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Invasión Tiránida de Iyanden

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Redirigido desde La Invasión Tiránida de Iyanden

PortalBildEldar Los Mundos Astronave defenderán a toda costa el saber contenido en este artículo. Pulsa sobre su emblema para acceder a la Categoría Eldar.
Mundo astronave Iyanden

Mundo Astronave Iyanden (vista desde arriba)

Hace miles de años, la civilización Eldar fue destruida en una catástrofe fruto de su hedonismo decadente y los únicos supervivientes huyeron de sus planetas en gigantescas naves espaciales denominadas "mundos astronave". Iyanden era el mayor de los mundos astronave y el más densamente poblado.

Se deslizaba con serenidad a través del vacío del espacio, muy alejado de los planetas habitados por otras razas. De repente, cuando en la oscuridad del espacio intergaláctico irrumpieron los Tiránidos, Iyanden se convirtió en el escenario del primer encuentro de los Eldar con el enjambre tiránido, la amenaza devoradora cuyo avance como el de la langosta ha consumido cientos de mundos humanos.

El primer aviso que recibieron los Eldar de Iyanden sobre su destino lo trajeron los exploradores del mundo astronave, Eldar cuyos instintos les conducen a emprender una vida de exploración y peligro y que, en secreto, controlan los planetas y las razas alienígenas cercanos a su mundo astronave. Los exploradores llegaron con la noticia alarmante de que una flota enjambre de proporciones inmensas se dirigía hacia el Mundo Astronave de Iyanden. Más de una docena de planetas imperiales habían sido devorados por el avance tiránido y, aunque el Imperio efectuaba contraataques furibundos cuando podía, pasarían meses antes de que se reuniera una fuerza imperial que pudiese hacer frente a la amenaza. Para entonces, Iyanden ya habría sido tomado.

El Vidente Kelmon , líder y jefe espiritual del mundo astronave, reunió a los Eldar de Iyanden y les advirtió del inminente asalto tiránido. Cada mundo astronave Eldar dispone de una gran sala denominada "El lugar de las respuestas" al que pueden acudir todos los Eldar pertenecientes a un mismo mundo astronave. En tiempos de crisis, los Eldar se reúnen allí para conocer de primera mano los peligros a los que se enfrenta su mundo astronave y para que cualquier Eldar pueda opinar sobre las acciones que deben emprenderse. Solo cuando todas las opiniones se han debatido y se alcanza un consenso, el vidente del mundo astronave decide el plan de acción.

El debate sobre las acciones que debían emprender frente a la amenaza de la flota de colmena tiránida fue intenso y prolongado. Los componentes más conservadores del mundo astronave propusieron iniciar una política de aislamiento protegiendo el mundo astronave tras un escudo psíquico potente en un intento de evitar todo tipo de contacto con los Tiránidos. Los elementos Eldar más agresivos querían atacar inmediatamente a los Tiránidos enviando a la flota para que los destruyese antes de que alcanzasen el mundo astronave.

Ambos cursos de acción eran imperfectos porque los Eldar no habían tenido en cuenta el tamaño ingente del enjambre tiránido. Solo comprendieron las dimensiones del problema tras un enardecido discurso de la exploradora Irilith, que había visto la flota tiránida y era consciente de la terrible amenaza que suponía. Durante más de una hora trató de explicarles que la flota tiránida era demasiado grande como para esconderse de ella y que tampoco era posible que la flota Eldar la derrotase. Necesitaban los esfuerzos de todos los Eldar de Iyanden para tener alguna posibilidad de expulsar a los Tiránidos. No obstante, incluso así, era muy posible que no lograran derrotar a la amenaza tiránida.

Mundo astronave Iyanden lateral

Mundo Astronave Iyanden (vista lateral)

La sala enmudeció cuando Irilith terminó su discurso. No hubo necesidad de hablar más, pues los Eldars allí presentes se dieron cuenta de la enormidad de la tarea a la que se enfrentaban. El Vidente Kelmon se levantó y ordenó a los Eldars que preparasen las defensas del Mundo Astronave de Iyanden. Convocarían a todas las naves de la flota y cada Eldar debía prepararse como brujo, guardián o guerrero de la senda. El gigantesco mundo astronave eldar sería fortificado porque no les cabía la menor duda de que los Tiránidos atravesarían las defensas exteriores y aterrizarían sobre el mundo astronave. Debían pedir ayuda a otros mundos astronave. El Avatar, la personificación espiritual del dios de la guerra, debía ser despertado para que tomara parte en la batalla. Y, lo más terrible de todo, las ancestrales joyas espirituales debían retirarse de sus lugares sagrados para ser implantadas en los cuerpos metálicos para que luchasen como guerreros espectrales. Cuando un Eldar muere, su espíritu se guarda en una gema a la que ellos denominan "joya espíritu" y que es injertada en el mundo astronave para preservar la conciencia del guerrero Eldar muerto. De esta forma, cada mundo astronave es un ser vivo que preserva de algún modo la antigua y gran civilización Eldar. Por esta razón, Kelmon no solo arriesgó la destrucción de las joyas espirituales del mundo astronave, sino también la destrucción de la cultura y de la memoria racial de Iyanden. Se trataba de una decisión muy seria, pero Kelmon sabía que los guerreros espectrales podían suponer la diferencia entre la victoria y la derrota en la batalla inminente.

Veinte días después, los primeros enjambres tiránidos atacaron Iyanden. Para entonces, el mundo astronave ya había quedado aislado durante una semana por un bloqueo psíquico tiránido que dificultaba enormemente que otros mundos astronave eldars pudiesen prestarles ayuda. Solo unas pocas unidades habían logrado llegar a Iyanden, por lo que el mundo astronave solo contaba con sus propios recursos para enfrentarse a los Tiránidos. De todas formas, los Eldars acabaron con las primeras oleadas tiránidas con facilidad y eficiencia. Las naves eldars eran mucho más rápidas y maniobrables y tenían mayor alcance que las de sus oponentes. Batalla tras batalla, los Eldars destruyeron las pesadas naves colmena sin sufrir bajas considerables. Durante un tiempo, dio la sensación de que podían encargarse de los Tiránidos ellos solos, pues acababan con cada nueva oleada. Pero el Vidente Kelmon no opinaba lo mismo. La habilidad de las forjas del mundo astronave para sustituir las naves eldars destruidas no alcanzaba el nivel que necesitaban, dado el gran número de bajas que sufrían en las batallas desatadas en el espacio profundo que rodeaba al mundo astronave. La flota eldar estaba siendo masacrada en una inmensa batalla de desgaste, una batalla de la que solo los Tiránidos podían salir victoriosos.

Para confirmar los peores miedos de Kelmón, la siguiente oleada tiránida fue enorme, casi el doble de cualquiera de las fuerzas que habían atacado el mundo astronave hasta entonces. La flota Eldar sufrió terribles pérdidas mientras intentaba expulsar a los Tiránidos y por primera vez no pudo evitar que estos aterrizasen sobre el mundo astronave. Aunque pudieron eliminarlos antes de que lograran causar daños, la flota Eldar como fuerza a gran escala había dejado de existir. Pero todavía había esperanza, sobre todo si aquella última oleada representaba el grueso de la fuerza tiránida. Los espíritus eldars se elevaron una vez más, pues la siguiente oleada era pequeña en comparación con las vistas hasta aquel momento. Aunque una flota eldar tan debilitada no podía mantener a los enjambres apartados del mundo astronave, los desembarcos fueron aislados y destruidos con relativa facilidad. Durante un breve período de tiempo, los Eldar tuvieron la sensación de que habían capeado el temporal.

Después Iyanden sufrió dos ataques masivos consecutivos. Los restos de la flota Eldar plantaron cara a los enjambres tiránidos lo mejor que pudieron, pero fueron masacrados por una oleada de naves alienígenas. Iyanden fue devorado por una horda tras otra de guerreros tiránidos, Genestealers, gantes y carnifexes vomitados sobre el mundo astronave. Batallas enormes convulsionaron todo Iyanden y los combates se recrudecieron y llegaron al combate cuerpo a cuerpo; en algunos casos, a las fuerzas enemigas solo las separaba la anchura de un corredor de hueso espectral mientras los Eldar luchaban desesperadamente por expulsar a los invasores alienígenas. A menudo tuvieron éxito, pero la Fortaleza de las Lágrimas, el Templo de Asuryan y los ancestrales Bosques del Silencio cayeron ante las hordas tiránidas.

Los Eldar contraatacaron con la enfurecida figura del avatar liderando a los guerreros de la senda y a los guerreros espectrales del mundo astronave en una furiosa orgía de destrucción que recuperó los Bosques del Silencio de las garras tiránidas. Se dice que los guerreros eldars derramaron lágrimas de ira y pena al comprobar los estragos causados por los Tiránidos en los ancestrales bosques que formaban la cúpula de su mundo astronave. Poco a poco, los Eldars lograron contener la marea tiránida y tomaron la ventaja obligándoles a retroceder y a situarse en posición defensiva. Entonces apareció una nueva oleada tiránida, la tercera y la de mayores proporciones hasta entonces. Enjambre tras enjambre hicieron parpadear los escáneres eldars y Kelmón supo entonces que, si no ocurría un milagro, el Mundo Astronave de Iyanden estaba condenado.

Los Incursores de Yriel Editar sección

Cincuenta años antes del asalto tiránido, el Gran Almirante Yriel había liderado a la flota de Iyanden. Aunque estaba considerado como uno de los mejores estrategas navales de la historia, era muy orgulloso. Cuando Iyanden fue amenazado por una flota del Caos procedente del Ojo del Terror, Yriel condujo a la flota en un ataque preventivo contra la nave insignia de la flota del Caos, con lo que dejó el mundo astronave de Iyanden sin protección. Regresó a tiempo para atajar un ataque suicida de una pequeña flotilla de naves incursoras del Caos que, a pesar de todo, lograron producir daños en el mundo astronave. Yriel esperaba ser agasajado y honrado por su victoria, así que se enfureció cuando le pidieron explicaciones de sus actos. Afirmando que sus logros deberían hablar por sí mismos, Yriel se negó a entrar en debate, dejando a su viejo amigo Kelmón sin más opción que la de elegir a un nuevo gran almirante en su lugar. Enfurecido, Yriel juró que nunca más volvería a pisar Iyanden y, junto a un grupo de seguidores, formó una compañía de incursores Eldar que se convirtió en la fuerza corsaria Eldar más poderosa de toda la galaxia.

Cuando a Yriel le llegó la noticia del ataque tiránido a Iyanden, trató de ignorar el terrible peligro que se cernía sobre su antiguo mundo astronave. Pero, aunque era muy orgulloso, también estaba realmente enfurecido ante el ataque perpetrado y no podía abandonar a Iyanden a su destino en esta hora oscura. Yriel se abrió paso a través del bloqueo psíquico de los Tiránidos y partió raudo a ayudar a su gente.

Príncipe Yriel

Príncipe Yriel

Yriel y su flota de incursores se precipitaron como un relámpago azul sobre los enjambres tiránidos. Rápidamente, se les unieron las pocas naves que quedaban de la flota de Iyanden y las dos fuerzas combinadas de las flotas eldars lograron destruir a los enjambres tiránidos. Dos nuevas oleadas de enjambres tiránidos atacaron el mundo astronave y las dos encontraron un destino idéntico. Ni una sola nave tiránida logró alcanzar el mundo astronave, aunque el coste de naves incursoras eldars fue muy alto. Ensangrentados pero con la cabeza erguida, los incursores eldars se prepararon para vender caras sus vidas y contener a la siguiente oleada tiránida. Los puentes del mundo astronave y las naves Eldars que lo rodeaban vigilaban con atención los escáneres a la espera de que apareciera el primer parpadeo que indicaría la dirección del siguiente ataque tiránido. Pasaron minutos, después horas, y les invadió una sensación de alivio creciente pensando que no iban a aparecer más enjambres tiránidos y que el asalto había acabado. ¡La flota enjambre había sido destruida!

Pero en el mundo astronave de Iyanden continuó la guerra. Las hordas tiránidas que habían luchado en la retaguardia y se mantenían a la espera de ayudar al resto de su flota se revolvieron como ratas arrinconadas y se lanzaron sobre los Eldar. Desprevenidos, los Eldar tuvieron que retroceder desesperadamente tratando de contener el ataque suicida de los Tiránidos. La fortaleza de la Luna Roja cayó ante este ataque sorpresa y, durante un momento, pareció que la victoria se les escapaba de las manos. Pero, por segunda vez consecutiva, Yriel lideró a sus incursores al rescate del mundo astronave. El desembarco orbital de los incursores se unió a los vapuleados defensores del mundo astronave de Iyanden y, metro a metro, paso a paso, obligaron a los Tiránidos a retroceder. Una salvaje carga final liderada por el Tirano de enjambre fue destruida por los esfuerzos combinados del Avatar, Yriel y sus Espectrales. Después, en una serie de batallas unilaterales, hasta el último de los tiránidos fue cazado y destruido. El ataque tiránido al mundo astronave de Iyanden había acabado. Los Tiránidos habían sido derrotados.

Pero fue una amarga victoria. Aunque los Eldar habían logrado expulsar a los invasores, el coste fue enorme. Su de antaño orgulloso mundo estaba ahora en ruinas y casi la quinta parte de sus habitantes estaban muertos o yacían agonizantes en las salas destrozadas. La poderosa flota espacial de Iyanden había quedado convertida en una sombra de lo que era; los restos explosionados de sus majestuosas naves y de sus valientes tripulaciones flotaban ingrávidos silenciosamente en el espacio. Pero todo podía reconstruirse. Quizás tardarían cientos de generaciones, pero llegaría el día. Se perdieron para siempre las almas de los guerreros cuyas joyas espíritu habían sido destruidas en la batalla contra los Tiránidos. La destrucción masiva del mundo de Iyanden y de sus guerreros espectrales fue un golpe brutal para los Eldar del que nunca se recuperarían totalmente.

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