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Relato No Oficial: Halos de Disformidad

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El último marine que protegía al Bibliotecario colocó tres balas de su Pistola Bólter justo en los tres halos que la Araña de Disformidad había dejado a su paso tras generar saltos rápidamente. En el primer halo todavía se distinguía la silueta que la figura de la araña había dejado entre el humo azul. El astartes había sido extremadamente rápido, pero no podía compararse con la velocidad a la que el eldar utilizaba su generador de salto. Mientras el tercer disparo de la pistola bólter atravesaba el halo dónde la araña había estado por última vez hace unas milésimas de segundos, ésta se había colocado tras el marine y había despedazado la tela blindada de flexibilidad que protegía el cuello del astarte; la mitad de éste había sido degollado.

El bibliotecario había perdido a toda su escuadra de mando y todavía sentía como las arañas se desplazaban alrededor de él utilizando la disformidad como transporte. El psíquico astarte vio como justo delante de él una de las arañas de disformidad se materializaba, pero él era un marine y su inteligencia no tenía rival; así que dio media vuelta sobre sus tobillos y se dispuso a trazar un arco con su arma psíquica en un lugar en el que no había ningún enemigo. Sin embargo, cuando la espada estaba rasgando el aire, una araña se materializó justo en su trayectoria y fue rebanada por la mitad de su cuerpo limpiamente, desapareciendo después junto con el halo que anteriormente había dejado delante del psíquico como distracción. Después de esto el silencio volvió a reinar. Aunque pasado unos segundos el psíquico volvió a percibir los saltos disformes a su alrededor. Se producían con extremada rapidez y el bibliotecario tuvo que concentrarse al máximo, calculó que unas seis arañas estarían acorralándole. En un momento determinado el astarte levantó su mano y uno de los halos fue inmovilizado inmediatamente; entre las humeantes llamas azules se podía distinguir la figura de una araña de disformidad que había sido frenada en su salto por el poder se la mente del bibliotecario. La cabeza del eldar estalló en mil pedazos mezclando la sangre con el halo a su alrededor.


Volvió el silencio mortecino anterior, pero esta vez las arañas habían aprendido que era mejor no buscar el combate cuerpo a cuerpo. Esta vez las cinco restantes se materializaron a la vez a bastantes metros del bibliotecario. Este no pudo reaccionar y aunque su servoarmadura absorbió los primeros impactos, la potencia de fuego fue tan abrumadora que acabó por derribar al astarte.

La calavera sonriente tenía concentración suficiente para recordar todo lo que le habían enseñado sobre las arañas de disformidad en el estudio pre-misión, incluidas las tácticas de guerrillas que había hecho que el pequeño clan de arañas que actuaba últimamente en las rutas comerciales cercanas a la colmena de Abria IV hubiera acabado con tropas siete veces superiores a ellas; se sabía que estaban dirigidas por un exarca que enseñaba a controlar los generadores de saltos tan bien como la respiración de un eldar.

Entre las ruinas de un antiguo mercado el asesino se movió felinamente, pasando de posiciones totalmente estáticas y en perfecto equilibrio, a movimientos de rapidez que el ojo humano no puede seguir. Encontró entre las ruinas el cadáver del bibliotecario y ahí comenzó su búsqueda. Cerró los ojos y percibió los movimientos a su alrededor. Enseguida encontró las sensaciones que dejaban en el ambiente los generadores de salto.


Empezó a correr y a saltar entre árboles y ruinas impulsado por las neurotoxinas hasta que rápidamente estuvo muy cerca de los movimientos disformes. Estos frenaron en seco cuando percibieron la presencia del asesino. El asesino disparó automáticamente hacia un lateral una aguja de su pistola y ésta fue hacia un objetivo invisible. Allí se materializó una araña y tuvo el tiempo justo para desaparecer antes de que el proyectil traspasara el halo que había dejado. Los eldars supieron inmediatamente que debían lanzarse al combate cuerpo a cuerpo todos a la vez.

Comenzó un incesante zumbido de saltos disformes que el eversor esquivaba con facilidad. Saltando de tal manera que pocas veces palpaba el suelo, esquivaba disparos y golpes apoyándose en milímetros de tierra firme para efectuar otro acrobático salto. Los ataques de las arañas y los movimientos del eversor parecían estar totalmente coordinados en una danza veloz; lo que se debía a que el asesino siempre sabía dónde aparecerían los halos de disformidad. Por muy seguidas que atacaban las arañas el eversor saltaba justo a través de ellas y escapaba por el más mínimo hueco. El exarca estaba cansado de fallar los golpes y se comunicó psíquicamente con las otras cuatro arañas para organizar en un segundo un ataque extremo:


Una araña atacó rápidamente por la espalda del eversor. Éste realizó un salto para esquivarlo pero otra araña apareció por encima de él bloqueando sus posibilidades de salida; aunque el asesino imperial pudo apoyarse en la araña que pasaba debajo de él y realizar un salto en horizontal hacia un extremo, haciendo que las dos arañas pasaran por encima y por debajo suyo sin llegar a tocarle. Aunque antes de finalizar el salto lateral otra araña se materializó y el asesino tuvo el tiempo justo para reaccionar desenvainando su espada y procurando un tajo limpio a el eldar. La caída no pudo controlarla bien y cayó bruscamente sobre el cadáver del eldar, terminando por rodando por la hierba empedrada. Antes de poder levantarse completamente comenzó a recibir golpes de todos los lados casi sin poder responder. Entonces cerró los ojos y se concentró al máximo, pudiendo sentir todo lo que ocurría a su alrededor. Colocó su puño neuronal hacia su izquierda y la araña se materializó con su antebrazo sujeto por el puño del asesino, esta no pudo zafarse de él y el asesino dirigió su otra mano hacia la runa del casco del eldar; sabía que sólo así podría acabar con todas...

Apareció en un lugar oscuro, aunque poco a poco mientras su mente se adaptaba como la retina se adapta a la oscuridad, fue distinguiendo unas llamas que comenzaban en un azul claro y terminaban en el amarillo más intenso; que se cerraban sobre él y no le dejaban escapatoria. El asesino no podía hacer nada al respecto, no podía controlar su cuerpo y tarde o temprano las llamas le consumirían; y cuando esto estaba apunto de pasar unas líneas rojas comenzaron a formar un túnel alrededor de él. No dejaban de moverse formando arcos de geometría perfecta, hasta que formaron una especie de jaula que no dejaba pasare las llamas disformes entre las que se podían ver distintas partes de galaxias de todo tipo. Dentro del túnel que se había formado se encontraban también las cuatro arañas de disformidad, se encontraban en la telaraña; el único lugar seguro de la disformidad para un eldar.


En cuanto las arañas vieron al asesino el terror se apoderó de ellas, aquí no tenían escapatoria; y, además, la telaraña controla las almas que se encuentran dentro de ella, pero el eversor no tenía alma. El asesino imperial fue adaptándose a los movimientos que podía hacer; flotaba y tenía total libertad de articulación, pero no podía impulsarse para desplazarse de un sitio a otro. El exarca activó el movimiento en la telaraña y las arañas y el eversor comenzaron a moverse a través del túnel, aunque la sensación que daban era que el túnel se movía mientras ellos estaban en el mismo sitio. Probablemente se dirigirían a un punto de seguridad brujo, lugares que los videntes creaban en la telaraña para asegurarse el control de los que por allí transitaban, sólo los seres con piedras eldar podían pasar a través de estas puertas, los demás serían destruidos.

Una de las arañas atacó al asesino para que perdiera el equilibrio en la telaraña y se precipitara a la disformidad. El eversor pudo esquivarlo y con mucha habilidad le golpeó la cabeza haciendo que fuera la araña la que perdiera el equilibrio. Ésta cayó a través de los hilos rojizos que formaban el túnel mientras su cuerpo se quemaba al traspasarlo antes de ser totalmente absorbida por las llamas disformes. El golpe que el eversor había propinado le dio suficiente apoyo como para llegar a otra de las arañas. El eldar fue muy rápido y trazó un arco con su cuchilla. El asesino se agachó y giró para hacer que sus pies perdieran equilibrio. La araña se quedó flotando ligeramente hasta que el eversor le propinó un golpe que la dejó atrás en el movimiento de la telaraña; probablemente también se perdería en la disformidad. No pudo alcanzar con su cuerpo a la tercera araña pero pudo desenvainar su espada para alcanzarla, sin tiempo para reaccionar la araña recibió un corte en el pecho y cayó hacia abajo siendo absorbida por la disformidad.


El exarca, después de ver como el asesino había acabado con todas sus arañas, se lanzó con furia hacia él en un salto impulsado desde ningún sitio; probablemente el impulso se lo diera su propia mente. El asesino no fue lo bastante rápido para evitar las dos cuchillas y recibió un corte en uno de sus brazos. Se fue distinguiendo un punto rojo a través del túnel que se acercaba a velocidad vertiginosa. El exarca agarró al asesino para que éste pudiera ver como se acercaba su propia muerte mientras llegaban al portal de seguridad brujo. El asesino pudo girar sobre sí mismo y poner al exarca delante. Logrando zafarse de sus garras clavó su puño neuronal en la runa del casco del exarca. Miró con su calavera sonriente a éste mientras le degollaba con su otro brazo en el que aún podía sostener su arma de energía.

El asesino cayó limpiamente en el suelo empedrado de una de las ruinas del mercado, mientras sostenía en una mano su espada y en la otra la cabeza del exarca clavada en las garras de su puño neuronal; esperó pacientemente a que sus toxinas se equilibraran para emprender el viaje de vuelta.

El Vidente Imrhamil'a recibió en su mente la señal de una piedra eldar perdida. Al momento se transmitió por energía psíquica el cuerpo que había traspasado el portal de seguridad. El cadáver degollado del exarca cayó al suelo delante de él.


FuentesEditar

http://www.warhammer40.net/halos.htm

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