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Orden del Corazón Sangrante

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Santa Leire Recortada.jpg La pequeña Santa Leire protege este sagrado artículo con santa ira y devota pasión en el nombre del Divino Emperador. Pulsa sobre su reverenciado icono para acceder a los archivos del Adepta Sororitas.

El precio de no leer es ser purgado.

Adepta Sororitas Icono Lis.jpg

Emblema del Adepta Sororitas

La Orden del Corazón Sangrante es una Orden menor de las Hermanas de Batalla del Adepta Sororitas. Su Abadía está situada en el Mundo Santuario de Esperanza de Emiline, lugar de reposo de los huesos de Santa Emiline.

Historia Editar

En el 425.M41, un ¡Waaagh! Orko bajo el mando del Archimaníaco de Calvera atacó el Sistema Yerena, destruyendo todo lo que se puso en su camino y avanzando hacia los principales mundos poblados en el núcleo del sistema. Uno de los planetas en el principal eje del ataque de los Orkos era el Mundo Santuario de Esperanza de Emiline, llamado así por el santo bendito que dio su vida para recuperarla de las Fuerzas del Caos casi un milenio antes. Dándose cuenta de que no había manera con tan ínfimos números de Hermanas estacionadas en el planeta para soportar toda la fuerza de los Orkos, la Canonesa Superiora ordenó a regañadientes la evacuación del planeta. Habiéndole sido confiadas el cuidado de los huesos del santo, los colocaron reverentemente en urnas sagradas y comenzaron el viaje a Caprium, el puerto espacial más cercano a su abadía.

Pero los Orkos se movían mucho más rápido de lo que nadie hubiera creído posible y de camino a Caprium el convoy/procesión que llevaba los huesos del santo fue emboscado por Komandos mientras las Hermanas se detuvieron para realizar las oraciones de la mañana. Atrapadas por completo con la guardia baja, las Hermanas fueron despiadadamente asesinadas y sus Rhinos saqueados. Cuando los Komandos regresaron victoriosos a su campamento, no se dieron cuenta de que estaban siendo seguidos. La única superviviente del ataque, una joven Hermana Celeste llamada Martika, había recuperado la conciencia bajo los cadáveres de sus Hermanas y jurado venganza contra los Orkos, arrastrándose hacia su campamento. Al caer la noche, se infiltró sigilosamente en el campamento, identificando el Rhino que contenía los restos del santo y se dirigió hacia el mismo, colocando una serie de trampas explosivas en el camino. La Hermana Martika abrió sin pensar la puerta de la tripulación y lanzó sus últimas granadas hacia un grupo cercano de Buggies. La explosión resultante fue más devastador de lo que podía haber esperado, pues los siete buggies detonaron en una serie de explosiones rugientes. El campamento estalló en el caos cuando la noche se iluminó con más explosiones cuando las trampas fueron activadas por los confusos Orkos.

Martika aceleró los motores del Rhino y lo condujo a toda velocidad entre Orkos aullando, lanzando a un lado sus endebles vehículos y aplastando los que no se apartaron lo suficientemente rápido de su curso. Martika alcanzó los bordes exteriores del campamento y puso el motor del Rhino al máximo, ofreciendo sus oraciones a los restos del santo y pidiéndole perdón por su rudeza en su fuga hacia Caprium. Los Orkos no tardaron en iniciar su persecución, empleando decenas de Buggies y Karros de Guerra. Sabiendo que el Rhino no podía correr más rápido que los vehículos orkos, Martika abandonó la carretera y comenzó a tejer su camino a través del bosque, con los haces de los faros de su Rhino alanceando la profunda oscuridad. Condujo hábilmente entre la espesura mientras que muchos de los conductores orkos, más imprudentes, se estrellaron contra los árboles, convirtiendo sus vehículos en gigantescas bolas de fuego. Eventualmente el bosque se hizo más espacioso y los Orkos alcanzaron su presa, pulverizando el Rhino con armas de fuego, incluso cuando la Hermana Martika pedía ayuda a Caprium. El vehículo soportó los disparos aunque la persecución, tras durar toda la noche, agotó casi todo el combustible del Rhino. A corta distancia, los disparos de los Orkos empezaron a impactar, perforando agujeros en el Rhino por los que espeso humo negro se derramó desde los motores.

Pero el Rhino no fallaría en su deber y aun cuando los engranajes se quebraron y el Espíritu Máquina del motos aulló de rabia, continuó llevando su carga hacia Caprium. Por fin el Rhino emergió del borde del bosque, divisando en la distancia las murallas de Caprium mientras dos Karros orkos se pusieron a la par del Rhino. Martika embistió a los dos, y ambos se separaron fuera de control. Más vehículos orkos comenzaban a surgir del bosque cuando repentinas explosiones azotaron a los Orkos mientras los artilleros en las murallas del puerto espacial comenzaron a disparar. El suelo retumbó con el impacto de los bombardeos, una tormenta de metralla letal que desgarró los Kamiones orkos con facilidad. Ojiva tras ojiva la andanada horadó enormes agujeros en la persecución orka y en unos segundos la convirtió en chatarra y el Rhino de Martika entró tambaleante por las puertas del espaciopuerto. Agotada pero eufórica, la joven Celeste salió trémula del Rhino y dio gracias a su espíritu indomable antes de presentar las urnas que contenían a Santa Emiline a su Canonesa. En reconocimiento a su espíritu indomable, el Rhino fue reparado y se convirtió en el transporte personal de Martika, llevándolo a la batalla hasta el día de su muerte.

Hermanas notables del Corazón SangranteEditar

FuentesEditar

Extraído y traducido de Wikihammer 40K UK.

  • White Dwarf Nº 269 (Edición Inglesa).

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