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Relato No Oficial Guardia Imperial: Niebla

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Inqsello Por orden de la Sagrada Inquisición, este artículo se considera fuera del Canon Imperial. Se declara carente de toda veracidad y blasfemo; y todo el que lo lea sufrirá purga inmediata.

Si usted es el autor, diríjase ante el Predicador más cercano para declarar su inocencia.

Atención: Material No Oficial


Los oídos del soldado raso Flat se habían acostumbrado al constante ruido dentro del habitáculo del chimera, pero habituarse al ruido no implicaba que estuviera tranquilo. El joven Guardia Imperial revisaba una y otra vez su fusil y la munición mientras reprimía con extraños gestos el ardor de estómago producido por los nervios.

Flat recordaba el aciago día que ingresó en la Guardia Imperial, la propaganda envolvía todos los ámbitos de su vida de una manera implacable pero siempre se había mantenido al margen… hasta que se produjo el ataque a su sistema planetario. Sus amigos, familiares, compañeros de trabajo, todos se alistaron para defender el mundo donde vivían de la invasión y ahora, tras la intensa instrucción todos estaban en el último planeta del sistema, el planeta Taurum, a miles de millones de kilómetros de casa y sin saber si algún día regresaría... y si seguiría en pie cuando regresara.

El vehículo se detuvo en seco sacando de sus pensamientos al joven soldado. Habían llegado a su destino. El portón trasero se abrió entrando una bocanada de aire gélido. En cuestión de segundos toda la escuadra estaba fuera estableciendo un perímetro de seguridad. Durante unos instantes todos mantuvieron la respiración, los terribles alienígenas podían estar en cualquier sitio. El operador de radio alertó al sargento de la llegada de un mensaje codificado pero nadie apartaba la vista del frente.

- ¡Tenemos nuevas órdenes muchachos! –gritó el sargento– Nos vamos al sector Charlie 5, parece que los nuestros tienen problemas. ¡En marcha!

- ¿El sector Charlie? Pero eso es justo detrás de nuestras líneas… ¿cómo es posible? –preguntó Flat a su compañero Merx.

- No lo sé, pero parece que por fin podremos usar estos cacharros –respondió con una sonrisa el artillero.

El vehículo dio media vuelta y se puso en marcha de nuevo. Los rostros de los soldados reflejaban nerviosismos, casi todos ellos eran novatos, recién alistados como Flat y nunca antes habían entrado en combate. Mascaban y fumaban para mitigar la extraña sensación, algunos leían un pequeño trozo de papel, cartas de la última vez que recibieron correo… y de eso hacía ya más de un año.

Una explosión sorprendió a los soldados, el vehículo blindado se estremeció y un tintineo agudo dejó sordos a todos.

- ¿¡Qué ha ocurrido!? –preguntó el sargento levantándose de su asiento.

- ¡Salió de la nada! No lo sabemos, no aparece en los radares –contestó a duras penas un conductor.

- ¡Jerry, a la escotilla! –ordenó el oficial.

El soldado abrió la escotilla para observar mientras tomaba el control de la torreta, pero no había nada a la vista, sólo una columna de humo negro que se levantaba del lateral del vehículo.

- ¡Informa!

- Señor, no veo nada. El chimera parece dañado, no hay movimiento en la…

Un disparo silencio a Jerry. El cuerpo sin vida se desplomó al interior y todos pudieron ver el cráneo destrozado del compañero. La sangre salpicó a cada uno de los soldados. Una nueva explosión sacudió el blindado.

- ¡Fuera! ¡Todos fuera! ¡Aquí somos un blanco fácil!

Una vez más el portón se abrió y cada Guardia Imperial ocupó su posición. Fuera el frío era penetrante, la visibilidad era escasa debido a una densa niebla y el suelo estaba cubierto de hielo y nieve. Las explosiones se sucedían y la escuadra respondía con fuego sin saber muy bien dónde disparar.

- ¡Alto el fuego! –gritó el sargento.

Los artilleros y fusileros tardaron un tiempo en obedecer, el rugido de las armas les impedía escuchar las órdenes, y cuando lo hicieron todo se sumió en un sepulcral silencio.

- ¿Alguna baja?

- No, señor. Todos estamos bien… todos menos Jerry, señor.

- ¡Operador! Informa al alto mando de la situación.

- No puedo, algo interfiere la señal.

El oficial maldijo soltando una retahíla de insultos y malsonantes palabras. Cuando se calmó buscó en su mapa digitalizado un lugar más seguro. Encontró un denso bosque no muy lejos, allí podrían establecer un perímetro de seguridad y permanecer a cubierto hasta que pasara el temporal, luego ya decidiría qué hacer.

La escuadra se puso en marcha atravesando la gélida niebla. El vapor era tan denso que apenas podían verse unos a otros. Todos permanecían alerta, en sus mentes guardaban la imagen de Jerry y nadie quería ser el siguiente. La niebla subía lentamente abrazando las piernas de los soldados como si quisieran atraparlos por siempre en aquel infierno blanco y frío. Flat se arrepentía de estar allí, en parte sabía que era su deber combatir y defender al sistema planetario, defender a su familia… defender al Emperador, pero hubiera deseado no encontrase allí, ¿valor? ¿honor? Si lograba salir vivo de allí le mandarían a otro lugar, lejos de su casa, lejos de lo que él añoraba, tal vez le ascendiesen a sargento si salvaba el trasero en la maldita campaña por recuperar el planeta… Un disparo.

El sonido llegó nítido. Luego varios fogonazos de los fusiles. Flat se lanzó al suelo y permaneció inmóvil durante un tiempo mientras los disparos y las ráfagas se sucedían. Desesperado y lleno de miedo comenzó a llorar en silencio. Tenía la necesidad de frotarse los ojos y se quitó las gafas tácticas. Decenas de recuerdos de su vida pasada azotaron su mente y sin embargo… ¿Iba a dejar que sus camaradas murieran mientras él se escondía? Se levantó despacio, los fogonazos eran cada vez más distantes. Flat avanzó una bota, luego la otra. Un disparo rozó su pierna derecha y el miedo se apoderó de él. Disparó y gritó hasta agotar el cargador. Tardó en darse cuenta de que no le quedaban balas. Recargó su fusil y aún lleno de adrenalina echó a correr. Las lágrimas le cristalizaron en el rostro, el aliento se condensaba y sentía el sudor como le corría por la frente y la espalda.

Corrió y corrió pero no llegó a ver a ninguno de sus compañeros, cuando ya daba toda esperanza por perdida apareció el bosque tras la niebla. Tal vez allí encontraría a sus camaradas de escuadra. Una leve sonrisa apareció en su agarrotada cara en el instante en que una pequeña luz iluminó el interior del bosque. El tiempo se detuvo para Flat, una bala atravesó la protección pectoral deteniendo en seco su carrera por la nieve. Su cuerpo cayó como si fuera una pesada piedra.

- ¡Señor, le he dado! ¡Le he dado!

Marx avanzó con cautela la escasa distancia que le separaba de su víctima. Con ese disparo había vengado a Jerry, a Grail, a su amigo Flat y a los otros dos artilleros cuyos nombres no recordaba. La emboscada había mermado a la escuadra. La cara de Marx se descompuso al ver a su amigo tirado en tierra. La nieve a su alrededor tenía un color rojizo.

- ¡Maldita sea! ¡Flat! ¡Colega! ¡¡¡¡Sanitario!!!!

- ¿Marx? ¿Eres tú? –preguntó escupiendo sangre.

- Si, Flat, soy yo. Tranquilo, te pondrás bien. Ya vienen a por ti, en el bosque encontramos a otra unidad de la Guardia… no te muevas, tranquilo.

- ¿Volveré a casa?

- No hables, te pondrás bien y volverás con los tuyos. Pero tranquilízate. ¡¡¡Sanitario!!!

El sanitario llegó junto a Marx y el herido. Taponó la herida del pecho e inyectó tranquilizantes al desafortunado soldado. Estabilizó la herida con el paciente ya sedado.

- ¿Sobrevivirá? –preguntó Marx.

- Si, ha tenido suerte. La herida no es mortal por escasos milímetros.

Una fuerte explosión iluminó el bosque. La onda expansiva tumbó a los dos soldados que estaban junto al sedado Flat. Marx cogió su fusil se levantó y vio ante él a una extraña figura de forma humanoide. Alzó su fusil apuntando al alienígena pero éste desapareció y volvió a aparecer en su espalda. Lo último que sintió fue un frío intenso en la espalda mientras una crepitante hoja de energía azul brillaba saliendo de su vientre. El extraño acabó de igual forma con el sanitario, en el suelo vio a otro soldado inerte en un charco de sangre, el bosque ardía y las aeronaves eldars dominaban ahora el tormentoso cielo.

Flat despertó en una sala blanca. Tenía varios sensores conectados y le dolía terriblemente la cabeza. A su lado había un humano vestido de blanco.

- ¿Dónde estoy?

- Paciente 3467B acaba de salir del coma. Mejora adecuadamente –dijo el hombre a una pequeña grabadora–. Estás en el hospital de Campaña del Planeta Orionium 4. Has tenido mucha suerte, muchacho.

- ¿Por qué estoy aquí? No entiendo nada.

- Tranquilo, ya tendrás respuestas, de momento descansa. Te diré que eres el único superviviente de la expedición al planeta Taurum, recupera fuerzas porque los altos mandos querrán hacerte un montón de preguntas.


Escrito por FLATTOP

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