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"El Imperio está infestado de corrupción y odio. Nosotros nos hemos asegurado de ello"
Legionario Alfa anónimo


La Legión Alfa (Alpha Legion en inglés) es la Legión Traidora de la que menos se sabe. Antaño fue la XX Legión Astartes, creada durante la Primera Fundación por el Emperador de la Humanidad para llevar a cabo su Gran Cruzada y reunir a toda la raza humana bajo la égida de su Imperio. Son expertos en la infiltración y sus ejércitos contienen a muchos cultistas del Caos además de sus propios Marines Traidores. La Legión Alfa tenía dos Primarcas gemelos, Alpharius y Omegon, el segundo de los cuales era mantenido en secreto para todos excepto los miembros de la XX Legión. Al final de la Herejía de Horus, Roboute Guilliman de los Ultramarines mató supuestamente a uno de los dos, o quizá solo a un doble. A pesar de su aparente adoración al Caos Absoluto, un estudio más a fondo de la historia de la Legión Alfa indica que podría ser la mayor mentira que jamás han difundido en el Imperio y quizá entre las propias fuerzas del Caos.

HistoriaEditar

"La guerra es vida. En la guerra y en la vida no hay nada más valioso que la verdad, y por ello se cumple el antiguo proverbio: dondequiera que camine la verdad, siempre debería ser pastoreada por una escolta de mentiras."
El Rey Innombrable, Magnar de Albia y Architirano del Panpacífico. Comentarios y Pesadillas Reunidos, Canto XI. Hacia M27


No hay ninguna Legión como la Vigésima. De todas las poderosas fuerzas puestas al servicio del Imperio durante la Gran Cruzada, ninguna estuvo tan envuelta de falsedades, suposiciones y paradojas como esta. Cualquier intento de estudiar la XX Legión Astartes, una fuerza que acabaría por ser conocida como la Legión Alfa (entre otros muchos nombres distintos), está plagado de dificultades y contradicciones, y descubrir la “verdad” en ese estudio es una esperanza vana. Este es el caso hasta para los registros realizados por las autoridades más elevadas y dotados del máximo alcance posible dados los destrozos causados por la Herejía de Horus.

Mucho antes de que la vil traición de Horus tuviese lugar, la XX Legión, su formación, su uso y su propósito estaban envueltos por el misterio y ocultos deliberadamente para el resto del Imperio. Este secretismo surgió evidentemente del acuerdo de los círculos más elevados de poder, y no puede dudarse que fue fruto de la voluntad del Emperador. Es probable que el hermetismo en torno a esta Legión “aparte” y sus propósitos ocultos sirviera posteriormente para encubrir una cancerosa transformación en su seno que se gestó a lo largo de mucho tiempo. Esta maldición (el deleite por el conflicto ajeno, y la creciente adicción al ejercicio de sus propias habilidades sobrenaturales para el subterfugio y la destrucción) empeoró claramente tras la ascensión de Horus al puesto de Señor de la Guerra, aunque es improbable que él fuera el responsable, más allá de dar carta blanca a la Legión Alfa. Esta se convirtió, por tanto, en una masa serpentina y retorcida de sombras sin forma, tan peligrosa y venenosa como el monstruo de varias cabezas de los antiguos mitos que se convirtió en su sello y firma. Era un arma que ni el Emperador primero ni el Señor de la Guerra después podían controlar completamente.

Por eso la información reunida sobre la Legión Alfa compone un registro incompleto y a veces contradictorio, incluso si solo se utilizan las pruebas reunidas sobre las actividades y operaciones de la Legión por organizaciones encubiertas y por testigos de primera mano, tanto aliados como enemigos, antes de que la perfidia de Horus diese su amargo fruto. Estos conocimientos a menudo costaban sangre más que procedían de las propias filas de la Legión, pues tales testimonios estaban doblemente llenos de mentiras y engaños. Tal vez entre sus falsedades se pueda encontrar la verdad.

Orígenes: La Legión FantasmaEditar

"Nuestro nombre es Legión, pues somos muchos."
Libro de las Malignidades. Apócrifo de Terra. Fecha de origen desconocida


El velo de misterio que rodea a la XX Legión puede ser rastreado hasta su misma creación. La suya fue la última de las cepas conocidas de semilla genética usadas en la creación de los Astartes al final de las Guerras de Unificación, y los factores relacionados con la Vigésima fueron protegidos por un nivel de secretismo y seguridad superior incluso al que el Emperador escogió aplicar al proyecto Marine Espacial. Las proto-Legiones VI, XVIII y XX fueron formadas y establecidas prácticamente aisladas del resto, y generalmente se cree que fueron creadas con propósitos muy específicos. Ya no se puede saber qué plan tenía el Emperador cuando hizo esto, y ese fue uno de los muchos secretos que el Emperador se guardó ante la Corte Imperial, muchos de sus consejeros más cercanos, e incluso los propios Primarcas.

Conocidas oblicuamente en algunas fuentes como el “Trifolio”, estas Legiones fueron mantenidas ocultas y distantes de sus hermanas desde el principio, generando una desconfianza que, salvo en el caso de la XVIII Legión (que después se convertiría en los renombrados Salamandras), nunca desaparecería. En el caso de la Legión Alfa, de hecho, empeoró con el tiempo. Este primer misterio engendraría otros, y seguiría sin haber respuestas no solo sobre los métodos y naturaleza de la XX Legión, sino también sobre el uso que se le dio en sus primeros días.

No se puede decir casi nada de las primeras décadas de la XX Legión en Terra y durante la reconquista del Sistema Solar con la más mínima precisión, y ni siquiera son mencionadas en el cúmulo de mitos y rumores que llegarían a rodear las actividades de la Legión. Lo poco que queda son fragmentos dispersos pero sugerentes: registros anómalos de unidades desconocidas de Astartes llevando a cabo ataques quirúrgicos, secuestros y asesinatos, tanto dentro como fuera de Terra, e informes de destacamentos de Marines Espaciales que no respondían a ningún amo conocido o Legión que atravesaban zonas de guerra en misiones de alta prioridad y con órdenes dotadas de códigos de autorización que no permitían hacer preguntas. Los rumores y suposiciones rodean incluso hasta la designación “Alfa”, que según algunos registros está conectado con la XX proto-Legión desde un periodo muy temprano. Esto, aparte de los numerosos significados ocultos y arcanos que determinadas fuentes quieren deducirle, se relaciona con otra cuestión más prosaica del trabajo oculto de los laboratorios genéticos del mismo Emperador.

Se revela en numerosas fuentes conservadas que durante su creación, cada proto-Legión naciente a partir de la Primus o I Legión (después llamada Angelis Tenebraium o Ángeles Oscuros) fue desarrollada para su servicio activo en un proceso escalonado de pruebas y testeos antes de crear una fuerza completa y activa mediante reclutamiento en masa. Cada etapa de la creación daría lugar a una expansión progresiva de los grupos a los que se iba implantando la semilla genética. La última de estas etapas preliminares era, según las fuentes, el reclutamiento “Alfa”. Esto se cree que era esencialmente la primera implantación no experimental, y su propósito era crear una proto-Legión con la fuerza mínima suficiente para ser puesta a prueba en una batalla real. Es notorio que fue en esta fase cuando una de las dos Legiones Perdidas sufrió un grave fracaso, cuyos detalles están censurados. Reveladoramente, no hay pruebas de que se ordenase que la XX cepa de semilla genética, aunque hubiera sido aprobada por el Emperador tras sus pruebas de combate iniciales, se implantase de forma general o recibiese una región asignada de reclutamiento para realizar levas en masa como hicieron el resto durante los primeros años de la Gran Cruzada. Esto limitó consecuentemente a la XX Legión a un cuerpo de unos mil o dos mil Legionarios, y la “marginó” mientras sus contemporáneas conseguían una rápida expansión y se desplegaban ampliamente durante las fases de apertura de la Gran Cruzada. Pero la pregunta sigue pendiente: ¿por qué?

Es casi seguro que no se debió a una cuestión de adaptación genética: los registros de muestras conservados colocan el grado de éxito de la implantación de la XX semilla en el extremo superior del espectro. Las pruebas indicarían que era ciertamente muy superior al de otras cepas desarrolladas, especialmente la VI y IX. De un modo similar, su actuación en combate fue calificada como excelente, eliminando la otra probabilidad más obvia para que la proto-Legión fuese considerada un fracaso. Hay tres teorías destacadas que han sido planteadas para explicar por qué la Vigésima no fue aparentemente expandida hasta ser una Legión completa durante los inicios de la Gran Cruzada.

La primera es enteramente mundana: la falta de reclutas adecuados. Las asignaciones de levas de las demás Legiones del periodo cubrían ya la mayoría de candidatos genética y culturalmente aptos tanto de Terra como del Sistema Solar, y el desastre de una de las Legiones Perdidas (probablemente la misma antes mencionada) había demostrado que intentar reclutar de fuentes potencialmente corrompidas era una locura.

La segunda es la sospecha de que se había descubierto algún problema oculto o defecto potencial que impedía la expansión de la proto-Legión, aunque esto parece en muchos sentidos improbable ya que sugeriría que el Emperador no fue capaz o no deseaba solucionar tal problema, y que tampoco deseaba erradicar despiadadamente un experimento fallido como ya había hecho antes. La tercera teoría es que la Vigésima fue separada deliberadamente como una unidad aislada por motivos científicos o militares, posiblemente para actuar como una reserva estratégica de semilla genética (o incluso como un “grupo de control”, como algunos han sugerido, para medir la progresiva distorsión de la semilla genética de las demás Legiones). Esta teoría también plantea la posibilidad de que la XX proto-Legión fue retenida para ser desarrollada o acondicionada de algún modo único que se había decidido que no se aplicase al resto de Legiones. No quedan pruebas que relacionen esta última Legión en etapa “Alfa” con el posterior y eternamente sellado proyecto de artesanía genética del Emperador para crear la Legio Custodes, ni tampoco con el Labryk Polaris ni el abortado experimento de la Legión Perdida que ha sido objeto de oscuros rumores desde hace mucho.

Una guerra en las sombrasEditar

Una vez puesta totalmente en marcha la Gran Cruzada y lanzada la primera de las grandes Flotas Expedicionarias para llevar la unidad a la galaxia, la XX Legión desaparece de la historia oficial durante muchas décadas. Sin embargo, algunas fuentes plantean una conexión entre ella y ciertos sucesos oscuros de la Gran Cruzada que nunca han sido explicados satisfactoriamente por los registros oficiales, incluso aquellos disponibles para los escalafones más elevados del Imperio excepto por el propio Trono de Terra. Algunos sugieren que durante esta época la Vigésima, entonces aún sin su Primarca, tuvo un papel secreto en la protección del futuro del Imperio. Desde los primeros días de la Gran Cruzada y el inicio de la gran visión del Emperador de una humanidad libre de los grilletes del tormento del monstruoso cosmos se ha demostrado una y otra vez que además de los muchos enemigos externos, siempre permanece el peligro del enemigo interior. Las pruebas de esta hipótesis pueden verse tanto en el misterioso asalto que dispersó a los Primarcas por las estrellas como en el hecho de que el naciente Imperio estuvo acosado por asaltos terroristas, pequeñas rebeliones y conspiraciones desesperadas de renegados y locos. Algunos de estos enemigos se habían refugiado en la oscuridad tras amargas derrotas y aplastantes conquistas durante las sangrientas Guerras de Unificación pero aún maquinaban su venganza. Otros, retorcidos por la sed de poder o corrompidos por la exposición a los horrores de la Disformidad, buscaban pervertir el sueño imperial para sus propios fines.

No hay señal más clara de que tales enemigos ocultos podían golpear al corazón del Imperio que el supuesto “accidente” que provocó la crisis de la semilla genética de la III Legión y a punto estuvo de condenarla, un acto que muchos han atribuido desde entonces a las acciones de un enemigo interior secreto. No mucho después de este oscuro suceso, ocurrido en la cuarta década de la Gran Cruzada, empezaron a salir a la luz informes dispersos y apócrifos de actividades anómalas de Astartes. Estas acciones eran siempre operaciones a escala táctica, llevadas a cabo lejos de los frentes de la Gran Cruzada por pequeñas unidades sueltas de tamaños que variaban entre una escuadra y una Compañía entera. Los guerreros que tomaban parte en ellas eran sin duda Astartes por su poder, habilidades y armamento, pero su identidad permanecía oculta. Estos misteriosos Legionarios llevaban pocas o ninguna marca de identificación o heráldica, y si la llevaban en algunos casos no estaba reconocida por los registros oficiales. En varias situaciones aún más raras, operaban bajo una bandera falsa, vistiendo la heráldica de una Legión conocida y actuando generalmente en la misma zona de guerra que esta, pero sin el conocimiento, permiso ni órdenes de dicha Legión. Estas acciones siempre eran de naturaleza encubierta: ataques quirúrgicos, asesinatos, espionajes, sabotajes, recuperaciones de artefactos desconocidos o secuestros de individuos importantes o grupos enteros con propósitos desconocidos. Tales ataques, realizados tanto en las líneas del frente como en los mundos ya sometidos al Imperio, eran letalmente precisos y rara vez dejaban testigos vivos que los relatasen directamente.

Las depredaciones de lo que llegó a conocerse en algunos círculos como la “Legión Fantasma” eran escasas (o al menos las que salieron a la luz fueron pocas) y las protestas de los comandantes o gobernadores locales contra ellas fueron rechazadas o simplemente ignoradas. Algunos miembros del Alto Mando Imperial sugirieron que la XX Legión estaba detrás de esto, pero a medida que otras agencias especializadas del Imperio como la Legio Custodes, las Sororitas Inconcessus y el Oficio Asesinorum cobraron importancia y se establecieron, los informes de esta fuerza desconocida se desvanecieron y empezaron a convertirse en mitos, aunque nunca desaparecieron por completo. Si una “Legión Fantasma” como esa existía de verdad como una entidad coherente, representaba la aterradora posibilidad de una fuerza de Astartes especializada en actuar de un modo claramente distinto al de sus congéneres, y en hacerlo en secreto. Si esta fuerza era de hecho la XX Legión, entonces podría haber estado actuando en las sombras del Imperio durante más de un siglo, construyendo una red de influencia y experiencia totalmente distinta de la de cualquier otra Legión Astartes y librando una guerra secreta a la vez parte y paralelo de la propia Gran Cruzada.

No se sabe en qué se convirtió ni qué aprendió durante estos años. Pero incluso si esta suposición es cierta y no solo una teoría conveniente fabricada a posteriori para explicar lo que sucedería a continuación, plantea otra pregunta: ¿por qué dejó esta “Legión Fantasma” su particular papel y propósito? ¿Había sido simplemente reemplazada por nuevos poderes más especializados, o quizá se había vuelto demasiado impredecible, incontrolable o incluso demasiado peligrosa en esa forma? ¿Se había vuelto la necesidad de otra Legión en la línea de batalla de la Gran Cruzada demasiado urgente para dejar que la Vigésima siguiese en las sombras, o el cambio había sido exigido por el largamente esperado redescubrimiento de su Primarca Alpharius? Sea cual sea la verdad, los retorcidos anillos de la Legión Alfa surgieron de la oscuridad a la luz del Imperio.

Gran CruzadaEditar

La Cabeza de la SierpeEditar

De los muchos misterios que rodean a la Legión Alfa, el más fundamental e importante es la cuestión de su Primarca, Alpharius. De todos los Primarcas que vivieron para enfrentarse mutuamente en la Herejía de Horus, es de Alpharius de quien menos se sabe con seguridad. Muchos creen que en diversas ocasiones algunos miembros de su Legión reclamaron no solo su nombre, sino también su identidad, incluso reunidos en concilio con Legiones aliadas y emisarios de la Corte Imperial, y más tarde del Señor de la Guerra. Además de esto, algunos han hecho la disparatada sugerencia de que había más de un Primarca de la Legión Alfa, o que Alpharius era de algún modo capaz de “duplicarse” físicamente a sí mismo y parecer estar en más de un lugar al mismo tiempo, quizás incluso a mundos de distancia. Algunos hasta han llegado a atribuir la verdad oculta al símbolo de la Hidra de tres cabezas que acabaría por representar a la Legión.

Oscureciendo aún más este misterio y la descarada manipulación perpetrada por Alpharius, muchos informes fiables de la apariencia física del Primarca se contradicen. Aunque en muchas ocasiones se indicó que era de una estatura y aspecto similares a los de cualquiera de sus Legionarios, y por tanto capaz de pasar desapercibido entre sus filas, otros registros le muestran como una figura tan imponente y terrible como el resto de Primarcas, revestido de placas de armadura siniestramente ornamentadas con hidras grabadas y blandiendo una poderosa lanza de dos puntas. Relatos contemporáneos presentan a Alpharius como un maestro táctico y un estratega cuyas habilidades fueron calificadas por el Strategos Imperial como similares a las legendarias capacidades de Perturabo o Guilliman. Se dice que su erudición era pasmosa, pero que su gran inteligencia era tan fría y vigilante como la mirada de una víbora.

Se ha escrito que no buscó la camaradería ni el consejo de ninguno de sus hermanos, excepto quizás Horus, aunque no se pueden ignorar algunos informes que también le sitúan en Caliban y Terra en diversos momentos. Se dice que animaba a sus comandantes a operar con una independencia extrema en pensamiento y acción, pero se sabe que la Legión Alfa se enorgullecía de su irrompible unidad de propósito y voluntad. Tales son las paradojas que abundan en la estela de la sombría figura de Alpharius y la de su propia Legión, y no hay misterio donde se den más que en el mito de su reencuentro con el Imperio.

Un relato del hallazgo de Alpharius que circuló en secreto entre las casas y facciones de la Corte Imperial afirma que su descubrimiento fue un accidente de la Legión de los Lobos Lunares. Según esto, Alpharius era el líder de una confederación de sistemas humanos cuya flota de guerra, que no era rival ni en tamaño ni en potencia para las naves imperiales, logró mediante un engaño y una emboscada incapacitar humillantemente a uno de los acorazados periféricos de los Lobos Lunares. Respondiendo a esta imperdonable derrota, el propio Horus y su flota les dieron caza, solo para encontrarse enfangados en emboscada tras emboscada, engañados para caer en trampas letales y persiguiendo sombras hasta que la propia nave insignia de Horus fue asaltada. En la confrontación subsiguiente los Lobos Lunares destrozaron el desesperado ataque de la flota enemiga, pero en la confusión un único asesino penetró en la Espíritu Vengativo, y mediante el sigilo y el asesinato cumplió la imposible misión de abrirse camino hasta la cámara de mando de Horus y masacrar a sus guardaespaldas antes de que el propio Horus se viera obligado a enfrentársele. Pero Horus no mató al intruso, sino que le reconoció como a su hermano perdido: era Alpharius. Este relato es una mentira.

Otros dos relatos, encontrados encriptados entre las páginas de ciertos volúmenes de la obra suprimida de corrosión memética conocida como el Tránsito del Alma Humana por el Conflicto, o Codex Hydra para otros, ofrecen opiniones diferentes. La primera es que el Primarca perdido fue depositado en un pujante mundo tecno-oligárquico conocido como Bar'Savor, pero antes de cumplir su primera década de vida los cielos de Bar'Savor se oscurecieron cuando las pesadillescas criaturas-gusano xenos conocidas como los Slaugth descendieron para alimentarse. Tras capturar al joven Primarca por ser el único ser lo bastante fuerte para resistírseles, los Slaugth se lo quedaron como una curiosidad, retorciendo su mente con sus horrores, esclavizándole y educándole como un arma viviente para sembrar el conflicto y la discordia entre sus víctimas antes de caer sobre ellas para darse un festín.

Sería el propio Emperador quien finalmente le liberaría, clavando su dorada barcaza de batalla en el corazón del vasto navío de piedra de los horribles xenos para quebrarlo, y desplegando una ira similar a la de un dios vengativo de las leyendas en venganza por lo que se le había hecho a su hijo. Durante largos años, Alpharius se quedó junto a su padre hasta que el Emperador deshizo lo que había dañado a su creación. Este relato también ofrece una versión contradictoria de los sucesos, diciendo que solo Alpharius, de alguna forma incompleto, se había librado o al menos parte de él se había quedado atrás, aunque gravemente herido, cuando el resto de los Primarcas fueron dispersados por las estrellas. Aquí, a la sombra de Terra, creció y fue el único de los Primarcas criado personalmente por el Emperador, quien mantuvo su existencia en secreto con celo hasta para sus más cercanos allegados, para evitar que le acaeciera un oscuro destino. Al madurar se convirtió en la mano secreta y el mayor escudo de su padre, hasta que finalmente se separó de él para cumplir su destino. Ambos relatos son mentiras.

¿Cuál, entonces, es la verdad, si los hechos registrados sugieren que ninguno de estos relatos son reales, y no son más que unos pocos de los bulos que pretenden contener la verdad oculta sobre el pasado de Alpharius? Quizás, como las más poderosas falacias, cada uno de ellos contiene un grano de verdad, una pista de un secreto mucho mayor, que debe ser juzgado por cada uno.

La verdad enterradaEditar

El mayor secreto de la Vigésima Legión, que jamás es contado fuera de ella, es que en realidad no poseía un Primarca, sino dos: Alpharius tenía un gemelo llamado Omegon. No se sabe si el Emperador pretendía o era siquiera consciente de que el embrión artificial del último Primarca se había dividido en dos fetos idénticos durante su gestación antes de que su cápsula fuese robada por los Poderes Ruinosos. Por algún motivo, G'Latrro, miembro de la Cábala, les describió como "un alma en dos recipientes".

Según los recuerdos absorbidos por el Capitán Sheed Ranko al beber la sangre de Omegon, los gemelos habían aterrizado en un lejano planeta y habían planeado juntos su ascenso al poder en el mismo; se desconoce qué mundo o sociedad les acogió.

Tras su reencuentro con la que se conocería (entre otros muchos nombres) como la Legión Alfa, Alpharius y Omegon compartieron el mismo nivel de autoridad, si bien Alpharius actuó principalmente como "cara visible" mientras que Omegon solía dirigir la Escuadra de Infiltración Effrit. Salvo en este último caso, en que Omegon vestía una servoarmadura más oscura y con piezas negras, los Primarcas Gemelos eran prácticamente indistinguibles entre sí y a menudo intercambiaban puestos, o bien cedían sus posiciones a Legionarios selectos cuyo aspecto era quirúrgicamente alterado y que bebían su sangre para obtener a través de su omofágea los recuerdos y pensamientos de quienes debían suplantar (como fue el caso de Ranko y Omegon).

Unidad y mentirasEditar

Sigue habiendo muchas contradicciones en los relatos de las primeras acciones abiertas de la Legión Alfa como una Legión Astartes por derecho propio. Los registros oficiales hallados tanto en los arcanotelares del Logistica Corpus como en las obras más prosaicas de los Rememoradores fijan la aparición de la Legión Alfa como Legión activa autónoma bien en la década inmediatamente anterior al inicio del Exterminio de Farinatus, bien como refuerzos inesperados durante los días más oscuros de los Xenocidios de Rangda. Esto representa una discrepancia de unos treinta años sidéreos, pero en muchos aspectos convierte a la Legión Alfa en la última de las Legiones Astartes en ser reconocida como una entidad militar independiente por un margen considerable, y también la última en reunirse oficialmente con su Primarca (aunque también en esto los informes difieren ampliamente sobre la fecha y condiciones exactas de este suceso).

En la batalla esta “joven” Legión, dirigida por su misterioso y taciturno Primarca, cobró fama rápidamente por su disciplina y su estricta e impenetrable organización y régimen, que enfatizaban la unidad de la Legión y la importancia de sus acciones generales por encima de los individuos. Su firma era una aplicación implacable de fuerza y un nivel terrorífico de coordinación entre sus guerreros y máquinas de guerra. Esta capacidad para combinar diferentes ramas armamentísticas y atacar con rapidez y seguridad estaba igualada con su dominio de las artes más oscuras de la guerra: el sabotaje, la emboscada, las tácticas de terror y el asesinato. También era evidente su deseo de secretismo y su talento para la desinformación. Se mantenía apartada de las demás Legiones, incluso cuando se le ordenaba luchar directamente a su lado, y en sus actos muchos hallaban una siniestra vigilancia, y bajo la fachada, la sombra de la mofa.

El nombre escogido por la XX Legión, “Legión Alfa” (la antigua primera letra del primer alfabeto de la Vieja Tierra) parece una broma casi deliberadamente perversa dada su tardía aparición, al igual que el nombre por el que sería conocido generalmente su Primarca, Alpharius. Algunos de los que han estudiado la historia de esta Legión Traidora han escogido ver la adopción de este apelativo no como una ironía ni como una contradicción deliberada de los hechos, sino más bien como una afirmación de ambición y una declaración de intenciones. “Alfa” también puede significar “principal” y “supremo”, especialmente cuando se combina con la antigua letra Omega para formar el sello anterior a la Era Oscura de la Tecnología conocido como el Aeternus. Este símbolo, que fue usado mucho en las primeras muestras de heráldica de la Legión, conlleva significados ocultos que incluyen, pero no se limitan a, temas como la unidad, la continuidad y la indestructibilidad. También representa la “geometría sagrada” pre-imperial de la serpiente del poder y el conocimiento enrollándose en torno a los pilares de la realidad física y la verdad. La serpiente también tiene, desde tiempo inmemorial, connotaciones de traición, secretos, conflictos y mentiras. La antigua serpiente mítica terrana de la devastación que no podía ser destruida, pues cuando una cabeza era cortada, dos más se desenrollaban en su lugar, proporcionaría el otro gran tipo iconográfico de la Legión, y que se volvería predominante para la época de la Herejía de Horus: el símbolo de la Hidra. Incluso dentro de cada uno de estos símbolos en solitario se podrían adivinar capa sobre capa de significados ocultos y la promesa de una intención, ambición y destrucción malvadas, y lo mismo ocurre con la Legión Alfa.

El TormentoEditar

A diferencia de las otras Legiones Astartes, en las que se podían discernir patrones culturales y reclutas de origen terrano, con la influencia directa de su Primarca o la de su fundación moldeando lo que había sido anteriormente, la Legión Alfa y Alpharius eran uno y lo mismo a todos los efectos. Sus marcas personales eran la unidad, el poderío y la confusión que dejaban en los extraños que trataban con ellos. Desde el mismo principio, ni siquiera el Imperialis Logistica pudo confirmar los detalles más básicos de la Legión con ninguna certeza, ya se tratara de los principales centros de reclutamiento de la Legión, su heráldica o algo que se pareciera ni remotamente a una estimación firme de su fuerza operativa. Era una Legión que parecía haber aparecido de la nada, completa con decenas de miles de Legionarios totalmente equipados y una flota de guerra capaz que operaba con la habilidad de veteranos. Incluso el nombre bajo el que operaba parecía dudoso, pues aunque el de “Legión Alfa” era cada vez más usado por el resto del Imperio, los informes de batalla oficiales indican que se daba a sí misma títulos como la “Cadena Ininterrumpida” o apelativos más siniestros como “El Tormento”, como se llamó a sí misma en las campañas xenocidas del Exterminio del Hueco Perfidiano. Del mismo modo, existen muchos relatos de miembros individuales de la Legión presentándose ante los foráneos por el nombre de “Alpharius” o simplemente “Uno de Muchos”, lo que solía enfurecer y confundir a las fuerzas junto a las que luchaban. No se sabe si esta política de anonimato era el resultado del inusual enfoque de la Legión sobre la unidad y solidaridad entre sus filas, de una pura adicción al hermetismo, o un intento deliberado de encubrir sus números.

No obstante, existen otros relatos contrarios que desmienten esta práctica. Existen múltiples pruebas de nombres originados en dialectos antiguos largo tiempo perdidos, que la Legión usaba tanto en la comunicación como a modo de apodos para sus miembros. En al menos una ocasión, al analizar a posteriori los informes de combate de un Batallón de la Legión Alfa que luchó junto a los Auxiliares Imperiales de Klarkash contra los Khrave en Memlock, se descubrió que los nombres y códigos usados por sus Legionarios se correspondían exactamente con la población de un mundo humano rebelde que la Legión Alfa había exterminado previamente en la campaña del Contagio de Nuncaluz. La razón de esta falsedad o la función que cumplía esta macabra práctica siguen sin saberse. Estas actitudes engañosas parecen, al menos en general, haber sido aceptadas y toleradas tácitamente tanto por el Emperador como por Horus una vez nombrado Señor de la Guerra, aunque no está claro con qué fin.

En combate la Legión Alfa demostró ser capaz de blandir una mezcla devastadora de sutileza y fuerza aplastante, deleitándose tanto en la planificación meticulosa como en la aplicación de una crueldad imaginativa en la guerra. La Legión Alfa desarrolló rápidamente una reputación sin igual (salvo quizá la Guardia del Cuervo) entre las Legiones Astartes por su uso del espionaje, la infiltración y el sabotaje en su planificación estratégica. Pero donde la Guardia del Cuervo buscaba usar esas tácticas para lograr la victoria sin un desgaste innecesario, o para evitar la muerte de la población que buscaba liberar, la Legión Alfa tenía otros propósitos más oscuros en mente. Para ellos, estas tácticas encubiertas parecían casi un letal juego preliminar. Donde podía, la Legión Alfa extendía la confusión y el desorden aparentemente por puro placer, además de por cualquier ventaja táctica que le proporcionase, o incluso quizá por el mero espectáculo sangriento de los mismos. Mutilaban y desangraban al enemigo, le obligaban a perseguir fantasmas y a volverse contra sí mismo en medio del pánico antes de atacar. Estas tácticas a menudo llevaban al objetivo de la Legión Alfa a un frenesí agónico mientras le despojaban al mismo tiempo de su auténtica fuerza y le obligaban a adoptar configuraciones vulnerables a capricho de la Legión Alfa. Entonces llegaba el golpe de gracia. A menudo este ataque final, o “Tormento”, llegaba en forma de un asalto desde un centenar de direcciones a la vez, una granizada de tácticas y planes de ataque diferentes usados contra un enemigo o bien absolutamente inconsciente del auténtico peligro o bien ya llevado al borde del caos. El resultado era una catástrofe casi inevitable para las víctimas de la Legión Alfa, ya que entonces todo el poderío de la Legión caía sobre el punto más débil de su enemigo, y lo que sucedía a continuación según los espectadores se parecía más a un asesinato que a una batalla.

Para sus aliados, la Legión Alfa representaba una entidad cambiante y proteica de identidad incierta y engañosidad activa, combinadas con una fuerza militar innegable, objetivos inefables y, para algunos observadores, una lealtad no demostrada; una combinación peligrosa y que no generaba confianza. Para sus enemigos eran una auténtica pesadilla, un oponente que podía atacar desde cualquier dirección, que parecía desarmar cualquier estratagema y golpear los puntos débiles por más que fuesen ocultados. La Legión Alfa era un enemigo que no conocía ni la piedad, ni el honor, ni el cuartel, y que parecía deleitarse en la destrucción por sí misma, y en el caos y la anarquía que podía inspirar antes del golpe letal.

Aunque su historial como Legión activa era uno corto comparado con el de muchas, al menos el que había sido hecho público, demostró pronto estar decidida a igualar a cualquiera de sus hermanas en gloria, o mejor dicho a demostrar su superioridad sobre ellas, y su número de victorias creció con una rapidez asombrosa. La Legión Alfa, siempre vigilante, no se negaba en absoluto a estudiar los puntos fuertes y débiles de las demás Legiones, ni a adaptar las armas y tácticas de otros Astartes para sus propios fines. En esto no se diferenciaban mucho de las observaciones estratégicas de los Ultramarines y su señor Roboute Guilliman, aunque es poco probable que a los Señores de Ultramar les hubiese agradado demasiado esa comparación, aun antes de que las dos Legiones llegasen a enfrentarse con amargura. Este celo por demostrar a cualquier coste que eran parte de la Gran Cruzada, y la forma a menudo excesivamente elaborada e innecesariamente compleja y maligna en que la Legión Alfa escogía librar sus guerras hizo que pronto ganase más infamia que fama. Esto, combinado con la creciente desconfianza engendrada por su naturaleza aislada y engañosa, provocó rivalidades y acritudes entre la Legión Alfa y gran parte del resto de las Legiones Astartes.

Con el paso del tiempo, la relación entre la Legión Alfa y sus congéneres se fue amargando cada vez más. La naturaleza de las artes de la guerra de la Legión Alfa y su falta de adhesión a las órdenes de otras Legiones colocadas por encima de ella en el campo de batalla hicieron que Alpharius y tanto Roboute Guilliman de los Ultramarines como Mortarion de la Guardia de la Muerte chocasen en varias ocasiones, destacando los incidentes posteriores a la Cruzada de Ullanor y los Alzamientos de Vasalius. Más enfáticos fueron Rogal Dorn y los Puños Imperiales, que rápidamente llegaron a ver a toda la Legión Alfa como “asesinos sin honor, indignos de portar el sello del Emperador”, y solo la intervención directa del propio Emperador impidió que se derramase sangre entre los oficiales superiores de las dos Legiones en una disputa de honor tras la caída de la Fortaleza de Jakalla durante la Conquista de Avalorn.

Aparte de estos incidentes más famosos, Konrad Curze de los Amos de la Noche es citado en los informes secretos de la Legio Custodes condenando abiertamente a la Legión por “ocultar sus auténticos pecados en una mortaja de mentiras”, mientras que las pruebas también parecen sugerir que la Legión Alfa fue discretamente rehuida y evitada por la Legión de los Mil Hijos siempre que pudo, aunque nunca se ha revelado la causa de esta discordia.

Del mismo modo, si se puede decir que la Legión Alfa tuvo un aliado o amigo entre los Primarcas, ese fue el mismo Horus, y resultó ser uno muy poderoso. Horus veía a la Legión como un arma única en el arsenal del Imperio, su ambición como loable, y sus tácticas no muy distintas de las favorecidas por su propia Legión. Además, se sabe que la XX Legión combatió con éxito junto a los Ángeles Oscuros y los Manos de Hierro sin incidentes en múltiples ocasiones antes del estallido de la Herejía de Horus, algo quizá sorprendente, y también demostró tener talento para formular planes de batalla que incorporaban a unidades no Astartes en sus campañas con gran efectividad, aunque sacrificaban las fuerzas y vidas de los que servían junto a la Legión con una eficiencia fríamente calculada. A favor de la Legión Alfa también había un envidiable historial de éxitos militares, especialmente forzando la sumisión de colonias humanas recalcitrantes y exponiendo y arrancando de raíz rebeliones y traiciones en mundos recientemente anexionados. También desarrolló una reputación por cazar y exterminar con un éxito notorio fuerzas incursoras con capacidad de viaje Disforme, amenazas xenos nómadas y renegados humanos.

Tras su ascenso a la posición de Señor de la Guerra, desde la cual obtuvo el control de las campañas exteriores de la Gran Cruzada, Horus dio cada vez más rienda suelta a la Legión Alfa para que operase independientemente de otras fuerzas Astartes. Durante esta época la Legión Alfa aumentó de tamaño notoria y rápidamente, formando el núcleo de varias Flotas Expedicionarias y dividiéndose para formar docenas de fuerzas incursoras independientes que solían operar junto a los Comerciantes Independientes y penetrar en el vacío desconocido mucho más allá de los frentes de la Gran Cruzada. En los últimos años antes del estallido de la Herejía de Horus, hay pruebas fragmentarias de que hasta Horus estaba empezando a dudar de su control sobre la Legión Alfa, y también de la veracidad de sus propios conocimientos sobre la Vigésima, sus objetivos y a quién servía realmente. Los informes secretos preparados tanto para el Señor de la Guerra como para la Corte Imperial en Terra durante esta época muestran una creciente incomodidad en torno a la Legión Alfa, y algunos implicaban que estaba cada vez más lejos de la capacidad del Imperio de medirla o controlarla. Además, parecía que alguna obsesión o locura se estaba apoderando de la psique de la Legión, por la forma en que operaba y guerreaba. Se ha sugerido que la Legión Alfa había empezado a buscar batallas que librar por el reto que planteaban que por su conveniencia para la Gran Cruzada, orquestando demostraciones cada vez más apocalípticas de sus arcanos y malévolos métodos de combate, incluso cuando un simple asalto convencional hubiera sido más eficiente y expeditivo.

El ejemplo más notorio de esto tuvo lugar en la Conquista de Tesstra, donde la Legión Alfa, en lugar de aprovechar la oportunidad de capturar la capital planetaria y así forzar la rendición del mundo, permitió al enemigo fortificarse y defenderla para que entonces destrozar hábilmente a las fuerzas defensoras de múltiples formas. Después de una semana de sufrir percances aparentemente al azar, mortales sabotajes y brutales emboscadas, los defensores se vieron obligados a capitular después de haber recibido un 90% de bajas. Cuando se le preguntó por qué la Legión no había adoptado la estrategia más simple, se cuenta que Alpharius contestó que lo habían evitado "porque habría sido demasiado fácil". Esta campaña significó para Alpharius recibir el descrédito de casi todos sus hermanos Primarcas. Guilliman en particular, furioso por la conducta bélica de Alpharius, etiquetó la interminable operación de "mero ejercicio de crueldad y un desperdicio del tiempo y los recursos de la Gran Cruzada" en una protesta formal ante el Señor de la Guerra. La Legión Alfa no volvió a servir directamente junto a los Ultramarines durante el resto de la Gran Cruzada.

Con el tiempo, se volvió común en la Corte de Terra y entre muchos comandantes imperiales acusar a la Legión Alfa de parecer haberse vuelto adicta a derribar civilizaciones inferiores con anarquía, fuego y sangre, cuando podrían haberse anexionado fácilmente mediante la negociación o un despliegue limitado de fuerzas, en lugar de ser reducidas a ruinas disputadas como demostración de las habilidades de la Legión Alfa. Peor aún, se alegó que esta necesidad de orquestar la elaborada destrucción de sus enemigos no era una mera afectación, sino un defecto patológico que solo empeoraba a medida que progresaba la Gran Cruzada. El Señor de la Guerra rechazó enfáticamente estas acusaciones.

A medida que se acercaba el inicio de la Herejía, la Legión Alfa, como si reaccionase a la creciente nube de sospecha y desconfianza hacia ellos en algunos sectores, se internó cada vez más en la oscuridad exterior de los bordes del espacio conocido, o al menos pareció hacerlo. Sus engaños se multiplicaron, como también parece que lo hicieron los nombres por los que se hicieron conocer la Legión y sus agentes, particularmente en las oscuras estrellas situadas más allá de las fronteras del Imperio, donde muchos de los que entraban en contacto con ellos no tenían ni idea de la verdadera naturaleza ni lealtad de su destructor hasta que era demasiado tarde.

La CábalaEditar

Con tales ejemplos existentes en los registros imperiales, tal vez sea fácil ver por qué la Legión Alfa se puso de lado de Horus cuando el Señor de la Guerra pactó con el Caos y se rebeló contra el Emperador: el rechazo hacia Alpharius de todos los Primarcas salvo Horus, y su orgullo marcial, aparentemente fueron los orígenes de su caída.

Sin embargo, el giro de la Legión Alfa hacia el Caos fue, curiosamente, algo que escogieron para el bien del universo. Mientras tenía lugar la conquista del planeta Nurth unos dos años estándar antes del estallido de la Herejía de Horus, los Primarcas gemelos fueron abordados por un hombre llamado John Grammaticus, un agente de una organización alienígena conocida como la Cábala. La Cábala reveló a Alpharius y Omegon, así como otros dos hombres (Peto Soneka y un psíquico de nombre Shere) la consecuencia de que Horus hubiera sido nombrado Señor de la Guerra de la Gran Cruzada: el inicio de la terrible guerra civil llamada Herejía de Horus. Luego presentó las dos posibilidades psíquicamente previstas a los gemelos Primarcas: Si el Emperador ganaba la inminente guerra civil, el Imperio de la Humanidad decaería lentamente durante los próximos diez o veinte mil años, hasta que él y miles de millones de almas fueran consumidas en última instancia por el Caos. Si Horus ganaba la guerra, sin embargo, tras "dos o tres generaciones" Horus sería atormentado por la culpa por haber matado a su padre el Emperador y, en última instancia, destruiría a todas las facciones contaminadas por el Caos de la galaxia y a la misma Humanidad en una guerra constante. La Humanidad sería destruida en el proceso, pero los mayores enemigos del Emperador, los Dioses del Caos, serían casi erradicados debido a que gran parte de su poder se deriva de los defectos psíquicos inherentes de la propia Humanidad.

En este punto, ambos Primarcas dieron un respingo hacia atrás y le gritaron a la visión: "La Legión Alfa siempre, siempre, será del Emperador", declaró Alpharius. Los Primarcas finalmente escogieron seguir a Horus en su creencia de que la destrucción final del Caos sería la elección que el propio Emperador habría hecho; sin embargo, sus lealtades permanecieron con el Emperador al tiempo que consagraban sus almas al Caos Absoluto.

Puede que la Cábala fuese sincera en su deseo de evitar la terrible aparición del estancamiento y la constante guerra en el Imperio de la Humanidad que la Herejía de Horus iniciaría; o puede que engañasen intencionadamente al Primarca pues quizá el apoyo de una Legión Alfa Leal podría haber cambiado el curso de la campaña de un modo que hubiera impedido a Horus llegar al Emperador y herirlo de muerte. En cualquier caso, con su apoyo a Horus la Legión Alfa se incorporó al futuro de la Humanidad que había tratado de impedir. No está claro si La Cábala había malinterpretado sus visiones psíquicas, actuando de tal forma que crearon una profecía autocumplida, o si en realidad eran agentes del Caos o alguna otra facción con interés en intentar subvertir a una Legión de otro modo leal.

El grito de batalla de la Legión Alfa de "¡Por el Emperador!", cuando se ve desde esta perspectiva, no es el insulto burlón de una Legión Traidora, como se llegó a interpretar. Más bien es un testimonio de la devoción de la Legión, que se ha mantenido fiel a su causa durante todo ese tiempo. Se cree que el verdadero objetivo de la Legión Alfa es liberar al Emperador de su "prisión" del Trono Dorado de modo que se cumpla la revelación que les hizo la Cábala.

Herejía de HorusEditar

La mordedura de la HidraEditar

Cuando estalló la Herejía de Horus y tuvo lugar la Atrocidad de Istvaan III, una gran fuerza de ataque de la Legión Alfa, compuesta por unos cincuenta mil Legionarios y liderada personalmente por su Primarca, se encontraba convenientemente situada para responder a las órdenes de Rogal Dorn de atacar a los Traidores en Istvaan V. Se cree que este contingente de la Legión Alfa comprendía las fuerzas combinadas de dos Flotas Expedicionarias distintas y sus naves de apoyo, que habían regresado recientemente al Imperio para reaprovisionarse y rearmarse en el mundo forja de Lucius tras una prolongada serie de campañas en el borde nororiental galáctico. Por tanto, supuestamente la Legión Alfa y su Primarca habían estado sin contacto alguno con el resto de la Gran Cruzada durante varios años, y probablemente fue este hecho el que convenció al Pretoriano de Terra de que eran leales y no se habían implicado en la locura traicionera que se había apoderado de Horus y su jauría más cercana. Sin embargo, como demostró su participación en la Masacre del Desembarco, esto no podía estar más lejos de la verdad, e incluso se ha afirmado sin pruebas a posteriori que Alpharius tuvo que ver en la planificación de la propia Masacre.

Es seguro que la Legión Alfa había extendido su red de infiltrados, espías y saboteadores a lo largo y ancho del Imperio antes del estallido de las hostilidades, como se demostraría sangrientamente en una veintena de mundos como parte de la jugada inicial del Señor de la Guerra. Por culpa del talento para la conspiración de la Legión Alfa y sus agentes, morirían miles de millones e incontables billones más sufrirían padecimientos y desastres en los tiempos que siguieron. Incluso en planetas que no sentirían las atronadoras pisadas de los Astartes en toda la guerra, los crueles planes y el talento para causar conflictos de la Legión Alfa sembrarían la destrucción. Sin embargo, aunque Horus desató a la Legión Alfa para que clavase sus colmillos profundamente en el cuerpo del Imperio, no confió en que ni ella ni su señor le obedeciesen, ni en que luchasen la guerra que él deseaba que lucharan una vez desencadenada la Hidra. La historia demostraría que esta desconfianza estaba bien fundada.

Participación en la HerejíaEditar

Batalla Guerreros de Hierro Legio Gryphonnicus contra Legión Alfa Legio Fureans.png

La Legión Alfa y la Legio Fureans atacan a la Legio Gryphonicus y a unos Guerreros de Hierro Leales.

Tras el bombardeo vírico de Istvaan III, la supuestamente Leal Legión Alfa fue una de las Legiones enviadas para destruir a Horus en su base de Istvaan V. Asignada a la segunda oleada, la Legión Alfa se volvió contra la primera oleada. Muchos creen que esta estrategia fue obra de Alpharius y la Legión Alfa.

Cuando el Comandante Branne Nev de la Guardia del Cuervo llegó a Istvaan V para rescatar a los restos de las fuerzas imperiales, incluyendo a su Primarca, Corvus Corax, la Legión Alfa tuvo un papel central al dejar escapar a Corax, hasta el punto de matar al Comandante de una barcaza de batalla de los Devoradores de Mundos para evitar que destruyera la nave de Branne. Esto se debió a que la Legión había conseguido infiltrar a varios de sus miembros en la XIX Legión durante su trágica retirada de la Depresión de Urgall. De este modo, y gracias a la distracción orquestada por Omegon con el alzamiento de los Tecnogremios sometidos de Kiavahr (el mundo forja que antaño dominó Deliverance, luna natal de la Guardia del Cuervo), la Legión Alfa se apoderó de los resultados de la investigación genética de Corax sobre el ADN Primarca original (obtenido en Terra con la venia del Emperador) y malogró su proyecto de reconstrucción de la Guardia del Cuervo con Astartes mejorados. Los resultados fueron traspasados al Apotecario Jefe Fabius de los Hijos del Emperador por orden del Señor de la Guerra, aunque con una sutil modificación casi imposible de corregir que impediría su aprovechamiento, mientras que los Primarcas Gemelos conservaron la versión original.

Durante la Herejía de Horus, la Legión Alfa se separó del grueso de las fuerzas de Horus casi desde el principio, y no atacó Terra, sino que emprendió una serie de acciones destinadas a intentar retrasar a los refuerzos imperiales. Asimismo participaron en batallas menores, derrotando un ejército de Cicatrices Blancas en Tallarn y a otro de Lobos Espaciales en Yarant. A pesar de sus esfuerzos, sin embargo, Horus fue derrotado.

Tras la HerejíaEditar

Tras la derrota del Señor de la Guerra, la Legión Alfa no se retiró al Ojo del Terror como las otras Legiones Traidoras, sino que se trasladó al Este Galáctico en busca de nuevos objetivos que sólo ellos conocían. No se sabe si uno de estos objetivos era entrar en combate con los Ultramarines o no, pero ocurrió de todas formas.

En el planeta de Eskrador, la Legión Alfa fue asaltada por los Ultramarines. Se sabe que Alpharius se alegró de esto, pues le permitía demostrar la superioridad de sus estrategias flexibles, múltiples e inesperadas sobre los precisos, metódicos y quizás hasta moribundos Ultramarines. Sin embargo, el Primarca de la Legión Alfa fue aparentemente tomado por sorpresa cuando Guilliman se apartó de sus propias normas y dirigió un asalto sorpresa con sus tropas de élite contra la base de la Legión Alfa. En el combate singular que siguió, se cree que Alpharius resultó muerto. La Legión Alfa, al contrario de lo que esperaba Guilliman, mantuvo el orden y atacó furiosamente al destacamento, con tal contundencia que para cuando volvieron con el grueso del ejército Ultramarine, sólo quedaba un puñado del grupo original. Dos semanas después, los Ultramarines fueron expulsados del planeta.

Tras la Batalla de Eskrador, la Legión se dividió para esconderse del Imperio. Partidas de guerra pequeñas y autónomas se quedaron y extendieron por el espacio imperial, instalándose en secreto en campos de asteroides, Pecios Espaciales y mundos desolados. Estos grupos lanzaban ataques frecuentes contra objetivos militares debilitados por la Herejía, y aún suponen una amenaza para las naves, asentamientos y guarniciones. Además, se encargan de extender y coordinar los Cultos del Caos por toda la galaxia, con el fin de instigar revueltas masivas contra el Imperio. Estas insurrecciones son utilizadas a menudo para alejar a las fuerzas imperiales de los mundos que desean atacar, facilitando el paso a los asaltos a gran escala que surgen del Ojo del Terror.

Su papel en la expansión de los cultos heréticos les ha ganado el odio de la Inquisición, quien ha dedicado considerables recursos a destruir sus bases secretas. Hasta la fecha, la Legión Alfa ha sido declarada destruida por completo por los Altos Señores de Terra no menos de tres veces: en el M31, el M32 y el M39. Todas estas afirmaciones han sido refutadas por los continuos asaltos de la Legión.

ReclutamientoEditar

[En construcción, disculpen las molestias.]

Organización y doctrina de combateEditar

Antes de la HerejíaEditar

Todas las Legiones Astartes tenían arduas misiones y pruebas para sus reclutas potenciales, pero antes de la Herejía, la Legión Alfa cambió este sistema para probar escuadras enteras en vez de individuos. Las escuadras tenían éxito como grupo, o no tenían, y los héroes estúpidos eran mal mirados. El plan general era más importante y valioso que cualquier Marine Espacial.

La primera tanda de Legionarios Alfa eran Marines notablemente altos y fuertes hasta para ser Astartes, atributos físicos que convenían a los engaños de Alpharius: el Primarca ordenó que, en la medida de lo posible, todos los Legionarios debían parecerse entre sí, tomando como patrón a Alpharius y Omegon. De este modo, todos los Marines de la Legión Alfa tenían como mínimo la cabeza afeitada por completo, y algunos llegaron hasta hacerse operaciones quirúrgicas para parecerse más a sus Comandantes. Su altura también los hacía más fáciles de confundir con los Primarcas gemelos, aunque estos seguían siendo los más altos de la Legión. Cuando aquellos ajenos a la Legión Alfa preguntaban, todos los Legionarios se presentaban como "Alpharius", incluso aunque hubiera más de uno de ellos presente.

Esto era una extensión de la filosofía de la Legión de ser un cuerpo único que pudiese golpear en muchos sitios al mismo tiempo. Esta solidaridad completa con todos los demás se expresaban además de otras formas: las decisiones internas se tomaban de forma abierta y razonablemente democrática, pudiendo todos los presentes en las reuniones de planificación (incluso aquellos que no eran Astartes) participar y comentar libremente. Esta libertad se extendía no sólo a los temas militares, sino que había también discusiones filosóficas y políticas que habrían sido prohibidas o mal vistas en otras instituciones imperiales. Los reclutas posteriores de la Legión fueron escogidos por el Primarca según su inteligencia e iniciativa personal.

Asimismo, la Legión se acostumbró a reclutar especialistas no Astartes en cada conflicto y batalla en el que participaban, normalmente miembros del Ejército Imperial, aunque casi cualquier humano podía ser contactado por la Legión por sus conocimientos o habilidades. Estos operativos permanecían a menudo en su posición original, listos para responder a las órdenes de la Legión Alfa. Si eran puestos en peligro, no eran abandonados si podía evitarse, y los Legionarios Alfa llegarían a grandes extremos con tal de conservarlos u ocultar su existencia, extremos que llegaban a silenciar fatalmente a otros imperiales. Todos los operativos eran tatuados con un pequeño símbolo de hidra de tres cabezas.

Aunque se sabe que poseían Escuadras de Exterminadores y de Infiltración, la mayor parte de la Legión parece que iba armada y equipada de un modo uniforme a menos que fuera tácticamente imprudente. La Legión Alfa era conocida por operar tras las líneas enemigas y hasta mezclarse con la población civil enemiga. En situaciones así, eran aparentemente capaces de pasar desapercibidos gracias a una combinación de vestimenta y campos de ocultación.

Tras la HerejíaEditar

"1. La Disciplina lleva a la Victoria.
2. Es la Victoria en la Guerra lo que da Inmortalidad.
3. La Inmortalidad es el Don del Caos.
4. A cambio, el Caos exige Sangre.
5. Así, la Sangre siempre debe ser derramada.
6. Por tanto, la Vida Eterna exige Guerra Eterna.
7. La Guerra Eterna exige Disciplina Eterna.
8. El Caos siempre recibirá Sangre: la Tuya o la Suya.
"
Los Ocho Principios de la Guerra del Breviario de la Legión Alfa


Se sabe incluso menos sobre la organización interna de la Legión Alfa tras la Herejía de lo que se sabía antes. En ocasiones se ha logrado asesinar a miembros de la Legión que se creía eran oficiales de alto rango, pero sus muertes han tenido poco efecto visible en las operaciones de la Legión Alfa.

El símbolo actual de la Legión, la Hidra, es una bestia mítica de varias cabezas que podía seguir luchando incluso si una de ellas era cortada, pues de la herida salían otras dos cabezas nuevas. Esta leyenda parece reflejarse en la estructura de mando de la Legión Alfa, así como en su doctrina de ataque múltiple.

Alpharius creía en la planificación y la coordinación, y buscaba constantemente alternativas y soluciones múltiples para todos los problemas que se le presentaban, haciendo que varios elementos distintos se combinasen para lograr el resultado final. Esta doctrina, fuertemente aceptada por toda la Legión, ha sido aparentemente continuada por los traidores y ha demostrado su efectividad, especialmente en las formas dispares y secretas en las que operan ahora.

Se hacen preparativos exhaustivos antes de atacar un objetivo imperial, incluyendo el envío de espías y la corrupción del enemigo para debilitar su resistencia. El objetivo no sólo es atacado por todos los ángulos, sino que cada ataque es coordinado para lograr los resultados más destructivos. Muchas acciones están planeadas para utilizar y reforzar la actividad cultista local. Estos cultos se esfuerzan por extender propaganda, realizar sabotajes y llevar a cabo actos vandálicos y revueltas, distrayendo y debilitando al enemigo antes de que la Legión Alfa ataque. Además, se sabe que la Legión se ha aliado con fuerzas antiimperialistas, incluyendo otras Legiones Traidoras y xenos. En los mundos más alejados del Ojo del Terror, dependen menos de los Demonios, pues estos no pueden permanecer estables en el Materium el tiempo suficiente para ser útiles. Pero si la Legión Alfa logra asegurar la fuerza de un culto caótico local, los invocarán para añadirlos a la variedad de sus ataques.

CreenciasEditar

[En construcción, disculpen las molestias.]

Semilla genéticaEditar

[En construcción, disculpen las molestias.]

Apariencia Editar

Durante la Gran Cruzada las armaduras de la legion alfa eran de color azul eléctrico, con bordes plateados e iconografía verde, aunque las de la Unidad de Infiltración Effrit eran más oscuras y apagadas.

Su símbolo original era una letra alfa mayúscula, cuyo trazo horizontal era ocupado por una cadena, todo en color verde. Tras la Herejía, sin embargo, adoptaron el emblema de la Hidra de 3 cabezas que ya antes había sido tatuado en los operativos ocultos de la Legión.

Grito de guerra Editar

La Legión Alfa utiliza gritos de guerra imperiales para confundir y enfurecer a sus enemigos, como por ejemplo "¡Por el Emperador!"

Sin embargo, su grito de guerra original hacía referencia al símbolo de la Legión: "¡Hydra Dominatus!"

Miembros conocidosEditar

Antes de la HerejíaEditar

  • Omegon - Primarca oculto de la XX Legión, Líder de la Escuadra de Infiltración Effrit.

Tras la HerejíaEditar

  • Arkos (muerto/capturado).
  • Nullus - Lugarteniente de Voldorius (muerto).

Naves conocidasEditar

  • Upsilon (Crucero de Asalto) - Activo durante la Herejía.
  • Zeta (Crucero de Asalto) - Activo durante la Herejía.
  • Phi (Crucero de Asalto) - Activo durante la Herejía.
  • Gamma - Nave activa durante la Herejía.
  • Theta - Nave activa durante la Herejía.
  • Beta-Kalaphon (Corbeta) - Activa durante la Herejía.

Leer másEditar

Lista de Ejércitos de Marines Espaciales.

Lista de Legiones Traidoras y Capítulos Renegados.

FuentesEditar

Extraído y traducido de Lexicanum Inglés y Wikihammer 40K UK.

  • Index Astartes IV.
  • Inquisitor (Juego de Especialista).
  • Imperial Armour V.
  • Codex: Marines Espaciales (5ª Edición).
  • Codex: Marines Espaciales del Caos (Ediciones 3ª y 4ª).
  • Era de Oscuridad - El Rostro de la Traición, por Gav Thorpe.
  • The Primarchs - The Serpent Beneath, por Rob Sanders.
  • The Horus Heresy III.

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