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4º Clasificado en el III Certamen de Relatos Wikihammer 40k

Capítulo 1: Llegada a AlsantaEditar

Aún estremecía tras su paso por cada rincón de la galaxia los sonidos de los propulsores del Crucero de Asalto que nos llevaba al planeta Alsanta para lograr la misión para la que habíamos sido enviados: encontrar supervivencia humana tras los continuos ataques de la marea verde. Los Orkos habían conquistado Alsanta, un planeta alejadísimo de muchos controles imperiales, pero que en su interior había vida humana que comenzaba a ampliar sus posibilidades de lucha, y el adiestramiento era tan real como el despertar del sol. En el amplísimo informe donde recibimos las órdenes pertinentes, nos detallaban la posibilidad de que los supervivientes humanos estuviesen encerrados en el interior de una profunda prisión de uno de los palacios centrales. ¿Pero por qué fuímos los Lobos Espaciales los elegidos para esa misión que podría haber realizado cualquier otro Capítulo que tuviese soldados más cerca de Alsanta de lo que nos encontrábamos nosotros días antes? Tal vez fuese el destino o la casualidad, incluso puede que fuese una misión del mismísimo Leman Russ que nos guió hacia allí, pero estaba claro que nuestra inspiración de amparar a toda llamada de ayuda de la humanidad nos cautiva a un futuro que en muchas ocasiones nos lleva a combatir y alzar las palabras del emperador de igual manera que un Lobo de Trueno se enfrenta a menudo contra las tormentas gélidas fenrisianas.


Cuando aún faltaba poco para la llegada a Alsanta, una de las puertas ocultas de la nave emitió una luz cegadora segundos antes de comenzar a abrirse. En su interior, una silueta formaba la figura de un soldado de pelo largo vestido con su servoarmadura detallada con la piel de un lobo negro, y acompañado de una espada gélida. Nuestras piernas empezaron a titubear ante semejante acontecimiento, pero la calma se aproximó fugazmente. El hombre se alzó y comenzó a caminar hacia nosotros: era uno de nuestros más grandes Señores Lobo, el gran Ragnar Blackmane, versado en cientos de combates contra nuestros más molestos enemigos, y conocedor como pocos del valor que sentimos todos y cada uno de los Garras Sangrientas del capítulo. Una vez teníamos clara su imagen, nos miró a todos y cada uno de los allí presentes, alzó su espada gélida y nos dijo:

- ¿Sentís la mísma ansia que yo por acabar con esos apestosos pielesverdes? Pues acompañadme hermanos, porque hoy nuestros enemigos lamentarán haberse cruzado con nosotros una vez más. Por Russ!!-.

Una motivación de tal magnitud sería la que nos permitiría tomarnos esa misión con más soberbia si cabe, incluso más impulsados a ese combate de lo que estaríamos si nuestros rivales fuesen esos traidores de los Marines del Caos. Ragnar Blackmane nos dio las órdenes de tomar posiciones hacia cada una de las seis cápsulas de desembarco que nos permitirían caer justo en el centro de la oleada de orkos a la que debíamos combatir; el mismo Señor Lobo quiso liderar la Cápsula que tomaría tierra en primer lugar, así que se sumó a una unidad de cuatro valientes Guardias del Lobo con armaduras acorazadas Dreadnought. Los Exterminadores de los Lobos Espaciales son una unidad mítica en nuestro capítulo, y siempre que han liderado una unidad como Jefes de Manada lo han logrado incluso superando con creces los límites de cualquier ser humano; nos guían, nos adiestran y para todos y cada uno de nosotros son ejemplo a seguir en el campo de batalla (es por eso que a ninguno de los que íbamos a seguirles en la misión nos extrañó ver que Ragnar Blackmane quisiese ir acompañado de varios de ellos).


Las escotillas del navío comenzaron a abrirse para la salida de las insuperables cápsulas de desembarco. A pesar de que el cielo de Alsanta se tomaba de un tono rojizo como si una lluvia provocada por el dios de la sangre estuviese asolando el planeta, las cápsulas lograron abrirse espacio en la atmósfera del planeta, perforando a las nubes de forma demoledora y abriendo en ellas espacios amplísimos. Como era de esperar, al ser su cápsula la primera en despegar de la nave espacial, Ragnar y sus Guardias del Lobo fueron los primeros en pisar la tierra firme de Alsanta, a la espera latente del resto de nuestras cápsulas. Al observar la magnitud del terreno y del posible ataque enemigo, Ragnar Blackmane miró hacia todas partes visibles desde el punto de aterrizaje de la cápsula, y observó algo extraño e inquietante: los Orkos estaban comenzando a trabajar en una especie de Titán gigantesco, parecido a los típicos Gargantes que los Orkos llevan planificando desde hace siglos. Un centenar de esos horribles alienígenas rodeaban en varios puntos cercanos al Gargante en construcción. Apercibidos por el estruendo de las cápsulas, los Orkos sintieron que una amenaza se les aproximaba con la presencia de aquellos humanos de armadura gris; Ragnar Blackmane ordenó a sus Exterminadores que le acompañasen hacia el enemigo, diciendo:

-No os preocupéis hermanos, tenemos muchas posibilidades de acabar con el enemigo a pesar de que su número sea incontable a simple vista-.

Mientras la unidad de Ragnar avanzaba, cayeron nuestras cápsulas dispuestas a dar todo por lograr la misión y ayudar a nuestro Señor Lobo a conseguir la victoria. Se avecinaba un combate que se presumía sanguinario, y realmente así fue. Las tres últimas cápsulas, nada más llegar al planeta, dispararon sus lanzamisiles viento de muerte sobre la marea de pielesverdes, que perdieron a varias decenas de guerreros Orkos debido a las explosiones vandálicas de nuestros disparos de artillería. Nuestra fuerza de combate, aunque era inferior en número a la de los Orkos, estaba formada por la unidad de nuestro Señor Lobo y su Guardia del Lobo, otros diez Guardias del Lobo en otra cápsula, una treintena de Cazadores Grises armados con el insuperable armamento imperial, y nuestra unidad de valerosos Garras Sangrientas dispuestos a acabar pronto con esos Orkos; nos acompañaba el Sacerdote Rúnico Lupus el Sabio, conocedor de muchas sagas y contiendas de nuestro capítulo, además de que era un experto luchador y un acérrimo rival que los Orkos habían tenido que rivalizar en más de una ocasión.


Una jugada inesperada de los Orkos no nos hizo retroceder: parte del Gargante estaba en funcionamiento, al menos uno de sus brazos, el cuál se giró hacia nosotros y disparó sobre una unidad de Cazadores Grises que vió mermado su número de Marines ante la explosión del cañonazo alienígena. Cuando Ragnar vió que esa monstruosidad podría dar más de un dolor de cabeza, ordenó a una unidad de Cazadores Grises que había conseguido superar sin bajas ese disparo estremecedor, que se dirigiesen hacia el Gargante mientras todos nosotros nos asegurábamos de que el camino estuviese despejado. Para facilitar el trabajo, las cápsulas abrieron fuego por el flanco que los Cazadores Grises querían usar para acercarse al monstruo metálico orko, y de nuevo los disparos del lanzamisiles viento de muerte causaron estragos en las líneas orkas. Lupus el Sabio nos cubrió a los más cercanos con una tormenta psíquica que hacía imposible que los Orkos tuviesen una visibilidad clara hacia nosotros, lo cuál nos permitió avanzar hacia ellos sin temor alguno.

El combate comenzó justo en el frente de nuestro ataque, cuando Ragnar Blackmane y sus Exterminadores comenzaron a barrer a una unidad de Guerreros Orkos: Las garras del lobo y la combinación de escudos de tormenta junto a martillos trueno, se alzaban para abrir una gran brecha en las líneas de ataque de los Orkos. Percatados de lo que estaba sucediendo y lo que ello podía acabar aconteciendo, una unidad de cinco Meganobles Orkos dirigidos por un gigantesco Kaudillo se bajaron del Kamión que les conducía al combate, y asaltaron a la unidad de Ragnar. El odio de los alienígenas hacia la humanidad se hizo latente en cada golpe y grito que lanzaban al aire, viendo que sus rivales les estaban haciendo frente sin miedo alguno.


Por el lado derecho de nuestra ofensiva, nuestra unidad apareció de la nada al abrirse espacio por la nube psíquica para asaltar a los Guerreros Orkos. La invectiva de éstos no se hizo esperar, y el combate atroz se empezó a palpitar en el ambiente; los enfurecidos Orkos no desaprovechaban la ocasión de intentar acabar con nosotros ayudados por su rebanadoras, mientras que nuestras armas de combate hacían lo propio sobre los pielesverdes. La Guardia del Lobo que había bajado en su solitaria cápsula nos apoyó en ese combate contra el interminable número de líneas de Orkos; solo con su empuje los Orkos comenzaron a perder a incontables números de soldados en sus filas, lo que proporcionó que el combate fuese decantándose a nuestro favor.

Cuando el combate estaba alcanzando su momento álgido, una explosión trascendental se apreció cuando la nube de humo de disipó: los Cazadores Grises que habían corrido por el costado para dirigirse hacia el Gargante, consiguieron acabar con éste tras varios disparos de sus rifles de fusión y tras la colocación de varias granadas perforantes; posiblemente, los Orkos no habían tenido tiempo de haber activado los blindajes electrónicos que habrían aumentado la posibilidad de que el estrambótico robot hubiese soportado esos daños aparentemente indebles. Los Orkos, atónitos por lo sucedido, sólo pudieron entrar en cólera tras éste incidente que era el que les daba esos arrebatos hacia la lucha contra los Lobos Espaciales allí presentes. El momento de incertidumbre no fue desaprovechado por Ragnar Blackmane que, ante la situación de desorganización por parte de los Orkos, vió que el momento de acabar con los Meganobles había llegado; alzando su espada gélida y aullando como cada vez que la situación de combate lo requería, el Señor Lobo hincó hasta la mitad de la hoja de su espada en el corazón del Kaudillo que sangraba atónito por el golpe mortal que acababa de recibir en su cuerpo. Pero el Orko no iba a morir sin intentarlo una vez más, así que antes de sucumbir ahogado por su propia sangre, éste intentó golpear por última vez a Ragnar pero el Señor Lobo de la melena negra es poseedor de unos reflejos que ni siguiera un Señor Fénix Eldar puede igualar, y consiguió esquivar ese último golpe del Orko que hubiese supuesto un dolor incontrolable para Ragnar Blackmane de haber tenido éxito.


Los Exterminadores, a pesar de haber sufrido un número de bajas mínimo (ya que tan sólo dos de nuestros hermanos de esa unidad fueron víctimas de los golpes de instinto asesino de los Orkos) tuvieron energías para acabar con el resto de Meganobles. Los poseedores de los martillos trueno fueron capaces de inmolar a los Orkos de armadura pesada, estupefactos por lo que les acababa de pasar. Lo último que sus ojos pudieron ver es a los Exterminadores dándoles esos golpes que eran capaces no solo de aturdir, sino de dejar boquiabiertos al resto de las unidades de Orkos.

El resto de unidades de pielesverdes fueron abatidos en sus respectivos combates. Del total de Lobos Espaciales que habíamos comenzado el combate, habíamos sobrevivido Ragnar Blackmane, Lupus el Sabio, una unidad completa de Cazadores Grises y otra que había quedado reducida a tres Marines Espaciales, dos Exterminadores de la unidad del Señor Lobo, seis Guardias del Lobo y cuatro miembros de nuestra unidad de Garras Sangrientas.

-¿Veis hermanos? ¿Entendéis ahora el por qué nuestro Gran Lobo nos adiestra de una forma tan dura que ningún otro humano podría soportar para convertirse en un soldado del Emperador? Nuestros enemigos son numerosos, nos odian, pero sobre todo nos temen, y eso es algo que jamás debemos perder en un combate: nuestro honor de ser los Hijos de Leman Russ.-


Las palabras de ánimo de nuestro Señor Lobo nos hacían poseedores de una confianza que sólo un gran guerrero como él es capaz de implantar. Una vez dichas éstas palabras, Ragnar Blackmane ordenó por radio que un escuadrón de Land Speeders bajase del navío espacial y aterrizasen justo a dos kilómetros al norte de donde nos encontrábamos, puesto que esa era la más que probable dirección de la prisión donde supuestamente los Orkos habían retenido a muchos de nuestros hermanos humanos. Tras ésta acumulación de sucesos, nos pusimos rumbo andando en la dirección norte que nos marcó Ragnar. Minutos más tarde, la radio lanzó un pitido el cuál declaraba que íbamos a recibir un mensaje:

-Soy el piloto de uno del Land Speeders Alfa número 1. La prisión se torna de una forma desastrosa, aparentemente desde el exterior no se aprecia que haya vida en su interior.- Nuestro Señor Lobo les ordenó que tomasen posiciones de defensa mientras nos dirigíamos a la prisión a la cuál llegaríamos en breves minutos.


Capitulo 2: La prisión derruida.Editar

Al horizonte, alzado en una esbelta colina, se observaba un paisaje repleto de una arboleda verdosa que se hacía más fascinante con el paso de las horas, puesto que el anochecer se aproximaba. Justo en el centro de la colina, observamos la silueta de lo que nos daba a entender podría ser un edificio aislado en esa floresta gótica. Mientras nos aproximábamos al edificio, vimos tres luces parpadeantes semiocultas tras unos árboles que destacaban por los demás gracias a su gran tamaño. Tras un lapso de unos segundos, conseguimos alcanzar la zona de despliegue donde los Land Speeders habían tomado la posición.

- Gran Ragnar, nuestro Señor - dijo bajándose del vehículo el piloto líder del escuadrón Alfa. - Mientras esperábamos ocultos en éste emplazamiento, pudimos ver gracias a los prismáticos de uso nocturno que dentro del edificio, hacia el lado Este, se encuentra concentrado un grupo de cuerpos humanoides sin apenas moverse del mismo sitio. Además, son bastantes los movimientos que se ven por otras zonas de la prisión, lo cuál nos hace creer que es muy posible la presencia de soldados Orkos que los tienen cautivos -.

Ragnar, expectativo por lo que sus oídos agudos acababan de escuchar, se mostró cauto, reflexivo y circunspecto.

-Bien hermanos, ha llegado el momento de organizar el ataque final para lograr nuestro objetivo. Quiero que la unidad de Guardias del Lobo lidere el ataque por la zona Oeste para así despistar a los Orkos, atrayéndolos hacia ese lugar. Mientras, quiero que Lupus el Sabio dirija a la unidad de Cazadores Grises hacia la zona Este de la prisión y rescate a nuestros hermanos humanos allí confinados-.


Las palabras del Señor Lobo no se hicieron esperar. La unidad de Cazadores Grises bajo la tutela de Lupus el Sabio se ocultó en las sombras, de nuevo con una protección psíquica que les permitiría ocultarse bajo esa tormenta opaca. Ragnar Blackmane dividió a las unidades que nos dirigíamos a la zona Oeste, de forma que la Guardia del Lobo sería usada como cebo para atraer al exterior a los Orkos. Dicha unidad entró por una especie de puerta derruida que daba a un pasillo larguísimo que conectaba con otras tantas habitaciones.

La Guardia del Lobo, avanzando sin temor, se adentró en el pasillo mientras nosotros formábamos ocultos en el exterior esperando la salida de los pielesverdes. Un estruendo repentino provocado por la Guardia del Lobo en una de las habitaciones que localizaron deshabitadas, hizo que los Orkos corriesen desesperados hacia el pasillo central. Atravesando el fuego provocado por la explosión de la granada, los Orkos se acercaban, dementes, a los soldados lobunos; pero aunque el pasillo les anulaba el número, no quitó que su codicia fuese borrada por tal situación. Se acercaron lo más que pudieron a los Guardianes del Lobo que, guiados por las órdenes recibidas, corrieron por el pasillo que acababan de recorrer, retomando la posición pero a su vez disparando varios disparos de sus combilanzallamas. Al llegar a la puerta, el fuego salía casi a la vez que los Marines Espaciales, ventanas llameantes eran la señal de que el enemigo no se detendría a pesar de la situación. Los Orkos llegaron a la puerta y comenzaron a salir al exterior buscando a esos humanos que les habían sorprendido en el pasillo, pero era tarde. A pesar de que los pielesverdes contaban con una treintena de soldados, el combate se había desequilibrado grácias a los disparos previos al combate dentro de la prisión.

El asalto de las unidades que nos habíamos quedado a la espera de ese acontecimiento se llevó a cabo; Ragnar Blackmane nos inspiró para avanzar hacia esos dementes alienígenas verdosos que, sorprendidos por el ataque nocturno hacia su prisión, se habían quedado atolondrados ante el repentino ataque de los Lobos Espaciales. Minutos después, lo que había sido una unidad de Guerreros Orkos, se había convertido en una pequeña montaña de cadáveres verdosos rodeados por los casquillos de las ráfagas de bolter, y por un charco de sangre que incluso había quedado marcado en algunas de nuestras armas de combate.


Una vez lograda la victoria, nos dirigimos a la zona Este en busca de Lupus el Sabio y del resto de nuestros hermanos de manada. Vimos como se aproximaban a nosotros, guiando a todos y cada uno de los supervivientes prisioneros, logrando así cumplir la orden que el Señor Lobo les había decretado. -Avisad al navío para que nos envíen ahora mismo una cañonera Thunderhawk que nos recoja de inmediato- ordenó Ragnar Blackmane una vez había visto que el Sacerdote Rúnico estaba lo bastante cerca como para estar bien seguro de que se encontraban todos en plenas condiciones.

Una vez tomó tierra la cañonera Thunderhawk, embarcamos en la nave que nos llevaría al espacio exterior para volver a nuestro planeta natal. Nuestras dañadas armaduras alteraban esa apacible tranquilidad que habíamos tenido horas antes de nuestro ataque, y las sombras de nuestros bolters descargados nos animaban a ver el futuro de forma expectante. Ya en el interior del navío espacial, cada uno de nosotros tomó asiento para descansar durante el largo viaje que nos llevaría de nuevo a Fenris; nuestro añorado planeta siempre nos daba ese valor que a veces se pierde cuando pasamos mucho tiempo sin pisar sus frías tierras. La templanza que invade las calles de El Colmillo nos renueva nuestras apetencias para volver de nuevo a la próxima batalla con ganas de vencer hasta perder nuestro último aliento.


El espacio disforme, frío y solitario, en ocasiones queda perturbado por explosiones provocadas por ataques de alienígenas y de traidores, pero curiosamente, éste viaje estaba siendo bastante tranquilo. Pasaron varios días hasta que llegamos a la frontera del sistema Fenris; desde las ventanas del navío espacial se observaba la paz que suele haber en las inmediaciones de nuestro añorado planeta. El crucero de asalto tomaba la posición de aterrizaje natural adentrándose en la atmósfera álgida de Fenris con un movimiento típico de cualquier navío dispuesto a llevar su función de descender al lugar seguro destinado a éste fin.

- Hermanos de manada - dijo uno de los pilotos. - Nos disponemos a tomar tierra. Nuestra llegada a Fenris acaba de producirse con total normalidad -. Una vez aterrizamos, se abrió una de las puertas de desembarco del navío y, por sus empinados escalones, comenzamos a bajar del crucero de asalto. La bienvenida no se hizo esperar por nuestros hermanos que nos aguardaban con total felicidad por ver que habíamos conseguido volver con casi todos nuestros efectivos tras resolver aquella misión.

– Os habéis ganado una cena digna de cualquier dios de la victoria - nos dijo el Señor Lobo Ragnar Blackmane allí presente. - Así que no dudéis en disfrutar de todos y cada uno de los manjares que saciarán nuestro apetito -.

El festín que pudimos ver momentos después era enorme; las mesas parecían temblar cada vez que una jarra de hidromiel se posaba en ella, y las enormes bandejas llenas de alimentos se quedaban vacías por momentos. Fue sin duda uno de esos banquetes que jamás olvidaremos los allí presentes.


Capítulo 3: La visión inesperada.Editar

- Me vais a tener que disculpar hermanos, pero en breves momentos nos reuniremos los Sacerdotes Rúnicos para rezar nuestras plegarias a nuestro primarca.

Debo retirarme - nos dijo Lupus el Sabio mientras le levantaba de su silla y se perdía tras una de las puertas donde le esperaban ya varios de los Sacerdotes Rúnicos del capítulo. Es bien sabido por todos nosotros que los Sacerdotes Rúnicos en ocasiones son capaces de ver lugares insospechados e incluso en algunas ocasiones pueden visionar mensajes de Leman Russ que se convierten en órdenes para ellos y nos las transmiten a nosotros como misiones a cumplir. Los deberes y mandamientos de nuestro primarca deben ser respetados por todos, puesto que sabemos que grácias a ello algún día él volverá a nosotros como nos prometió antes de desaparecer. Pasaron las horas, y el festín llegaba a su desenlace tras haber apurado toda la comida; incluso se podía observar que ninguna de las jarras de la mesa tenía alguna sola gota de hidromiel en su fondo. Pero la vida de un Lobo Espacial no es sólo alegría y diversión: el deber siempre nos acaba volviendo a llamar. Mientras los últimos Garras Sangrientas nos levantábamos de la mesa, se abrió la puerta por donde rato antes los Sacerdotes Rúnicos habían entrado. Por ella salieron todos ellos menos salvo Lupus el Sabio; uno de los otros Sacerdotes Rúnicos dijo: - no os preocupéis por nuestro hermano Lupus. Saldrá cuando haya terminado su labor espiritual. En estos momentos no debe ser molestado -. ¿Qué estaría ocurriendo tras esa puerta? La incógnita misteriosa nos llegaba a todos, pero en cambio los rostros de los Sacerdotes Rúnicos parecía sosegado, como si estuviesen acostumbrados a presenciar trances de esa magnitud.


Esos momentos de incertidumbre común nos dejaban una letanía que todos teníamos que pasar sosegadamente como pudiéramos. Perseverar ante situaciones así nos dejan un mal sabor de boca, como si no supiésemos que hacer en esos instantes. Así que cada uno de nosotros se entretuvo con lo que pudo, mirando a los cielos, observando el movimiento de las hojas de los árboles a través del viento, o incluso analizando el por qué el mar fenrisiano tiene esas aguas tan purificadas. Varias horas más tarde, esa incógnita comenzaba a romperse.

– Siento mucho que hayáis tenido que esperar tanto tiempo, hermanos míos – dijo Lupus el Sabio nada más cruzar la puerta que acababa de abrir desde dentro. – Como sabéis, en algunas ocasiones nosotros, los Sacerdotes Rúnicos, tenemos esas visiones que nos dejan como estatuas gélidas por momentos. Pues sí, he tenido una percepción de algo insólito para mí: se trata de un mensaje de nuestro padre Leman Russ – nos dijo a pesar de lo atónitos que nos estábamos quedando los más jóvenes allí presentes, sorprendidos por la rareza de la situación. – Estad preparados porque … - se frenó en sus palabras ante el Señor Lobo.

– Ha vuelto a ocurrir, ¿no es cierto?- Hablaba Ragnar Blackmane cortando las palabras de Lupus. – Hacía muchísimo tiempo que nuestro primarca no nos veneraba con su presencia en forma de órdenes. ¿Qué nos pide nuestro padre?– preguntó el joven Ragnar.


Un nuevo cometido nos espera hermanos. Nuestro progenitor nos encomienda una nueva Gran Cacería. Ha llegado el momento en el que debemos volver a buscar a su persona, y sí, el Ojo del Terror vuelve a ser el destino al que su guia nos llevará para buscarlo una vez más- fueron las últimas palabras de Lupus el Sabio. Tras éste espacio de tiempo, pasaron varios días hasta que las palabras volvieron a formar alguna frase de su boca. Una vez escuchadas todas éstas palabras, el compromiso de Ragnar Blackmane quedaba reflejado en sus ojos. Con un giro inesperado, se dirigió hacia las escaleras legendarias que conducían a la sala donde el Gran Lobo dirigía a todo el capítulo. En esa sala sólo los que han llegado al grado de Señor Lobo o algún carácter valioso dentro del capítulo tienen el honor de poder presenciar el vetusto despacho de nuestro querido Logan Grimnar. Minutos más tarde, bajaba el joven Ragnar con rostro serio pero con una sonrisa disimulada que intentaba ocultar pero que sus ojos confirmaban la evidencia.

– Espero que vuestras servoarmaduras estén listas y que los cargadores de los bolteres estén repletos de balas, porque estamos a punto de dirigirnos hacia el Ojo del Terror. Yo seré el encargado de llevar a cabo dicha misión. El Gran Lobo confía en todos y cada uno de nosotros, y me ha pedido que use todos los medios que necesite- hablaba el joven Ragnar mientras aún le faltaban varios peldaños para acabar de bajar la escalera.


Misiones de éste tipo suelen ser escasas y solo los privilegiados han podido tener el placer de participar en semejantes cometidos. Recuerdo que durante nuestro adiestramiento para ser Lobos Espaciales completos, uno de los Sacerdotes Lobo que nos instruían nos contaba historias de tiempos remotos, en que el capítulo se vió visto a cambiar sus planes de batalla por completo para dirigirse a otra misión provocada por una honorable visión de nuestro padre. Todos los que éramos aprendices soñábamos con el momento de agarrar una espada sierra y comenzar a demostrar nuestro valor en combate contra enemigos y traidores. Palabras que quedaron marcadas en nuestras mentes y que a día de hoy, tras el paso del tiempo, vuelven a resurgir con fuerza debido a la actualidad del momento presente. Los preferidos del Rey Lobo, así llamábamos a los que tenían el honor de haber participado en cada Gran Cacería. Sus nombres no quedaban archivados en carpetas invisibles, sino que antes de partir, todos y cada uno de los soldados escribía su nombre en la parte superior de una gran piedra gélida; una piedra que se estaba quedando sin espacio donde escribir más apelativos, pero que seguro que el día que esté completada, los Sacerdotes de Hierro buscarán otra roca de tamaño similar.


Volviendo al momento donde Ragnar Blackmane nos relataba la incumbencia que en breve nos aguardaría, todos los que nos encontrábamos allí nos quedamos un poco estupefactos ante la rareza de la situación. Física y mentalmente estábamos más que preparados para afrontar esa misión que nos aguardaba, pero al tratarse de un objetivo que sólo los mejores han podido afrontar y superar para contar más tarde, nos empezó a invadir una sensación de poder y deber que jamás antes habíamos sentido en nuestro interior. Cientos de hombres formábamos la compañía de Ragnar Blackmane, y estábamos dispuestos a hacer frente a semejante momento; los servidores comenzaron a preparar todo el equipo disponible de armas de disparo lejano y de colmillos y hachas gélidas de combate para que no fuésemos con las manos vacías y acabásemos sorprendidos por algún rival desconocido. La flota se estaba preparando para partir en breve, mientras la noche llegaba a la zona de Fenris donde se encuentra el Colmillo; una lluvia fugaz de estrellas nos guiaba y animaba a embarcar hacia ese futuro incierto donde la guía de Ragnar Blackmane nos iluminaría en todos los más oscuros y tétricos lugares escondidos en el infernal Ojo del Terror.

Lupus el Sabio seguiría con nosotros dándonos esa bendición psíquica de la que era experto en manejar; confiábamos que su apoyo nos sería de gran utilidad en la batalla, como un lanzallamas es capaz de freír a decenas de guerreros Eldars Oscuros. Todo estaba preparado para el gran viaje que nos llevaría al desconocido y obsoleto Ojo del Terror, donde todos los temores y pesadillas son reales, y la cordura parece desaparecer ante los miles de enigmas demoníacos que allí pueden llegar a pasar.


Capítulo 4: Un nuevo enemigo.Editar

Las tres naves de la flota que nos dirigíamos a alcanzar una de las misiones más complicadas que jamás haya tenido que afrontar nuestra Gran Compañía, surcaban el espacio a una velocidad vertiginosa. Es sabido por todos nosotros que el Ojo del Terror está a cierto alcance cercano de Fenris, por tanto no deberíamos tardar en llegar hasta allí. El espacio parecía gritar de dolor conforme nos acercábamos a los mundos reinados por el Caos, de donde se dice que si algo o alguien entra, jamás volverá a salir; y si lo consigue, nunca volverá a ser como fuese en su anterior vida o forma. Unas pocas horas más tarde, ya se observaba el gran agujero negro central que puede verse a varios años luz, y es señal clara de que el Ojo del Terror se encuentra allí. La compuerta de donde los mejores guerreros ocupaban su sala de la nave se abrió, y de ella aparecieron el joven Ragnar, Lupus el Sabio y varios Sacerdotes Lobo y de Hierro.

– Señor, ya falta poco para encontrar el lugar al que nos debemos dirigir- comentaba Lupus el Sabio a Ragnar Blackmane mientras se dirigían hacia la cabina de pilotos, donde finalmente entraron Ragnar y Lupus.

Mirando por las ventanillas de la nave, todos podíamos contemplar que el mal se estaba haciendo notar con varias tormentas de lluvias ácidas y demoníacas; un orvallo de meteoritos hacía su presencia, y las naves debían cambiar sus rutas para poder esquivar esos destrozos espaciales. De pronto, las naves se pararon en seco a las puertas de un planeta donde la extrañeza de su exterior nos dejaba boquiabiertos ya que nunca habíamos visto algo así; el planeta tenía una atmósfera muy oscura que parecía que se trataba de otro agujero negro, pero lo más extraño era que estaba rodeado por dos anillos extrañísimos. El primero poseía una postura vertical, era de color rojizo y ardía como si fuese fuego infernal; el segundo, el horizontal, estaba formado por un blanco azulado escalofriante, como si de él emanase el mismo hielo fenrisiano. Una situación tan aterradora era la que abría las puertas a nuestra llegada a ese planeta.

– Observad hermanos, ¿os parece terrorífico ese planeta? Pues preparaos, porque es en él donde debemos aterrizar para completar las órdenes de nuestro primarca- dijo Ragnar Blackmane nada más salir de la cabina de pilotaje. -Éste planeta esconde peligros inmundos, y las ilusiones más incomprensibles aquí son reales. No os dejéis embaucar, y confiad en vuestros compañeros. ¡Por Russ, armad vuestros bolteres!-.

Las palabras del Señor Lobo nos hacían olvidar que estábamos a punto de enfrentarnos a nuestro peor destino, y ese ánimo nos volvía a sentir que podríamos salir victoriosos de la misión y volver a Fenris a levantar una buena jarra de hidromiel.


Las naves se pusieron en formación de aterrizaje, y todos ocupamos nuestras posiciones. Cápsulas de desembarco y thunderhawks estaban listas para abordar ese planeta desconocido, mientras que los ocupantes de los mismos ya ansiábamos pisar el suelo de ese planeta. El aterrizaje fue más factible de lo que nos esperábamos. Un planeta oscuro desde el cielo hasta su tierra firme era lo más característico del lugar donde estábamos. Caímos en una especie de bosque caótico donde los árboles son troncos secos y arraigados con formas anormales debido al ambiente pérfido del caos. Una vez todos en tierra, Ragnar quiso que fuésemos avanzando hacia el norte caminando, usando los rhinos y land raiders como cobertura, mientras caminábamos en formación de ataque. El suelo parecía lava en muchas zonas de un camino que nos conducía hacia un destino incierto.

De repente, el cielo empezó a graznar ya que se abalanzaba hacia nosotros toda una bandada de cuervos demoníacos, llevados por una ira que sólo sus ojos rojizos hacían vaticinar. Arremetieron contra nosotros en pocos segundos, y nos agobiaban mientras intentaban picarnos con sus duros picos que mellaban en determinadas zonas de las servoarmaduras. De pronto, Lupus el Sabio levantó su báculo y emitió una luz cegadora que ahuyentó a esos condenados seres de los que no volvimos a tener presencia alguna.

-Contemplad el cielo- dijo Lupus alzando su mirada hacia arriba. -¿Verdad que es terrorífico? Doy fe de que acabaremos encontrándonos algo aún más turbador en nuestro camino-. Sólo los años de combate hacen que un marine espacial sea capaz de vaticinar éste tipo de acontecimientos; Lupus había luchado contra el caos incluso en ocasiones cuando los demonios parecían superar en varias decenas a la fuerza del sacerdote rúnico.


Continuamos el avance hasta que minutos más tarde pudimos divisar a lo lejos una especie de ciudad o poblado ruinoso, donde se podía apreciar en su centro una especie de edificio parecido a los que los marines del caos usan para alabar a los dioses del caos. Una gran puerta cerrada parecía ser la que se usaba de acceso a la ciudad derruida. De repente, escuchamos los disparos de armas lejanas que tenían como objetivo a todos nosotros. Una explosión de plasma abrió un agujero en el suelo donde varios de nuestros hermanos fallecieron por el impacto; desde nuestra posición, se divisaban a algunos aniquiladores con armaduras que combinaban el plateado con el amarillo, tal y como hacían los Guerreros del Hierro.

–Llegó nuestro momento. ¡A por ellos hermanos!- gritó Ragnar Blackmane para que atacásemos a toda prisa la ciudad. Varias motos y land Speeders avanzaron hacia la puerta para intentar destruirla y que al llegar nosotros pudiésemos acceder adentro sin presión alguna. Más disparos de plasma se presenciaban, siendo las motos ésta vez las que los sufrieron en sus carnes, expirando tres de nuestros hermanos garras veloces. Mientras tanto, los land Speeders con sus cañones de fusión terminaban de abrir la puerta, pero nada más lograrlo, una explosión atronadora como de un gran fuego de artillería los dejó desintegrados; se podía apreciar a lo lejos un Vindicator de la legión traidora con su cañón humeante tras el fogonazo.

–Entrad sin temor, hermanos- decía Lupus mientras creaba una tormenta de protección sobre todos nosotros. Los disparos enemigos no lograban impactarnos debido a la ocultación psíquica que teníamos, y pudimos entrar libremente a la ciudad ruinosa. Disparando a ambos lados, los cazadores grises vaciaban los cargadores de sus bolteres sobre los marines de los Guerreros del Hierro, que poco podían hacer ante unos enemigos casi invisibles. Una unidad de garras del cielo ascendió a las torres donde los aniquiladores habían disparado hacia nosotros, comenzando así un encarnizado combate que los mantendría ocupados durante varios minutos, los que necesitaron los Lobos Espaciales para deshacerse de los cinco aniquiladores; no obstante, la unidad de garras del cielo tuvo un leve número de bajas antes de conseguir vencer a todos los inagotables aniquiladores.


Nuestro avance hacia el edificio central era constante pero esporádicamente nos salían al paso decenas de Guerreros del Hierro dispuestos a detenernos.

-¡Que los Razorbacks disparen sus cañones láser sobre el Vindicator!- ordenaba Ragnar Blackmane mientras combatía a una unidad de elegidos.

Los enrabietados traidores intentaban malherir al señor lobo, pero su saga no iba a dejar de avanzar por culpa de esos traidores; esquivando ataques y lanzando golpes demoledores con su espada gélida, el joven Ragnar destruyó prácticamente él sólo a esa unidad de elegidos con la que se había trabado en combate, incluyendo a su paladín que poco pudo hacer contra el salvaje carácter del señor lobo. Una vez mermadas las fuerzas traidoras, sólo se veía en pie al Vindicator del caos que acabó destruido por los precisos disparos de los razorbacks. –Nos dirigimos al edificio central. Es ahí donde nuestra misión concluirá- nos hablaba Ragnar mientras sacaba su espada gélida del casco de uno de los elegidos.


Piedras de enorme tamaño formaban los pilares y paredes exteriores de ese diabólico edificio que alcanzaba una altura más alta incluso que la de un titán; tenía forma de torre con pocas ventanas y sólo una puerta de acceso, pero ocupaba en el suelo muchísimos metros de ancho. Nos sorprendió su diseño, puesto que nunca antes habíamos visto algo parecido; es más, los edificios que los traidores suelen levantar para honrar a los dioses del caos conocidos suelen tener dibujos o formas que recuerdan a su respetado demonio, pero en éste caso todo lo que habíamos vivido parecido a éste momento era totalmente diferente, como si un misterio oculto bajo ese edificio nos fuese a dejar pasmados en las horas venideras.

–Cautela hermanos, el sigilo debe ser nuestro aliado en ésta misión- murmuraba Lupus el Sabio conforme accedíamos al edificio central. Un pasillo con habitaciones vacías de vida a ambos lados nos llevaba hasta unas escaleras que ascendían a una serie de pisos que posiblemente nos harían alcanzar la parte más alta de la torre.

–¡No, imposible, han conseguido llegar hasta aquí!- gritaban desesperados algunos cuantos Guerreros del Hierro que guardaban el segundo piso de la torre. Apoyados por Lupus, nuestra unidad de garras sangrientas se abalanzó sobre esa decena de traidores, que poco pudieron hacer frente a nuestros frenéticos ataques. Al fondo, vimos una especie de baúl antiguo, cerrado con un candado roto que no nos impidió su apertura; una especie de manuscrito ambiguo yacía en su fondo junto con varios trapos agujereados por el tiempo. Unas letras de un idioma que jamás habíamos leído formaban un párrafo junto a unas gotas de sangre creíblemente de algún demonio. –Yo intentaré traducirlo- nos dijo Lupus mientras lo cogía del fondo del baúl. –Sigamos avanzando-.


El tercer piso tenía algo extraño, ya que en la parte central había en el suelo algo inimaginable en ese lugar: una especie de vórtice oscuro que emanaba algunas llamaradas insignificantes. ¿Por qué estaría allí? Pronto lo sabríamos, ya que Ragnar se acerco para observarlo y nos avisó.

–Echad un vistazo, esto no es posible. Lo que se ve ahí abajo es antinatural-. Bajando nuestras miradas hacia el interior de ese vórtice, pudimos ver que había varios herreros de la disformidad tratando de implantar trozos metálicos en los brazos y piernas de unos seres de aspecto demoníaco del tamaño de un desangrador pero de un aspecto distinto a éste; cabezas con forma de dragón y cuerpos humanoides con pinchos saliéndoles del pecho y espalda. Éstos seres no parecían sentir dolor mientras los herreros disformes atornillaban a placer esas placas metálicas que presumiblemente fortalecerían sus poderes. Un casquillo de bala de bolter que alguno de nosotros empujó sin pretenderlo fue el que levantó nuestra posición.

–Leales, son leales. No podemos permitir que salgan vivos. ¡Activad ahora mismo a todos los demonios!- gritó el herrero de la disformidad que parecía dirigir todo lo que allí acontecía. Los seres extraños se alzaron de sus mesas de experimentos, miraron hacia arriba con un odio en sus bocas que parecían las de un mastín de khorne, y saltaron hacia arriba como si sus piernas semirobóticas tuviesen la habilidad de una diablilla de slaanesh. En pocos segundos, una habitación que había sido reinada por la tranquilidad se convirtió en una zona de combate donde Lobos Espaciales y esos demonios metálicos nos enfrentábamos en unos duelos de los que jamás ningún mortal ha tenido la suerte de imaginar.


Capítulo 5: Dos fascinaciones.Editar

Brutales golpes se sucedían entre nuestra fuerza de combate y los demonios; incluso la guardia del lobo enfundada en armaduras de exterminador parecía formada por soldados ineptos ante la astucia y deseo de esos demonios capaces de luchar contra una fuerza que les superaba en número. Si nuestro ataque a la torre había sido formado inicialmente por cincuenta hombres, el número de demonios era de unos veinte, aunque la rapidez de sus movimientos de ataque parecía que no les afectaba ser superados por tantos marines espaciales. Ragnar y Lupus, viendo que el combate era igualado pero confiados en que lograríamos la victoria, saltaron hacia el vórtice oscuro con la intención de acabar con los herreros de la disformidad. Mientras Lupus aterrizó cerca del jefe de éstos, Ragnar cayó sobre uno de los otros herreros disformes acabando con su vida; sus otros tres hermanos fueron a por él para vengar su muerte, mientras Lupus se enfrentaba al líder de los herreros en un combate desigualado por parte del lobo espacial que, intentando alzar su báculo, no se fijó que el pergamino antes arrebatado se le había desprendido de uno de sus bolsillos.

–Lamentarás haberlo traído- dijo burlándose el líder de los herreros disformes, cogiéndolo del suelo y golpeando a Lupus en el estómago. El solitario jefe se puso a leer en voz alta el manuscrito mientras sus tentáculos golpeaban al sacerdote rúnico en el suelo.

Por su parte, Ragnar Blackmane conseguía exterminar a los otros tres herreros de la disformidad sin apenas llegar a desempeñar todo su potencial. Tras acabar con el último de los traidores con los que combatía, se giró hacia el duelo de Lupus y el herrero paladín momentos antes de que éste terminara de leer el párrafo que incluía el manuscrito. De repente, su cuerpo empezó a brillar con una luz que no llegaba a cegar pero que sí iluminó esa zona de forma radiante; Lupus el Sabio salió despedido varios metros hacia la posición de Ragnar. –He cometido un fallo enorme, mi señor. Ahora los poderes de éste ser se multiplicarán- le hablaba Lupus a Ragnar Blackmane. El paladín de los herreros se empezó a transformar en un príncipe demonio del mismo estilo corporal de los demonios que habían ascendido por el vórtice, pero de un tamaño bastante superior al de éstos, con unas alas mecánicas que seguramente le darían el poder de volar. El príncipe demonio arremetió sobre Ragnar Blackmane en un combate despiadado e igualado que comenzaba a producirse en esa sala.


Por nuestra parte, el combate con esos demonios estaba siendo igualado pero poco a poco se estaba decantantando a nuestro favor. Parecía sus partes metálicas se quedaban paralizadas que por momentos y en esa situación su defensa bajaba y los dejaba a placer de cada uno de nuestros golpes. Una vez acabó la batalla, los supervivientes nos aproximamos al vórtice observando el duelo bestial entre nuestro señor lobo y ese príncipe demonio, mientras Lupus conseguía recuperarse y levantarse del suelo.

–¿No perdáis ni un segundo, subid hacia la última planta y traednos el arma que allí se encuentra. Rápido!- nos gritó Lupus el Sabio para que nos despertásemos de ese momento estancado. Rápidamente y siguiendo a los exterminadores de la guardia del lobo, ascendimos hacia la cuarta planta donde, al abrir la puerta de acceso, vimos como al fondo quedaba una especie de armario sin acristalamiento con puertas de metal y con una cerradura soldada. Con el golpe de un hacha gélida, uno de los exterminadores pudo romper la cerradura y abrir el par de puertas del armario; en su interior se encontraba una especie de gran espadón gélido poseedor de una gran hoja afilada. Para poderla levantar, hizo falta la ayuda de cinco exterminadores pues el arma era muy pesada.

Una vez sacamos ese espadón del aparador, bajamos los escalones del pasillo para volver a esa tercera planta donde el resplandeciente vórtice seguía ardiente y a la vez relampagueante. Al asomarnos por el agujero, el combate entre Ragnar Blackmane y el Príncipe Demonio parecía haber llegado a su apogeo cuando el demonio soltó un violento y feroz golpe con uno de sus puños que el joven señor lobo no pudo esquivar; el impacto dejó marcada la forma de su mano cerrada en la armadura de Ragnar, lo que le provocó pasar unos segundos en los que apenas podía respirar. Lupus, en otro rincón de la sala, apenas podía moverse del suelo; sólo su cabeza mirando hacia nosotros parecía ser el único movimiento que su endeble cuerpo era capaz de producir en esos instantes.


De repente, el báculo rúnico de Lupus comenzó a brillar tal y como lo hizo cuando aquellos cuervos nos atacaron al pisar el suelo de ese planeta, y el Príncipe Demonio se detuvo girando su cuerpo hacia Lupus.

–Bonita arma humano, quedará genial en la sala de trofeos de mi dios jajajaja- se burlaba el Príncipe Demonio mientras completaba su movimiento hacia la zona donde se encontraba el sacerdote rúnico.

–Reza lo que sepas a tu querido primarca porque, aunque hace poco haya pasado por éste planeta, su incontrolable voluntad le hizo volver a desaparecer en la penumbra-. ¿Qué fue lo que quiso decir el demonio? ¿Realmente el gran Leman Russ había pasado por allí tiempo antes de que llegásemos nosotros? Ya sabemos que un demonio conoce cada uno de nuestros pensamientos, y no titubea si tiene que decirnos un puñado de mentiras con tal de intentar que el pánico nos invada. No estábamos seguros, pero ese arma que acabábamos de encontrar era exactamente idéntica a la que portaba Leman Russ en la estatua que hay en su palacio en El Colmillo; una estatua de hielo que fue creada al más minucioso detalle para que fuese lo más exacta al gran primarca.

Observando la espada, Lupus el Sabio se agarró a su báculo, se comenzó a levantar mientras el demonio continuaba caminando pausado hacia él. Él báculo seguía brillando y, al cogerlo Lupus, su poder volvía a estar completo. De repente murmuró unas palabras que empezaron a crear un torbellino en esa habitación espantosa donde las cadenas oxidadas parecían quebrarse debido a la ráfaga del poder del sacerdote rúnico. El Príncipe Demonio se quedó paralizado unos segundos antes de decir:

-¿Crees que con esto vas a vencerme, humano?-.

–Nunca te dejes engañar por el aspecto de un lobo espacial magullado, o lo acabarás lamentando- le respondió Lupus el Sabio. El tornado terminó de formarse, pero apenas levantaba tres metros de alto desde el suelo; dirigiendo su bastón hacia delante, el sacerdote rúnico hizo que el tornado fuese directamente hacia el Príncipe Demonio, pero apenas le rozó.

–Ya te advertí que no podrías dañarme con ese cosquilleo de viento- le recriminó el demonio que seguía su avance hacia Lupus. –Eres tú el que ha pensado que el tornado era un ataque- sorprendiendo el Sabio con éstas palabras a todos los que podíamos escucharle. El poder en forma de tornado alcanzó a Ragnar Blackmane que aún continuaba dolorido por el golpe antes recibido; a la espalda del demonio, el torbellino comenzó a levantar a Ragnar Blackmane hasta que pudo ascender fuera del vórtice donde nos encontrábamos nosotros, dejando al señor lobo en el suelo y boquiabierto al ver de cerca el espadón que acabábamos de recuperar.

–Por el Emperador, pero si es Mjalnar. Es imposible- dijo Ragnar Blackmane al observar por completo dicha espada. Era bien sabido por todos nosotros que Mjalnar era la espada gélida que el gran Leman Russ portaba cada vez que combatía, al escuchar su nombre saliendo por la boca de Ragnar Blackmane todos nos quedamos asombrados al relacionar ese nombre con el espadón.


De repente, Ragnar Blackmane comenzó a quedarse estancado mientras su cuerpo parecía cubrirse de una fina capa de hielo que le llegaba desde los pies hasta el último pelo de su negra melena. Pasaron unos minutos hasta que de nuevo pudo moverse puesto que el hielo que le cubría se comenzaba a derretir.

–Rápido hermanos, moveos deprisa, debemos salir de éste edificio- dijo el joven Ragnar a todos los que estábamos allí. –Pero señor, que ocurre con el hermano Lupus?- le pregunté yo puesto que todos sabíamos que el sacerdote rúnico aún estaba recibiendo golpes del Príncipe Demonio en ese agujero. Justo cuando terminé mi pregunta, vimos cómo emanaba del vórtice un nuevo destello de iluminación hacia fuera del mismo, que nos dejó cegados por unos segundos a pesar de que estábamos retirados a varios metros del vórtice. Una vez recuperamos la visión, el agujero no estaba y el suelo de madera crujiente se mantenía en toda la habitación incluso en la parte donde se encontraba antes el agujero.

–El hermano Lupus se ha sacrificado por todos nosotros. Ha conseguido que ese Príncipe Demonio jamás salga de esa dimensión que estaba comenzando a crear. Cuando me habéis visto en ese estado tan extraño como si mi cuerpo se congelara, era porque Lupus mentalmente se estaba comunicando conmigo y me decía lo que tenía pensado hacer- se expresaba Ragnar Blackmane al ver nuestras miradas extrañas y llenas de preguntas.

Estancados por la situación que acabábamos de presenciar, el señor lobo se irguió y dio un paso adelante hacia la zona donde se encontraban las escaleras.

-Vayámonos, hemos logrado nuestra misión. Que dos cazadores grises ayuden a los exterminadores para que el transporte del espadón sea más rápido- nos ordenó el joven Ragnar mientras descendíamos hacia salida del edificio. Una vez fuera del mismo, pudimos apreciar como una de nuestras cañoneras Thunderhawk aterrizaba a nuestro lado para transportarnos a la flota espacial. Una vez embarcados en la nave espacial, nos pusimos rumbo a Fenris. El señor lobo nos animó por la labor que acabábamos de realizar para lograr nuestro objetivo, y fue el que vigiló personalmente a Mjalnar hasta llegar a nuestro frío planeta. Horas después nuestro sistema planetario se apreciaba en los radares de la nave, y el aterrizaje se llevó nada más entrar a Fenris. Al descender por la compuerta de descenso a tierra firme, pudimos observar como el gran lobo Logan Grimnar y su guardia del lobo personal formaban una cálida bienvenida junto a todos los hombres de las demás grandes compañías; Todos se arrodillaron cuando vieron a los exterminadores de la guardia del lobo y a Ragnar bajar con el espadón gélido que había usado hace cientos de años nuestro primarca.

–Habéis logrado una de las más grandes misiones que jamás haya tenido que soportar nuestro capítulo. Nuestro primarca estaría incluso más orgulloso que yo de vuestra labor. Llevad el arma al palacio del gran Leman Russ y dejadla en la estantería que él mismo usaba para mantener esa espada cuando no combatía- ordenó Logan Grimnar a los que portaban el arma de nuestro primarca. El mismo gran lobo acompañó a Ragnar y a sus exterminadores hasta el palacio del rey lobo donde Mjalnar quedó finalmente aposentada en ese mismo estante que guardaba la forma exacta del arma que encajó perfectamente como si los siglos no hubiesen pasado para ella.

El festín no se hizo esperar, y todos los marines espaciales que en ese momento nos encontrábamos en el Colmillo nos reunimos en el gran salón donde las mesas son tan interminables como una manada de lobos fenrisianos.

–Quiero decir unas palabras antes de que empiece el banquete- dijo Ragnar Blackmane levantándose de su asiento personal. -Espero que jamás ninguno de nosotros olvide a nuestro hermano Lupus el Sabio que se sacrificó para que los hombres de mi compañía y yo pudiésemos salir con vida de ese diabólico planeta. Que el Emperador le acompañe allá donde se encuentre ahora-.

Tras el término de sus palabras, el joven Ragnar se sentó y fue el primero que alzó su jarra llena de hidromiel fenrisiana para que todos le siguiésemos, y el duelo de tragaldabas entre el gran lobo y el joven Ragnar nos hizo a todos comer como nunca.

Seguramente el futuro nos traiga aún más luchas sin cuartel y batallas encarnizadas que dejen ésta última como un simple anécdota, pero los lobos espaciales estaremos ahí afrontándolas porque sabemos que poco a poco se acerca la fecha final y debemos estar dispuestos a dar nuestras vidas en combate para que nuestro primarca se sienta orgulloso de nosotros el día que vuelva de su letargo pasadizo de la vida que le ha llevado a mundos lejanos o que simplemente él mismo ha querido que sea ese su destino. En cuanto a lo que concierne mi deber en el capítulo, espero poder continuar combatiendo a nuestros enemigos y así demostrar a mis señores lobo que puedo formar parte de los cazadores grises el día que ellos así lo dispongan.


Palabras del Garra Sangrienta Bulfrek tras la recuperación de Mjalnar en el Ojo del Terror.


AutorEditar

Oscar Urquizar Ribas