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La Plaga del Descreimiento fue una de las más conocidas herejías y rebeliones surgidas de la Era de la Apostasía, aunque ocurrió varias décadas después de la muerte de Goge Vandire y de la ascensión de Sebastian Thor a la posición de Eclesiarca. Perpetrada del 310.M36 al 334.M36 por el Cardenal Bucharis en el Segmentum Pacificus, alcanzó el Segmentum Obscurus, y sirve a la Eclesiarquía y al clero de eterno recordatorio de que el poder puede corromper a aquellos que lo poseen. La Eclesiarquía aún se lamenta de que el celo, la determinación y el coraje de Bucharis no fueran utilizados en beneficio de la Humanidad, en vez de en el suyo propio.

El Cardenal ApóstataEditar

"Cada uno debe salir adelante por sí mismo: aquellos que no puedan son menos que humanos y por tanto una carga para la humanidad, ¡y deben ser eliminados!"
Cardenal Apóstata Bucharis


Unas pocas décadas después de la ascensión de Sebastian Thor al trono de la Eclesiarquía, el Cardenal Bucharis estaba al cargo de una diócesis centrada en Gathalamor, al suroeste de Terra. Gathalamor no era una diócesis rica, pero Bucharis, celoso de los logros de otros Cardenales, juró construir en su mundo cardenalicio uno de los templos más gigantescos para mayor gloria del Emperador. Después de esclavizar brutalmente a la población de Gathalamor, Bucharis necesitaba aún más gente y recursos.

Con la ayuda de un ejército de bandidos y malhechores conquistó el vecino mundo de Rhanda. Gracias a las ricas minas de ese planeta, la fortuna de Bucharis aumentó. También fue en el sistema de Rhanda donde el Cardenal unió sus fuerzas a las del renegado Almirante de la Armada Imperial Sehalla y a un Coronel del XXV Regimiento de Rigelia de la Guardia Imperial llamado Gasto. Con Guardias Imperiales y naves de la Armada a su servicio, Bucharis creó un pequeño imperio al oeste de Terra. En los siguientes siete años conquistó cincuenta sistemas estelares.

El reino de Bucharis estaba incomunicado con el Imperio a causa de una densa concentración de tormentas disformes, y aún no se conocía la ascensión de Sebastian Thor y la reorganización de la Eclesiarquía. Como Bucharis controlaba los viajes interestelares en su imperio, continuó censurando cualquier información relativa a los sucesos de Terra. Bucharis anunció que la Eclesiarquía había sido destruida, corrompida por traidores y herejes. Utilizando evidencias de la época de Vandire se proclamó a sí mismo la verdadera voz del Emperador y el poder supremo del Adeptus Ministorum. Para aquellos que escuchaban sus elegantes discursos, Terra era una causa perdida, y Gathalamor era el centro de la fe a partir de entonces.

La Plaga del Descreimiento se extendió, y las enseñanzas de Bucharis se convirtieron en ley. La cita del Cardenal de que "cada uno debe salir adelante por sí mismo: aquellos que no puedan son menos que humanos y por tanto una carga para la humanidad, ¡y deben ser eliminados!" era muy popular, y respondida con atronadoras ovaciones cuando acababa sus sermones. A la gente se le enseñaba a cuidar de sí misma antes que nada, para asegurar su propia supervivencia. Así era como la humanidad sobreviviría, con cada humano luchando en su propio beneficio. Los débiles serían abandonados y solo quedarían los más fuertes. La supremacía de la humanidad estaba asegurada con estas doctrinas.

Los mundos bajo el control de Bucharis se convirtieron en lugares peligrosos, en los que abundaban las bandas de saqueadores y nobles hambrientos de poder. Los vecinos luchaban entre sí y las familias quedaban divididas entre los restos de ese caos. Aquellos que lograban destacar en medio de tanta confusión llamaban la atención de Bucharis, que les recompensaba con más poder. Compañías de soldados mercenarios al mando de aquellos afortunados que obtenían el favor de Bucharis eran enviados para restablecer el orden en nombre de Bucharis. Aquellos que servían bien al Cardenal Apóstata eran muy bien recompensados, y aquellos que le fallaban eran severamente castigados.

De esta forma, los dominios de Bucharis se extendieron hacia el Norte y el Oeste. Temeroso de acercarse demasiado a Terra hasta que su poder fuera total, Bucharis prosiguió su sangriento avance aún más hacia el norte. Hacia el sur se detuvo cerca de la base de la Armada Imperial de Bakka, temiendo que la flota de Sehalla llamara la atención de las escuadras allí estacionadas. En el norte dio un amplio rodeo alrededor de Cadia y el Ojo del Terror, aterrorizado ante la idea de que su dominio tan duramente conseguido atrajera la atención de los Marines Espaciales del Caos.

Con casi todos los sistemas estelares de una enorme región del espacio firmemente bajo su control, avanzó aún más. Tres regimientos más de la Guardia Imperial se unieron a los mercenarios de Gasto. Creyendo ciertas las historias de la destrucción de la Eclesiarquía y el Adeptus Terra, las naves de la Flota de Batalla Pacificus en Hydraphur se pusieron a las órdenes del Cardenal Apóstata. Bucharis estaba preparado para enfrentarse al poder de Terra, esperando que la sorpresa y la astucia pudieran vencer a la superioridad de sus enemigos. Afortunadamente, Bucharis estaba a punto de cometer un grave error.

La Batalla del ColmilloEditar

El continuo avance de Bucharis hacia el norte le condujo hasta los territorios bajo la protección de los Lobos Espaciales. Como casi todos los Capítulos de Marines Espaciales, los Lobos Espaciales habían decidido proteger su mundo natal y patrullar solo los planetas más próximos. Cuando la inmensa flota de Bucharis surgió del espacio disforme para conquistar el sistema Albia, se encontró con el crucero Garra de Russ, que estaba preparándose para partir. Tras una corta batalla, durante la cual un crucero de la Armada y un buque de transporte quedaron destruidos, los Lobos Espaciales saltaron al espacio disforme y escaparon. La arrogancia de Bucharis iba a costarle muy caro. Consideró el encuentro como algo casual y pronto empezó a conquistar otros sistemas en el sector. Sin embargo, en el quinto sistema en el que aterrizó se encontró con algo demasiado poderoso para él.

Ese sistema era el sistema donde se encontraba Fenris, el planeta natal de los Lobos Espaciales. Cuando la flota de Bucharis salió del espacio disforme, fue atacada por la flota de guerra de los Lobos Espaciales. Aunque superados en número y armamento por las naves más grandes de la Armada, los Marines Espaciales destruyeron una buena parte de la flota de Bucharis antes de retirarse hacia el interior del sistema, desde donde continuaron lanzando ataques relámpago durante el resto de la guerra.

A pesar de tener dos terceras partes de su flota ocupadas en destruir las naves de los Lobos Espaciales, Bucharis consiguió atacar el planeta Fenris. Muchos de los transportes fueron destruidos por las tormentas en las capas superiores de la atmósfera, mientras que otros eran abatidos por las baterías láser de defensa de la fortaleza de los Lobos Espaciales. Sin embargo, se estableció una zona de aterrizaje y miles de Guardias Imperiales renegados desembarcaron en el mundo helado. A pesar de las adversas condiciones meteorológicas, los feroces guerreros bajo el mando de Bucharis juraron vengarse de los Lobos Espaciales por la muerte de sus camaradas.

Los fenrisianos capturados fueron esclavizados y obligados a trabajar para abastecer al ejército de Bucharis de los materiales necesarios. Fueron obligados a construir carreteras improvisadas sobre las traicioneras llanuras heladas, y a talar los enormes árboles de los bosques de Fenris para suministrar combustible a las hogueras y a los versátiles motores de los tanques de la Guardia Imperial. Sin embargo, los fenrisianos no eran fáciles de domar, y tenían que ser vigilados de cerca para que no intentaran rebelarse contra Bucharis y atacar a su ejército donde más daño podían causar. Comunidades enteras fueron masacradas, y los campamentos arrasados hasta los cimientos. El resistente ganado de las pocas granjas dispersas fue sacrificado para los festines de Bucharis y sus oficiales, las mujeres eran esclavizadas, y los jóvenes y viejos eran asesinados y abandonados a los enormes cuervos carroñeros que describían círculos en el cielo del inhóspito planeta.

El avance de Bucharis continuó, y sus enormes columnas avanzaron inexorablemente hacia el Colmillo hasta que la antigua fortaleza quedó sitiada. Llegaron más tropas al sistema, y aunque muchos transportes fueron destruidos por los ataques sorpresa de la flota de los Lobos Espaciales, las montañas y valles que rodeaban la fortaleza hormigueaban con los ejércitos del Cardenal Apóstata. Gigantescos cañones de asedio bombardeaban la fortaleza día y noche mientras el oscuro cielo se iluminaba con miles de destellos y con las brillantes energías de los escudos de vacío. Las explosiones estremecían las montañas de Asaheim, causando nuevas avalanchas y una mayor destrucción. Andanadas disparadas desde las naves situadas en órbita abrieron enormes grietas en las escarpadas laderas, pero las murallas del Colmillo resistieron.

Las salidas y los contraataques de los Lobos Espaciales destruyeron las construcciones de asedio de los traidores y sus enormes cañones. Los ataques por sorpresa de los Exploradores Lobo interrumpían las líneas de suministro, y durante meses los cañones permanecían en silencio por falta de munición. Utilizando los pasajes secretos que cruzaban las montañas y comunicaban el Colmillo con cualquier punto de las montañas de Asaheim, los Lobos Espaciales penetraron profundamente entre las líneas enemigas.

Lanzando gritos de batalla que helaban la sangre, los Garras Sangrientas atacaban a los soldados de Bucharis amparados en la oscuridad de los bosques de Fenris, despedazando a sus enemigos con manos y dientes para ahorrar municiones y generadores. Los Colmillos Largos emboscaban a los grandes convoyes de tanques, volando a menudo montañas enteras para aplastar a los enemigos de los Lobos Espaciales bajo una avalancha de rocas gigantescas. Los Dreadnoughts se abrían paso entre las columnas enemigas que avanzaban, dejando un rastro de destrucción a su paso.

Semana tras semana, mes tras mes, el asedio continuó. Bucharis ordenó ataques suicidas contra las puertas blindadas del Colmillo, prometiendo riquezas incalculables al primer hombre que las cruzara. Cada vez que las fuerzas de Bucharis atacaban, los Lobos Espaciales las rechazaban, infligiéndoles pérdidas terribles.

El asedio prosiguió durante tres sangrientos años. Un ataque tras otro, un bombardeo tras otro, cayeron sobre los muros y puertas del Colmillo, y sin embargo la fortaleza siguió siendo inexpugnable. Bucharis envió más y más soldados, hasta que incluso las tropas en la distante Gathalamor quedaron reducidas a una cuarta parte de sus efectivos. Creyendo que sus dominios estaban seguros, reunió a sus ejércitos para el ataque final y acabar así con toda resistencia. Pero el destino intervino una vez más, esta vez para infligir un golpe terrible a los planes de Bucharis.

Más allá del último planeta del sistema, la realidad se desgarró para dar paso a una flota de guerra que surgió del espacio disforme. Cuando las naves de Bucharis se acercaron a investigar, tuvieron que enfrentarse a una flota de naves de combate de los Lobos Espaciales que regresaban a su planeta natal. Los Lobos Espaciales no se lo pensaron dos veces y atacaron inmediatamente, destruyendo casi la mitad de las fuerzas de Bucharis en el primer ataque. Atrapado entre los recién llegados y el ataque de las restantes naves situadas en el centro del sistema, el Almirante Sehalla ordenó la retirada. Los Lobos Espaciales no perdieron el tiempo persiguiéndoles y se dirigieron directamente hacia Fenris.

El contraataque de la Gran Compañía de Kyrl Grimblood destruyó decenas de miles de Guardias traidores durante la primera semana. Fueron expulsados de los pasos de las montañas, y aquellos que sobrevivieron hasta llegar a las llanuras de Asaheim murieron igualmente. Las manadas de lobos gigantes y el clima despiadado mataron a todos y cada uno de los invasores. El Cardenal Apóstata logró escapar en una lanzadera y reunirse con Sehalla, que había regresado del espacio disforme para contactar brevemente con su aliado. Abandonando Fenris a los Lobos Espaciales, Bucharis regresó con sus fuerzas en el norte y consolidó su control sobre el resto de sus dominios.

Rebelión en ChirosEditar

A causa del ataque a Fenris la expansión del imperio de Bucharis no había progresado al mismo ritmo que antes, pero no se había detenido. Disponía de muchos comandantes que seguían avanzando hacia el oeste, y muchos sistemas más habían caído en sus manos durante la Batalla del Colmillo. Sin embargo, empezaron a llegar informes de derrotas en un sistema recientemente descubierto: Chiros. Chiros no era un planeta desolado o pobre, como Gathalamor o Rhanda; era un mundo de bosques que ocupaban continentes enteros, profundos lagos y llanuras de hierba, que contaba con una población de varios millones de habitantes.

La mayor riqueza de Chiros eran los artículos de lujo que exportaba: pieles exóticas, elixires y narcóticos sorprendentes destilados a partir de la flora y fauna locales, y otras extravagancias. Bucharis no podía entender por qué un planeta tan próspero se arriesgaba a ser destruido por oponerse a él. Abandonando sus conquistas cercanas a Fenris, Bucharis ordenó el regreso de la flota y el ejército a Gathalamor mientras consideraba el problema.

El Cardenal Apóstata se enteró de que, a pesar de la enorme carnicería que se había producido en el mundo de Chiros, los chirosianos no se rendían. El comandante a cargo del ataque había restringido el uso de las armas más poderosas de su arsenal, temiendo dañar la belleza del planeta, que podría convertirse en el lugar de retiro del Cardenal.

Bucharis estaba complacido con la previsión del comandante, y le envió tres compañías de tropas más, esperando que con estos refuerzos pronto podría estar cazando los abundantes venados de Chiros, persiguiendo a las presas por las suaves colinas de ese paraíso natural. No sería así. El Capitán mercenario al mando del ataque a Chiros informó con pesar de su rendición a los chirosianos. Bucharis estaba asombrado. Sabía que los soldados de la Guardia Imperial no eran los más preparados del Imperio, pero un regimiento completo de ellos debería haber sido capaz de derrotar fácilmente a cualquier pequeña fuerza que pudieran reunir los chirosianos.

Los agentes de Bucharis regresaron del sistema con informes más detallados. Los mercenarios no se habían enfrentado a unos pocos cientos de defensores mal armados y escasamente motivados. La población entera se había sublevado contra ellos, cada uno con su rifle de caza y otras armas. Había millones de tiradores en las colinas y bosques, emboscando a los soldados de Bucharis y abatiéndoles a docenas antes de utilizar los senderos y refugios de los bosques para desaparecer una vez más en la espesura. Todo el planeta era hostil, no había suministros, las tropas no tenían ningún respiro, y cuando una escuadra suicida cargó contra el centro del campamento del capitán e hicieron detonar explosivos de fabricación casera, el ejército perdió la voluntad de luchar.

El camino hacia GathalamorEditar

"Camino por la senda de la justicia. Aunque esté sembrada de cristales rotos, la recorreré descalzo; aunque cruce ríos de fuego, pasaré sobre ellos; aunque se extiende a lo ancho, la luz del Emperador guía mis pasos."
Confesor Dolan de Chiros. Sermón en el camino hacia Gathalamor


Poco después de Chiros, otro mundo consiguió rebelarse con éxito: el mundo minero de Guryan. Los mineros habían matado a sus guardianes con taladros y martillos, trepando sobre una montaña de sus propios muert os para estrangular a sus enemigos con las cadenas de sus grilletes. Después de Guryan vino Dolsia, después Vaust. Las rebeliones seguían un camino a través de los dominios de Bucharis, dirigiéndose directamente hacia Gathalamor. Bucharis tendió una emboscada en Colcha, y cuando una pequeña flota surgió del espacio disforme fue atacada y prácticamente destruida. Una lanzadera, sin embargo, logró alcanzar la superficie del planeta.

Preocupado por la lanzadera que había aterrizado, el Comandante General Fredreich Khust mantuvo a sus hombres y tanques en estado de alerta máxima. La espera continuó durante un mes, durante dos meses, tres meses, medio año. Un año más tarde, casi el mismo día, los tranquilos granjeros de Colcha se transformaron en locos asesinos. Quemaron las cosechas, atacaron los campamentos locales con escopetas primitivas y herramientas de labranza, pereciendo tres cuartas partes de ellos antes de aplastar al enemigo. Lanzaron sus enormes manadas de gigantescas bestias Gor contra las compañías de tanques del enemigo. Las estampidas de esas bestias del tamaño de una casa aplastaron las máquinas de guerra. Construyeron diques en los ríos e inundaron las ciudades donde estaban acuartelados los hombres de Khust, arrasando sus propios hogares. Incluso los más ancianos y los niños lanzaban granadas caseras fabricadas con el combustible destilado local, incendiando los conductos de aire de los tanques Leman Russ y asfixiando a sus tripulantes. En sus dos continentes los habitantes de Colcha se sacrificaron para expulsar a sus esclavizadores.

Las arcas de Bucharis (tras ser expulsado de Colcha, y después de Lima Rogan, Troudor y otra veintena de mundos) empezaron a vaciarse más rápidamente de lo que se llenaban. Muchos de sus soldados desertaban, y se produjeron luchas internas incluso entre los oficiales de alta graduación. Y las revueltas continuaban, como una flecha apuntando al corazón del Cardenal Apóstata. Por último, Methalor, el sistema más cercano a Gathalamor, cayó, con su principal ciudad colmena destruida en un incendio infernal provocado por los habitantes al sobrecargar la planta de energía geotermal.

Bucharis dobló el cordón de seguridad alrededor de su propio sistema y ordenó que todas las naves fueran registradas. Poco después de la caída de Methalor llegó al Palacio Cardenalicio de Gathalamor un mensajero. Con gesto arrogante y voz severa anunció que era un enviado del Confesor Dolan Chirosius. El Confesor Dolan exigía la inmediata rendición de Bucharis. Se ordenaba al Cardenal dimitir de su puesto y acogerse a la misericordia del Emperador. Y lo más importante, debía renunciar a sus herejías y abandonar la idea de la autoredención.

El Gran ConfesorEditar

"¡Qué importa si se pierde un hogar o incluso un mundo queda destruido, si con ese sacrificio se logra acabar con la maldad y las herejías de los peores enemigos del Emperador!"
Confesor Dolan, durante su juicio público en Gathalamor


Los restos del mensajero fueron clavados en las puertas del Palacio, donde las ratas y los cuervos lo devoraron. El Confesor Dolan llegaría pronto a Gathalamor, y Bucharis quería que la primera imagen que tuvieran de él sus esclavos fuera la de un hombre encadenado y azotado por las calles. Pronto, la lanzadera de Dolan fue abordada y el Confesor fue detenido, acusado de varios cargos de herejía y traición contra el Emperador.

Tal como Bucharis había prometido, Dolan fue encadenado y arrastrado por las calles. Los soldados del ejército de Bucharis lo azotaban con flagelos y le arrojaban piedras. Le clavaron ganchos en el cuerpo y le colgaron pesos de ellos, obligándole a seguir andando a patadas y puñetazos. Sin embargo, la multitud alineada en las calles tenía un aspecto hosco y circunspecto. No había gritos de ánimo, pero tampoco de condena.

Dolan fue arrastrado así por todo el continente, un viaje de seis meses repleto de constantes torturas y tormentos. No se le dejó dormir, se le privó de comida y sólo tenía un sorbo de agua putrefacta al día para osbrevivir. Sin embargo, a pesar de todos estos padecimientos, su brillante mirada no se apagó y nunca agachó la cabeza ante los golpes de sus acusadores.

Bucharis ordenó un juicio público contra Dolan, acusándole de blasfemia y herejía, además de los crímenes de traición, sedición y rebelión. Quería que Dolan muriera, pero no quería proporcionar un mártir a la desesperada gente que mantenía bajo su yugo. Dolan debía ser públicamente humillado y escarnecido, hallado culpable de los cargos de los que se le acusaba. Solo cuando demostrara que era un enemigo de la Humanidad moriría lenta y dolorosamente.

El juicio fue retransmitido para todos los dominios de Bucharis, para que aquellos que lo presenciaran no tuvieran dudas de su validez. Por supuesto, Bucharis no tenía la menor intención de proporcionarle al Confesor Dolan un juicio justo, pero ante las masas debía parecerlo. Siguiendo todos los procedimientos y precedentes correctos, Dolan y cientos de testigos más fueron careados e interrogados. Dolan aceptó ser su propio defensor y cuando después de cinco meses la acusación terminó su intervención, un millar de mundos esperaban impacientes.

Dolan explicó cómo había empezado a predicar a los habitantes de Chiros, explicando la tiranía de Bucharis y condenando las falsas doctrinas del Cardenal Apóstata. Les inspiró el deseo de luchar por su libertad, incitando a los habitantes de la ciudad y a los cazadores con sus apasionados discursos. Este poder pudo comprobarse por su propio testimonio. Sus ojos ardían con celo religioso, gesticulaba enérgicamente para realzar sus opiniones, y sus ideas llegaban hasta el corazón de los que le escuchaban, donde prendían con fuerza. Era un hombre apasionado, algunos dirían que loco. Pero era leal al Emperador y a sus enseñanzas. Soportaría cualquier sacrificio e indignidad con tal de ver caer a Bucharis, y transmitió este odio feroz a aquellos que le escuchaban.

Dolan habló durante tres días, declarando cómo había convencido a los agricultores de Bellis XIV para que condujeran sus enormes máquinas cosechadoras hacia los campamentos enemigos, aunque murieran en el intento. Dirigió a los farraditas cuando cargaron contra la Torre Inmortal, animándoles a seguir incluso después de que más de nueve mil de ellos hubieran muerto a causa de los campos de minas y las baterías defensivas. Fue un discurso suyo el que enfureció de tal manera a la población de Resto Primis que sobrecargaron la red de energía geotérmica, destruyendo los continentes del planeta en una serie de terremotos y erupciones volcánicas. "¡Qué importa", gritaba mientras levantaba ante él sus puños crispados, "si se pierde un hogar o incluso un mundo queda destruido, si con ese sacrificio se logra acabar con la maldad y las herejías de los peores enemigos del Emperador!".

Después de su larga diatriba, Bucharis habló. Explicó cómo el propio testimonio de Dolan le había condenado, que había reconocido libremente todos los graves delitos y crímenes de los que había sido acusado. No había negado ni un solo cargo. El Cardenal se dirigió a sus seguidores, reiterando la flagrante oposición de Dolan a la verdadera autoridad de la Eclesiarquía. Calificó a Dolan y a sus seguidores de anarquistas e idólatras, una amenaza para la estabilidad de todo el Imperio. Sus actos de rebelión y herejía no le dejaban otra elección que ordenar su ejecución. Apelando a la misericordia del Emperador por el alma de Dolan, Bucharis ordenó a sus hombres que condujeran a Dolan a las mazmorras.

Durante casi ocho meses Dolan padeció tormentos desconocidos a manos de los torturadores de Bucharis. Cuando por fin murió, colgaron su cuerpo de las paredes del Palacio, para que lo devoraran los perros y los pájaros. Su cuerpo había quedado terriblemente desfigurado. Tenía la carne marcada por horribles quemaduras y cicatrices, que mostraban el dolor y el sufrimiento que había padecido. A pesar de los tormentos que había infligido a su cuerpo, la cara de Dolan mostraba una calma y serenidad que se extendía a todo su cadáver. Aquellos que lo veían lloraban abiertamente, aunque cualquiera que mostrara pena fuera acusado de hereje y ejecutado. Los pájaros carroñeros nunca tuvieron su festín: el cuerpo de Dolan desapareció poco después y nunca fue encontrado.

La muerte de un tiranoEditar

El plan de Bucharis para arruinar la reputación de Dolan Chirosius fracasó completamente, volviéndose en su contra. Al permitir que Dolan hablara, le había dado la oportunidad de extender su mensaje más allá de lo que nunca hubiera podido él solo. Al anunciarse la muerte del Confesor, los dominios de Bucharis estallaron en una revuelta. Casi simultáneamente, los habitantes de un millar de mundos atacaron a sus crueles gobernantes. Inspirados por el sacrificio del Gran Confesor, millones de hombres, mujeres y niños se enfrentaron a las armas de sus enemigos con las manos desnudas. El propio palacio de Bucharis fue asaltado, y traidores dentro de sus propias tropas abrieron las puertas para que los fieles obtuvieran su venganza.

Bucharis huyó mientras los pocos sirvientes leales que le quedaban contenían la marea humana que inundaba los pasillos y las salas, destruyéndolo todo a su paso. Utilizando la red subterránea de túneles del palacio llegó hasta el espaciopuerto, donde intentó embarcar en una lanzadera, abandonando y dejando atrás todo lo que había conseguido con tal de conservar la vida. Pero una vez más, sus colaboradores más cercanos le traicionaron, con la esperanza de salvar la vida ante el salvajismo de la plebe. Advertidos de la inminente huida de Bucharis, los habitantes de Gathalamor rodearon el espaciopuerto, y se lanzaron contra las vallas electrificadas hasta que sobrecargaron los generadores. Bucharis nunca llegó a alcanzar la nave. La muchedumbre le atrapó justo cuando estaba embarcando. Fue despedazado, engullido por una multitud de cientos de miles de esclavos que clamaban venganza. Su cuerpo nunca fue recuperado. Cuando la multitud se dispersó, las cenizas de una hoguera eran todo lo que quedaba para señalar el lugar donde Bucharis había muerto.

Aunque la cronología no está clara, se sabe que el Capítulo de los Ángeles Oscuros emprendieron una campaña de dos décadas en la que participaron en muchas batallas para aniquilar al Hermano Machius, un antiguo lugarteniente del Cardenal Bucharis. A pesar de varias emboscadas por parte de la Legión Traidora de los Amos de la Noche, los Ángeles Oscuros prevalecieron: el Ala de Cuervo localizó a Machius en el planeta desgarrado por la plaga de Gronmoth, y lo capturaron en la Batalla de la Muerte Negra.

Conflicto de canonEditar

Es difícil fijar las fechas en que se desarrollaron las campañas de Bucharis. En el Codex: Hermanas de Batalla de 2ª Edición solo se indica que comenzaron décadas después de la victoria de Sebastian Thor, ocurrida poco antes de la proclamación del Decreto Pasivo en el 288.M36. El Codex: Ángeles Oscuros de 6ª Edición indica que del 314 al 334.M36 los Ángeles Oscuros persiguieron a Machius, un antiguo lugarteniente de Bucharis. Sin embargo, el Codex: Lobos Espaciales de 7ª Edición fecha la Plaga del Descreimiento entre el 310 y el 334.M36, lo que obligaría a suponer que Machius abandonó a Bucharis apenas cuatro años después de iniciada su herejía. No obstante, al ser el último dato vigente, lo mantenemos como datación canónica del periodo.

FuentesEditar

  • Codex: Hermanas de Batalla (2ª Edición).
  • Codex: Ángeles Oscuros (6ª Edición).
  • Codex: Lobos Espaciales (7ª Edición).

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