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Relato No Oficial Guardia Imperial: Los Tejones

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Inqsello.png Por orden del Ordo Wikia de la Santa Inquisición, este artículo se considera fuera del Canon Imperial. Se declara carente de toda veracidad y blasfemo; y todo el que lo lea sufrirá purga inmediata. Si usted es el autor, diríjase a las autoridades competentes para someterse a la penitencia pertinente.

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Icono de esbozo Por orden de su Santísima Majestad, el Dios-Emperador de Terra. La Sagrada Inquisición declara este artículo En Construcción por nuestros escribas. Si encuentra algún problema o falta de devoción por su parte, notifíquelo, un acólito del Ordo Hereticus estará encantado de investigarlo.

IEditar

Supongo que contaré la historia, después de todo no tengo nada mejor que hacer mientras espero. Lo más gracioso es sin embargo que todo el esfuerzo acabará por ser irrelevante; todos los registros y pruebas de quien alguna vez fui han de desaparecer cuando el veredicto de mi corte marcial llegue y, aun si la fortuna me sonriera y algo de piedad me fuera concebida, algo peor aún puedo esperar cuando la Inquisición termine de revisar mi caso. Por donde lo mire estoy cagado, pero igual no tengo nada mejor que hacer.

En fin, esto de contar historias no es realmente lo mío; nunca he poseído lo que llaman “don de la palabra” y, al contrario, desde mi más temprana infancia mi entrenamiento siempre ha sido para permanecer callado, asentir y obedecer. De todos modos, y mientras espero que el tiempo se me acabe, daré el mejor intento por explicar lo que paso. Como se pasa de nadie, a héroe y a traidor.

Mi historia, como la de millones de almas día a día, empieza en Cadia, en una de las secciones “menos” violentas del planeta y bajo la supervisión del comandante general Tugurius Pedro. No tengo nada malo que decir en contra del comandante, nunca lo conocí y jamás serví un campo bajo sus órdenes directas, pero supongo que es vital que lo mencione pues si no hubiera estado donde estuvo las cosas jamás hubieran tomado el rumbo que siguieron. Me desvío del tema sin embargo, a él y sus excentricidades tengo que regresar después. No me distraigo más, siempre sucede y creo es la prueba de que no somos entrenados para hablar sobre nosotros mismos; cuando nos lo proponemos eventualmente acabamos hablando de nuestros superiores, de sus logros en nombre del Emperador y todas esas vainas. Ni modo, de vuelta a mí porque esta historia se supone era la mía.

Hay un refrán en Cadia: “Quien a los diez años no sabe armar y disparar un rifle laser ha nacido en el planeta equivocado.” Sí pues, algo de cierto tiene (igual el condenado fusil me enseñaron a usarlo cuando tenía nueve) pero lo que omite es decir qué pasa en el planeta con los excepcionalmente pequeños. Verán, al acabar la academia y unirme a la infantería yo medía menos de un metro y medio y pesaba lo que mi hermana menor cuando tenía quince años; era (no sé si) un milagro que hubiera sobrevivido el entrenamiento básico y a mis años en los pelotones juveniles y, al graduarme, no era secreta una apuesta dentro de la compañía no del día sino del minuto en que me haría matar durante mi primera hora en las trincheras. Pero eso no pasó y no por falta de oportunidad.

A las dos semanas de mi incorporación al 68º de Cadia una nueva incursión masiva desde el Ojo del Terror, dirigida por este fulano Abaddon no se cuantitos que dicen mata gente con la mirada y come Marines Espaciales en el desayuno y el almuerzo, hizo a todas las tropas de reserva ser desplegadas en combate. Mi regimiento fue incluido en el grupo que se desplegó como primera respuesta; una labor que, nos lo hizo saber al partir el comisario, era nuestra más grande oportunidad para ganarnos el derecho a luchar por el Emperador.

Las cosas, sin embargo, hay que decirlas como son (más ahora que ocultar la verdad no me va a ganar clemencia); ser “Primera respuesta” dentro de la Guardia Imperial es sinónimo de “carne de cañón” o “señuelo para ganar hora”. La Legión Negra había tomado el control del puerto este del planeta y estaba usándolo como base de desembarco para sus cápsulas y aeronaves de mayor tamaño, nuestra misión (me da una risa demencial cuando lo recuerdo) era recuperar la base o al menos disputar el control de la misma hasta que llegaran los refuerzos.

Otra cosa sobre los pelotones de primera respuesta: Como somos precisamente “primeros en responder” nos mandan como si el viaje hubiera caído de sorpresa; no tenemos apoyo mecanizado o aéreo, artillería o tropas de reconocimiento, apenas tenemos algunos bolters pesados y quizá (si el comandante al mando se ganó el derecho a morir con dignidad) unos lanzamisiles. De modo que bajamos de las Valkirias (las cuales por supuesto no iban a quedarse) con nuestros rifles laser, nuestros cuchillos de campaña y dos días de provisiones que nos importaban una mierda pues nadie esperaba estar vivo dentro de las próximas dos horas. Eterna gloria a la Guardia Imperial.

En fin, bajé de la nave y vomité. Frente a mí estaba el enorme puerto espacial este de Cadia con todas sus baterías anti aire y tierra en manos enemigas y vueltas contra nosotros y a mí alrededor una cantidad incontable de soldados que un instante estaban de pie y al siguiente yacían regados a los cuatro vientos. Rápidamente recordé mi instrucción y seleccioné lo más útil dentro de la misma para enfrentar una situación como aquella ante mí: Me tiré pecho a tierra y me aferré el casco con las manos.

Durante los primeros quince minutos el sargento de nuestra unidad pretendió fingir que no escuchaba las órdenes ridículas que nos llegaban por la radio, pero eventualmente el lugar donde estábamos ocultos se llenó por aun más recién llegados y tuvimos que avanzar para que continuaran desplegando gente. Contábamos con un lanzagranadas y un mortero y la orden era sencilla e imposible: Deshabilitar las dos torretas que cubrían la rampa sur al puerto espacial y derribar los portones para que pudiera entrar la infantería mecanizada cuando llegue.

- La mierda que vamos a hacer eso -dijo el sargento-. Todos síganme, nos vamos de aquí.

Un hombre razonable era el sargento, uno justo también, fue una pena que nadie le advirtiera que el comisario del pelotón no estaba tan lejos como para no escuchar. Después de la ejecución sumaria, y la apurada selección a dedo de un nuevo sargento, nos encontramos siguiendo al uniforme de negro de nuestro fanático líder en una carga suicida e imposible.

Afortunadamente para mí el Emperador, que a todos sus hijos ve y a todos protege, en ese momento debió de estar almorzando porque al comisario en medio discurso lo fulminó un tiro de cañón láser y lo redujo a un par de botas abrigando un par de pantorrillas. El pelotón había logrado llamar la atención suficiente y ahora nos disparaban no solo las torretas sino también las enormes figuras oscuras armadas con bolters desde las almenas. El caos que siguió lo aproveché para deslizarme a unos escombros y avanzar a rastras hacia un cráter tan lejos de la rampa como me fue posible, en el interior me consolé en una ingenua promesa de seguridad.

¿Qué pasó con el resto de mi pelotón? ¿De mis compañeros? Ni idea; lo más probable es que, mientras yo me abrazaba al rifle en ese hueco que tenía todas las de ser pronto mi tumba, ellos volaran en pedazos por la mayor zona del campo que durante los minutos que siguieron cambió completamente en apariencia producto de todo el fuego que nos estaban soltando desde arriba. Quizá alguien en el alto mando tenía la esperanza de que la Legión Negra y los demás traidores se agotaran toda la munición reduciéndonos a pulpa pero eso parecía ser más que improbable, debieron de traer más que suficientes balas.

Los minutos que siguieron fueron sin duda los peores de mi vida: Nada más podía oír que el fuego incansable cayendo sobre nosotros y nada más podía ver que las interminables nubes de humo y de escombros que se alzaban de la tierra. Hice las paces con la idea de morir pero me empezó a arder en el fondo de las tripas el despecho por hacerlo sin disparar mi arma, había crecido oyendo estas historias de grandes héroes del Imperio que daban su vida tras acabar con cien, que reventaban sus tanques contra posiciones enemigas y dejaban caer sus naves en picada sobre trincheras traidoras. Yo en cambio iba a morir con la munición intacta, que estupidez.

En eso pensaba cuando un ruido ensordecedor silenció por un instante el campo de batalla y después otro igual hizo desaparecer el eco del primero. El momento siguiente fue de una quietud extraterrena, no pude contener las ganas de asomarme y ver con mis ojos que había pasado; casi me orino sobre el pantalón: Las dos torretas que nos habían mandado a destruir no eran ahora sino dos columnas de humo y fierros reventados. ¿Qué había pasado? Al menos mil soldados muertos yacían a mi alrededor y ninguno tenía cara de haber hecho otra cosa aparte de gritar antes de ser borrados de la tierra. ¿Quién lo había hecho? Yo ciertamente no y era el único vivo aún sobre ese campo. Mis meditaciones fueron interrumpidas por otra visión que no pensé sobreviviría para presenciar: Los portones de la rampa se abrieron y el acceso al puerto se hizo finalmente visible, en ese momento murió mi esperanza; cinco gigantescos Marines Espaciales completamente cubiertos de púas y de cráneos bajaron al campo de batalla flanqueando un horripilante Dreadnought, sin duda la cosa más terrible que en mi vida había visto.

¿Y ahora qué? Pensé presa del horror; los Marines de la Legión Negra al parecer tampoco sabían quien había destruido las torretas y ahora bajaban al campo en busca de culpables para encontrarme nada más que a mí. ¿Qué podía esperar? Sin duda no iban a creer que yo, aterrorizado y reducido como estaba, fuera el que había vulnerado sus defensas pero no por eso podía esperar ninguna forma de piedad; para nada, el destino que me esperaba sería seguro peor que la muerte.

En el terror entonces me forcé a recobrar la calma: Unos momentos atrás había maldecido mi suerte por no poder luchar antes de morir, ahora el destino me daba la oportunidad al menos de irme combatiendo; era mejor que nada y explotar ante una bala de bolter era preferible a ser torturado por los Marines traidores o que el Dreadnought me caminara por encima. Necesitaba un arma sin embargo, más mortal que mi rifle laser contra esos oponentes hubiera sido ir y arrojarles una piedra, así que me asomé fuera del cráter y busqué cualquier cosa con la que defenderme; la suerte una vez más me sonrió y encontré el lanzagranadas de mi unidad aún intacto aunque sujeto al brazo de su previo portador. Sin que los enemigos me vieran me estiré, tomé el arma (y por consecuencia el brazo) y volví a ocultarme. Cerré los ojos y traté de controlar el ritmo de mis palpitaciones; respiré hondo una, dos, tres veces, levanté el rostro y descubrí que ya no estaba solo en la trinchera, había alguien más refugiándose a mi lado.

- Camarada - dijo; era un hombre diminuto, al menos un palmo más pequeño que yo, pero completamente protegido por una armadura de caparazón a la medida y con el rostro cubierto por una máscara de gas-, yo atraeré su atención, cuando se vuelvan dispárale a la máquina.

Hay un montón de cosas que le hubiera respondido antes de asentir pero no me dieron tiempo para decir ninguna; mi misterioso aliado saltó fuera del cráter y empezó a correr con dirección a un flanco, la ligereza de sus pies algo que nunca había visto antes. Asomé el rostro, los Marines en las armaduras negras se volvieron a su enemigo repentino recién cuando este hizo un hueco en el casco de uno de ellos con un rifle laser modificado que disparó mientras corría. Ver caer sin vida a aquel gigante fue algo inspirador, algo que hasta segundos atrás creía imposible, y me llenó de valor; gritando me puse de pie y obedecí la indicación que el soldadito me diera.

Mi tiro fue hermoso. Los Marines que quedaban y el Dreadnought se habían vuelto contra el pequeño guerrero que había acabado con uno de los suyos y en esa pasada habían expuesto su flanco. Los vi disparar contra la pequeña figura sin lograr atinarle en el momento en que yo mismo levanté el lanzagranadas y tiré del gatillo, un lanzamiento impecable que voló sobre la tierra calcinada e impactó en la parte posterior de la gigantesca máquina; justo en los cables y mecanismos más expuestos. Me sentí como un dios pero la sensación se esfumó rápidamente, a la vez que el cartucho revotaba del sarcófago de hierro y reventaba contra el suelo a una distancia inofensiva.

- ¡Mierda!- grité, el dreadnought se volvió hacia mí y disparé una vez más un nuevo proyectil que como el otro impactó de lleno al objetivo y reventó sin causarle ningún daño; este era el final, lo supe en ese instante.

- ¡Fuego en la trinchera!- gritó entonces algo en frente de mí, oculto por las siluetas de los Marines Traidores, obedeciendo la orden me fui otra vez al suelo.

Con el rostro enterrado en el fondo del cráter no vi el momento en que el Dreadnought estalló. Cuando levanté la mirada solo atiné a ver la gran bola de fuego que salió de sus escombros antes de tener que cubrirme nuevamente. Me deslicé al fondo de mi escondite pero llegué a escuchar los tiros que siguieron; una batalla a muerte entre los Marines oscuros y un enemigo nuevo y desconocido que aparentemente había brotado de la tierra y los atacaba ahora desde todas direcciones.

Me asomé nuevamente; todos los Marines menos dos yacían muertos, el Dreadnought no era más que los restos de un par de gruesas piernas de metal, el humo rodeaba las armaduras negras. Los traidores dispararon contra algo oculto por las nubes de polvo, gritaban y maldecían con terribles voces mientras descargaban sus bolters sin retroceder un paso. La escena era tan terrible, tan fuera de este mundo, que esta vez no me atreví a moverme.

De pronto un violento estallido se hizo oír y un segundo después un rayo acuoso de luz blanca se estrelló contra el pecho de un Marine haciéndole un hueco por el que yo tranquilamente podría haber pasado. El horrible guerrero se fue de espaldas con el dedo aún tirando del gatillo y su compañero se volvió contra la fuente de aquel tiro de plasma, girar fue todo lo que pudo hacer, dos tiros de otro flanco lo alcanzaron en la espalda y lo hicieron caer de rodillas. Gruñendo el Marine empezó una vez más a levantarse y un nuevo disparo de plasma salió de entre el humo y lo impactó en un lado, el brazo que sostenía el bolter se fue hacia atrás y se derritió en el aire mientras el monstruo rugía presa de la cólera y el odio; desenfundó su pistola y se volvió bramando como un animal sus ojos perversos se encontraron entonces con los míos. No sé en qué momento había sucedido pero el lanzagranadas estaba apuntando nuevamente y apenas mi mirada se encontró con el negro casco del traidor jalé el gatillo. El tiro lo alcanzó en el pecho y lo hizo retroceder un paso, sin darle tiempo para reaccionar le disparé otra vez y otra y otra más; hasta que finalmente se fue abajo.

- Bien hecho muchacho -dijo la voz apenas familiar de la pequeña figura que lo había empezado todo, salió de entre el humo y el polvo esta vez al lado de sus compañeros.

En un primer momento atribuí a la distancia las inusuales proporciones, luego al hecho de que los Marines muertos a sus pies eran del tamaño de gigantes; pero finalmente, cuando estuvieron a mi lado, comprendí que había sido salvado por un grupo de duendes. Las diminutas figuras, ninguna mayor que un niño normal, se alejaron con paso tranquilo del puerto espacial y saltaron uno a uno al interior del cráter; justo al momento que toda la base de la rampa empezaba a ser golpeada por la implacable mano de la artillería del Imperio.

Me encontré rodeado por una unidad de tropas de asalto en miniatura; todos vistiendo armaduras de caparazón, todos con el rostro cubierto por máscaras y visores, todos llevando armas de la más alta calidad, todos diminutos. Ellos, por su parte, apenas me miraron; solo uno, el primero que había visto y el único que me había hablado, se dirigió hacia mí:

- Buenos tiros camarada -dijo, su voz se sintió entusiasta tras la protección que le ocultaba el rostro-. Bastante potencial para un chiquillo.

Quise decir algo pero aún si hubiera podido pensar alguna cosa lo motores de una Valkiria descendiendo sobre nuestras cabezas enmudecieron cualquier conversación antes de que estas pudieran comenzar. La aeronave planeó un momento ahí donde estábamos y luego bajó lentamente hasta quedar junto al cráter; los pequeños veteranos uno a uno empezaron a subir. Yo no hice movimiento alguno hasta que vi el brazo estirándose hacia mí.

- ¿Te quedas o te vas?- dijo la voz, una nueva y mucho más autoritaria que la que había conocido; yo sin pensarlo me arrojé hacia adentro.

- ¡Falta Haggen!- gritó entonces otro de los soldados, una mujer esta vez- ¡Cuando el Dreadnought reventó desapareció en el humo!

- ¡Esta unidad no tiene heridos! -le respondió la voz, su tono era completamente árido y me produjo un escalofrío- ¡Todo el que se queda atrás es una baja! -el sargento dio un par de fuertes golpes a uno de los lados de la nave- ¡Vámonos!

La Valkiria despegó sin más demoras. Me asomé hacia el campo abajo y pude ver la llegada de los tanques y de la artillería, en minutos el puerto este de Cadia se volvió un infierno aun mayor del que ya había vivido; yo, sin embargo y además extrañamente, me alejaba de la zona de batalla vivo y con mi primera misión en un completo éxito. Esa fue la primera vez que volé con los Tejones.

IIEditar

Tengo que volver ahora al general Tugurius Pedro, quien estuvo por más de un siglo a cargo de todos los regimientos del 50º al 68º de Cadia y fue siempre un hombre osado y a la vez excéntrico. Desde el principio de su carrera se hizo un nombre en el ejército por sus métodos poco convencionales y sus razonamientos que desafiaban todas las leyes de la lógica y la interpretación, algo que le ganó un gran número de detractores pero también (y no sé cómo) bastante reconocimiento. Para algunos era un genio pero para la mayoría, gente a la que yo conocí y sirvió bajo su mando, era un demente y resultaba incomprensible no solo como había sobrevivido tanto tiempo en el ejército (no solo en el campo de batalla sino también entre filas amigas) sino además como había subido tan alto en la pirámide de mando. La respuesta, sin embargo, era sencilla: Resultados. Pese a los limitados recursos con los que empezó su carrera de oficial Tugurius Pedro se llenó de éxitos y de victorias allí donde fue y sus hombres, acaso concentrados como estaban en no morir bajo el mando de un líder desquiciado, le llenaron el historial de triunfos.

Una cantidad impresionante de incursiones del Caos, de invasiones de piratas y de revueltas armadas fueron aplacadas por el general en su meteórica carrera siempre en ascenso (no es tan raro que un oficial ascienda en Cadia, la cadena de mando siempre está sufriendo huecos con las bajas constantes de la permanente guerra) hasta que se encontró finalmente al mando de miles de hombres y legiones de tanques. Era un logro notable pero no había estado libre de accidentes; tres veces le habían disparado en la cabeza y cada vez que se recuperó (dicen que uno de los tiros entró por el mismo sitio que uno pasado) lo hizo un poco más extraño y cada vez más irregular, y ya tras el tercer disparo podemos decir que empezaron realmente las excentricidades, y allí es donde la historia da un giro hacia lo más improbable.

Fue entonces cuando el 58º de Cadia rompió un asedio de la Legión de los Guerreros de Hierro soltándoles Hellhounds desde el aire y cuando el asedio Tau sobre la Ciudad Colmena Melcha fue roto con una carga de bayonetas apoyada por mujeres y niños. Fue también por esos años cuando se perfeccionó la catapulta lanza Ogretes y se estandarizó el entrenamiento de Comisarios Ratling.

Bastante tiempo pasó hasta que los altos mandos de Cadia notaran finalmente que el comandante general no estaba ya en todos sus cabales (creo que fue la sugerencia de enseñar poesía en la academia militar) y lo pasaran al retiro. Cuando esto sucedió muchas de sus ideas pasaron con él olvido; todas en verdad, todas menos una: El 68º de Cadia siguió teniendo bajo su mando a los Tejones y estos continuaron a la “altura” de su reputación.

Fue durante la insurrección del coronel Tránsito Mercer cuando al comandante general Tugurius Pedro se le ocurrió por primera vez la idea para la unidad que acabaría por convertirse en su legado. El coronel y aquellos fieles a su causa se atrincheraron en una de las fortificaciones mejor defendidas del planeta y tomaron control de una cantidad monstruosa de artillería y armas pesadas personales. De inmediato los logísticos imperiales proyectaron que un asedio de varios meses sería necesario para aplacar la rebelión. No Tugurius Pedro: el excéntrico líder dictaminó que si se reunía un grupo de comandos especiales y se le hacía infiltrar la fortaleza por los estrechísimos conductos de ventilación sería posible asesinar a Mercer y eliminar su cadena de mando, permitiendo un desembarco masivo en la confusión subsiguiente. El plan parecía hasta tener sentido y de entre los diez mil hombres a su cargo el coronel general reunió una unidad de los más pequeños y, bajo la instrucción de un Sargento Ratling, les dio un entrenamiento relámpago en desarrollo y ejecución de operaciones especiales; enseñándoles entonces todo lo que podrían necesitar para su gran debut.

La misión, sin embargo, fue un fracaso; absolutamente todos los comandos y el sargento fueron capturados y ejecutados por los insurgentes sin que hubieran estado siquiera cerca de cumplir sus objetivos y la fortaleza fue destruida en el asedio posterior que demoró casi un año. Para Tugurius Pedro sin embargo esto no fue un signo en absoluto en contra de su idea, atribuyendo el fracaso a que los agentes eran, pese a todo, demasiado grandes.

El coronel general estaba convencido de que una unidad de tropas de asalto apenas más grandes que un niño sería tremendamente útil en el campo de batalla; mucho más difíciles de impactar o detectar al enemigo, con mayores facilidades para la infiltración y el sigilo. Después de la insurrección de Tránsito Mercer, Tugurius Pedro dedicó una generosa porción de sus recursos a la construcción de esta unidad y no se detuvo hasta que fue capaz de reunir a los primeros aspirantes. Seleccionados entre los cientos de miles de pequeños que entrenaban en las academias juveniles del planeta, no por su devoción al Emperador o sus aptitudes para la estrategia sino por su tamaño reducido, los postulantes a la unidad especial pasaron por un proceso de capacitación y selección tan duro que solo podía compararse al del Adeptus Astartes. Empujados con duras y agobiantes pruebas desde las primeras a las últimas horas de cada día, manipulados genéticamente con sueros e implantes para fortalecer el cuerpo a la vez que se inhibía el crecimiento y capacitados en el uso de toda clase de armas y estrategias; el entrenamiento se volvió para los aspirantes más una lucha por sobrevivir que una por lograr distinción, sabiéndose todos allí en una lucha donde solo existían el triunfo y la muerte.

De ese modo cuando la primera generación de pequeños comandos estuvo entrenada esta no era ni por asomo una de fríos y fanáticos guerreros como era común al resto de tropas de asalto, sino más bien un grupo de viciosos lobos cuya instrucción les había inculcado que cualquier método era válido para sobrevivir. Tomados de aquellos cadetes que menos fe tenían en sus propias capacidades dentro del ejército, de aquellos que por su físico habían renunciado a cualquier aspiración al heroísmo, esos primeros comandos no compartían la fe del comandante general en sus capacidades pero sí se habían resuelto de manera impresionante en la obstinación en no morir.

Nadie, ni siquiera ellos mismos, esperaba algo de ellos además del fracaso. Al contrario, el entrenamiento y los recursos que en su formación se habían invertido les ganó de inmediato el rencor y desprecio del resto de la infantería al mando de Tugurius Pedro; pero esto solo volvió a los comandos aún más cerrados y celosos de lo que ya eran, aún más obstinados y orgullosos en la idea de que no dependían de nadie y no responderían tampoco sino ante aquellos directamente por encima de ellos. Cuando los enemigos políticos del comandante general lo enviaron junto a un enorme contingente lejos de Cadia a zonas de combate más intensas, los nuevos comandos fueron con él y en esa campaña dieron luz a su leyenda.

La primera campaña en que los pequeños veteranos fueron desplegados fue en una zona del Imperio violentamente disputada con la raza de los Tau. Allí los comandos demostraron que su entrenamiento no había sido en vano y sobresalieron incluso entre otras tropas de asalto en todas las misiones de infiltración, sabotaje o asesinato que les fueron asignadas. Con márgenes de bajas mínimos, con una actitud agresiva pero a la vez astuta y sigilosa, los pequeños guerreros del comandante general empezaron a ganar victorias casi por ellos mismos sembrando caos en líneas enemigas y facilitando generosamente el trabajo del resto del ejército. Cuando Tugurius Pedro volvió a Cadia sus comandos de bolsillo (primer nombre con el que los conocieron) ya eran todos veteranos y al comandante general le habían ganado un nombre nuevo.

La unidad especial era para ese momento no solo respetada sino también temida por todas las filas que viajaban con ellos. Acosados desde sus inicios por el resto de soldados; se habían vuelto un grupo sumamente cerrado y receloso, rencorosos como Inquisidores y sumamente protectores de sus miembros. Cualquier ofensa era cobrada pronto, con discreción y con gran violencia; un empujón despectivo retribuido con una castración clandestina y una mirada de desprecio o un insulto, pagados con el arrancamiento de los ojos y a veces también (al menos en un par de oportunidades) de la nariz. Fue ese comportamiento hostil y resentido el que les ganó el sobrenombre de “Tejones” y este se quedó desde la primera generación que regresó de la campaña con los Tau, hasta la que me rescató e hizo subir a la Valkiria.

Cuando los conocí la unidad tenía once miembros (pequeños como eran, solían operar en un grupo de doce sin que por ello fuera más difícil transportarlos): aquel que primero conocí en el cráter, el mayor del grupo y el único que podría ser considerado amistoso; su nombre real jamás lo supe, pero eso no le evitó presentarse ya seguros en el interior de la Valkiria:

- Yo soy Patty -dijo y se sacó el respirador mostrando un rostro y una barba muy rojos, unos ojos desorbitados y verdes, me extendió una mano que sentí más impuesta que como una invitación.

- Mi nombre es… -intenté decir, seguía dentro de todo bastante consternado.

- ¿Qué diablos hacías tan cerca de la línea de combate y solo? .la voz que me interrumpió vino del fondo de la nave- ¿Tomabas fotos para el semanario imperial?

La figura que había hablado se levantó y caminó hacia mí, su altura apenas varió cuando se puso de pie; creo que era el más pequeño de todos pero lo que no tenía a lo largo lo compensaba de ancho con hombros que lo hacían parecer más un marine espacial. Le decían Roble (como con Patty, jamás supe su nombre verdadero) y los rumores afirmaban que voluntariamente había consumido una insana cantidad de hormonas de crecimiento que, en lugar de hacerlo crecer, le habían dado la musculatura monstruosa que lo caracterizaba. Esas mismas hormonas (o su mal carácter natural, la verdad era un misterio) lo hacían vulnerable también a ataques de ira y de entre los Tejones era quizá el más temido cuando no estaban en batalla y era el único que luchaba (y ganaba) delante de todos con aquel que se metiera con él o su unidad.

- Déjalo tío, no te hace bien ofuscarte de ese modo -el que habló esta vez era un hombre de cabello cano y expresión aburrida, se quitó la máscara respiratoria y encendió un cigarro, solo le dio una pitada antes que alguien más se lo arrancara de la boca.

- No fumes en la nave -dijo una voz grave de mujer-. El próximo voy a apagártelo en la frente.

El hombre era Radio, el oficial de comunicaciones en la unidad y el que llevaba el (en realidad simbólico) puesto de segundo al mando. Hablaba con gran fluidez varios dialectos del sistema cadiano clandestinos de la lengua imperial y además se decía comprendía en cierto grado la lengua de los Eldar y los Tau. Era el experto en máquinas y sabotaje electrónico en el grupo y eran esas habilidades, combinadas con una fascinación natural por las nuevas tecnologías, lo que lo hacían valioso para el grupo. En su hombro descansaba un rifle largo de un material que yo no conocía y que no me recordaba a cualquier arma que en el pasado hubiera visto; no lo sabía en ese entonces pero se trataba de un acelerador lineal portátil Tau, un arma que había robado en una campaña muy antigua y que usaba ante la vista gorda de sus superiores.

La mujer que lo había reprochado era Aquiles y, aunque en ese momento el uniforme no me permitió notarlo, poseía una musculatura y una fuerza que en el grupo solo superaba Roble. Era también la segunda más agresiva y la segunda con el peor genio, de lo que se concluía además que era la segunda más temida entre los Tejones por el resto de las tropas imperiales. De su cinto colgaba un inmenso cuchillo (en realidad parecía más un machete en sus manos) que llevaba la heráldica del Adeptus Astartes; Aquiles afirmaba que lo había tomado de un Lobo Espacial que se había ganado una paliza tras un comentario subido de tono.

- Mi pelotón desembarcó cerca al puerto para intentar disputar la rampa hasta que llegaran los refuerzos -respondí con los ojos paseándose entre todos los Tejones, Roble no había dejado de mirarme con un furor agobiante-. Nos recibió un fuego cruzado que nos hizo trizas en segundos, de no ser por un cráter en el que me oculté sin duda ahora estaría también en pedasos.

- Una sabia decisión, déjame que te diga- el que hablaba ahora era un nuevo guerrero, el más alto allí atrás en la nave después de mí mismo; se quitó el casco y mostro un rostro burlón en una cara deformada por una cicatriz.

Su nombre era Darcy y era entre todos los Tejones el único que no había sido incorporado a la unidad desde la academia juvenil. Como yo, había hecho el entrenamiento regular y, como yo, se había graduado para formarse de inmediato en los pelotones de la infantería; a diferencia de mí, sin embargo, su unidad no había sido masacrada en su primera misión y había luchado diez años junto al ejército regular antes de ser abducido a los Tejones. Esta experiencia previa le daba un conocimiento mayor de cómo operaba realmente la guardia al que tenían el resto de sus compañeros y solía evocar sus antiguos días de servicio con algo de amargura y también (y sobre todo) con una forma disimulada de resentimiento. Incluso ese día en que por primera vez lo conocí y hablé con él, todas sus palabras salían manchadas por un extraño vaho de melancolía y un tono ácido y simultáneamente desabrido.

- Los destacamentos de primera respuesta -sonrió y recogió el cigarro aún prendido que le arrancharan a Radio, le dio una pitada antes de apagarlo definitivamente-. Con tu sobrevivencia han desafiado sus estadísticas normales de soldados que regresan. Quizá te lancen una fiesta.

- Ya cállense todos -la voz que irrumpió esta vez era la misma que hiciera despegar a la Valkiria, el sargento venía de la cabina del piloto y se sentó a mi lado tras hacer a Patty moverse con una orden de la mano-. Este no es un bus escolar.

El sargento se había quitado el casco; era un hombre ya maduro de ojos orientales y cabello corto, llevaba la barba rala y una expresión severa y pensativa. Se sentó a mi lado pero dio la impresión de en realidad no verme, por un momento largo estuvo con los ojos perdidos en la nada hasta que finalmente volvió a hablar:

- Tenemos doce horas de para y luego nos transportamos nuevamente a otra zona de combate -dijo esto con el rostro frío y sumamente serio pero sin mirar a nadie-. Esta nueva campaña recién está empezando y nos esperan semanas bastante ocupadas así que prepárense y tomen cada momento de reposo que puedan encontrar. Nadie en este planeta va a trabajar más que nosotros.

- Está sin embargo el problema del espacio vacío -el que habló fue Radio, el mismo tono cansado de la primera vez que lo escuché-. Haggen se perdió cuando atacamos el puerto.

- Tomará semanas, sino meses, conseguir y preparar un nuevo cadete -añadió Aquiles-. Creo que la campaña la vamos a pelear con un par de manos menos.

- Haggen era, además, nuestro eje de asalto- intervino ahora Darcy-. No sé qué tan prudente sea que peleemos sin uno.

- ¿Qué hay del chiquillo? -la enorme mano roja y velluda de Patty estuvo a punto de quebrarme el hombro-. Lo vi con el lanzagranadas más temprano, no lo hizo nada mal y no puede ser mucho más alto que mi camarada Darcy, así que respeta el “tema” que tenemos.

Lo que esperaba entonces era una negativa inmediata y contundente pero para mi terror eso no fue lo que pasó. En lugar de eso, todos los ojos en la parte posterior de la Valkiria se clavaron en mí en medio de un mar de expresiones diferentes y encontradas. Me sentí abrumado, confundido, por un momento (uno aterrador) pensé que me iba a desmayar y luego noté al sargento poner los codos sobre las rodillas y mirarme detenidamente, pensando algo que no quería adivinar. Sin embargo no era (y nunca he sido) ningún tonto, supe que lo estaba pensando, supe que evaluaba los riesgos de llevarme y de pelear con un guerrero menos, supe que no le importaba mi escasa experiencia o si me hacía matar. Supe que estaba jodido.

IIIEditar

Si hubiera sabido todo lo que implicaba subirme a la Valkiria y hacer el viaje de regreso junto a los Tejones probablemente hubiera probado mi suerte quedándome en el puerto espacial con los traidores. No fue ese el caso, sin embargo, y mientras volábamos hacia alguna locación por mi desconocida vi como mi vida daba un giro completo delante de mis ojos y me ponía en una situación aun más crítica a la que enfrentaba dentro de la infantería.

Tantos fueron los cambios que bajé de la Valkiria a la base desierta en la que nos dejaron con un nuevo (y no pedido ni deseado) mejor amigo; un muchacho menor que yo incluso y que al verlo me costaba creer le dejaban llevar armas al combate. Se llamaba D'nofrio y al momento que el sargento determinó que valía la pena incorporarme al grupo se prendió de mí como un parásito.

- No te preocupes novato -su voz era acelerada e irregular, no podía creer al escucharla que los Tejones se sintieran cubiertos luchando junto a él-. Yo te voy a proteger. Te enseñaré las cuerdas y te explicaré todo, cosa que para cuando nos llamen estarás tan preparado como el más antiguo de nosotros.

D'nofrio estaba con los Tejones desde los catorce años, reclutado por sus promisorios resultados en el entrenamiento y una desesperada necesidad de refuerzos para una campaña anterior. Era rubio y de tez bronceada y tenía los mismos ojos de loco que tanto me llamaron la atención en Patty la primera vez que le vi el rostro. Como este era también bastante amigable pero, a diferencia del tío, su carácter eléctrico y naturaleza hiperactiva le daban mucha menos llegada con extraños de lo que el mismo se permitía admitir.

- En la unidad -me dijo- a mí me toca llevar el lanzallamas, tengo según varios una vocación de parrillero que se nota cuando estamos trabajando, pero mi principal función es la de negociador. Verás, nuestro grupo es efectivo como nadie pero ninguno tiene realmente el don de la palabra. Por eso es que me necesitan.

La afirmación me pareció en sí misma una locura (¿cuándo negocia la Guardia con quien sea?) pero no le argumenté nada. Pronto se me hizo obvio que muchas de las cosas que el muchacho creía eran verdad solamente para él, pero aun así su guía irregular era mejor que ninguna en absoluto y al llegar a la base lo dejé seguir hablando.

- Muy bien -dijo en el cuarto al que los Tejones entraron para quitarse las armaduras y dejar sus armas a recibir mantenimiento-. A Roble, Aquiles, Patty, Radio y Darcy ya los conociste y por supuesto al sargento Calcuta también.

“Conocer” era decir mucho pero al menos sí era cierto que iba captando esencias sobre sus personalidades y funciones, lo suficiente para tener cuidado y evitar meterme con nadie o ganarme algún problema. Ahora, mientras se cambiaban, recién veía realmente a los Tejones y comprendía que ingresaba a un mundo donde la supervivencia no era más una cuestión de azar (como lo era muchas veces en la Guardia) sino de maña, necedad e ingenio.

Varios entre los miembros de la unidad no se quitaron los respiradores hasta que estuvimos en los camerinos. El primero de estos era un hombre calvo y delgado de lentes cuyo nombre era Linus y que dejó un rifle de fusión descansando mientras empezaba a desvestirse. Se sentó apartado del resto y se quitó la armadura con un ritmo cabizbajo, como si le hubieran reprochado algo, y que le daba un aire patético que no encajaba con el resto de sus compañeros.

- Linus es un idiota y un inútil -me dijo D'nofrio con una expresión despectiva al notar que lo miraba-, no pierdas tu tiempo con él. Creo que el rifle se lo dieron para hacerle que se mate pronto. Irónicamente, y como buena plaga nunca muere, creo que es de los más antiguos aún pateando latas por acá.

Al otro lado del cuarto y al lado del sargento, otro hombre más se quitaba también el traje de combate. Este tenía el cabello y las cejas completamente blancos pero su rostro mostraba una jovialidad extraña y etérea, fantasmal incluso, que me produjo un escalofrío. De todos los Tejones era el más pequeño, dudo que llegara siquiera al metro veinte, pero tenía una especie de aura que inspiraba algo que, sí no era temor, se le parecía mucho.

- Ese es Darwin -agregó D'nofrio mientras se quitaba el saco-, tampoco te recomiendo juntarte con él mucho. Es bien extraño. Solo el sargento y Patty le tienen algún aprecio y es porque los tres tienen historia.

Era verdad, ellos eran los únicos que habían servido bajo el primer sargento que tuvieron los Tejones y llevaban más de treinta años combatiendo juntos y sacándose unos a otros de problemas. Darwin en particular parecía tener una especie de don para escapar de la muerte, alguna clase de sexto sentido, y quienes con él habían combatido contaban historias de cómo, calmadamente, se agachaba al momento que pasaba una bala o tomaba cobertura un segundo antes de que colapsara una pared. Patty y el sargento eran quienes más historias de este tipo contaban y ellos mismos en más de una ocasión habían sido salvados de morir o algo peor por un tirón inesperado de Darwin que los lanzaba al suelo un segundo antes de una explosión o el tiro de un francotirador oculto. Intervenciones que además el veterano hacía sin hablar, casi sin comunicarse en absoluto, y siempre con la misma diligencia calmada con la que ese primer día lo vi quitarse la armadura. En el centro de la habitación los demás Tejones hablaban entre sí con una energía que expresaba el poco miedo que tenían por salir de nuevo a combatir o la indiferencia que sentían por su más reciente triunfo. Patty contaba emocionado a Darcy algo que yo no llegaba a escuchar, Roble y Aquiles bromeaban a la vez escandalosamente y Radio prendía un nuevo cigarro que una vez más la “enorme” mujer se encargó de arrancarle de los labios. Una figura más entre ellos llamó mi atención, una que aun no se quitaba el respirador ni la armadura y que cuando lo hizo provocó que se me cayeran las cosas que llevaba.

La segunda voz femenina que había oído en la unidad pertenecía a una muchacha sumamente joven y de cabello oscuro que en ese momento tenía una expresión sumamente triste. Yo había visto antes mujeres en la Guardia, mujeres que a primera vista no eran fácilmente distinguibles de los hombres, pero nunca a una como esa. Aquella chica tenía los hombros pequeños, la piel inmaculada, los ojos grandes y los labios delicados; no parecía para nada un soldado e, incluso pequeñita como era, tenía en su porte una distinción y una elegancia tales que la hacían mucho más atractiva que cualquier chica que jamás hubiera visto en mis peregrinaciones por burdeles en mis días libres por las colmenas. El corazón me dio un vuelco y sentí iba a desmayarme, salí de eso por un golpe en el hombro (amistoso pero demasiado violento) que me dio D'nofrio como para arrancarme de mi ensoñación:

- Esa es la Venada- dijo mientras se sentaba para cambiarse las botas-, y no lo debe estar pasando bien. Todos sabíamos que tenía algo con Haggen, el puesto que ahora estás entrando a remplazar.

Mis ojos volvieron a la chica; realmente se le notaba triste pero, a la vez, parecía avergonzada. Era como si la tristeza fuera algo injustificable o anormal ahí donde estaba; como si la muerte de un compañero debiera forzosamente tomarse como algo natural, otro gaje del oficio.

- Este Haggen -pregunté, la primera vez que tomaba una iniciativa en mi conversación con D'nofrio que se había caracterizado por tener una sola dirección- ¿Qué pasó con él?

- ¿Este? -el muchacho rió entre dientes al hablar- Esta. Haggen era una mujer -un momento permaneció en silencio como para saborear un poco más mi sorpresa y luego siguió hablando- Desapareció en acción y fue dejada atrás. Algo que debes saber sobre el sargento Calcuta es que el tiene una política de “Nadie se retrasa”; si no estás en el sitio donde se te espera cuando se te espera, ahí te quedas; nadie regresará por ti. Incluso los heridos se quedan si se vuelven una carga. Este no es un círculo de amigos, no lo olvides.

Me quedé pensando en esto mientras seguía a la Venada con la vista en el proceso de remover la armadura y el equipo de combate y pasar al uniforme de descanso. Salvo uno, un tipo que permaneció inmóvil al lado de la puerta sin quitarse siquiera el respirador, todos los Tejones dejaron ahí sus trajes y pasaron a una nueva habitación. Yo me incliné a D'nofrio mientras dejábamos el cuarto.

- ¿Quién es ese? -pregunté por el tipo que parecía listo para saltar a las trincheras- ¿Por qué no se ha cambiado?

- Ese es Caras. Hace varios años un Tiránido estalló sobre él y le derritió todo el rostro con ese icor ácido que tienen en el cuerpo. Yo nunca lo he visto pero Patty me ha dicho que lo queda de él es apenas humano. El sargento le ha prohibido mostrar su cuerpo en público simplemente para no alterar a los demás.

El resto del camino lo hice en silencio. Roble y Aquiles discutían entre risas con Patty y con Darcy en una conversación que no podía (o no me interesaba) seguir y en la que D'nofrio pronto intervino con su tono eléctrico y emocionado. Más adelante Darwin hablaba de forma mucho más discreta con el Radio y el sargento mientras, a su lado, Linus intentaba también involucrarse. Solo la venada, separada de mí por el tumulto formado por la conversación mayor, guardaba como yo silencio; atrapada como estaba dentro de su luto incómodo.

La base en la que nos encontrábamos parecía más una ciudad fantasma. La invasión había llamado a combatir a casi la totalidad de las fuerzas militares del planeta y una estación tan apartada de la línea de combate como esta no tenía nada que hacer albergando soldados tan lejos del combate. Lo más probable era que todos sus ocupantes fueran movilizados hacia el frente por las mismas horas en que avanzó mi compañía.

Seguimos al sargento a un salón pequeño de puertas fortificadas flanqueadas por dos guardias (los primeros que veía desde que bajé de la valkiria), en este el sargento se detuvo y asintió con severidad a los soldados que de inmediato informaron su llegada. Las puertas se abrieron con un estridente sonido mecánico. El interior de la sala estaba oscuro. Una mesa de planificación estratégica brillaba como solitaria fuente de iluminación para la cámara, la rodeaban una docena de asientos vacíos y la presidia un hombre en solitario; el único que esperaba a los Tejones y que pese a ello no hizo ningún saludo cuando los vio llegar.

- Sargento -fue lo único que dijo.

- Coronel -fue la respuesta de Calcuta.

Se trataba de Azarvar Putin, parte del alto comando de Cadia y el oficial bajo cuya supervisión quedaron los Tejones tras el pase al retiro del comandante Tugurius Pedro. Formado bajo el ala del excéntrico general, la personalidad de Putin era lo que podría considerarse algo directamente opuesto; excesivamente precavido, sobrio en sus maneras, estrechamente ligado con las normas y primero un estratega, luego un líder. El coronel se distanciaba de su mentor en casi todos los aspectos de la vida militar y, a diferencia de este, tenía un expediente impecable, libre de incidentes o de cuestionamientos. Salvo, por supuesto, por los Tejones.

Lo complicado de su selección, formación y entrenamiento hacía de cada uno de los miembros de la célebre unidad no solo soldados valiosos, sino además recursos de difícil obtención y cuyo remplazo nunca era algo sencillo. Si perder uno de aquellos veteranos en combate ya era entonces una pequeña (sin doble intención) tragedia, que esto sucediera en tiempos de paz era algo completamente inaceptable. Para proteger su inversión entonces, el alto mando tenía medidas disciplinarias muchísimo más sueltas con los Tejones que con cualquier otro cuerpo de infantería en el planeta y confiaban más bien en que el Emperador se encargaría de guiar sus pasos por caminos de victoria y de prudencia. Una expectativa sumamente ingenua además, pues los Tejones no recibían casi nada de la formación religiosa y espiritual que era obligatoria para el resto de sirvientes del Imperio y la gran mayoría entre ellos (por no decir, todos) tenían una posición más bien escéptica hacia el credo de sus compatriotas. Quizá por eso, o simplemente porque les era imposible tomarse la vida muy en serio por lo cerca que estaban siempre de verla terminar, la unidad desde sus inicios había sido bastante impredecible y por cada uno de sus múltiples triunfos había también un incidente, rebeldía o malentendido que sus oficiales a cargo debían encubrir. Estas irregularidades, y la constante humillación que el grupo representaba para él entre sus superiores e iguales, habían hecho de los Tejones un dolor de cabeza para Putin y este secretamente aguardaba el momento en que una misión infame finalmente acabara con todos sus problemas de golpe y porrazo; dejándolo libre para empezar de nuevo o simplemente dedicarse al resto de hombres a su mando, a los que consideraba sus soldados de verdad.

- Una felicitación ha llegado a mí de parte de los altos mandos por la operación realizada hoy en el puerto -dijo el coronel-. Cumplo con hacerla llegar.

- Gracias, señor -asintió Calcuta, había sumisión en su mirada pero no obediencia.

- En fin, el tiempo es poco; vayamos al grano.

Sobre la mesa aparecieron iluminados una serie de mapas y diagramas, con algo de dificultad pude reconocer el perímetro de una ciudad que sin duda, a juzgar por la arquitectura y las defensas, estaba en el planeta. La expresión de los Tejones más antiguos era otra, una idéntica a la del coronel, entendían el mapa mucho mejor que yo.

- Esta es la Colmena Factoría Hermes- explicó Putin-, una de las principales productoras del planeta de munición para artillería. Al parecer la Legión Traidora conocida como Alfa tenía desde antes del ataque agentes infiltrados dentro de la ciudad y que trabajaban en colaboración con la también herética Legión de los Portadores de la Palabra. Las fuerzas de inteligencia de los unos y la demagogia de los otros sirvió para quebrar la moral de la ciudad y convertir a gran parte de esta a cultos a los dioses profanos. El inicio de la ofensiva desde el espacio parece haber sido la señal para que estos traidores salieran de sus escondites y tomaran el control de la ciudad, misión que hicieron casi sin encontrar resistencia salvo por algunos focos aún fieles que luchan ahora desde la clandestinidad. Por la construcción de la ciudad misma un asedio sería algo arduo, lento y sumamente costoso, completamente inviable considerando la situación actual; es por ello que requerimos que ustedes se infiltran al interior de la misma y ayuden a las tropas de resistencia a recuperar el control de las cosas desde adentro.

Era una locura, una misión que trascendía al suicidio y se volvía estupidez ¿Cómo esperaba el coronel que un puñado de enanos ayudara a un grupo diezmado de soldados a arrancarle una Colmena entera a Marines del Caos de dos Legiones diferentes? No había forma de que los Tejones aceptaran un trabajo así.

- ¿Hace cuánto se perdió la ciudad? -preguntó el sargento, su frialdad me hizo estremecerme.

- Dieciocho horas.

- Es probable entonces que ya no queden tropas leales vivas -cuando Calcuta dijo esto, tragué saliva pesadamente.

- Será mejor entonces que partan cuanto antes.

- Ahora mismo -replicó Calcuta, mi terror fue total.

Cuando su líder se apartó de la mesa todos los Tejones lo siguieron. Azarvar Putin tosió forzadamente como para detenerlos un momento. Los rostros de los veteranos se volvieron hacia él, yo aún no me había movido de donde estaba.

- Sargento Calcuta -dijo.

- Sí, mi coronel.

- ¿Qué fue de la tercera mujer de su grupo? La morena -mis ojos se deslizaron un momento hacia la Venada quien estaba muda, pálida y sombría.

- D.E.A.

- ¿Y este niño flacucho quién es? -los ojos de todos se fueron hacia mí- ¿Algo que adoptó en una trinchera?

- Es El Eldar- intervino Patty, me dio una palmada en la espalda que estuvo a punto de arrojarme al piso-. ¿No lo ve todo alto y distinguido? Como uno de esos alienígenas.

Jamás nadie me había acusado de ser alto, mucho menos de tener ningún nivel de distinción y nunca en mi vida había visto un Eldar. Sin duda era el apodo más extraño que se me hubiera ocurrido pensar para mí mismo y ciertamente nadie me lo había consultado, sin embargo todos los Tejones asintieron.

- Es mi nuevo granadero -fue la solitaria respuesta del sargento, yo palidecí-. Le voy a dar una armadura y equiparlo, viene con nosotros.

- Mierda, chico -sonrió Putin, su sonrisa era aún peor que su severidad-. No sabes la mierda en la que te has ido a meter.

Tenía razón, no lo sabía, pero cada vez me hacía más rápido la idea.

IVEditar

- El Eldar -rió D'nofrio-. Oye, Patty ¿De dónde se te ocurren estas cojudeces?

- ¿Qué cojudeces? -el viejo de cabello rojo fingió estar ofendido- ¿Nunca has visto un Eldar? Son como el chico; altos, delgados, distinguidos.

- Maricas… -Roble escupió entre los dientes.

- Ya, ya -Aquiles le dio un empujón a aquel ropero de soldado-. Deja al muchacho tranquilo -luego me sonrió, cosa que de ella me pareció tan espeluznante como lo hubiera hecho del propio Roble-. Sí es cierto que tiene su pepa.

Me sonrojé pero no dije nada, de guapo tampoco me habían acusado jamás. Para distraerme me concentré completamente en ponerme la armadura; eso que vestían los Tejones era una réplica exacta y a escala del caparazón de combate que usaban las tropas de asalto regulares; su grosor y su peso no se parecían en nada a la del traje que usábamos en la infantería. Aquel nuevo equipo era un mar de complejo al que usaba regularmente y, sin un entrenamiento previo sobre cómo usarlo correctamente, me estaba costando una barbaridad solo ponérmelo encima. Estaba a punto de darme por vencido, salir así como estaba, cuando una mano me tiró desde atrás y me hizo sentarme.

- Has cerrado mal todas las correas -dijo la Venada inclinándose sobre mí y deshaciendo todo lo que había enredado para hacerlo bien ella misma-. Te estás complicando demasiado, en realidad es mucho más sencillo.

No le dije nada mientras trabajaba, completamente concentrada como estaba en acomodarme la armadura era probable que tampoco hubiera escuchado nada de lo que le dijera. En lugar de eso (y no cuento esto con orgullo) me quedé mirando la calidez de su piel, la suavidad evidente de su pelo y el vivo brillo de sus ojos. Unas horas antes yo no sabía que mujeres así siquiera existían.

- ¿Qué miras? -el tono gentil de un momento atrás había desaparecido, la voz hablándome ahora estaba ofendida e incómoda.

- No, nada -aparté el rostro-. Pensaba en la misión.

- Ya veo -no era tonta y no me había creído-. Solo quédate cerca del sargento, las balas parecen evitarlo.

La Venada se apartó y me dejó sentado y ridículo ahí donde estaba. Al menos la armadura ya la tenía puesta y el respirador ya estaba conectado al equipo de aire y listo. D'nofrio, también ya preparado para dejar la base vino y se sentó a mi lado.

- Mientras solo mires todo bien, amigo -me dio una palmada condescendiente en el hombro-. Serás flaquito pero ni por asomo eres lo suficientemente femenino para ella, si me dejo entender…

Abrí la boca (para decir qué, no estoy seguro) pero me calló una voz mucho más imponente que la mía. Roble estaba de pie junto a la puerta de la armería, a su lado Calcuta y Radio nos observaban a todos en silencio.

- ¡Tejones! -en otro mundo alterno Roble hubiera sido un excelente Comisario, todo lo que decía daba miedo- ¡Nos vamos! ¡Junten sus mierdas!

Todos nos pusimos de pie al unísono y seguimos al sargento a través de la puerta. Un paso después de dejar la habitación una mirada fulminante me hizo detenerme los ojos del sargento me dejaron helado donde estaba.

- Chico nuevo -me dijo-, estás dejando atrás algo importante.

Lo peor no fue la vergüenza de tener que volver por el lanzagranadas, lo peor fue el larguísimo momento que me tomó comprender que me lo estaba olvidando para comenzar. Cuando volví a salir el sargento Calcuta y sus guerreros ya no estaban, el camino hacia la nave lo tuve que hacer solo.

Los Tejones contaban con un transporte aéreo y un piloto particular para llevarlos y sacarlos de todas sus misiones. Era uno de los privilegios de ser el emblemático escuadrón de enanos asesinos del 68º. El pintoresco individuo de forma tan estrecha vinculado con el grupo fue presentado a mí como El Loco y, en un giro de eventos que me pareció tan irónico como predecible, era el hombre más alto que había conocido. De dos metros diez de estatura, delgado como un lápiz y de cabello cano, largo y sucio, asumí que era el aspecto deplorable lo que le había merecido el apodo pero pronto me entere que ese era solo el principio de la historia. Ya terminando su entrenamiento con la Flota Imperial, El Loco se había hecho una reputación más de irracional que de temerario y de incoherencia sobre valentía. Las anécdotas de esos tiempos eran muchas pero, contadas por él, tan fantásticas como contradictorias e improbables cuando no imposibles. No importaba, los Tejones tenían ellos mismos sus propias pruebas de la demencia del piloto empezando por el hecho de que se ofreciera voluntariamente para el puesto, volara alguna vez por un bloque Tau o cargara frontalmente contra una marea de Gárgolas Tiránidas, además de que aterrizaba como norma en todas sus misiones en lugar de arrojar a los soldados en paracaídas gravíticos, y de que en alguna oportunidad compartió un encuentro amoroso con Aquiles sin poder culpar siquiera a los efectos del alcohol. Con todo y todo, había una gratitud implícita de los Tejones hacia El Loco; apreciaban que hiciera su trabajo y confiaban en que su falta de juicio continuara poniendo la misión por delante de su propia vida. El sargento Calcuta había trabajado con él durante décadas y decía bromeando (¿bromeando?) que cuando finalmente derribaran la Valkiria, él pediría al alto mando su retiro.

- ¿Quién es el crío? -preguntó cuando me subí a la nave.

- El Eldar -le respondió Patty, los demás asintieron-. Es nuestro nuevo eje con lanzagranadas.

- Ya veo… -El Loco me dirigió una mirada inquisitiva-. No te hagas matar, muchacho. Me cuesta mucho memorizar un nombre.

Se metió a la cabina y Radio lo siguió, solía ser él quien copilotaba la nave, el sargento fue con ellos un momento y luego volvió y se sentó con nosotros; los motores empezaron a rugir. Cuando la nave despegó Calcuta sacó un pequeño mapa holográfico y lo proyectó para el resto de nosotros. La escala era tan reducida que yo apenas podía distinguir las formas luminosas; el resto de los Tejones, sin embargo, parecían entenderlo más que bien o al menos eso interpreté de sus caras de desilusión.

- Por la más puta de las madres -maldijo D'nofrio-. ¿Vamos a entrar por las alcantarillas? ¿Otra vez?

- Tranquilo chiquito -Aquiles se rió de él no sin algo de condescendencia-. Nunca es peor que tus pañales.

- Hay un desaguadero a dos mil trescientos cincuenta y siete metros de las murallas -el sargento no prestaba atención a lo que los demás decían-. Mil quinientos metros más adelante hay un túnel alterno y clandestino que un principio fue usado para ingresar narcóticos y contrabando a la colmena. Inteligencia cree que es también por esta ruta por la que muchos de los traidores entraron antes de la invasión y cuenta con que ellos no saben que nosotros lo sabemos.

- Me encanta por dónde va esto… -dijo Darcy, nadie le hizo caso.

- Ese es nuestro acceso a la ciudad -siguió Calcuta-, desde ahí debemos tomar esta ruta -señaló con un puntero láser un punto en el mapa que los ojos no me dieron para distinguir-, y encontrarnos en este depósito con la resistencia. Desde aquí llegó la última transmisión antes de que las comunicaciones fueran bloqueadas y es el primer lugar donde vamos a buscar.

- ¿Qué haremos si no encontramos a nadie? -la pregunta en realidad nos la hacíamos todos.

- Buscaremos en estos otros cuatro puntos -se señalaron más lugares en el mapa que solo los demás Tejones vieron.

- ¿Y si tampoco hay suerte?

- Entonces prepárense muchachos porque la misión la tendremos que hacer solos.

Algunas cosas más se discutieron pero yo nos las llegué a escuchar, estaba demasiado preocupado imaginándome todos los escenarios posibles, preguntándome qué demonios estaba pasando. Hacía menos de veinticuatro horas yo era uno más entre millones engrosando las filas de la infantería de la Guardia, ahora era parte de un exclusivo escuadrón de élite cuyo destino final era el suicidio. ¿En qué momento se había vuelto loco el mundo?

- Tranquilo novato -era la primera vez que oía hablar a Linus, su voz era tan triste como su expresión, la sonrisa de ánimo que intentaba darme tampoco era muy halagadora-. No es tan terrible como lo imaginas.

- ¿Y tú que chucha sabes inútil? -Roble escupió sobre las botas del otro, se había levantado y con Aquiles fue a ubicarse en los bolters pesados cubriendo los flancos de la nave.

Yo no dije nada y Linus ya tampoco. El resto del vuelo fue más bien callado, solo Patty conversaba con D'nofrio y lo hacían en voz baja, el resto de la nave guardaba un silencio casi ceremonial. Los Tejones revisaban sus granadas y el resto de su equipo, Linus vio que su rifle de fusión estuviera operativo y D'nofrio encendió la llama de su lanzallamas; a la Venada la vi recalibrar un rifle de plasma enorme, me sorprendió verla, pequeña como era, operando un arma tan extraña y entre mis antiguas filas tan temida.

- Listo, Tejones -Radio se reencontró con nosotros, de pie recargó y sacó el seguro de su extrañísimo rifle alienígena-. Mejor hagamos esto bien porque, a menos que levantemos como mínimo el bloqueo de comunicaciones, nos quitaremos de este hueco caminando y varios ya estamos muy viejos para eso.

Todos se acomodaron los respiradores y se ajustaron los cascos, al unísono se removieron los seguros de los rifles y se liberaron los cinturones de seguridad. La Valkiria descendió con violencia y quedó flotando a menos de un metro del suelo, uno a uno los Tejones saltaron a la superficie. Calcuta y yo fuimos los últimos en bajar.

- No me decepciones chico -me dijo antes de lanzarse-. Me daría lástima dejarte atrás en tu primer viaje con nosotros.

Caí a una llanura árida cubierta por espacios por un pasto ralo y de un verde pálido y enfermo. La tierra era oscura y el viento soplaba con cierta intensidad, como intentando hacer que se notara su presencia. Estamos sobre una colina muerta, desde ahí podíamos ver una carretera cerca al horizonte que parecía venir de la nada y se dirigía a la ciudad. Esta, por su lado, se veía como una montaña desde donde estábamos; las grandes murallas con la distancia se tornaban en una cordillera y las torres defensivas en picos altísimos e inalcanzables para los mortales.

- No perdamos tiempo -dijo Calcuta-. Roble, Aquiles, la retaguardia. Darwin y D'nofrio, ustedes adelante.

El lado del montículo que opuesto al camino daba a un río seco y pestilente, era ahí a donde las líneas de desagüe de la ciudad iban a parar. El suelo era fangoso, espeso y repugnante, apenas dimos unos cuantos pasos y el olor se hizo tan intenso que tuvimos que encender los equipos de aire; así nos aventuramos por un túnel inmenso de metal, algo que salía de la tierra vomitando inmundicia y que venía directamente desde la ciudad. Activamos la visión nocturna, los Tejones se convirtieron en un grupo de sombras de verde iridiscente moviéndose a través de la total oscuridad; me sentía intranquilo, pero estar al centro de la formación me daba al menos alguna sensación pasajera de seguridad. Era una oveja andando entre los lobos.

Alcanzamos una enorme puerta de hierro reforzado interrumpiendo el medio del camino, no era en realidad para tránsito humano sino para proteger la ciudad contra invasores y controlar el pase de la suciedad que salía por la misma. El grupo se detuvo y el sargento consultó rápidamente el mapa.

- Linus -llamó a su rifle de fusión-, encárgate. Los demás contra la pared, repártanse entre los dos flancos.

- Sí, Linus, encárgate -se burló la voz imponente de Aquiles-. Saca la caca que para eso eres bueno.

Varios de los Tejones se rieron, creo que solo Caras y Darwin permanecieron en silencio. El veterano, por su parte, no respondió nada; se adelantó en silencio al resto y levantó su arma apuntando a un punto bajo en el centro del portón. Tras la máscara de aire pude igual sentir su expresión cabizbaja y abatida.

Hubo una explosión. A través del equipo de visión nocturna pude ver un intenso rayo blanco con un aura verde que salía vomitado por el rifle de fusión y se estrellaba contra el hierro de la puerta, el cual se derretía como si fuera mantequilla. Una pequeña ola de suciedad salió libre casi de inmediato, pensé que arrastraría a Linus con ella pero el veterano se arrimó con unos reflejos que no hubiera apostado para él posibles. El sargento esperó que el flujo de inmundicia se normalizara y luego saltó al túnel otra vez.

- Continuamos -sentenció, todos lo siguieron.

Aproximadamente cien metros después de cruzar el portal de hierro, el sargento detuvo una vez más a la unidad y levantó la mano para ordenar silencio. Todos quedaron inmóviles en la oscuridad, expectantes de que estaba pasando, pero la calma aparente de aquel túnel parecía incapaz de romperse con nada. De pronto unas suaves carcajadas llegaron hasta mis oídos y no me avergüenzo de decir que estuve a punto de mojar los pantalones. Los demás Tejones también debieron de escucharlas pues todas sus armas se levantaron hacia el túnel, hacia la total oscuridad, solo el sargento pareció no sobresaltarse.

- El auspex -dijo.

- No hay nada, señor -le respondió Radio de inmediato.

- Seguimos entonces, no perdamos tiempo.

Calcuta se movió a uno de los lados del ducto y se acercó a una escotilla de metal que parecía diseñada para controlar el flujo de agua y electricidad por aquel túnel. Al abrirla, sin embargo, reveló unos medidores averiados y que sin poner resistencia se dejaron remover para liberar un hueco sobre el suelo que se perdía en una nueva oscuridad.

- Es más chico de lo que decían los informes -dijo con seriedad-. Vamos a tener que hacer el resto del camino rampeando. Vamos todos, con cuidado y prisa. Darwin, tú vas adelante; D'nofrio, tu lo sigues. Si Darwin te lo indica, lo rostizas.

- Sí, señor.

Ambos saltaron al ducto, la frialdad de la orden me incomodó tanto como la inmediatez de la respuesta. Me tomó un instante reordenarme y continuar pero finalmente lo hice y salté yo también, después de Patty. El interior del túnel era mejor de lo esperado, diseñado para gente de tamaño normal y llevando contrabando, permitía que dos de nosotros nos arrastráramos hombro contra hombro cubriendo así una formación más cerrada.

- Patty -lo llamé con un susurro en la oscuridad, era él quien rampeaba a mi lado-. ¿Qué demonios eran esas risas?

- Demonios, precisamente -la voz del viejo había tomado un tono inesperadamente serio-. Nos estamos metiendo en algo mucho peor de lo esperado. Mierda de alto nivel, Eldar, del más alto nivel.

VEditar

Debimos de estar como mínimo una hora reptando en la oscuridad debajo de la ciudad fortaleza, pero tal era el golpe de adrenalina por el que estaba pasando que apenas sentí el cansancio hasta que pudimos por fin salir a superficie. El cielo opaco que nos había despedido al entrar a las cloacas ya estaba casi completamente oscurecido; la noche caería pronto sobre las calles y, por espeluznante que eso me resultara, era probablemente lo mejor para nosotros.

Ya con el primer pie en las avenidas tuvimos una idea bastante gráfica de la situación en la que estábamos: Las luces de la calle habían sido destruidas como para permitir reinar a las tinieblas, y ni un alma era visible y el silencio era total salvo por el crujir del fuego. Varios edificios yacían en ruinas y la única fuente de luminosidad en varias cuadras a la redonda era un vehículo antimotines del Adeptus Arbites que ardía en una tétrica pira funeraria, cocinando los cadáveres empalados de quienes supuse habían sido sus pobres ocupantes.

Los Tejones no se intimidaron por aquel espectáculo de desolación. Calcuta hizo unas señas con la mano y Darwin, Aquiles, Roble y Darcy se abrieron por la calle para cubrirnos los flancos mientras los demás nos reagrupábamos en torno a él. Se volvió a Radio quien ya luchaba con un aparato que emitía un sonido confuso y disforme.

- Dame una lectura -ordenó.

- Nada, sargento -fue la respuesta, el tono sobrio de Radio contrastaba con lo dura de su lucha con el artefacto-. El bloqueo de comunicaciones es todavía demasiado fuerte. Si quiero contactar aliados tendremos que acercarnos más a su posición. Sea esta la que sea.

- Muy bien. Nos movemos.

Calcuta dio más indicaciones con las manos y los Tejones se esparcieron por la calle, Patty me golpeó en el hombro para que no me distrajera y me indicó que lo siguiera y no me alejara demasiado. No lo tuvo que decir dos veces.

La unidad se movía como un grupo de sombras; los escombros nada parecían hacer por ralentizar su paso y sus cuerpos pequeños y ágiles desaparecían tras cada corto trecho encontrando cobertura en los lugares más inesperados. Realmente parecían en su ambiente y moviéndome con ellos me invadió, en ese de todos los lugares, una enorme e inexplicable sensación de seguridad; la certeza de que mientras estuviera entre ellos nada habría de pasarme.

Llegamos a una plaza a oscuras en cuyo centro había lo que debió ser pocas horas atrás un rápido conjunto de improvisadas barricadas. Los enormes cráteres separando los escombros y los cientos de pedazos de cuerpos humanos que encontramos delataban que todo había sido destruido valiéndose de artillería; artillería a la que además no le había importado la integridad de la calle y los edificios que ahora estaban prácticamente nivelados y en cualquier momento podrían colapsar. La batalla sin embargo había pasado con rapidez y decisión, allí tampoco encontramos señal de vida alguna.

- Ve a una posición más alta -ordenó Calcuta- y tráeme una señal.

- Sí, sargento. Niño, ven conmigo; cúbreme. Roble, tú también.

Radio y sus dos escoltas se deslizaron sobre la plaza como sombras y treparon en segundos un colosal rumo de escombros desde el cual volvió a operar el aparato de comunicaciones. Lo vi pelear con él como cuando recién llegamos y luego los cuerpos de D'nofrio y Roble lo ocultaron en colaboración con la oscuridad de la noche, formando un único bulto compacto y pequeño. Fueron minutos largos de tensión, podía sentir como el resto de mis compañeros también esperaban que noticias traerían de regreso. La expectativa estaba matándome en silencio cuando por fin bajaron y volvieron.

- Un tal capitán Stranded está refugiado con parte de la resistencia en un depósito a siete cuadras de aquí -dijo Radio-. Le he dicho que somos sus refuerzos y dice que nos espera. Me ha indicado una alcantarilla por la que podemos acceder al depósito sin llamar la atención sobre nuestras posiciones.

- Bien -Calcuta se dejó oír complacido pero no perdió la seriedad-. Guíe el paso.

Seguimos a Radio a un lado de la plaza y luego hacia un callejón en el que Aquiles y Roble abrieron un acceso nuevo a las alcantarillas. Bajamos en el mismo orden en el que habíamos saltado de la Valkiria, salvo que esta vez Patty se lanzó el último para cubrirnos las espaldas.

Después de las risas demoníacas el último lugar donde quería estar era de vuelta en los drenajes pero no iba a empezar a quejarme todavía, no cuando las cosas parecían estar yéndonos bien. Si la resistencia había sido tan fácil de encontrar quizá la situación no era tan mala como la habíamos imaginado, o eso pensé al menos.

Un centenar de seguros se soltaron en un centenar de rifles láser cuando salimos del drenaje y al interior del depósito indicado. El sargento Calcuta salió igual como si no pasara nada seguido uno a uno por el resto de sus hombres. En la expresión de los guardias apuntándonos desde pilas de cajas, terrazas, pasadizos y escaleras apareció uniforme una expresión de desconcierto; el más bajo entre ellos le llevaba una cabeza al menos al más alto de sus supuestos salvadores.

- ¿Quién diablos son ustedes? -dijo una voz en medio del desconcierto; un hombre envejecido, sucio y cansado, los galones en su chaqueta delatándolo como el capitán, se adelantó al resto de nerviosos guardias.

- Soy el mayor Huan Calcuta -dijo el sargento-. Somos su refuerzos. Estamos aquí para asistir en la recuperación de la ciudad.

Un silencio entre el desconcierto y la desolación se esparció por todo lo largo y ancho del depósito ensombreciendo la mirada de todos los refugiados ahí presentes que aun sostenían sus rifles apuntando a los Tejones. Cuando sus superiores pidieron auxilio antes del bloqueo a las comunicaciones esperaban apoyo aéreo, artillería, quizá incluso la intervención de los Marines Espaciales; en lugar de eso lo que recibían era un puñado de soldados pequeños y escuálidos que parecían más niños jugando a las campañas.

- Pero... Pero... -la voz estupefacta del capitán Stranded debía ser la de todos sus hombres- ¿Qué es esto? Pedimos ayuda y nos mandan... ¿Qué son ustedes? ¿Demiurgos?

- Somos la unidad de asalto y tácticas especiales del 69º de Cadia -replicó Calcuta, yo aún intentaba descifrar porque se había presentado como mayor mientras el resto de refugiados aun se preguntaban si realmente éramos parte del ejército-. Tengo órdenes de reunirme con las tropas aún leales al Emperador y colaborar con ellas en la reconquista de la ciudad y la persecución y eliminación de los traidores.

- Esto debe ser una broma -no estuve seguro si el capitán quería golpear a Calcuta o ponerse a llorar en el suelo, la compostura lo abandonaba a una velocidad alarmante-. ¡Son unos enanos! ¿Se supone que dispongo de ustedes?

- En realidad capitán -en contraste nuestro líder se mostraba totalmente calmado y las críticas por nuestra talla parecía importarle un bledo-, puesto que ahora yo soy el oficial de mayor rango, espero que no tenga problema en informarme de la situación y poner a disposición a sus hombres y recursos. Desde este punto yo me encargo.

El silencio en el depósito se rompió en centenar de reclamos indignados, estábamos lejos de haber logrado una buena impresión y yo pasé rápidamente a preocuparme. Que los refugiados abrieran fuego sobre nosotros ahí donde nos encontrábamos empezaba a volverse con excesiva prisa una posibilidad real.

- ¡Silencio! -una voz como un tornado resopló en todo el edificio seguida por unos pasos débiles y lentos bajando por una escalera metálica- El mayor Calcuta es el líder de la unidad de élite creada por el comandante general Pedro y lleva más de medio siglo sirviendo a las causas del Emperador. Es un honor contar con su ayuda.

Se trataba de un viejo de aspecto lamentable. Antiguo como el tiempo su rostro era un caos indescifrable donde resultaba imposible distinguir entre arruga y cicatriz, sus ojos eran dos implantes biónicos y una de sus piernas era también una prótesis mecánica. Cubriendo aquel cuerpo deplorable estaba el uniforme estándar de los comisarios imperiales, el aura de temor que emanaba del mismo lo hacia independientemente al lamentable cuerpo de su portador.

- Mayor -se presentó al alcanzarnos lentamente con una inclinación leve de la cabeza-, soy el comisario Frederick Von Zupe, me alegra que este aquí para guiar la resistencia.

En los rostros de los soldados era evidente que aún estaban lejos de sentirse conformes con nuestra presencia y al borde del motín ante la idea de pasar a obedecernos, pero mayor era el temor que les inspiraba el viejo y destartalado comisario. Por fin, dando por terminados (o suspendidos) aquellos minutos tensos, todos los rifles láser se bajaron y el capitán, a regañadientes, cedió el mando de las tropas refugiadas a Calcuta. Este a su vez pidió que aquellos oficiales entre los guardias, los suyos propios y el comisario se reunieran en privado para evaluar la situación. A todos los demás nos ordenaron esperar.

Para mi sorpresa y confusión Radio, Darwin y Roble siguieron al capitán, a Calcuta, a Von Zupe y un puñado de guardias cansados y nerviosos; todos convocados por su rango para participar en la reunión. Los demás nos quedamos ahí en el depósito, aun rodeados por un montón de soldados descontentos; los únicos incómodos, sin embargo, parecíamos ser Linus (que sudaba nerviosamente y limpiaba sus lentes sin cesar) y yo.

- Oye Patty- decidí distraerme tratando de hacer conversación- ¿Cómo es eso de mayor Calcuta? ¿De qué me estoy perdiendo?

- Calcuta tiene el grado de mayor, Eldar -sonrió el veterano dándome una palmada en el hombro-, le decimos "sargento" por costumbre. Después de treinta años en servicio algunos asensos son más que esperables. Los sargentos reales son Darwin y Roble.

- ¿Radio?

- Teniente.

- No tenía idea... ¿Y tú? Si estás aquí desde hace tanto como ellos, ¿no deberías también tener ya cierto rango?

- Bueno... -por primera vez desde que lo conocí la sonrisa bonachona de Patty desapareció, se le vio evidentemente incómodo-. El liderazgo no es tanto lo mío, yo estoy aquí por los amigos y los buenos ratos.

La respuesta me pareció, por lo menos, incoherente pero no pregunté más. Me quedé en silencio aun bajo la mirada rencorosa de los guardias y rodeado por el aburrimiento indiferente del resto de Tejones. Patty se quedó extrañamente cabizbajo tras mi pregunta, Aquiles empezó a afilar (para inesperado terror de varios de los refugiados) su enorme cuchillo del Adeptus Astartes, D'nofrio aburrido se hurgaba la nariz y los oídos y Linus continuaba la maniática y nerviosa limpieza de sus lentes. Caras y la Venada eran los únicos que aún llevaban puestos los respiradores; del primero no me sorprendió recordando lo que me habían contado, de ella en cambio sí. Por algún motivo prefería ocultar su rostro y lidiar con la incomodidad del equipo de combate, se sentó algo apartada del resto y por un largo rato no pronunció palabra. Al poco tiempo, ante el reclamo de cansancio de mi cuerpo, yo me quedé dormido.

Desperté sobre saltado no sé cuánto después por un bullicio histérico que me arrancó de mi sueño. Desorientado miré a mi alrededor y tras un instante descubrí a Aquiles, a duras penas contenida por Patty y por D'nofrio, flanqueada por la Venada y Caras, ambos en guardia, y Linus quien sudando apuntaba a los refugiados rodeándolos con el rifle de fusión. Había un charco de sangre en el suelo y pronto descubrí que también había tres guardias imperiales con los rostros aplastados y que sollozaban en el suelo mientras sus compañeros intentaban auxiliarlos.

- Enana será tu vieja -dijo Aquiles y escupió sobre uno de los heridos-. Agradezcan que estoy cansada o a toditos los iba a hacer desear haber muerto en el primer ataque.

- A ver, a ver -Calcuta y los demás acababan de reunirse con el resto y hablaban desde una plataforma superior que vigilaba al resto del depósito, el "mayor" parecía tranquilo o al menos así se le veía en contraste al horror en la expresión del capitán y sus tenientes tras ver las heridas en sus hombres-, orden, por favor, que tenemos mucho que hacer y poco tiempo.

Tomó un minuto que los Tejones y los guardias bajaran sus armas y se tranquilizaran. Tras un largo y tenso momento silencioso, la expresión del propio capitán Stranded se compuso y dio una aprobación callada para que se llevaran a los tres heridos a algún otro sitio a recibir la atención médica que necesitaban con desesperación. Yo, por mi parte, me levanté con tanta prisa como pude y me coloqué al lado de Patty quien a su vez soltó a Aquiles un poco más calmada. En el rostro de la mujer, sin embargo, era evidente que estaba preparada (incluso ansiosa) para enfrentar a cualquier otro que tuviera entre sus planes decirle algo molesto.

- Muy bien -continuó el mayor, dando por concluido el incidente-, esta es nuestra situación: El bloqueo en las comunicaciones así como la ocupación por los Traidores de las calles y armerías ha hecho imposible que los distintos grupos de resistencia se reúnan u organicen de manera alguna. Asimismo, y aunque sabemos que gran parte de la población huyó de la ciudad al iniciarse los disturbios, tenemos motivos para creer que una enorme cantidad de civiles y combatientes aliados están siendo retenidos como prisioneros en los distritos interiores de la ciudad sirviendo a un fin que aún no conocemos. Estos rehenes son custodiados en su mayoría por los Marines Espaciales del Caos de la Legión Traidora de los Portadores de la Palabra, mientras que sospechamos que es la Legión Alfa quien mantiene el control de la central de comunicaciones, y los pelotones de Traidores son quienes ocupan las fábricas y armerías, las cuales no han dejado de funcionar aunque ahora abastecen a nuestros enemigos. Tras discutirlo con el capitán y sus oficiales hemos logrado obtener un plan que nos ofrece el mejor grado de éxito con los recursos que tenemos a la mano. Espero que todos estén dispuestos a colaborar.

Era una locura. Puesto que no teníamos la fuerza para asaltar ninguna de las posiciones ocupadas por los marines traidores, Calcuta pretendía un ataque con las tropas que teníamos contra una posición vulnerable de las que retenían los guardias renegados. El mayor confiaba que una ofensiva bien planeada y de aspecto abrumador atraería la atención de los demás pelotones de guardia y milicia aún ocultos y nos permitiría reunir más gente con la cual preparar un nuevo ataque.

Los distritos internos de la ciudad al parecer eran algo cercano a inexpugnable y aun no sabíamos qué se estaba cocinando ahí. En todo caso el segundo punto a atacar, aquel que a Calcuta realmente le importaba, era la torre de comunicaciones que de recobrarse nos permitiría no solo pedir ayuda más puntual sino además confundir a nuestros enemigos. No teníamos, sin embargo, y el mayor era el primero en reconocerlo, recursos suficientes para enfrentarnos a Marines Espaciales, y por ese motivo esta primera ofensiva menor debía ser un éxito; convertirse en un estandarte bajo el cual los focos de la resistencia pudieran congregarse. Lo que más me preocupaba, lo que me temía tras mi escaso tiempo viviendo dentro de su mundo, era el papel que le tocaría jugar a los Tejones; tras ver lo que había visto sospechaba que el mayor peso iba a descasar sobre nosotros.

- Tras evaluar todos los posibles objetivos se ha seleccionado una fábrica de municiones estremecedoras situada en el noveno distrito exterior de la ciudad -informó Calcuta-. Está en una zona aislada de la misma, de modo que no será fácil para los Traidores auxiliarla, y confío en que muchos entre los aún leales se estarán refugiando por la zona. Mi unidad se infiltrará en el perímetro y desde afuera las tropas del capitán Stranded retendrán cualquier posible auxilio y se reunirán con aquellos grupos de aliados que vayan llegando con el paso de las horas. La operación comenzará dentro de seis horas. Descansen y prepárense. ¿Alguna pregunta?

El silencio fue una respuesta por sí mismo; los guardias miraban al mayor y a cada uno de nosotros con escepticismo, les era imposible creer que nuestro grupo fuera capaz de cargar solo con el peso de la operación, pero nadie pronunció palabra. El informe parecía concluido cuando Darwin, quien en silencio había estado vigilando a todos los hombres más abajo, se inclinó hacia el oído del mayor y dijo algo muy rápidamente; Calcuta señaló un hombre entre los guardias y se volvió a su sargento, este asintió.

- Ese soldado -dijo aún señalando al guardia-. Ábranle la camisa.

Ante el desconcierto del acusado y de sus compañeros, Caras y Patty cayeron sobre él. Empuñando el enorme cuchillo Astartes, Aquiles le abrió el uniforme en un solitario movimiento, sobre la piel del soldado una cicatriz quedaba de una quemadura formando la estrella de ocho picos. Descubierto, el hombre se resistía feroz e inútilmente, aunque pese al tamaño de sus captores su fuerza parecía ser muy superior a la suya.

- ¡Un Traidor!- se dejó oír por todo el depósito- ¡Un infiltrado!

- El Caos tiene ojos en todos lados -me dijo Patty con una seriedad pasajera que pronto se convirtió en una sonrisa-. Pero nosotros también.

- Von Zupe -llamó, sobre nosotros, Calcuta al comisario-. Usted dispondrá -luego se volvió a los Tejones y los guardias- ¡Seis Horas! -repitió- Sus oficiales les confirmarán los detalles.

VIEditar

Los guardias imperiales llevaban ya muchas horas escondidos y en realidad tenían un ansia oculta tras su aspecto desolado por entrar en acción y recobrar su ciudad. Si la decisión hubiera sido de ellos habrían abandonado el depósito inmediatamente después de que se les explicara la misión, sin importar sus escasos números y sus pobres suministros.

Calcuta sin embargo pensaba en sus hombres. Los Tejones llevaban más de un día operando prácticamente sin descansos y planeaba darles un respiro para que se repusieran. Con este fin usamos la oficina abandonada donde antes se reuniera con el capitán y el comisario y ahí se reposó un poco mientras el mayor explicaba los detalles de la parte que habríamos de jugar nosotros. El pequeño mapa holográfico hizo una nueva aparición, esta vez mostrando los complejos planos de una enorme fábrica. Pese a estar dentro de la ciudad el lugar estaba fuertemente defendido, diseñado para resistir un asedio desde las propias calles.

- Tomar el complejo de forma íntegra es posible pero no sirve realmente a nuestros planes -explicó-. El objetivo principal de esta misión es crear caos entre las fuerzas enemigas y una gran conmoción capaz de congregar a las facciones esparcidas de la resistencia. De modo que apuntaremos, no a recuperar la fábrica, sino a hacerla volar en pedazos.

Los Tejones asintieron, las cosas que decía el mayor no les parecieron extrañas o alarmantes. Yo sí estaba cada vez más nervioso, aquel lugar era inmenso. ¿Cómo íbamos a hacerlo volar entero?

- Entraremos por los conductos de ventilación y nos separaremos en el tercer nivel. Desde ahí iremos en grupos de dos que se encargarán de poner bombas de fusión en las piezas de maquinaria más inestables y los depósitos de químicos. Darwin y yo tomaremos el ala oeste, D'nofrio y Roble irán al este y la Venada y Darcy se encargarán del sur. Patty, tú te llevarás al Eldar y colocarán sus explosivos en los depósitos del sótano; ve que no liquiden al muchacho. En el norte está la puerta principal y el patio, es más que probable que algunos de los tanques robados por los insurgentes estén ahí cargando munición así que es de seguro la zona más peligrosa. Lo siento Radio, pero te tengo que mandar con Linus hacia allá.

- No hay problema sargento -el teniente lanzó una mirada burlona a quien iba a ser su compañero-. Mientras este incompetente no haga que nos maten yo trataré de evitar que les caiga el guante a ustedes.

Todos menos Linus, quien solo pareció entristecerse un poco por la burla, sonrieron. Había empezado a sospechar que lo odiaban solo porque dejaba que lo hicieran y esa debilidad hizo que yo lo odiase un poco también. No era sin embargo el momento para pensar en eso, las indicaciones de Calcuta continuaban.

- Aquiles, Caras, ustedes no llevarán explosivos. Los quiero moviéndose juntos por todos los corredores y lugares aislados despachando a cuanto insurgente encuentren. Esto va para ustedes en especial pero también para todos: No quiero un solo ruido hasta que empiecen las bombas. Hasta ese momento peleamos con cuchillos. ¡Niño! -su voz fue a D'nofrio, quien justo en ese momento parecía distraerse con el aire- ¡Nada de ruido! ¿Me entienden?

- Sí, sargento.

- Bien, ahora descansen. No sabemos cuándo lo volveremos a hacer.

Los Tejones se acomodaron lo mejor que pudieron y en verdad se quedaron dormidos. Solo Darwin, de pie sobre un cajón mirando a los guardias abajo en el depósito, y yo, nervioso como estaba y algo descansado por la siesta inesperada durante la reunión, permanecimos despiertos. Aun en el silencio el tiempo pasó rápido y cuando el pequeño y callado soldado de cabello gris finalmente me habló lo único que dijo fue:

- Es hora.

Salimos a la calle liderando el camino para los guardias que venían más atrás. Supervivientes de un cuartel que había sido arrasado por las tropas insurgentes, no contaban más que con un par de morteros, tres lanzamisiles y un rifle de plasma. Patty había dicho que con eso era más que suficiente, que los Tejones habían hecho más con menos, yo decidí creerle. En realidad siento que había asumido para sí la función de mantener la moral alta.

Los edificios alrededor de la fábrica habían sido casi completamente destruidos por el combate breve pero intenso que se había llevado a cabo cuando esta se perdió. Fue en las ruinas donde el capitán Stranded repartió a sus hombres y luego se reunió una última vez con el mayor. Solo los Tejones escuchamos aquellas últimas indicaciones:

- No quiero ni un tiro hasta después que empiecen las primeras explosiones y que lleguen los refuerzos enemigos -ordenó Calcuta-. La única ventaja que tenemos es la sorpresa y debemos mantenerla hacia el final. Incluso si llegan las tropas de la resistencia debemos mantener la posición oculta, solo revelen su presencia cuando sea estrictamente necesario. Nosotros haremos lo demás.

Por tercera vez, para este momento ya me había convencido de que el grupo jamás iba a ningún sitio por el suelo, volvimos a las alcantarillas y avanzamos el corto trecho que nos llevaría por debajo del muro y hacia el terreno de la fábrica. Cuando llegamos a la escalera por la que accedíamos al patio Darwin subió solo, llegó hasta la escotilla y se detuvo, puso la mano sobre la manija y esperó. No tenía ni idea de qué estaba haciendo, pero todos permanecimos expectantes. Antes de que pudiera preguntar nada ya estaba de vuelta con nosotros:

- Hay seis sobre el muro y siete en el patio apostados todos en el lado opuesto. Hay un Chimera vacío y dos tanques más cuya tripulación descansa. El camino hacia el conducto está libre.

- Guíanos -ordenó el mayor.

- ¿Cómo diablos...? -empecé a preguntarle a Patty.

- Cállate y camina niño -Roble me empujó con el hombro y no me dejó más alternativa que seguir al resto-. Si te quedas atrás, te quedas y punto.

Darwin fue el primero en subir por la escotilla seguido por Calcuta y luego por el resto. No pude evitar un escalofrió al comprobar que todo era tal y como el veterano lo había anunciado. Sin tiempo para reflexionar sobre esto seguí a los demás hacia un lado de la fábrica y nos apoyamos todos contra la pared mientras Aquiles y Darcy removían la tapa de un conducto de ventilación, un espacio diminuto por el que yo, el más alto del grupo, apenas pasaba. La subida que siguió fue una experiencia infernal; sin peldaños ni nada de que sujetarnos, debíamos usar nuestros cuerpos contra la superficie de metal para poder subir y en ese extenuante paso avanzamos hasta el punto más alto del edificio, hasta salir otra vez en la azotea.

Cuatro guardias más estaban ahí como vigías, la oscuridad era casi total y no esperaban que alguien los atacara desde atrás. Como sombras Aquiles, Caras, Patty y Roble fueron por ellos y volvieron limpiando la sangre de sus cuchillos contra los pantalones. Recién entonces Calcuta se puso de pie y hecho una mirada al patio más abajo. En la azotea una puerta, ahora despejada, llevaba a la fábrica debajo de nosotros.

- Todo libre -dijo Darwin tras pararse al lado de la misma.

- Radio y Linus se quedan aquí -informó Calcuta-. Dejen saber a Stranded que hemos entrado y esperen cinco minutos antes de moverse a sus objetivos. Roble y D'nofrio vuelvan por el conducto en que vinimos y diríjanse hacia el este desde ahí. Darcy, la Venada y tú tomad el otro que se encuentra al otro lado y los demás seguiremos por las escaleras.

Los rostros de los Tejones asintieron al unísono y todos se movieron en direcciones diferentes obedeciendo las indicaciones de su superior. Yo seguí a Patty y a la mayoría hacia la puerta y bajé por las escaleras siguiendo a Caras y Aquiles que lideraban al resto, se habían echado el rifle a la espalda y andaban con sus cuchillos y sus pistolas caminando sin hacer ruido por los corredores. Al llegar a una esquina Darwin los detuvo con la mano.

- Hay dos a la izquierda, quizá a unos diez metros, y otro a la derecha junto a la pared -escuché que les susurraba.

- Gracias, papi -le respondió Aquiles-. Caras, el que está solo es tuyo.

A la vez ambos salieron; el tamaño no permitía comodidad para cortar un cuello y el Tejón se limitó a saltar y enterrarle la hoja entera al guardia evitando así que gritase. Aquiles, por su parte, hizo dos disparos silenciosos y pude oír dos cuerpos que caían solo un segundo después.

- Todo libre -nos dijo y salimos al nuevo corredor.

- Muy bien -Calcuta revisó una vez más su rifle y luego asintió al grupo- aquí nos separamos. Darwin y yo vamos por la izquierda, Caras y Aquiles ustedes tomen la derecha. Patty, el conducto es de ustedes.

Señalaba una nueva salida de ventilación en la pared, en apariencia aun más estrecha que la anterior. En un principio maldije mi suerte, pero luego comprendí que al menos de ese modo no tendría que preocuparme por llamar la atención de nadie. Sin pronunciar una palabra más todos los Tejones desaparecieron y Patty y yo nos quedamos solos.

- Yo voy primero, Eldar -dijo, su voz estaba tan tranquila y animada como le era costumbre-. No te vayas a resbalar que puedes arrastrarnos a los dos abajo y no tengo planeado romperme las piernas en este sitio.

Descendimos con casi tanta incomodidad como habíamos trepado hacía demasiado poco por el edificio, pasando de largo varias bifurcaciones y siguiendo un camino que rezaba que Patty conociera más allá de cualquier duda. Cuando finalmente nos detuvimos, nos tocó arrastrarnos otro trecho hasta finalmente alcanzar la reja por la que debíamos bajar. Antes de moverla mi compañero extrajo una delgada barra de acero que terminaba en un pequeño espejo inclinado, la introdujo lentamente entre las rendijas. Me era imposible ver aquello que él estaba viendo.

- Todo parece despejado- dijo finalmente- yo iré primero. Recuerda lo que dijo el sargento, nada de ruido. Si están muy lejos para apuñalarlos usa tu pistola. ¿De acuerdo?

- De acuerdo.

- Muy bien... Aquí vamos

Patty pateó la reja y se dejó caer por el conducto un par de metros hasta el suelo, inmediatamente detrás yo lo seguí a un corredor que de inmediato supe que no estaba despejado. Una voz llamó a otra y pasos corrieron apurados de ambas direcciones; los primeros venían por donde estaba Patty, que levantó su pistola y disparó contra dos guardias, acabando con uno y forzando al otro a saltar a cubierto.

- ¡Aquí! -llamó una voz detrás mío- ¡Son los cobardes imperiales!

Me volví tan rápido como pude y disparé, un sonido seco liberó al proyectil y luego silbido un silbido ahogado siguió su trayecto, se estrelló contra el guardia que nos había revelado y estalló con una bola de humo, jirones de carne y fragmentos de hueso que acabó con los dos que lo seguían. Patty se volvió furioso.

- ¡Maldición Eldar! ¡¿Qué te acabo de decir?! ¡Que se jodan los Traidores, reza porque el sargento no haya escuchado tu maldito lanzagranadas!

Me quedé mirándolo con la cara más estúpida que debo haber hecho en mi vida antes o después, temblando saqué mi pistola de su funda y se la mostré. Patty de un manotazo casi me la arranca de las manos.

- Guarda esa mierda, ya estamos tarde para esas cojudeces.

Guardando él también su pistola, Patty se puso de pie y salió apurado por el corredor, exigiendo un esfuerzo considerable de mí simplemente para no quedarme atrás. Salimos a un inmenso depósito donde miles de barriles marcados como contenedores químicos estaban acumulados y ordenados en decenas de filas y columnas.

Ni bien habíamos salido cuando dos guardias más pretendieron interceptarnos, pero se desplomaron antes de poder apuntar sus armas eliminados por tiros certeros del rifle sobrecargado de Patty. Varios guardias más hicieron intentos por detenernos, pero encontraron idénticos finales mientras el veterano seguía corriendo por la larga plancha de acero que cruzaba de un lado al otro el depósito por encima del mismo. Recién al llegar a la mitad Patty se detuvo.

- Cúbreme -dijo y me extendió su rifle-. Mejor no uses aquí el lanzagranadas, no nos vayas a volar antes de tiempo.

Recibí el arma y apunte mientras el veterano extraía las bombas de fusión y las programaba para la hora pactada con el grupo. Dos enemigos más salieron de la nada pero los nervios al parecer mejoraron mis reflejos y logré acabar con ambos sin poner importancia en sus tiros pasando sobre mi cabeza. Me sentía bastante confiado hasta que un disparo de algo muy superior a un rifle láser estuvo a punto de volar la plataforma. Entre los cilindros, caminando como un gigante de hierro, pude distinguir la armadura negra de un Marine Especial; el bólter levantado y apuntando contra nosotros.

- Patty... necesito ayuda.

- Un momento chico- por más que la plataforma que nos sostenía se sacudía como si estuviera poseída tras cada impacto de bólter, mi compañero no se despegaba de la bomba-. Ya casi lo tengo... ¡Ya está!

El artefacto empezó a parpadear y hacer un sonido intermitente que Patty desactivó presionando un botón, de inmediato la arrojó tan lejos como pudo entre los cilindros y nada más verla desaparecer se dignó a mirar abajo. Sus ojos y aquellas infernales luces rojas ardiendo en el casco del Marine se encontraron.

- Ay mierda -dijo-. ¡Corre!

Esa fue una orden que no tuvo que repetir dos veces. Con las balas de bólter estallando sobre nuestras cabezas empezamos a correr tan rápido como nos fue posible de vuelta al corredor. Cerca estuvo el Marine Traidor de volarnos la cabeza pero, una vez más, la baja estatura y los pies ágiles demostraron ser una ventaja inestimable. Al volver al pasadizo por el que habíamos bajado nos encontramos a Aquiles junto a Caras, sus cuchillos, sus manos e incluso sus codos cubiertos de sangre.

- Ustedes no saben hacer nada en silencio, ¿no es así? -nos reprochó ella, pero Patty no le respondió y le indicó que debíamos seguir corriendo.

Nuestra bomba estalló justo mientras llegábamos a la puerta principal, lo supimos todos pues las bases mismas de la fábrica se sacudieron y poco les faltó para colapsarse ahí mismo. Nos esperaban ya Calcuta, Darwin, D'nofrio, Darcy, la Venada y Roble. Del brazo de este último corría sangre por una herida abierta en la manga de su traje. Nadie le preguntó como estaba.

Las puertas se abrieron y el infierno que mostraron me llevó en la memoria de vuelta al puerto espacial donde todo comenzó. Los dos tanques que habíamos visto ardían, una docena de cadáveres quemados, reventados, destruidos yacía por todo lo largo del suelo y combustible derramado se quemaba formando murallas de fuego. En medio de ese caos aparecieron Linus y Radio, cubiertos de escombros y ceniza, el primero sosteniendo su arma de fusión humeante, el segundo su extraño rifle alienígena.

- Sargento -empezó Radio-, nos ha ido aceptablemente bien. Hemos asegurado el Chimera para salir de aquí y preparado cargas de demolición sobre la puerta principal. Esperamos nuevas órdenes.

- Bien -Calcuta se volvió a Darcy- ¿Conduce, soldado?

- Desde los once años, sargento.

- Roble, a la torreta; Radio, a los sistemas de armas. Vámonos de aquí. Tejones, a bordo. Se acabó la parte fácil. Ahora viene lo jodido.

Como sombras corrimos entre el humo y subimos al vehículo caminando sobre los cadáveres llenos de agujeros de tres guardias traidores más. Roble arrojó por encima del armatoste de la máquina el cuerpo sin vida del artillero previo (la cabeza arrancada por un disparo del rifle Tau de Radio) y se apoderó de la ametralladora. Darcy hizo arrancar el Chimera, Radio se sentó a su lado y los demás nos preparamos para disparar por las aberturas laterales. La máquina se dirigió a la puerta y entonces, tal y como estaba programado, la fábrica estalló. Los enormes portones de hierro reforzado se vinieron abajo con un gran estruendo.

VIIEditar

Quizá los habían descubierto, quizá las tropas enemigas alrededor de la fábrica habían recibido inesperados refuerzos o quizás simplemente el capitán Stranded había sido incapaz de cumplir con su parte y no intervenir hasta que nosotros saliéramos. Independientemente a lo que hubiera sucedido, el hecho era que nos alejamos de los muros en llamas de la fábrica ahora en ruinas y llegamos a una calle completamente devastada por la guerra y casi completamente consumida por el fuego.

Una columna de quimeras adornados con iconos impíos descendía lentamente por la avenida principal rociando con lanzallamas pesados el interior de los edificios en los que se ocultaban nuestros escasos aliados. Desde los niveles superiores estos abrían fuego contra los vehículos en un intento desesperado por plantar alguna resistencia; pero incluso los tiros de los pocos lanzamisiles a los que tenían acceso eran, en muchos casos, inútiles contra el blindaje de los pesados transportes. La llegada de un gigantesco Leman Russ, un tanque que con el armamento disponible los guardias no tenían forma de contrarrestar, pareció echar definitivamente la suerte de la resistencia; el primer disparo de su cañón principal causando que un edificio se derrumbara hasta quedar en sus cimientos.

- ¡Darcy! -gritó Calcuta quien observaba todo desde el periscopio de nuestro transporte- ¡Llévanos a una calle paralela! Vamos a tener que acomodarnos a las nuevas situaciones.

El quimera se movió aun parcialmente cubierto por el humo y los escombros hacia una calle aún no alcanzada por el frenesí de la batalla y en esta se detuvo. El mayor ordenó abrir las puertas y luego se volvió a nosotros:

- Radio, llévate a Aquiles, Patty, Caras, la Venada y al chico nuevo. Impidan como sea que esa columna blindada avance más y traten de contactar a Stranded, los demás iremos en el carro e intentaremos sacar de la batalla al Leman Russ. Pase lo que pase no dejen que el resto de la infantería retroceda o que los Traidores escapen, debemos mantenerlos aquí el tiempo suficiente para que lleguen las milicias y las demás tropas ocultas. ¿Entendido?

- ¡Sí, señor! -Radio se levantó del sistema de armas del quimera, tomó su rifle Tau y su sistema de comunicaciones y bajó corriendo por la rampa- ¡Oyeron al sargento! -gritó- ¡Los que están conmigo, en marcha!

Era una locura. Pretender retener nosotros solos una columna mecanizada y propiamente armada y preparada era tan similar al suicidio como saltar de un puente o meterse un cañón en la boca y disparar. Aun así, cuando Radio salió del tanque y Patty lo siguió dándome antes una palmada en el hombro lo seguí sin tomarme un minuto apenas para reflexionar o dudar alrededor de mis acciones. ¿Me estaba volviendo loco acaso? ¿Era víctima de la misma temeridad demencial que parecía afectar a todos en ese maldito escuadrón? Quizá sí, era la única explicación factible.

La rampa del Chimera se levantó, las puertas se cerraron y el vehículo se puso una vez más en marcha con el rugir de sus orugas cubierto por el furor de la batalla. Nosotros nos quedamos atrás mirando a Radio quien se tomó un minuto para reconocer los alrededores e intentar operar el dispositivo de comunicaciones. Solo obtuvo interferencias.

- Uno de los Chimeras debe tener un amplificador para el bloqueo que tienen sobre nuestras señales. Tendremos que destruirlos todos -la tranquilidad con que lo dijo me hizo darme cuenta que realmente todos habían perdido la razón-. No perdamos tiempo.

De una patada Aquiles derribó la puerta de uno de los viejos edificios y nos lanzamos adentro. Los Tejones avanzaban con velocidad y cuidado, agazapados y casi pegados a las paredes más solidas. Casi todo era total oscuridad pero cuando llegamos hasta la avenida tuvimos que desactivar los visores nocturnos. Aquel lugar era el infierno.

Un total de seis Chimeras habían parado su avance para destruir la resistencia que quedaba de las tropas del capitán Stranded. Un séptimo y un octavo yacían destruidos con sus tripulantes a cubierto en los escombros intercambiando fuego con los guardias en los puntos altos de los edificios. Todo alrededor, la calle entera, ardía y entre las ruinas se dejaban oír los gritos de desesperación de los heridos y los llamados aterrados de aquellos que no sabían hacia qué dirección podían escapar.

- Aún nada con las comunicaciones -confirmó Radio-. Vamos a tener que hacer algo con los carros que quedan. Patty, tú te quedas conmigo; busquemos una buena posición desde la cual dar cobertura. Eldar, Venada, ustedes tienen suficiente golpe para hacer algo contra los flancos de esos Chimeras pero tendrán que acercarse; Aquiles y Caras, ustedes vean que no les pase nada.

Todos asintieron menos yo que tenía enormes problemas para procesar lo que me estaban pidiendo. Había aproximadamente cien metros desde donde estábamos hasta el convoy enemigo y en estos no existía ninguna cobertura. ¿Esperaba Radio que simplemente corriéramos hasta llegar allá rezándole al Emperador para que no nos vieran? ¿Con fe en que no seríamos acribillados por los rifles saliendo de los flancos de los tanques o por la gente que se cubría con los chasis humeantes de los dos que habían sido destruidos? Incluso si ese no era el caso, ¿había olvidado Radio que detrás de los Chimeras estaba el maldito Leman Russ? ¿Creía que este iba simplemente a mirarnos correr hacia los tanques y no hacer absolutamente nada?

No importaba. Yo debía de haber muerto en el espaciopuerto junto a mi pelotón, en realidad cada minuto desde entonces era para mí solo tiempo suplementario. Si debía de morir, que así fuera. Abracé el lanzagranadas y cerré los ojos, tomé una larga bocanada de aire (probablemente la última de mi corto e insatisfactoria vida) y salté a la calle. Aquiles me tiró con tanta fuerza hacia atrás que me fui de espaldas contra el suelo.

- ¡¿Te has vuelto loco, Eldar?!- me dijo mientras tiraba de mí para hacerme levantarme- ¿Tantas ganas tienes de morir? La columna no se ha movido y aún no es momento de avanzar. Tenemos que esperar la señal.

Nadie había mencionado ninguna señal, nadie me había dicho más de lo que había oído. ¿De qué estaba hablando la mujer? Me tomó un momento comprender que los Tejones debían de haber hecho cosas como esta antes, que de todas maneras debía de haber un plan más complejo detrás de todo esto. Algo que no me habían explicado y que los demás sabían; estaba seguro de que así eran en verdad las cosas, estaba también completamente equivocado.

- Ahí va ese imbécil -dijo Aquiles con desprecio-, quizá esta vez sí lo maten.

Sin poder creerlo vi como Linus corría como un loco contra el flanco del Leman Russ; ignoraba de dónde había salido y si lo hacía por una orden o porque finalmente había enloquecido. Se había quitado el respirador y la máscara y el reflejo de sus anteojos brillaba con los incandescentes tonos de las llamas, gritaba como un desquiciado y se movía más rápido de lo que jamás había visto andar a un hombre. Algunos de los Traidores fuera de los tanques destruidos lo vieron e intentaron dispararle pero tal era su velocidad y tan pequeño su tamaño que los tiros pasaron sobre él sin estar nunca realmente cerca de alcanzarlo. El momento se extendió como una visión fantasmal que dura de manera indefinida y de pronto, cuando yo aún trataba de comprender lo que veía, el veterano estuvo junto al gigantesco tanque y disparó su rifle de fusión. Un tiro de un color rojo intenso y abrasante salió de la boca del arma y golpeó al vehículo en el flanco; el metal se derritió en segundos y un instante después toda la máquina estalló. El cuerpo de Linus desapareció bajo la bola de fuego que siguió a la detonación. Ninguno de los que estaba conmigo pareció en lo más mínimo afectado.

- ¡Ahora! -gritó Aquiles, y los cuatro saltamos a la calle.

Caras y ella misma se movieron mucho más rápido que la Venada y yo, casi a la misma velocidad con la que antes viera correr a Linus. Confundidos por la explosión del Leman Russ ninguno de los Traidores pareció distinguirlos entre las sombras y estos llegaron hasta los Chimeras en unos pocos segundos.

- ¡Detente! -me gritó entonces la venada- Yo empiezo por el primero de la izquierda, tú toma el cuarto. ¡Fuego!

No me dejó responderle, levantó el rifle de plasma y disparó contra el carro que había advertido que iba atacar. Su arma soltó una bola blanca de energía que se estrelló contra el lado del tanque y lo hizo sacudirse, el segundo tiro impactó en el mismo sitio que el primero y desde el interior de este empezaron a salir lenguas de fuego. Un grupo de Traidores asustado y confundido evacuó tan rápido como le fue posible; un intento inútil por sobrevivir, afuera Caras y Aquiles saltaron sobre ellos y los acribillaron apenas salían.

A mí me tomó un momento reaccionar pero finalmente también disparé. Me fui contra el Chimera que la Venada me había señalado y tiré del gatillo una, dos, tres veces. Con cada disparo la máquina se sacudía más, pero la armadura resistió. El cuarto impactó en la torreta y el arma sujeta a la misma estalló en una nube de humo. En ese momento el Chimera intentó huir y tanto el piloto como yo descubrimos que una de las orugas había sido destruida por uno de mis tiros. No negué que sentí un agradable orgullo pero la sensación fue tan gratificante como breve; los tripulantes bajaron por la rampa posterior con Aquiles y Caras demasiado lejos como para socorrerme.

- ¡Abajo! -gritó la Venada, saltó sobre mí y me arrojó al suelo justo a tiempo para evitar las descargas de rifle láser que fueron directamente hacia nosotros.

Antes de salvarme había destruido al segundo Chimera de la fila, y Caras y Aquiles lidiaban con los supervivientes. Yo aún tenía dos disparos en mi lanzagranadas pero el primero pasó por encima de nuestros enemigos y el segundo rebotó en el chasis del tanque y estalló demasiado lejos de donde lo necesitaba. La Venada intentó disparar ella también pero su rifle de plasma se había sobrecalentado por la actividad y se negó a activarse. Estábamos cagados.

Una granada cayó muy cerca de donde estábamos nosotros, yo me quedé frío, pero la Venada se arrojó sobre la misma y la lanzó de vuelta. La explosión que le siguió levantó suficiente polvo y humo para permitirnos retroceder un poco. Los Traidores nos siguieron pero se vieron forzados a detenerse donde estaban cuando la cabeza de uno de ellos fue vaporizada por un disparo que llegó de una ubicación desconocida. Radio finalmente había encontrado un sitio desde el cual dignarse a disparar. El enemigo se fue al suelo pero esto demostró ser completamente inútil; una lluvia de fuego cayó sobre ellos mientras Patty disparaba también desde el segundo piso de un edificio cercano y la Venada, pistola en mano, se levantaba y se unía a la masacre. Yo me negué a permanecer ocioso, recargué el lanzagranadas y me levanté también.

Los Chimeras enemigos que quedaban intentaron recuperar su formación y retroceder pero el pánico ya se había apoderado de sus filas. La torpe marcha en retirada fue interceptada por un nuevo vehículo, uno que tenía a Roble pegado a la ametralladora superior, que atrapó a la infantería huyendo en un fuego cruzado entre la máquina, nosotros, las tropas aliadas en los edificios y D'nofrio que corriendo como un desquiciado vomitaba fuego desde su lanzallamas sobre cada enemigo que se intentaba escabullir. Dos de los últimos Chimeras intentaron flanquear nuestro transporte pero no tuvieron mejor suerte que sus aliados muertos; el primero voló cuando expuso su parte posterior a la Venada y a mí, los tripulantes inmediatamente después calcinados por nuestro "negociador", y el segundo encontró un final inesperado cuando Linus apareció entre los escombros y disparó con el rifle de fusión contra el tanque a punto de pasarle por encima. La máquina estalló en una bola de fuego, nadie consiguió escapar.

El último vehículo enemigo retrocedió contra el edificio en el que habíamos estado ocultos y desembarcó a sus guerreros directamente en el primer nivel, los soldados huyeron abandonando la máquina sin más reparos. Nuestro propio Chimera se detuvo donde estábamos y la rampa bajó casi de inmediato; el mayor, Darwin y Darcy bajaron inmediatamente con Roble lanzándose al suelo desde la torreta en la que estaba.

- ¡Tejones, conmigo! -gritó Calcuta- ¡No les permitiremos escapar!

Llevamos la persecución al edificio; la Venada, Caras, Aquiles y Linus se quedaron afuera asegurando el segundo transporte, con Darcy, D'nofrio, Roble, Darwin y yo siguiendo a Calcuta al interior de las ruinas. Activamos una vez más la visión nocturna y seguimos los distantes ruidos de los pasos que inútilmente intentaban poner distancia con nosotros, se esparcían en la oscuridad, se separaban con la esperanza de perdernos.

Darwin señaló un cuarto a D'nofrio, este disparó el lanzallamas sin mirar adentro y tres figuras salieron ardiendo y gritando para morir afuera; seguimos. Al llegar hasta unas escaleras nos dispararon desde arriba; Roble, Darcy y Calcuta devolvieron el fuego mientras Darwin me indicaba que lo siguiera en el asenso y me señalaba un punto contra el cual disparar. La granada rebotó dos veces y tras una explosión los disparos cesaron; seguimos avanzando.

La persecución finalmente se detuvo al llegar a un largo corredor en el tercer nivel. Aquellos Traidores que quedaban se atrincheraron al final del mismo y respondieron con fuego cualquier intento de nosotros por seguir avanzando. Calcuta nos ordenó esperar y se volvió a Darwin, este por un instante pareció estar de alguna forma ausente pero pronto volvió en sí.

- Esperaremos -dijo.

El mayor bajó su arma y los demás no atinamos a otra cosa que imitarlo. Un momento después oímos nuevos tiros pero estos eran demasiado lejos en el corredor para ser dirigidos a nosotros. Darwin no se sobresaltó no intentó moverse y nosotros lo imitamos, permanecimos inmóviles hasta que una voz familiar llegó a nosotros desde el lado opuesto del corredor.

- Todo despejado -escuchamos gritar a Patty, el camino estaba libre finalmente.

Encontramos al pequeño veterano junto a Radio encañonando a los últimos tres sobrevivientes con dos más muertos a sus pies. Calcuta avanzó hasta ellos y les lanzó una rápida mirada para reconocerlos: armaduras cubiertas de pinchos, manchadas de sangre y con iconos impíos dibujados con entrañas secas; gente que estaba demasiado lejos de cualquier esperanza para la redención. Antes de pronunciar palabra el mayor sacó su pistola y disparó a uno de los prisioneros en el cuello; este cayó al suelo revolcándose, la muerte se tomó su tiempo para recogerlo.

- Esa es para que vean que no ando con huevadas -dijo a los otros dos-. Quiero toda la información que tengan, todo lo que justifique que no les meta una por el culo.

- ¡Jódete imperial!- replicó uno y escupió en las botas de Calcuta.

- Hssssss -Patty apartó el rostro-. Mala respuesta.

El mayor pateó al prisionero en la espalda, lo hizo caer de bruces y le disparó en la parte baja de la columna. Este casi de inmediato perdió la actitud desafiante, empezó a gimotear como un bebé. Calcuta se volvió al que aún quedaba:

- Fallé -le dijo-. Al próximo le doy en el ángulo adecuado como para que sí entre. ¿Estás listo o tú también vas a jugar al macho?

- Al macho que lo vuelven hembra... -escuché a D'nofrio decir entre dientes.

El último prisionero de rodillas se tomó un tiempo para responder; en sus ojos vi que, como yo, se preguntaba si hablar le permitiría seguir vivo, arrepentirse de sus errores y volver incluso a sus antiguas filas. No llegó a saberlo; demoró demasiado la respuesta y el edificio se sacudió cuando lo alcanzó un casco de artillería. Todos nos tambaleamos en el sitio y, sin ánimos de perder más tiempo, Calcuta le puso un tiro en la nuca y se volvió a nosotros.

- Dudo mucho que sean los amigos que esperábamos. Más parece que estos desgraciados lograron llamar por más refuerzos.

- Stranded está muerto -agregó Radio-. Logré comunicarme con los supervivientes, que ahora luchan bajo el mando directo de Von Zupe. Nadie quiso darme razón de qué le pasó exactamente al capitán.

- Muchas cosas pasan en situaciones como esta -descartó su interés Calcuta con bastante indiferencia-. Ahora tenemos cosas más grandes en nuestro plato. Nosotros organizamos esta fiesta y a nosotros nos corresponde terminarla. Ve si puedes contactar al comisario y los hombres que les queden vivos, que se reagrupen y replieguen hasta que nosotros ataquemos. Vamos a ver qué nos mandaron esta vez...

VIIIEditar

Caras y Linus habían conducido los dos Chimeras que teníamos contra el edificio en el que permanecíamos ocultos. Los escombros pasaron a ser un escondite protegiendo los vehículos robados de aquellos enemigos que llegaban. Los Traidores esta vez venían en serio; avanzando en una columna blindada flanqueada por infantería, tan grande que ocupaban todo el ancho de la avenida, con altoparlantes en la parte superior de sus tanques que cubrían el sonido de los mismos con una serie de coros fantasmales en una lengua extraña.

- Es raro que simplemente no aplanen el distrito con artillería -le señaló D'nofrio a Patty, quien estaba agazapado en cobertura junto a mí.

- Creo que no nos quieren muertos -interrumpió Darcy, que se sacó el respirador y encendió un cigarrillo-. Según la inteligencia, están reuniendo prisioneros en un distrito interior de la ciudad; apostaría a que están tramando algo, algo no muy agradable.

Con la mano Calcuta nos ordenó que nos calláramos. Aquiles le arrancó el cigarro a Darcy y los aplastó bajo su bota, el soldado la miró con una sonrisa cortada. El mayor se agachó en el medio de nosotros:

- Radio; llévate a Patty y Aquiles, tomad un Chimera. Darcy, Darwin y tú venís conmigo en el otro. Roble, te dejo a los demás en tierra; no se apuren, no se expongan, esperen que nosotros tomemos la iniciativa y ustedes caigan por la retaguardia. D'nofrio, el chico nuevo y tú estáis a cargo de las tropas en el suelo. Linus, a la Venada y a ti os quiero sobre los tanques más pesados. No lo arruines. Caras; cúbrelos a todos, cuando veas una oportunidad te metes. Ahora sí puedes usar todos los juguetes.

El silencioso soldado con el rostro permanentemente oculto se limitó a asentir, no entendí la orden que le dieron o el significado de la última frase pero supe que pronto lo iba a averiguar. El mayor y los grupos asignados a los tanques retrocedieron a estos deslizándose sin hacer el menor ruido, los demás nos quedábamos en nuestra posición rodeando a Roble.

- Muy bien, niños -su voz ronca tenía más de bestia que de hombre-, saben cómo es; si se me vienen con mariconadas los mataré yo mismo.

Mis ojos de alguna manera terminaron en el cigarrillo aplastado y aún humeante sobre el polvo, un destino similar era el que nos esperaba. Por muy hábiles que hubieran demostrado ser los Tejones, por mucho valor e ingenio que tuvieran, este era el final. Los refuerzos no habían venido, nuestros aliados habían sido masacrados y ahora el enemigo nos superaba ampliamente tanto en números como en recursos. Íbamos a morir, Calcuta lo único que quería hacer era vender caro el acontecimiento; que su legendaria unidad se fuera con un gran escándalo. Eso pensaba al menos y entonces un ruido aún mayor que aquel que me había imaginado me arrancó de mi ensimismamiento.

La avenida desapareció bajo una bola de fuego que se expandió y entró a los edificios, solo yéndonos abajo y a cubierto evitamos ser devorados por las llamas mientras los tanques enemigos estallaban víctimas de explosiones que venían desde el suelo mismo por el que estaban avanzando. Los gritos de horror de los sobrevivientes eran absorbidos por el caos que se apoderaba de la noche y las columnas de humo y fuego se elevaron hasta ser tan grandes como lo que quedaba de los edificios. El polvo apenas se había apaciguado un poco cuando escuché los Chimeras del mayor y Radio encenderse y retomar la marcha, saliendo a toda máquina a la calle.

- ¡Tejones, a la carga! -escuché gritar a Roble, no podía verlo a causa del humo y los escombros pero aun así obedecí; salí corriendo a la calle tan rápido como me fue posible.

Estar de vuelta en la avenida no me facilitó comprender lo que había pasado. Muchos de los vehículos Traidores no eran ahora más que armatostes humeantes, los restos de la infantería flanqueándolos bañaban aquellos que aún seguían en pie y, visiblemente confundidos, los sobrevivientes de varios de los Chimeras destruidos se arrastraban fuera de las arruinadas máquinas. Había heridos por todos lados rogando por ayuda pero sus aliados estaban aún demasiado conmocionados para atenderlos y, si tenían la mala suerte de encontrarse con Roble primero, lo único que recibían era una bota furiosa sobre el cráneo.

Caras se llevó la mano a la espalda y extrajo un largo sable de energía finamente ornamentado, la finísima hoja empezó a brillar con una luz plateada reflejada por las llamas y empezó a cortar cuellos y arrancar cabezas entre los confundidos Traidores. Vi a varios dispararle torpemente mientras se acercaba pero incluso aquellos que le dieron no fueron capaces de pararlo, el guerrero o estaba bien protegido bajo su armadura o era inmune completamente a cualquier forma de dolor.

Detrás de él salieron los Chimeras, ambos abriendo fuego con sus multiláseres y vomitando columnas ardientes desde sus lanzallamas. Se estrellaron contra el flanco de los transportes enemigos y los empujaron tanto como les fue posible sin permitir a los tripulantes escapar. Cuando finalmente estos se detuvieron, y las rampas posteriores pudieron abrirse, ahí estábamos D'nofrio y yo para convertir en hornos esos tanques ni bien las puertas se bajaban. Algunos guardias intentaron atacarnos por la espalda, pero Patty y Calcuta, aferrados a las ametralladoras arriba de los tanques, se encargaron de forzarlos a cubrirse.

Seguí avanzando, disparando el lanzagranadas cada vez que descubría algunos traidores agrupados e intentando ocultarse dentro de un cráter o entre los restos de un vehículo, hasta que finalmente me bajó la adrenalina y comprendí que había avanzado demasiado. Estaba en medio de las formaciones enemigas, solo, y aun con la cobertura del polvo, el humo y los escombros era solo una cuestión de tiempo antes de que alguien me encontrara; comprendiendo lo delicado de mi situación me fui hacia el suelo, intenté ubicar a mis aliados. El terror me envolvió cuando en lugar de eso, rompiendo el monótono grupo de chasis grises que era el uso estandarizado por la Guardia cadiana, encontré un tanque compacto, blindado y azul, con una serpiente de múltiples cabezas dibujada en uno de los flancos. Era un Rhino, el transporte por excelencia de los Marines Espaciales, y ese reptil era la Hidra de leyendas, el icono de la Legión Alfa; una de las Legiones Traidoras.

Una de las orugas había sido destruida y el vehículo estaba medio metido dentro de un enorme cráter, balanceándose ligeramente pero en relativa calma. Ciertamente no parecía que fuera capaz de ponerse otra vez en marcha y eso solo podía significar una única cosa. Algo que no estaba listo para enfrentar yo solo.

Las puertas se abrieron y, uno a uno, Marines en armaduras azules como aquel que Patty y yo encontráramos dentro de la fábrica empezaron a salir. Figuras más altas que el más gigante entre la Guardia, que para mí se alzaban como titanes vivos, de paso lento y terrible, armados con Bólteres que probablemente pesaban incluso más que yo mismo. Ordenadamente se abrieron asegurando un perímetro alrededor del tanque inhabilitado y reconocieron los daños que había sufrido su transporte. Uno de ellos, el más grande, el que mayor número de pinchos tenía saliendo de su armadura y el único sin casco mostrando un rostro de expresión terrible en una cabeza cubierta de cicatrices y carente de pelo, se adelantó al resto y respiró el aire de la noche. Nada de lo que lo rodeaba parecía intimidarlo, nada le merecía el mayor recelo y precaución; los Tejones continuaban abriéndose paso a uno de los lados de la avenida pero esto no le causaba prisa o preocupación alguna, se le veía monstruosamente relajado. Nunca había visto un Marine Espacial tan de cerca o con tanta calma, ni siquiera en mis dos últimos encuentros con ellos desde que empezara la campaña, estaba admirado; guerreros así costaba creer que pudieran ser eliminados, que fueran mortales. Pero lo eran.

Un chorro de sangre salió de un lado de la cabeza del Paladín Traidor y tras tambalearse por un largo momento su cuerpo se desplomó estruendosamente. El resto de sus compañeros habían apenas tomado consciencia de esto cuando otra más, uno que llevaba un lanzamisiles, se desplomó también con un hueco de bala en el centro del casco y luego un tercero, este armado con un rifle de plasma, se fue al suelo casi de inmediato tras un ataque igual. Ni los Marines ni yo teníamos idea de cuál era la posición del francotirador o la identidad de este; primero pensé que se trataba de Radio, pero este estaba demasiado ocupado manejando uno de los Chimeras; luego creí que algún veterano de la Guardia, pero los rifles que estos usaban apenas podrían hacer que les zumbase la cabeza a guerreros con esas armaduras. Dejando estas interrogantes para un momento posterior, y comprendiendo que estaban en una terrible desventaja, los Marines se cubrieron tras el chasis de su vehículo e incluso en el interior de este; no sin antes perder un cuarto miembro cuando un nuevo tiro del francotirador oculto adivinó la posición de uno de ellos y lo alcanzó a través de una placa de metal.

Estaba pensando si debía intervenir, usar el lanzagranadas para empujarlos fuera de su escondite y hacia la visión de mi secreto aliado, cuando vi una pequeña figura andar entre las sombras corriendo a toda velocidad contra el Rhino inmóvil; la espada en su mano derecha me permitió identificar a Caras pero no tuve idea de por qué sostenía una mochila con la izquierda. Cuando me vio bajó la velocidad, enfundó su arma y con el brazo libre me indicó que me alejara; a mí me demoró entender y en ese momento el tanque giró su Combibólter y disparó contra él, los proyectiles lo alcanzaron en el pecho y lo hicieron caer sobre su espalda pero el Tejón igual volvió a levantarse, y arrojó la mochila negra en el interior del Rhino.

Me volví un segundo antes de estallar la carga y vi al transporte y los Marines desaparecer en una bola de fuego; algunos gritaron, sus voces roncas como las de un monstruo, pero un instante después se hizo el silencio. No me había alejado suficiente y la explosión me arrojó al suelo y dejó mi cabeza dando vueltas, me tomó un minuto poder levantarme y reconocer una vez más mis alrededores. Nada quedaba del Rhino, solo un armazón humeante, y los Marines no eran ahora más que restos esparcidos; en la muerte algo bastante similar a los cientos de Guardias muertos también en pedazos a su alrededor.

Solo cuando estuve otra vez en pie recordé que Caras estaba detrás de la destrucción del Rhino y probablemente de la salvación de mi trasero. Lo busqué rápidamente y lo encontré a varios metros de donde había estado al arrojar la carga luchando para levantarse, intentando usar el rifle para sostener su cuerpo. Corrí a él; respiraba con dificultad y tenía el respirador y la armadura quebrada en varios sitios, pero no se quejaba y tampoco dio signos de realmente desear que lo ayudara. Se levantó tras apartarme con la mano y empezó a caminar torpe y lentamente de regreso a la batalla, el fuego a mí alrededor me permitió ver el rastro de sangre que dejaba a su paso pero no fui capaz de acercarme nuevamente a él; lo vi desaparecer tras las columnas de humo.

Un dolor intenso me detuvo entonces donde estaba; en realidad estar tan cerca a la carga de demolición había sido una experiencia horrible y recién entonces comprendía que era una monstruosidad que Caras hubiera podido levantarse. Yo me dejé desplomarme, me arrastré hasta un tanque destruido y me apoyé en el mismo; me quedé mirando el lado opuesto de la avenida, aquel contrario al que habían asaltado los Tejones.

La realidad era que el enemigo no había venido en plan de bromas y sus números eran impresionantes. Aquellas inexplicables explosiones que habían permitido nuestro avance nos facilitaron ciertamente una ventaja pero estábamos lejos de expulsar a los traidores fuera de la avenida o al menos obligarlos a permitirnos escapar. Lejos de eso, el caos inmediato a la emboscada se había disipado y ahora nuestros enemigos intercambiaban una vez más fuego con los sobrevivientes del capitán Stranded que luchaban seguramente más por miedo al comisario que por convicción a la posibilidad de una victoria. Teníamos algunas ventajas; casi la mitad de la avenida había sido ganada por los Tejones, la explosión inesperada y la intervención del francotirador fantasma, pero aun con eso las fuerzas Traidoras eran más y su infantería ahora entraba ordenadamente a los edificios a suprimir a nuestros aliados desde adentro, rodeándolos y a solo minutos de atraparlos en un fuego cruzado. En la calle, por otro lado, aún varios Chimeras, Leman Russ e incluso un par de tanques incendiarios Hellhound habían sufrido daños pero se mantenían aceptablemente operativos y habían cerrado sus filas de modo que si los Tejones los alcanzaban, ni siquiera con sus tácticas suicidas iban a ser capaces de ir más allá de sus defensas.

En eso pensaba cuando escuché el inconfundible sonido de orugas de tanque moviéndose pesadamente avenida abajo. Casi me cago en los pantalones cuando vi dos piezas de artillería móvil modelo Basilisk colocándose a varios cientos de metros de nuestra posición, flanqueados por media docena de Chimeras. ¿No habíamos ya recibido suficiente? ¿No era ya lo que enfrentábamos más de lo que podíamos vencer? Los enormes cañones de la artillería se levantaron y se prepararon para disparar, un buen tiro era lo único que necesitaban para arrasar un edificio entero, en pocos minutos podían llevarse toda la manzana, y estaban demasiado lejos y demasiado protegidos como para que nosotros tuviésemos alguna oportunidad de intervenir. Quise encomendarme al Emperador y descubrí que la fe no era realmente uno de mis puntos fuertes. Me pareció una mierda, la muerte iba a encontrarme descreído.

La artillería abrió fuego con un sonido atronador y escuché el silbido inconfundible de la bala descendiendo. Tenía los mejores asientos de la casa para ver los resultados; el proyectil impactó sobre uno de los tanques enemigos y lo vaporizó en el acto. ¿Habían fallado? Parecía la única teoría aceptable cuando la segunda ronda de disparos cayó también sobre las tropas enemigas. ¿Era eso posible? ¿Estábamos salvado?

Mis dudas se despejaron del todo cuando a un colosal grito colectivo le siguió una carga masiva de infantería desde las calles menores que corrían hacia la avenida. Tropas cansadas, mal abastecidas y no muy bien organizadas se lanzaron a por el enemigo y lo atacaron desde todas direcciones; en la avenida misma, en los edificios, desde las ventanas y desde los escombros. Los Traidores fueron rodeados en minutos, sus vehículos destruidos e incluso capturados y aquellas tropas que trataron de rendirse fueron masacradas con la misma furia que aquellas que pretendieron luchar hasta el final.

Inspirado por aquella visión que creía imposible me levanté haciendo mi mayor esfuerzo por ignorar el dolor que me recorría todo el cuerpo, remplacé los cartuchos gastados en el lanzagranadas y empecé a caminar lentamente hacia la lucha. Me detuve cuando una voz familiar me reprochó a mis espaldas.

- Oye marica -Roble tenía un tono inconfundible-. ¿A dónde chucha vas? No gastes balas en idioteces, la cancha ahora es del coronel Toyo. Déjalo que tenga sus cinco minutos de triunfo.

Me volví; con Roble estaban D'nofrio, el lanzallamas vacío al hombro y el cuchillo de campaña tinto en sangre mal puesto sobre el cinturón, Linus con los lentes rotos y el rifle de fusión con los enfriadores trabajando a toda su capacidad y la Venada con el respirador colgándole del hombro, su rostro perfecto cubierto de hollín y de sudor. Un momento después escuché el motor de un Chimera avanzando a media máquina y este apareció casi inmediatamente abriéndose pasó empujando los restos de otros tanques. Sobre la ametralladora estaba Calcuta, con una expresión severa observaba también como nuestros súbitos aliados acababan de masacrar al enemigo. Se tomó un minuto antes de volverse hacia nosotros:

- Linus, deja de perder el tiempo y vete atrás; ayuda a Radio a reparar el Leman Russ que Caras capturó, lo quiero operativo antes de reunirnos con el coronel. Llévate a la Venada, ayuda a Aquiles que está atendiendo a nuestro chico guapo; la batalla lo ha dejado algo maltrecho -Tras dar estas órdenes y ver desaparecer a sus dos hombres se volvió a Roble, su tono se volvió más amistoso pero no perdió la expresión rígida-. ¿Vio sargento? El plan era bueno, nuestros amigos simplemente necesitaban algo más de tiempo para ordenar toda su mierda. Ahora sí podemos ir en serio.

Me quedé donde estaba, hice un intento por permanecer de pie pero rápidamente concluí que estaba cansado y todo me importaba un carajo. Me dejé caer sentado donde había estado hacia apenas un momento y observé como nuestras tropas aliadas terminaban de asegurar la zona: las granadas eran arrojadas por las escotillas de los tanques, los Traidores se escondían en edificios que eran después repasados con lanzallamas pesados, los enemigos que se rendían eran arrojados por las ventanas a la calle y las armas de los muertos eran puestas a un lado en enormes pilas que luego serían repartidas entre los sobrevivientes. Un Chimera rompió la formación e intentó escapar por la avenida, se alejó bastante hasta que un disparo de Basilisk lo borró del mapa. D'nofrio se sentó a mi lado y me acompañó a observar el final de la batalla.

- ¿Qué tal? -me preguntó, sonriendo con una jovialidad alarmante-. Divertido, ¿no?

XEditar

Cuando Calcuta se reunió con el nuevo círculo de mando entre la resistencia parecía más un niño colado en una reunión de adultos que un mayor con más experiencia de combate que todos los otros oficiales combinados. Resultaba bastante gracioso verlo pero él no había reparado en esto (y si lo había hecho, no le importaba) y mantenía la conversión con estos sin intimidarse, sin guardarse nada y sin ocultar sus pretensiones de dirigir a los demás y usarlos para ejecutar sus planes.

Stranded estaba muerto. En un momento durante la batalla de la fábrica había dado la orden de replegar las tropas de avanzada y el comisario Von Zupe, afectado no solo por el ruido sino también por la edad, le había entendido "retirada" y le había puesto un tiro entre las cejas (el muy bastardo seguía teniendo una puntería formidable) por cobarde. Sin disculparse por su error ni mostrar remordimientos el viejo había tomado el mando de los sobrevivientes y los había obligado a mantener la posición hasta el momento mismo en que llegaron los refuerzos. Con él, solo catorce soldados habían resistido el tiempo suficiente para poder luego asistir a la reunión.

Dos mayores, uno gordo y uno flaco, tres capitanes y un líder sindical habían salido desde escondites independientes y aislados para dirigirse a la lucha alrededor de las ruinas de la fábrica. Como las tropas de Stranded sus guerreros estaban cansados, mal abastecidos y ansiosos por vengarse contra los Traidores. Saltaron al combate casi como unos desquiciados pero lo hicieron de forma tan demoledora, en un momento tan oportuno y contra un enemigo tan gastado, que sus bajas fueron mínimas y la victoria les sentó bien en la moral.

El mayor aporte, sin embargo, había llegado por un coronel Toyo; un hombre inmenso y maduro, veterano incluso a los ojos de Calcuta, quien durante la insurrección en la ciudad había escogido no enfrentarse directamente a los rebeldes y prepararse para una contraofensiva mejor informada. El coronel había ocultado una buena cantidad de suministros, armas, municiones e incluso tanques y transportes, en depósitos que conocía en las zonas más aisladas de la ciudad y había instruido a sus hombres para protegerlos sin armar mucho alboroto; dejando incluso a otros oficiales sacrificar a sus tropas en heroicas e inútiles resistencias, que al menos alejaban la atención de él y de los suyos. El único error en su plan fue no prever el bloqueo a las comunicaciones, el cual había dejado a sus depósitos aislados, y por este había quedado varado hasta que nosotros hicimos de la fábrica destruida aquella enorme pira de reunión.

El coronel en sí era una torre de hombre; tan alto como un Marine Espacial, igual de corpulento, y con una mirada igual de intimidante que sus espeluznantes cascos. Curtido en batalla como todo buen oficial formado en Cadia, el cuerpo mismo del coronel Toyo era una testimonio vivo de sus experiencias; la mitad de su rostro, torso y uno de sus brazos eran por completo implantes biónicos y el lado de la cara que aún era de carne estaba cortado por dos enormes cicatrices que se estiraban hasta el cuello donde había una vieja herida de bala. En contraste con aquel cuerpo golpeado y toscamente reconstruido, el coronel llevaba su uniforme gris de manera impecable, el único entre los sobrevivientes que mantenía limpios tanto el saco como los pantalones y cuyas insignias y condecoraciones resplandecían como si fuera día de desfile. Era una característica bastante singular pero que no significaba que fuera un oficial que no se ensuciaba las manos; Radio había hablado con él por el comunicador y nos dejó saber a todos le constaba que era de aquellos cadianos que lideraban desde el frente.

La reunión de oficiales la cerraba su miembro más único y aquel que en principio no tenía razón de estar ahí pues ni era parte de la guardia ni poseía un rango. Un hombre cuyo porte y talla opacaban incluso al coronel, pero que en contraste a él no usaba ningún uniforme, y que estaba parado en el medio de todos sin que pareciera importarle demasiado lo que se decía o cualquier cosa que los demás presentes opinaban. Se trataba de un asesino del Oficio Asesinorum, un guerrero entrenado en uno de los templos secretos de asesinos y criado desde la niñez para llevar la muerte a los enemigos del Imperio; su sola presencia hacia que incluso los Tejones se mostraran intranquilos. Era sin embargo a él a quien debíamos la última victoria y yo particularmente el hecho de seguir viviendo; había sido él quien invisible minara la avenida en la que desapareció el primer convoy de tanques, y había sido él, gracias a un gigantesco e impresionante rifle que nunca se separaba de su lado, quien salvara (aunque no creo que por consideración a mí) mi pellejo eliminando como si nada a los Marines del Caos desde su posición oculta en alguno de los edificios destruidos. Los asesinos, hasta yo lo sabía, operaban solos y era prácticamente imposible que se dejaran ver incluso por tropas aliadas; pero este había encontrado un motivo mayor para hacerlo y se presentó ante el coronel cuando la batalla hubo terminado. Este, a su vez, reconociendo que su información y ayuda podrían ser fundamentales para el desarrollo adecuado de la recuperación de la ciudad, lo había invitado a la reunión de oficiales y ninguno de los otros asistentes tuvo luego nada que objetar.

- La cosa se ha puesto grave -nos dijo Calcuta cuando nuestros líderes terminaron de decidir cuál sería el siguiente movimiento y pudo al fin reunirse en privado con nosotros-. La toma de esta ciudad obedece un plan mucho mayor que aquel que el coronel Putin y el alto mando habían en verdad previsto.

- ¿Grave cómo? -interrumpió D'nofrio, no le importaron las miradas de desaprobación de los demás buscando que se callara-. En esta ciudad no hay en verdad nada, no comparada con otras sobre el planeta.

- Hay civiles -el tono de Calcuta tomó una dimensión grave que no le conocía y para nada me gustó-. Inicialmente pensábamos que la Legión Alfa había venido hasta aquí para tomar la ciudad como parte de un plan mayor para sembrar el caos en el Sistema y cortar líneas de suministros. Nos equivocamos, esos Marines no solo están aquí para apoyar otro proyecto, el plan mayor es aquí mismo.

- Eso explica la presencia de los Portadores de la Palabra -intervino Radio.

- Exacto. Los Guardias Traidores no son conspiradores en colaboración con la Legión Alfa como habíamos pensado, son cultistas involucrados con prácticas apocalípticas y son ellos quienes convocaron a los Portadores de la Palabra aquí y quienes vieron de reunir a la enorme cantidad de rehenes que está prisionera en el corazón de la ciudad. El asesino llegó hasta aquí porque su empleador, alguien en las altas esferas del Ordo Malleus, sospecha que un Apóstol Oscuro de la Legión Traidora pretende hacer un sacrificio masivo; una masacre de tal envergadura que desgarre la realidad y cree un puente con el Ojo del Terror.

- Planean traer una legión de demonios -Aquiles dijo esto con auténtico miedo, y viniendo de ella, que era en apariencia de las más duras entre los Tejones, esto fue particularmente espeluznante.

- Solo uno, pero uno que por ningún motivo podemos permitir que traigan: Quieren convocar al Primarca caído de los Portadores de la Palabra; al Príncipe Demonio Lorgar.

Una sombra de terror cubrió el rostro de todos los Tejones, solo Darwin pareció no conmocionarse (aunque la fatalidad en su rostro me sugirió que quizá ya conocía lo que Calcuta recién nos informaba) e incluso Roble tomó una expresión incómoda que me dejó saber luchaba por seguir mostrándose intocable. Fue él quien finalmente optó por romper el silencio que se había apoderado de nosotros:

- ¿Y quién es este sabelotodo que ha adivinado tan bien que pronto nos iremos a la mierda y ha enviado un solo cojudo para intentar evitarlo?

- El Gran Inquisidor Chuiman -sonrió Calcuta, una sonrisa ácida que no entendí.

- ¿Chuiman?- increpó inmediatamente Patty- ¿El Gran Inquisidor Chuiman?

- Ese mismo.

- Yo he oído que una vez hizo una treta que envió una flota Tiránida contra un Mundo Demoníaco -dijo la Venada, en su voz había un tono de sincero respeto.

- Yo, que bombardeó una posición amiga enfrascada en guerra con los Eldars de no sé qué Mundo Astronave para ganarse el favor alienígena -replicó inmediatamente Roble sin ocultar su disgusto.

- A mí un sargento de la 14ª me contó que una vez hizo una llamada y logró que un mundo imperial entero fuera abandonado sin motivo aparente -comentó Darcy-. Menos de un día después una masiva infestación demoníaca devoró la superficie sin saber que las naves de la Inquisición estaban en órbita listas para liquidar el planeta.

- Alguien una vez me dijo que tenía una amante Tau- rió Radio-, alguien en la casta del Fuego que le había enseñado "otras tecnologías".

- Lo que yo he escuchado es que tiene alguna clase de términos con los piratas Eldars -intervino D'nofrio-, y estos le dan tecnología e información a cambio de que aleje a la Inquisición de sus rutas.

- Y yo he oído... -empezó Linus.

- A nadie le importa lo que tú hayas oído -lo interrumpió Aquiles-. Lo que yo he escuchado es que tiene herpes.

- No tiene importancia ahora -Calcuta, quien seguía serio en medio del súbito e infantil entusiasmo de sus subordinados, intervino finalmente con severidad y buscando volver hacia la conversación de la qué no sé cómo los Tejones se habían distraído-. Lo importante en esto es que el grado de Gran Inquisidor no se lo dan a cualquiera, igual que la potestad para solicitar agentes del Oficio Asesinorum; Chuiman tiene estas facultades porque posee un buen instinto para predecir los movimientos de los enemigos del Imperio y si esta vez estos lo guían en esta dirección tenemos motivos de sobra para creer que la cosa viene en serio.

- Hay algo que no entiendo -esta vez hablé yo; interrumpir a Calcuta me costó más que pararme frente a los Marines enemigos, pero mi cabeza era un mar de dudas demasiado turbulento y necesitaba ya algunas respuestas-. Si este Chuiman es tan poderoso y su olfato es tan bueno... ¿Por qué no mandó más fuerzas hacia aquí? ¿Por qué no vino él en persona?

- No es tan fácil, Eldar -el mayor no pareció más fastidiado por intervención que por todas aquellas anteriores-. Mover a la Inquisición no es cosa sencilla, mover sus recursos menos y esto solo se complica más aún ahora que estamos en tiempo de guerra. El asesino nos buscó precisamente porque necesita nuestra ayuda para recuperar la central de comunicaciones y contactar con el Gran Inquisidor. Solo ahora que al parecer tiene pruebas de los planes que los Traidores tienen, puede Chuiman mover los recursos que necesita para impedir una catástrofe. Se ha hecho un plan de ataque contra el complejo en manos enemigas y si este sale bien deberíamos tener refuerzos de verdad en menos de veinticuatro horas.

- Y por supuesto este plan nos involucra enormemente a nosotros -sonrió Darcy.

- Por supuesto -asintió Calcuta.

De más está decir que el plan era un suicidio. Ya a estas alturas de la historia les debo haber dejado más que claro que los Tejones no hacían al parecer nada sino había enormes posibilidades de encontrar en eso una muerte de lo más horrible. De todas maneras lo escuchamos y cuando el mayor terminó de explicárnoslo y resolver nuestras preguntas nadie hizo el más mínimo ademán de señalar lo desquiciado que todo eso sonaba; aún así, al menos a mí parecer, el plan era particularmente demencial.

La estación central de comunicaciones de la Colmena Hermes estaba en uno de los distritos interiores muy cerca del corazón de la misma. No podíamos atacarla de forma indirecta pues cualquier intento de golpearla con artillería corría el riesgo de dañar la torre misma de comunicaciones e imposibilitarnos contactar cualquier ayuda fuera de nuestro rango de radio. Un ataque directo era aun más difícil pues la estación estaba fuertemente fortificada y una enorme (ridícula) cantidad de baterías antipersonales y antitanques estaban estacionadas a todo lo largo y ancho de sus muros. Eso nos dejaba una única salida: la infiltración, pero incluso esta era en la teoría imposible pues la Legión Alfa controlaba el complejo y sus técnicas de guerra los hacían proteger con particular celo los muros, conductos, desagües y cualquier punto vulnerable para el acceso de espías. No había caso, por donde lo vieran el complejo parecía completamente inexpugnable.

La solución propuesta por los oficiales, sin embargo, estaba tan fuera de lo convencional que presentaba alguna posibilidad de éxito; era eso o, más probablemente, una muerte horrenda y sin testigos: Entre los "tesoros" dispersos por la ciudad y escondidos por el coronel Toyo había un modelo especial de Valquiria diseñado para el reconocimiento. La nave sacrificaba casi todo su armamento pesado a favor de una velocidad superior y motores silenciosos diseñados para vuelos relativamente cercanos al suelo que permitieran capturar imágenes y recolectar inteligencia. Calcuta había propuesto que los Tejones saltaran desde la nave utilizando paracaídas gravíticos y cayeran en el techo del complejo entre las antenas; el punto más vulnerable de todo el lugar que no concebía como posible un ataque aéreo. Si esto funcionaba podríamos penetrar el edificio y destruir los generadores que alimentaban de energía las baterías de defensa. Nada más deshabilitarlas, un ataque frontal contra los muros habría de ser posible.

- Supongo que no esperan que simplemente nos lancemos sobre el techo así nada más, ¿no? -había preguntado Darcy-. No somos invisibles y los paracaídas tampoco son equipos sumamente silenciosos.

- Por supuesto que no -replicó Calcuta-. El coronel y los demás hemos planeado esta operación pensando en todo.

Era verdad. En primer lugar el ataque estaba previsto para cuando llegara nuevamente la noche, algo que (agradecí a la suerte) nos daba además algunas horas para descansar y en segundo las tropas de tierra se encargarían de crear una distracción. El coronel tenía en su poder algunas piezas de artillería móvil que iba a apuntar a objetivos cercanos al complejo para crear caos alrededor del mismo y distraer a los defensores hacia las calles aledañas. La infantería a su vez se dividiría en grupos más pequeños de combate y orquestarían escaramuzas rápidas diseñadas para atraer la intención de las tropas en tierra y confundir aun más al enemigo. Estos ataques empezarían un poco antes de que nosotros despegáramos y solo se detendrían una vez el Valquiria vacío estuviera de regreso.

- Parece razonable -comentó Radio- pero aun así es bastante osado. Es un complejo protegido por Marines Espaciales; no tenemos idea de que nos está esperando, temo que sea demasiado para manejar nosotros solos.

- No vamos solos -sonrió Calcuta, una cierta malicia brilló en el fondo de sus ojos-. Vamos con el asesino.

Pensé que el resto del día lo tendríamos integro para descansar pero esto resultó ser una verdad a medias. Calcuta quería estar seguro de que estaba listo para una misión que dependía de saltos en paracaídas gravíticos e insistió en que alguien repasara el entrenamiento conmigo. La Venada fue escogida a dedo cuando nadie se ofreció de voluntario. Debo confesar que la decisión no me desagradó del todo.

Ahora, los que no han entrenado con la Guardia es muy probable que no sepan cómo funciona esto: el paracaídas gravítico es una versión más ligera y más misia de los retrocohetes empleados por los Marines Espaciales. No tiene la fuerza suficiente para elevar a alguien con velocidad y seguridad como estos pero sus motores sí son capaces de frenar y dirigir una caída, permitiendo que quien se los ponga pueda saltar de una impresionante altura y aterrizar con un grado aceptable de seguridad y precisión. Ahora, a mí la idea de lanzarme de una nave o de cualquier sitio al vacío me pareció siempre tan aterradora como antinatural y lo último que quería era hacer el curso de despliegue aéreo, pero nadie en Cadia se libra se completar el entrenamiento sin importar cuán incómodo se sienta. De modo que recurrí a la segunda solución más fácil y me rompí el lomo estudiando para acabar con aquel infernal pase tan rápido como me fue posible y no volver a pensar nunca más en el asunto. Mi plan funcionó; fui de los más rápidos en dominar el uso del paracaídas y mi estatura y apariencia se cuidaron de evitar que me enviaran a entrenamientos avanzados, aun con eso saltar con esos aparatos era probablemente lo que con mayor habilidad hice en todo mi ciclo de entrenamiento básico.

- Estas más ubicado de lo que esperaba -me dijo sorprendida la venada cuando repasamos el funcionamiento del equipo-. Patty me apostó a que no ibas a siquiera poder ponerte la mochila.

- ¿Tú a que apostaste?

- Eso no te lo voy a decir -sonrió. Fue la primera vez que lo vi y se le veía aun mejor cuando lo hacía.

- Muy bien -respondí con un enojo evidentemente falso-, pero no me busques si tienes problemas cuando estemos en el aire.

- Perfecto -rió ella-, no cuentes tampoco conmigo la próxima vez que te pierdas en pleno plan de ataque.

Nos reímos, era la primera vez desde que me rescataron del espaciopuerto que me sentía realmente relajado y también era la primera vez que hablaba con una mujer que no parecía un hombre. Se sentía todo inesperadamente natural pero supe arreglármelas para ir y cagar sobre el momento.

- Oye -empecé cuando ya habíamos guardado los paracaídas y nos dirigíamos al depósito donde descansaban los demás; no estoy seguro de porque lo dije, a qué apuntaba exactamente es algo que hasta hoy me es un misterio-. La chica que estaba con la unidad antes que yo, D'nofrio me dijo que era un miembro valioso del grupo. Lamento que todo se haya dado de ese modo.

La expresión de la Venada cambió completamente, su rostro volvió a la desolación resignada que tenía la primera vez que la vi sin el respirador. Me miró con una incomodidad amarga pero no me respondió nada, guardó silencio hasta que yo hice un ademán de seguir caminando.

- Escucha -dijo deteniéndome-. Esta unidad es tan estricta como cualquier otro cuerpo de fuerzas especiales dentro de la guardia. Los heridos son una debilidad y una unidad especial no puede arrastrar debilidades. Si te lastimas, si te pierdes, si cualquier cosa te pasa ni yo ni nadie aquí volverá para buscarte, ¿entiendes? Yo llevo aquí bastante tiempo y he aceptado todas esas cosas, más te vale que tú lo hagas también pronto. Si algo te pasa nadie se sentirá mal tampoco o querrá un pésame porque ya no estás. Las normas son así y eso es todo y, por si acaso, a nadie le importa en absoluto lo que sientas sobre alguien a quien nunca conociste. Ahora vete a dormir o a comer o a hacer lo que te dé la gana, si no estás descansado cuando saltemos te romperás las piernas.

El resto del camino lo hice solo, nunca supe a dónde se fue la Venada desde ahí y nadie tampoco me preguntó por ella cuando estuve de vuelta junto al resto. No la volví a ver hasta la noche, cuando estábamos preparándonos para saltar, y decidí que era mejor ya no decirle nada.

[En construcción, disculpen las molestias.]

FuentesEditar

Extraído del Foro Inmaterium, escrito por PARTYCHICORITA.

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