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Herejía de Dorn - Legión Alfa (No Oficial)

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Siempre los más secretistas de los Astartes, el nombre de la Legión Alfa hace mucho que pasó a lo apócrifo en el Imperio, y la mayoría, fuera de sus hermanos Astartes y de los Altos Señores de Terra, creen que fue destruida por los vengativos Ultramarines tras la Herejía de Dorn. Es una idea que ellos están dispuestos a alimentar, ya que les viene bien para seguir ejercitando sus afiladas técnicas de actividad encubierta. Desde las sombras, la Legión Alfa usa la infiltración, el engaño y el asesinato para sembrar la discordia y la anarquía dentro del territorio enemigo, y eliminar a los insidiosos cultos del Caos que operan dentro del Imperio.

OrígenesEditar

Durante la Gran Cruzada, el Señor de la Humanidad y Sus ejércitos se aventuraron por la Galaxia no solo para unir a las dispersas colonias humanas en el Imperio, sino también para encontrar a los Primarcas desaparecidos. Guiado por sentidos inimaginables, la vasta mayoría de Primarcas fueron hallados por el propio Emperador, pero el más hermético de Sus hijos permanecía oculto para él. En su lugar, fue Horus el que encontró al último Primarca, y según la versión del encuentro del futuro Señor de la Guerra, tuvo lugar cuando Alfarius y sus incursores atacaron un Crucero de los Lobos Lunares. Que una banda de humanos normales pudiera haber abordado una nave Astartes ya era de por sí algo impresionante, pero que lograran evitar a las partidas de búsqueda y asaltar la cubierta de mando hablaba de un individuo excepcional al mando de todo. Afortunadamente, la mirada de reconocimiento que los dos hermanos intercambiaron cuando se disponían a atacarse fue suficiente para detener la lucha, en los siguientes meses se forjó un irrompible lazo de amistad entre ellos.

Extremadamente contento por la noticia de que Su último hijo había sido encontrado, el Emperador decretó que Él, Alfarius y cuantos Primarcas fuese posible reunir se encontrarían en Terra para celebrar este importante suceso. Fue una fiesta de especial magnificencia, y cada hermano habló de las maravillas que había visto y de las victorias que habían obtenido en nombre de su padre. Ese día, Alfarius escuchó muchos ejemplos distintos de cómo un Astartes podía luchar, pero se quedó con la certeza de que ninguno de ellos era su estilo propio. Al tomar el mando de la Vigésima Legión, enseñó su propia filosofía única en cada uno de sus Marines Espaciales: derrotarían a sus enemigos no mediante la aplicación de la pura fuerza bruta, sino con astucia, subterfugios y engaños. Asimismo, eligió para ellos un nombre que proclamaba audazmente sus inteciones, y decidió que demostrarían ser dignos de llamarse a sí mismos la Legión Alfa.

Debido a su estilo personal de combate, no precisaban dedicar tantos Astartes a cada Flota Expedicionaria como otras Legiones. Esto hizo que la Legión Alfa pudiera ayudar a un gran número de expediciones que operaron por el este del Segmentum Solar y las fronteras occidentales del Segmentum Ultima. En vez de dirigir las expediciones, como era normal entre los Astartes, actuaban como una vanguardia encubierta que operaba muy por delante de la fuerza principal. Cuando el Ejército Imperial llegaba, encontraba mundos sumidos en el desorden, con las defensas desactivadas e incapacitados para resistirse a la invasión

Tanto éxito tuvieron estas tácticas, que sus expediciones pronto entraron en contacto con las de los Ultramarines, que avanzaban en dirección oeste desde su base en la Franja Este de la Galaxia. Las diferencias filosóficas entre las dos Legiones generaron un importante malestar, pues la Legión Alfa consideraba a los Ultramarines faltos de imaginación y encorsetados por las reglas prescritas por su Primarca. Por su parte, los comandantes Ultramarines, como Lord Kharta y el Capitán Orar, condenaron públicamente las tácticas de la Legión Alfa como deshonrosas, contraproducentes e indignas de los Astartes. Afirmaban que la Legión Alfa mostraba una desagradable despreocupación por las bajas civiles que sus actos causaban, y que esto animaba al resentimiento contra el Imperio una vez seguían avanzando. La cuenta de victorias de Alfarius fue, además, descartada, al considerarlas el resultado de las valientes acciones del Ejército Imperial en apoyo de una Legión débil y sin experiencia. Estos choques verbales llegaron al clímax durante un encuentro entre los Primarcas de las dos Legiones, que según se dice acabó con Roboute Guilliman ordenando a la Legión Alfa "salir del espacio Ultramarine" y diciendo que deberían dejar la Gran Cruzada para los verdaderos Astartes.

Aparte de este agrio incidente, la Gran Cruzada fue una época de gran optimismo para el Imperio, pues los mundos largo tiempo aislados de Terra fueron reunidos por fin, y la oscuridad de la superstición fue apartada por la racionalidad de la Verdad Imperial. El Emperador había decidido hacer esto, en parte, para suprimir toda investigación sobre la verdadera y esotérica naturaleza de la Disformidad, creyendo que permitir que la existencia del Caos fuese conocida por todo el mundo sería suficiente para hacer que algunos lo adorasen. Ni siquiera a Sus hijos Primarcas les confió esta información, aunque algunos descubrieron aproximadamente la verdad por sí mismos. Al ser particularmente hábil a la hora de determinar quién era la mano oculta tras los sucesos, Alfarius fue uno de estos pocos.

La preocupación por este asunto aumentó especialmente cuando los habitantes adoradores del Caos de un planeta al que estaban intentando anexionar al Imperio usaron magias disformes para destruir el planeta antes que admitir la derrota. Mediante una meticulosa investigación de esta nueva amenaza, descubrieron que las destructivas intenciones de los Poderes Ruinosos se extendían mucho más allá de meros planetas individuales: deseaban hundir a la Galaxia entera en sangre y fuego.

"Nadie me hará traicionar a mi padre. Ninguna mentira xenos ni falsa visión me convencerá de apartarme de Su luz, sin importar lo profunda que sea la oscuridad por la que camine. Esta es la palabra de Alfarius, y por tanto será la vuestra."
Primarca Alfarius a su Legión, tras la Batalla de 42 Hydra Tertius

La clave de esto era un insidioso plan de una cábala de razas xenos que buscaba hacer que el Señor de la Guerra Horus sucumbiese a una posesión demoníaca y lanzase al Imperio a una catastrófica guerra civil. A pesar de someter a los conspiradores xenos a los interrogatorios más terribles y persuasivos, no pudieron averiguar dónde o ni siquiera cuándo tendría lugar esta posesión. Consiguieron enterarse, no obstante, de que la muerte de un Capellán de los Portadores de la Palabra llamado Erebus era vital para los planes de los alienígenas. Quizá fuese un signo de su paranoia y de su amor por los secretos, pero en vez de simplemente informar al Señor de la Guerra de la amenaza contra su persona, decidieron seguir a escondidas al Capellán Erebus y asegurar su seguridad.

De esta forma, la emboscada que los alienígenas habían preparado para el Portador de la Palabra fue evitada, y Erebus se reunió con la flota de los Hijos de Horus sin llegar a enterarse jamás de que su vida había estado en peligro. Cuando Horus fue derribado en la luna de Davin por una enfermedad inexplicable incluso para los mejores Apotecarios, el Capellán Erebus demostró su inmensa valía. Reconoció la aflicción como lo que verdaderamente era, y ayudado por el poder psíquico de Magnus de los Mil Hijos, logró exorcizar a la entidad demoníaca y salvar al Señor de la Guerra. La Legión Alfa asumió que la amenaza había sido eliminada, pero tristemente habían subestimado la astucia y la sutileza de su Gran Adversario.

Al ser anunciado formalmente su nombre y su posición como enviado de la Legión Alfa ante el Señor de la Guerra, el Bibliotecario Sladen se acercó al trono de mando. Erebus le había advertido que la 'enfermedad' había desgastado mucho a Horus, pero aun así se quedó impactado al ver su pálida complexión y su apariencia casi encogida. Horus Lupercal era una leyenda entre las leyendas y un mentor para su propio Primarca. Había tenido a este hombre por invulnerable, por una fuerza de la naturaleza, pero la figura que ahora tenía ante sí tenía poco en común con el semidiós al que había visto destrozar un bípode de guerra Orko del tamaño de un edificio. Extendió su mano para estrechar la del Señor de la Guerra, pero se detuvo al ver el ceño fruncido que le dedicaba un Astartes vestido con una Armadura de Exterminador negra.

"No, está bien, Ezekyle", dijo Horus. "Ekan Sladen y yo somos viejos camaradas. ¡Luchamos codo con codo contra aquella escoria pielverde en Kapos!" En ese momento, Sladen sintió la necesidad de confiar su misión a Horus, pero se controló sabiamente. A pesar de lo dolorosa que era la decisión de su Primarca de no advertir a Horus de la amenaza contra su vida, entendía por qué había sido tomada. Sin ninguna prueba tangible del complot, ni de dónde ni cuándo ocurriría, no había forma de prevenirlo. Peor aún, si Erebus no había tenido éxito, si apenas un vestigio de la influencia del Demonio seguía dentro de su alma, el poseído Horus nunca les dejaría acercársele por la amenaza que representaban. En vez de eso, Sladen tenía la misión de fingir ignorancia, observando impotente cómo Horus era derribado en Davin. Ahora que los Portadores de la Palabra y los Mil Hijos habían cumplido con sus partes, era el turno de la Legión Alfa para honrar a Horus Lupercal. Buscaría cualquier resto de influencia demoníaca, y estaría listo para matarle antes que permitir que el Caos lanzase al Imperio a una guerra civil. Aunque estaba seguro de la resistencia de sus escudos mentales, se esforzó por no pensar en los letales artefactos ocultos en puntos estratégicos de la Espíritu Vengativo...

Cautelosamente, Abaddon retrocedió un paso, y permitió continuar a Sladen. "Sí, mi señor. Veros luchar contra los enemigos del Imperio fue un gran honor, uno que espero volver a disfrutar tan pronto como os hayáis recuperado." Cada una de sus palabras era cierta, pero no le harían dejar de cumplir su deber. Sladen dio un paso al frente y estrechó la mano ofrecida, con sus entidos alerta en busca de cualquier pizca de oscuridad en el aura del Señor de la Guerra...

Segmentum UltramarEditar

Con el Señor de la Guerra salvado de la amenaza de los Poderes Ruinosos, la Legión Alfa centró su atención de nuevo en los sucesos que ocurrían en el Segmentum Ultima, o como muchos de sus habitantes empezaban a llamarlo, Segmentum Ultramar. Con cada mes que pasaba más mundos, incluyendo muchos que la propia Legión Alfa había sometido, pedían reforzar lazos con los Ultramarines y su confederación de planetas de Ultramar. Una inspección más detallada mostró que por donde quiera que las flotas de guerra de Guilliman pasaban, dejaban atrás "consejeros" de Ultramar. Aunque oficialmente estaban allí para mejorar la "productividad organizativa", también ejercían cierto control cultural y político más allá del impuesto por el Administratum.

Además, las flotas Ultramarines se estaban volviendo cada vez más grandes, y su expansión hacia el oeste los estaba llevando a áreas del espacio que ya habían sido pacificadas por la Gran Cruzada. La Legión Alfa sospechó que todo esto eran señales de que Guilliman intentaba usurpar su control. Estos mundos eran más leales a Guilliman que al Emperador, y, si no se controlaba, esta expansión silenciosa podría llevar a que los Ultramarines se volviesen demasiado poderosos como para ser detenidos. Alfarius transmitió esta terrible información directamente a Terra, y cuando se movilizó a la mitad de las Legiones Astartes para someter a los Ultramarines, la Legión Alfa fue de las primeras en ofrecerse voluntariamente.

Con el Señor de la Guerra Horus aún recuperándose de los sucesos de Davin, fue Rogal Dorn, el Pretoriano del Emperador, el que tomó el mando de la misión. Mientras el dirigía el grueso de las fuerzas Astartes contra Guilliman en su recientemente anexionado mundo de Istvaan V, la Legión Alfa y los Portadores de la Palabra fueron enviados a desestabilizar el reino renegado desde dentro. Lorgar puso rumbo directamente hacia Macragge, pero la Legión Alfa se dispersó para infiltrarse en cada mundo que encontraban. A diferencia de la Gran Cruzada, donde tenían el apoyo del Ejército Imperial, su objetivo era simplemente extender la anarquía y trastornar el esfuerzo bélico para que el Segmentum Ultramar respondiera a un ataque como planetas aislados más que como una entidad unificada. Solo después, una vez se movilizara adecuadamente al Ejército Imperial, podrían recuperarse los mundos para el Imperio.

A pesar de sus éxitos iniciales, que paralizaron grandes áreas del Segmentum Ultramar, la Legión Alfa se encontró una presión cada vez mayor debido a los grandes números de Ultramarines que regresaban de Istvaan. La guerra les había dejado virtualmente desconectados del Imperio, pero a un gran coste los Astrópatas de la Legión pudieron finalmente penetrar el aullido etéreo. Con cada fragmento de información que reunían, la situación se volvía cada vez más preocupante. Contra toda expectativa, los Ultramarines habían triunfado en Istvaan, destruido a varias de las Legiones enviadas contra ellos, y ahora avanzaban en su contra con todas sus fuerzas. Finalmente se reveló la razón del desastre de Istvaan V: Rogal Dorn había traicionado a las Legiones del Emperador para Guilliman, y ahora buscaba apoderarse del trono imperial. Aunque el Señor de la Guerra Horus había sido salvado, los Poderes Ruinosos habían encontrado a otro Primarca mediante el que poner en marcha sus malvados planes.

La astucia de Dorn había logrado que tanto la Legión Alfa como los Portadores de la Palabra se internasen tanto en el territorio enemigo que ninguna podría regresar a Terra a tiempo. Alfarius estaba convencido de que lo mejor que podían hacer era continuar su misión, manteniendo el Segmentum Ultramar agitado y evitando que Guilliman enviase ayuda a los Traidores de Dorn. Estaba preocupado por cómo los Portadores de la Palabra reaccionarían ante la amenaza contra su Dios-Emperador, pero al reunirse con Lorgar, encontró que opinaba igual que él. Tan inamovible era su fe en la omnipotencia del Emperador que ni siquiera se planteaba la posibilidad de que pudiera ser derrotado. Creía firmemente que las Legiones Leales, dirigidas por el Señor de la Guerra Horus, aplastarían al rebelde Dorn, y que los Portadores de la Palabra debían demostrar que estaban a su altura conquistando Macragge y arrancando el corazón a los secesionistas Ultramarines.

Aunque era una noble ambición, el flujo de refuerzos Ultramarines desde Istvaan significó que cualquier asalto frontal a Macragge se ahogaría en su propia sangre. Alfarius propuso alejar a los defensores con algo a lo que no podrían resistirse: la oportunidad de enfrentarse finalmente a la elusiva Legión Alfa en un conflicto abierto. Esto se hizo revelando sutilmente una gran base de la Legión Alfa en el planeta Eskrador, endulzándolo además con la promesa de poder enfrentarse al propio Alfarius.

El plan resultó más exitoso de lo que podían haber esperado, pues Guilliman envió tropas en grandes números al asalto. En lugar de la sobria y comedida campaña que habían anticipado, los Ultramarines fueron mucho más temerarios, lanzando un desembarco masivo con Cápsulas de Desembarco sobre las laderas montañosas cercanas a la supuesta base de la Vigésima Legión. Para cualquier otra Legión, esto habría desordenado totalmente sus planes, pero en vez de eso se adaptaron, y aprovecharon la nueva situación. La infantería desprovista de apoyo que emergió de las Cápsulas fue castigada sin piedad por su orgullo, y muchos Ultramarines, incluidos varios comandantes de alto rango, murieron antes de que sus refuerzos consiguieran abrirse camino desde las tierras bajas.

Los Ultramarines cuentan la historia de Eskrador como una gloriosa victoria, pero todo lo que ganaron fueron los cuerpos de nada más que una fracción de los Legionarios Alfa presentes, y una base llena con información intencionadamente errónea. Su "victoria" más preciada, la supuesta muerte de Alfarius, también les fue negada. Fuera quien fuese el que luchó con Guilliman aquel día, no era Alfarius, pues él sigue dirigiendo la Legión hoy día. Muy probablemente, se trató de un engaño para hacer creer a los Ultramarines que la amenaza de la Legión Alfa había sido eliminada.

"+++ He discutido conmigo mismo sobre esto, y aun así no logro ponerme de acuerdo. Una mitad de mí ansía enfrentarse a Guilliman, lo desea más allá de toda lógica y razón. La otra sabe que no ganaría nada de semejante acto, que estoy siendo cegado por el odio. Al venir aquí a Eskrador en tales números y dejar Macragge abierta a un ataque, Guilliman ya ha perdido. Enfrentarme a él ahora en combate abierto solo jugaría en su favor, y sería arriesgarse sin necesidad a darle una victoria. +++

+++ No hay más tiempo. Su ejército se acerca. Debo tomar una decisión definitiva. +++

+++ Está decidido. Dejaré que los Ultramarines disfruten su vacía victoria, mientras su mundo natal es arrasado. Me he jurado a mí mismo que no regresaré al Imperio hasta que Guilliman esté sufriendo el infinito tormento que merece con justicia, pero eso ocurrirá con mis propias condiciones... No ocurrirá hoy. +++
"
Bitácora personal de Alfarius

Aunque Eskrador fue un gran éxito como distracción, antes de que los Portadores de la Palabra pudieran asaltar al debilitado Macragge se filtró una noticia desde el Imperio que destruyó su resolución. Mientras ponía fin a la Herejía de Dorn, el Emperador había sido mortalmente herido, y en su dolor los Portadores de la Palabra de Lorgar huyeron de vuelta a Terra, olvidando el asalto a Macragge. La Legión Alfa se quedó luchando sola contra el poder del Segmentum Ultramar.

Hydra DominatusEditar

Durante muchas décadas tras el fin de la Herejía nada se supo de la Legión Alfa. Los Portadores de la Palabra fueron esenciales a la hora de organizar Cruzadas para penetrar las fuertemente defendidas fronteras de los Ultramarines, pero no lograron hallar ningún dato sobre su paradero. Finalmente, y con gran tristeza, la Legión Alfa fue clasificada como destruida en combate. Entonces, sin previo aviso, Alfarius apareció ante una asamblea de los Altos Señores de Terra con una terrible advertencia. Se disculpó por su ausencia, diciendo que se había hecho a sí mismo un solemne juramento de que Guilliman pagaría por sus crímenes. Por orgullo, Alfarius había esperado no regresar al Imperio hasta que su promesa se hubiese cumplido, pero los eventos le habían obligado a cambiar sus planes.

Desde su desaparición, la Legión Alfa había afilado enormemente sus habilidades para la guerra encubierta, y había evitado que el Segmentum Ultramar centrase su atención en el Imperio. Guilliman, no obstante, se había cansado de esta situación y planeaba, bajo la bandera de la diplomacia, tomar lo que tanto tiempo le había sido negado. Apenas un mes después, los Altos Señores recibieron un comunicado de Guilliman, que rogaba perdón por Istvaan. Afirmaba haber sido engañado por Dorn, y ofrecía una alianza estratégica contra sus verdaderos enemigos: las fuerzas del Caos. Puestos sobre aviso, los Altos Señores vieron esto como lo que era: un truco para permitir que las flotas Ultramarines penetraran profundamente en el espacio imperial y atacasen Terra.

Usando su extenso conocimiento sobre el Segmentum Ultramar, la Legión Alfa logró convertir las discusiones del tratado en Prandium en una trampa. Proporcionando armas, equipo e información a los Astartes imperiales supuestamente desarmados, pudieron asegurar que Roboute Guilliman fuera mortalmente herido, aprisionado dentro de un campo de estasis y llevado de vuelta a Terra para que todos pudieran ver el justo castigo del traidor.

Cuando el último de los Servidores salió de la cámara de estasis, dos figuras se quedaron de pie en frente del santuario recién instalado. Una estaba cubierta por una magnificente armadura artesanal de púrpura y oro, la otra por una simple capa con capucha sobre una armadura que brillaba en azul y negro, pero ambas eran gigantescas al lado de los serviles esclavos-máquina. La primera se reconocía al instante por su perfil, heráldica y porte como Fulgrim, el Primarca de los Hijos del Emperador. La segunda parecía tener la inhumana habilidad de fundirse con el fondo de la imagen incluso a plena vista.

"Tu plan funcionó perfectamente, hermano, y a cambio, aquí tienes el artefacto que deseabas. Como dijiste, el traidor lo llevaba como un trofeo", dijo Fulgrim mientras le ofrecía a la figura encapuchada un antiguo anillo. La luz se reflejó en su pulida superficie, revelando el símbolo grabado de una hidra. La otra figura lo tomó con un silencioso gesto de agradecimiento, y lo deslizó en su dedo junto a otro anillo idéntico. El silencio llenó la sala mientras los dos observaban la agónica cara de Guilliman. Ambos estaban perdidos en sus pensamientos sobre lo que había sido, lo que podría haber sido y lo que sería.

"¿Qué hará ahora la Legión Alfa?" Preguntó Fulgrim.

"Nos aseguraremos de que esto no vuelve a ocurrir," respondió sombríamente el gigante encapuchado. "Les encontraremos, y les castigaremos. A todos ellos."

Que otras ocho Legiones además de los Ultramarines habían traicionado también sus juramentos al Emperador no había sido olvidado, y con Guilliman pagando al fin por sus crímenes, la penitencia autoimpuesta de la Legión Alfa podía darse por terminada. Como la Legión es más efectiva cuando el enemigo ni siquiera sospecha de su presencia, siguieron siendo oficialmente bajas de la Herejía de Dorn, y solo los rangos superiores del Imperio y las Legiones Leales fueron hechos partícipes de la verdad. Desde entonces, la Legión Alfa ha usado sus habilidades contra los Poderes Ruinosos vigilando planetas cercanos al Ojo del Terror en busca de actividad de cultistas, y como vanguardia de las Cruzadas imperiales que buscan expulsar a las Legiones Traidoras de los mundos del Emperador.

Allí donde los Ultramarines seguían reglas estrictas y una estructura organizativa predecible y rígida, las fuerzas del Caos eran, por su propia naturaleza, una quimera siempre cambiante. Esto hizo que las habilidades que tanto éxito habían tenido en el Segmentum Ultramar a menudo no sirvieran de nada en torno al Ojo del Terror. Del mismo modo, sus métodos de infiltración resultaron mucho más vulnerables ante la detección por medio de la hechicería y la eterna y malévola mirada de los Poderes Ruinosos. Orgullosa de su habilidad para adaptarse, la Legión Alfa tomó este nuevo reto con aplomo. Con la ayuda de ciertas organizaciones imperiales altamente especializadas, han encontrado formas de rodear incluso a estos obstáculos. Con estas armas, igual que con Bólteres y frío acero, es como la Legión Alfa trabaja para extirpar el cáncer del Caos de la Galaxia.

El éxito de la Legión Alfa en mantener a las fuerzas del Caos encerradas dentro del Ojo del Terror ha costado un alto precio a sus operaciones dentro del Segmentum Ultramar. Aunque sigue siendo un gran ejemplo de la habilidad de la Legión para extender la destrucción y la anarquía en territorio enemigo, sus números son demasiado escasos para hacer más que ralentizar el implacable avance de los Ultramarines. En reconocimiento a este perturbador hecho, la Legión se ha vuelto cada vez más creativa y destructiva en sus planes.

Cuando se opera dentro del territorio Ultramarine, no hay posibilidad de recibir apoyo desde el Imperio, y por tanto la Legión Alfa recurre a menudo a métodos menos convencionales para acabar con grandes fuerzas militares. Ya sea mediante provocación, acciones militares encubiertas, o simplemente sobornando a sus líderes, los ubicuos Orkos han demostrado ser aliados valiosos, aunque inconscientes. En particular, varias campañas Ultramarines contra el Imperio han sido evitadas por oportunos alzamientos del Imperio Orko de Charadon. Otra técnica valiosa que ha perfeccionado la Legión Alfa es fracturar alianzas y hacer que sus miembros se lancen el uno contra el otro. Ya sean las agitadas coaliciones del Caos o los tecnológicamente avanzados Tau y los Ultramarines, nada siembra discordia como un ataque sin provocación previa por parte de Astartes que visten los colores de un aliado.

Dada su naturaleza hermética, todo tipo de teorías conspirativas han sido atribuidas a la Legión Alfa. Se especula incluso que la Legión se ha fragmentado tanto que sus retorcidos planes y maquinaciones luchan tanto entre sí como contra el enemigo. Parece seguro que la verdad es más prosaica, y al mismo tiempo más increíble que lo que ni el más ardiente teorizador podría imaginar. La única persona que conoce toda la verdad es su Primarca, y Alfarius ha demostrado ser extremadamente bueno guardando sus secretos.

Mientras el Capitán tecleaba distraídamente en la terminal de datos, sus pensamientos se vieron arrastrados una vez más a Malodrax. Los Guerreros de Hierro habían intentado romper su cuerpo y su espíritu, sin saber que sus torturas no eran nada comparadas con el purgador abrazo del Guantelete del Dolor. Y aun así, a pesar de sus poco inspirados intentos, se dio cuenta de que le acosaba la mente. Recordó la alegría de escapar de los Astartes de armadura negra, evadir sus equipos de búsqueda, abordar una lanzadera y abrirse camino hasta aquí para reclamar su título al insignificante pretendiente que lo había tomado en su ausencia…

¿… Armadura negra? Habían vestido hierro bruñido… Si concentraba su mente hasta podía ver sus odiadas caras con todo detalle. Se frotó los ojos y rechazó la fatiga, antes de regresar a la masa de esquemas, inventarios e informes de preparación que había ante él. Cadia era la piedra angular del poder de la Legión Negra, y como Capitán de la Primera Gran Compañía, era responsable de su defensa.

Arrastrado inexorablemente de vuelta a los eventos de Malodrax, los dedos del Capitán pasearon inconscientemente por los controles de la terminal de datos. Enterrada profundamente bajo las capas de pensamiento consciente, la personalidad implantada envió los inestimables paquetes de información encriptada a través de la red para su recogida por los agentes de la Hydra…

OrganizaciónEditar

Jamás partidario de agobiar a sus hermanos con normas y reglas estrictas, Alfarius se ha asegurado de que la organización de su Legión sigue siendo fluida y capaz de adaptarse a cualquier situación. Se busca la creación de estrategias elegantes y en definitiva efectivas, y no caer jamás en patrones predecibles e inconscientes. En lugar de seguir una estructura convencional de Grandes Compañías, operan en redes de células de distinto tamaño dependiendo de la situación. Dada la naturaleza dispersa de la Legión, el mando recae generalmente en los Sargentos. Los Capitanes y Tenientes se encargan más de la organización a gran escala, y solo toman el mando directo de las operaciones más grandes e importantes.

Aunque solo un puñado de Astartes completos esté presente en una operación, van acompañados por un número mucho mayor de operativos humanos. Estos incluyen iniciados que aún no han recibido todos los implantes genéticos, así como veteranos del Ejército Imperial y el Adeptus Arbites que pueden pasar desapercibidos entre el populacho de una forma que un Astartes, incluso sin servoarmadura, jamás podría lograr. Apoyando a estos agentes de campo hay armeros y escribas, además de tecnosabios expertos en la exploración de las masas de datos en busca de la inteligencia que requieren. El submundo criminal también es una fuente inestimable de información ilícita y músculos, aunque se toma un especial cuidado para asegurar que nunca sospechen la verdadera identidad de quienes los contratan.

Tan insidiosos son los Poderes Ruinosos que a través de la historia de la Legión, individuos e incluso células enteras han caído al servicio a los Dioses Oscuros. Aunque el conocimiento poseído por una única célula es apenas una fracción, y por tanto no puede acabar con la Legión, tales deserciones pueden malograr planes que llevaban décadas preparándose. La tarea de cazar a estos renegados recae en los mejores de la Legión Alfa, y en varias ocasiones notables, el propio Alfarius se ha encargado de determinar cuánto se ha extendido la corrupción.

Doctrina de combateEditar

Los Legionarios Alfa son maestros del subterfugio, la desinformación y el engaño, y usan estas habilidades para extender la anarquía y la discordia por todo el territorio enemigo. El secretismo siempre ha sido vital para la Legión Alfa, pero desde la Gran Cruzada han desarrollado esto hasta el punto de que su misma existencia no es más que un rumor. Mientras que otros, como los Amos de la Noche, proclaman abiertamente su presencia y blanden el miedo que genera como un arma, la Legión Alfa cree que es más fácil derrotar a un enemigo que ni siquiera sabe que está combatiendo. Debido a la necesidad de mantener en secreto su presencia, la Legión Alfa ya no viste su tradicional color índigo. Desde la Batalla de Eskrador, la última vez que proclamaron abiertamente su existencia en una batalla, han vestido armaduras del azul y el negro más oscuros, o esquemas de camuflaje apropiados, desprovistas de toda iconografía de la Legión, marcas de escuadra u honores, y aun a pesar de este aparente anonimato aún son capaces de identificar a los suyos.

Cuando operan en las profundidades del territorio enemigo, la Legión Alfa emplea sus habilidades para desestabilizar planetas sin jamás revelar su presencia. Para este objetivo, los actos de sabotaje, la infiltración y el asesinato son todos armas de su arsenal, como lo son la fracturación de alianzas y la incitación del malestar civil. En lugar de solo mantener al territorio enemigo en un estado anárquico permanente, la Legión Alfa trabaja junto a los Templarios Negros en apoyo a sus Cruzadas Astartes. Infiltrándose por delante de la invasión, pueden incapacitar las defensas enemigas, alejar a los ejércitos fuera de sus posiciones y asegurarse de que cualquier contraataque es fragmentado e inefectivo. Sus actos siempre están meticulosamente planificados, con ataques desde múltiples direcciones para que el fracaso de un elemento no ponga en riesgo toda la misión. En este aspecto son como la mítica hidra: si se corta una cabeza, dos más parecen surgir en su lugar.

Como mezclarse con la multitud sería bastante difícil para un Legionario Alfa, mucho del trabajo es llevado a cabo por sus redes de operativos humanos. Reúnen inteligencia, se infiltran en las instalaciones enemigas y procuran obtener todo lo que sus amos necesitan. No obstante, por habilidosos que sean estos agentes humanos, hay algunas misiones que solo pueden ser llevadas a cabo por un Equipo de Ejecución Astartes. En su armadura de infiltración y cubiertos por capas de camaleonina, son expertos en moverse por las sombras como fantasmas. Sin embargo, a menudo es más eficiente aparecer simplemente como Astartes de otras Legiones, ya sean Leales o Traidoras. Muchas victorias contra el Caos atribuídas a la oportuna intervención de una escuadra de Portadores de la Palabra o de Guerreros de Hierro que convenció a la ciudadanía de resistir a los incursores se debieron en realidad a la Legión Alfa.

Estos disfraces son incluso más útiles cuando se actúa tras las líneas enemigas, pues les permiten una libertad de movimientos casi absoluta por los mundos controlados por el Caos. Tal es el terror que despiertan los Astartes Traidores en sus habitantes que pocos se atreverían a mirarlos a los ojos, mucho menos negarles acceso a cualquier edificio o búnker en el que quisieran entrar. También usan la apariencia de Astartes enemigos para llevar a cabo actos públicos que desestabilicen alianzas entre grupos. Esto puede variar desde acribillar multitudes para despertar la ira de los civiles en un mundo Ultramarine, a profanar santuarios de Slaanesh bajo el disfraz de los Lobos Espaciales para provocar tensiones entre las facciones del Caos.

Aunque se aseguran de que su armadura es meticulosamente reconsagrada después de tales actos, deben tomarse las mayores precauciones al disfrazarse de adoradores de los Poderes Ruinosos. En tales circunstancias solo usan los símbolos más genéricos para dar la impresión de la Legión a la que intentan imitar. Como las amargas experiencias sufridas les han enseñado, el simple acto de pintar un símbolo del Caos en su armadura mancha el alma, y puede atraer la mirada de los Dioses Oscuros sobre el portador.

"... una increíble confluencia de sucesos que solo puedo atribuir a la divina bendición del Emperador sobre nuestra invasión. Nuestra primera señal fue que las famosas defensas planetarias de Luycen, que creíamos que habían sido capturadas prácticamente intactas, estaban totalmente silenciosas. Parecía que el alto comandante enemigo había sido asesinado por uno de sus subordinados poco antes de nuestra llegada, y que la consiguiente lucha de poder para sucederle había arrojado a los traidores, bueno, al caos, si se me permite la broma. [El sujeto sonríe nervioso] Esperábamos que fuese una campaña dura y brutal, pero con el enemigo así de desorganizado, e incluso la ciudadanía alzándose en su contra con guerrillas, habíamos liberado el planeta y acorralado a los últimos herejes cinco semanas después de nuestra llegada. [El sujeto ríe] Con esa clase de suerte, ¿quién necesita a los Astartes?"
Interrogatorio a un Soldado Imperial

Reclutamiento y semilla genéticaEditar

Ya desde sus primeros días en la Gran Cruzada, la Legión Alfa ha operado desde su flota en lugar de desde un planeta natal. Esto se debe en parte a los requisitos de su naturaleza nómada, pero sobre todo a que Alfarius se negó a revelar la localización del planeta en que se había criado. Debido a esto, siempre se ha asumido que la Legión Alfa selecciona nuevos aspirantes principalmente de los planetas en los que opera, aunque dado su enloquecedor hermetismo, esto nunca se ha confirmado. Aunque otras Legiones reclutan buscando habilidades de combate como la fuerza y la velocidad, la Legión Alfa valora más la creatividad, la astucia y la rapidez de pensamiento. La dureza física y la habilidad de combatir pueden ser otorgadas por los Apotecarios, sus implantes genéticos y los distintos instructores, pero el pensamiento rápido es una habilidad innata que no puede enseñarse.

Se dice que la semilla genética de la Legión Alfa es pura e inmaculada, aunque se toma el mayor de los cuidados al tratar con las progenoides cosechadas de Astartes que han pasado largos periodos de tiempo cerca del Ojo del Terror. La fuerza de la semilla de Alfarius ha sido propuesta como la razón del sorprendente parecido entre muchos Legionarios Alfa y su Primarca, incluso en la altura. Aunque se han observado efectos similares en las líneas genéticas de otras Legiones, ha llevado a especular sobre el uso de clones humanos, el reclutamiento a partir de una base genética restringida, como sería el secreto mundo natal de Alfarius, o el empleo de operaciones quirúrgicas para crear dobles que actúen como señuelos. De estas teorías, la última es la que mejor encaja en el modus operando de la Legión, pues sus Apotecarios pueden alterar dramáticamente la apariencia de un Marine si la misión lo requiere. Esto podría explicar también cómo pudo ser engañado Guilliman en Eskrador para que creyera que había luchado y derrotado a su hermano.

CreenciasEditar

La Legión Alfa cree firmemente en el viejo proverbio de que "una daga en la oscuridad vale más que mil espadas al amanecer". En consecuencia, se hacen grandes esfuerzos para mantener en secreto su existencia, incluso después de concluir la misión. Puesto que la mayoría de sus operaciones son llevadas a cabo tras las líneas enemigas, cada acción realizada por la Legión Alfa es única, pues caer en patrones predecibles resultaría en su rápida captura o destrucción. Esto debe surgir de la creatividad y la inspiración, y no pueden aprenderse de memoria de un libro. Dicho esto, han encontrado en el Codex Ultramar de Guilliman una inestimable puerta hacia la mente, las tácticas y las formas de respuesta de su enemigo.

Uno de los rasgos definitorios de la Legión Alfa es su pragmatismo, y la capacidad de tomar decisiones duras necesarias para asegurar la estabilidad del Imperio. Son muy conscientes de que para obtener sus objetivos, a menudo hace falta llevar a cabo actos terribles, y que en la Larga Guerra, el fin justifica los medios.

Grito de guerraEditar

Debido a la necesidad de ocultar sus verdaderas identidades, la Legión Alfa no tiene un grito de guerra establecido. En su lugar, luchan en un implacable silencio cuando se requiere sigilo, y cuando se disfrazan de Astartes de otras Legiones, usan el grito de guerra apropiado para reforzar su actuación.

Leer másEditar

Herejía de Dorn - Historia y Legado de la Traición de Dorn (No Oficial).

FuentesEditar

Extraído y traducido de The Dornian Heresy - The Legio Imprint, creado por el foro Bolter and Chainsword.

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