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Legiones de Acero de Armageddon

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Malborus mascota guardia transparente.png El Sargento Marlborus Deliar defenderá este artículo con sangre, acero y fe, hasta que se quede sin lho. ¡Pulsa sobre su pictocaptura si no quieres ser su próximo "voluntario" para limpiar campos de minas!

¡Sigue leyendo! ¡Sólo los cobardes retroceden a mitad de artículo!


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Guardias Imperiales de Armageddon

Las Legiones de Acero de Armageddon son el nombre que reciben a los regimientos de la Guardia Imperial que se reclutan en  Armageddon

HistoriaEditar

Armageddon tiene una gran población y está en condiciones de entrenar a grandes cantidades de regimientos de la Guardia Imperial en tiempos de guerra. Durante la Segunda Guerra por Armageddon, se desplegaron docenas de regimientos compuestos únicamente por tropas de Armageddon.

Los regimientos de Guardia Imperial de Armageddon se componen de una mezcla de infantería, artillería, blindados y compañías de infantería mecanizada. No obstante, la naturaleza altamente industrializada de Armageddon hace que una alta proporción de estas tropas sean compañías de infantería mecanizada (no es raro que más de un 90% del regimiento esté compuesto por este tipo de unidades). Por esta razón los regimientos de Armageddon son conocidos como Legiones de Acero de Armageddon.

Las Legiones de Acero combaten por todo Armageddon en numerosos campos de batalla y atacan en líneas acorazadas que escupen fuego sin parar. La mayoría de los soldados están destinados a defender las colmenas en las que nacieron y fueron entrenados; esto no solo les confiere una gran ventaja por el hecho de conocer el campo de batalla a la perfección, sino que también aumenta su dedicación y su perseverancia.

Por tanto, hay muchas compañías asignadas a Tempestora, igual que a la Colmena Infernus y a la Colmena Archeron. Las Legiones de Acero han sufrido terribles bajas en defensa de su planeta natal, pero, bajo el mando del propio Comisario Yarrick, combatirán hasta la muerte.

Como Armageddon, es un planeta lleno de contaminación industrial y sus desiertos están llenos de toxinas, los soldados de este regimiento llevan protecciones, como guantes, impermeables y visores para que no estén respirando el aire durante un tiempo prolongado. También llevan una mochila filtradora para eliminar las toxinas del aire. Los oficiales lleván las máscaras de gas en forma de calavera sonriente ya que perturban y asustan a los Orkos, sus mayores enemigos. No solo los soldados necesitan protegerse del aire, sino también los vehículos, que están completamente cerrados y sellados para evitar que entre el aire. Incluso los estandartes están recubiertos de sustancias químicas para que no se pudran.

La cantidad de regimientos que hay de Armeggedon es asombrosa, ya que es un planeta densamente poblado. Esto se vio durante la Segunda Guerra de Armaggedon, que en un año se crearon más regimientos de Legión de Acero que otros dos planetas juntos. Muchos de estos regimientos fueron destruidos en la 2ª guerra por el planeta pero con al nueva llegada de Ghazghkull se fundaron muchos más. La población del planeta está acostumbrada a la guerra y la lucha sin clemencia alguna.

Acciones NotablesEditar

¡Por Kerschlact!Editar

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Recluta de la Legión de Acero de Armageddon

En los inicios de la Segunda Campaña de Armageddon, las unidades imperiales recibieron la orden de von Strab de lanzar contraataques contra las fuerzas de los Orkos, que los superaban en número. Pero se trataba de ataques aislados y no muy bien organizados y lo único que consiguieron fue dejar a muchas pequeñas formaciones rodeadas por la masa de Orkos.

Tras recibir la orden de contraatacar y de acabar con las incursiones de los Orkos, la 9ª Legión de Acero de Armageddon, bajo el mando del Coronel Kerschlact, se había lanzado directamente contra uno de los flancos de la línea orka. El regimiento de Kerschlact atacó con fiereza buscando un punto por el que romper las líneas y avanzar hacia el Norte. Al anochecer, consiguieron localizar un punto débil en los defensores orkos, superados en número, y formaron un pasillo (junto a la autopista entre las Colmenas Acheron e Infernus) por el que pudieron avanzar. Kerschlact marchó hacia el Suroeste y avanzó prácticamente sin oposición por la autopista hasta la Colmena Infernus.

Von Strabb había prometido a Kerschlact que aquel pasillo lo asegurarían tres regimientos de infantería de la Guardia Imperial, pero, nada más pasar, los Orkos volvieron a cerrar el pasillo y aislaron a Kerschlact del grupo principal de fuerzas imperiales. La mayor parte de su artillería y de su servicio de organización había quedado atrás y Kerschlact se vio atrapado en el corazón de las líneas enemigas. Los tres regimientos de la Guardia que llegaban tarde se vieron envueltos en múltiples combates con la intención de alcanzar a Kerschlact, pero estos ataques no tardaron en llegar a un punto muerto. Kerschlact recibió la orden de volver e intentar romper las líneas orkas. La 9ª Legión de Acero estaba rodeada, su camino de regreso estaba cortado por unidades de asalto orkas y la cosa se ponía peor día a día. Kerschlact tenía ya 270 heridos y 150 infectados con la podredumbre pulmonar de Armageddon. Durante los siguientes días se llevaron a cabo fuertes combates que solo sirvieron para causar más bajas en las fuerzas de Kerschlact y la dispersión parcial del enemigo. La 7ª compañía fue rodeada y tuvo que entrar en combate para intentar volver con el grupo principal, que ahora se encontraba a unos 14 km de las líneas orkas. Al otro lado de estas líneas, el 11º Regimiento de Armageddon y el 114º de Dragones de Pyran habían vuelto al ataque, pero ninguno de ellos podía hacer gran cosa ante la brutal oposición del fuego orko. Por la noche, los Orkos continuaron su bombardeo contra los objetivos pobremente iluminados.

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Guardia Imperial de Armageddon

Mientras se llevaban a cabo estos ataques, Kerschlact ayudó a los supervivientes de la 81ª Legión de Asalto de Armageddon, que se había lanzado desde la órbita en un intento suicida por recuperar el control de la Colmena Infernus. Los miembros de la 81ª que habían conseguido escapar no llegaban a formar ni siquiera una compañía y se pusieron a las órdenes del 9º Regimiento de Kerschlact. Al 9º se unieron también grandes cantidades de civiles de la Colmena Infernus que habían conseguido escapar de los ataques de los Orkos y que ahora se encontraban también tras las líneas enemigas. Muchos de estos civiles estaban armados, ya fuera con sus propias armas o con armas encontradas en los campos de batalla, y Kerschlact pidió permiso para reclutar estas unidades de partisanos y utilizar su capacidad bélica. Kerschlact recibió la autorización de movilizar a todos los pandilleros y civiles que tuvieran el carácter y la moral requeridos, cosa que hicieron los comisarios del regimiento. Los comisarios prepararon rápidamente cientos de hombres para el 9º.

En el frente, las fuerzas imperiales preparaban un ataque definitivo en el que el 50º Regimiento de Armageddon intentaría abrirse paso a través de la autopista entre las Colmenas Infernus y Acheron y llegar hasta Kerschlact, que efectuaría un ataque por la retaguardia del enemigo. Al 9º y al 50º solo los separaba un pequeño pasillo, pero estaba compuesto por potentes unidades orkas preparadas para recibir un ataque tanto por la vanguardia como
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Soldado de Armaggedon.

por la retaguardia. Las siguientes palabras de Kerschlact relatan lo ocurrido:

"La fuerza de sus regimientos y la extensa línea que forman me obliga a intentar atravesar su formación en vez de seguir efectuando operaciones ofensivas en el Sur. Iniciativa visible con el enemigo. En estas condiciones sugiero un plan ofensivo:

1. Romperé el círculo enemigo para llegar hasta el 50º Regimiento, que se encuentra en dirección a la Colmena Acheron.

2. A este efecto, concentraré los asaltos de la 1ª y 2ª Compañías, los elementos de la 81ª de Asalto y el destacamento de partisanos Zhabo.

3. Atacaré con las fuerzas arriba mencionadas y con la ayuda de las unidades del 50º (y posiblemente también con las del 10º) para recuperar el control de la vieja carretera emplazada en el sector Zanthon. Tras esto, nos atrincheraremos en la carretera de ese sector.

4. Tras lograr unirme a Koldin [comandante del 50º Regimiento], llevaré a mi regimiento y al resto de tropas asignadas a él por la carretera de Zanthon hasta alcanzar a las tropas del 3er Ejército".

El plan de Kerschlact era bueno y habría funcionado. Desgraciadamente, el ataque fue pospuesto durante varias horas mientras von Strab decidía si daba permiso para que se llevara a cabo la operación. Pero, cuando dio su beneplácito, los Orkos ya habían obtenido refuerzos y Kerschlact empezó a ser atacado desde el Sur al tiempo que intentaba abrirse camino hacia el Norte. Su ataque resultó un éxito y consiguió romper las líneas enemigas y reunirse con el 50º Regimiento en la carretera.

Pero en la retaguardia las cosas no fueron tan bien. Kerschlact tuvo que dirigir personalmente una retirada en la que la 3ª y la 6ª compañías se sacrificaron para que el resto del regimiento pudiera huir. Aunque iban cediendo terreno, ambas compañías formaron una defensa tenaz en la que usaron sus transportes Chimera para retirarse a un nuevo punto defensivo cada vez que los Orkos se acercaban. Los regimientos de Kerschlact y Boldin estaban separados por unos escasos 700 m cuando aparecieron en el cielo los kazabombarderoz orkos, que inmediatamente empezaron a castigar a las tropas del 50º, que se hallaban apostadas en las colinas de Zanthon, y a la 3ª y 6ª compañías, a cargo de Kerschlact. Estas dos compañías fueron, literalmente, hechas pedazos. El propio Kerschlact fue gravemente herido cuando su cuartel general fue atacado por una unidad de asalto enemiga. Con Kerschlact al borde de la muerte, lo que quedaba de su regimiento no tenía fuerzas para continuar con el intento de cruzar los pocos metros que los separaban de las líneas imperiales. Kerschlact, incapaz de ayudar a sus hombres y decidido a no morir prisionero, susurró: "Chicos, este es mi fin, pero vosotros tenéis que seguir combatiendo". Después de eso, se disparó un tiro en la sien.

Aunque las acciones de la 9ª Legión de Acero de Armageddon no influyeron mucho en el avance del juggernaut orko, el inspirado liderazgo de Kerschlact salvó a su regimiento y le dio la opción de volver a combatir. Cuando mucho más tarde cambiaron las tornas de la batalla y los Orkos empezaron a retirarse, el 9º Regimiento estaba allí, combatiendo bajo el grito de guerra "¡Por Kerschlact!".


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Soldado de las Legiones de Acero de Armageddon

La revolución de las seis horasEditar

Los regimientos reclutados en Armageddon han servido en guerras por todo el Imperio. Este es un ejemplo de cómo la presencia de una sola Legión de Acero de Armageddon marcó la diferencia en el desarrollo de una guerra.

En el M36.776, la 16ª Legión de Acero de Armageddon se encontraba en el planeta Cassell. Estaba allí tras haber formado parte del 3er Ejército Imperial del General Belov en la Campaña de Lortharn, en la cual se había distinguido con honores.

Cassell es un mundo agrícola que en aquel tiempo estaba gobernado por los seguidores de un culto imperial conocido como La Senda de la Carne del Emperador. El líder del culto, el Supremo Pontífice Skalin, había sido vigilado desde hacía tiempo por su excéntrico comportamiento, pero no se habían tomado cartas en el asunto, puesto que el Imperio estimaba que se trataba de un leal y capacitado gobernador para Cassell. No obstante, preocupantes rumores habían llegado a oídos del Coronel Kleist, comandante de la 16ª Legión de Acero. Los informes de los rumores decían que el supremo pontífice había empezado a proclamar que el suyo era el único culto verdadero y que el resto del Imperio debía inclinarse ante él.

Temeroso de actuar sin evidencias, Kleist puso al 16º en alerta de combate y pidió permiso al Administratum para investigar los rumores que le habían llegado. Sin embargo, antes de que recibiera permiso alguno, el pontífice puso en pie de guerra a las gentes de Cassell con la intención de llevar la palabra de su culto a todas las poblaciones del Imperio. Predicaba que sus ejércitos caminaban sobre la verdad y que podrían acabar con los Altos Señores de Terra y devolver la luz al Imperio…; todo esto bajo el gobierno del sumo pontífice, claro está.

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Oficial de las Legiones de Acero de Armageddon

Kleist actuó inmediatamente. Afortunadamente para él, Cassell solo tenía una ciudad capital con el poco imaginativo nombre de Puerto Cassell. La gran mayoría de la población vivía en granjas dispersas por el planeta y Kleist sabía que, si actuaba con celeridad, podría acallar esta rebelión incluso antes de que hubiera empezado. Antes de que pasara una hora desde el anunciamiento del Pontífice, los vehículos blindados de transporte Chimera de la 16ª Legión de Acero ya estaban tomando Puerto Cassell.

La columna, bajo el mando directo de Kleist, se acercó a la entrada principal de Puerto Cassell y se hizo evidente que los seguidores del pontífice no estaban preparados para repeler el asalto de una columna de vehículos blindados. La puerta estaba defendida por la guardia personal del pontífice, cuyos rifles láser y ametralladoras pesadas no fueron suficiente para detener el avance de los Chimeras de la Legión de Acero. Ignorando el fuego enemigo, Kleist ordenó a un Chimera que derribase la puerta de la ciudad; después, él y el resto de sus tropas entraron en la ciudad.

Dejó un pelotón defendiendo la puerta y dividió el resto de sus fuerzas en dos columnas. La menor de ambas, formada por la 3ª compañía, se encaminó rugiendo hacia el espaciopuerto de Puerto Cassell y el centro de comunicaciones. Ya se habían difundido noticias de que la ciudad estaba siendo atacada y la 3ª compañía encontró más oposición que la que había tenido en la puerta principal de la ciudad. No obstante, los defensores seguían sin tener mucho que hacer ante las armas pesadas de los Chimeras de la Legión de Acero y, tras un brutal pero corto intercambio de fuego, el centro de comunicaciones fue capturado.

Mientras tanto, Kleist y el resto de su columna se dirigieron hacia el divino palacio del supremo pontífice. El palacio estaba defendido por el grueso de la escolta del pontífice, que contaba con un vehículo blindado, un antiguo Leman Russ que Cassell había recibido como regalo hacía muchos años. La dotación del viejo Leman Russ intentaba desesperadamente poner el motor del tanque en marcha cuando Kleist llegó al palacio. Encabezando el ataque, el Chimera de Kleist cargó contra el Leman Russ, aunque los disparos del multiláser no eran capaces de atravesar el robusto blindaje frontal de aquella antigualla. Sin embargo, el fuego distrajo la atención de la dotación, lo que dio a Kleist el tiempo suficiente para situarse en la parte posterior del enorme tanque. Nada más detenerse el Chimera, la dotación del cañón láser abrió una escotilla y disparó al Leman Russ por detrás, donde su blindaje es menor. El disparo láser atravesó el blindaje e impactó en la munición. El Leman Russ saltó por los aires.

Confundidos por la destrucción del tanque, lo que quedaba de la guardia del pontífice depuso las armas sin resistencia. En menos de dos horas, el palacio del pontífice estaba en poder de la 16ª Legión de Acero y el propio pontífice había sido capturado mientras intentaba escapar en una pequeña nave. Las noticias se retrasmitieron por el centro de comunicaciones del planeta y, antes de que transcurrieran seis horas desde su inicio, la rebelión de Cassell había sido detenida.


Segunda Venida de Ghazghkull Thraka "La Bestia de Armaggedon"Editar

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Se produjo una gigantesca bola de fuego, rojo blanco en su interior, que se levantó dentro de un halo amarillo y blanco que dominaba todo el planeta, como la cabeza de una cerilla prendida acercándose para encender el cigarro de un oficial.

Pero esta bola de fuego consumía todo el horizonte, de extremo a extremo. Desde cuarenta kilómetros de distancia, en el fondo del valle desértico, pudieron notar el calor en sus rostros.

Los cielos de Armageddon, de color amarillo sulfuroso, iban tornándose de color plomizo; manchados por doquier por gigantescas columnas de humo y densas cortinas de cenizas. Una vez por minuto aproximadamente, una línea de fuego verdoso caía desde la atmósfera superior, atravesando diagonalmente el cielo antes de chocar contra la gran bola de fuego con un impacto que hacía estremecer el suelo.

La bola de fuego era la pira funeraria de la poderosa Colmena Hades, destruida de forma simbólica y brutal por las fuerzas de Ghazghkull como declaración de intenciones. Una colmena entera y millones de vidas extinguidas en pocas horas a causa del bombardeo con asteroides gravíticamente lanzados por las flotillas de pecios espaciales y astronaves que permanecían en órbita. Hades se había hecho famosa por resistir en la última guerra el ataque Orko hasta el amargo final. No volvería a hacerlo: Ghazghkull no estaba dispuesto a permitir que su recuerdo y su desafío perduraran.

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Soldados de la Legión de Acero

Oleadas de aeronaves orkas, con sus cohetes aullando como ganado al que están degollando, atravesaron el espeso humo que cubría el gran valle resquebrajado, creando círculos de humo en forma de donut detrás suyo con sus pasadas hipersónicas. El cielo se había oscurecido con sus formas aserradas. Pequeños escuadrones de aeronaves imperiales tipo Furia se dirigían a toda velocidad hacia el Oeste en medio de las mucho más numerosas naves orkas, evadiendo, maniobrando y, en muchos casos, explotando en medio del aire. Una de ellas, cosida a balazos y ardiendo desde el morro hasta los alerones de cola, pasó por encima de sus cabezas y se estrelló a poca distancia; desperdigando por los aires restos del aparato y llamaradas de combustible incendiado, y abriendo un cráter de veinte metros de profundidad con su incandescente colisión. Proyectiles explosivos y trazadores cubrían el cielo con brillantes luces de neón, mientras los cohetes chocaban sin cesar contra el suelo del valle creando jirones de humo azul. El monótono "thump-thump" de las brigadas de morteros atrincheradas a lo largo del valle era interminable.

Las brigadas blindadas, emplazadas a la entrada de la Carretera del Valle de Hades entre viviendas y fábricas en llamas, gruñeron y aceleraron, con sus tubos de escape escupiendo humos diesel que cubrían el asolado paisaje como si de una neblina matinal se tratase. El pulverizado suelo que pisaban sus orugas era dos partes ceniza y tres partes huesos humanos. Cuatro mil Leman Russ y Leman Russ Exterminator, apoyados por jadeantes y superpesados Demolishers y ennegrecidos Hellhounds oliendo a fuga de combustible. Vehículos de reconocimiento Sentinel observaban el terreno alrededor de la gran falange.

La mayor parte de las unidades blindadas estaban pintadas con los colores verde y negro de las Tropas de Choque de Cadia, o de los colores arena y gris de la Legión de Acero. El General Valadian, coordinador general de las unidades blindadas, cuya noble cara estaba tan ennegrecida como su mono de trabajo de las tropas de Cadia, saltó de la torreta de su Leman Russ Vanquisher, arrebató el cuerno megafónico de la radio a su oficial de comunicaciones y solicitó repetidamente permiso para avanzar y atacar a la gigantesca masa de pielesverdes que se extendía por el valle.

Su petición fue rechazada por el Viejo en persona.

A ocho kilómetros de las columnas blindadas, donde las colosales posiciones de la infantería cubrían totalmente las laderas del valle, el viejo hombre observó. Yarrick, Comisario Imperial, Héroe de Armageddon, se alejó de su oficial de comunicaciones y observó el valle hacia la pira de la Colmena Hades. Había una gran tristeza en sus pensamientos: Hades, salvada gracias al esfuerzo y la sangre de tantos, él mismo incluido... Y ahora se había ido, había desaparecido.

"El General Valadian repite su petición, Señor." -dijo detrás suyo el oficial de comunicaciones, un joven Cabo de Cadia de ojos estrechos e intensos.

"Valadian debe aprender a ser paciente. Puedo darle permiso; pero, en ese caso, en poco tiempo estaría muerto."

Yarrick se giró hacia el joven: "¿Sabe por qué?".

Legionarios de armageddon.jpg

Soldados de Armaggedon

El oficial de comunicaciones de Cadia negó con la cabeza. Estaba de pie, junto al viejo hombre, sobre un promontorio desde el que podían observarse todas las posiciones imperiales. A su alrededor había seis mil infantes de Cadia y la Legión de Acero esperando; mirando hacia el Este, hacia el valle y la ardiente muerte de Hades. Las bayonetas sobre el hombro, algunas cortas como dagas, otras largas como machetes, creaban un salvaje y reluciente bosque de cuchillas alrededor del puesto de mando.

El oficial de comunicaciones, Robac, negó con la cabeza. Se había sentido muy halagado cuando el Mariscal Tooms le había asignado al cuartel general de Yarrick, un héroe legendario; pero se había sentido desconcertado al conocer al Comisario en persona: bajito, encorvado por la edad, el dolor y la fatiga, y con los hombros hundidos, su chaquetón de cuero negro le colgaba holgadamente de un cuerpo que hacía mucho tiempo que debería haberse retirado. La manga vacía lo empeoraba aún más. Robac sabía que Yarrick había perdido su brazo derecho en glorioso combate con Ugulhard; pero ahora, el viejo hombre, con su muñón y sus deformes piernas, presentaba una imagen patética.

"Observe... ¿Cuál es su nombre?"

"¡Robac, Comisario, Señor!"

"Observe, Robac. -dijo Yarrick suavemente, casi fríamente, como si la guerra ya no pudiera darle ninguna sorpresa. O eso, o estaba demasiado cansado para preocuparse por ello. Yarrick señaló con su brazo por encima del bosque de bayonetas hacia el Este-. La chusma pielverde es dura y brutal, pero también utilizan tácticas. Para luchar contra ellos, debes adentrarte en sus mentes, como yo hago, que el Emperador me perdone. Debes entender sus tácticas brutales y sus salvajes tretas. Están reuniéndose allí, hacia el Este; y están haciéndolo en gran número, procedentes de cápsulas de desembarco cuidadosamente situadas fuera del alcance de nuestra artillería. Como puede ver, no son nada estúpidos. Ghazghkull no habría conquistado un centenar de mundos si fuera estúpido. Sus fuerzas de tierra están aquí para atraernos; para disparar el orgullo marcial de hombres como Valadian; para provocarlos para que inicien cualquier acción precipitada. Y el infierno de Hades es un símbolo para apagar nuestra moral y hacernos desear la venganza. Pero mire hacia allí..."

El Viejo señalaba hacia el norte del grueso del ejército orko.

"¿Qué es eso, Robac?"

Robac observó con detenimiento el área vacía de cenizas, una lúgubre superficie abierta de diez kilómetros de anchura. "¿Nada, Señor?" -aventuró.

"Realmente es nada. Está vacío. ¿Por qué?".

Robac se encogió de hombros.

"Tácticamente, no hay razón alguna por la que los Orkos no hayan ocupado ese sector. Pero se mantienen a distancia, en ordenadas y disciplinadas líneas; más disciplinadas de lo que podría esperarse de esas escuadras de salvajes y de los dementes conductores de buggies."

"¿A qué están esperando, Señor?" -preguntó Robac.

"A lo mismo que nosotros, chico. Diga al General que siga aumentando las revoluciones de sus motores durante un rato."

Al caer la noche, las numerosas tropas imperiales situadas en el extremo oeste del valle estaban al borde de la demencia por la ansiedad. La Legión de Acero estaba cantando sus himnos de batalla; y los tamborileros de las filas de Cadia habían adaptado su rítmico redoble al regular tronar de los morteros. La cobertura aérea orka pasaba por encima suyo intermitentemente, pero el fuego de las baterías de Hidras que Yarrick había desplegado a lo largo del flanco saturaba el aire de flores de destrucción.

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Las llamaradas que surgían de la Colmena Hades iluminaban la noche en diez kilómetros a la redonda, proyectando luces y sombras por todo el valle. A lo lejos, las masivas fuerzas orkas, compuestas por más de cien mil guerreros, hacían sonar sus cuernos de guerra y vociferaban cánticos bélicos como un coro de dioses de la muerte; mofándose de las tropas Imperiales que seguían como petrificadas al otro lado del valle.

Chirriando y repiqueteando en medio de la noche, unos gigantes aparecieron detrás de los Imperiales; tan altos, que sobresalían por encima del borde de los riscos. La infantería se giró y muchos gritaron de asombro al ver a los Titanes: nueve Titanes Warlord de la Legio Metalica, con un acabado negro cobrizo, cuyos ojos relucían como estrellas rojas entre las estrellas del firmamento.

Temblando, Robac pasó el cuerno megafónico a Yarrick.

"Es el Princeps Danferus del Imperius Quintus. La Legio Metalica está preparada y aguarda vuestras órdenes, Señor." -La voz, transformada por el potenciador de voz, sonaba inhumana y resonaba por el comunicador.

"El Emperador os ama, Princeps. Marchad con vuestras máquinas de guerra por la Carretera Hades y desplegaos a lo largo del punto diez. Pronto tendremos una batalla para vos."

Los masivos gigantes de combate se alejaron de la infantería, haciendo temblar el suelo con cada paso. Los voco-cuernos de sus caparazones blindados proclamaban ruidosamente aullidos de condenación e himnos imperiales. Gran parte de la infantería los vitoreó, el resto tembló de miedo.

Los Orkos del otro extremo del valle, a pesar de su gran número, se estremecieron y retrocedieron un poco. Ágiles Titanes Warhound, la mitad de grandes que sus primos Warlord, se adelantaron para cubrir el flanco durante el avance de la Legio. En cuanto los Titanes ocuparon las posiciones que se les habían asignado, Yarrick permitió a los blindados de Valadian que avanzaran un kilómetro y se abrieran en abanico por el suelo del valle.

Por entonces, con la oscuridad iluminada por las llamas a su alrededor, la infantería había recibido órdenes de descansar. El bosque de bayonetas había bajado; y las laderas de las colinas quedaron cubiertas de figuras agachadas, hombres durmiendo y fuegos de campamento.

Era cerca de medianoche cuando llegó el momento que Yarrick había estado esperando. Una gigantesca forma negra eclipsó la luz de la luna y las llamas de la Colmena Hades y descendió hacia la zona sospechosamente despejada del valle. El aire cargado de denso humo que rodeaba a las fuerzas imperiales se hizo pesado como el plomo y quedó cargado de estática.

Un asteroide fortaleza de seis millones de toneladas, sostenidopor campos de energía modificados y rayos tractores, descendió sobre el valle. Era un Piedro orko, un bastión de fuerza prácticamente invencible.

La intensidad de estos campos de energía y de los rayos tractores sobrecalentó el desierto de cenizas hasta cristalizarlo, levantando grandes nubes de polvo por todo el valle. Hasta la multitud de Orkos retrocedió para alejarse de la zona.
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La lucha por Armageddon es sangrienta

La pantalla de energía, comprimida bajo el peso del Piedro, creó una onda de choque que se propagó por todo el lecho del valle. Incluso los inmóviles Titanes temblaron y vibraron. Los tanques más adelantados de la fuerza de Valadian salieron despedidos por la energía de la onda de choque. Nueve tanques, volcados por la presión, detonaron y se incendiaron. Cincuenta más quedaron inoperativos al serles arrancadas las orugas y las torretas. Un Warhound próximo fue aplastado contra el suelo como una vaina de proyectil vacía.

El mundo entero parecía bambolearse mientras el Piedro aterrizaba. Miles de puntas de anclaje fueron disparadas desde su interior para asegurar la fortaleza al subsuelo. Con un gemido de sistemas hidráulicos, las rampas de desembarco y las gigantescas bocas de las bodegas de carga se abrieron. Los titánicos dispositivos de armamento de la parte superior del Piedro empezaron a girar y disparar.

Los proyectiles empezaron a llover sobre los blindados, destruyendo indiscriminadamente a docenas de ellos.

Los proyectiles también arrasaron las posiciones de la infantería, propagando el pánico mientras numerosos pelotones intentaban ponerse a cubierto.

"Ahora ya tenemos algo a lo que combatir, Robac." -Dijo tranquilamente Yarrick, que salió de su tienda de campaña y observó la escala monumental de la escena.

"Ayúdame" -dijo al joven de Cadia, deshaciéndose de su chaquetón de cuero. Robac se adelantó a tiempo de ayudarle a levantar su reverenciada garra de energía que unos ayudantes encapuchados del Ministorum estaban sacando de la tienda. Yarrick se arremangó la manga del blusón correspondiente al brazo amputado. Robac pudo observar las conexiones y los puertos sinápticos enterrados en los pliegues del tejido cicatrizado en el extremo de su muñón.

Deslizaron la garra hasta su posición y, una vez conectados todos los cables, cobró vida con un zumbido de energía. Las garras de la pinza se abrieron y cerraron varias veces, entrechocando, mientras el Comisario probaba que funcionaran correctamente. Sus ayudantes le abrocharon un nuevo chaquetón de cuero, uno especialmente adaptado a la garra. Se colocó la gorra de Comisario en la cabeza con su mano buena y, finalmente, se enfundó su bolter de asalto.

"Robac, abre el canal de mando. Ha empezado el combate."

Robac se dio cuenta de que tenía la boca abierta de par en par. En tan sólo unos instantes, el débil y frágil viejo se había convertido en un carismático gigante: la garra de combate, el reluciente símbolo de su gorra, su mirada. Incluso el cuerpo de Yarrick parecía haberse trasmutado al enfrentarse a la batalla. Ahora parecía más grande, invulnerable y terrorífico.

Robac se dio cuenta de por qué Yarrick era un héroe y de que, con él de su lado, no podían perder.

El contraataque imperial se inició con las primeras luces del nuevo día, iluminado por los inagotables fuegos de la muerte de Hades.

Yarrick ordenó a las ansiosas unidades de blindados que avanzaran contra el centro de las hordas orkas; mientras que los Titanes se dirigirían hacia el Piedro, de donde estaban surgiendo blindados pesados y Gargantes.

Sabía que esta era la única y vital oportunidad de atacar, la oportunidad que había estado esperando: la única oportunidad de que dispondría después de que el Piedro hubiese destruido todo lo que había bajo su muro de energía y antes de que pudiera descargar toda su carga de muerte y desplegar su indómita potencia de fuego.

Para apoyar a las tropas del Adeptus Mecánicus, Yarrick ordenó a los Basilisk, y a todas las unidades de artillería pesada desplegadas a lo largo del valle, que apuntaran directamente al Piedro. Su tronar podía oírse por encima del brutal clamor de la batalla, abriendo profundas brechas en la superficie de la superfortaleza.

Los proyectiles de los Basilisk destruyeron dos de las rampas del Piedro, incinerando uno de los Gargantes que estaba descendiendo por ellas. Otros proyectiles alcanzaron las gruas que estaban bajando uno de los Gargantes hasta el suelo y acabaron siendo destruidas por el bombardeo. La gigantesca máquina de guerra orka cayó y se partió bajo su propio peso provocando la explosión de su munición, que abrió un gigantesco cráter en el lecho del valle.

Yarrick ordenó que la infantería se preparara y el bosque de bayonetas volvió a levantarse, rodeándolo por todas partes. Cambiando el comunicador de Robac al canal global para que todo el mundo le oyera simultáneamente por los altavoces, exhortó a los sesentamil hombres con un discurso inspirador que hizo llorar a muchos; pero que confirió un estoico espíritu de firmeza a todos. Si esa era la voluntad del Emperador, liberarían este mundo imperial de invasores alienígenas o morirían en el intento.

Muchos ya habían empezado a cargar colina abajo, vociferando juramentos de sacrificio en nombre del Trono Dorado, cuando Yarrick ordenó iniciar el ataque.

Las fuerzas de Cadia y de la Legión de Acero chocaron contra la brutal infantería orka en una confusa tormenta de
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infantes de cinco kilómetros de ancho. Varios miles murieron en los primeros minutos. La destrucción era total, al igual que la asesina confusión del frenesí del cuerpo a cuerpo.

En esos momentos, las columnas blindadas de Valadian ya estaban atacando a las legiones Orkas del sur. Los pesados vehículos imperiales aplastaron al enemigo bajo sus orugas, abriendo un gran agujero entre las filas de infantería orka y tiñiendo sus laterales de sangre verde. Los cañones principales de los Vanquisher y Demolisher dispararon contra el Piedro; mientras los Exterminators segaban la vida de todos los Orkos que encontraban por delante suyo y los Hellhounds creaban infiernos de muerte en los flancos de la infantería orka.

Los Titanes atacaron a los Gargantes en las abiertas llanuras de silicio cristalizado frente al Piedro. Imperius Tenebrus engulló un Gargante con su cañón volcano y dañó gravemente a dos más antes de ser partido por la mitad a la altura de la cintura por el fuego concentrado de los láseres y proyectiles disparados desde el Piedro.

El torso de Tenebrus cayó al suelo envuelto en llamas y explotó. Sus piernas se mantuvieron firmemente erguidas durante el resto de la noche y todo lo que quedó de la Guerra de Armageddon, sirviendo de amargo monumento al poder de la Legio.

Al frente del rápido avance a través de las legiones orkas, el Vanquisher de Valadian quedó inmovilizado por granadas de mano, que destruyeron su oruga izquierda, y los proyectiles de los akribilladores de los buggies, que lo acribillaron de arriba a abajo. El tanque rugió en medio de las cenizas, tratando de girar. El artillero gritó pidiendo las coordenadas de un objetivo, mientras los Orkos se abalanzaban sobre el blindado y empezaban a aporrear el habitáculo. El vigía salió para disparar el bolter de asalto montado en la torreta, pero fue arrancado de su puesto antes de que pudiera agarrar el arma. Su cuerpo fue paseado de un aullante pielverde a otro en medio de sus alaridos histéricos hasta que, finalmente, fue despedazado.

Valadian se agazapó en el interior de la torreta al tiempo que desenfundaba su pistola láser y comprobaba la munición.

La escotilla que había sobre su cabeza fue arrancada y una monstruosa cara verde con colmillos le miró directamente, gruñendo algo alienígena y vicioso. Notó un hedor rancio que le invadía. Valadian le disparó un rayo exactamente en el ojo izquierdo; y, un instante después, frió el cerebro del siguiente Orko que trató de agarrarlo con su zarpa.

El tercer disparo se lo disparó a si mismo.

Se produjo un breve periodo de confusión mientras los blindados imperiales trataban de confirmar la pérdida de su General. Al no recibirse señal alguna de respuesta por parte de Valadian, el mando de los blindados recayó en el Mayor Dillan, que se encontraba a bordo de su Leman Russ Exterminator dirigiéndose hacia lo más profundo y denso de las inagotables filas de aullantes pielesverdes. Desde su torreta, el habla del cañón automático exterminador segaba las vidas del enemigo con la misma facilidad con que un segador corta la mies.

Dillan desplegó sus tanques en una formación de garra que barrió a las legiones orkas y cortó sus líneas de comunicación con el Piedro.

El Princeps Danferus, del Imperius Quintus, dirigió su Titán directamente hacia lo más intenso del fuego enemigo. Encontró y atacó a un Gargante, un ruidoso monstruo de paneles blindados, cañones y tubos que vomitaban humo, cuya cabina era una parodia mecánica de la cara de un Orko. Danferus lo hizo volar con cuatro andanadas de su cañón volcano. Otra gigantesca y monstruosa máquina se acercaba por el sudoeste, pero quedó inmovilizada y fue posteriormente destruida por el constante bombardeo artillero. Esto dejó a Danferus el camino libre para llegar hasta el Piedro.

Hizo que Imperius Quintus subiera por las rampas de salida disparando sin cesar toda su potencia de fuego, fundiendo y destruyendo máquinas de guerra orkas en sus propios hangares, antes de que pudieran ser descargadas para tomar parte en la batalla; y, a continuación, disparó los misiles del hombro de Quintus contra los silos de armamento para que explotara todo el Piedro. Algo fundamental y muy destructor tuvo lugar en el interior del Piedro; tal vez se incendió una planta de energía, o tal vez explotó un depósito de munición...

El Piedro se estremeció y osciló ligeramente; los cables de sujeción se rompieron y los anclajes se soltaron al deslizarse hacia un lado su gran masa.

Danferus giró su vieja máquina, presionándola con gentiles exigencias mentales a través de todas sus conexiones neuronales para que lo hiciera más rápidamente; y se encontró junto a un Gargante.

Veinticinco segundos de intenso fuego sostenido entre ambos Titanes y los dos explotaron. Aniquilación mutua. El esqueleto envuelto en llamas de Imperius Quintus cayó hacia adelante, hacia la voluminosa forma de los restos del Gargante, aplastándola. Los depósitos de munición en los autocargadores se incendiaron, disparando toda la munición en un terrorífico castillo de fuegos artificiales. Danferus debía de seguir con vida, pues su Titán trastabilló. El puente estaba en llamas y envuelto por los gritos de los tripulantes. Entonces, las cámaras de munición que estaban situadas bajo su trono de mando explotaron, enviando el silencioso cráneo del Titán a la tropósfera.

Más abajo, en el valle, Yarrick encabezó la carga. Su voz podía oírse por encima del rugir de la artillería, el tronar de los Titanes, los gemidos de los rifles láser y el retumbar de los tanques.

Al frente de las tropas de asalto de Cadia, Yarrick se enfrentó a los Orkos por primera vez en dos décadas; y notó satisfecho cómo la garra de combate desgarraba su piel verde como si fuera mantequilla. Su bolter de asalto escupió, volando las cabezas y vaciando las entrañas de sus enemigos. Yarrick siguió avanzando.

Era como… en los viejos tiempos. Lo había olvidado… tal vez afortunadamente; y a pesar del dolor, la angustia y el sufrimiento, había olvidado. Había olvidado lo bien que se sentía cuando tenía a un miembro de esta chusma pielverde frente a frente y lo mataba.

Yarrick comprobó su posición. Se había adentrado profundamente en las líneas orkas y el Piedro se encontraba en apuros; pero la gran superioridad numérica orka acabaría marcando la diferencia: había Orkos por todas partes.

Siempre había sabido que moriría al servicio del Emperador. ¿Iba a morir ahora; ahora, que quedaba tanto por ganar?

El fuego iluminaba la autopista norte al Oeste del valle. Una gran fuerza de combate avanzaba por ella. Yarrick rezó para que no fueran más Orkos.

No lo eran.

Eran Salamandras, guerreros de uno de los nobles Capítulos de Marines Espaciales.

En medio de los gemidos y sonidos hidráulicos de sus servoarmaduras, los Salamandras avanzaban mientras destruían a cualquier enemigo que se cruzara en su camino. Yarrick vio cómo los Salamandras desgarraban miembro a miembro a los Orkos. Los límites y la situación sobre el campo de batalla cambiaron repentinamente: de un feroz pero equilibrado combate en el que los orkos tenían la ventaja de su mayor número, a una batalla en que los Imperiales se abrían paso con gran facilidad. El contraataque de Yarrick había detenido con firmeza el ataque enemigo; había asaltado sus puntos débiles para herirlo y debilitarlo. Ahora el Adeptus Astartes había llegado para cambiar el curso de la batalla.

En esos mismos momentos, el Princeps Goplin había conseguido que Imperius Galgamech avanzase hasta el interior del Piedro; subiendo por una de las rampas de desembarco y disparando todo su armamento sin cesar.

Los puentes del Piedro crujieron por el descomunal peso de Galgamech, que apuntó y disparó acribillando y destruyendo cuatro Gargantes que esperaban en sus hangares a ser descargados. La destrucción causada anteriormente por su querido hermano, el Princeps Danferus, podía verse por doquier. A través de las placas de visión de la consola de su trono y las pantallas secundarias que flotaban a su alrededor, Goplin vio los restos ardientes de Imperius Quintus dispersos entre los cadáveres mecánicos de sus enemigos.

Galgamech avanzó por la plataforma donde se encontraba el armamento del Piedro. Proyectiles de pequeño calibre rebotaban fútilmente en su blindaje. El Titán aplastó con sus pies a las tropas orkas que defendían el puente.

El Princeps Goplin se levantó de su trono de mando y se despojó de su corona de conexión mental. De las clavijas gotearon algunos fluidos.

"Activad toda la munición. ¡Sobrecargad todos los sistemas! ¡Preparados para la autodestrucción!" -ordenó.

En la sección delantera de la cabina del Titán se levantó el Moderati, que repitió estoicamente la orden. Las alarmas de sobrecarga empezaron a sonar. Las turbinas de los motores superaron el punto crítico. Las flechas de los diales marcaron la zona roja de peligro y aún subieron más. Las runas ámbar de la cuenta atrás se apagaron en la placa de visión principal.

Goplin inició una última oración al Emperador, el Señor de la Tierra.

Veinte segundos más tarde, Imperius Galgamech detonó y destruyó totalmente el interior del Piedro. Los depósitos de munición orkos fueron explotando secuencialmente, seguidos de la planta de potencia principal del asteroide fortaleza. En menos de tres minutos, otra bola de fuego tan intensa como la Colmena Hades iluminó el cielo nocturno de Armageddon.

Yarrick estaba aplastando cabezas con su garra cuando la explosión de luz del destruido Piedro le alcanzó. La onda de choque atravesó las líneas de la infantería, tirando por los suelos a la mayoría.

Yarrick se levantó por su propio pie. Su línea defensiva de infantería había sido desmantelada por la férrea resistencia orka; pero la visión de la destrucción del Piedro había acabado con la moral de los pielesverdes, que huían en masa del campo de batalla en dirección al Este, hacia las llamas de Hades.

"Muy apropiado" -pensó Yarrick. Ordenó a sus hombres que se levantaran, ayudando personalmente a algunos de ellos.

"Ya los tenemos -gritó por el comunicador de Robac-. En nombre del Emperador, y en memoria de cuantos han entregado su vida en este campo de batalla… en nombre de Hades, ¡que no sobreviva ni uno!"

Regimientos condecoradosEditar

339ª Legión de Acero de Armageddon "Cabezas de Hierro"Editar

La 339ª se ganó el apodo de "Cabezas de Hierro" en las batallas por las forjas de tanques de la Colmena Tempestora, durante la Tercera Guerra por Armageddon. La fábrica era tan enorme que en su interior se libraron batallas enteras, con Leman Russ, Chimeras y Basilisks maniobrando y disparando tal y como lo harían en las amplias extensiones de cenizas de Armageddon.

En un momento determinado, la 339ª mantuvo un frente delimitado por una larga cinta transportadora, por la que avanzaban componentes vitales de los tanques de batalla Leman Russ incluso en el fragor del combate. En el punto álgido de la batalla el regimiento entero montó en Chimeras, que acababan de salir de la cadena de fabricación y que ni siquiera tenían una capa de imprimación. La 339ª realizó un asalto mecanizado a lo largo de la fábrica, arrollando a las filas de Orkos y expulsando a sus odiosos enemigos hasta los aires contaminados de Armageddon Primus.

FuenteEditar

Games Workshop

Codex Guardia Imperial 5 edición. Games Workshop. Todos los derechos reservados

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