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Primera Guerra Tiránida

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Genestealer 2.png

Robagenes, mascota del Gran Devorador, patrocina este espacio hasta que la Mente Enjambre lo convierta en biomasa. Pulsa sobre él y te guiará a la categoría Tiránidos.

El Enjambre también se alimenta de tus visitas...

"No podemos sobrevivir a esto. La Humanidad no puede sobrevivir a esto. En un solo día han cubierto este planeta con una marea de espadas vivientes y bocas llenas de colmillos. Mata a uno, y diez tomarán su lugar. Si verdaderamente no tienen número, entonces nuestra raza está condenada a una muerte violenta antes de que cada despojo de nuestra civilización sea borrado por una fuerza más voraz que las mismas llamas del infierno. ¡La Muerte! ¡Por el Dios Máquina, la Muerte está aquí!"
Últimas palabras del Magos Varnak, líder de la estación de Tirán


La Primera Guerra Tiránida fue el conflicto librado por las fuerzas armadas del Imperio de la Humanidad (en concreto, la Armada Imperial y los Capítulos Astartes de los Ultramarines y los Salamandras) en el 745.M41 para destruir la Flota Enjambre Tiránida Behemoth.

El Primer Contacto Editar

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Mundo muerto devorado por la Flota Enjambre Tiránida

El primer contacto del Imperio de la Humanidad con la amenaza alienígena representada por los Tiránidos tuvo lugar en una poco conocida base imperial en el sistema Tirán, que se encuentra en la frontera sureste de la galaxia. El planeta Tirán era una base de tránsito del Adeptus Mechanicus para las expediciones de exploración que estudiaban los sectores prácticamente desconocidos de la frontera galáctica. A causa del aislamiento de la base y a pesar de su pequeño tamaño, estaba fuertemente defendida y disponía de un astrópata para comunicarse con Terra, situada a más de 60.000 años luz de distancia.

Los primeros informes inquietantes procedentes de Tirán describían varios mundos asolados en la frontera intergaláctica. En exploraciones efectuadas en un pasado ancestral, estos planetas se habían catalogado como habitables, pero las últimas exploraciones indicaban que en aquel momento eran poco más que esferas de roca asoladas y desprovistas de atmósfera. Al principio, no se sospechó nada extraño; las anteriores expediciones se habían efectuado cientos o incluso miles de años antes, por lo que no era extraño que hubiera errores.

Con el paso del tiempo, los Tecnosacerdotes comprobaron que algunos mundos que se sabía que tenían ecosistemas muy ricos habían sido transformados en planetas estériles. Los equipos de investigación no pudieron encontrar ninguna razón aparente que justificara el fenómeno y los informes entregados al Explorador General no recibieron demasiada atención. Los planetas en cuestión no albergaban ninguna forma de vida inteligente y se encontraban a miles de años luz de la colonia humana más próxima. En una galaxia con billones de mundos, estos misterios eran frecuentes, por lo que durante un tiempo la información simplemente quedó almacenada junto a los cientos de miles de bancos de datos que forman los archivos del Administratum en Terra.

Mientras la base de Tirán seguía enviando informes sobre mundos muertos, el creciente número de evidencias atrajo la atención de una organización que odia ferozmente los misterios y los fenómenos sin resolver: la Inquisición. El Inquisidor Kryptman, muy respetado por su gran intuición al desenmascarar la Herejía Machariana, empezó a hacer preguntas sobre lo sucedido en el lejano sureste. Los adeptus de la oficina del Explorador pudieron ofrecerle poca información adicional, pero en cuanto el Inquisidor Kryptman reunió y analizó los informes sobre mundos extinguidos, fue evidente que el fenómeno seguía una pauta clara y que podía verse una clara trayectoria de avance hacia el centro galáctico.

El Inquisidor presentó sus descubrimientos ante el consejo de la Inquisición y recibió permiso para viajar hasta la Franja Este e investigar. Sin embargo, mientras la astronave del Inquisidor navegaba por el espacio disforme, Tirán fue atacado.

El asalto a Tirán Editar

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La guerra total de la Invasión Tiránida

La base de Tirán Primus estaba situada en el centro de los grandes océanos planetarios de Tirán, edificada en una isla que era el pico más alto de una antigua cadena de volcanes del planeta. Los océanos de Tirán cubrían más del 80% de la superficie del planeta y estaban habitados por una gran variedad de formas de vida que abarcaban desde los pequeños e inocuos pececillos a los peligrosos krakens de 200 metros de longitud. La base estaba fortificada para poder resistir las violentas tormentas y los ataques de las voraces formas de vida oceánica. Tirán Primus, además, disponía de cuatro gigantescos láseres defensivos en silos blindados que permitían abrir fuego contra cualquier nave espacial invasora alienígena o cualquier monstruosidad desconocida que pudiera habitar los profundos abismos oceánicos.

En la base trabajaban más de cuatrocientas personas: escribas del Administratum, Exploradores, Genetistas, Visioingenieros y Lexmecánicos del Adeptus Mechanicus y sus servidores ayudantes, y un astrópata. Todos ellos estaban al mando del Magos Varnak, un miembro de la élite dominante del Culto Mechanicus. Entre cada tres y seis meses, las naves espaciales del Explorador pasaban por el sistema Tirán para reabastecerse y entregar sus informes. La última nave en partir fue la Investigación, destinada a visitar los mundos de la Franja Este, aunque Varnak temía que solo recibiría nuevos informes sobre planetas extinguidos.

Un mes después de la partida de la Investigación, Tirán Primus detectó una nube de cerca de un millar de objetos no identificados que estaban penetrando en el sistema estelar de Tirán. Cuando los estudios iniciales determinaron que la nube no estaba formada ni por naves ni por escombros espaciales, el Magos Varnak despegó en una de las pequeñas naves de la estación para investigar la nube de cerca. Al aproximarse, la nave fue atacada casi inmediatamente por unos objetos desconocidos. El Magos Varnak quedó herido, varios de los miembros de la tripulación murieron y la nave quedó tan seriamente dañada que apenas pudo regresar a Tirán. Mientras se recuperaba de sus heridas, Varnak ordenó el estado de alerta en la base y armó a los servidores para que actuaran como primera línea de defensa ante las fuerzas de invasión.

Una semana más tarde empezaron los ataques contra la base. Los tormentosos cielos de Tirán fueron rasgados una y otra vez por los cegadores destellos de los láseres de defensa que intentaban hacer retroceder a los atacantes. Dispararon rayos de energía capaces de atravesar varios bloques de casas de una ciudad, apuntando hacia el espacio mientras los proyectiles lanzados por el enemigo se estrellaban contra la base. El Silo 2 fue alcanzado y dañado por varios impactos, pero los cánticos y los rituales de los Tecnosacerdotes lograron que siguiera disparando.

La desigual batalla duró algo más de una hora; los valientes operadores de los láseres siguieron disparando contra los cientos de invasores que rodeaban Tirán hasta que, increíblemente, las naves enemigas se retiraron. Varnak envió a las tres naves que le quedaban en persecución del enemigo. Estas aumentaron la destrucción causada por las defensas terrestres y confirmaron el descubrimiento preliminar de Varnak sobre los atacantes. Los objetos parecían ser criaturas de origen alienígena, organismos muy robustos con duros caparazones que aparentemente estaban completamente adaptados a la vida en el espacio.

Las naves fueron rápidamente dañadas o destruidas por las naves biológicas del enemigo y el Magos Varnak fue informado de que las defensas de Tirán habían herido o destruido tan solo a una docena de criaturas de un enjambre que estaba compuesto por un millar. Llegó a la conclusión de que, si los invasores atacaban de nuevo y con más determinación, la base de Tirán estaría condenada. Era imposible escapar. Lo único que podían hacer era alertar al Imperio y vender caras sus vidas.

Pero el Astrópata no pudo enviar ningún mensaje. Las interferencias causadas en la Disformidad por la llegada de las criaturas impedían la utilización de la astrotelepatía. El espacio disforme podía quedar despejado en algunas horas o días, pero de momento Tirán estaba completamente incomunicado. Para conservar los conocimientos que tenían, Varnak ordenó que se preparara un archivo de datos que contuviera toda la información reunida sobre los invasores. El archivo grabaría todo lo sucedido en la base hasta que fuera sellado y, mediante un dispositivo colocado en el panel de control de Varnak, fuera enterrado a 3.000 metros de profundidad, en un pozo excavado bajo la base. Mientras se preparaba el archivo, los alienígenas se desplegaron de nuevo en posiciones de ataque.

Al llegar al alcance de los láseres, los invasores lanzaron miles de cápsulas sobre el planeta. Las cápsulas cayeron sobre Tirán en grupos compactos y no se abrieron hasta llegar a la atmósfera. Aunque las defensas láser destruyeron todas las cápsulas que cayeron sobre la base, muchas más cayeron sobre el mar que la rodeaba. Aunque sumergirse en el mar habría representado la muerte para cualquier humano, el sónar confirmó que los alienígenas estaban aproximándose. El océano se agitó e hirvió mientras los alienígenas salían de sus cápsulas y se abrían paso entre las voraces bestias nativas que los rodeaban.

Los láseres de defensa dispararon contra las naves biológicas cuando estas iniciaron el intenso bombardeo de la base. Varias de las criaturas cayeron ardiendo a la atmósfera, pero el bombardeo continuó. Los ácidos consumieron los silos blindados de los láseres y uno a uno fueron silenciados. El Magos Varnak observaba el avance de los alienígenas por las pantallas de cristal de la sacristía. Las criaturas caminaban erectas y tenían seis extremidades, disponían de garras y colmillos como si fueran bestias. Los múltiples proyectiles del fuego defensivo rebotaban como el granizo en su gruesa piel y en sus duros caparazones.

Tiránidos ataque a población.jpg

Invasión Tiránida

Los alienígenas atacaron el muelle sur, se abrieron paso a través de las pantallas de energía y el plástico blindado se rompió como si fuera de papel o vidrio. Los servidores que defendían el muelle contraatacaron empleando lanzallamas y los primeros invasores que atravesaron la brecha murieron o retrocedieron siseando desafiantes. Pero otras criaturas, gigantes aullantes con brazos como guadañas, avanzaron implacables; el Magos Varnak observó horrorizado que el fuego de napalm no les afectaba y que se abrían paso entre los servidores como si estos fueran de papel.

En poco tiempo, el enemigo había ocupado el muelle y empezaba a invadir el interior de la base destruyendo todo lo que encontraba a su paso. El dedo del Magus Varnak presionó el botón que enviaría el archivo a las profundidades. Con cada segundo podían acumularse nuevos datos sobre el enemigo, pero este también se acercaba cada vez más a la sacristía. Entre las filas enemigas aparecieron unas criaturas pequeñas y escurridizas que empezaron a disparar redes aprisionantes sobre los servidores y Tecnosacerdotes mientras estos resistían en los pasillos.

Varnak miró al Astrópata de la estación y ambos comprendieron que no podían permitirse ser capturados por esta raza alienígena desconocida. Varnak selló el archivo y se dirigió al reactor de la estación para iniciar la secuencia de autodestrucción. Mientras completaba su oración, las puertas de la sacristía cedieron y saltaron hechas añicos por la furia del ataque. Quedándole solo unos segundos, el Magus Varnak presionó la última runa sagrada en el altar de control.

Terra recibió un último y confuso mensaje desde Tirán. En alas de la muerte había llegado una profecía de destrucción junto con la imagen mental del cielo de Tirán ennegrecido por la presencia de innumerables monstruos. El planeta Tirán había bautizado finalmente con su propio nombre a los invasores: los Tiránidos.

Thandros Editar

El Inquisidor Kryptman recibió la noticia del último mensaje de Tirán meses después del ataque. Cuando su nave llegó al sistema Tirán ya había transcurrido casi un año y al principio no pudo identificar el mundo muerto y árido que encontró como el planeta cubierto por océanos que había sido Tirán. Después de una larga búsqueda, el Inquisidor Kryptman localizó el archivo de Varnak y comprendió el horror del peligro alienígena que amenazaba al Imperio.

Kryptman ordenó a su Astrópata que enviara un mensaje prioritario para alertar al Imperio, pero el astrópata no pudo penetrar las turbulencias de la Disformidad, creadas por el paso de la flota alienígena. Incluso la cercana matriz amplificadora de comunicaciones del planeta Thandros estaba también fuera de su alcance. Desesperado, Kryptman puso rumbo a Thandros esperando restablecer desde allí las comunicaciones.

Pero los Tiránidos habían atacado Thandros y proseguido su avance antes de la llegada del Inquisidor Kryptman. Thandros no estaba tan bien protegida como Tirán. Los mineros que vivían en los túneles de Thandros I y II no pudieron ocultarse de los Tiránidos ni escapar al espacio. Pudo comprobarse que el satélite en el que estaba instalada la matriz telepática en órbita alrededor de Thandros I había agotado la munición de sus torretas y quemado los cristales de los láseres de defensa antes de ser destruido. Sin embargo, los miembros del Adeptus Astra Telepathica que controlaban la base habían sido incapaces de avisar de su situación al Imperio a causa del bloqueo psíquico de los Tiránidos. El sistema Thandros luchó y murió solo.

Kryptman aprovechó los restos de la matriz telepática y envió un mensaje para avisar al desprevenido Imperio de la magnitud de la amenaza Tiránida. El Astrópata, con los ojos enrojecidos por la fatiga después de varios días transmitiendo sin descanso la información recopilada por Varnak y el informe de Kryptman, comunicó las órdenes para el Inquisidor: debía acudir al planeta Macragge en Ultramar, el reino del Capítulo Astartes de los Ultramarines. Allí debía prestar toda su asistencia al Señor del Capítulo Marneus Calgar para localizar y eliminar la flota Tiránida. Siguiendo la tradición imperial, la Flota Enjambre alienígena de los Tiránidos recibió un nombre en clave inspirado en el nombre de un antiguo y legendario monstruo: Behemoth.

La Batalla por Macragge Editar

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Ultramarines manteniendo la línea en Macragge

El Navegante de la nave de Kryptman luchó por mantener el rumbo marcado por la baliza luminosa del Astronomicón a través de las oscilantes energías de la Disformidad, mientras la astronave atravesaba los torbellinos y mareas siempre presentes en esta dimensión paralela. A veces, el remolino creado por la Flota Enjambre Behemoth estuvo a punto de hacer que la nave se perdiera para siempre en el espacio disforme, pero el Navegante evitó todos los remolinos y corrientes con gran habilidad. La alargada estela dejada por los motores de Disformidad de la nave de la Inquisición se desplazaba a través de lo inmaterial como el aceite a través del agua.

En el sistema Macragge, una docena de naves militares orbitaban alrededor del planeta y cada día llegaban más naves procedentes del espacio disforme. Pesados transportes de tropas de los Marines Espaciales orbitaban alrededor de Macragge como gigantescos monolitos azules cubiertos de cañones, tubos de lanzamiento y torretas para bombardeos pesados. Estos leviatanes empequeñecían incluso a los bruñidos Cruceros de Asalto que llegaban desde las bases más alejadas de los Ultramarines. Las fortalezas orbitales y los mortíferos sistemas de defensa planetaria rodeaban Macragge como un anillo de fuego.

El Inquisidor Kryptman se reunió con Marneus Calgar, Señor del Capítulo de los Ultramarines, bajo el pórtico de su palacio de brillante mármol blanco en lo alto de las montañas que dominan los brillantes mares de Hera. Calgar era un gigante incluso entre los genéticamente alterados Marines Espaciales. Nada escapaba a sus penetrantes ojos azules y ni las terribles noticias de Kryptman turbaron su noble porte.

Los Ultramarines se dispusieron para librar una guerra total contra los Tiránidos. Se había enviado hacia el Segmentum Tempestus una Flota de Batalla desde los muelles orbitales de Bakka. Calgar creía que Macragge era el sistema amenazado de forma más directa por la Flota Enjambre Behemoth. El planeta Macragge, de por sí bien protegido, estaba siendo reforzado y sería tenazmente defendido por los Ultramarines y las fuerzas auxiliares de defensa planetaria hasta que la flota combinada de Ultramar y el Imperio llegaran para aniquilar a la Flota Enjambre.

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La Batalla por Macragge

Un mes más tarde, los Tiránidos atacaron Macragge; su flota de más de un millar de naves fue atacada por los Cruceros de Asalto de los Ultramarines mientras avanzaba hacia el interior del sistema. Como todavía no había ni rastro de la flota imperial de Bakka, Calgar se vio obligado a utilizar la flota de Ultramar en un ataque arriesgado. Abandonando Macragge y retirándose al exterior del sistema, Calgar atrajo a los Tiránidos hacia las defensas de Macragge mientras intentaban rodear el planeta para invadirlo. La flota de Ultramar atacó a los alienígenas mientras estaban divididos y eran vulnerables consiguiendo abrir una sangrienta brecha en su flota mientras Calgar intentaba alcanzar la protección de los cañones pesados de Macragge.

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Respondiendo a la invasión.

En el punto crítico de la batalla, los cazas de combate de Ultramar procedentes de Macragge inutilizaron una de las naves más grandes de la Flota Enjambre, lo cual pareció desbaratar la cohesión de toda la flota enjambre. Los ataques Tiránidos eran cada vez más descoordinados y la flota de Calgar consiguió destruir numerosas naves del enjambre. En el fragor de la batalla, los Tiránidos lanzaron miles de Esporas Micéticas sobre las fortalezas vitales de los polos norte y sur del planeta, que eran los fundamentos de las defensas de Macragge. De cada espora que cayó al planeta surgió una criatura Tiránida y pronto miles de Tiránidos avanzaron a través de los hielos hacia las fortalezas de los guerreros humanos.

Guerra TotalEditar

En el espacio, la castigada Flota Enjambre se retiró y, en un intento desesperado de evitar que escapara, la pequeña flota de Marneus Calgar salió en su persecución. Aunque Calgar temía por las fortalezas polares, sabía que estaban bien protegidas por la 1ª Compañía, apoyada por las Fuerzas de Defensa Planetaria y los Titanes de la Legio Praetor. La mayor parte de la 1ª Compañía estaba formada por escuadras de Exterminadores equipados con armaduras tácticas Dreadnought y con las mejores armas del Imperio. Confiando el destino de Macragge a estos veteranos guerreros, Calgar prefirió perseguir a la Flota Enjambre Tiránida.

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Los enjambres Tiránidos de Macragge avanzaron hacia las fortalezas polares. Bestias con garras como cuchillas saltaban sobre las llanuras nevadas entre los rayos de los láseres; la gran masa de Tiránidos parecía una marea de miembros quitinosos y mortíferas garras. Otros Tiránidos atravesaban el monótono cielo gris volando con sus coriáceas alas y descargando fuego líquido sobre los defensores. El traqueteo de los bólteres y el tronar de la artillería ahogaban los bestiales gruñidos llenos de odio de los Tiránidos, pero estos seguían avanzando con una ferocidad implacable.

Los veteranos Marines Espaciales de la 1ª Compañía dirigieron a las tropas ligeras de la defensa planetaria durante la tenaz defensa de las fortalezas manteniendo cada muro y cada trinchera hasta el último momento antes de ser desbordados por los monstruosos alienígenas. Progresivamente, las tropas humanas fueron retirándose hacia las entrañas de la fortaleza causando grandes bajas en los Tiránidos por cada metro de terreno cedido. Los Titanes acechaban entre los montículos de hielo abriendo grandes agujeros entre las hordas Tiránidas con sus proyectiles y descargas de plasma. Las naves espaciales dañadas que Calgar había dejado en órbita disparaban y lanzaban megatoneladas de potencia explosiva sobre los Tiránidos, pero aun así, estos seguían avanzando.

La ferocidad de los enjambres era increíble. En la fortaleza del Norte desbordaron los muros de defensa utilizando como cobertura los montones de cadáveres de sus propios compañeros. Los Titanes fueron derribados y destrozados por la desbordante marea de criaturas como leones cubiertos de hormigas soldado. Los cañones de las armas se recalentaron a pesar del frío ártico y se encasquillaron; la munición empezó a escasear a pesar de haber suficientes reservas para resistir meses de asedio. La nieve alrededor de las fortalezas humanas quedó teñida de púrpura por el fluido tiránido.

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El Capellán Cassius luchando contra los Tiránidos

Cuando se llegó al combate cuerpo a cuerpo, mortíferos y pesados gigantes con brazos como guadañas atravesaron las filas de defensores como arietes vivos abriéndose paso a través del metal y del rococemento con la misma ferocidad. Ni siquiera los Exterminadores pudieron rechazar el ataque cuerpo a cuerpo de los Tiránidos. Con seis miembros, armados y protegidos con una coraza quitinosa, las criaturas avanzaron con cegadora rapidez; sus garras atravesaban la ceramita y el adamantio con una facilidad increíble. Los Ultramarines solo disponían de la potencia de fuego a corto alcance de sus bólteres de asalto, lanzallamas pesados y cañones de asalto para destruir al enemigo.

En la fortaleza del Sur, algunas criaturas penetraron profundamente en los laberínticos corredores bajo la ciudadela a través de una teóricamente inaccesible salida de residuos. Estos horrores con garras de mantis mataron a docenas de soldados de las Fuerzas de Defensa Planetaria en emboscadas dentro del laberinto de oscuros corredores y salas antes de poder ser perseguidos y eliminados por las escuadras de Exterminadores. Algunos hombres enloquecieron por el miedo o quedaron paralizados por el terror mientras los Tiránidos rompían el perímetro una y otra vez. Con cada brecha abierta en el perímetro, las guarniciones de Ultramar tenían que retroceder hasta una nueva línea defensiva. Metro a metro, los Ultramarines se vieron obligados a retroceder ante la marea alienígena de máquinas de matar orgánicas.

En el espacio, Calgar persiguió a la flota Tiránida que se retiraba hasta el mundo anillo de Circe en el límite del sistema Macragge. La oportuna llegada de la Flota de Batalla Tempestus procedente de Bakka sentenció el destino de los Tiránidos, que quedaron atrapados entre las dos flotas. Durante el combate, la flota humana combinada destruyó al resto de las naves del enjambre pagando un gran precio en hombres y naves.

La Flota de Batalla Tempestus, de más de doscientas naves de guerra, incluido el gigantesco acorazado clase Emperador Dominus Astra, quedó casi completamente destruida en la titánica batalla alrededor de Circe. La batalla solo consiguió ganarse gracias al heroico sacrificio del Dominus Astra, que se situó en el centro de la formación de la Flota Enjambre y sobrecargó sus motores de Disformidad. Los Tiránidos resultaron destruidos en el incandescente vórtice de Disformidad que también arrastró al Dominus Astra a la destrucción. Las naves supervivientes de Calgar regresaron rápidamente a Macragge para intentar salvar a las asediadas guarniciones polares.

Los sobrevivientes de las guarniciones de Ultramar habían sido empujados a las profundidades por las sucesivas oleadas de Tiránidos. Los supervivientes de la 1ª Compañía de los Ultramarines todavía luchaban entre los refrigeradores y acumuladores de los silos de los gigantescos láseres de defensa planetaria de la ciudadela del Norte, pero se había perdido todo contacto con ellos desde que los Tiránidos habían ocupado las defensas exteriores. En la fortaleza del Sur, los destacamentos supervivientes de la 1ª Compañía habían sido destruidos cuando intentaban retomar un bastión vital capturado por los Tiránidos. Pequeñas bolsas de resistencia en Ultramar todavía resistían en los búnkeres de la superficie. Calgar, considerando que la situación era crítica, envió a la 3ª y 7ª Compañías de los Ultramarines en los rápidos Cruceros de Asalto mientras el resto de naves dañadas regresaban a Macragge.

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Cuando los veloces Cruceros de Asalto llegaron a la órbita de Macragge, los Marines Espaciales de la 3ª y 7ª Compañías fueron desplegados con Cápsulas de Desembarco sobre los polos, seguidos de cerca por las unidades de apoyo en cañoneras. En la superficie, los esperaban escenas de carnicería inimaginables. Grandes montones de cadáveres Tiránidos y material bélico destrozado cubrían el hielo. Enormes cráteres abiertos en el hielo mostraban los puntos donde se habían fundido los reactores de plasma de los Titanes y el hedor a muerte era omnipresente.

La 7ª Compañía, que fue lanzada sobre la fortaleza del polo Sur, aterrizó sin encontrar oposición y rápidamente contactó con los supervivientes de la guarnición bajo el suelo. Juntos lograron limpiar los pasadizos subterráneos que habían sido ocupados. Solo quedaban unos pocos Tiránidos para oponerse a ellos, pero lucharon con una ferocidad demencial. Los avances iniciales fueron sangrientos; muchas escuadras de vanguardia fueron atacadas por Tiránidos aislados o por pequeños grupos de alienígenas que causaron grandes bajas. Pero los ataques Tiránidos no seguían ninguna estrategia y les faltaba coordinación; muchas de las criaturas fueron abatidas por los disparos de bólter en cuanto salieron de sus escondrijos.

En el Norte, la 3ª Compañía fue atacada en cuanto aterrizó. Cientos de criaturas emergieron de las oscuras bocas de los túneles y de los destrozados búnkeres para atacar a los Marines Espaciales arrasando casi por completo su zona de aterrizaje por la abrumadora superioridad numérica. Solo el increíble volumen del fuego defensivo de las compañías de devastadores consiguió mantener a distancia al enjambre alienígena hasta que las cañoneras Thunderhawk llegaron e hicieron retroceder a los Tiránidos bajo tierra. El Capitán Mikael Fabian de la 3ª Compañía, prudentemente, esperó la llegada de los tres Dreadnoughts de la Compañía antes de penetrar en la fortaleza en busca de supervivientes.

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Astarte en combate por Macragge

Los oscuros y húmedos corredores bajo la fortaleza del polo norte habían sido sutilmente alterados por la presencia de los alienígenas. De las paredes y techos colgaba una sustancia mucosa y un penetrante olor que llenaba el aire. Los gritos y rugidos de los alienígenas retumbaban de forma siniestra una y otra vez por los túneles. Cautelosamente, los Marines Espaciales avanzaron; la oscuridad retrocedía ante los focos de sus armaduras. Los corredores estaban cubiertos de cadáveres de Tiránidos y Ultramarines e incluso los rastreadores biológicos eran incapaces de distinguir a las criaturas que esperaban para atacar entre los cadáveres. Estos atacantes aislados causaron numerosas bajas en combate cuerpo a cuerpo aniquilando a las escuadras más adelantadas en una orgía de destrucción antes de ser exterminados.

Finalmente, las escuadras que encabezaban la marcha empezaron a utilizar sus lanzallamas para abrirse paso entre los corredores y ahuyentar al enemigo. Incluso mientras ardían, las criaturas avanzaban de un salto con las garras preparadas para desgarrar y matar.

Dos escuadras completas fueron aniquiladas por un ataque relámpago por el flanco llevado a cabo por una docena de Tiránidos en una intersección. Solo la presencia de un Dreadnought impidió la ruptura del perímetro de la compañía, pero el propio Dreadnought perdió un brazo al ser atacado por las criaturas antes de poder dispararles con su cañón de asalto. Cuando la Compañía penetró en la gran cámara situada bajo el Silo 8, fue atacada desde todas partes por una espeluznante horda de criaturas que emergieron de entre las sombras.

Una lluvia de obscenos proyectiles alcanzó a los Marines Espaciales atravesando su armadura y propagándose como una maligna mucosidad corrosiva. Las espadas sierra chocaron contra las quitinosas garras curvadas y los bólteres recitaron su catecismo de muerte mientras los Ultramarines rechazaban desesperadamente el ataque. Un terrorífico líder Tiránido, corpulento como un Dreadnought, cargó contra la línea defensiva de los Marines Espaciales. Tres Marines Espaciales murieron de un solo golpe de sus curvadas garras antes de que un Dreadnought cargara contra el monstruo.

Una titánica lucha se desató cuando el monstruo y la máquina se enfrentaron. El Dreadnought se tambaleó cuando el Tiránido le golpeó con fuerza y saltaron chispas cuando el puño de combate del Dreadnought atravesó el caparazón de la bestia. Un líquido viscoso manaba de sus heridas cuando la criatura levantó su afilada garra y arrancó una pierna de la máquina que cayó al suelo.

Tiranido vs bibliotecario.jpg

Bibliotecario contra Tiránido Prime

La bestia aullaba victoriosa y levantaba sus brazos para rematar al Dreadnought cuando el Capitán Fabian entró en combate. La espada de energía y el arma del alienígena chocaron con una crepitante descarga de energía. La bestia atacó a Fabian con un demoledor golpe mientras trastabillaba a causa de la descarga, pero el Capitán se apartó a tiempo y la garra se clavó en el suelo de rococemento con un destello de energía. En la fracción de segundo que tardó la criatura en liberarse, Fabian apuntó a la criatura con su pistola de plasma y disparó. La bola incandescente impactó de lleno en la cabeza del monstruo mientras Fabián disparaba una vez tras otra contra la criatura. La bestia se levantó con un aullido final de agonía y murió.

A su alrededor, los Ultramarines estaban a punto de ser desbordados; sólo los ataques psíquicos del Bibliotecario impedían a los Tiránidos completar la matanza. Pero, en cuanto el señor de los Tiránidos murió, muchas de las criaturas dieron media vuelta y fueron masacradas por los bólteres mientras huían. Las que siguieron luchando fueron aniquiladas por los disparos de los Ultramarines, que dispararon incluso entre sus propias tropas para asegurarse de la victoria. Al final del combate, apenas había sobrevivido una cuarta parte de la Compañía y los tres Dreadnoughts habían resultado gravemente dañados. El Capitán Fabián ordenó al resto de sus hombres que siguieran buscando supervivientes.

Una vez más y pese a las numerosas bajas, la Compañía se abrió paso con los lanzallamas hasta llegar finalmente al penitorium inferior, donde la 1ª Compañía se había atrincherado para presentar la última defensa. Los cuerpos de Tiránidos se amontonaban a docenas alrededor de la puerta y en el interior de la habitación yacían los cuerpos de unos Exteminadores dispuestos en círculo donde habían acabado luchando espalda contra espalda. Pemanecían allí, inmóviles y sin vida. Cada uno de ellos había dado su vida luchando contra las hordas de los Tiránidos. La 1ª Compañía de los Ultramarines había sido eliminada hasta el último hombre, un terrible golpe del cual el Capítulo tardó cien años en recuperarse.

Resolución Editar

Ultramarines y tiránidos.jpg

La Flota Enjambre Behemoth había sido detenida, pero el Imperio de la Humanidad había pagado un elevado coste. Tras la Primera Guerra Tiránida, poco pudo hacer el Imperio para contraatacar a su enemigo. La Flota Enjambre Behemoth había llegado de un cuadrante prácticamente inexplorado y había desaparecido por completo después de la Batalla de Macragge. El rastro dejado por la Flota Enjambre conducía al vacío intergaláctico.

Los Tecnosacerdotes de Marte dedicaron muchos años a clasificar los artefactos Tiránidos y los cadáveres de estos hallados en Macragge, pero descubrieron poco de las evidencias. Lo único obvio era que, al igual que los Eldars, los Tiránidos utilizaban algún tipo de biotecnología para construir orgánicamente su armamento (aunque las armas Tiránidas estaban limitadas a las de proyectiles de corto alcance y armas de combate cuerpo a cuerpo) y que los propios Tiránidos formaban una raza muy diversificada, más incluso que los Orkos, Gretchins y Snotlings que infestaban la galaxia.

El único descubrimiento importante fue que los Tiránidos empleaban a Genestealers como tropas de choque. Anteriormente se creía que estas criaturas eran los habitantes autóctonos de las lunas de Ymgarl, desde donde se habían dispersado por el espacio en pecios que se encontraban a la deriva. Su presencia entre las criaturas Tiránidas demostró que esta teoría era errónea. Las muestras genéticas demostraron que eran criaturas Tiránidas, aunque no descubrieron por qué se habían establecido tan lejos, en el Noroeste galáctico. El Capítulo de los Salamandras envió una campaña de exterminio para purgar las lunas de Ymgarl y la Inquisición intensificó su búsqueda de infestaciones de los Genestealers, pero nada más pudo hacerse.

Fuentes Editar

  • Codex: Tiránidos (4ª Edición).

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