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Nacidos en el Vacío

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El Adepto Sabiondus, mascota del Imperio del Hombre, protege este saber; pues es parte del Omnissiah. Pulsa sobre él para aprender más sobre los dominios del Emperador.

El Omnissiah sabe todo, comprende todo. Tus visitas honran al Dios Máquina.

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Psiquico con nacido en el vacio

Los nacidos en el Vacío, la desoladora oscuridad interestelar, son una curiosa mezcolanza de inadaptados, forasteros e infortunados. Posiblemente nacieron en las entrañas de una nave de peregrinos, o quizá a bordo de un antiguo satélite orbital; la creencia generalizada es que estos individuos se han visto afectados de algún modo por la corrupción de la Disformidad.


La vida de un nacido en el vacío Editar

La flota imperial es un elemento vital para el mantenimiento del Imperio: sin ella, los mundos humanos estarían aislados y no podrían contar con la protección del Imperio de la Humanidad . No existiría el comercio, las armas no llegarían a los ejércitos del Emperador, y la maquinaria que mueve al Imperio se detendría mundo a mundo.

El viaje espacial a lo largo del Imperio es arduo y peligroso. La mayor parte de los viajes interestelares se llevan a cabo utilizando potentes motores de disformidad.

Dentro de la disformidad, una nave espacial puede cubrir muchos miles de años luz en un periodo de tiempo relativamente corto, para luego reaparecer en el espacio real mucho más allá de su punto de origen. Sin embargo, ciertas regiones de la disformidad actúan como vórtices de poder, absorbiendo toda nave indefensa y condenándola para siempre. También existe el peligro constante de turbulencias, tormentas de disformidad y bucles espaciales. Las naves pueden desviarse varios miles de años luz de su rumbo inicial, o quedar atrapadas en un campo de estasis por toda la eternidad. El tiempo y la distancia no existen como tales dentro de la disformidad: únicamente el flujo continuo del inmaterium. A bordo de una nave que viaje por la disformidad, un único mes de tiempo de viaje percibido podría suponer entre seis meses y varios años de tiempo en el plano material. Ha habido casos de flotas enteras que han respondido a una llamada de socorro y naves de suministro que han emprendido largos viajes sólo para llegar meses o incluso años demasiado tarde.

Quienes pasan toda la vida en una nave espacial deben acostumbrarse a las alteraciones que provoca en la realidad el salto a la disformidad, de habitar un entorno de gravedad reducida o Incluso nula, y de no experimentar jamás la sensación de poner un pie en suelo firme.

Es bastante habitual que una nave espacial desempeñe sus funciones en un ciclo infinito. Hay naves mercantes y mineras que jamás atracan en puerto alguno, tripuladas por generaciones de familias criadas en la fría oscuridad del espacio profundo. Las presiones gravitatorias, la endogamia y las anomalías de la disformidad causan estragos en ellas. El efecto que ésta ultima tiene sobre los nacidos en el vacío es incierto, pero todos ellos presentan alguna anomalía evidente. Tienen la piel pálida y las facciones demacradas. Puede que presenten alguna deformidad menor, o cierta extravagancia en su forma de hablar, sus andares o su aspecto general. Algunos de los nacidos en el vacío crecen en enormes estaciones espaciales, como bases mineras en asteroides, estaciones de repostaje de flotas de combate o plataformas de investigación. Los demás tienen orígenes muy variados y diversos: tripulación de naves mercantes o naves de combate, mineros, celadores (o prisioneros) o incluso los sirvientes de un comerciante independiente .

Las naves más grandes son inmensas construcciones del tamaño de una ciudad, y muchas de ellas tienen varios miles de años de antigüedad. Servidores lobotomizados y tecnoadeptos corretean de un lado a otro para llevar a cabo sus tareas, mientras que la tripulación de menor categoría, los pasajeros y los mercaderes cohabitan hacinados en corredores y barracones diminutos. Al mando de la tripulación de la nave se halla el navegante, una extraña clase de psíquico que conduce hábilmente la nave a través del inmaterium, siempre siguiendo la baliza psíquica del Astronomicón.

Los nacidos en el vacío al servicio de la Armada Imperial o en la tripulación de un comerciante independiente conocen de primera mano los horrores del espacio y la tremenda magnitud de los enemigos del Emperador. Este conocimiento suele obligar a las tripulaciones de las naves a formar camarillas cerradas, pues están demasiado asustados para dejar de lado sus obligaciones o abandonar sus grupúsculos, por puro temor a lo que podría devolverles la mirada desde el vacío.

Las peores de todas son las Naves Negras de la Inquisición. Estos navios forman parte de una gran flota que viaja por todo el Imperio siguiendo un amplio circuito, en el cual visitan cada mundo imperial una vez cada cien años. Su misión es recaudar la leva de psíquicos de cada mundo: centenares de psíquicos son reunidos y entregados por las autoridades a un destino incierto. Únicamente las inmensas bodegas de carga de estas naves están llenas de psíquicos es cuando emprenden el regreso a la Sagrada Terra. Algunos de los cautivos demuestran poseer la fuerza y el potencial necesarios para servir al Imperio, pero la mayoría son sacrificados al Dios Emperador, pues sus espantosas muertes garantizan la supervivencia del Imperio. La vida a bordo de estas naves es particularmente difícil, ya que los psíquicos viajan apiñados en grandes celdas y se les trata como si fueran ganado.


FuentesEditar

  • Dark Heresy - Libro básico.

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