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Relato No Oficial Eldar: Frente al Gran Devorador

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Eldar vidente caballeros espectrales.jpg


El vidente Tharadriel examinó el campo de batalla. Aunque aun no veía al enemigo, era capaz de sentir su presencia, las esporas micéticas estaban empezando a asolar el planeta, y caían del cielo como caen los frutos maduros de un árbol. De todos los destinos posibles, sabia que esta era la única opción de supervivencia para su mundo astronave. No comprendía como era posible que la aniquilación de esos mon-kheig por parte del Gran devorador destruyera en un futuro su estimado Mundo astronave, solo había sido capaz de vislumbrar el tenebroso futuro que les aguardaba si no ayudaban a evacuar a los humanos, y ello implicaba detener las primeras oleadas tiránidas. Sus tropas estaban situadas en sus posiciones.

Mientras observaba el lindero del bosque, se preguntó si las criaturas que podía sentir estarían ya muy cerca. Contestando a su pregunta un doloroso chillido psíquico resonó en su cabeza obligándole a levantar sus defensas psíquicas para evitar desmayarse. Vio como sus brujos hacían lo mismo, casi al unísono, gracias al fruto de los numerosos años de entrenamiento mental. Esta resonancia psíquica era sin dudas provocada por las ordenes que la mente enjambre emitía a las numerosas criaturas tiránidas. Debía sobreponerse a ella si quería combatir eficazmente. Ordeno a sus tropas que permanecieran alerta, cuando de golpe docenas de criaturas surgieron a unos cientos de metros delante de el.

Observando la marea tiránida, finalmente pudo ver quien era el principal responsable de la poderosa señal psíquica que guiaba las criaturas. Una enorme monstruosidad de varios metros de alto, con tres pares de patas, dos de ellas eran afiladas y gigantescas garras y otras dos formaban una especie de cañón orgánico de gran tamaño, pero no era el tamaño del Tirano de enjambre lo que le asustaba, sino que le estaba mirando fijamente a él… podía notar como ordenaba a las criaturas inferiores que aniquilasen a sus tropas, que avanzaran pasase lo que pasase, imponiéndose a los instintos naturales de dichas criaturas, no podía notar ningún tipo de emoción en él, ni miedo, ni compasión, ni odio, ni piedad….

El vidente salió del trance que le supuso contemplar la criatura directamente gracias a un agudo aullido que le heló la sangre, ese grito desgarrador provenía de un Carnifex que se movía pesadamente en medio del enjambre, avanzando inexorablemente hacia ellos. Algunos guerreros tiránidos avanzaban detrás de varias oleadas de gantes y junto a ellos se movía flotando lentamente una extraña criatura. Al contemplarla pudo sentir y sufrir el dolor y la angustia de miles de almas eldar asimiladas por el Gran devorador, cuyas facultades psíquicas fueron absorbidas para crear ese monstruoso ser. Un atisbo de miedo surgió en su interior. ¿Serviría finalmente su sacrificio para algo en el futuro?
Un ardor guerrero le invadió, borrando el miedo en su interior, si tenía que morir, lucharía hasta el final.

Sabía que esta sensación era debida a la presencia del Avatar entre las tropas Eldar. Contemplando la ardiente figura de la encarnación de Khaine y la ágil y poderosa imagen del Señor espectral sus ánimos crecieron, no iba a dejarse dominar por una simple emoción. Ordenó mentalmente a sus tropas que siguiesen el plan establecido. Exploró el futuro cercano para tratar de predecir los ataques del enemigo, sin embargo fue demasiado tarde para advertir a sus tropas…

Una mina espora cayó flotando en mitad de la escuadra de guardianes que tenia enfrente, uno de los tentáculos de la criatura rozo la espalda de uno de los eldar y estalló, un potente ácido venenoso cubrió a varios miembros de la escuadra, penetrando en su torrente sanguíneo, muriendo por el efecto de las quemaduras y la parada cardiorrespiratoria, sucumbiendo entre espasmos y gritos. El vidente pudo sentir la terrible sensación de pánico y terror que invadió a los supervivientes, que no pudieron superar la visión de la agonía de sus compañeros y empezaron a retirarse.

Aun conmocionado por la muerte de sus camaradas, pudo ver como el Carnifex disparaba un proyectil gracias al espasmo que produjo su arma simbionte. Una enorme semilla impactó contra una Espectro aullante, penetrando en su interior. Sus raíces crecieron a un ritmo increíblemente veloz hacia el exterior de su armadura, partiendo a la eldar en varios trozos, para a continuación rodear a sus compañeras, estrangulándolas y asfixiándolas. Las pocas supervivientes se retiraron huyendo de las consecuencias derivadas de enfrentarse al Gran devorador.

Nuevamente imbuido por la furia de Khaine, Tharadriel se dispuso una vez mas para la batalla. Ordenó mentalmente a los líderes de cada escuadra que avanzasen y abriesen fuego. Vio caer a los tres guerreros tiránidos que tenia enfrente gracias a los disparos de los Segadores siniestros apostados tras la línea de trincheras, al igual que numerosos Genestealers. A pesar de las bajas sufridas las criaturas tiránidas menores siguieron avanzando dirigidas por la mente enjambre. El Serpent situado en el flanco izquierdo aceleró sus motores hasta llegar a una colina, deteniéndose un instante. Rápidamente desembarcó su temible carga de escorpiones asesinos, los cuales asaltaron a tres grandes criaturas de forma serpiente con grandes garras. Los mandilaser descargaron sus letales agujas contra una de las criaturas envolviéndola en pequeñas explosiones de plasma, hiriéndola gravemente.

Por el centro, el Señor espectral avanzaba con paso firme, disparando, mientras a sus espaldas el Avatar sostenía fuertemente su espada, Muerte Lastimera, e infundía valor y furia a los eldar cercanos con su sola presencia.

Tharadriel vio como los guardianes eldar que instantes antes habían avanzado hacia el frente para disparar a varios gantes que corrían por el lindero del bosque, eran sorprendidos por la repentina aparición de un lictor de entre la espesura del bosque. Sin poder reaccionar fueron atacados a su vez por unos rápidos y fugaces termagantes.

Del mismo bosque que el lictor surgieron una progenie de hormagantes que se abalanzaron rápidamente sobre las posiciones de los Segadores siniestros. Para cuando Tharadriel quiso ordenar a la otra escuadra de guerreros especialistas Segadores siniestros que apoyase y cubriesen a sus compañeros con sus disparos, otra progenie de hormagantes saltó sobre ellos, obligándoles a luchar pos sus propias vidas.

Más gantes asaltaron a las Espectros aullantes que tenia delante. El vidente y sus brujos aprovecharon para dirigirse al carnifex que avanzaba en solitario por el centro, directo al Señor espectral.

Los escorpiones finalmente acabaron con otro los mantifex y se reagruparon, para proseguir su ataque contra esas criaturas serpentinas. Advirtieron sin poder hacer nada como varias cápsulas de cristal estallaban contra la parte posterior del Serpent, aturdiendo a los tripulantes con el impacto, lo que provocó que el vehículo disminuyese su velocidad.

La extraña criatura con ADN eldar, el Zoántropo, se vio envuelta por un halo azulado, dispuesta a disparar, pero en último momento, la criatura pareció perder el control de la energía que estaba acumulando alrededor de su cabeza, la cual estalló a continuación, dejando restos humeantes de cerebro y quitina.

Sin tiempo para alegrarse de la muerte del Zoántropo, otra de las grandes criaturas tiránidas disparó al Serpent. El arma simbionte que portaba el carnifex impactó a su objetivo. La semilla del cañón de enredadera comenzó su rápido desarrollo extendiéndose alrededor del habitáculo y de los motores, comprimiéndolos con una fuerza inusual. Con un fuerte crujido la estructura cedió y la nave gravitatoria eldar estalló en cientos de pedazos.

Los escorpiones finalmente consiguieron hacer caer al último de los mantifex, organizándose de nuevo. Con un gran odio en sus corazones, avanzaron contra el enorme Tirano de enjambre. El vidente notó en sus mentes como el horror se hacia presente poco a poco ante la amedrentadora presencia de la mente enjambre personificada, haciéndoles dudar e impidiéndoles cargar y actuar. Un rayo psíquico surgió del Tirano e impactó a la escuadra de escorpiones asesinos. La energía psíquica quemo sus armaduras e hizo explosionar a algunos de ellos. Sin tiempo a reaccionar ante el ataque, el Tirano de enjambre cargó y partió a varios de ellos con sus poderosas garras. El vidente sabía que debía destruir a esa criatura, pero no sabía como….

Mirando a su al rededor, vio como los hormagantes mataban a todos los Segadores siniestros, para a continuación huir instintivamente hacia las criaturas sinápticas. El enorme Carnifex rugió a unos metros de el, y tomando una valerosa decisión, Tharadriel decidió cargar y derrotarlo, o morir en el intento.

El Señor espectral se unió al combate, hiriendo gravemente al carnifex, sin embargo este contestó, y encarándose al señor espectral, le embistió y ataco con sus garras dañándole ligeramente uno de los brazos. El vidente pudo percibir como el Avatar combatía con una progenie de gantes mientras los escorpiones trataban en vano herir al Tirano de enjambre, y los Espectros aullantes trataban de llegar hasta ellos en su ayuda, a pesar de su lucha contra los termagantes, para unirse a la refriega con el Tirano.

Después de varios intentos, el Señor espectral finalmente perforó el caparazón de la enorme criatura, y derribarla. El carnifex rugiendo de dolor y a pesar de las graves heridas sufridas aun se removía furioso y trataba de atacar a los eldar. El vidente clavó su espada bruja en la cabeza del moribundo tiránido, y lo silenció para siempre. El vidente avanzó junto a sus brujos y el Señor espectral hacia el Tirano con el claro objetivo de destruirlo.

Todo parecia ir ligeramente a mejor, hasta que el Tirano de enjambre mató a los escorpiones asesinos que quedaban, y dirigió su mirada hacia los espectros aullantes, matando a varias de ellos con un nuevo rayo de energía psíquica, para a continuacion cargar pesadamente, y partir con sus enormes garras por la mitad a otro de los guerreros especialistas.

Cuando Tharadriel estaba a punto de unirse al combate contra el Tirano, el vidente eldar percibió como el fuego que alimentaba al Avatar se disolvía, y este caía como un ser inerte al suelo.

El vidente asaltó a la horrible criatura gracias a las barreras mentales que tenia preparadas, pero no pudieron hacer nada, y las ultimas componentes de los espectros aullantes iniciaron la retirada despues de ver como dos más de sus componentes morian. El vidente tampoco pudo resistir más ante tanta sangre eldar derramada, y tanto él, como sus brujos se vieron inundados por el dolor de origen psíquico que fluía del Tirano de enjambre, obligándoles a retirarse para salvar sus vidas.

La bestia en vez de perseguirles, se giró y se enfrentó al Señor espectral. Los dos titanes se enfrentaron cuerpo a cuerpo, en un duelo que parecía que ganaría la maquina eldar al herir gravemente al tiránido. El Tirano de enjambre emitió un rugido de dolor y se apartó. Cuando todo parecía que el Señor espectral daría el golpe de gracia al monstruoso tiránido, una progenie de Genestealers atacó al bípode eldar, saltando encima de el y atacando sus piernas, penetrando su blindaje varias veces, derribando el antiguo guerrero de su interior. La ancestral maquina dejo de moverse…

El Tirano de enjambre, herido y furioso, cargó a los eldar supervivientes, con la intención de destruirlos. El vidente trataba en vano no escuchar la señal psíquica que emitía el tiránido, pero el mensaje era demasiado claro, por su mente pasaron las imágenes de miles de mundos arrasados por las flotas enjambre, vio el destino de la galaxia si esta amenaza no era detenida…

Volvió al presente, y contempló como la criatura partía por la mitad a uno de los brujos de su escolta, mientras con otro golpe seccionaba el torso de otro de los brujos eldar. Determinado a acabar con el Tirano de enjambre, el vidente levantó su espada bruja, y evitando una de las garras, la clavó profundamente en uno de los costados de la bestia. La energía psíquica de la espada consiguió perforar el caparazón, y esta cayó pesadamente mientras miraba al vidente eldar.

Ayudando a levantarse al brujo superviviente, el vidente Tharadriel observó de nuevo el campo de batalla. Todos los eldar estaban muertos o moribundos. Aun quedaban multitud de tiránidos, los suficientes para matarlos a ambos. El doloroso aullido que martilleaba su cabeza desapareció levemente con la muerte del Tirano de enjambre, aunque aun sentía la presencia de la mente enjambre guiando a los tiránidos. Miró al cielo y vio como seguían cayendo esporas micéticas.

Este mundo estaba condenado, no hacia falta ser vidente para saberlo, pero en el horizonte la nave mon-kheig despegaba y partía hacia el espacio, donde seguramente aun podrían escapar gracias a la pequeña flota de combate Eldar que les esperaba en orbita.

Sabia que un mon-kheig no comprendería jamás porque los eldar les habían ayudado, pero no había sido por la especie humana, sino por el futuro de los eldar. Miro de nuevo al brujo y supo que pensaba igual que el. Había visto su destino y lo había cumplido, y cumplirlo implicaba cruzarse en el camino del Gran devorador.

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