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Como albores del nuevo milenio, el Imperio se enfrenta a amenazas terribles en varios frentes:

  • Las Fuerzas del Caos, parcialmente victoriosas durante la 13ª Cruzada Negra en el 999.M41, toma el control de la mayor parte de la superficie del mundo de Cadia en el Segmentum Obscurus, la puerta de entrada a una ruptura en el resto del espacio imperial. Sólo la superioridad de las fuerzas Imperiales navales y aéreas locales del Imperio protege a Cadia de la invasión más grande del Caos vista desde la Herejía de Horus hace diez mil años.
  • El Imperio Tau se prepara para su expansión en las fronteras orientales del Imperio.
  • Los Necrones siguen despertando a un ritmo cada vez mayor en sus mundos de la Tumba en toda la galaxia, listos para comenzar su cosecha de toda la vida inteligente, una vez más para alimentar el insaciable apetito de los C'tan.


El Resurgir de la esperanzaEditar

Cuando la e Cicatrix Maledictum rugió a lo largo de la galaxia, trajo una terrible oscuridad que cayó como un sudario sobre gran parte del reino del Emperador. Sin embargo incluso cuando esa oscuridad empezó a extenderse de sistema estelar a sistema estelar un puñado de valientes y poderosos guerreros pelearon por preservar viva la luz de la esperanza. Los registros de ese turbulento período son fragmentados, llenos de alegorías y lanzados de forma desordenada por una catastrófica distorsión temporal, aunque de forma general se acepta que el punto crucial estaba en Cadia.

Al unir las distintas facciones del Ojo del Terror, Abaddon el Saqueador trajo la ruina al mundo que había probado ser su némesis durante milenios. Los héroes más poderosos del Imperio se opusieron a él entre ellos Belisaruis Cawl, Santa Celestine y la Inquisidora Katarinya Greyfax pero aunque sangraron en la defensa de Cadia, también se vieron superados y perseguidos hasta el mundo helado de Klaisus. En Cadia, Abaddon destruyó los misteriosos monolitos geométricos que había en las tierras azotadas por los vientos y mientras lo hacía se debilitaba la grieta que separaba el mundo material de la disformidad, ya que estos antiguos megalitos fueron diseñados para mantener a raya a los agentes del Caos. Esta misma acción fue llevada a cabo por sus agentes en cada mundo en el que se encontraban. Sin estos monolitos para sostener la sacrosanta dimensión material, las tormentas de disformidad se esparcieron a lo largo de la Galaxia.

Mientras tanto la civilización de los Aldeari sufrió la mayor convulsión en milenios. Desde las filas de los Mundos Astronave y Drukhari (eldars Oscuros) surgieron los Ynnari, una nueva facción de siniestros Guerreros que siguieron al nacimiento de una nueva deidad Ynnead en un camino radical que creían que llevaría a la muerte del Caos y al resurgir de la raza Aldeari. Empujados por las circunstancias, los Ynnari auxiliaron a Crawl, Celestine y a Greyfax en sus peores momentos, estos Campeones de la luz forjaron un camino a través de sus enemigos hacia Ultramar.

No importa cómo de confusos o diferentes sean los relatos de esta época, todos coinciden en una cosa: en Macragge, en la Fortaleza de Hera, estos extraños aliados generaron un milagro. El Primarca de los Ultramarines Roboute Guilliman fue resucitado. Vestido para la guerra, el señor de Ultramar condujo a los herejes a una apresurada retirada de sus sistemas. A continuación inició un desesperado peregrinaje, sus flotas surgían como una exhalación a través de la disformidad incluso a través de lo que más tarde sería la Gran Fisura que se estaba formando alrededor suyo. Guilliman peleó y luchó con furia y fuego para acabar matando campeones de los cuatro dioses del Caos y finalmente llegó a Terra. Allí se reunió a solas con su padre El Emperador de la Humanidad. Y cuando salió de la reunión el Primarca tenía un nuevo propósito.  

Imperio oscuroEditar

Fue tal la agitación que se produjo durante la creación de la Gran Fisura y el periodo posterior, que no hay datos precisos. A causa de la limitación de las comunicaciones en ambos sentidos, Historiadores y Cronotécnicos tenían serias dificultades para comprender los informes que recibían. Debido a la influencia de las energías de la Disformidad, el tiempo pasaba de forma extraña; rápidamente en algunos sectores, y muy lentamente en otros.

La noche eterna (NOCTIS AETHERNA)Editar

Como consecuencia de la creación de la Gran Fisura, la Galaxia se partió en dos. Ondas de energía antinatural surgieron de forma esporádica. Tormentas de Disformidad rugieron en todas direcciones, ni el más remoto lugar de la galaxia escapó a su toque corruptor. Como una gran marea, más de un millón de planetas del Imperio fueron aislados de la Luz del Emperador al desaparecer el Astronomicon. Durante ese período, el Imperio de la Humanidad dejó de existir como tal. Cada planeta estaba aislado, un ápice de cordura sacudido por furiosas tempestades. Fue una tormenta de la Disformidad más allá de la comprensión de cualquier tecnología disponible por el Imperio. De hecho, fue tan grande en tamaño y poder, que cualquier otro registro que se hubiera hecho anteriormente. Las más poderosas desde, quizás, desde la Era de los Conflictos.

Durante la Oscuridad, como muchos llamaron a ese periodo, todas las astrocomunicaciones de larga distancia fueron imposibles. La Disformidad era demasiado inestable como para permitir viajar, y aquellas naves que estaban en tránsito fueron horriblemente destruidas o sujetas a las peores condiciones que sus tripulaciones hubieran experimentado jamás. Es imposible contar a todos aquellos que perdieron su vida en la vorágine. Los que sobrevivieron se encontraron muy lejos de su curso original por las mareas de energía antinatural. Encabezando las olas de las tormentas disformes llegaron las fuerzas del Caos. Las legiones demoníacas eran la vanguardia, seguidas de cerca por las flotas de las Legiones Traidoras y las rabiosas masas de los Renegados y sus cultos.

La defensa de TerraEditar

A medida que las primeras tormentas de Disformidad rompieron sobre la Sagrada Terra, sus cielos contaminados se volvieron de un enfermizo color carmesí. Khorne, haciendo caso omiso de los planes de sus hermanos y deseando probar su superioridad, mandó a ochocientas ochenta y ocho legiones al asalto del Palacio del Emperador. El dios de la Sangre deseaba para sí la gloria de destruir el Trono Dorado, y así los cielos de Terra se coagularón en nubes de sangre que descargaron a la Horda Roja directamente ante la Puerta del León.

Las baterías del Palacio Imperial, insuperables de por sí, no pudieron detener la marea roja. Liderados por Roboute Guilliman (recientemente ascendido a Lord Comandante del Imperio) los Marines Primaris, Adeptus Custodes y las Hermanas del Silencio lucharon codo con codo. Y aunque el furioso asalto del Caos fue rechazado y roto mucho antes de que alcanzara la Puerta de la Eternidad, los Altos Señores de Terra estaban impresionados por la temeridad del enemigo. Sin la guía del astronomicón, su arcana tecnología y sus artefactos protectores, no podían evitar que los poderes ruinosos se materializaran en la misma Terra. Khorne, al recibir de vuelta las formas de sus caídos, se irguió con tal ira, que su misma fortaleza tembló. Tan grande fue el calor de su rabia, que las esencias de los 8 Devoradores de Almas que fallaron en el ataque fueron totalmente desterradas.

La puerta se rompeEditar

Cadia resistió orgullosamente durante mucho tiempo. Era la puerta por la que el enemigo no era capaz de pasar. Durante toda la Era del Imperio, aquel planeta bastión soportó incontables asaltos del Caos mientras las fuerzas demoníacas intentaban llegar hasta Terra. Cadia y los otros mundos fortificados de su sistema fueron el reducto que durante largos siglos resistió contra todo horror surgido del Ojo del Terror. Sin embargo, en el Imperio Oscuro no hay certeza de la dirección desde la que pueden atacar las fuerzas del Caos; la única certeza es que lo harán.

A pesar de que Cadia fuera finalmente reducida a un yermo ardiente por los interminables asaltos de Abaddon, los mundos en el vasto Sistema Cadiano lucharon duro para destruir la punta de lanza que el Saqueador hundió en su centro. El Gran Éxodo de Cadia hizo que los regimientos de la defensa Imperial fueran reubicados a los mundos hermanos del planeta fortaleza, y no antes de tiempo. Todo territorio tocado por la Cicatrix Maledictum fue cegado por intensas tormentas demoníacas, aullantes tempestades que trajeron miles de tipos de muerte sobre sus letales corrientes. Allí donde los malignos vientos soplaron más fuerte, los vástagos de los Dioses Oscuros se materializaron desde el éter para llevar la guerra nuevamente a los defensores del reino de la humanidad. Cientos de batallas. Incontables billones de bajas. Los cielos de Belis Corona se iluminaron con las llamas de las constantes batallas navales de las interminables flotas conquistadoras de Abaddon enfrentadas contra la Armada Imperial en el Segmentum Obscurus. En Agripina A, un mundo forja cuyas legiones fueron lo suficientemente audaces como para haber atacado el Ojo del Terror en el pasado, fue asaltado por codiciosos Herreros de Disformidad y manadas de Ingenios Demoníacos que desbarataron su orden. Una y otra vez las piras ardían cuando las fuerzas del Caos cabalgaban sobre los vientos de la Gran Fisura.

Una luz en la oscuridadEditar

De la oscuridad vino una luz. Un breve destello, un parpadeo distante. Intermitentemente los rayos del Astronomicon partieron de la Sagrada Terra. El rayo atravesó profundamente el torbellino que asfixiaba la galaxia, pero no podía perforar la Gran Fisura. En la mitad noreste de la galaxia podían ver muy poco o nada de la luz guía del Emperador, la Cicatriz Maledictum engulló la luz. Ahora que los mensajes podían ser enviados otra vez a través de la Disformidad, Terra recibió una cantidad tal de aullidos de terror que la mitad del ya agotado núcleo Astrópata enloqueció instantáneamente. Los supervivientes estaban paralizados al descubrir cuántos planetas, incluso en el lado terráqueo de la Gran Fisura, no respondían. Un poco menos de la mitad de los mil Capítulos de Marines Espaciales estaban desaparecidos, y no menos de doce planetas capitulares fueron reportados como destruidos durante la Noctis Aeterna y las amargas campañas que siguieron. Algunos Marines Espaciales, como los Cónsules Blancos, escaparon de la destrucción de sus mundos fortaleza. Otros fueron aniquilados, como los Centinelas del Cielo, cuando su mundo hogar, Pranagar, fue invadido por nada menos que Magnus el Rojo, Primarca Demonio de los Mil Hijos.

Si el aislado Imperium Nihilus recuperase el contacto, el número de pérdidas conocidas solo crecerían y los Señores de Terra conocerían la sombría verdad.

La Cruzada IndomitusEditar

Después de su defensa de la Sagrada Terra, Roboute Guilliman reunió una nueva armada. Junto con elementos del Adeptus Custodes, un pequeño contingente de Hermanas del Silencio, y una vasta hueste de guerra de Marines Espaciales Primaris de muchos recién fundados Capítulos, el Primarca estableció un curso sinuoso. Fuerzas de choque de más de una docena de Capítulos de Marines Espaciales preexistentes, liderados por los Puños Imperiales, se unieron a la flota. Así comenzaron muchas nuevas leyendas cuando Guilliman viajó a socorrer a planetas sitiados, rompiendo asedios y barriendo a los invasores para devolver la esperanza a los desesperados defensores. No pasó mucho tiempo antes de que la palabra empezará a difundirse, puesto que todos aquellos planetas que podrían recibir mensajes aclamaban el regreso de un héroe de leyenda. Una vez más, uno de los semidioses del pasado luchó por el Imperio de la Humanidad.

La resistencia en Armageddon.Editar

Durante gran parte del milenio, el planeta de Armageddon había sido un campo de batalla. Primero invadido por el Caos, fue más tarde el lugar de una gigantesca guerra entre las hordas Orkas de Ghazghkull Thraka y las fuerzas del Imperio. Aunque el infame líder piel verde dejó de establecer nuevas bases, la arremetida continuó. Ni siquiera las tormentas infernales liberadas por la Gran Fisura podrían detener la lucha, pero cambiaron su naturaleza. Durante la Noctis Aeterna, cesaron los refuerzos para ambos bandos, y aquellos que se dirigían al sistema fueron arrastrados al olvido. Aquellos que continuaron en Armageddon se vieron obligados a luchar no solo unos contra otros, sino contra las oleadas de Demonios que llegaban. A veces, los defensores estaban tan desesperados que los Orkos y los humanos lucharon codo con codo contra la gran amenaza. Tales treguas temporales nunca duraron mucho tiempo. Cuando el Astronomicon volvió y fue posible que viajase otra vez a través de las tormentas del inmaterium, la fuerza de socorro imperial encontró grandes cambios en el paisaje. En lo más alto de las tormentas disformes, las fuerzas de Tzeentch y Khorne habían combatido entre ellas. Los Orkos y las fuerzas Imperiales buscaron cobertura mientras los titánicos Grandes Demonios luchaban por la supremacía. Una mitad completa del planeta se había retorcido en lo que parecía un mundo demoníaco, un horrible paisaje se fundió por encima de lo que una vez había sido un mundo colmena devastado por la guerra. Las fuerzas imperiales, con elementos de nueve Capítulos de Marines Espaciales liderados por los Salamandras, lograron detener el ritual que hubiera traído a Angron, el Primarca de los Devoradores de Mundos, de vuelta al planeta que lo había desafiado en épocas pasadas.

Devastación de BaalEditar

Después de sacrificar los mundos del escudo del Sistema Cryptus para rechazar el primer avance de los xenos, el planeta de Baal se encontró bajo el intenso ataque de la Flota Enjambre Leviathan. La flota Tiránida era tan inmensa, incluso después de sufrir pérdidas considerables, que borró las estrellas de los cielos. El Lord Comandante Dante reforzó las formidables defensas del mundo natal de los Ángeles Sangrientos y sus lunas como nunca antes. Sin esperar hasta la llegada del ataque, Dante envió decenas de fuerzas de ataque preventivas para retrasar, confundir y eliminar a la flota viviente. Cientos de flotas fueron derrotadas. La llamada de Dante, suplicando a los sucesores de los Ángeles Sangrientos que enviaran inmediatamente ayuda a su Capítulo progenitor, no fue ignorada. Los Desgarradores de Carne fueron los primeros en llegar, y finalmente todos los Capítulos sucesores excepto los Lamentadores respondieron. Incluso los Caballeros de la Sangre, que habían sido declarados Excommuncate Traitoris por los Altos Señores de Terra, llegaron para reforzar las defensas. Aún no era suficiente. Aprendiendo a un nivel excepcional, la Flota Enjambre Leviathan no podía ser derrotada con la misma estrategia dos veces. Avanzando constantemente, sus fuerzas superiores en número arrasaron toda la vida del sector antes de caer sobre Baal y sus lunas gemelas. Las primeras diecinueve oleadas, cada una mayor que la última, fueron derrotadas a costa de grandes pérdidas para los Ángeles Sangrientos y sus Capítulos sucesores. Cinco Señores del Capítulo cayeron en esa amarga lucha, tres de ellos en la Batalla en la Bóveda de los Ángeles. Los Tiránidos comenzaron el proceso de drenar Baal y sus lunas, absorbiendo incluso los envenenados desiertos radioactivos de Baal Secundus. Con sus defensas arruinadas y las lunas desoladas y hechas añicos, los Marines Espaciales restantes se retiraron de nuevo a los escombros de la fortaleza monasterio de los Ángeles Sangrientos. Allí se prepararon para una última defensa mientras la nueva oleada descendía. Al parecer, la muerte había llegado al fin a los Hijos de Sanguinius. Fue entonces cuando la Gran Fisura desgarró la galaxia, y el marchito Sistema Baal fue condenado por las tormentas aetéricas. Aunque no hubo más oleadas de ataque provenientes de la flota Leviathan, ningún defensor imperial continuó con vida sobre la última luna, Baal Prime. En Baal había suficientes Tiránidos para destruir a las tropas imperiales unas cuantas veces. Incluso sin posibilidad de ganar, el Comandante Dante lideró a sus tropas, cada retirada parecía más desesperada que la última. Cuando el último perímetro fue roto, las estrellas reaparecieron. Mirando al cielo, los Tiránidos buscaron contactar con su flota colmena, pero se ha había marchado, reemplazada por una recién llegada flota Imperial. Como un ángel de venganza llegó Roboute Guilliman y su cruzada. Después de muchas más batallas, Baal fue declarado limpio de la amenaza xenos. Se comenzó con una gran reconstrucción de ambos mundos y del propio Capítulo, ya que los Ángeles Sangrientos y sus sucesores eran sumamente necesarios en otros lugares. Qué había ocurrido con la Flota Enjambre Leviathan era un misterio, aunque una pista fue encontrada sobre la ahora árida superficie de Baal Prime. Los cráneos xenos se amontonaban increíblemente altos formando el odiado símbolo de ocho pilares de uno de los más terribles y antiguos némesis de los Ángeles Sangrientos, el Devorador de Almas Ka’Bandha.

Terra contratacaEditar

En un esfuerzo por recuperar la iniciativa, una fuerza de combate se reunió en Terra, apoyada por todo un ejército de Adeptus Custodes

Clasificado

Los Custodes, durante milenios la Guardia personal del Emperador, recibieron una orden impensable: dejar Su custodia y enfrentarse a aquellos que querían ver al Señor de la Humanidad muerto.

La mayor de las plagasEditar

Algo terrible surgió de las tormentas disformes que rugían en las zonas más meridionales del Segmentum Ultima. Donde las semillas de la corrupción fueron plantadas por la Plaga Andante, se extendió una nueva y terrible contaminación. Los fallecidos por ella se alzaron para reclamar a los vivos. Se les podía destruir, pero se demostró una medida ineficaz cuando al hacerlo surgían hordas de Nurgletes, que se retorcían fuera de los cadáveres de los caídos. Mundos colmena cayeron y ascendió la Oscuridad, sin posibilidad de escapar. Desde el interior de las terribles ruinas, Cultos de la Corrupción surgieron para invocar ayuda desde el mismo Reino del Caos. A medida que caían sistemas planetarios, se crearon las Estrellas de la Plaga, un trío de sistemas enfermizos bajo el control de Nurgle. Con esa base de poder, surgieron la Guardia de la Muerte y las Legiones de la Plaga, destruyendo sistemáticamente planeta tras planeta. A la cabeza no iba otro que Mortarion, el legendario Primarca Demonio, quien puso al legendario Reino de Ultramar, gema de todo el Segmentum, bajo asedio. Los bombardeos de plaga fueron tan severos que lo que fueron una vez gloriosas Colmenas se convirtieron en cráteres, y los hermosos Mundos agrícolas se convirtieron en ruinas rebosantes de limo. El Caos se había extendido en varios frentes cuando Roboute Guilliman volvió a Ultramar. Su primera decisión táctica fue estabilizar los numerosos frentes de batalla, su campaña de contraataque Lanza de Espandor dio más tiempo a las fuerzas imperiales que aun batallaban. A las puertas de Parmenio, Guilliman derrotó al Gran Demonio Septicus y a su Guardia de la Plaga. En Iax, antaño un glorioso mundo jardín, los dos Primarcas se encontraron, y Guilliman se enfrentó a Mortarion. Los dos hermanos lucharon, quedando en un empate antes de que las fuerzas del Caos se retiraran bajo la cobertura de una Bomba Vírica

No hay paso seguroEditar

Una ruta intermitente a través de la Gran Fisura había sido descubierta, aún así trajo un poco de esperanza al Imperio. La Cicatrix Maledictum tenía por lo menos un acceso, pese a que otros habían sido reportados no habían sido confirmados. El paso estaba cerca del Ojo del Terror, evitado por los Navegantes desde la Gran Cruzada, debido a que las tormentas de la disformidad y extrañas anomalías siempre han hecho la región demasiado peligrosa para viajar. Allí, cuando la cambiante nebulosa se calma, se revela el sistema Nachmund. Su rey tirano Kaligius, gobierna una casa de caballeros caídos, los cuales nadie había visto desde la Herejía de Horus. Asegurando que la vieja noche ha regresado, Kaligius ha rechazado las comunicaciones desde el Imperio, en su lugar pactando con renegados y flotas piratas. Algunas astronaves han superado la ordalía de Nachmund con éxito, pero muchas otras han sido destruidas intentando la singladura – Los cascos ruinosos de innumerables naves flotan suspendidos en el espacio, como en un cementerio de barcos.

Solo guerraEditar

Tal y como el Imperio de daba cuenta, gradualmente, de la extensión de las condiciones de pesadilla creadas por la Gran Fisura, intentaron adaptarse a la nueva terrorífica dinámica. Dejaron de existir los planetas escudo, desaparecieron los sistemas bastión. Cada planeta – incluido la sagrada Terra – estaban ahora en la primera línea de frente de la guerra por la supervivencia de la humanidad. Ello hizo que una edad oscura se hiciese aún más oscura.


YnnariEditar

A medida que la fuerza del Caos aumenta por toda la galaxia, una nueva facción de Aeldari se ha alzado. Estos Ynnari, también conocidos los Sin Sendero o Reencarnados, han encontrado la forma de vencer al Caos y vengarse de Slaanesh. O eso dicen. Los Ynnari son los discípulos de Ynnead, el dios Aeldari de la muerte. Han aprendido los secretos de la absorción de las almas de los muertos, acercándose a sus ancestros y los caminos de los Aeldari antes de la Caída. Los Ynnari obtienen el conocimiento de aquellas almas que toman, y han viajado a través de la galaxia intentando reclutar a otros de su raza. En todos los mundos astronave algunos han seguido la causa de Ynnead, pero no todos están de acuerdo, y muchos ven a los Ynnari como malévolos o muertos. Irónicamente, en un intento de unificar a los Aeldari, los Ynnari los han polarizado, haciendo que la raza esté más astillada que nunca, a pesar de sus continuos esfuerzos para lo contrario. Y dondequiera que los Reencarnados viajen, los problemas les siguen. Los enfrentamientos internos entre las distintas facciones han sido inevitables, y las fuerzas del Caos nunca están muy lejos. Slaanesh codicia especialmente a los Ynnari, pues cada uno es un cúmulo andante de almas, un tesoro exquisito para el Dios del Caos.

Las runas son lanzadasEditar

El plan de los Ynnari es cumplir las antiguas profecías de la derrota de Slaanesh con la muerte. Sin embargo, su versión de la profecía no implica la extinción de su raza. En cambio, absorbiendo las almas de los Aeldari muertos, los Renacidos tienen la intención de matar de hambre a la Sedienta. Promete ser una extensa batalla, pero Ynnead es eternamente paciente. Sin embargo los agentes del dios no lo son. Miembros de todas las facciones de Aeldari se han unido a los Ynnari, pero muchos se oponen. Entre los Drukhari, los Aquelarres de Hemónculos rechazan esta visión, pues desean las almas de los muertos para sí mismo. La campeón de los gladiadores Lelith Hesperax se ha unido a los Renacidos, junto con muchos de los Cultos de Brujas, mientras que las reacciones de las Cábalas a los discípulos de Ynnead son variadas. Los Arlequines naturalmente, luchan en ambos bandos.

Zona de guerra: UltramarEditar

Ojos codiciosos miraban desde la ondulada disformidad. Llevaban mucho tiempo atentos a los mundos del límite sur del Segmentum Ultima. Nurgle los quería para sí mismo. Él deseaba esparcir sus bendiciones sobre sus ciudadanos, ver como algunas de sus partes crecían y otras se podrían y desprendían.

Los mundos de Ultramar eran prósperos, estéticamente bellos. No es de extrañar que parecieran gemas a los ojos de Nurgle. Deseaba añadirlos directamente a su Jardín en el Reino del Caos, y para eso el Padre de las Plagas puso a trabajar a sus secuaces. Después de que la Gran Fisura rompiera la realidad con las energías de la disformidad fluyendo a través de la galaxia, Nurgle considero que el momento había llegado ya. Las semillas de la corrupción habían sido plantadas, y donde la Plaga que Camina, la Viruela Rezumante y la Putrefacción Ocular diezmaba las colmenas superpobladas de dichos mundos, Nurgle puso sus mayores esfuerzos

Mientras la oscuridad se cerraba en esos mundos, nuevas y virulentas cepas de esas enfermedades iniciaban un nuevo ciclo de muerte. Esta vez sin embargo los ciclos se completaban también allí donde había vida. De los cadáveres de los caídos surgieron incontables Nurgletes. En la devastación que siguió, los Cultos de la Corrupción invocaron más ayuda. Las siguientes batallas (conocidas en el Imperio como Las Guerras de Plaga) terminaron cuando tres sistemas galácticos del norte de Ultramar fueron corrompidos y pasaron a ser las Estrellas de Plaga. Invocando a tres de sus mayores comandantes, Nurgle les encomendó la próxima conquista de Ultramar.

Ultramar invadido.Editar

Las primeras invasiones surgidas de las Estrellas de Plaga fueron realizadas por la Guardia de la Muerte, liderados por su misterioso Primarca Mortarion. El había trazado una campaña en siete partes que traería la ruina a todo Ultramar. La primera parte (denominada la Guerra de las Moscas) incluía el asalto a tres planetas, incluyendo el asedio al mundo de Ardium y la ofensiva de la Muerte Arrastrante sobre Espandor y Drohl, mediante bombardeo vírico procedente de la Guardia de la Muerte. Las una vez gloriosas ciudades colmenas se convirtieron en pozos purulentos, y los mundos agrícolas en yermos inundados de moscas. Los ataques fueron lentos pero implacables desgastando a los Ultramarines y a sus tropas auxiliares. Con las comunicaciones severamente dañadas por las tormentas de disformidad, los defensores fueron presionados en cientos de sitios a lo largo de todo Ultramar. Entonces fue cuando Roboute Guilliman regresó de su cruzada a través de la galaxia. En ese momento Mortarion y sus comandantes se encontraban tácticamente en punto un muerto ya que sus tácticas eran bloqueadas por los Ultramarines una y otra vez, y además se enfrentaba a los precisos contraataques de su Primarca. La guerra había entrado en una nueva fase.

MacraggeEditar

En las primeras etapas de la invasión de Ultramar diferentes ataques ocurrieron en el mundo capital de Macragge. Se desconoce si estos ataques fueron planificados por Mortarion para probar las defensas del hogar de los Ultramarines, o si simplemente fueron llevados a cabo por fuerzas imperiales caídas. Todas las batallas fueron cortas, precisos ataques con drones de plaga, o cultistas del caos intentando lanzar bombas víricas a las fuerzas de defensa planetaria. La variedad y la cantidad de intentos que Mortarion llevó a cabo fue minando la moral y los recursos de Macragge hasta que el Primarca Guilliman regresó y tomó la iniciativa devolviendo los golpes hacia los territorios controlados por el Caos.

La marcha de las plagasEditar

En el ataque a Ultramar, Mortarion no estaba solo. Otros dos comandantes guiaron extensos ejércitos salidos de las Estrellas de Plaga, cada uno de ellos en busca de ganarse la contaminada gloria del favor de Nurgle.

Ku'gath Plaguefather(Padre de Plaga), gran inmundicia favorecida, llevó a las legiones Bubonicus al interior de Ultramar. Typhus, Primer Capitán de la Guardia de la Muerte, tenía bajo su mando una flota de plaga, una armada putrefacta y decrépita, llena de renegados, cultistas y de su propia y leal Guardia de la Muerte. Las legiones de demonios de Ku'gath causaron estragos en el sistema Tartella, el cual se halla entre las Estrellas del Azote y Ultramar, antes de manifestarse en el mundo jardín de Iax, un lugar ideal para sembrar nuevas epidemias. La flota de Plaga, mientras tanto, destruyó tres de las seis enormes fortalezas estelares que guardaban las rutas navales de Ultramar. Incluso con el retorno de Guilliman, los ataques eran demasiados y demasiado dispersos para ser contenidos por los defensores. Sin embargo, la oportuna llegada de los capítulos sucesores de los Ultramarines junto a los refuerzos de varios mundos forja, permitieron al Primarca intentar recuperar la iniciativa. Guilliman lanzó el contraataque lanza de Spandor, esperando ganar más tiempo para las fuerzas del Imperio.

EspandorEditar

La ofensiva Maldición Reptante de Mortarion en el mundo cardinal de Espandor realizó en sus inicios grandes avances. De todos modos, cuando Guilliman regresó, ordenó un nuevo plan defensivo para ralentizar los ataques. En el momento en que la batalla llegó a un estancamiento, el Primarca ordenó una serie de contraataques a lo ancho de todo el sistema.

Punto muertoEditar

A través de Ultramar, las guerras de plaga se intensificaron. Los brillantes contraataques de Guilliman evitaron la derrota, permitiéndole estabilizar frentes en diversos sistemas. Las mayores batallas de la guerra, sin embargo, todavía habrían de llegar.

Con la ofensiva Maldición Reptante de Mortarion atascada en una guerra de trincheras en el sistema Espandor, el Primarca demonio cambió su enfoque, uniendo fuerzas con Ku'gath. Juntos, enviaron sus fuerzas supervivientes a Parmenio e Iax simultáneamente. En Parmenio tuvo lugar la batalla con más Titanes y blindados de la guerra, sobre las planicies cubiertas de casquillos de Hecatone. En el cenit de la batalla, Roboute Guilliman atacó la vanguardia de Ku'gath, acabando con su lugarteniente Septicus y aplastando a su Guardia de Plaga. En el espacio, Galatan (la mayor fortaleza Estelar mayor de Ultramar), intentó dar apoyo, pero fue abordada por la Flota de Plaga.

Sobrevinieron grandes bajas, incluyendo la pérdida del señor del capítulo de los Novamarines. Los Ultramarines y sus auxilia sumaron victorias en Parmenio, y Guilliman guió una fuerza para asistir a Iax. Otrora un mundo jardín verde, estaba arruinado cuando un Primarca se enfrentó a otro Primarca. Guilliman se enfrentó a Mortarion, pero la lucha llegó a un punto muerto hasta que la Guardia de la Muerte se retiró utilizando como cobertura una bomba vírica.

Iax MancilladoEditar

La batalla final de la Guerra de Plaga se llevó a cabo en Primer Descenso, en Iax. Ante la ciudadela en ruinas, la Guardia de la Muerte prevaleció. Su asalto fue implacable, casi imparable, pero entonces se convocó a Mortarion de vuelta a las Estrellas de la Plaga, a defender sus posesiones en el inicio de la Guerra de la Grieta.

Zona de guerra StygiusEditar

Al abrirse la Gran Fisura, Tzeench miró a sus hermanos. Sin ningún tipo de plan, Khorne y Slaanesh se ahogaban en su ansia por la matanza y el tormento, consumidos por sus propias locuras; pero cuando Tzeench vio que Nurgle corrompía un reino en su totalidad, fue poseído por los celos, buscando como siempre conspirar contra su hermano, pero deseando a la vez conseguir sistemas estelares que pudiera reclamar como propios. Y así el Arquitecto del Destino puso un millón de planes en movimiento. Las Estrellas de Cristal le intrigaban, al igual que el Sector Mortaja. Sin embargo, fue el Sector Stygius el que intentaría reclamar en primer lugar. Localizado en el Segmentum Obscurus, cerca del Ojo y alejado de la Luz del Emperador. En ese lugar la entropía rugia salvaje, y entre la tormenta de energía disforme, un grupo de nueve veces nueve sistemas estelares atrajeron la atención de Tzeench de forma irresistible.

Fases inicialesEditar

La guerra comenzó con el alzamiento de diversos cultos en una veintena de sistemas. Aunque la Noctis Aethera había finalizado hacía tiempo en el sur de la Galaxia, los sectores del Imperium Nihilus continuaban castigados por frecuentes tormentas disformes. Cada planeta estaba aislado, una atmósfera perfecta para que el Cambiante jugases sus múltiples roles. Sólo cuando en el mundo reinaba la rebelión, la invasión comenzaba. De las grietas de la Disformidad surgieron Magnus el Rojo y sus Mil Hijos, el Gran Demonio M’kachen y su Horda del Cambio y el Aquelarre de los Nueve, cada uno liderando una horda de renegados, demonios y cultistas. Tres de los sistemas fueron rápidamente conquistados cuando los poderes arcanos sobrepasaron a los defensores imperiales. De esos mundos, el único que resistió fue el mundo colmena de Mordia.

ContrataqueEditar

A medida que las tormentas cambiaban, revelaban la debilidad del Astronomicon . Las estaciones de comunicación enviaron señales de auxilio. Diversos capítulos de los Adeptus Astartes y Legiones de Skitarii respondieron. Pudiendo realizar sólo saltos disformes cortos, llegaron demasiado tarde. Siete sistemas ya estaban en manos del Caos. Las batallas para parar la invasión y recuperar los planetas caídos fueron épicas en tamaño y salvajismo. En una larga campaña, el asedio de Mordia fue finalmente roto. A esto siguieron 6 grandes batallas en el sistema Dhobash, donde los Mil Hijos se enfrentaron a los Lobos Espaciales, en la terraformación cristalina de Tarkan. Las victorias imperiales se vieron de pronto frenadas, aunque, y de forma inesperada, la llegada de una hueste de guerra Aeldari en el mundo helado de Rimenok, impidieron un desastre imperial mayor.

La Cruzada de SangreEditar

Celebrando las grandes conquistas que estaba seguro que vendrían, Khorne rugió. Aquel rugido agitó la galaxia, provocando aún más grietas en la realidad a través de su centro desgarrado. Sus seguidores, desde legiones de Demonios pasando por bestias salvajes hasta violentos cultistas procedentes de las colmenas, todos respondieron a la llamada de las armas. Cabalgando sobre las nuevas crestas de las tormentas disformes conocidas como las Olas de Sangre, las legiones de Demonios emergieron de la Cicatrix Maledictum, trayendo nuevas orgías de matanza a lo largo de la galaxia. Así comenzó la Cruzada de Sangre. Los furiosos ejércitos no buscarón ningún destino. En vez de eso, los demonios sedientos de sangre iban donde las tormentas los arrastraban, materializandose sobre un planeta para desencadenar la carnicería, marchándose cuando las tormentas se volvían a mover. Ocho puntas de lanza diferentes se movieron a través de la galaxia en todas las direcciones, y como los senderos de la sangre atraen a los depredadores, también lo hizo la Cruzada de Sangre. Renegados, cultistas, violentos criminales, todos fueron atraídos por esta rabia desatada. Mundos tumba cayeron, los mundos forja imperiales se convirtieron en mataderos, y las flotas enjambre Tiránidas fueron erradicadas. En algunos casos, poblaciones enteras fueron sacrificadas al Dios de la Sangre, pero en la mayoría de ocasiones el ataque solo duraba unas pocas horas, realizando su sangrienta masacre antes de que las hordas asesinas se hubiesen ido otra vez. Nuevas fuerzas se unieron, mientras otras cayeron. En todas las miles de batallas, solamente en dos ocasiones la Cruzada de Sangre encontró rival. Solo al oír las palabras susurradas de su hermano Tzeentch detuvo Khorne su Cruzada de Sangre, llamando a sus lugartenientes más cercanos para lo que sería conocido como la Guerra en la Fisura.

Las fuerzas combinadas de los piel vesverdes de Ghazghkull y las hordas Tiránidas de la Flota Enjambre Leviathan lucharon contra la Cruzada de Sangre hasta llegar a un impasse antes de que los Demonios se marcharan por la tormenta disforme.


Mundo Astronave de IyandenEditar

En la oscuridad sin estrellas de la Noctis Aeterna, el mundo Astronave de Iyanden fue asaltado por uno de los mayores enemigos de los Aeldari. Una anfitrión demoniaco de Slaanesh, dirigido por el Guardián de los Secretos N’Kisha, canalizó una tormenta disforme para abrirse acabar con las formidables protecciones del mundo astronave. Una vez más, la lucha se desarrolló bajo las cúpulas y entre el esplendor del majestuoso mundo astronave. Si no hubiese sido por la repentina aparición de una hueste conformada por todas las facciones de Aldari: mundos astronave, Drukhari, Corsarios, Arlequines, Exoditas e Ynnari, todo se habría perdido. A pesar de la victoria frente a un enemigo común, los Aeldari continuaron divididos.


ArmageddonEditar

A través del la influencia de las energías de la disformidad, el planeta de Armageddon se había transformado en un paisaje infernal. Los ejércitos demoníacos arrasaron los campos de batalla que ya no se regían por las leyes de la realidad. Afortunadamente para las fuerzas imperiales restantes (veinticinco regimientos de la Guardia Imperial y elementos de nueve Capítulos del Adeptus Astartes) y los Orkos (una variedad de clanes desconocidos), las legiones demoníacas estaban tan contentas de luchar entre ellas como de dar caza a los supervivientes. Debido a las dificultades de comunicación, el número exacto de defensores imperiales extraídos es desconocido.


La Guerra en la FisuraEditar

Siempre celosos unos de otros, los Dioses Oscuros comenzaron a luchar entre ellos en el espacio real. En la campaña inicial Tzeentch y Khorne enviaron legiones a las Estrellas del Azote buscando destruir la creciente posición de Nurgle. La guerra se extendió cuando Nurgle retiró a sus lugartenientes de Ultramar y contraatacó las fortalezas de sus rivales situadas en el espacio real. Slaanesh se alió con todos los bandos en momentos diferentes, siempre buscando el beneficio propio. Los más grandes Demonios se encontraron en la tiránica Batalla de Vigrid, entrando en un choque de desgaste. La lucha sólo acabó cuando todos acordaron la propuesta de Tzeentch de resolver la guerra a través de un torneo de campeones.


Y así, en el futuro lejano del Milenio 42º, sólo hay guerra ...

Fuentes Editar

Extraído y traducido de Wikihammer 40K UK.

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