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Relato Certamen II: Honor, deber, gloria

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Pese al bochornoso calor en Gama X, Irack Kant permanecía fresco.

Sin importar qué ocurriera, Irack Kant siempre permanecía fresco. No sólo porque llevaba una armadura con temperatura controlada, no, permanecía fresco porque, en su oficio como Inquisidor, si no hacías eso podías despedirte del mundo.

Quizá un día, algún sujeto construiría una bomba capaz de sacudir la realidad de Irack, pero ese día distaba mucho de ser hoy. Esos Eldars descerebrados y malparidos ni siquiera pudieron ocultar correctamente el detonador. Irack pensó en, al menos, quince sitios en la parte inferior del enorme puente mucho más adecuados para tal propósito. Pero no, los idiotas colocaron el dispositivo justo debajo de la saliente de una de las placas base, prácticamente a plena vista.

Descender por el terraplén sur del barranco seco tomó 30 segundos. Irack estaba ahora acostado de lado, echando su primera mirada al sistema de detonación. La configuración no sólo era simple, sino arcaica. Un dispositivo electrónico de acción retardada detonaría múltiples cargas colocadas en intervalos bajo las vigas. Los Eldars mantuvieron el control del puente y de los territorios aledaños hasta hace unos cuantos días. Pudieron haberlo volado mientras se retiraban, pero decidieron probar suerte para cargarse el puente junto con unas cuantas fuerzas Imperiales. ¿No se les ocurrió que la Inquisición revisaría el puente antes de cruzarlo? Estúpido, simple y llanamente estúpido.

Tal estupidez era la razón por la cual los Eldar ganaría la Guerra de los Anillos Internos. El combate se había extendido por tres años ya, pero Irack nunca dudó que el equipo de casa obtendría la gran “X” al final.

—¿Qué mierdas está tomando tanto tiempo, nueve?

Uno de los conductores había salido de su Chimera y gritaba. Los demás se encontraban sentados dentro de sus Tanques —atorados en una cola que se extendía casi 1.6 kilómetros— esperando con impaciencia la señal de que todo estaba libre.

Irack agitó la mano. Desarmar la bomba sería facilísimo. Esto era lo que Irack hacía, lo que había nacido para hacer. La Inquisición le pidió estrictamente a el para matar la amenaza xeno y él era el mejor. Pero Antes de que la Inquisición lo reclutara el era un especialista en Bombas en su planeta natal

Irack sacó las pinzas, las colocó en el alambre adecuado y cortó.

Segundos más tarde, ya había retirado el dispositivo. Irack se alejó del pilar y dio el visto bueno al Sargento Carmius, quien se encontraba de pie en la cima del terraplén opuesto a la cola, ataviado en su armadura.

La tierra suelta hizo del ascenso un proceso lento. Encima de Irack, el rugido del Represor y de los demás vehículos en espera se hizo más intenso. El puente crujió cuando los primeros transportes comenzaron a cruzarlo.

Irack iba a la mitad del terraplén cuando una serie de notas electrónicas resonaron en el dispositivo que tenía en la mano. ¿Qué carajos era eso?

Luego, en alguna parte del puente:

BIP…

El cerebro de Irack se apresuró a intentar comprender lo que ocurría, identificando y eliminando causas posibles hasta que se topó con una que le heló la sangre: un repetidor digital. Pero eso significaba que la bomba era un señuelo, una trampa…

…y había caído en ella.



El sonido provenía de la parte central del puente. Los servos de la armadura potenciaron los movimientos de Irack mientras escalaba presuroso el terraplén, agitando los brazos y gritando en la frecuencia del escuadrón. Sin embargo, avanzaba demasiado rápido y su bota resbaló en la tierra suelta.

BIP…

El rostro del Sargento Carmius registró entendimiento. Gritó órdenes y los vehículos en el puente se detuvieron. Conforme la tierra cedía bajo los pies de Irack, éste resbaló por el terraplén y terminó en el lecho del barranco. Mientras tanto, aumentó la duración de los agudos sonidos y disminuyó el intervalo entre uno y otro.

¡BIP!

¡BIP!

El instinto de supervivencia de Irack se activó y éste se alejó del puente corriendo por la orilla; los servos de su armadura potenciando su velocidad.

BIIIIIIIIIIP—

Se lanzó hacia el suelo, pegándose a la tierra tanto como pudo. Tenía la esperanza de que la explosión no lo alcanzaría y que el impacto no le arrancaría el corazón. Aguardó, pero no ocurrió nada.

Entonces, el suelo se cimbró. Un tremendo rugido destruyó los sensores auditivos y una pared de tierra pasó a gran velocidad mientras Irack era arrollado por la onda de choque.

Empezó a llover basura, e Irack giró sobre un costado. Un brazo enfundado en armadura anti-flak golpeó el suelo a unos cuantos centímetros de distancia y rebotó fuera de su campo de visión.

Irack se tumbó de espaldas y luego se sentó, mirando la destrucción del puente; una horrible escena de humo, metal doblado, sangre, partes corporales y gritos.



DIEZ AÑOS DESPUÉS



El aire se sentía fresco contra su cara. Irack cerró los ojos pero de nada sirvió, se encontraba en combate contra los Eldar.

El crucero de batalla Telian regresaba de una misión de escolta y seguridad que se desarrolló en las profundidades del espacio. Irack era elegible para todo tipo de misión difícil contra los xenos

…y de todos modos pensaba que la muerte estaba a su lado. Se subió al crucero para volver a terminar lo que había comenzado en Gama X

Se sentó y sus ojos se posaron en el reloj del crucero, contando el tiempo que tomaría a nave llegar al planeta Sancrulis.

04:56:23

Debajo de la cuenta regresiva configurada por él mismo, Irack echó un vistazo a la fecha: 02.06.2504.m41

Diez años desde la catástrofe en Gama X.

Seguro, El Imperio básicamente ganó la guerra y, sí, Irack encontró un lugar dentro del nuevo sistema capturado por el Imperio una vez que los Eldars fueron erradicados por Diélegus Tyr, el otrora lexicano de los Martillos. No obstante, Gama X permanecía en la parte posterior de su mente, un huésped poco grato que se negaba a largarse.



Después de lo acaecido en Gama X, habló con las familias de las víctimas, aceptó el perdón de algunas, soportó el desprecio de otras —o quizá aceptó el desprecio y soportó el perdón, ahora que pensaba en ello— con la esperanza de que serviría de algo. Fue enjuiciado por negligencia pero, con la ayuda de Legant Nis, la comisario de su compañía, se le declaró inocente.

Había una parte de Irack, tal vez la más honesta, que deseaba que el veredicto hubiera sido culpable. Nis, sin embargo, había creído en él y le dijo que podía marcar la diferencia, quizá hasta redimirse de alguna manera.



Lentamente, dando tumbos por el sistema a cada paso, escaló de nuevo las filas… Se valió de su experiencia para convertirse en un Inquisidor del Imperio de nuevo; algo así como una batería de artillería de un solo hombre.

Sin embargo, la culpa permaneció, justo bajo la superficie. Irack luchó contra ella hasta que, hace un año, ya el Comandante Carmius fue asesinado mientras se encontraba combatiendo en la Luna de Ursa.

Fue entonces cuando, por primera vez, una voz dentro de su cabeza le dijo a Irack que dejara de pelear, que se sometiera al proceso de resocialización. Estaba consciente de que el Imperio podía hacer cosas con tu cerebro, alterar tus recuerdos; reprogramarte, en cierto modo. Sacar lo malo, meter lo bueno.



Pero aún quedaba una pequeña parte de él que todavía no estaba lista para tirar los guantes. Decidió que la resocialización equivaldría a huir de nuevo. No estaba preparado para permitir que ganara la culpa; todavía no.



-Inquisidor, lo Esperan- dijo Lesgant



-No puedo.



Con un largo suspiro, Lesgant se volvió, miró a Irack y luego posó la vista en el calendario.

—Tienes que dejarlo ir Inquisidor-. Ella se dio la vuelta, -aún tienes odio en tu corazón; ese árbol no va a dar frutos.

Nadie podía leerle como ella, razón por la cual él y Lesgant habían sido compañeros por casi dos años ya. Obviamente tenía razón, después de todo este tiempo aún seguía atorado en la Guerra de los Anillos Internos, luchando contra los Eldars. Quizá él y su culpa eran buena compañía después de todo.



Los pensamientos de Irack fueron interrumpidos por una melodía gorjeante en la consola cercana, donde apareció el rostro holográfico —robótico y similar al de una mujer— de la Puritana que había muerto durante el incidente de Gama hace diez años. La suave voz dijo —Lord Inquisidor Kant, mensaje entrante del Hermano-Sargento Hermod de los Martillos de la Wikia.

—Comunícalo.

El rostro, parte humano, parte máquina, de la puritana desapareció y fue reemplazado por los rasgos de simplón de Hermod. — ¡Inquisidor! ¿Cómo le trata la vida?

Irack quería responder “del carajo”, pero se contuvo. Hermod siempre tan jodidamente alegre. Claro que lo estaba, había sido Victorioso en su campaña. No era algo que se anunciara a bombo y platillo, pero ciertas cosas eran obvias.



—Viviendo el sueño Hermano-Sargento —respondió Irack, consciente de que su superior no entendería el sarcasmo.

—¡Qué bueno! Lo necesito armado y listo para recibir instrucciones de misión en la bahía de vuelo a las 0700, órdenes del Mariscal espacial.

Irack mentó madres mentalmente, al parecer sus acciones habían sido cuestionadas.

Sin duda esto era obra del Mariscal espacial Rindge. El nuevo CO odiaba a Irack con pasión, lo que estaba bien ya que Irack tampoco lo tragaba.

Rindge… hasta su nombre le crispaba los nervios.

—¿De qué va la misión? —preguntó Irack.

—¡Hay piratas que exterminar! Una operación minera en esta esquina de la galaxia fue atacada por un grupo del Caos y parece que somos el único músculo en el vecindario.



Irack asintió. —Siempre estoy dispuesto a prestar una mano a nuestra gente.

La imagen holográfica titiló. —¡Cómo debe ser! Pero estos no son nuestra gente.

—¿No? ¿Entonces a quién vamos a salvar exactamente?

La sonrisa de Hermod creció mientras se le iluminaban los ojos.

—¡Tau!

—¿Tau?- pregunto Irack

— Al parecer, los Tau y el imperio han llegado a un acuerdo, se nos ordeno ayudarlos— respondió con excitación Hermod.



Kurak era un asteroide grande, de 919 kilómetros de diámetro. Hace mucho tiempo, en algún momento, fue atrapado por la fuerza gravitacional de un gigante de gas conocido como Gargantuan VI. Posteriormente, Kurak se asentó en una órbita predecible. Habían pasado alrededor de cinco años desde que los Tau descubrieron la roca (apodada, no tan cariñosamente, “Migas” por los tau que Vivian ahí) y comenzaron a extraer minerales de sus muy ricos depósitos.



Buena parte de esos depósitos ya se habían agotado, pero Kurak aún no entregaba el botín completo. Todavía quedaban algunos años de minado de “lo bueno”. El asteroide se encontraba repleto de excavaciones profundas, pozos, pendientes y túneles de acceso, similar a una manzana gigante llena de gusanos. Diversas inclinaciones conectaban las áreas de trabajo activas con la subsuperficie, donde una red de pasajes comunicaba con las centrales —zonas selladas cuyo oxígeno y aceleración gravitacional estaba controlada.

Irack aguardaba en uno de los pasajes que conectaban dos túneles de excavación en el Núcleo Profundo 2, bajo un umbral que intersecaba poco más adelante con un túnel de acceso de mayor tamaño. Una lectura digital en el Vox de su traje marcaba el tiempo transcurrido de la misión.



02:35:52

No obstante, el espectáculo terminaría pronto.

Balas de Bolters cortaron el aire frente a Irack y chocaron contra las rocas al final del túnel de acceso, lo que sirvió como elemento disuasorio para cualquier soldado que quisiera avanzar hacia la posición donde se habían atrincherado los piratas.

Una disuasión para los soldados regulares, quizá, pero no para Irack; ese era el propósito de la armadura del Inquisidor. Sin embargo, pensamientos oscuros cruzaban su mente y, por desgracia, no era la primera vez. ¿Por qué no abandonar a los Tau y dejar que los piratas se los carguen? Vaya, lo más seguro era que la mayoría de esos pobres diablos no tuvieron nada que ver con la Guerra de los anillos internos hace tantos años ya, pero, de todas maneras… Irack odiaba el hecho de que se encontraba aquí, ayudándoles y arriesgando su pellejo en el proceso.



Hermod espetó de manera exuberante en la frecuencia del escuadrón —Inquisidor Irack, ¿está listo para acabar con estos tipos?

Irack revisó los sistemas una vez más; todo estaba a punto. Parecía que era el día de suerte de los Tau. —No hay bronca, hagámoslo.

Cuatro marines corrieron hacia el interior del túnel y descargaron una ráfaga de fuego sorpresivo. El sistema del de fuego de Irack cargó dos granadas de fragmento mientras doblaba la esquina. Había ventilación en el núcleo del asteroide, mas no gravedad, así que Irack contaba con los microaceleradores gravitacionales de sus botas conforme avanzaba; múltiples servos impulsando la armadura modificada.

Unas cuantas balas rebotaron alrededor de Irack mientras éste pasaba a los marines. Un segundo después, tenía al objetivo en la mira y de cada brazo salió lanzo una granada fragmentaria para pronunciar juicio final contra los pobres diablos que se atrevieron a hacer encabronar la legión de Marines del Imperio.

El suelo y las paredes temblaron; del túnel salía humo. Irack se permitió sonreír... Sin embargo, fue algo prematuro.

Del humo surgió una monstruosidad roja, una bestia blindada casi del doble del tamaño que Irack. En una de sus hombreras estaba escrita la palabra Muerte, en la otra: Terror. El engendro levantó los brazos a la altura de su pecho y una voz grave surgió de la boca del Marine del Caos.

—¿Quieres fuego?

En el transcurso de medio segundo, la armadura de Irack estaba siendo cocinada por la infernal furia de los lanzallamas del Marine ruinoso.

Irack colocó sus brazos en posición defensiva. Su vox parpadeaba en rojo, otro instante y el calor sería suficiente como para detonar los explosivos almacenados en los compartimientos de su traje; necesitaba una contramedida y rápido.

Una enorme roca cercana proporcionaba la única posibilidad de cobertura pero, más que eso, un escudo. Los sistemas de alerta se acercaban al punto crítico mientras Irack la arrancaba y cargaba hacia el frente, sosteniéndola con sus grandes brazos a modo de ariete. Al cabo de seis zancadas, la roca había apartado los brazos del Marine y chocado contra su placa pectoral.



“Muerte” trastabilló, retrocediendo por los escombros de la barricada. En un instante asió la parte superior e inferior de la roca y cambió de posición, haciendo que Isaac girara. Ahora era éste quien se encontraba retrocediendo, vagamente consciente de que se aproximaban a un pozo bloqueado con tablas.

Se escuchó el sonido de madera quebrándose mientras atravesaban la barrera, seguido por el sereno sentir de la ausencia de peso mientras los devoraba el enorme abismo. Siguieron forcejeando, la roca fuera del camino, mientras se deslizaban en gravedad cercana a cero. El Marine logró disparar su lanzallamas nuevamente e Irack sabía que, al menos, una de las granadas almacenadas en su lado izquierdo estaba a punto de estallar. Tenía que lanzarla ya.



Empujó a “Muerte” y lanzó la granada. Hubo un destello blanco y luego sólo oscuridad.



Irack despertó. Las lecturas de su Traje mostraban signos vitales normales, pero que algunos de los sistemas de su traje habían resultado dañados y uno o dos estaban por completo inactivos.

Hermod graznó en el comunicador —aguante Inquisidor, estamos trabajando para reactivar el ascensor.

Alrededor de Irack había algo que parecía una araña metálica gigante, la cual se encontraba patas arriba. Era un elevador, o había sido hasta que la explosión lanzó a Irack a su interior.

Hubo prolongados rechinidos de metal, una sacudida, más protestas del torno y del cable… y, por fin, movimiento ascendente. Menos de un minuto después, Irack se encontraba en la cima del pozo, de frente al visor de la armadura MK7 de Hermod.

—¡Es bueno tenerle de vuelta Inquisidor!

Hermod ayudó a Irack a ingresar al túnel vacío. Irack examinó su traje y se dio cuenta de que estuvo fuera de combate por casi cuarenta minutos. —¿Dónde están todos?

—Salieron hace media hora. El Mariscal Rindge me ordenó que me quedara para extraerle. Los técnicos monitoreaban sus signos vitales desde el Telian y el Mariscal no se veía muy preocupado.

—Por supuesto que no —respondió Irack ásperamente.

Procedieron al subnivel siguiente, pasando las compuertas de acceso hacia los silos masivos que albergaban los taladros láser, luego a través de un laberinto de corredores y, finalmente, llegaron a una de las diversas centrales. Hermod habló todo el tiempo, narrando con detalle el modo en que fueron eliminados los piratas y como los Tau sufrieron pérdidas considerables; incluyendo la totalidad de su personal médico.

Dentro de la central, Irack levantó lo que cubría su rostro. Los dos hombres entraron a un sitio que normalmente era un comedor, pero que ahora fungía como centro de atención medica para los mineros heridos y moribundos. Irack bajó la velocidad al pasar una mesa donde yacía un Tau; dos mineros intentaban regresar sus tripas al interior de su torso mutilado.

Irack no quería mirar. ¿Por qué habría de importarle si un Tau lamecloacas moría o vivía?

Sin embargo, se detuvo de todos modos.



El xeno estaba en las últimas, agarrado de la manga del médico más cercano. —Entrega un mensaje… al Imperio tau en Moria. Diles que lo siento, les hemos fallado… diles que lo siento…

Irack se volvió para retirarse, se detuvo, echó una última mirada y avanzó. Escenas similares se desarrollaban en varias partes de la cavernosa habitación. El olor a sangre permeaba el ambiente y una considerable cantidad de ésta cubría el suelo de mosaico verde.

Los ojos de Irack se posaron en un monitor empotrado en la pared cercana y en una serie de números.

01:09:30

Miró otro monitor en una de las paredes lejanas y notó como cambiaba el último dígito.

01:09:29

Era una cuenta regresiva, algo que, en experiencia de Irack, por lo general no traía nada bueno.

—¿Qué es ese contador? —preguntó Irack a Hermod; quien también se había quitado su casco.

—Empezó hace aproximadamente quince minutos… Un grupo de Tau´s se encerraron en el centro de operaciones e intentan comprender de qué va. El CO nos ordenó que nos mantuviéramos al margen, tenemos que llegar a la superficie para extracción en cinco minutos.

Irack se detuvo, mirando la cuenta regresiva en los monitores. Quería saber más, aunque no tenía idea por qué, necesitaba saber más. —Ve tú, te alcanzo en un momento.

—¡Enterado Inquisidor! —Hermod caminó con determinación hacia la salida mientras Irack regresaba. Cerca de la entrada del comedor, se volvió para ver la mesa donde el Tau había suplicado la entrega de un mensaje. Los dos taus que le ayudaron estaban ahora colocando una clase de bolsa sobre el rostro del Tau. Un brazo colgaba sin vida del costado de la mesa.

Irack escuchó de nuevo las palabras del hombre.

Diles que le hemos fallado… diles que lo siento.

Gruñó con suavidad y siguió caminando

El centro de operaciones era otro hervidero de actividad. Ninguno de los Tau pareció notar la presencia de Irack, ya que estaban muy ocupados con su acalorada conversación.



Un Marine Espacial de cabello largo plateado dijo a voz de cuello, opacando a los demás. —¡Piénsenlo! Todas esas cargas desaparecieron hace un mes sin dejar rastro, ¿no?

Un hombre delgado que traía puesto una como capa contestó —¡Nedius dijo que eso fue un error!

—Claro, y ¿dónde está Nedius?

Ninguno de los Marines que se encontraban respondió. —¡Nedius estaba metido en ello! —espetó el hombre de cabello largo.

—¡Maldición! Tenía que ser… siempre son los que hablan poco.

—¡Nedius, Shoberg y el cabrón de Gorak! ¿Hace cuánto que Gorak selló el Núcleo del Asteroide? ¿Dos semanas? ¡Ahí terminaron las mentadas cargas que nos van a volar de aquí a Terra!

Hubo silencio durante un momento.

“El Cola de plata” (como Irack comenzó a referirse a él) se pasó una mano por su grueso cabello plateado. —Toda nuestra gente de demolición está muerta. Aunque llegáramos al Núcleo… esta roca ya se fue. Yo digo que nos larguemos.

El hombre de cabello largo se volvió hacia Irack y lo miró de arriba para abajo con ojos muy abiertos. —¡Tú! Tienes que ayudarnos a salir de aquí… ¡Necesitamos naves de transporte! Los malditos piratas del Caos sabotearon nuestras naves… transportes; todo.

Momentos después, Irack había sido conducido a una bodega donde contaba con un poco más de privacidad. Contactó a Hermod en la frecuencia del escuadrón y solicitó hablar con Rindge.

Irack podía ver una lectura en la pared del centro de operaciones; a través del umbral.

01:04:16

La estática se hizo presente y resonó la voz de pito de Rindge —¿estás solo, Kant?

—Sí señor. Ha surgido un problema… los Marines se están cagando de miedo, dicen que los piratas tenían gente en el interior y que hay un montón de explosivos en el núcleo de este trozo de basura; suficientes como para partirlo en dos y mandar a todos en un viaje de ida, sin escalas, a la chingada.

—Ya escuché esa maldita historia Kant.

—Enterado. Consideraré a los heridos como prioridad y…

—Mira, tú diles lo que te venga en gana pero has énfasis en que aguarden; luego llevas tu trasero a la zona de extracción.



—¿Y el resto de las naves de transporte cuándo…?

—¿Qué jodidas naves de transporte? ¿Por qué de todas las personas tengo que explicarte esto a ti? ¡Son Marines con un carajo! No tienen por qué temer y La única razón por la que metimos las narices en esta tormenta de mierda fue para dar un buen golpe al Caos; han sido una molestia constante para el Imperio por casi cuatro años. Misión cumplida, ahora dirígete a la mentada zona de extracción.

De manera súbita e inesperada, un aluvión de pensamientos invadió la cabeza de Irack. Pensó que, desde el incidente en Gama X, no había cantidad de disculpas, introspección, reflexión silenciosa ni tiempo —en apariencia infinito— capaz de aliviar su conciencia. Recordó al Tau que murió después de que colocaron de nuevo sus tripas en el interior de su cuerpo; lo único que le preocupaba era el Imperio tau que estaba a punto de dejar atrás. Parecía, aunque odiaba admitirlo, que no todos los tau eran animales.

Dentro de su cerebro había un ciclón, sin embargo, lo que le golpeó de lleno fue que él buscó el perdón de las familias de las víctimas, pero nunca perdonó a los Eldars. Era mucho más sencillo seguir odiándolos… sin siquiera considerarlos humanos.

Quizá esta era su oportunidad para marcar la diferencia y equilibrar la balanza, redimirse, tal como dijo Zulter.

Sólo tenía que sobrevivir y salvar a todos los demás.

01:00:23

Si alguien podía encontrar y desarmar los explosivos, era Irack. Robarse el espectáculo; para eso había nacido.

—No voy a regresar —dijo Irack a través de su vox.

—Repite eso —ordenó Rindge. Sonaba realmente confundido.

—No voy a regresar. Si te vas, lo haces sin mí.

—Deja de hacerme perder el tiempo y sal de ahí. ¡Es una orden Inquisidor! Aunque esta fuera de mi Cargo esta es mi misión.

Irack esbozó una pequeña sonrisa y vaya que era genuina. —Me temo que voy a tener que desobedecer respetuosamente tal orden, señor.

—No te entiendo Inquisidor. ¿Qué eres? ¿Estúpido? ¿Suicida?

—Soy un hombre complicado.

—Hubo una larga pausa. Irack esperaba que el Mariscal Rindge tomara la decisión correcta, que aceptara llevárselos a todos, sin embargo, el realista en él sabía que no ocurriría. Pensó en Lesgant y supo que estaría bien, que toda la mierda que escupiría Rindge no la convencería… que entendería. Después de todo, nadie lo comprendía como su amiga.

—Mi reporte oficial dirá que eres un cobarde y un desertor, morirás por nada.

—Tu reporte puede decir misa —replicó Irack—, tú y yo siempre sabremos la verdad. Ah, y por cierto, siempre pensé que eras un hijo de puta.

Hubo un clic y la alegre voz de Hermod interrumpió. —Aquí el Hermano-Sargento Hermod, señor. Me encuentro en la zona de extracción y aguardo la llegada del Inquisidor Kant.

—¡Al carajo con Kant! —respondió bruscamente Rindge. Se escuchó un clic cuando el ME se desconectó.

Le tomó a Irack varios minutos preciosos para probar que, efectivamente, buscaba salvar los traseros de todos y, por último, trazar algo similar a un plan que explicara como lograría tal proeza.

La respuesta al último problema resultó ser la Bomba par poder llegar al núcleo que estaba sellado por los piratas. Los Tau eran bien conocidos por tomar componentes de objetos o máquinas en apariencia incompatibles y combinarlos para armar algo funcional; si no siempre totalmente confiable. La mayoría de esos artilugios ya no se usaban en Trozo y, de hecho, esta bestia en específico se encontraba en reparación debido a un sello dañado en el temporizador. El detonador y varios componentes no esenciales fueron arrancados apresuradamente para que Irack pudiera activarle, lo cual utilizaba la mascar no por falta de aire en el núcleo presurizado, sino como auxiliar con la visibilidad.

El ruido de los diversos disparos habría sido ensordecedor si Irack no hubiera usado su casco. El detonador estaba siendo preparado para detonar la bomba a distancia mientras seis taladros láser desintegraban la pared de roca al frente. Las masivas tomas laterales de un taladro aspiraban los escombros, que eran expulsados por la parte posterior. Normalmente los residuos serían enviados a un aparatoso sistema de cubetas y bandas sin fin que los transportarían al punto donde se les eliminaría. No había tiempo para hacer eso, así que los fragmentos se apilaban detrás del Taladro mientras éste se abría paso hacia el interior de la roca, como si fuera un enorme gusano de tierra metálico.

Irack sincronizó el cronómetro de su traje con la cuenta regresiva y le echó un vistazo.

00:37:22

Había estado la maquina taladrando durante 13 minutos.

El Núcleo, el más hondo de los niveles de excavación, estaba mejor sellado que una esclusa de Malles. Gorak, el Tecno-marine, ordenó que se rellenaran todos los puntos de acceso. Esto era, por lo general, procedimiento estándar para reforzar la integridad del núcleo. En este caso, fue un método para almacenar suficientes explosivos como para arrasar con la mitad de Dreadhaven.

Mientras aguardaba a que el detonador estuviera listo, Irack obtuvo un poco más de información acerca de Gorak y sus gañanes. Eran una banda, un grupo muy unido de Marines que estaban hartos de las malas misiones y las largas jornadas de combate. Los agravios tenían varios años ya y el titiritero, el hombre que dirigía lo que ahora era conocido como el Corsario del Caos, se llamaba Janus Dolvarius.

“Hulis” trabajó con el grupo de mineros en su última tarea hace seis años, una chamba relativamente sencilla en el planeta templado conocido como Neo Baku. Hulis desempeñó diversas labores, incluyendo demolición y, por un tiempo, exterminio. Neo Baku estaba repleto de insectos del tamaño de un perro, llamados gorgojos de maldis. Se le conocía a JD por entrar a los pozos más profundos él solo, armado con todo tipo de venenos. Como eso no funcionó, Hulis recurrió a ponerse un traje MK8 y carbonizar a las criaturas con los lanzallamas.

Por desgracia, para ese punto, “Hulis” había encontrado corrupción del Caos. JD fue Relevado del mando y, según los registros de los Tau cercanos al planeta, tuvo que pelear muy duro para conseguir algún tipo de conmemoración de los Marines; el cual alegaba que su condición era autoimpuesta.

Poco después de estos eventos, Hulis se unió a una banda de Marines renegados y se Hicieron piratas del Caos, un grupo de piratas decidido a saquear todo blanco de oportunidad que se presentase.

Gorak, Shoberg y otras amistades de JD afirmaron que cortaron todo lazo con él una vez que su equipo fue transferido a Trozo. Resultó que eso no era cierto.

Los demás Marines comprendieron el resto, al igual que Irack mientras le contaban la historia: Gorak y Janus planearon juntos el ataque y los explosivos eran un último “vete al carajo” por parte de los Piratas y, en particular, de “Hulis”, hacia el Imperio. Janus luchó obstinadamente contra su corrupción durante años, pero corrían rumores de que se le acababa el tiempo y estaba consciente de ello.

Cuando el “Cola de plata” (cuyo nombre, se enteró Isaac, era Soldonius) llegó a ese punto de la historia, fue hora de que Irack detonara la bomba. Los Tecno-sacerdotes habían trazado un curso que conduciría a Irack a través de una sección transversal previamente rellenada. Calcularon que perforar hasta el área de transporte principal del Núcleo tomaría de 30 a 35 minutos con el taladro, lo que dejaría de 15 a 20 minutos para que Irack encontrara y desactivara los explosivos. La parte interesante, por supuesto, era que nadie sabía exactamente dónde los había metido Gorak.

00:26:16

Todo bien hasta ahora.

Hubo un fuerte clic, los lásers y el motor se apagaron; la oscuridad se hizo presente. El Taladro se detuvo por completo.

—¿Soldonius, que pasó?

Irack aguardó; no hubo respuesta.

En este momento, cualquier hombre normal estaría cagando plasma y llamado a su mamá.

Tranquilo Irack, tranquilo. Sólido como una roca nene.

Soldonius habló un par de segundos más tarde. —Um… hay un fallo de energía en el sistema de respaldo. Éste se apagó por completo y es necesario hacer un desvío.

Pasó más tiempo e Irack recibió un par de actualizaciones frenéticas y desesperadas, pero la situación no mejoraba. La última se interrumpió entre gritos.

Irack se concentró en su respiración, lenta y constante; le echó un vistazo al crono.

00:23:56

No había tiempo que perder. Irack necesitaba liberar su mano derecha. Desenganchó los seguros del ensamblaje del traje y del Rifle Infernal, se los quitó y los colocó junto a su pierna. Luego presionó el botón de ignición del Taladro; los motores se activaron.

—Cambio a manual.

Al cabo de un momento, la voz de Soldonius inundó el transmisor, sonaba cansado y asustado. —Vaya, um, bueno, si te sales de curso no habrá modo de que sepamos y…

—No hay de otra.

Irack analizó el breve tutorial que recibió. Los controles del Taladro no eran en extremo complejos, sin embargo, tuvo que solicitar más información a Soldonius —quien comunicó las instrucciones tan rápido que Irack sintió que su mente giraba— antes de reactivar los láseres y tener la posibilidad de acelerar.

Después de efectuar las acciones necesarias, el taladro comenzó a avanzar lentamente; de manera estable.

La parte difícil sería mantener el curso. Las orugas con picos que proporcionaban la aceleración podrían desincronizarse, operando a destiempo y alterando la trayectoria. Normalmente, la computadora corregiría eso, pero con los sistemas de respaldo fuera de línea…



Irack se concentró en el aspecto positivo. Lograría salir de ésta. Sus ojos se clavaban en el crono cada que pasaban unos cuantos segundos, hasta que se obligó a dejar de mirarlo.

Los segundos pasaban, momentos iban, venían y se perdían para siempre. Soldonius había optado por llenar el silencio hablando de su vida, de sus seis hermanos cuales fueron asesinados de niño.

Irack miró el crono.

00:12:13

¿Realmente había pasado tanto tiempo? Ya debía haber llegado a su destino, algo estaba mal. Probablemente las orugas se desincronizaron. ¿Qué tan lejos estaba?

Al parecer Soldonius pensó lo mismo. —Ya deberías estar ahí. Estamos jodidos; jodidos en serio…




Irack mantuvo uniforme el tono de su voz. —Tómalo con calma, esto aún no termina.

El paso del tiempo pareció acelerarse, la preocupación se convirtió en miedo y éste amenazaba con tornarse en pánico total.

Tranquilo.

00:08:04

Por favor… por favor…

Hubo una sacudida, luego un siseo seguido de un fuerte soplido cuando el taladro finalmente atravesó la roca.

—¡Ya llegué! —Reportó Irack. Se escucharon vitoreos del otro lado de la línea. Irack apagó los láseres y prácticamente abrió un boquete para salir de la cabina. Estaba listo… sin embargo, se encontraba frente a un dilema.

¿Para dónde?

—Avanza hacia la derecha, dijo Soldonius. Verás barrenos de refugio en los costados del pasaje, espaciados de manera intermitente… Es posible que haya escondido ahí las cargas, pero yo diría que más bien las puso en una de las cámaras; sitios donde ya no hay minerales que extraer.

Irack corrió tan rápido como sus botas lo permitían, diciéndose que aún podía lograrlo…

00:07:49

La oscuridad se replegó ante el reflejo de las lámparas en su traje mientras avanzaba. Se detenía brevemente frente a los barrenos con los que se topaba, echándoles luz para ver que había dentro.

El tiempo seguía disipándose.

Finalmente, Israck llegó a las susodichas “cámaras”. Había varios espacios abiertos a la izquierda. Echó un rápido vistazo a cada uno de ellos, apenas consciente de que se aproximaba al final del pasadizo.

Resistió la ansiedad de mirar el crono.

Irack llegó al final, la última cámara, e iluminó el interior donde…

…nada.

Sólo un gran espacio vacío. El corazón de Irack se precipitó hacia su estómago, tendría que regresar por donde vino.

00:05:44

No llegaría a tiempo.

Soldonius interrumpió. —Háblame… estamos muy nerviosos por acá.

—Tú tranquilo Soldonius.

Irack se volvió y, mientras lo hacía, la notó: una cámara a su izquierda… un espacio que había pasado de largo sin darse cuenta; no la vio desde el otro lado.

Se apresuró a entrar a la última cámara, cuyo interior albergaba fila tras fila de cargas de deuterio muy inestables.

Encima de cada carga descansaba una pequeña antena negra cuya punta tenía una luz roja que parpadeaba. Lo que no podía ver era el transmisor, ¿dónde se iniciaba el conteo exactamente?

No importaba, siempre y cuando desconectara los cables de los detonadores. Por desgracia, había al menos 30 malditas cargas que desactivar.

No queda otra que darle.

—Encontré los explosivos. Voy a hacer lo que tengo que hacer… pero necesito silencio.

Irack escuchó como Soldonius tragó con dificultad. —Seguro Inquisidor —y la línea quedó en silencio.

Irack comenzó a trabajar, agradecido de que ya había retirado el Rifle Infernal para liberar su mano derecha. No tenía tiempo para desenganchar todo su traje, así que tendría que llevar a cabo la operación con una mano. Delicada y cautelosamente, comenzó a desconectar los cables de los detonadores, consciente de que era todo o nada: si le faltaba desconectar una, la explosión sería suficiente para volar las otras y eso sería todo. La gorda cantaría a todo pulmón.



Hizo una nota mental del tiempo que le tomó desarmar una: diez segundos aproximadamente.

Cerca, pero podía hacerlo; lo haría. Requirió nervios de acero y la mano firme de un cirujano, no obstante, Irack puso manos a la obra.

00:02:41

A la mitad del trayecto.

Sólido. Firme.

Una por una, no había necesidad de apresurarse…

Tres cuartos del trayecto, la meta estaba cerca.

00:01:18

Cinco cargas restantes, fácil; sobraba poco más de un momento. Hacía mucho que Irack no percibía el transcurso del tiempo de este modo, midiendo su vida en el espacio que existía entre microsegundos.

Pensó en Lesgant, en el Tau que murió en la mesa y en Soldonius y los demás Marines.

00:00:38

Faltaba la última carga, eso era todo. Irack estiró la mano…

…y sintió un impacto en su costado derecho, como si hubiera sido golpeado por un Rhino a toda velocidad.

Irack se estrelló contra la pared y ajustó su posición, luchando contra la ausencia de gravedad para alinear sus botas con el suelo; intentando con desesperación ver qué fue lo que le golpeó…

Ahí estaba “Hulis” Janus en toda su ahumada gloria carmesí.

La misma voz áspera surgió del casco del Marine. —¡Enciende las llamas!

JD se volvió para incinerar los explosivos, pero Irack se abalanzó contra él, desplazándole justo cuando surgieron las llamas. Ambos hombres terminaron forcejeando en el área de transporte.

00:00:28

Con la mano derecha, Irack agarró una de las mangueras de aire que sobresalían de la placa pectoral de la armadura de JD. La torció y jaló, pero no sirvió de nada.

“Hulis” dejó caer su brazo en un arco descendiente sobre el casco de Irack, la fuerza del golpe hizo que el Inquisidor cayera sobre una rodilla y le obligó a soltar la manguera.

Irack se incorporó y pateó el acoplamiento de la manguera de aire, causándole daño, pero no fue suficiente.

Los dos guerreros metálicos aunque Irack era grande el marine lo sobrepasaba por unos centímetros, continuaron dando y recibiendo golpes. JD se echó para atrás cuando Irack lanzó un golpe con toda su fuerza, perdiendo el equilibrio. Janus se volvió hacia la puerta e Irack se estiró para agarrar uno de los tanques de oxigeno de Janus.

00:00:15

Janus giró y descargó un rodillazo que Irack bloqueó.

JD levantó su brazo derecho y llamas envolvieron la armadura del Inquisidor. Irack se inclinó, permitiendo que el fuego horneara la parte superior y la espalda de su traje, creando una barrera para su mano; que buscaba asir nuevamente la manguera de ventilación.

Brotaron ampollas en la piel de traje del traje de Irack y el Vox parpadeaba en rojo brillante.

No podía terminar así, de ninguna manera. Irack había encontrado al fin su camino hacia la redención y, con una chingada, no se lo iba a arrebatar un mentado exterminador de gorgojos.

Los sistemas llegaron al punto crítico.

No se daría por vencido, no ahora. Todo dependía de estos últimos segundos…

DIEZ.

Irack jaló la manguera con la fuerza que le quedaba, arrancándola al fin. Luego soltó una patada y Janus voló por el área de transporte, moviendo las piernas en un intento de hacerse de un punto de apoyo. La fuga de aire lo propulsaba en reversa mientras los chorros de fuego de su muñeca se apagaban.

CINCO.

Irack corrió de regreso a la habitación. No había tiempo de desconectar el cable del detonador. Tomó la carga…

CUATRO.

…y corrió hacia la zona de acceso, terminaría aquí de una forma u otra. Ingresó al área de transporte; Janus no estaba ahí. Irack lanzó la bomba con tanta fuerza como pudo.

TRES.

Era una apuesta y lo sabía. La explosión de la última carga aún podía hacer que volaran las demás…

DOS.

Pero era la única jugada que tenía. Todo o nada, su oportunidad de robarse el espectáculo…

UNA.

Última.

Vez.

Irack se lanzó al interior de la habitación mientras —¡¡BOOOM!!— el mundo a su alrededor amenazaba con desgajarse. Una enorme pared de fuego pasó a gran velocidad, extendiéndose hacia afuera… Si las cargas iban a volar, éste era el momento…

Irack tuvo una breve y espantosa visión de cómo se desintegraba el pasaje a su alrededor, de su forma sin vida girando en el vacío del espacio.

Las llamas se disiparon. Segundos después, el estruendo se detuvo y, al fin, felizmente, terminó.

Irrumpió la estática, seguida de ovaciones y gritos del otro lado de la línea. La voz de Soldonius por poco revienta la bocina. —¡Estamos vivos! ¡¡JA JAAAA!! ¡Estamos vivos! ¡Lo hiciste magnífico hijo de puta! ¡Lo hiciste! ¡Nos salvaste a todos!

Irack se recargó en la pared y se sentó. Sí, lo logró, los salvó a todos. Se mantuvo fresco, tal como nació para hacerlo, igual que el antiguo Irack. El peso del Imperio ya no caía sobre sus hombros; el odio en su corazón no existía más.

Los había salvado a todos. Recargó la cabeza contra el interior de su casco, cerrando los ojos, aguardando. Les tomaría a los Marines un rato sacarle de ahí, pero estaba bien…

Tenía tiempo.



Autor: Jdwarboss

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