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Relato No Oficial Guardia Imperial: El vuelo de Ícaro

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Inqsello.png Por orden del Ordo Wikia de la Santa Inquisición, este artículo se considera fuera del Canon Imperial. Se declara carente de toda veracidad y blasfemo; y todo el que lo lea sufrirá purga inmediata. Si usted es el autor, diríjase a las autoridades competentes para someterse a la penitencia pertinente.

Atención: Material No Oficial sin Sello de Calidad Wikihammer

Me dirijo corriendo hacia la puerta del Chimera, mierda, no voy a llegar, mi rifle inferno se me hace demasiado pesado, mi espada sierra rebota contra mi cadera con cada zancada. Salto hacia la puerta, me agarro con toda mi alma y entro rápidamente, el Chimera cierra su puerta y acelera, detrás los Orkos gritan y se matan entre ellos de pura frustración. Dentro del Chimera están mis compañeros de escuadra, Fermus el tecnosacerdote, Tántalo, nombre en clave Pyros, lanzallamas del equipo, Tanya, francotiradora sobresaliente formada en su planeta natal, Vostroya. Cecil, comunicaciones, Horace, antitanques y el Astartes Ícaro, veterano del capítulo de los Cuervos Sangrientos, combate junto a nosotros desde que se quedó aislado de su compañía, que marchó junto el resto del capítulo, y hasta que la misión no se complete no volverá a su compañía.

Después de media hora de trayecto en Chimera desembarcamos en unas ruinas plagadas de cadáveres humanos y Orkos. Caminamos sobre ellos, algunos desmembrados, otros con sus tripas fuera, todos desagradables y descompuestos. Escucho unos rugidos Orkos, corremos hacia las ruinas buscando cobertura. Unos treinta Okros cargan contra nosotros y una lluvia de fuego láser y balas de bólter se abaten sobre ellos en una masacre de cinco segundos. Todos parecen muertos, pasando a formar parte de la alfombra inerte que cubre las ruinas. Cecil recibe una llamada de socorro a su radio y todos, karskin y astartes nos drigimos hacia el norte para librar de una marea verde a unos guardias imperiales atrapados en un Manofactorum bajo el fuego de los Akribilladorez. Tras unos minutos de carrera discernimos los sonidos de los disparos de los defensores del Manofactorum entre el resto de la melodía del combate. No están muy lejos, los Orkos son muchos, pero parecen mermados bajo el fuego láser de los valerosos guardias, que aunque superados ampliamente en número mantienen la línea en el edificio y descargan sus rifles láser con furia y odio sobre los malditos xenos.

Ícaro carga hacia los pielesverdes con su puño de combate y su bólter en ristre, abatiendo Orkos y esquivando sus contraataques. Me dirijo a ayudar a ícaro con mi espada sierra y mientras corro el resto del equipo elige sus objetivos y se encarga de ellos con celeridad. Veo a un pielverde cubierto de explosivos correr hacia la puerta del Manofactorum, explota y con él algunos de los guardias que estaban apostados en el piso ubicado encima de la puerta, piernas, troncos y parte del Orko siucida vuelan y caen sobre nosotros como una lluvia sádica. Me maldigo en silencio y cerceno al primer xeno que sale a mi encuentro, antes de que el cuerpo sin cabeza del pielverde caiga, clavo mi espada en el estómago de otro Orko y sus tripas salen rápidamente mientras los dientes de mi espada sierra parten al xeno por la mitan y bañan mi casco y mi pecho en sangre. ícaro por su parte ha hecho salir a los Akribilladorez de su cobertura y los masacra sin piedad. Paro rápidamente el golpe de una rebanadora y devuelvo el golpe a su dueño, destrozándole el pecho y a continuación abato mi espada sierra contra otro xeno desprevenido, haciendo rodar su cabeza por el suelo. Los guardias salen del Manofactorum y caen con sus bayoentas sobre los Orkos restantes, asegurando la victoria. Los pielesverdes restantes huyen, o por lo menos lo intentan, láser y granadas por igual hacen que se reunan con sus compañeros en el otro lado.

El oficial al mando, un teniente que porta una pistola de plasma y un sable de energía nos da las gracias y llama a unos Valkyrie para que nos lleven al sector 6D Echo, donde lo que queda del WAAAAAGH!!! está a punto de caer.

Dos horas después divisamos al resto de la partida de guerra Orka, a penas son unos sesenta. Desembarcamos, los intento contar, ahora son unos treinta. El Kauidillo y el resto de los pielesverdes cargan contra los guardias atacantes, que huyen bajo las abrumadoras bajas causadas por los xenos, en especial el Kaudillo, pero por suerte han eliminado a la mayoría de los xenos quedando sólo el Kaudillo y sus dos guardaespaldas.

El Kaudillo nos mira, grita a Ícaro, parece retarle, me mira, se quita el casco y asiente, me quito el casco, las gafas antifrag y mi máscara táctica, pintada de blanco y con un dibujo que hace que parezcan las mandíbulas de un esqueleto, asiento. Nos lanzamos corriendo hacia las pielesverdes, los guardaespaldas se adelantan, dos nobles, enormes, y portando astas de acero con sierras circulares en los extremos. Ya sé lo que hay que hacer, los nobles son míos, el Kaudillo de Ícaro, el resto de mi equipo sabe que este combate es nuestro, bajan las armas. Eludo el primer golpe rodando por el suelo, un golpe capaz de partir un exterminador en dos. Desenfundo mi pistola bólter ´´Hope`` y descargo todo un cargador sobre la cabeza del noble mas cercano, que cae a plomo sobre el suelo. Miro hacia atrás durante una fracción de segundo y veo a Ícaro arrancando de cuajo el brazo del Kaudillo, que ruge como el motor de un Leman Russ. El otro guardaespaldas se lanza sobre mí y ruedo a un lado, mientras el suelo que ocupaba hace una fracción de segundo queda totalmente destrozada, el noble ruge y vuelve a intentar matarme, pobre ingenuo, salto hacia atrás y su golpe falla, antes de que se reponga para atacar de nuevo me lanzo sobre el y con mis piernas rodeo su pecho mientras que mi espada sierra tritura su cabeza y sus sesos rocían mi cara y mi pecho como una lluvia dedicada a Khorme. Vuelvo la vista hacia Ícaro y el Kaudillo, el Orko tiene agarrado a ícaro del pecho, observo que ícaro ha perdido su brazo izquierdo y sangra por la boca, corro hacia él, pero Ícaro quita las anillas de sus granadas y se agarra al cuello del Kaudillo con su otro brazo, el xeno intenta zafarse de él, pero las granadas explotan. Corro, horrorizado hacia los cuerpos demacrados de los combatientes, mi equipo me sigue.

El Kaudillo está totalmente destrozado, su cara ya no está y su pecho es un simple amasijo sanguinolento del que sobresalen tripas y huesos. Ícaro está cubierto de sangre, le falta parte de la piel que cubre la boca por el lado derecho y sus piernas están a unos cinco metros, me arrodillo cerca de él y el me extiende su brazo derecho, y me entrega su pistola bólter, una versión con cargador de tambor, la cojo, pesa mucho más que la mía, pero puedo cojerlo sin dificultad. Apenas puede hablar, pero me dice que cuide de su pistola bólter y que quiere ser enterrado donde yace ahora. Asiento, intento evitar en vano que unas lágrimas salgan de mis ojos, ícaro sonríe y cierra los ojos, me levanto y miro al cielo, las naves Imperiales llegan, detrás de nosotros se concentran un gran número de guardias imperiales, incluídos el comisario mayor y el general, nos miran, es una imagen extraña. Maldigo la arrogancia y la heroicidad de ícaro, mierda, ¿Por qué él? ¿ Por qué así?. Saco mi espada sierra y cavo en el suelo. Tardo dos malditas horas en cavar el agujero, nadie se ha movido pero detrás de mí la gente habla. Levanto a ícaro del seulo, apenas puedo levantarlo unos segundos, lo meto en el hoyo y lo tapo, arranco el cable de mi rifle inferno y lo clavo enfrente de la tumba, en el escribo con mi cuchillo:``. Aquí yace un héroe``. Me doy la vuelta y lanzo una granada de humo, a los poco minutos desciende un Valkyrie y yo y mi equipo subimos a él.

Paso un dedo sobre mi cicatriz, una línea que va desde mi frente hasta la mejilla, en el lado izquierdo de mi cara. Me pongo mi máscara y mis gafas, me siento a gusto con ellas. Fermus me mira y me habla, no quiero escucharlo, no quiero escuchar a nadie, no quiero hablar, pero igualmente le escucho, me dice que lamenta la pérdida del astartes y que su muerte no ha sido en vano, aparto la vista hacia mi derecha y oigo a Tanya, me susurra palabras tranquilizadoras, me dice que es un mártir, un héroe, que la gente lo recordará, normalmente la suelo escuchar, a todos, pero ahora no quiero que nadie me hable, que nadie me mire, me pongo el casco. Cojo la pistola bólter de Ícaro y con mi cuchillo, grabo cuidadosamente, esta palabra ´´Ícaro``. No ha muerto en vano, no mientras esta pistola bólter esté en mis manos. No se donde nos llevarán ahora, pero no me importa, hecho mi cabeza hacia atrás y cierro los ojos, Tanya sigue hablándome y posa su manos obre mi brazo,no quiero escucharla.

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