático. Se dio un leve golpe con la palma de la mano en el costado derecho de la protección y el sistema de puntería y detección se activó, junto a las comunicaciones integradas en el auricular de la máscara.

- Estad listos- Informó el líder del equipo, Alaric, con su rasposa voz- El Inquisidor quiere que cacemos a todos los mutantes que podamos antes de que se nos acabe la munición y que capturemos a un par de especímenes para que los someta a estudio y observación. No quiero fallos, ¿Entendido? 

- Sí, señor- Murmuró para sí ignace mientras los otros soldados confirmaban la orden a gritos.

En cuanto las seis gigantescas ruedas del transporte blindado chillaron y rechinaron al derrapar y frenar, la puerta trasera del mismo cayó sobre el suelo con gran estruendo, levantando una nube de polvo y vomitando desde el compartimento de pasajeros a ocho hombres armados hasta los dientes, todos ellos ataviados con máscaras antifrag y chalecos ligeros de caparazón, así como grebas y rodilleras del mismo material. Se desplegaron en cuña, Alaric a la cabeza del grupo blandiendo su bólter, modificado con una mira láser y una empuñadura frontal para poder contrarrestar en la medida de lo posible el desbocado retroceso del arma.

- Kialan y Turga, nos cubrís desde aquí- Indicó a dos de sus hombres, los cuales asintieron y sustituyeron sus rifles automáticos por los rifles de francotirador que llevaban a la espalda- Buscad una posición elevada e informadnos de todo movimiento que veáis. Abrid fuego sólo a mi señal.

Los dos hombres se separaron de la formación y comenzaron a trepar por uno de los rocosos y puntiagudos riscos que ascendían varios metros desde el suelo y brillaban en determinados puntos con un tenue fulgor azulado, que parpadeaba en intervalos irregulares. 

El grupo comenzó a avanzar a la señal de Alaric. Los mercenarios barrían toda la zona con las miras de sus rifles, atentos al más mínimo movimiento, preparados para entrar en combate en el momento menos esperado. Ignace sintió más pesada de lo normal su voluminosa pistola de caza Deglae en la funda pegada al vientre de su chaleco, y el sonido que hacía todo el equipo que llevaba encima al andar se le antojó demasiado ruidoso. Estar en aquella silenciosa y tenebrosa hondonada le causaba un profundo malestar, aunque el incentivo de matar unos cuantos mutantes y ganar una más que generosa suma económica por ello era suficiente para no hacer caso a sus preocupaciones. De repente, algo se movió justo en frente de él, algo que había estado tendido en el suelo hasta que él había pisado uno de sus apéndices...o algo peor. 

La criatura, que antes había sido un humano pero ahora era más parecido a un perro, aulló de dolor y saltó sobre Ignace, derribándolo. Entonces comenzaron a aparecer figuras humanoides por todos lados, rodeando a los mercenarios. Todos ellos eran mutantes, de piel sarnosa y putrefacta, con extremidades atrofiadas o hiperdesarrolladas, algunos del tamaño de ratlings, otros más altos que un humano normal. La mayoría iban vestidos con harapos, o cubiertos de escamas, pero algunos contaban con armaduras imrpovisadas hechas de trocos de chatarra y piezas metálicas varias, y además, estos individuos contaban con armamento mejor que el del resto de mutantes (que básicamente consistía en armas primitivas o imrpovisadas, e incluso alguna que otra arma automática casera oxidada). Uno de éstos últimos alzó su pistola automática y disparó contra Alaric, pero un disparo de bólter volatilizó su cabeza en medio de una nube de sangre y una lluvia de huesos destrozados.

- ¡Kialan, Turga, abrid fuego!- Ladró a través del intercomunicador antes de abatir a otro mutante más de un disparo.

Los francotiradores comenzaron a disparar una vez tras otra sobre las criaturas que más cerca estaban de la formación mercenaria, pero había muchos mutantes como para que ellos solos pudieran hacerse cargo de la situación. Mientras el resto del equipo comenzaba a disparar sus armas contra la multitus de engendros que se les acercaba cada vez más, Ignace aún lidiaba con la bestia que se le había tirado encima, que intentaba morderle la garganta y se revolvía, chillaba y jadeaba mientras Ignace intentaba con todas sus fuerzas alejarlo de sí lo suficiente como para sacar su cuchillo de combate de la funda en su hombro derecho y acabar con su atacante. En cuanto pudo, le arreó un fuerte derechazo en un costado de la cabeza, aturdiéndolo y dándole a él el tiempo suficiente como para desenfundar su cuchillo y clavárselo en la frente al mutante, acabando con él rápidamente. Apartó el cadáver de encima suyo de una patada y se arrodilló, apuntando con su rifle automático al objetivo más cercano y eliminándolo con un certero disparo a la cabeza. Antes de que el cadáver tocase el suelo, otro disparo más penetró en el cráneo de otra bestia y una ráfaga destrozó el torso de otra más. 

En el flanco derecho de la formación, un mutante que en vez de manos tenía un par de garras óseas y que iba ataviado con un chaleco antifrag en pésimo estado cargó contra uno de los mercenarios. El soldado había gastado el cargador ampliado de su arma y se disponía a recargarlo cuando se percató de la criatura que se dirigía hacia él a una velocidad considerable. Sin perder tiempo, y actuando de acuerdo a su entrenamiento, pospuso la sustitución del cargador del arma y desenfundó su Deglae. El gatillo del arma fue pulsado, y una bala dum-dum abandonó el cañón con gran estruendo y arrancó sin ningún problema media cabeza al mutante, cuyo cuerpo siguió corriendo unos metros más antes de caer al suelo, convulsionándose en medio de un charco de sangre. La pistola volvió a su pistolera con la misma rapidez con la que había salido de ella, y el mercenario recargó su rifle automático para continuar abatiendo una ráfaga tras otra sobre sus objetivos.