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Relato No Oficial Eldar: La última Eldar y la Caída de Slaanesh

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Inqsello Por orden de la Sagrada Inquisición, este artículo se considera fuera del Canon Imperial. Se declara carente de toda veracidad y blasfemo; y todo el que lo lea sufrirá purga inmediata.

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Inqsello Por orden de la Sagrada Inquisición este artículo debe ser mejorado para adaptarse al Codex Wikipaedicus so pena de crucifixión para su autor. Si usted es el autor, por favor, no se mueva de la terminal en la que se encuentra, un acólito del Ordo Hereticus se dirige a su posición.

Introducción Editar sección

Estamos en el M43: La Decimotercera Cruzada Negra ha sido detenida, los Necrones siguen despertando repartiendo silenciosa muerte allá donde lo hacen, la raza Eldar está extinta casi en su totalidad. Sólo sobrevivió una flota de lo que una vez fueron los Mundos Astronave, la ciudad maldita de Commorragh fue destruida por una anomalía en la Telaraña que creó el Dios Oscuro Tzeentch mediante tormentas de Disformidad, y la Biblioteca Negra se destruyó por culpa de la destrucción de Commorragh.

I - InfanciaEditar sección

La joven Dera'nessh creció en la última flota Eldar. Tras la desestabilización total de la red Eldar, la flota se aproximó a un mundo inquisitorial conocido por el Imperio por el nombre de Noviadia. Allí, el que hasta entonces fué el ultimo Autarca, Eldr'advt, rindió la flota a los imperiales, con la condición de que salvaran a los que había en su interior, cosa a la que las autoridades imperiales, bajo orden expresa de los Altos Señores De Terra, accedieron.

Dera'nessh tenía un miedo colosal, ya que su madre, como otros Eldar inconformes con la decisión del Autarca, había ido a encararse a los humanos, mientras, hizo lo que le ordenaron: tomar sus pertenencias, la joya espiritual que su madre le regaló y lo que creyó que necesitaría, e ir con los refugiados. Acababa de salir de su camarote, lo que durante 20 años había sido su hogar y fue, a traves de los pasillos, a lo que sería su nueva residencia. Caminaba torpemente a traves de los corredores, confusa y desorientada con el ir y venir de sus congéneres, hasta que, ataviados con grises uniformes, apareció una escuadra de seres que nunca había visto. Estos hombres flanquearon los pasillos y les hicieron señas de que siguieran adelante, cosa que de inmediato hicieron, hasta llegar al hangar, donde naves que nunca había visto se presentaban frenta a ella. Sólo pudo atisbar, a través de la multitud que allí se congregaba, un símbolo en el costado de una de las naves: un águila bicéfala.

Un momento despues, un Guardián, tal y como pudo ver a través de la gente, se subía sobre una de las muchas cajas y, con un altavoz, dijo:

- ¡Atención! Seguro que os preguntais quiénes son estos seres, aunque algunos ya los conocereis. Son humanos -dijo, tras lo cual la multitud empezó a hablar entre sí-. Haced el favor de dividiros en los siguientes grupos e id a la nave que ellos os indiquen: de 0 a 90 años, a esa nave... -conjuró mientras señalaba la nave que habia estado mirando. Ella tomó las maletas, y, echando una última mirada atras, se sumergió en las entrañas de la extraña nave, a la que esos humanos llamaban Thunderhawk...

II - Nuevo comienzoEditar sección

La joven se despertó sentada en los asientos de la nave. Miró a su alrededor, viendo a sus compañeros y compañeras, unos, como ella hasta hacía un momento, estaban durmiendo, otros, de su edad o menos, miraban con su misma curiosidad el entorno.

- Eldars, preparaos para aterrizar -dijo un hombre gigantesco, embutido en una pesada armadura. A Dera'nessh le sorprendía que la llevase con tanta naturalidad, no se parecía a los humanos que había en la nave, pero tuvo que apartar eso de su mente al oír el traqueteo de la nave al aterrizar. Se desabrochó el cinturón de seguridad mientras las macizas compuertas de la nave se abrían. Siguiendo la fila que el resto formaba, desembarcó en otro planeta.

Miró rápidamente el entorno, viendo decenas de edificios de aspecto frágil, de los que parecía haber cientos, rodeados parcialmente por un muro. También había otras construcciones, de aspecto fuerte y sólido. Estaba a punto de dejar a un lado las maletas e ir a explorar, cuando llegaron unos veinte hombres, como los que recordaba haber visto en la nave, hacía a lo que a ella le parecieron días, rodeándolos. Eran más que ellos, cosa que al parecer atemorizaba a los más pequeños. Sin previo aviso, la tomaron por el brazo. Asustada, se intentaba revolver de aquel hombre, mientras veía como pasaba lo mismo con el resto. El hombre que la agarraba la condujo momentos después a uno de los edificios mas sólidos, seguida de cerca por otro de ellos, que, con un gesto fatigado, llevaba su equipaje. La entrada estaba flanqueada por dos guardias, que sostenían en las manos lo que parecían ser armas. Entró en el edificio, dejando atrás a los guardias, recorrió los corredores de la estructura. Al llegar a una puerta de color blanco, notó un pinchazo en el brazo, tras lo cual se desmayó.

- ¿Ha dado positivo? -dijo una tenue voz mientras Dera'nessh abría tenuemente los ojos, sólo para tener que volver a cerrarlos por la fuerte luz de un foco, el cual alumbraba directamente su cara.

- Mira, se ha despertado -dijo una voz masculina, distinta a la oída instantes antes.

- Es cierto, quita de ahí ese foco, no podrá ver -dijo la segunda voz, tras lo que el foco fue retirado dejándola ver la sala. Era blanca, impoluta, llena de extraños artilugios, algunos de aspecto verdaderamente amenazante. De pronto,un hombre, envuelto en una túnica rojiza, y lleno de tubos y mecanismos, algunos de los cuales recorrían y perforaban su cuerpo, la miraba fijamente, para retroceder rápidamente, dejando un hueco para que un curandero Eldar, de aspecto mucho menos amenazador que el humano, la tomara de la mano y la levantara de la metálica camilla. Momentos después se dio cuenta de que sólo llevaba puesta una delgada túnica, cosa que le provocó una terrible verguenza, pero antes de que tan siquiera lo pidiera, el humano de antes le entregó una bandeja de latón sobre la que estaban sus vestiduras.

- Ponte la ropa, pequeña -dijo el curandero Eldar mientras la conducía mediante pequeños empujones hacia una pequeñísima sala, de apenas un metro cuadrado, cuyas únicas paredes eran unas cortinas azules, que el curandero cerró en cuanto ella entró. Allí, mientras ella se desvestía rápidamente, por temor a ser vista, oyó unos ruidos, y se empezó a vestir mas rapidamente aún, sólo para poder salir de ese diminuto compartimento y ver con sus propios ojos lo que pasaba en el resto de la habitación.

En el momento exacto en el que terminó de vestirse, corrió la cortina, sólo para ver al humano de antes enfrente de ella.

- Por favor, salga, no interrumpa los análisis -dijo mientras señalaba la puerta con una mano metálica. Ella avanzó hacia la salida, levemente decepcionada por no poder ver qué pasaba. Salió de la habitación, sólo para ver al humano que llevó su equipaje, el cual, ahora con un aspecto mas normalizado, tomó sus maletas de nuevo y, con una voz seca dijo:

- Si hace el favor de seguirme, le guiaré hasta su vivienda asignada -tras lo cual avanzó por el pasilló por el que pasó momentos antes de entrar en esa habitación.

Salió junto al humano, viendo al salir no al resto de los que iban con ella en la nave, sino a cientos de sus congéneres: Muchos, guiados por humanos, iban hacia los centenares de pequeñas estructuras, otros entraban en unas tiendas de campaña enormes, como para refugiados, mientras que otros entraban junto con unos guardias al edificio donde hacía unos minutos había estado ella.

- Señorita -dijo la seca voz del humano que portaba las maletas-, hay que llegar a la vivienda V336, que está a quince kilometros hacia allí -dijo, dejando las maletas y señalando una colina, para luego recoger las maletas y a avanzar en esa dirección, cosa que Dera´nessh hizo inmediatamente después, por temor a quedar atrás.

Habían pasado tres horas, y tanto la joven eldar como el porteador humano estaban exhaustos, pero habían llegado a un pequeñísimo valle, lleno de montículos, terraplenes y pequeñas colinas, todo bajo una capa uniforme de hierba, salpicada de vez en cuando por algunos árboles y arbustos. Tras un escaso minuto de descanso y deleite para sus vistas, ambos se dirigieron hacia una de las pocas viviendas prefabricadas, según las había llamado un humano que encontraron de camino, que estaban vigiladas desde lo alto de la colina por un puesto de guardia. Entraron a una de las viviendas. Era bastante diminuta, con un dormitorio, un cuarto de baño, una cocina y el recibidor, donde ambos se encontraban.

- Espero que sea de su agrado -dijo, soltando las maletas y cerrando tras de sí la puerta al salir. Entró a la habitación arrastrando las maletas, que empezó a desempacar. Abrió un armario gris, donde empezó a meter la ropa. Después se acostó en la cama, donde durmió por el cansancio y los sucesos vividos esperando el siguiente día.

Al día siguiente, se levantó, movida por un tumulto en el exterior. Rápidamente, cogió la ropa que llevaba puesta el día anterior y salió, para ver a un grupo de Eldars claramente mas longevos, escoltados por sus portamaletas humanos, entrando en unas casas vacías cercanas, pero el tiempo pareció detenerse al oír una descomunal explosión en el puesto de guardia que dominaba la colina, el cual estalló en mil pedazos, seguido de una extraña sensación que inundó a Dera'nessh por completo, haciendo que un torrente de placer recorriera su cuerpo, dejandola inconsciente.

Se despertó confusa, rodeada de fuego, cenizas y devastación. Miró a su alrededor, viendo, entre estructuras medio derruidas, decenas de cadáveres, tanto humanos como Eldar, cosa que le heló la sangre, paralizándola momentáneamente, hasta que, tras el muro medio destruido de lo que debería haber sido su nuevo hogar, vio salir, luciendo una sensual y a la vez horrible apariencia, a un ser que parecía humano, pero que irradiaba un aura de terror y placer. El hombre, al verla, lo único que hizo fue relamerse los labios mientras, mostrando una lujuriosa y sibilina sonrisa, comenzó a acercarse lentamente, y, conforme se acercaba, esa placentera sensación volvió a surgir en su interior, pero esta vez le parecía oír una voz que nunca, en su corta vida, había escuchado, diciéndole al oido: "Ven, preciosa, y te haré mía, experimentarás cosas que nadie podría sentir ni en un millón de años, descubrirás sensaciones que nunca creíste existentes. Ven, y seras mía por siempre".

Una explosión la hizo despertar solo para darse cuenta de que aquel malvado humano la sujetaba entre sus brazos, acercándole su horrendo rostro en un intento de besarla. Cuando la cara de Dera'nessh y la del horrible humano se iban a fundir en un beso de decadencia, una gigantesca mano agarró por la cara al engendro y lo lanzó varios metros hacia atrás, cosa que hizo caerse a la joven Eldar. Giró levemente el rostro, solo para ver a un humano gigantesco embutido en una armadura de metal de varios colores, el cual apuntó friamente al horrendo humano con una especie de pistola, para medio segundo después apretar el gatillo que hizo que del arma salieran una pareja de proyectiles que acabaron, entre dos estallidos de sangre, con la vida del horripilante humanoide. Tras esto, Dera'nessh se levantó torpemente, y bajo la atenta mirada del impresionante humano se terminó de poner en pié.

- Aquí el Hermano Sargento Ajax, una joven Eldar ha sido encontrada, que la escuadra doce se reúna conmigo en el punto de encuentro trece-B, proteged a los xenos a toda costa -dijo por el intercomunicador-. Vámonos, joven -dijo Ajax mientras comenzaba a andar, con Dera´nessh imitándole.

Llevaban un buen rato andando cuando unos disparos llamaron la atención de ambos, que se aventuraron a ver qué pasaba: Tras unas rocas,un grupo de Guardianes con pistolas shuriken, junto a una pareja de humanos como Ajax, luchaban contra un grupo de seres de aspecto de pesadilla como aquel engendro de antes, los cuales contestaban a los disparos humanos y Eldar con los de sus armas. El Guardián más cercano, con la armadura rasgada y agrietada, corrió en dirección a la pareja, esquivando algunos proyectiles hasta llegar a su posicion.

- Humano -dijo con tono exasperado mientras miraba a la joven Eldar, la cual tenía la ropa rasgada por culpa de la explosión-, esta joven está en peligro, llevela a lugar seguro, pero antes... -dijo, mientras desenfundaba una segunda pistola shuriken y se la entregaba a Dera'nessh. Su tacto era suave, y su estilizada y bella forma cautivaron a la joven un segundo. Mientras veía al Guardián volver al tiroteo, Dera'nessh se puso en marcha junto con Ajax.

Avanzaron en los ahora yermos parajes, que anteriormente eran los verdes prados del campo de refugiados, llenos de los restos de los edificios prefabricados que habían a su llegada, ahora en ruinas. Era indecible la muerte y la destrucción que allí tuvo lugar, pero ella se sentía segura al lado del inmenso humano, al cual siguió entre las ruinas. Dera'nessh se paró al chocarse con Ajax, que, perplejo y horrorizado, contempló junto con la Eldar la montaña de hombres y mujeres muertos con cara de horror y placer al unísono. Una horrible risa retumbó en la mente de Dera'nessh, que cayó al suelo en un estallido de puro éxtasis, viendo cómo la borrosa silueta de Ajax se disolvía, como envuelta en la bruma mas espesa.

Dera'nessh despertó en una cama de campaña en el interior de una tienda vacía, de color blanco, con un águila bicéfala en una pared. El águila transmitía fuerza y equilibrio, y por un momento ella entendió por que el Imperio eligió ese símbolo y no otro.

- Vaya, está mejor -dijo una voz que ya había escuchado antes y reconoció al instante: era la voz de Ajax, que entraba acompañado de un humano menos fornido, con un simbolo en forma de I en la cara, que estaba marcada por una seriedad inamovible. Sus ropas eran ricas y eleegantes, con multitud de símbolos, que le recordaban un poco a las runas de la Vidente de la nave, pero sabía que no tenían nada que ver.

- Soy Asder, Inquisidor del Ordo Xenos, tú debes ser la joven superviviente Eldar, ¿me equivoco? -preguntó, aunque ya conocía de sobra la respuesta.

- ¿Que ha pasado allí fuera? -preguntó Dera'nessh temblorosa, al recordar al horrible mutante y los muertos, y todo lo que no quería recordar.

- Un ataque -contestó el Inquisidor-. Los investigadores del Ordo quieren hacerte unas pruebas, después de todo, la única superviviente, y Eldar, teniendo en cuenta la naturaleza del ataque... -dijo, incomodando a la joven con nuevas dudas.

- ¿De qué naturaleza hablas? -preguntó, como quien le pregunta a un profesor.

- Slaneesh -contestó seca y fríamente el humano-. El dios de los vicios y los excesos. Tuviste suerte, mucha -fue lo único que dijo, antes de retirarse de allí. Ajax se despidió cortésmente y desapareció tras la fina tela blanca de la tienda que componía la puerta.

Dera'nessh se abrió paso poor el campamento, esquivando a decenas de humanos con uniformes verdosos, que la miraban con extrañeza, alguno incluso con repulsión y odio. Se paró al darse cuenta de que estaba en un sitio con muros sólidos, con edificios amontonados, de un material similar al del campamento al que sobrevivió de milagro, en el que perdió todas sus posesiones salvo los ropajes que portaba. Siguió caminando, movida por la curiosidad, y por la necesidad de olvidar aquel infierno del que fue salvada gracias a Ajax. Era lo único que recordaba de su huida, y lo único de aquello que no quería olvidar. De pronto, un pequeño grupo de soldados humanos se le acercó con hoscos gestos de resentimiento. Dera'nessh, por puro instinto, empezó a correr hacia las entrañas de esa especie de aldea.

Dera'nessh corrió por las calles, esquivando a la gente que ocupaba las calles. Miró hacia atras, sólo para ver a esos honbres persiguiéndola y derribando a un joven. De pronto sintió un golpe en la cara y en el cuerpo, y cayó pesadamente. Alzó la mirada para darse cuenta de que había chocado con el muro de un callejón sin salida. Se levantó e intentó regresar sobre sus pasos, con la esperanza de escapar del callejón antes de que sus perseguidores la alcanzasen, esperanza que se desvaneció al ver cómo el grupo, formado por ocho humanos enfurecidos por razones que ella desconocía, le cerraba el paso.

Un puñetazo en la cara la tiró al suelo. De pronto, cuando ella se intentaba levantar, una patada en el estómago la volvió a tumbar.

- Eso por lo que le hicisteis a mis padres en Travos Delta -dijo un guardia de rostro famélico justo antes de darle una patada en la espalda, a lo que Dera'nessh respondió con un inútil intento de respirar, pero en vez de eso, se limitó a escupir al suelo unas gotas de su propia sangre. Dera'nessh sentía cada nuevo golpe con un dolor agudo y penetrante. Su visión se volvió borrosa, sintió cómo de pronto dejaban de golpearla y la ponían boca arriba. A través de sus sentidos adormecidos por el intenso dolor que sentía, Dera'nessh vió como uno de los hombres sacaba una especie de spray y empezaba a pintar unas letras en su pecho y estómago, mientras uno de ellos cargaba un artilugio que a Dera'nessh le parecía una pistola, pero uno de sus atacantes discutía con el hombre armado.

- Sargento -dijo el soldado que protestaba al hombre armado-. Ya le hemos dado la lección a la xenos, dejémosla viva, y así todos los Eldar de la base verán lo que los humanos realmente opinamos de ellos -dijo, pero fue apartado bruscamente por el sarjento, que apuntaba a Dera´nessh con los ojos inyectados en sangre.

- Puede soldado, puede, idos todos, me reuniré con vosotros luego, cuando termine de "despedirme" de esta horrorosa xenos -dijo, apuntando a la joven con su arma mientras el resto de humanos se iban rapidamente, dejando al Guardia Imperial armado junto a ella. La visión de Dera'nessh se empezó a volver borrosa de nuevo, cerró los ojos mientras oía un golpe metálico seguido de un disparo, para finalizar con el ruido seco de un golpe. Dera'nessh quería levantar la vista para saber que pasaba, pero lo único que obtuvo fue la inconsciencia a la que, tras el ataque al campamento donde antes se hospedaba, casi se había aconstumbrado. {C Dera'nessh se despertó en una habitación blanca. Notó casi de inmediato una espesa sensación a través de su cuerpo. Rápida y nerviosamente, se quito de encima una manta banca y se remango la manga blanca de una larga tunica,para ver como un tubo que estaba unido a su vena le transfería un líquido blanquecino y de aspecto espeso. De pronto, una puerta se abrió, y de ella surgió torpemente, debido a su altura, Ajax, que se acercaba a ella con un gesto de preocupación que, tras la brutal paliza que recibió del grupo de humanos, creía que ninguno de ellos volvería a usar con ella. Ajax logró finalmente entrar, se acercó a ella con grandes y delicadas zancadas, hasta posicionarse junto a la cama donde ella estaba.

- ¿Qué me ha pasado? -preguntó Dera´nessh con un débil hilo de voz, mientras notaba un agudo dolor en el pecho, que le hacía contraerse esporádicamente.

- ¿Está bien? -preguntó Ajax, acercandose a ella, en un acto reflejo.

-No, pero... ¿Quiénes eran esos hombres? -preguntó la joven Eldar mientras que intentaba acercar su mano sobre la de Ajax, que había puesto la suya sobre la manta bajo la que ella se encontraba.

- Eran unos guardias resentidos por una acción de tu pueblo en un planeta en el que ellos, y un buen número de soldados asentados aquí, estaban destinados. Hubo una invasion Orka y, bueno, os teníais que marchar, y los dejasteis tirados. Aunque la mayor parte del Regimiento se salvó, os acabaron odiando. -dijo, parando cuando la bella y fina cara de Dera'nessh adoptó una mueca de tristeza, con la que pocos Marines se habían encontrado. Pocas veces había combatido para ayudar a otro, y aún menos si ese otro era un xenos.

- ¿Y tú? ¿Nos odias?-preguntó la eldar mirandole con un tierno gesto de tristeza.

-No, claro que no, señorita -dijo el Marine, mientras veía iluminarse alegremente la cara de la Eldar, cosa que acabó alegrandole en el fondo, muy a su pesar.

- Dera'nessh -dijo, ahora con una voz mas bella y melódica, más propia de una Eldar-. Por favor si no me odias, llámame Dera'nessh -dijo, mientras observaba al Marine levantarse.

- De acuerdo, vendré más tarde a verla, señorita Dera'nessh -concluyó, mientras se retiraba de la habitación para aclarar esa extraña y naciente sensación hacia la xenos. Ajax estaba en su habitación, la que le había sido asignada, sentado en el suelo mientras inalaba los fragantes inciensos que había preparado a la vez que rezaba silenciosamente al Emperador suplicándole perdón por la muestra de debilidad que sintió al encariñarse con esa xenos. Estaba terminando el rezo cuando oyó como el cierre automático de la puerta se abría, dejando abierta la puerta y permitiendo entrar al Inquisidor Aesder, que esbozaba una mueca, una expresión entre diversión y ganas de vomitar, que intentó ocultar inútilmente cuando vió al Astartes mirarle fijamente.

- Veo que has hecho una amiga -dijo, entrando en la austera habitación.

- Un xenos no es tu amigo -contestó el astertes con seriedad.

- Y no lo dudo, pero parece que has simpatizado de alguna forma con la superviviente Eldar, lo que nos puede beneficiar muchísimo -dijo, mostrando una expresión de stisfacción.

- ¿A qué se refiere? -preguntó el marine, confuso.

- A influencia social.

- Explíquese -solicitó el Marine nuevamente, aún sin comprender.

- Usted ha creado un recurso social valioso, un símbolo de que la amistad entre un xenos y un humano es posible, lo que permitirá que obtengamos toda la tecnología y conocimientos de utilidad que necesitemos, pero hasta que consigamos ganarnos la suficiente confianza, necesitaremos que confraternice todo lo posible con ella. Sea su amigo y su protector, consiga que se comprometa al cien por cien con nosotros, y su pueblo la seguirá.

- Comprendo, pero, los Guardias que la atacaron, ¿por qué lo hicieron?

- Eran resentidos. Los Eldar visitaron su planeta para comerciar, pero un malentendido llevó a otro, y los Eldar bombardearon la Colmena principal. Deben de ser supervivientes.

- Entiendo, señor, pero escaparon algunos, ¿no atacarán a los Eldar que hay en otros puntos de la ciudad? -preguntó levantándose pausadamente, sin apartar la mirada del Inquisidor.

- Unos muertos no atacan -respondió secamente-. Cumpla con su cometido, igual no le disgusta, dicen que los Eldar son un pueblo fascinante, si se les trata con amabilidad y respeto -concluyó mientras se retiraba, dejando a Ajax rezando al Emperador, no por lo que hizo, sino por lo que iba a hacer.

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