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Inquisición

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Maestro Administratum 3.jpg El Archiescriba Primuscriptor, mascota del Imperio de la Humanidad, ha marcado este artículo como propiedad del Adeptus Terra. Pulsa sobre él para aprender más sobre los dominios del Emperador.

El conocimiento es poder. Guárdalo bien.

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Emblema de la Sagrada Inquisición Imperial.

La Inquisición (las Sagradas Órdenes de la Inquisición del Emperador) es una organización secreta del Imperio de la Humanidad. Actúan como la policía secreta del Imperio, dando caza a cualquier amenaza a la estabilidad de los dominios del Dios-Emperador.

Está formada por hombres y mujeres especialmente adiestrados para detectar manchas de corrupción herética o xenos, que se reparten en órdenes como la Ordo Malleus, la Ordo Hereticus y la Ordo Xenos.

DescripciónEditar

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Un Inquisidor carga con su séquito contra los mutantes y los herejes.

La Inquisición es la organización más poderosa de las muchas ramas del Imperio. Sus agentes, los Inquisidores, imponen miedo y respeto a partes iguales. Son criaturas tan míticas como corpóreas, seres implacables que descienden de las alturas para juzgar al mutante, al traidor y al hereje. Raro es el ciudadano que no teme atraer la acerada mirada de un Inquisidor. Todos y cada uno de los ciudadanos del Imperio, desde el más pobre de los despojos de una Subcolmena hasta los más elevados y ricos nobles, ha escuchado las historias de muerte y destrucción, del ojo que todo lo ve, que condena o absuelve con impunidad. Aquellos que se han cruzado en el camino de un Inquisidor y vivido para contarlo rara vez desean volver a ser objeto de su atención.

Los Inquisidores varían tanto en su apariencia y compostura como la miríada de amenazas a las que se enfrentan. Pueden ser desde feroces jóvenes fanáticos hasta canosos y viejos veteranos que han luchado en la oscuridad durante siglos. Algunos visten ostentosas túnicas y símbolos de sus lealtades, mientras que otros evitan los ropajes que denoten su estatus. Los Inquisidores suelen llevar una amplia variedad de armas y equipo, a fin de estar preparados para cualquier amenaza que se les pueda presentar. Algunos Inquisidores usan armas estrafalarias, tomadas de enemigos derrotados: aparatos exóticos, armas alienígenas y hojas poseídas por Demonios.

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Los Inquisidores se preocupan poco por la moralidad, y nada en absoluto por las muchas leyes y procedimientos del Imperio, excepto cuando eligen usarlas en su favor. Son la mano izquierda del Emperador como el Adeptus Terra es su diestra, y juzgan a todas las organizaciones del Imperio. De hecho, un Inquisidor está alejado del resto de la Humanidad en todos los aspectos. Por antiquísima tradición, su autoridad viene directamente del mismo Emperador: no hay jerarquía a la que deba responder, y sólo debe rendir cuentas a sus compañeros. Más que eso, un portador del Sello Inquisitorial puede obligar a cualquier siervo del Imperio a que le asista en su misión, desde el más inferior de los clérigos a Capítulos enteros de Marines Espaciales y Flotas de Batalla de la Armada Imperial.

La supervivencia es el único objetivo que persiguen los Inquisidores; no la supervivencia personal, pues ellos más que nadie entienden que una vida carece de sentido cuando se contempla a escala galáctica. Un Inquisidor trabaja por nada menos que la perduración de la Humanidad. Este es un pragmatismo frío, tan inflexible y ferviente que eclipsa incluso la fe de hasta al más devoto adepto de la Eclesiarquía. El Inquisidor es un árbitro de la verdad absoluta. A sus ojos, la tradición es irrelevante, las décadas de existencia sin tacha no cuentan para nada, y la ignorancia no importa un ápice. Los hechos del momento son la obsesión del Inquisidor, y las consecuencias generadas por los actos aparentemente más insignificantes son su carga.

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Inquisidor Gregor Eisenhorn.

Aunque ilustrados, los Inquisidores no poseen ningún repositorio absoluto de conocimiento y certeza, pues ni los más viajados y experimentados de entre ellos poseen apenas una fracción de la sabiduría del Emperador. Aunque hay muchos miles de Inquisidores dispersos por el Imperio, tales son las amenazas dispuestas contra la Humanidad que ni diez veces más podrían esperar lograr una victoria duradera, o siquiera un respiro significativo. Los Demonios claman más allá de la luz del Emperador, esperando la hora en que la oscuridad lo engulla todo. Los alienígenas avanzan en tropel, subvirtiendo y destruyendo mundos enteros. Y todo el tiempo, los negligentes, los estúpidos, los equivocados y los arrogantes miembros de la propia Humanidad contribuyen sin darse cuenta a su propia destrucción. Todas estas amenazas deben ser combatidas y contenidas por todos los medios necesarios, y sólo los Inquisidores tienen la amplitud de visión y la autoridad para hacerlo. Allí donde un Gobernador o un comandante militar solo percibirían una insurrección que debe ser aplastada, un Inquisidor reconocerá la herejía de la que esa rebelión es solo un síntoma. Tendrá los contactos y recursos necesarios para arrancar de raíz las conspiraciones alienígenas, la corrupción burocrática y las desviaciones en la semilla genética de Capítulos Astartes, hasta ahora intachables.


Si es lo bastante perspicaz, un Inquisidor será capaz de detectar un incipiente desastre mediante el análisis o el instinto, extirpando el cáncer antes de que arraigue, bien personalmente o bien mediante el escalpelo del Oficio Asesinorum. Muy a menudo, sin embargo, sus esfuerzos deben emplearse en un cataclismo que ya ha dado comienzo y que solo puede ser terminado por el martillo pilón de la Guardia Imperial o el horror del Exterminatus. No hay extremos a los que un Inquisidor no pueda llegar persiguiendo su deber, ni sanciones demasiado extremas. Sabe que es mejor que mil millones de almas inocentes perezcan junto a un sólo fugitivo culpable con tal de que la amenaza acabe. La mayoría de Inquisidores lamentan los asesinatos que cometen por la causa de la supervivencia, y solo resisten sabiendo que el acto sirvió a un propósito mayor. Otros se han cauterizado emocionalmente hasta el punto de que no dedican al asunto más cavilaciones que las que dedicarían a barrer las piezas de un tablero de juego. Sin embargo, ocasionalmente hay actos de piedad que equilibran los de matanza. Los Inquisidores no están ciegos a la posibilidad de la redención. La virtud en el presente puede compensar y superar en ocasiones a los males del pasado, aunque tales casos son indudablemente raros.

Los hombres menores podrían creer que los medios importan más que el fin, pero aquellos que portan el Sello Inquisitorial saben que eso no es cierto. Quizá en otra época, en otro lugar, los hombres y mujeres de la Inquisición serían considerados tan monstruosos como las amenazas a las que se oponen, pero juzgarlos como tales es pasar descuidadamente por alto una verdad brutal: la moralidad y la compasión son lujos que el Imperio no puede permitirse. Por muy atroces que sean, los Inquisidores son los héroes que su tiempo exige.

Radicales y PuritanosEditar

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Inquisidor Radical Cyrrik Scayl.

La existencia de desacuerdos entre las Ordos, o entre distintos cónclaves, es algo bastante raro, ya que cada uno de ellos tiene sus propias áreas de interés perfectamente definidas. Sin embargo, lo mismo no puede decirse sobre los Inquisidores de una Ordo en particular. Las principales causas de desacuerdo suelen centrarse en los métodos empleados para combatir a los enemigos de la Ordo. Algunos Inquisidores creen que el enemigo sólo puede ser vencido empleando sus mismas armas, como por ejemplo utilizar hechicería contra los Demonios. Para otros tales compromisos son anatema, ya que invitan a la corrupción de la obra de la Ordo para obtener un beneficio cuestionable.

Tales desacuerdos suelen presentarse como conflictos entre filosofías Puritanas y Radicales, pero la verdad es mucho más compleja. La distinción entre ambas posturas no es absoluta, sino relativa, y se forma únicamente dependiendo de las opiniones subjetivas del observador. Pocos Inquisidores se consideran a sí mismos como Radicales o Puritanos, aunque no suelen dudar en etiquetar a otros según esos nombres. Un miembro de la Ordo Malleus no tardaría casi nada en declarar como Radical a un colega por utilizar saberes prohibidos para atar a un Demonio y obligarlo a obedecer sus órdenes, sin apenas reconocer que otros miembros de su Ordo pueden considerarle a él como peligroso por atreverse a consultar un tomo de conocimientos blasfemos, aunque no tuviera la intención de utilizar el saber contenido dentro del tomo. Para algunos miembros de la Ordo Xenos, incluso aprender una lengua alienígena puede considerarse como algo peligroso, mientras que otros no consideran incorrecto contratar a mercenarios xenos para luchar en sus guerras. Dentro de la Inquisición, la verdad es algo relativo.

Debido a la propia naturaleza de la Inquisición no es posible apelar a un poder superior cuando un Inquisidor considera que uno de sus compañeros se ha alejado irrevocablemente del camino correcto. Quizá, si consiguiera reunir las pruebas suficientes, podría presentarse el caso ante un cónclave, y podría formularse un juicio con pena de "Excommunicate Traitoris". De manera más usual, un Inquisidor es libre de tomar un asunto y resolverlo con sus propias manos. Debido a las sutiles distinciones entre males necesarios e innecesarios, pocos Inquisidores se involucrarán voluntariamente en una pelea entre sus compañeros.

Cada desacuerdo representa un peligro de crear división dentro de la Inquisición, y es mejor que dichos asuntos se mantengan al nivel de una discusión personal. La mayoría del tiempo, esos desacuerdos acaban desapareciendo por sí mismos o acaban siendo superados por amenazas genuinas, aunque a veces degeneran en auténticos conflictos directos entre los dos Inquisidores y sus respectivos agentes.

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El Gran Inquisidor Puritano Fyodor Karamazov en su Trono del Juicio.

Las luchas ideológicas entre los Radicales y los Puritanos no son enfrentamientos para dirimir entre lo que es correcto o incorrecto, ya que tales definiciones sencillas apenas pueden aplicarse al trabajo de un Inquisidor. Los métodos Radicales pueden servir para salvar la vida a millones de personas, mientras que la cerrazón de mente de los Puritanos puede condenarlas. Por desgracia, no hay forma de conocer el desenlace de estas situaciones hasta que se producen. Un Inquisidor podría leer el Grimorio Malefact, y emplear su conocimiento para cerrar una Fisura Disforme, pero al hacerlo se expone a abrir su alma al Caos y convertirse en aquello a lo que más teme. Quienes tienen un modo de pensar Puritano consideran que tales riesgos son innecesarios y temerarios, y buscarían otros medios para cerrar la Fisura Disforme, incluso si el retraso en encontrarlos condenara a varios mundos. En este caso, la metodología Radical podría parecer ser la correcta. Pero, ¿y si al abrir su mente a la Disformidad, el lector del Grimorio Malefact es posteriormente poseído por un Demonio que causa más daño que el que hubiera causado la propia Fisura Disforme? Debería resultar poco sorprendente que muchos Inquisidores se aferren a una única certeza o creencia, ya que dudar de las propias acciones representaría quedar a la deriva dentro de un mar de posibilidades, incapacitado para actuar por miedo a seguir el curso de acción equivocado.

Senda del InquisidorEditar

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Un Acólito de la Inquisición carga contra un Señor del Caos.

Como con todos los aspectos de la Inquisición, el asunto del reclutamiento no es una tarea centralizada, y el poder de investir a otros en sus filas recae sobre los Inquisidores. Algunos no reclutan en absoluto, pasando sus años persiguiendo a sus enemigos y dedicándose a sus tareas a lo largo de su vida. Otros creen que es su tarea educar y crear a la siguiente generación de Inquisidores que continuarán la batalla en la que todos ellos luchan.

Los Inquisidores suelen depender tan sólo de su propio juicio para todos los asuntos, estando sujetos tan sólo al escrutinio de sus iguales, y lo mismo se aplica a la tarea de reclutar nuevos Inquisidores. Muchos Inquisidores dejan tales asuntos al azar o quizás al destino, escogiendo un candidato o candidatos válidos de entre aquellos individuos que se cruzan en su camino. Otros Inquisidores son más rigurosos en su búsqueda de aprendices. Invierten gran parte de su tiempo buscando candidatos válidos, quizá entre las filas de otras organizaciones imperiales.

No existen criterios consistentes de edad o condición física exigidos para ser considerado para ser alistado en la Inquisición. Los requisitos fundamentales suelen ser tener una inteligencia y lealtad probadas, aunque en ocasiones estos aspectos del carácter de una persona no pueden ser juzgados adecuadamente hasta un momento posterior de sus vidas. Puede ocurrir que unas circunstancias extraordinarias obliguen a un Inquisidor a reclutar a un chico o una chica aún en edad adolescente si demuestra una habilidad excepcional, pero esto no es una práctica común.

En conjunto, los Inquisidores suelen tomar nota de aquellos individuos que demuestran libertad de pensamiento, y que poseen una fuerza de voluntad, una determinación y unos principios inflexibles. Si encuentran a una persona aceptable, quizá esta pueda servir durante un tiempo en un puesto de menor escala y responsabilidad mientras el Inquisidor continúa con su evaluación. Aquellos que demuestran su valor trabajando con el Inquisidor suelen acabar disponiendo de un mayor grado de confianza por parte de su señor o señora.

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Interrogador Thonius como huesped demoniaco

Después de muchos años, el aprendiz aprenderá todo lo que pueda del conocimiento del Inquisidor y, con el tiempo, podrá realizar varias tareas. Algunos Inquisidores se refieren a estos individuos semicualificados como Interrogadores, aunque también se les conoce como Novicios, Neófitos o Aprobadores, o por cualquiera de un centenar o más de distintos títulos, de acuerdo con los deseos del Inquisidor. Tales individuos podrán llevar a cabo misiones por su cuenta, o controlar operaciones en concierto con el Inquisidor, pero seguirán siendo subordinados hasta que su señor o señora decida otorgarles el título.

Normalmente se requiere el consentimiento de otros Inquisidores para poder otorgar poderes plenos a un Inquisidor y hacerle entrega de un Sello Inquisitorial, aunque ha habido ocasiones en las que esto no ha sido necesario, o la situación inmediata ha dictado que el aprendiz adoptara plenos poderes y responsabilidades inquisitoriales de forma inmediata. Esto suele ocurrir si un Inquisidor es asesinado: el aprendiz heredará su Sello Inquisitorial y podrá cumplir con las tareas y deberes de un Inquisidor, con su cargo sujeto a derogación por otro Inquisidor en caso de hacerse necesario. Los Interrogadores pueden pasar de manos de un Inquisidor a las de otro según lo dicten el destino y la necesidad. Es en este periodo en donde los ideales de un Inquisidor son heredados y se extienden, y a través de este crecimiento generacional, las facciones e instituciones que conforman la Inquisición se propagan a lo largo de los siglos. Al igual que su filosofía, el estudiante también aprenderá lo que su tutor supiera acerca del funcionamiento interno de la Inquisición, o bien aquellos hechos que el Inquisidor considere correctos y adecuados para ser transmitidos. Es una importante tradición entre los Inquisidores que cada uno de ellos se gane su propio conocimiento, así como el respeto de sus iguales. Tal sabiduría no puede ser entregada de manera gratuita ni adquirida sin ninguna clase de esfuerzo, porque eso devalúa el propio conocimiento. Como reza el dicho: "El conocimiento es poder; guárdalo bien".

HistoriaEditar

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Malcador el Sigilita, Regente de Terra y lugarteniente del Emperador.

No debería resultar una sorpresa que el pasado de la Inquisición esté envuelto en el secreto. Incluso los mismos Inquisidores solo disponen de la más nebulosa comprensión acerca de cómo fue fundada su organización, y deben de depender de centenares de dispares y a menudo contradictorias leyendas para guiarse. De hecho, existe una rama de la propia Inquisición, llamada Ordo Originatus, dedicada a desentrañar diez milenios de mitos, exageraciones y mentiras. Esta es una tarea muy difícil, que casi resulta imposible debido al trabajo opuesto desarrollado por la Ordo Redactus, la cual enfoca sus esfuerzos en oscurecer deliberadamente el pasado para evitar que los enemigos de la Humanidad pudieran descubrir cualquier posible ventaja a través del conocimiento de los comienzos de la Inquisición.

En lo que casi todas las leyendas coinciden y están de acuerdo es que la Inquisición fue fundada por Malcador el Sigilita por orden del Emperador. A medida que se desarrollaba la rebelión, en los últimos días de la Herejía de Horus, Malcador llevó a cuatro hombres y mujeres ante el Emperador, individuos de una lealtad, una determinación y una fortaleza mental sin mácula, los cuales le servirían bien en los años que se aproximaban. Más allá de este acontecimiento, las leyendas divergen, otorgando múltiples identidades a cada uno de los cuatro individuos, algunas de ellas totalmente ridículas, muchas creíbles y todas ellas igualmente imposibles de probar y demostrar.

Aunque es de conocimiento público la existencia de la Inquisición, sus acciones son casi imposibles de seguir. Los registros están sellados, han sido restringidos, o directamente han sido destruidos. Los testigos son silenciados, sufren borrados mentales telepáticos o son asesinados en cuanto surge la ocasión. Sin embargo, las señales están ahí para todo aquel que sepa dónde mirar para encontrarlas. Muchos eruditos imperiales creen que la Inquisición ha jugado un papel primordial en momentos importantes de la Historia, como la Segunda Fundación, La Decapitación o la Caída de Nova Terra.

Existen lagunas en los registros oficiales que indican que ramas enteras del Adeptus Terra fueron pasadas a cuchillo en el pasado, ¿y quién sino la Inquisición tendría la autoridad para llevar a cabo tal cosa, y ni mucho menos para ocultar posteriormente tal acción? Aquellos que buscan hallar información acerca del pasado de la Inquisición pasan su vida sin encontrar ni una sola prueba, y aquellos que logran descubrir aunque sea una sola pista suelen tener tendencia a desaparecer. Algunos llegan a atraer sobre sí mismos la atención de algún Inquisidor porque sus habilidades se consideran importantes y útiles para continuar con la misión y lograr las metas de la Inquisición. Muchos sencillamente perecen, y sus cuerpos sin vida son encontrados posteriormente en situaciones tan vergonzosas que ponen en tela de juicio su carácter y credibilidad.

La Inquisición vigila el Imperio, y no se preocupa de ser vigilada a su vez.

Las Ordos InquisitorialesEditar

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Lord Inquisidor Hector Rex del Ordo Malleus, Lord Proctor del Cónclave de Scarus y Auditori Imperator, durante el Asedio de Vraks.

Debido a que la Inquisición no posee ni una jerarquía formal ni un liderazgo claro, cada Inquisidor es libre de perseguir la misión de la supervivencia de la Humanidad de la forma que él o ella consideren más adecuado. Los compañeros de similares ideas suelen reunirse para investigar áreas de mutuo interés o preocupación, uniéndose en una de las muchas Ordos Inquisitoriales. Cada Ordo se alza y declina con los tiempos, ya que muchos Inquisidores se mueven libremente entre ellas de acuerdo con donde consideren que deben estar. Cuanto mayor sea el nivel de actividad demoníaca, tanto más crecerá la Ordo Malleus. En tiempos de herejía, la Ordo Hereticus crece para hacer frente a la amenaza. Una Ordo puede estar inactiva durante años, existiendo solo como un dato histórico a pie de página hasta que su campo de estudio vuelve a cobrar relevancia una vez más. Sin embargo, la naturaleza de la Galaxia es tal que ciertos peligros, en especial los representados por los Demonios, los alienígenas y los herejes, siempre están presentes. De acuerdo con ello, las Ordos dedicadas a combatir dichas amenazas, es decir, la Ordo Malleus, la Ordo Xenos y la Ordo Hereticus, son consideradas como Ordos Majoris, ya que su vigilancia nunca acabará. De igual modo, existen asimismo muchas categorías de Ordos Minoris, ramas menores dedicadas a lidiar con peligros menos frecuentes.

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Inquisidor del Ordo Xenos.

La asociación con una de las Ordos Inquisitoriales no es un asunto de alianza absoluta, ya que no están más estructuradas que la propia Inquisición. Esto tampoco niega la posibilidad de que un Inquisidor se involucre en asuntos tocantes o referentes a otra Ordo. No existen jurisdicciones formales, y los Inquisidores investigan y actúan según consideran oportuno. De hecho, muchos Inquisidores podrían discutir que compartimentar a los enemigos de la Humanidad sería un trágico error, ya que demasiado a menudo las fronteras entre las diversas disciplinas son tan finas que casi resultan inexistentes. Una plaga de mutaciones puede originarse debido a una infestación alienígena, o una floreciente población de psíquicos podría resultar ser la vanguardia de una inminente incursión demoníaca.

La pertenencia a una Ordo concreta es un asunto de intereses, un campo de estudio, de hecho. Si un Inquisidor declara que pertenece a la Ordo Malleus, sus compañeros sabrán que su esfera de acción está centrada en asuntos demoníacos. No necesitan buscar ninguna clase de aprobación para hacerlo, ya que un Inquisidor no tiene otros superiores que no sean los que él mismo decida reconocer como tales. En ocasiones existen ciertos elementos de jerarquía dentro de una Ordo, aunque son bastante nebulosos y altamente informales. A medida que un Inquisidor crece en conocimiento y experiencia, obtiene estima, y por consentimiento común suele ser agraciado con un título, como "Gran Maestro". Estas son tan solo marcas de respeto, y no de autoridad incondicional. Otros Inquisidores podrán obedecer a uno de sus colegas debido a su experiencia o reputación, pero no se les exige actuar así en modo alguno.

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Inquisidor Vownus Kaede del Ordo Hereticus, miembro de la Cábala Tyrantina del Sector Calixis.

Incluso dentro de una Ordo, los campos de investigación y tareas suelen superponerse por completo. Cada rama, después de todo, tiene un potencial casi infinito para el estudio y la investigación. Aún así, a veces los Inquisidores se agrupan en una asociación poco definida llamada un cónclave. Un cónclave suele ser convocado a petición de algún Inquisidor respetable que precise del conjunto de habilidades, conocimiento y recursos de sus iguales para enfrentarse a una amenaza demasiado grande para que un sólo Inquisidor se enfrente a ella, como un ¡Waaagh! Orko, una incursión demoníaca a gran escala o una plaga de herejía.

De manera general, un cónclave agrupará a miembros de una sola Ordo, aunque no es insólito oír hablar de cónclaves que incluyen a miembros pertenecientes a varias ramas de la Inquisición, si es que la situación lo precisa. Los miembros de un cónclave no suelen adoptar un papel de liderazgo militar, ya que prefieren que esos asuntos queden en manos del comandante de cualesquiera que sean las fuerzas que el cónclave haya solicitado. De todos modos, el cónclave enviará seguramente a un representante para supervisar todas las acciones militares, asegurándose de que no se tergiversa el objetivo de la misión en el calor del combate. Si fuera necesario, este emisario podría reclamar para sí el mando de toda la misión, pero muchos Inquisidores encuentran preferible permanecer en las sombras mientras los ejércitos del Emperador hacen el trabajo sucio.

Ordos MajorisEditar

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Exterminadores de los Caballeros Grises enfrentándose a los Demonios del Caos.

  • Ordo Malleus - Los Inquisidores de la Ordo Malleus se ocupan de combatir las manifestaciones físicas del mismísimo Caos: los Demonios. Han jurado dedicar cada hora de vigilia a descubrir y purgar a tales criaturas, donde quiera que estas se encuentren. Los miembros de la Ordo Malleus suelen ser guerreros endurecidos en la batalla, ya que los Demonios no pueden ser eliminados mediante las sutilezas del espionaje o el engaño. Solo mediante las espadas bendecidas y las llamas purificadoras es posible cumplir con tal labor. Sin embargo, el conocimiento es su arma más poderosa. Los agentes de la Ordo Malleus son eruditos y estudiosos del saber demoníaco, y saben cómo encadenar y atar a los engendros de la Disformidad. Muchos de ellos sólo emplean este conocimiento para obtener ventaja sobre sus presas sobrenaturales, dejándolas vulnerables ante el ataque de un Martillo Demonio o un proyectil santificado de Bólter. Unos cuantos, sin embargo, se atreven a llegar mucho más lejos, encerrando a entidades demoníacas dentro de cuerpos anfitriones mortales, forzando a las criaturas a combatir contra su propia ralea. Militarmente, la Ordo Malleus es la más formidable de las ramas de la Inquisición, ya que sus agentes pueden solicitar los servicios de los Caballeros Grises para ayudarles en sus batallas. Los Caballeros Grises son Marines Espaciales, designados como el Capítulo 666. Sus orígenes, como los de la Inquisición, están fechados en los últimos días antes de la Ascensión del Emperador. Al contrario que los demás Capítulos del Adeptus Astartes, que pueden ser llamados a luchar contra todas y cada una de las amenazas que se ciernen sobre el Imperio, los Caballeros Grises están dedicados únicamente a la tarea de matar Demonios y están siempre listos para ayudar a la Ordo Malleus en su larga guerra contra el Caos.
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Guardianes de la Muerte en acción.

  • Ordo Xenos - La misión de la Ordo Xenos es investigar y catalogar especies alienígenas, identificando aquellas que pudieran ser de utilidad para el Imperio y orquestando la destrucción de aquellas que se consideren una amenaza. Los agentes de la Ordo Xenos son por lo general los más excéntricos de su clase, ya que invierten años enteros, cuando no décadas, viajando y viviendo en espacio ajeno a la Humanidad, aprendiendo todo lo que puedan para facilitar la explotación o eliminación de las especies con las que se encuentren. Como resultado, muchos Inquisidores de la Ordo Xenos tienen fuertes lazos con Comerciantes Independientes, con los cuales comparten muchas metas, y en ocasiones viajan con séquitos compuestos por mercenarios o viajeros alienígenas. Muchos de ellos conocen y hablan docenas de lenguajes no humanos, y tienen lazos con informantes y contactos situados más allá de las fronteras del Imperio. A pesar de todo ello, hay mucha más sangre en las manos de la Ordo Xenos que en las de cualquier otra rama de la Inquisición. Demasiado a menudo, décadas de pacífica y aparentemente amistosa relación solo son una pantalla tras la cual los ataques de los Equipos de Eliminación de los Guardianes de la Muerte sabotean infraestructuras vitales, dejando a los alienígenas indefensos contra los ataques xenocidas realizados por las Flotas de Batalla imperiales. Del mismo modo que la Ordo Malleus puede solicitar el apoyo de los Caballeros Grises, la Ordo Xenos también puede solicitar los servicios de su propia Cámara Militante, los Guardianes de la Muerte. Creados hace muchos milenios tras formularse acuerdos entre un cónclave de Lords Inquisidores y una valiosa asamblea de Señores de Capítulo de los Marines Espaciales, los Guardianes de la Muerte están compuestos por entero de Marines Espaciales veteranos enviados por los más grandes Capítulos de toda la Galaxia. Están entrenados y equipados para rechazar la marea alienígena que amenaza con aplastar a la Humanidad, y son una herramienta muy valiosa para cualquier Inquisidor que busque derrotar a la amenaza xenos.
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Hermanas de Batalla en combate.

  • Ordo Hereticus - La Ordo Hereticus, una sombría rama de una organización ya de por sí envuelta en el secreto, es la guardiana de la Humanidad, el vigilante a las puertas que protege a la Humanidad tanto de sus propias debilidades como de cualquier amenaza exterior. Los Cazadores de Brujas de la Ordo Hereticus son individuos siniestros y temidos. Su piel es pálida, debido a los largos periodos pasados en las cámaras excruciadoras de las fortalezas de la Inquisición, o inclinados sobre antiguos textos que hablan acerca de los herejes y sus maquinaciones. Durante los primeros milenios de su existencia, el Ordo Hereticus no era sino un rumor para los demás Inquisidores, debido al fanatismo con el que protegían sus secretos. Todo aquel secretismo finalizó al terminar la Era de la Apostasía, cuando se decidió que la Ordo sería mucho más útil si arrojara una sombra intimidante en lugar de existir como un mito que fuera fácil ignorar. A medida que florecía la Eclesiarquía, también crecía la Ordo Hereticus, ya que nada despierta las sospechas de un Inquisidor con mayor velocidad que un supuesto hombre santo que dice hablar con la voz del Emperador. En ocasiones sus agentes se hacen pasar por sirvientes de la Eclesiarquía, fingiendo obediencia a la voluntad de un Cardenal hasta que tienen suficientes pruebas de la culpa de dicho hombre. Raros son los sacerdotes en los que no pueda encontrar falta alguna un miembro de la Ordo Hereticus. La llegada de un Inquisidor de la Ordo Hereticus suele ser recibida tanto con preocupación como con miedo, ya que nadie sabe donde posará su penetrante mirada y sobre quien recaerán sus sospechas. Además de mantener controlada a la Eclesiarquía, asegurándose de que las Guerras de Fe no excedan su mandato o de que sus muchos Cardenales no acumulen más poder de lo que se consideraría apropiado, la Ordo Hereticus mantiene un ojo atento sobre todas las demás organizaciones imperiales: el Adeptus Arbites, el Adeptus Astartes, el Adepta Sororitas y también sobre sus compañeros de la Inquisición. Revisan la pureza doctrinal y física, y nadie está más allá de su jurisdicción. Solo los hombres más valerosos se atreven a cruzarse en el camino de un miembro de la Ordo Hereticus, ya que alguien que se enfrente a uno de estos individuos suele ser acusado de herejía y declarado Hereje y Extremis Diabolus.

Ordos MinorisEditar

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Lady Inquisidora Jena Orechiel.

Subordinados a las Ordos Majoris hay varias organizaciones menores, conocidas como Ordos Minores. Estas Ordos Minoris son significativamente más pequeñas que las tres principales, y se formaron para combatir amenazas específicas:

  • Ordo Astra - Controla la cartografía estelar.
  • Ordo Barbarus - Vigila los mundos pre-industriales.
  • Ordo Custodum.
  • Ordo Desolatus. - Propósito desconocido.
  • Ordo Necros. - Propósito desconocido.
  • Ordo Originatus - Intenta descubrir los secretos respecto de los orígenes de la Inquisición.
  • Ordo Redactus - Modifica y destruye los archivos relativos al origen y la historia de la Inquisición para protegerla.
  • Ordo Scriptus - Vigila el Oficio Historica en Terra.
  • Ordo Senatorum.
  • Ordo Thanatos. - Propósito desconocido.
  • Ordo Vigilus - Vigila a la Ordo Necros.

Filosofías InquisitorialesEditar

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Inquisidor Thoriano.

Muchos Inquisidores se labran un camino único a través de la Galaxia, confiando en su propio juicio y conocimiento para prevalecer. Sin embargo, en la naturaleza de la Humanidad está el impulso de buscar el consenso, un camino común sobre el que proceder, y los Inquisidores no son diferentes. En cualquier momento hay conjuntos de filosofías permitidas dentro de la Inquisición, cada una de las cuales está considerada como el camino hacia la verdad y salvación absolutas por sus seguidores. Estas no son doctrinas, sino ideas puestas a prueba con cada herramienta a disposición de los Inquisidores. Si un Inquisidor decide adoptar una filosofía excluyendo todas las demás, no es porque sus principios ayuden a cubrir una necesidad religiosa, sino porque él o ella han llegado a adoptar sus principios como una verdad definitiva.

Del mismo modo que el tamaño de una Ordo concreta aumenta y disminuye, también lo hace la popularidad de cada filosofía. Algunas brillan brevemente, mientras que otras perduran a través de los milenios. Aunque en ocasiones son perseguidas por la tenacidad de sus creencias religiosas, son teorías fundadas en la razón y probadas con un rigor casi científico. Los Inquisidores son, en primera y última instancia, hombre y mujeres prácticos que no buscan desaprovechar o desperdiciar esfuerzos o tiempo en doctrinas que se demuestra que no son sino ideas rebuscadas pero estériles.

Estas filosofías a veces son tan amplias que se abren camino entre las distintas disciplinas Inquisitoriales, atrayendo y agrupando a Inquisidores de ideas similares procedentes de varias Ordos. A veces estos grupos reciben el nombre de facciones, aunque dicho término es erróneo, ya que implica la existencia de una estructura donde no la hay. Todo el mundo es igual a la hora de seguir una filosofía de vida, aunque puedan seguir métodos diferentes para lograr el mismo objetivo. Por ejemplo, un Thoriano, que cree que el alma del Emperador podría renacer en un nuevo cuerpo de carne y sangre, podría proceder de varias Ordos diferentes. Mientras que un Inquisidor de la Ordo Xenos buscaría tecnología genética alienígena para crear un nuevo cuerpo, un miembro de la Ordo Malleus podría investigar en los estudios sobre la Disformidad para descubrir cómo se podría guiar al espíritu del Emperador hasta el mundo físico. Entretanto, un Inquisidor de la Ordo Hereticus podría colaborar aportando sus propias investigaciones acerca de las leyendas de la Eclesiarquía.

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El corrupto Inquisidor Quixos, armado con una Hoja Demoníaca.

Sin embargo, para cada Inquisidor dedicado a una de estas filosofías, siempre existe alguna que se le opone, considerándola una locura Radical y buscando maneras de destruir toda traza posible de su existencia. Después de todo, en el corazón del propósito de la Inquisición está el credo "No confíes en nadie", y esto se aplica tanto, o quizá incluso más, a los compañeros Inquisidores de uno mismo que al resto de los seres vivientes.

PuritanasEditar

RadicalesEditar

Séquitos InquisitorialesEditar

Aunque un Inquisidor es por sí mismo un poderoso guerrero y un erudito, sigue siendo un ser humano, con los límites de un ser humano. Debe enfrentarse a enemigos sin número, correr peligros desconocidos y superar muchos y formidables obstáculos mientras cumple con su misión. Por ello, un Inquisidor procurará buscar cómplices y la ayuda de otros. Como suele ocurrir con todo lo relacionado con la Inquisición, las razones para ello pueden ser innumerables, tantas como Inquisidores haya. Muchos Inquisidores ven a sus seguidores como meras herramientas, con habilidades y capacidades que ellos no poseen y de las que solo pueden disponer empleando a otros. Algunos ven a sus discípulos como una banda de compañeros, almas valerosas con las que compartir la pesada carga que representa la protección del Emperador y de la Humanidad. Otros simplemente desean verse comprendidos, por lo que, aunque tengan que trabajar en el anonimato y no recibir recompensa alguna, saben que hay quien conoce su gran labor. Para algunos, la asociación con un grupo de compañeros es un recordatorio de sus deberes, ya que estos representan un ejemplo corpóreo de la gente que tienen que defender, lo que les recuerda lo que comparten con el resto de la Humanidad y que han tenido que sacrificar para conseguir el éxito.

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Sirviente del séquito del Lord Inquisidor Hector Rex.

Un Inquisidor, en teoría, tiene a la totalidad de la Humanidad a sus órdenes. Puede solicitar Marines Espaciales y soldados de la Guardia Imperial, pedir la ayuda de guerreros especialistas como los Caballeros Grises y las Hermanas de Batalla. Y aún así, la naturaleza de sus tareas implica que demasiado a menudo deberá depender de sus propios recursos y capacidades. Si teme que un gobernante planetario se encuentre bajo la influencia de las malignas bestias del Caos, ¿a quién se dirigirá? Si el populacho de un planeta se ha alzado en una revuelta contra el Emperador, ¿quien le proporcionará ayuda? Por necesidad, el Inquisidor trabaja principalmente envuelto en la oscuridad y las sombras, su presencia no es reconocida, y sus acciones resultan invisibles. Por ello el Inquisidor y su banda de guerreros saben que deberán actuar en solitario contra los horrores de la Galaxia, ya que no pueden confiar en nadie más.

Existen muchas formas en las que el camino de una persona pueda cruzarse con el de un Inquisidor, haciendo que sus destinos queden entrelazados. Los hay que han sido rescatados por su señor, arrancados de las garras de la muerte y la tortura. Algunos quizá se enfrentaron a él en el pasado pero, tras contemplar su lúgubre tarea y su deber asignado, se convirtieron a la senda de la sabiduría y buscan la redención con su servicio. Algunos incluso pueden ser alienígenas, mercenarios atraídos a la causa del Inquisidor a cambio de riquezas, una causa compartida, o la promesa de recibir ayuda en sus propios momentos de peligro.

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El Acólito Inquisitorial Gabriel Stern.

Un Inquisidor puede hacer uso de cualquier hombre o mujer, incluso de aquellos que han sido condenados y expulsados por la sociedad, y sus pares pueden encontrar un propósito dentro de la Inquisición. Los sirvientes más especializados, y los más dedicados, pueden ser reclutados, o incluso creados por la propia Inquisición para ayudar a sus sirvientes y agentes. De vez en cuando, un Inquisidor puede unir sus fuerzas a un hombre o mujer cuya misión coincida con la suya, empleando el sentido común para establecer un lazo entre ambos. Y también están los sicofantes y aduladores que se adhieren a los Inquisidores que actúan de manera más pública, formando a veces un séquito a veces bienvenido, pero por lo general odiado. Si un Inquisidor decide cumplir con la misión de otro Inquisidor, quien quizá falleciera antes de ver cumplidos sus objetivos, puede aceptar a aquellos individuos que seguían a su predecesor.

Por tanto, es una compleja red de destino y planificación la que une al Inquisidor con sus compañeros y seguidores, cada uno de los cuales reacciona a su situación a su propia manera, tal y como exija su moral y su personalidad.

Inquisidores de renombreEditar

FuentesEditar

  • Codex: Inquisición (6ª Edición).

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