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Relato Certamen I: La Felonía del Lobo

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-“Escondeos hermanos, la amenaza del mal se acerca y pronto llegará el momento de contraatacar”- nos murmuró el Jefe de Batalla Octavus el Sigiloso a sus prójimos fenrisianos allí presentes, mientras nos ocultábamos tras esa arboleda. La orden de inspeccionar una gran isla en el planeta Oran V de un tamaño desmesurado en comparación a cualquier arrecife de cualquier mundo conocido, fue tomada por nuestras unidades, al mando del Jefe de Batalla Octavus El Sigiloso. En Oran V se alzaban bellos paisajes verdes, ríos de turbios recorridos, y amaneceres radiantes más hermosos que en la propia Terra. Pero sus bosques lúgubres helaban hasta el corazón del más valiente guerrero humano. Los Lobos Espaciales estamos acostumbrados a éste tipo de terreno denso, por lo que se sabíamos adaptarnos a sus escondrijos sin mayor problema que la noche.

Los Lobos Espaciales habíamos recibido dicho mandato en nuestro transporte Thunderhawk horas antes mientras surcábamos el espacio sideral. Los rumores de radares astrales que habían localizado cerca de dicho planeta navíos caóticos, iban a acertar en gran parte de su labor. Mientras nos manteníamos ocultados en ese bosque sombrío, Octavus el Sigiloso y sus compañeros lobunos acechábamos esperando tender una emboscada sobre unos Marines Espaciales del Caos que se aproximaban por el noroeste. El sonido atenuante de sus vehículos y los gritos de guerra enloquecidos, estaban desvelando su posición allegada. Según la orden recibida, el ataque estaba dirigido por Marines Espaciales de la Legión Negra, los antiguos Lobos Lunares, hijos del Primarca traidor y promotor de la Herejía que llevó su nombre: Horus. Aunque éstas batallas pasadas ocurrieron hace cientos de años, no hay mente humana que haya olvidado esos desgraciados momentos para el Imperio; pero no era el momento de pensar en el dolor sufrido en el pasado, sino concentrarse en la dramática realidad actual.

El Sigiloso había sido criado en el interior de El Colmillo desde sus primeros años de vida. Su padre, el difunto Guardián Lobo Yertsock, había forjado una familia poco numerosa pero fiel a la hermandad lobuna. Viendo luchar a su padre y mentor en decenas de ocasiones, Octavus sabía como emprender su vida de guerrero en las filas de los hijos de Leman Russ. Con la madurez estaba alcanzando una sabiduría innata en una persona de su edad; algunos de los guerreros del capítulo ya pronosticaban que Octavus acabaría siendo un gran guerrero Lobo Espacial. Grácias a ese instinto táctico, pudo entrar a formar parte de los Garras Sangrientas donde permaneció poco tiempo previo a su ascenso a las filas de los Cazadores Grises. En una batalla en un mundo forja conquistado por eones de Tiránidos, Octavus tubo que guiar a su unidad de Cazadores Grises durante gran parte de la lucha, ya que el Guardián Lobo al mando acababa de ser abatido por un arma venenosa alienígena. Tras ésta batalla regresó a su inolvidable Fenris donde descubrió que su padre había sido acribillado por una unidad de Orkos salvajes en las profundidades de Catachán, en un ataque conjunto de los Lobos Espaciales y la insaciable Guardia Imperial. Orgulloso de su progenitor, Octavus sabía que podía llegar a ser un gran guerrero dentro del capítulo, y siguió luchando y ganando madurez en cada batalla en la que participaba. Incluso ya en las filas de la Guardia del Lobo, había hermanos que le superaban en edad y experiencia, pero el ansia destructora de El Silencioso le hizo ser Jefe de Batalla por los buenos informes del pasado que se había ganado con sangre de los rivales en sus armas. El apelativo El Silencioso fue concedido por sus hermanos de la Guardia del Lobo ya que, en batalla, Octavus mostraba una característica discreción descomunal en un ser humano. Ahora pertenece a la compañía de Kjarl Ceñosangre y son muchas las contiendas dirigidas por él como soldado fogueado; blande su hacha gélida en busca del enemigo con una maestría digna de cualquier marine espacial curtido en cientos de batallas inmemoriales.

Los destacamentos que Octavus el Sigiloso guiaba allí en Oran V estábamos formados por una unidad de renombrados Cazadores Grises, cuatro valientes guerreros experimentados con armadura táctica Dreadnought y una unidad de ancianos pero avezados Colmillos Largos. Sabiendo de la proximidad de los enemigos, Octavus ordenó a la unidad de Colmillos Largos que ascendieran algunos metros en una de las partes más altas próximas al lugar donde los Lobos Espaciales se camuflaban; un mensaje por radio se escuchó en aquel silencio abrumador. –“Hermano Octavus, aquí el piloto Terrac del Land Speeder anfibio. Los Marines Espaciales que se os aproximan son demasiados en número. Cualquier ataque hacia ellos será un suicidio del que no podréis contrarrestar. Manteneos ocultos hasta nuevo aviso; nosotros permaneceremos aquí unos minutos más por si más fuerzas caóticas se acercasen a vuestro punto oculto”-. Si era cierto que el enemigo que se acercaba a los hombres de Octavus superaban en exorbitante número a los Lobos Espaciales, el atacarles con tan pocos efectivos acabaría siendo un destino inmolador para todos los allí presentes. –“Hermanos míos”- dijo Octavus. –“Seguid ocultos en vuestras posiciones. El enemigo se acerca en forma de avalancha y nos aplastarán antes de que queramos desenfundar las espadas sierras. En cuanto pasen de largo, veremos que ordenes recibimos”-. Como si las palabras de Octavus fuesen una ley escrita antaño impresa en pergamino consumido, los Lobos Espaciales nos ocultábamos entre los árboles y desniveles del suelo y dejaron vacío el llano por donde los renegados estaban a punto de pasar. Los Colmillos Largos se mantuvieron en su posición conteniendo su deseo de vaciar los cargadores de sus lanzamisiles y cañones láser hacia sus rivales; la guía de su líder les hizo refrenarse ante el ímpetu de la tentación de tirotear desde esa posición tan favorable, una picota entre esos desmesurados árboles lujuriantes.

Segundos después de esos movimientos de ocultación en ese terreno frondoso, una sacudida considerable de la superficie hizo que los árboles comenzasen a vibrar como si varios gargantes orkos se acercasen con una presteza demoledora. Pero nada más lejos de la realidad fue lo que vimos todos y cada uno de los Lobos Espaciales vigentes: un convoy encabezado por un esbelto pero hórrido Land Raider del Caos al que escoltaban un Predator desertor y cinco Rhinos ingratos con placas metálicas reforzadas de un tono oscuro como previamente habían anunciado los Exploradores Lobo en su previo mensaje radiofónico. Los turbadores estandartes colocados en los vehículos de la Legión Negra sobresaltaban un ambiente hostil que el importuno ruido de los motores estremecedores y los gritos de los marines renegados creaban a su paso por la zona frondosa; incluso un lobo de fenris se asustaría ante una avalancha tan maléfica como duradera. Varios minutos pasaron hasta que dejaron de escucharse esos enturbiadores sonidos llenos de perversidad.

-“Unidad de Exploradores, aquí el Jefe de Batalla Octavus. El destacamento de la Legión Negra acaba de sobrepasarnos. ¿Tenéis indicio de mas tropas que las acompañen?”- dijo Octavus de nuevo usando la radio. –“No mi Señor, de momento no vemos que sigan acercándose más huestes de la legión traidora. ¿Cuál son sus órdenes?”- respondió el Explorador Lobo Sifus, el cuál estaba al mando de la reducida unidad. –“Quiero que avancéis por los laterales de la senda que los Marines del Caos han ido recorriendo hasta llegar a nuestra actual posición, y que nos informéis de posibles ataques de unidades enemigas”- dijo Octavus. –“Seguid avanzando hasta la población de donde los traidores venían tras sembrar el caos, puesto que nuestro deber es reconocer el terreno y encontrar supervivientes”-. Acto seguido al finalizar la conversación con los aventajados Exploradores Lobo, Octavus y nuestras unidades descendimos hasta la vereda que los Marines de la Legión Negra habían usado para desplazarse con sus tanques.

Conforme avanzábamos, los Lobos Espaciales veíamos cómo el bosque caducifolio se iba consumando de forma ralentizada; a nuestro paso quedaba atrás la maleza de prominentes árboles, y empezaban a contemplar colinas que seguían rodeadas por árboles, como si de un bello paisaje que se muestra relatado en historias de leyenda fenrisianas contadas antaño. El avance continuaba pero la cautela reservada no se podía ignorar, mucho menos sabiendo de la cercanía del temperamental del caos; si un Marine Espacial cae en el descuido en cualquier momento, puede significar su fin y el de sus hermanos para el resto de la eternidad. De nuevo la radio sonó al recibir un mensaje desde otro dispositivo: -“Jefe Octavus, estamos a unos cientos de metros del poblado. Hace unos segundos hemos escuchado cómo se nos aproximaba un vehículo desperdigado de la Legión Negra. Nos hemos ocultado previniendo un peligro desconocido. Al levantar la mirada desde nuestras ocultas posiciones, hemos observado cómo un Rhino rezagado salía del poblado con una viveza escalofriante, siguiendo los pasos de los demás vehículos de la legión. Estad alerta ante éste ataque”-.

Octavus sabía del gran poder de los Marines del Caos, así que nos volvió a ordenar a sus hermanos de manada que nos ocultásemos en las laderas contiguas al camino que transitábamos y por el que en breve aparecería el Rhino del Caos. Los Colmillos Largos se escondieron en un insignificante muro de piedras que era suficiente para que casi toda la unidad pudiese mantener la posición tras la cobertura. Mientras, Octavus y el resto de las unidades del capítulo nos mantuvimos aguardando el contraataque que debíamos realizar en breve de una forma fugaz. El ruido retumbante del atrevido Rhino le hacía desvelar su posición rauda. Cuando se puso a tiro de la unidad de los Colmillos Largos encubiertos tras ese paredón, éstos apuntaron hacia el tanque en movimiento con sus armas pesadas para intentar detener y destruir el tanque al cuál le rodeaba una nube de humo como si un fuego estuviese perturbando el motor del blindado vehículo. Dos de los disparos de lanzamisil fueron acertados de lleno en la parte frontal del Rhino, logrando que el vehículo renegado explotase en cientos de fragmentos minúsculos; un cráter apareció donde se ubicaba el desaparecido Rhino que conducía a los traidores a su cruel destino. Los nueve Marines Espaciales del Caos de la Legión Negra guiados por su Paladín, aturdidos por la explosión, sentían una rabia sádica propiciada por la pérdida de su transporte. Una vez se restablecieron dentro de ese boquete, contemplaron atónitos cómo las unidades de Cazadores Grises y Exterminadores Lobo les cargábamos con garra y fiereza; aunque eran superados en número, los marines de la Legión Negra no iban a dar sus vidas de forma inoperante. La lucha perseverante que se alzó fue terrible.

-“Humanos leales a vuestro falso Emperador, ha llegado vuestra hecatombe hora final. Hoy recibiréis el más despiadado ataque de cólera de cada uno de nosotros”- dijo el imponente Paladín del Caos para intentar sobrecogernos, aunque fue inviable que lograse su objetivo de amilanarnos. Cargando sus pistolas bolter y desenvainando sus espadas y cuchillos, los Marines de la Legión Negra efectuaron una rápida y meticulosa ofensiva ante nuestro ataque. Los golpes letales que dábamos a nuestros rivales eran más contundentes que sus respuestas en forma de ataques. Las espadas sierra chocaban entre ellas desencadenando chispas que al caer al suelo hacían que los arbustos y hojas caídas comenzasen a arder en pequeños fragmentos. Ira y nobleza combatíamos codo con codo dispuestos a dejar nuestra huella en aquel camino ensangrentado. Con el paso de los minutos, nuestra ventaja numérica comenzaba a dar sus frutos, y los marines traidores agonizaban dando hasta su último aliento pretendiendo acabar con nuestra pequeña fuerza imperial. Los Lobos Espaciales estábamos sufriendo pocas bajas en comparación a las grandes pérdidas que sufría la unidad caótica; tan sólo un Exterminador Lobo y dos Cazadores Grises fueron deslomados. Mientras, Octavus y el Paladín del Caos seguían luchando de forma nivelada hasta que un movimiento con el que Octavus esquivó un intento de golpe letal del Paladín, fue aprovechado por nuestro Jefe de Batalla para clavar su hacha gélida en el brazo izquierdo del Paladín renegado. El moribundo caótico calló arrodillado ante Octavus, pero con la cabeza agachada mirando a los pies del Lobo Espacial, comenzó a carcajear a la vez que decía: -“ Aún no ha llegado el día en que aniquiles a una fuerza del caos sin que las represalias sean olvidadas. Si piensas que me has vencido, es que no conoces la ira del Caos, jajaja”- continuaba riendo el Paladín desleal, vacilando la forma de combatir de Octavus.

Justo cuando el Jefe de Batalla alzaba su brazo para rematar al agonizante traidor, dos estallidos siderales estremecieron el cielo. Alzando la mirada, cada uno de nosotros pudo contemplar cómo del firmamento caían dos cápsulas con tonalidad gris oscura, aullando gritos escalofriantes a su paso. Como si estuviesen equipados con un sistema de asalto perfecto, cada cápsula calló acorralando a una unidad de los hijos de Russ; los Exterminadores Lobo cargaron sus armas y se prepararon para emitir su afamado contraataque a esos enemigos sorpresivos. Mientras, nuestros ancianos hermanos portadores de la paz en nombre del Emperador y de Leman Russ con sus arcaicas armas, sin tiempo de reacción tras el aterrizaje de las naves, se quedaron acobardados observando como de esas cabinas espaciales salían unos Marines Espaciales que jamás habíamos visto en cualquier otro sistema planetario de la galaxia o algún detallado informe imperial relativo a enemigos de la humanidad. No sólo el color de sus armaduras no nos era consabido, sino que las pieles que colgaban de sus cinturas y el emblema de sus hombreras izquierdas de un lobo rojizo con la lengua demoníaca, nos hacían temer lo peor de esos desconocidos seres perversos.

Estos oscuros marines no tardaron en mostrarnos sus intenciones. Blandiendo unas armas con símbolos remotos, asaltaron de forma irascible a la escuadra de los Colmillos Largos que fue aniquilada incluso antes de que pudiesen soltar sus enormes armas pesadas; en el otro extremo del camino, junto a la restante cápsula maléfica, los Exterminadores Lobo combatían en igualdad de fuerzas con una unidad que acababa de descender justo delante de su posición, compuesta por cinco de esos antinaturales seres. Ante nosotros teníamos al enemigo más letal, estremecedor y convencido al que nunca nos habíamos enfrentado; una condición de combatir generada por el odio acérrimo de sus corazones hacia todos los humanos que no fuesen de su credo. El sargento Trantor de los Exterminadores Lobo elevó su espada de energía dispuesto a dar un duro golpe sobre los atacantes perversos; varios movimientos rápidos en su particular duelo con el mal allí presente hicieron que tres de esos rencorosos marines cayesen al suelo derramando sangre nociva en los pies de sus hermanos. La cólera que invadió al resto de guerreros del Caos estaba llena de rabia y codiciosa venganza hacia sus atacantes grises. Así, viendo el posible exterminio por parte del sargento Trantor de los Exterminadores leales, el Paladín de la unidad se destrabó del combate al acabar con uno de los batalladores con los que se encontraba en combate cara a cara; un salto de varios metros de distancia hizo que en pocos instantes pasase a formar parte de una lucha cruel y despiadada con el sargento Exterminador. Mientras, el otro solitario exterminador acababa con la exhausta unidad de Marines del Caos llevándose a dos de los portadores maléficos. El Paladín del Caos rugió un grito de irritación y vesania al ver cómo aquel exterminador adepto le clavaba su larga espada de energía en uno de sus corazones latentes, dejando al guerrero del caos exánime a la vida entre los mortales.

En el otro lado de la senda, la unidad de Marines del Caos que había aniquilado a los Colmillos Largos guiados por su Paladín de descomunal apariencia, dio un giro sobre si mismos e iniciaron un devastador movimiento raudo sobre nuestra unidad de Cazadores Grises apoyada por Octavus. El Sigiloso sabía del potencial destructor de sus atacantes, y sabía las palabras exactas para motivarnos en ese momento tan espantoso. -“Vaciad vuestros bolteres sobre esos odiosos traidores del Caos y preparaos para el contragolpe”- dijo Octavus alzando su enorme hacha gélida marcada por las runas del capítulo. La unidad de diez de esos perturbados seguidores del caos avanzaba decidida hacia nuestra posición. En un alarde de oportunismo, Octavus lanzó una granada de fragmentación sobre los Marines del Caos para que su asalto fuese frenado al menos durante unos instantes por ese humo cegador. Las armaduras de esos traidores aguantaban todos los disparos con los que les estábamos acribillando, de forma que tan sólo un par de ellos sucumbieron a la dolencia mortal provocada por las balas de los bolter. La embestida de los traidores no se hizo esperar más; ofuscados por su rencor hacia nosotros y a cualquier relación con la humanidad, se aferraron a sus espadas llenas de un óxido extremadamente duro para ser unas armas tan arcanas. Cientos de chispas saltaban de un lado a otro del camino debido al cruce de ataques traidores respondidos por nuestra destreza.

En igual número de combatientes por ambos bandos, Lobos Espaciales y Marines del Caos combatíamos exponiéndonos a perder nuestras vidas con tal propósito que derrotar a nuestro rival. Demoledores golpes de espada sierra y disparos a corta distancia de pistolas bolter hacían que en esa isla se estuviese librando uno de los mayores combates de la historia de nuestro capítulo. Como buen soldado al mando, Octavus se abalanzó sobre el desmesurado Paladín del Caos, decidido a acabar con el despiadado ser en un combate épico entre dos guerreros orgullosos y llenos de valor. –“Insignificante humano, tu derrota y la de los tuyos será la última que tus leales ojos observarán antes de caer aplastado por mi maza. Me acabarás rogando que te permita unirte a mí y a los míos, pero ese destino no lo conseguirás contemplar puesto que tu fin está próximo”- parloteaba el Paladín del Caos mientras combatía a Octavus. El Sigiloso no quiso responder a las palabras de su rival y prefería seguir solidificado en cómo disputarle la victoria a su enemigo. Entretanto, los Cazadores Grises iban desistiendo ante el ataque anárquico de los Marines del Caos; el combate se estaba inclinando hacia el lado caótico por momentos. De los ocho Lobos Espaciales Cazadores Grises que iniciaron la última contienda, sólo dos se mantenían en pie tras el diluvio de la acometida caótica. En cambio, la fuerza de la unidad de los Marines del Caos doblegaba a los supervivientes Cazadores Grises. Efímeramente otro de los damnificados Lobos Espaciales caía junto a sus fallecidos compañeros y hermanos. Rodeado por el Paladín y los cuatro Marines del Caos, Octavus y mi persona sabíamos que nuestro destino sería doloroso y trágico; aún así nuestro espíritu leal no iba a caer rendido sin dar buena pugna con nuestras gélidas armas. –“¿Lo entiendes ahora leal? La gloria del Caos no puede ser derrotada con la mentalidad humana. Eso lo aprendí mientras aún formaba parte de tu capítulo, jajaja”- profería el maléfico ser. Un temblor interior hizo que Octavus comenzase a emerger de nuevo su lucha sin cuartel.

Las palabras del traidor no calaban en la mente de El Sigiloso que, aún rodeado por sus enemigos, consiguió acabar con otro de los Marines del Caos que le combatían; yo en cambio, conseguí aprovechar el desconcierto del ataque de Octavus y disparé la pistola bolter la cuál había apoyado en la cabeza de uno de los traidores. Cuando la esperanza parecía inalcanzable, el sargento Trantor de los Exterminadores Lobo surgió de la nada dispuesto a ayudarnos en nuestro desesperado combate; como un auténtico lidiador exterminador, concentró toda su fuerza en su brazo derecho agarrando la espada de forma que hasta el puño parecía rajarse minuciosamente como si de una fina capa de hielo lo abrigase, realizando un golpe horizontal de tal magnitud que los dos Marines del Caos que aún quedaban junto al Paladín falleciesen tras sufrir una tajada que les dividió en dos. Viendo éste hecho alborotador, el atónito Paladín caótico agarró con fiereza su maza de energía dispuesto a acabar con Octavus, sabiendo que si conseguía su deseo, le sería más factible evadirse de aquella embarazosa situación. -“Incluso rodeado por escoria soy capaz de allanar mi camino despiadado que me llevará a liquidar a cada uno de vosotros, marines leales. El Caos os acabará encerrando en un profundo y eterno dolor lleno de condenación”- disertó el Paladín del Caos hacia la persona de Octavus. Éste, sin desorientarse por las lúgubres palabras del traidor, empuñó su gélida hacha y se dispuso a acabar con el renegado marine; una concentración inhumana era la necesaria para que Octavus consiguiese templar sus ansias de venganza y transformarlas en solidificados golpes precisos. Las runas del hacha estaban deterioradas de todas y cada una de las veces que El Sigiloso había usado su arma en combate, pero la hoja se mantenía afilada como si un Sacerdote de Hierro la acabase de pulir. Los caninos de Octavus chirriaban de forma brusca momentos previos al enfrentamiento que le aguardaba. Ambos gladiadores descargaron un golpe letal con sus desfiguradas armas a su rival; del impacto entre ambos objetos de contienda, surgió una honda ensordecedora que nos alcanzó a los allí presentes y nos arrojó varios metros atrás. El Paladín maléfico intentó un golpe certero sobre las piernas de Octavus, pero el Jefe de Batalla saltó de manera enérgica esquivando ese golpe que, de haber recibido, le habría causado una muerte segura. Ahora Octavus tenía ante sí una gran oportunidad de acabar con su rival; en pleno salto, alzó su hacha gélida preparado para atacar al traidor en ese descuido por parte de su enemigo. La hoja bajaba a una velocidad vertiginosa, acercándose velozmente al cuerpo del Paladín, pero un rápido movimiento de éste con el mango de su maza maléfica le hizo apaciguar el golpe del hacha. Ya en el suelo, Octavus se quedó atónito a lo que le ocurría a su rival: el Paladín, tras haberse defendido del anterior ataque del Lobo Espacial, se quedó desconcertado al ver como la empuñadura de su larga y esbelta maza se separaba en dos pedazos. Perplejazo y paralizado por ésta amarga situación, el Paladín se quedó inmóvil al ver cómo Octavus trazaba con su hacha gélida un golpe vertical que empezaba desde el suelo y subía hacia arriba de forma penetrante y acerada; la nueva arremetida de Octavus El Sigiloso partió en dos partes al Paladín del Caos, derramando sangre por doquier y que salpicó de forma sustancial al Jefe de Batalla.

Tras ese encuentro fatídico para muchos de sus hermanos del capítulo, Octavus se dirigió a los dos supervivientes de forma calmada y serena: -“¿Alguno de vosotros tiene conocimiento de éstos despiadados traidores? Yo jamás me he enfrentado a seres de ésta magnitud, incluso habiéndome recorrido gran parte de la galaxia en misiones coléricas.”- Estupefactos, ninguno de los que habíamos sobrevivido a aquel vendaval tras esa contienda sabía que legión era a la que acabábamos de contrarrestar. Ésta legión luchaba con la ira y rabia de los Berserkers de Khorne pero con la resistencia de los Marines de Plaga; una mezcla de artes guerreras difuminadas en los extraños dibujos de sus armaduras y cápsulas. Una vez recuperadas parcialmente las fuerzas, Octavus nos ordenó continuar con nuestro camino hacia el poblado donde los Exploradores de Sifus se encontraban reconociendo el terreno tras el ataque de los Marines de la Legión Negra. Estoy seguro de que en el interior de Octavus se mantenía un gran asombro por los enemigos a los que acabábamos de combatir, pero el momento de lamentarse había pasado. Ahora tocaba organizar las fuerzas junto a los Exploradores Lobo, así que continuamos nuestra andadura por aquel camino que nos guiaba hasta el poblado.

Es extraño ver pieles tan parecidas a las que solemos portar nosotros atadas a las cinturas de traidores heréticos del Caos. Las desconcertantes palabras del Paladín hacia la persona de Octavus nos hizo sobresaltar una conmoción por esas expresiones dementes: ¿será cierto que estos Marines traidores, portadores de hombreras con lobos realzados, tienen un pasado que les uniese a nuestro capítulo? ¿Tiene nuestra hermandad arcaicos secretos desconocidos para la gran mayoría de los Señores Lobo que a día de hoy luchan sin cesar por el honor de nuestro capítulo? Sin duda la Administración de Terra y los altos cargos de la orden de El Colmillo deberían investigar a ésta legión espontánea, impensable para la mayoría de mandatarios de Fenris, puesto que volverán a golpear al Imperio en otra oleada de ataques espaciales y decididos hasta conseguir su meta, la cuál es difícil de pronosticar al estar dentro de unas mentes tan vesánicas. Una lucha eterna con los traidores del mal que parece condenada a durar hasta que el Emperador vuelva a caminar y Leman Russ regrese de su perdido destino. Una contienda constante con los traidores que se mantendrá durante más milenios y donde los Lobos Espaciales deberemos combatir a los antagonistas que odian con recelo a toda la humanidad y no saciarán sus ansias de destrucción hasta habernos exterminado a cada uno de los devotos fieles del Emperador.


Palabras del Cazador Gris Flair tras la contienda de Oran V.


Escritor:Editar

Oscar Urquízar

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