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Kor Phaeron

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Khorne medio sin fondo.png

Cerberus el Rebañacráneos, mascota de los Poderes Ruinosos, patrocina este espacio para honrar a sus demoníacos señores. Pulsa sobre él y te introducirá en los misterios del Caos.

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Kor Phaeron Caos Portadores Palabra Marines Warhammer 40k Wikihammer.jpg

Kor Phaeron, Cardenal Negro de los Portadores de la Palabra

Kor Phaeron fue el Primer Capitán de la Legión Traidora de los Portadores de la Palabra y el padre adoptivo y consejero espiritual del Primarca Lorgar Aureliano durante sus años de juventud en el planeta Colchis, hasta que fue redescubierto por el Imperio. Fue la influencia de Kor Phaeron lo que corrompió al Primarca y a los Astartes de la XVII Legión hasta convencerles de renunciar a sus juramentos al Emperador de la Humanidad y de convertirse en peones voluntarios del Caos. Tras la caída de los Portadores de la Palabra al servicio de los Poderes Ruinosos, Kor Phaeron se convirtió en el Cardenal Negro de los Portadores de la Palabra y en uno de los principales líderes del Consejo Oscuro de la Legión, junto a su antiguo rival el Apóstol Oscuro Erebus.

HistoriaEditar

OrígenesEditar

Primarca Lorgar Wikihammer 40k.png

Retrato de Lorgar Aureliano, Primarca de la XVII Legión de los Portadores de la Palabra, durante la Gran Cruzada.

Cuando los Primarcas fueron raptados de los laboratorios genéticos ocultos del Emperador en Terra y dispersados por la Galaxia a través de la Disformidad por el poder del Caos, Lorgar se vio arrojado al mundo de Colchis. Allí, tras el final de la Era de los Conflictos, una casta de sacerdotes que se autodenominaba el Cónclave ayudó a reconstruir su destrozada sociedad sobre la premisa de que un gran líder mesiánico llegaría un día para liberarlos de la oscuridad que había consumido su mundo. El estricto dogma del Cónclave era duro, pero pronto se formó una estructura monolítica de creencias que afectaba a todas las facetas de la vida diaria.

Unas leyendas hablan de un feroz cometa estrellándose en el templo principal del Cónclave y del hallazgo en el interior de los escombros del neonato Primarca, y otras cuentan la llegada de un extraño niño de piel dorada a las puertas del templo y su petición de ser instruido en su saber. Fue Kor Phaeron, uno de los numerosos sacerdotes del Cónclave, quien ayudó a formar al creciente semidiós de un modo que su verdadero padre, el Emperador, no lo había hecho. El joven Primarca llegó a valorar el consejo de Phaeron sobre todos los demás. Cuando las visiones de la inminente llegada del Emperador a Colchis acosaron al joven gigante, fue Kor Phaeron quien le presionó para que divulgase sus profecías entre el pueblo. Pronto el Cónclave se dividió en dos facciones profundamente enfrentadas, entre quienes seguían a Lorgar y quienes negaban sus predicaciones para mantener el status quo. Una guerra santa de proporciones horripilantes se desató sobre la faz del planeta, y Lorgar y Kor Phaeron permanecieron unidos durante seis años de sacrificio y revolución, librando campañas que amenazaron con desgarrar en pedazos su mundo hasta que Colchis fue reunificado bajo el benevolente gobierno teocrático de Lorgar.

Cuando el Emperador de la Humanidad vino finalmente a Colchis acompañado de una Flota Expedicionaria de la Gran Cruzada para ofrecer a Lorgar el mando de la XVII Legión de Marines Espaciales (en ese entonces conocidos como los Heraldos Imperiales), tal y como habían vaticinado las visiones de Lorgar, Kor Phaeron ya era demasiado viejo para recibir los implantes de la semilla genética y las manipulaciones genéticas prepúberes necesarias para convertirse en Astartes. En vez de eso, mediante tratamientos juvenat, el injerto quirúrgico de costosos implantes biónicos y una limitada genoforja, Kor Phaeron fue elevado por encima de la humanidad como señal del aprecio mostrado hacia él por su Primarca, y se le concedió el rango de Primer Capitán de la Legión. Muchos de la renombrada Legión de los Portadores de la Palabra llegaron a odiar al Primer Capitán, y creían que era un falso Astartes impuro, un peligro genético. A pesar de haberse convertido en un ser superior al hombre, Kor Phaeron no había llegado al nivel de los auténticos Astartes. No obstante, Kor Phaeron era tenido por el principal seguidor de Lorgar, y servía al mismo tiempo como segundo al mando del Primarca y como Capitán de la elitista 1ª Compañía de la Legión. Incluso en una Legión definida por su fanatismo religioso, Kor Phaeron destacaba. Phaeron dirigía a los guerreros bajo su mando con una ferocidad sin igual entre sus hermanos. Puesto que Kor Phaeron también servía como Capellán en la Legión, avanzó rápidamente por los rangos del Reclusiam de los Portadores de la Palabra, asimilando las santas palabras de su Primarca que habrían de ser llevadas a todos los pueblos devueltos al seno del gobierno del Emperador durante la Gran Cruzada.

El Día del JuicioEditar

Lorgar dirigió a su Legión durante los gloriosos años de la Gran Cruzada, buscando erradicar y destruir todas las formas de blasfemia y herejía que amenazaban el reinado del Emperador. Los Portadores de la Palabra erigieron vastos monumentos y catedrales dedicados a la adoración del Dios-Emperador, cuya divinidad había predicado Lorgar en Colchis. Los mayores Capellanes de la Legión extendieron este mensaje a los mundos conquistados, y el propio Urizen pronunció incontables discursos y sermones, convirtiendo a millones solo con sus palabras. El Primarca escribió el Lectio Divinitatus, su gran obra sobre la naturaleza divina del Emperador y la rectitud de su adoración por la raza humana, contraviniendo directamente la atea Verdad Imperial difundida por el propio Emperador. Este sagrado texto generó numerosos grupos de creyentes que, tiempo después, crecerían hasta convertirse en el Culto Imperial y en el Adeptus Ministorum en los siglos posteriores a la Herejía de Horus y al internamiento del Emperador en el Trono Dorado

El avance de los Portadores de la Palabra durante la Gran Cruzada era concienzudo, pero lento. Nadie escapaba del Crozius o del Bólter. Mundos enteros fueron purgados de vida por negarse a someterse a la divina voluntad del Emperador. Ni una sola vez, en un siglo terrano de fiel servicio, castigó el Emperador a Lorgar por la fanática idolatría de su Legión, aunque iba contra los dictados de su Verdad Imperial. No obstante, cada vez fue más consciente de la aparente falta de progresos de Lorgar, y sabía que la razón era que el Aureliano estaba desperdiciando tiempo en extender su religión ilegal a todos los mundos que su Legión conquistaba o anexionaba.

Al final, el Emperador descargó toda su ira sobre los Portadores de la Palabra, y ordenó a la XIII Legión de los Ultramarines que destruyese la gran ciudad de Monarchia en el mundo de Khur, un planeta sometido solo seis décadas antes por los Portadores. Monarchia se alzaba como un testamento de la fe de los Portadores de la Palabra en el Dios-Emperador, una fe que chocaba frontalmente con todo lo que el Imperio había buscado defender desde el inicio de la Gran Cruzada. Los Ultramarines obedecieron, y dieron a la población de Monarchia seis días para evacuar la ciudad. A la hora señalada, los Ultramarines cumplieron sus órdenes y destruyeron por completo la "Ciudad Perfecta" y sus monumentos religiosos con un bombardeo orbital, enviando un mensaje a Lorgar y su Legión de que la adoración del Emperador como a un Dios y la predicación de tal idolatría era una violación intolerable de la Verdad Imperial.

Después, toda la XVII Legión (un total de 100.000 Astartes) fue reunida sobre las cenicientas llanuras del cráter que había quedado de la urbe, para ser reprendida por el Señor de la Humanidad. Los representantes del Emperador, Malcador el Sigilita y el Primarca Roboute Guilliman de los Ultramarines, se presentaron ante los desconcertados Portadores de la Palabra y su Primarca para dar una explicación por la destrucción de Monarchia. Aunque Malcador trató de razonar con el Urizen, Lorgar se negó a escucharle y lanzó al suelo al anciano representante del Emperador. Guilliman se interpuso entre Malcador y su hermano.

Entonces intervino el propio Emperador, teleportándose a la superficie del planeta acompañado de un contingente de la Legio Custodes. Entonces obligó psíquicamente a todos los presentes a arrodillarse ante él, incluidos los cien millares de Astartes del Aureliano, pero los Primarcas resistieron su fuerza de voluntad. Entonces Él ordenó a Lorgar que se arrodillase ante él. Añadiendo aún más insulto a su orgullo herido, Lorgar contempló cómo los Ultramarines se ponían en pie por orden de Guilliman. Los guerreros de una Legión se alzaban en la presencia del Emperador con la bendición de un Primarca, mientras que los de otra estaban de rodillas sobre los huesos de su ciudad muerta. Lorgar no pasó por alto la simbología de este gesto, pues había sido realizado repetidas veces por su Legión en muchos mundos sometidos, en los que la población conquistada se había arrodillado en oración al Dios-Emperador a sus "ángeles" del cielo. También era una parodia del Rito del Recuerdo de la Legión, que recordaba los sacrificios de los Hermanos de Batalla perdidos e invitaba a la reflexión sobre el lugar de cada uno en la Palabra.

El Emperador recordó a su díscolo hijo que había sido creado para actuar como un general para los ejércitos de la Humanidad, no como un sumo sacerdote. Había sido creado para la guerra y la conquista, para reunificar a la raza humana bajo la égida de la verdad, no bajo la adoración y la superstición religiosa. Hacer lo contrario era burlarse de la Verdad Imperial. Pero Lorgar protestó, insistiendo en que era el Emperador quien estaba siendo infiel a sí mismo al negar su naturaleza divina. Argumentó que solo los verdaderamente divinos negarían su propia divinidad. Con su inmenso poder y sabiduría, el Emperador era un Dios en todo menos el nombre. Todo lo que hacía falta era que Él confesara la verdad ante los trillones de expectantes creyentes de toda la Galaxia. El Emperador negó calmadamente las equivocadas creencias de Lorgar sobre su "divinidad", pues no estaba forjando una teocracia sino un imperio galáctico de razón y verdad. No había lugar para la fe o los sacerdotes en este nuevo orden, aunque Lorgar insistió testarudamente en que la Humanidad necesitaba algo más que la razón para prosperar: necesitaba creer en algo mayor que sí misma.

Tras reprender a su hijo, el Emperador miró a los Portadores de la Palabra y les reconvino, acusándoles de no estar a la altura de los ideales del Imperio ni de su misión. Aunque los Portadores eran la segunda Legión más grande, por detrás solo de los Ultramarines, sus conquistas eran las más lentas, y sus victorias sonaban vacías. Se entretenían demasiado tiempo en los mundos sometidos, arrastrando al populacho a la adoración de un falso dios y erigiendo monumentos en honor de las mentiras de la superstición religiosa. Todo lo que habían hecho en la Gran Cruzada no había servido para nada. Mientras otras Legiones seguían cosechando éxitos y trayendo prosperidad y verdad a la creciente población del Imperio, los Portadores de la Palabra eran los únicos que habían fracasado en cumplir el propósito por el que habían sido creados. El Emperador les exhortó a hacerlo mejor.

Las Antiguas CostumbresEditar

Primarca Lorgar Aureliano Portadores de la Palabra.jpg

El Urizen durante su Peregrinación al Ojo del Terror.

Tras regresar a su Acorazado personal, el Fidelitas Lex, después de la terrible repirmenda de Khur, el Primarca se retiró a sus aposentos durante un mes y se negó a hablar a nadie, excepto a Kor Phaeron y el Primer Capellán de la Legión, Erebus. Lorgar se lamentó por la orden del Emperador durante un mes. Quitándose su servoarmadura, no vistió más que sacos, manchando su piel dorada con el polvo de las ruinas de Monarchia cada día. Sus ojos pintados de kohl se oscurecieron aún más por el cansancio y se estrecharon por la carga de la vergüenza.

Mientras tanto, la 47ª Flota Expedicionaria de los Portadores de la Palabra permaneció en la órbita del planeta 47-16 (el 16º mundo sometido por la 47ª Expedición) esperando órdenes, cualesquiera que fuera, de su Primarca. Mientras los Portadores permanecían ociosos en el espacio tras la reprimenda del Emperador por su lento avance, fue Kor Phaeron quien primero expresó la idea de que si el Emperado no aceptaba su veneración, había otros seres en la Galaxia que sí lo harían. Kor Phaeron y Erebus simpatizaban con las ansias religiosas no correspondidas de Lorgar, y sentían que los Portadores de la Palabra deberían servir a dioses verdaderamente dignos de su adoración. Kor Phaeron comprendía la necesidad de Lorgar de ser aceptado por un poder divino y sabía que los Poderes Ruinosos del Caos no despreciaban a nadie. La búsqueda de poder de Kor Phaeron le había llevado hacía mucho hasta el Caos a través de la Vieja Fe de Colchis, que había sido una religión dedicada a los diferentes aspectos de los Dioses del Caos antes de que la llegada de Lorgar hubiese desatado una nueva fe en el pueblo colchita. Mientras Lorgar rumiaba el reproche del Emperador, Kor Phaeron creó sutiles manipulaciones y susurró llamando al orgullo de Lorgar junto con Erebus, que también había sido ya corrompido por el Caos, envenenando entre ambos la opinión del Primarca contra su padre y contra el Imperio que gobernaba. Así se plantaron las primeras semillas de la Herejía de Horus entre los Portadores de la Palabra. Intrigado, Lorgar exigió que la Legión encontrase a estos dioses, y Kor Phaeron y Erebus propusieron un viaje sagrado, que después se conocería como La Peregrinación de Lorgar.

Al enterarse de la inactividad de Lorgar, el Señor de la Humanidad estuvo a punto de reprender de nuevo a su lento hijo, pero entonces le llegó la noticia de que los Portadores de la Palabra habían renovado sus esfuerzos con gran vigor. En lugar del abrazo del Imperio, el amargado Lorgar solo ofreció a la condenada población de 47-16 la espada, y en su ira cometió incontables atrocidades. Agradado con lo que en los informes iniciales parecían avances, el Emperador se concentró en otros asuntos más cercanos.

En la Herejía de HorusEditar

Kor Phaeron.png

Kor Phaeron, Cardenal Oscuro y Primer Capitán de los Portadores de la Palabra, en Calth.

Kor Phaeron se convirtió en el Maestro de la Fe de los Portadores de la Palabra tras su secreta conversión al Caos y comenzó el proceso de corromper a toda la Legión. Una vez que Lorgar se entregó finalmente a la adoración del Caos con entusiasmo tras su Peregrinación, no pasó mucho tiempo antes de que los Portadores de la Palabra se dedicasen por completo a los Poderes Ruinosos. Como antes, Kor Phaeron sirvió como el principal consejero espiritual de Lorgar y dirigió contingentes de los Portadores de la Palabra en algunas de las batallas más devastadoras de la Herejía de Horus. Kor Phaeron fue derrotado finalmente por los Ultramarines en la Batalla de Calth y se vio obligado a huir al Mundo Demoníaco de Ghalmek en el Torbellino.

Macragge's Honour Kor Phaeron Marius Gage Honor de Macragge Infidus Imperator Calth.jpg

Enfrentamientos entre Kor Phaeron y Marius Gage, la Honor de Macragge y la Infidus Imperator y los Ultramarines y Portadores de la Palabra en Calth.

Aunque la XVII Legión obtuvo una especie de victoria monumental en Calth, fue todo cuestión de perspectiva. Atravesando el velo de la Disformidad, Lorgar había escuchado los susurros de los Dioses del Caos y había presenciado la verdad por sí mismo. Sí, Erebus había conjurado con éxito en Calth la masiva Tormenta Disforme conocida como la Tormenta de Ruina. Pero al final, Erebus y Kor Phaeron habían fracasado en cumplir sus objetivos principales: el Primarca de los Ultramarines, Roboute Guilliman, seguía vivo; los Portadores de la Palabra habían perdido la mitad de la flota desplegada en Calth ante un contraataque Ultramarine; y decenas de miles de Portadores de la Palabra, incluyendo a los Marines Poseídos de élite de los Gal Vorbak y a muchos miles de siervos mortales, y los Fieles de los Dioses del Caos habían sido abandonados por los dos comandantes en una inútil guerra subterránea bajo la irradiada superficie de Calth. Aunque Lorgar estaba un tanto disgustado, el nivel básico de éxito necesario para el avance general contra las fuerzas Leales del Emperador había sido alcanzado: la Tormenta de Ruina había sido conjurada, y los elementos díscolos de los Portadores de la Palabra que era menos probable que se adhirieran a la visión de futuro de Lorgar habían sido diezmados.

Kor Phaeron Portadores de la Palabra atacando a Roboute Guilliman Ultramarines.jpg

Kor Phaeron hiriendo a Roboute Guilliman con su athame en un intento por convertirlo al Caos durante la Batalla de Calth.

La inevitable conclusión de los oscuros sucesos de la guerra civil galáctica tuvo lugar en la Batalla de Terra, donde Horus murió a manos del Emperador a bordo de su Barcaza de Batalla Espíritu Vengativo. Tras la derrota de Horus, los restos de las 9 Legiones Traidoras y de los demás ejércitos consagrados al Caos huyeron al interior del Ojo del Terror, un área del Segmentum Obscurus donde la Disformidad se derrama en el Espacio Real. Desde el Mundo Demoníaco de Sicarus, la Legión de los Portadores de la Palabra orquesta la vasta corrupción interior que sufre el Imperio a manos de los diversos Cultos del Caos y aquelarres que Kor Phaeron y los demás Apóstoles Oscuros patrocinan por toda la Galaxia.

Al final, las atrocidades cometidas por los Portadores de la Palabra permitieron a Lorgar ascender a la demonicidad, convirtiéndose en el igual de un dios a los ojos de su Legión. Se dice que su grito de nacimiento como Príncipe Demonio del Caos Absoluto resonó por el Inmaterium con triunfante vindicación, al ser recompensadas su fe y su devoción al Caos con inmortalidad y poder sin límites. Desde entonces ha permanecido aislado en el Templum Inficio de Sicarus, meditando durante miles de años estándar y prohibiendo que nadie le interrumpa, lo que ha permitido que los Portadores hayan sido controlados por un Consejo Oscuro de los Apóstoles Oscuros más poderosos de la Legión. Desde las dos bases principales de la XVII Legión, Sicarus y el mundo factoría de Ghalmek, los Portadores de la Palabra lanzan retorcidas "Guerras de Fe" contra el Imperio en el nombre de los Dioses Oscuros. El propósito de estas campañas es "iluminar" a la Humanidad reemplazando su veneración al Emperador Cadáver con el servicio a las únicas divinidades verdaderas del Universo. Que esto requiera la muerte de miles de millones de personas es un precio que los Portadores de la Palabra están dispuestos a pagar, con tal de llevar la verdad descubierta por Lorgar Aureliano al resto de la Galaxia.

En el presenteEditar

Kor Phaeron herido Athame.jpg

Kor Phaeron, herido tras enfrentarse a Roboute Guilliman, huye a través de una grieta disforme a su nave.

Desde la Herejía de Horus y la ausencia de Lorgar como dirigente de la Legión Traidora mientras busca comulgar con los Dioses del Caos, Kor Phaeron se ha enfrentado a menudo con el Apóstol Oscuro Erebus por el poder sobre los Portadores de la Palabra. Preocupado porque Erebus tuviera demasiada influencia sobre el Consejo Oscuro y dirigiera a la Legión por un rumbo autodestructivo, Phaeron trató de organizar la hermética cábala conocida como La Hermandad dentro de los Portadores para derrocar a Erebus, pero el Apóstol Oscuro Marduk le avisó. Entonces Kor Phaeron renunció a todos los lazos con La Hermandad y mantuvo su puesto de liderazgo en la Legión, pero la animosidad y desconfianza entre el Cardenal Negro y Erebus no ha hecho más que intensificarse.

La situación actual de Kor Phaeron es desconocida, pero la multitud de Cultos del Caos y alzamientos producidos en torno al Torbellino dan fe de que sigue extendiendo la fe y el mensaje del Caos Absoluto hasta la fecha.

MiniaturaEditar

  • Forge World.

FuentesEditar

Extraído y traducido de Wikihammer 40K UK.

  • Visiones de la Herejía.
  • Index Astartes IV.

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