Fandom

Wikihammer 40k

Guardia de la Muerte

7.595páginas en
el wiki}}
Crear una página
Comentarios0 Compartir

¡Interferencia de bloqueo de anuncios detectada!


Wikia es un sitio libre de uso que hace dinero de la publicidad. Contamos con una experiencia modificada para los visitantes que utilizan el bloqueo de anuncios

Wikia no es accesible si se han hecho aún más modificaciones. Si se quita el bloqueador de anuncios personalizado, la página cargará como se esperaba.

Khorne medio sin fondo.png

Cerberus el Rebañacráneos, mascota de los Poderes Ruinosos, patrocina este espacio para honrar a sus demoníacos señores. Pulsa sobre él y te introducirá en los misterios del Caos.

¡Sangre para el Dios de la Sangre! ¡Visitas para los artículos del Caos!

Guardia de la Muerte

XIV Legión

Primera Fundación
Antes de la Herejía Tras la Herejía
Deathguard-preheresy.jpg
Guardia de la muerte.gif
Detalles
Primarca Mortarion. Señor actual Mortarion, Príncipe Demonio de Nurgle.
Planeta Natal Barbarus. Planeta Natal Planeta de la Plaga.
Fortaleza-Monasterio Resistencia. Fortaleza-Monasterio Terminus Est.
Lealtad Emperador. Lealtad Nurgle.
Especialidad Guerra química y biológica. Especialidad Marines de Plaga.
Nombre anterior Incursores del Crepúsculo.
Grito de Guerra Ninguno. Grito de Guerra Ninguno.
Esquema Preherejía Esquema Postherejía
Guardia de la Muerte Esquema Preherejía.jpg Guardia de la Muerte.jpg

La Guardia de la Muerte (originalmente Incursores del Crepúsculo) fue la XIV Legión de Marines Espaciales que el Emperador creó para su Gran Cruzada, y fue una de las nueve que traicionaron al Imperio durante la Herejía de Horus, convirtiéndose en Marines Espaciales del Caos.

Actualmente adoran al Dios del Caos Nurgle y a consecuencia de ello se produjeron cambios y mutaciones en sus armaduras, tales como pestilencias y enfermedades. El Primarca de la Guardia de la Muerte es Mortarion, que ha sido elevado al estatus de Príncipe Demonio. Su planeta original, Barbarus, ha sido destruido, y actualmente tienen su base en el Planeta de la Plaga, en el Ojo del Terror.

HistoriaEditar

De todas las Legiones de Marines Espaciales creadas por el Emperador, pocas tuvieron comienzos tan gloriosos y un final tan trágico y de pesadilla como el que tendría la Guardia de la Muerte. Antaño un sinónimo de resistencia y coraje inamovible, cuyos guerreros provocaron la caída de tiranos y caudillos alienígenas en más de un centenar de mundos, y por cuyas manos murieron docenas de razas xenos, finalmente acabarían engullidos por el horror. La Guardia de la Muerte acabaría convirtiéndose en lo mismo que una vez luchó incansablemente por eliminar: oscuros monstruos inhumanos, irreconocibles y sin alma, auténticos seres de pesadilla.

Orígenes: Caudillos del CrepúsculoEditar

Incursores del Crepúsculo Esquema.jpg

Esquema de los Incursores del Crepúsculo, la XIV Legión Astartes.

Es curioso destacar que de las nueve Legiones Traidoras, cuatro de ellas habían mantenido identidades, tradiciones y nombres distintos de los que portaban cuando pusieron sus armas al servicio del traidor Horus. En esto eran casi únicas entre las filas de los Astartes, y traen a la mente el antiguo proverbio terrano de que "una capa que se cambia una vez, es fácil de cambiar dos veces". Aunque sin duda la verdad es mucho más compleja de lo que podría sugerir un simple proverbio, no obstante es saludable darse cuenta de que cada una de estas Legiones cambiadas (los Perros de la Guerra, los Heraldos Imperiales, los Incursores del Crepúsculo y, últimos pero no menos infames, los Lobos Lunares) se transformarían a sí mismas no por simple capricho, sino por deseo directo de sus Primarcas e imitándoles de cerca. Quizás en ninguna se dio este cambio de forma más marcada y visceral que en los Incursores del Crepúsculo al convertirse en la Guardia de la Muerte.

La historia de los Incursores del Crepúsculo comienza en los primeros días de las Guerras de Unificación. Los reclutas iniciales de la mayoría de las Legiones procedían de Terra, y en el caso de la XIV Legión el grueso fue tomado de los antiguos y belicosos clanes de la Vieja Albia. De hecho, era tal la aptitud de esta etnia para ser inducida en las filas de los Marines Espaciales, que los reclutas procedentes de las imponentes y ennegrecidas ciudades-Castram de la Vieja Albia también fueron asignados a la fundación de las Legiones VIII y X, aunque en un grado mucho menor que en la XIV, que fue moldeada en sangre y cultura por las tradiciones de los caudillos de Albia tanto como por la mano del Emperador.

El reclutamiento de los hijos de Albia sirvió a dos propósitos del recién nacido Imperio. El primero, y más importante, alejó a la flor y nata de generaciones enteras de un reino terrano en el que, aunque ahora era un amigo y aliado, nunca se confió del todo. Pues la Vieja Albia, imponente en medio de las tierras salvajes atlanas del norte, no solo había sido antaño un temible enemigo cuya leyenda procedía de la Era de los Conflictos, sino también un auténtico rival por el control del destino del Hombre. Al introducir a los más brillantes y mejores de sus hijos en las Legiones y en las otras crecientes organizaciones imperiales destinadas a la guerra entre las estrellas, el Emperador se aseguró de que nunca pudieran amenazar a la Unificación desde dentro. En segundo lugar, las fuerzas del Emperador absorbieron todas las tradiciones marciales y líneas sanguíneas que durante siglos habían sometido cruelmente a buena parte de Terra y que habían acabado por derribar al Imperio Panpacífico a las órdenes del Rey Innombrable; semejante estirpe de caudillos implacables y científicos militares era un recurso valioso que el Emperador detestaba desperdiciar. Los clanes guerreros de la Vieja Albia no se inclinaron fácilmente ante el Emperador, no obstante, ya que al haberse librado recientemente de los últimos descendientes del Rey Innombrable se negaban a aceptar a otro amo similar en su lugar. Por tanto, se enfrentaron a los Regimientos del Trueno del Emperador con sus propios proto-Dreadnoughts de vapor y blindados soldados Ironside. Batalla tras batalla, las fuerzas de la Unificación fueron mantenidas a raya, aunque a un arrasador coste para los albianos, que no se rendían a pesar de la presión.

Admirando el temperamento marcial y el indomable coraje del enemigo, el Emperador pidió un alto el fuego y buscó la victoria sobre los clanes guerreros mediante la negociación, a sabiendas de que aplastarlos solo por la fuerza bruta supondría únicamente un demoledor baño de sangre que solo serviría para diezmar a sus fuerzas y hacerse con un puñado de cenizas como trofeo.

Así fue como a pesar de los consejos en contra de sus asesores y generales humanos, que sentían por los guerreros de la Vieja Albia un temor casi supersticioso heredado de generación en generación, el Emperador buscó la paz. Presentándose ante ellos, se dice, desarmado y vestido de blanco y carmesí, el Emperador habló al parlamento de los caudillos y les reveló su visión de una futura Humanidad reunida y ascendiente, de tiranos derribados y pesadillas destruidas. Les ofreció gloria entre las estrellas, y lo más importante, redención por los muchos siglos de guerras fratricidas y derramamientos de sangre. Los señores de la Vieja Albia, para sorpresa de muchos, aceptaron. Al hacerlo, los clanes albianos se convirtieron en unos de los partidarios más fanáticos de la Unificación, aunque siguieron sin ser vistos con confianza por muchos, y aportaron sus guerreros y máquinas de guerra a la causa del Emperador, a quien ofrecieron en exclusiva secretos largo tiempo guardados. Pero lo más trascendental para el futuro de la Humanidad fue que sacrificaron a sus hijos para que se convirtieran en Marines Espaciales.

La XIV Legión desarrolló rápidamente el uso de tácticas y métodos de guerra que sus antepasados Ironside habrían encontrado extremadamente familiares, conjuntándolos con un temperamento estoico y una aptitud genética que pocos dudaron que había sido prevista por el Emperador desde el principio. Operando en el papel de infantería pesada, eran expertos en supervivencia y resistencia, y pronto se ganaron una reputación entre las demás Legiones recién forjadas de guerreros implacables y disciplinados. En la defensa eran testarudos e infatigables, capaces de mantenerse totalmente firmes ante el fuego más pesado y de defender su posición contra todos los atacantes hasta que se gastara la última bala y muriera el último hombre si era necesario. En el ataque destruían sistemáticamente a su objetivo, estrellándose contra el enemigo en oleada tras oleada de cuerpos blindados, y destacaban en los tiroteos a corta distancia y el sangriento desgaste. Su servoarmadura gris sin adornos empezó a portar los símbolos de rango y decoración, ahora modificados, que antaño ornamentasen las armaduras de los Ironsides de la Vieja Albia; destacaban especialmente sus brazos derechos, pintados desde el guantelete hasta la hombrera en el oscuro carmesí de la sangre coagulada, que si antes proclamaba el asesino alcance del Rey Innombrable, ahora simbolizaba la roja diestra de la justicia del Emperador.

Mientras la XIV Legión luchaba en las últimas batallas de la Unificación de Terra y las primeras de la Gran Cruzada fuera del planeta, sus enemigos le dieron el epíteto de “Incursores del Crepúsculo”, y ellos lo adoptaron como propio. Este nombre procedía de la antigua táctica albiana de llevar a cabo grandes asaltos terrestres al caer la noche, cuando el cambio de luz confundía a los guardias enemigos y la creciente oscuridad cubría el avance por el terreno abierto. De hecho, tal fue la reputación que se ganaron, que los enemigos que recibían un ultimátum de los Incursores del Crepúsculo a menudo perdían su resolución, y sus soldados entraban en pánico y desertaban al llegar la oscuridad. A pesar de lo implacables que eran en el ataque, los Incursores eran conocidos por ser oponentes honorables también, que guardaban los tratos cerrados a cambio de una rendición temprana y honraban los signos de tregua. No obstante, cuando tales términos acababan y la destrucción estaba decidida, también era sabido por todos que nada detendría la mano de la Legión. Esta honorabilidad solo se hacía extensible a enemigos humanos dignos de ser integrados en el Imperio; al degenerado, al mutante y al alienígena no se les concedía piedad.

Así permanecieron las cosas, y durante más de ocho décadas los Incursores del Crepúsculo siguieron luchando al servicio de la Gran Cruzada. Aún sin padre en esta época mientras otras Legiones recuperaban a sus Primarcas hasta que solo quedó un puñado de ellos por ser descubiertos, este estatus de “huérfanos” alimentó aún más la autonomía y un silencioso y testarudo orgullo en el carácter de los Incursores del Crepúsculo, y los triunfos marciales de la XIV Legión eran muchos y envidiables. Sin embargo, su reunificación con su Primarca, cuando por fin ocurrió, no sería el feliz suceso que muchos habían esperado desde hacía largo tiempo, sino una mortaja que cayó sobre la Legión, y bajo su sombra los Incursores del Crepúsculo fueron descompuestos y rehechos, y solo quedó la Guardia de la Muerte.

La Gran CruzadaEditar

Los Rollos Estigios de Lackland ThornEditar

Escuadra Táctica Guardia de la Muerte Istvaan III.jpg

Guardia de la Muerte durante la Gran Cruzada

De todos los mundos en los que acabaron dispersos los Primarcas, pocos eran lugares tan terribles o desesperados como el condenado Barbarus. Poco puede decirse con seguridad de este remoto y maligno mundo, o de los años de formación pasados allí por el joven Primarca, ya que parece que nada más producirse el hallazgo de Mortarion la verdad fue editada y oscurecida por la mano del propio Emperador. Quizás lo que se encontró en Barbarus era demasiado para que el público lo supiese, o contenía demasiadas verdades consideradas peligrosas para el resto de la Humanidad o incluso para los guerreros de otras Legiones. La información consistente que hoy día se puede extraer de la historia de Barbarus y del Primarca de la Guardia de la Muerte procede de una única fuente: los Rollos Estigios de Lackland Thorn. Thorn era una figura famosa aunque de mala reputación, un historiador adjunto a la Flota Expedicionaria que penetró en la oscura nebulosa que envolvía a Barbarus. Thorn era un polímata, altamente dotado como traductor de lenguas xenos, como anticuario y como poeta, pero su visión era altamente morbosa, y sus obras enervaban tanto como iluminaban. Su lugar en la Gran Cruzada quedó sellado cuando desapareció poco después de completar su obra maestra. En Barbarus encontraría la apoteosis de su oscuro arte registrando la historia de Mortarion para la posteridad, y su trabajo resultante, los Rollos Estigios, se convirtió en parte de la cultura de la Guardia de la Muerte: una copia era regalada a cada Marine Espacial de la Legión al ser ascendido formalmente al rango de iniciado completo. Fuera de la Guardia de la Muerte, sin embargo, el libro fue ampliamente censurado y considerado siniestro y horrible, demasiado oscuro para ser otra cosa que una pesadillesca alegoría. Esta opinión era equivocada.

El mundo en el que el joven Mortarion cayó era el auténtico epítome de todos los horrores sufridos por el hombre durante la Era de los Conflictos: un dominio de salvajes señores alienígenas que gobernaban y acosaban como depredadores a una población humana atrapada, como si fuesen crueles y terribles dioses.

Incluso el medio ambiente de Barbarus era una siniestra y letal creación, tan extraña y singular que probablemente había sido diseñada por sus amos como un medio tanto de sustento como de control. Era un mundo oscuro, rugoso, coronado de montañas y lleno de ciénagas primordiales y bosques retorcidos. Las colosales cimas de Barbarus estaban cubiertas permanentemente de nieblas venenosas y miasmas asfixiantes, y eran salpicadas ocasionalmente por lluvias ácidas tan fuertes que deshacían la carne en cuestión de segundos. Por su parte, los profundos valles eran un reino de sombras perpetuas al que la luz del antiguo e hinchado sol del Sistema apenas llegaba, y donde la noche era una oscuridad tan impenetrable como una tumba sellada. Era en los bosques y ciénagas de las tierras bajas donde los salvajes habitantes humanos de Barbarus se aferraban a la vida en aldeas aisladas y bastiones tan bien fortificados como se podía para protegerse de la llegada de la noche. Sus vidas eran de un terror y dureza perpetuos, y a todas horas, despiertos o durmientes, eran conscientes de que sin ser vistos por encima de ellos, sus monstruosos señores aguardaban el momento de darse un festín.

El auténtico nombre de los amos alienígenas de Barbarus ha sido tachado de los registros, y ni siquiera Thorn se atrevió a mencionarlo en sus escritos, pero las pruebas de sus horribles apetitos y su horrenda fuerza son claras. Estos esqueléticos y horrorosos dioses eran gigantescos, tres veces más altos que un hombre y envueltos en armaduras oxidadas, cuya ciencia y saber nigromántico les habían hecho hacía mucho inmunes a la muerte excepto por gran violencia, y llenaban sus eternidades con intrigas y conflictos internos llevados a cabo con una inimaginable maldad inventiva. Los soldados desplegados en sus luchas y guerras intestinas eran un desfile interminable de pesadillas: hordas de muertos andantes recosidos, depredadores atormentados y medio locos que cambiaban de forma, y gólems con alas membranosas. Sus campeones eran aún más horripilantes: montículos plásmicos de tejido amorfo goteante de ácido, cuyos millares de bocas aullantes rogaban incesantemente morir, e incontables creaciones infernales más imposibles de ser descritas sin perder la cordura; todas ellas fabricadas a partir de la carne viviente de la humanidad. Para sus funerarios señores, los humanos salvajes no eran siquiera esclavos, sino simplemente carne colgando en una alacena a la espera de ser arrancada para el festín.

Los Rollos Estigios relatan que fue el mayor de estos señores carroñeros quien, tras una de estas “cosechas” de humanos, caminaba satisfecho entre la masacre que había causado en uno de los mayores asentamientos y se sorprendió cuando de repente el silencio de la muerte fue quebrado por el sonido del llanto de un niño. Atraído, vadeó el mar de cadáveres y se internó en las nieblas venenosas, donde finalmente encontró un niño, pálido y hambriento, pero vivo donde ninguna vida debería haber sido posible. El señor contempló a esta cosa blanca e indefensa, claramente humana pero para sus sentidos alienígenas evidentemente mucho más, y consideró acabar con su existencia con un golpe de su guadaña, pero no lo hizo. Pues el ser, como todos los de su especie, no estaba ni muerto ni vivo del todo, y en este niño vio un trofeo que de otro modo jamás habría podido tener: un hijo y heredero. En medio de la carroña y los restos de la batalla, bautizó a la criatura “Mortarion”: aquel que ha nacido de la muerte.

Poniendo a prueba los límites del pequeño Primarca, su monstruoso padre adoptivo comprobó hasta qué punto Mortarion podía resistir la creciente toxicidad de las alturas de Barbarus, y construyó un bastión de piedra en el punto más elevado que Mortarion podía tolerar para que fuese su prisión y su lugar de entrenamiento, mientras que levantaba su propia mansión negra aún más arriba, donde los vapores habrían sido mortales hasta para un Primarca. En este refugio y prisión, rodeado por muros de piedra goteante y almenas cubiertas de espinas de hierro para mantener alejados a los enemigos de su “padre”, el joven Mortarion alcanzó la adolescencia en un mundo sin sol donde el mismo aire era veneno. Rodeado por la comodidad de una tumba abierta y con desgraciados horrores por sirvientes, el anciano monstruo inhumano que lo había reclamado para sí se convirtió en su único tutor. Allí fue entrenado para convertirse en un arma viviente, para luchar, dirigir y matar, y es imposible decir qué otros secretos aprendió de esa raza terrible sin nombre que había controlado Barbarus desde tiempos inmemoriales.

Se dice que el joven Mortarion devoró todo fragmento de información que cayó en sus manos, desde doctrinas de batalla a arcanos conocimientos mecánicos pasando por cirugía y vivisecciones, y resultó ser un alumno muy apto. Cuando se convirtió en un guerrero poderoso y letal, las habilidades de Mortarion fueron puestas a prueba de nuevo por su amo, pues las vendettas y guerras de los fúnebres señores eran incesantes y despiadadas, y pronto acompañó a su amo a la batalla y a las cosechas como un fiel guerrero junto al imponente gigante. El tiempo pasó y Mortarion creció rápidamente, mientras su fuerza e intelecto sobrehumanos florecían incluso en el ambiente sin luz y sin vida en el que había acabado por un funesto destino, y pronto empezó a hacer preguntas que su padre adoptivo no estaba dispuesto a responder con verdades.

La curiosidad de Mortarion se vio atraída cada vez más hacia las frágiles criaturas acurrucadas tras sus pobres defensas en los valles profundos, cuyos cadáveres proporcionaban la materia prima para los ejércitos y diversiones de los señores. Su amo, sintiendo el peligro, prohibió a Mortarion regresar a los valles, pero esto solo alimentó la obsesión del Primarca, y cuando finalmente Mortarion escapó de su hogar y se deslizó hacia la oscuridad, escuchó el sonido de las maldiciones arrojadas desde la miasma por un padre traicionado, prometiéndole la muerte si alguna vez regresaba. Desafortunadamente, la historia demostraría que el mortuorio señor que lo había criado y protegido no sería el último “padre” que tendría motivos para maldecir la deslealtad de Mortarion como hijo.

Solo y sin la niebla tóxica que seguía a los señores cuando descendían de las alturas, el sabor del propio aire fue una revelación para el joven Primarca, como lo fueron el aroma de la vida, el sonido del habla humana y la risa sin el salobre vapor de la podredumbre o el eco de la locura. Encontró inmediatamente la verdad que había temido: era pariente de aquellos a los que los amos acosaban, no de los propios amos, y su vida había sido toda una mentira. Mortarion juró en ese momento que aplicaría la justicia sobre los señores por las incontables generaciones de horror y pecado que habían perpetrado sobre su gente. Les llevaría la muerte.

Ganarse la confianza de los humanos salvajes de Barbarus no fue tarea fácil para Mortarion, no obstante, pues a pesar del parentesco que él sabía que había entre ellos, para la gente de Barbarus era un monstruo igual que el resto. El Primarca se alzaba sobre ellos como su fúnebre señor lo había hecho sobre él, su piel era cadavérica y sus ojos negros estaban vacíos y acosados por la pesadilla viviente que había vivido hasta entonces. Ser rechazado le dolió profundamente, pero Mortarion aguardó su momento, usando su gran fuerza y su inteligencia para ayudar a la gente como podía, levantando muros y trabajando sin descanso en los campos para cosechar las magras cosechas del asentamiento, sabiendo que el momento de probar su valía llegaría. Entonces, una noche al caer la oscuridad, llegaron los monstruos. Un señor menor y sus tambaleantes guerreros resucitados descendieron sobre el asentamiento de Mortarion para llevarse a todos los que no pudieran huir para convertirlos en los juguetes de su amo.

Con sombría determinación los aldeanos intentaron con todas sus fuerzas rechazar a las asediantes criaturas, pero sabían que estaban perdidos, pues este destino se había repetido muchas veces antes, y sin armas mejores que toscas cuchillas de hierro y antorchas no podían hacer muchos que prolongar la lucha antes de caer. Mortarion se unió a la lucha, blandiendo sobre su cabeza la guadaña de cosecha a dos manos que se había fabricado, cuya hoja era tan larga como la altura de un hombre. Atravesó las filas de los no muertos como un huracán y puso al sorprendido señor en fuga. Retirándose veloz a la niebla tóxica que había sido la defensa más segura de su especie contra los humanos desde tiempo inmemorial, los Rollos Estigios recogen que el deforme rostro del alienígena aún sonreía cuando Mortarion entró sin frenar en las nieblas venenosas y le cortó la cabeza. Fue el primero de ellos en caer en combate contra un humano en generaciones, pero no sería el último.

La victoria de Mortarion le había ganado la incrédula adulación de los aldeanos, y se convirtió en un taciturno y despiadado profeta que les prometía liberarles de los terrores que los habían perseguido, y por encima de todo, justicia y venganza. Caminó entre ellos enseñándoles lo suficiente de la guerra y la industria para que pudieran defenderse, y dirigiéndoles al combate allí donde iba tan implacable como la misma muerte. Pronto se extendió por todo el oscurecido mundo de Barbarus la leyenda de Mortarion y la rebelión se desató; donde una vez las “cosechas” habían sido masacres unilaterales, ahora se libraban auténticas batallas, y cada vez más a menudo eran los humanos salvajes, duros y sombríos, los que ganaban. Pero igual de a menudo los humanos se veían privados de su venganza, ya que los señores derrotados se retiraban a las nieblas tóxicas siempre que se veían amenazados, pues habían vivido tanto que guardaban celosamente su casi total inmortalidad y rara vez se arriesgaban a morir a manos de sus vengativos “juguetes”. Esto sucedía especialmente si Mortarion participaba en el combate, ya que ya se había convertido en un temido anatema para las fúnebres criaturas. Es posible que si hubieran dejado a un lado sus diferencias los señores habrían podido aplastar la rebelión actuando conjuntamente, pero su odio y desconfianza mutuos, afilados como una cuchilla a lo largo de milenios, aparentemente eran más fuertes que su furia y su temor hacia la rebelión y su instigador.

Con los oscuros poderes de Barbarus retirados más allá del impenetrable baluarte de las nieblas venenosas, Mortarion vio que la victoria y la justicia solo podían ser obtenidas llevando la lucha al enemigo: su pueblo necesitaba ser capaz de atacar a las criaturas de las alturas, no solo defenderse de sus depredaciones. A fin de hacer realidad este sueño de sangrienta venganza, Mortarion reclutó a los guerreros más duros y decididos de entre los humanos salvajes de Barbarus, y los entrenó sin descanso. Les hizo vestirse de pies a cabeza con toscas armaduras de hierro forjadas por fieles herreros convertidos en armeros, y los armó con pesadas cuchillas y armas de pólvora negra con bocas anchas diseñadas por él mismo. A esta panoplia añadió primitivos equipos de respiración, fruto de su formidable intelecto y de los esfuerzos de los mejores artesanos de los salvajes. Así nació la primera Guardia de la Muerte. Con este ejército a sus órdenes, la siguiente ocasión en que un señor de los osarios descendió de las ponzoñosas alturas con su horda de horrores creados quirúrgicamente y sus engendros carnosos cargados de tentáculos, fue recibido por Mortarion y su recién bautizada Guardia de la Muerte con una brutal batalla. El ejército rápidamente frenó y dispersó al enemigo, matando al señor y destruyendo a su deforme ejército de monstruos cuando intentaban retirarse de vuelta a la niebla tóxica.

La balanza del destino de Barbarus se había equilibrado al fin, y durante décadas la guerra continuó a medida que los señores y sus ejércitos fueron primero contenidos, y después aislados y destruidos sistemáticamente uno por uno. Cada pocos años las mejoras en las máscaras respiradoras de la Guardia de la Muerte y en la resistencia misma de sus salvajes soldados hacían que los contraataques de los humanos pudiesen ser llevados a alturas cada vez mayores y que otro dominio de pesadilla fuese asediado, incendiado y derribado. Décadas después de que Mortarion descendiese por primera vez de su hogar adoptivo original, solo el gran señor de los muertos que una vez se había proclamado padre de Mortarion seguía vivo, a salvo en su negra y fétida mansión en lo alto de la cima más alta de Barbarus. Allí las nieblas ponzoñosas deshacían las máscaras respiradoras y mataban en segundos, y hasta la fisiología de Primarca de Mortarion no podía resistir mucho tiempo.

Frustrado y privado de la victoria definitiva, el mundo de Mortarion empezó a quedar inesperadamente fuera de su control una vez más, ya que a su regreso de uno de esos costosos asaltos sin éxito a las alturas encontró su puesto de salvador repentinamente usurpado por un nuevo y brillante benefactor que había venido de las estrellas para salvar a su pueblo: el Emperador había llegado a Barbarus. Los Rollos Estigios recogen lo que parece ser un relato editado e inconsistente de los tratos de Mortarion con su creador, pero es evidente que los primeros encuentros no fueron bien, y que Mortarion estaba resentido hacia el Emperador tanto por su intervención como por su oferta de matar al último y más poderoso de los señores fúnebres al que él antaño había llamado padre. Parece que la discordia y el descontento reinaron en la reunión, y que pronto llegaron a un punto crítico. Se hizo un trato: si Mortarion podía derrotar al último señor sin ayuda y por su propia mano, el Emperador dejaría en paz a Barbarus y al Primarca y se marcharía. Sin embargo, si el amargado Primarca no podía cumplir su palabra, entonces el Emperador haría lo que él no había podido, y Barbarus formaría parte del Imperio y Mortarion le juraría lealtad absoluta al Señor de la Humanidad. Entre las protestas de su Guardia de la Muerte, el hostil e iracundo Mortarion aceptó y se aventuró en las alturas solo, resuelto quizás a morir si no podía alcanzar su objetivo. Pronto pasó de largo las ruinas destrozadas que habían sido su hogar y continuó subiendo, atravesando la negra y cáustica niebla que envolvía la sombría mansión del último señor de Barbarus. En esta letal cima el respirador del Primarca pereció al pudrirse los tubos de aire, y cada paso era cada vez más doloroso ya que su piel se inflamaba y los tejidos de sus pulmones y su garganta empezaban a licuarse y deshacerse, ahogándole. Finalmente, cuando ya podía ver su meta, Mortarion cayó de rodillas y mientras perdía la consciencia vio a la criatura inhumana a la que una vez llamó padre descender a por él para cumplir su promesa. Entonces surgió de la niebla una segunda y brillante figura. Era el Emperador, que golpeó al monstruo con su ardiente espada. Así fue Barbarus liberado y Mortarion salvado. Sin embargo, para la historia futura, Barbarus quedó condenado y Mortarion se vio privado para siempre de su venganza, sujeto por un juramento al servicio de un nuevo padre.

Una funesta reuniónEditar

150px-DeathGuard2.jpg

Marine de la Guardia de la Muerte pre-herejia

Fiel a su palabra, Mortarion se arrodilló ante su recién hallado padre tan pronto como se hubo recuperado lo suficiente para poder hacerlo, aunque su último acto de desafío en Barbarus dejaría cicatrices en su cuerpo y su mente que nunca se curarían del todo. Al ser un caudillo militar habilidoso por derecho propio, se le dio de inmediato el mando de la XIV Legión que portaba su legado genético, y él lo tomó en sus propios términos. Reuniéndolos ante él, una sombría y espectral figura envuelta en una túnica y portando la gran guadaña negra que había pertenecido a su horrible padre adoptivo, debió parecerles a los Incursores del Crepúsculo terranos que un avatar de las antiguas imágenes de la Muerte había acudido ante ellos para ser su nuevo señor. Sus palabras fueron simples y las pronunció en un duro susurro que de todas formas alcanzó a todos los presentes:

"Sois mis hojas intactas, mi Guardia de la Muerte. Por vuestra mano se aplicará justicia, y la muerte acechará a un millar de mundos."

Por este sencillo decreto los Incursores del Crepúsculo dejaron de existir, y los registros y anales posteriores a aquel día portarían este nuevo nombre para inspirar el miedo en los corazones de la Humanidad: la Guardia de la Muerte. En las décadas siguientes, la rebautizada XIV Legión luchó sin descanso al servicio de la Gran Cruzada, sin detenerse en la batalla bajo la mirada de su Primarca y persiguiendo la liberación de la Humanidad con un fervor que la Gran Cruzada no había conocido. Su incansable flota atravesaba el frío vacío de campaña en campaña, reaprovisionándose sobre la marcha, sin detenerse más que para guerrear. No establecían guarniciones, no construían fortalezas: solo derribaban y mataban fría y determinadamente, con el ritmo inexorable de una epidemia o un maremoto, y los mundos cayeron ante ellos.

Con el tiempo Mortarion moldeó el credo y las prácticas de la Guardia de la Muerte, con sus propias creencias formando una extensión natural de las de la Legión, y refinando y llevando al extremo las doctrinas de sus Astartes. En su centro se encontraba la inamovible determinación de que la Humanidad debería ser libre de la opresión y el terror. Esta libertad, a ojos del Primarca, solo podía obtenerse destruyendo a aquellos que podían encadenar y devorar a los humanos. Esta era una guerra que debía librarse sin piedad ni límites, sin frenos ni pausas. La batalla por el futuro de la Humanidad solo podía ser ganada soportando cualquier dureza, sin importar lo terrible que fuese, y sin apartarse de cualquier acto, fuese lo salvaje que fuese, que pudiese darles la victoria. Este único fin, la liberación de la Humanidad de acuerdo al credo de Mortarion, justificaba todos los medios.

Las décadas de lucha interminable cambiaron a la Guardia de la Muerte, y con el tiempo las influencias terranas sobre la Legión se hicieron cada vez menos visibles a medida que la panoplia de los Incursores del Crepúsculo y las tradiciones del Officio Militaris eran borradas en favor del sombrío credo guerrero de Barbarus. La desnuda ceramita gris-marfileña que Mortarion había favorecido para las servoarmaduras de la Legión se volvió cada vez menos adornada, salvo por nuevas marcas de jade oscuro creadas para imitar el barro resistente a la corrosión de las ciénagas de Barbarus que se aplicaba sobre las armaduras de hierro de los guerreros humanos que antaño habían servido al Primarca, y fue despojada de la antigua heráldica y de la influencia de Terra. Las estratificaciones marciales de los caudillos de la Vieja Terra fueron disueltas también, y al final el Librarius de la Legión fue disuelto debido al odio de Mortarion hacia la brujería que los terribles señores de Barbarus habían blandido antaño.

La Guardia de la Muerte se preocupó poco por los símbolos de rango, excepto el mínimo imprescindible para el reconocimiento en el campo de batalla, ni por los emblemas de honor o los adornos para conmemorar hazañas de valor. En vez de eso, lo más parecido que portaron los Marines Espaciales de la Guardia de la Muerte fueron las propias marcas del combate sobre su armadura, ya fueran las muescas provocadas por las hojas o las balas del enemigo, o las manchas corrosivas de un ambiente que nadie excepto la Guardia de la Muerte podría haber resistido. Siempre y cuando la armadura no quedase comprometida, esos daños se dejaban como señal de que no había nada que no pudiesen soportar, añadidos a la cada vez más siniestra apariencia de la Legión y a la reputación que se estaban ganando entre las demás Legiones.

A medida que nuevas levas de Marines Espaciales llegaban de Barbarus, el núcleo superviviente de origen terrano se convirtió en una minoría mientras la Gran Cruzada seguía atravesando las estrellas con la Guardia de la Muerte al frente de la lucha en los escenarios más infernales imaginables. Aunque quizás no fueran tan apreciados por su padre, el contingente de terranos se mantuvo testarudamente activo, formando una fuerza de duros veteranos a tener en cuenta dentro de la Legión, hasta que en la Atrocidad de Istvaan III Mortarion se apresuró a deshacerse de estos guerreros que habían servido fielmente a su macabro señor a pesar de cualquier desagrado que pudieran haber sentido. Su firme resolución a desafiar a la muerte y resistir haría a estos Guardias de la Muerte Leales alzarse contra aquellos que habían llamado hermanos en Istvaan III y cobrarse un sangriento precio en el bando Traidor, y sería uno de ellos, Nathaniel Garro, Capitán de Batalla de la 7ª Gran Compañía, quien con sus compañeros escaparía de la trampa del Architraidor y llevaría la noticia de la traición del Señor de la Guerra a Terra.

El Legado de BarbarusEditar

Bajo el mando directo de Mortarion, la XIV Legión cambió con una gran rapidez, algo que fue descrito de esta forma por un Iterador: "Un catalizador final fue añadido a alguna mezcla alquímica, efectuando un cambio violento que los transformó en algo al mismo tiempo dramáticamente diferente pero de algún modo prediseñado, incluso esperado."

La mera presencia de su Primarca pareció potenciar y amplificar características que siempre habían estado presentes en los Incursores del Crepúsculo hasta extremos nuevos e inauditos, mientras que otros aspectos de la naturaleza establecida de la Legión se desvanecieron como una muda de piel. La recién bautizada Guardia de la Muerte era despiadada, implacable y resistente. Era una marea de acero y ceramita que se estrellaba contra el enemigo sin importar las bajas o las pérdidas, absolutamente imparable en el asalto y casi indestructible en la defensa. La mano y la mente de Mortarion trabajaban en todas partes rehaciendo a su Legión, cambiando las doctrinas tácticas, el suministro de equipo y, según algunos, hasta la selección de candidatos y las prácticas del Apothecarion, aunque es mejor no pensar de dónde obtuvo el conocimiento necesario para interferir en esto último.

La descripción completa de lo que ocurrió en los primeros días del mando de Mortarion sobre la Legión jamás fue registrada o se mantuvo deliberadamente oculta. Las condiciones de Barbarus y los horribles seres que antaño gobernaron allí fueron escondidos del conocimiento del resto del Imperio, y aquellos que conocían la verdad callaron o, como Lackland Thorn, simplemente desaparecieron. Se cree que algunos restos de la progenie de los señores xenos aún acechaban en las montañas envueltas en niebla y en las profundas ciénagas, y se susurró que su pueblo debería haber sido eutanizado o trasladado a un mundo más “limpio” por el bien de la cordura de las futuras generaciones. Mortarion rechazó todo esto: Barbarus ahora pertenecía a su gente, declaró, que lo había comprado y pagado con generaciones de sangre y terror, y sus hijos más fuertes servirían ahora como reclutas para su nueva Guardia de la Muerte. De los humanos mortales que habían luchado junto a él en la Guardia de la Muerte original contra los señores de Barbarus, muchos se convirtieron ahora en los amos de ese mundo y conformaron una terrible aristocracia, mientras que los más jóvenes y fuertes se transformaron total o parcialmente en Astartes, sin importar la alta tasa de mortalidad que implicaba la inducción tardía, considerándola un precio pequeño con tal de seguir al servicio de su salvador Mortarion.

Las tasas de desgaste de la Legión de la Guardia de la Muerte eran terriblemente altas a pesar de su legendaria resistencia. De hecho, durante buena parte de la Gran Cruzada solo los Devoradores de Mundos y los Guerreros de Hierro llegaron ocasionalmente a superar su proporción de vidas perdidas en las conquistas del Imperio. Al hacerse necesario continuar reclutando, Barbarus se convirtió en pocos años en poco más que una especie de fábrica de nuevos reclutas para la Legión de la Guardia de la Muerte, y las levas de otras fuentes cuyos derechos poseía la Legión se redujeron a un simple puñado a menos que la presión de las bajas resultase demasiado grande. La resistencia de Mortarion a usar aspirantes de fuera de Barbarus solo flaqueaba por la necesidad de mantener la fuerza de su Legión a un nivel digno para sus ojos. No obstante, el reclutamiento exclusivo de barbaranos fue potenciado por la alta aptitud de la dura población salvaje para el proceso de conversión. Los humanos habían sufrido durante mucho tiempo allí y solo los fuertes sobrevivían, mientras que las exigencias de la vida en el mundo envenenado habían hecho a sus hijos inusualmente resistentes a las plagas y las toxinas, un factor que la semilla genética de la Legión amplificaría hasta niveles inauditos.

La Herejía de HorusEditar

Caos marines plaga putrefactores de la carne.jpg

Guardia de la Muerte durante la Herejía de Horus

Al comienzo de la Herejía de Horus, la mayoría de los Marines Espaciales de la Legión que se mantuvieron fieles al Emperador fueron masacrados por sus propios compañeros de armas en Istvaan III, incluyendo al Capitán Ullis Temeter.

Durante la Herejía de Horus, la Guardia de la Muerte se unió al Señor de la Guerra en muchas batallas y ataques contra el Imperio. Cuando Horus condujo a sus fuerzas contra Terra y el Emperador, el Primer Capitán de la Guardia de la Muerte, Calas Typhon, mató al Navegante de la nave insignia. Fingiendo saber pilotarla por sí mismo, el corrupto Calas Typhon llevó a la flota de la Legión a la Disformidad, pero en vez de llegar a la Sagrada Terra para defender al Imperio, las naves quedaron atrapadas y no pudieron regresar al Espacio Real.

Un enjambre de destrucción atacó a las naves mientras se encontraban en la Disformidad. Una pestilencia hedionda se filtró en los cuerpos de los tripulantes, les inundó los intestinos y les deshizo la carne, y mientras los Marines caían desmayados el enjambre se abalanzó sobre ellos y llenó de huevos las llagas que les surgían. En su desesperación, Mortarion ofreció su alma y la de su Legión a la Disformidad a cambio de ser liberados y de llegar a Terra para apoyar a Horus. El Dios del Caos Nurgle respondió a su plegaria y los corrompió sin medida, transformándolos en los guerreros grotescos que son ahora. Calas Typhon sacrificó su alma a Nurgle y heredó el enjambre destructor. Entonces las moscas se introdujeron en él y así se convirtió en Typhus, Heraldo y Campeón de Nurgle.

Deathguard.jpg

Marine de la Guardia de la Muerte post-herejia

Varios Marines Espaciales de la Guardia de la Muerte, el Capitán de Batalla de la Séptima Gran Compañía Nathaniel Garro y un Lobo Lunar, Iacton Qruze, que renunció a su condición de Hijo de Horus, se mantuvieron leales al Emperador. Ellos formaron parte de la tripulación de la Eisenstein, una fragata que consiguió romper el bloqueo de las Legiones Traidoras en el Sistema Istvaan con el fin de llevar la noticia de la caída de Horus al Caos al Emperador en Terra.

A pesar de los esfuerzos de Garro, las fuerzas de Horus sitiaron Terra y el Palacio Imperial. Después que los Titanes de la Legio Mortis abrieran una brecha en la muralla defensiva del Palacio Imperial, las Legiones Traidoras, incluyendo la Guardia de la Muerte, se lanzaron a su interior sólo para encontrarse a las fuerzas Leales dirigidas por los Primarcas Rogal Dorn y Sanguinius. Está registrado que Mortarion dirigió personalmente a sus pustulentos Marines de Plaga en la lucha más encarnizada del día.

Tras la HerejíaEditar

Después de la derrota de Horus, Mortarion se retiró con su Guardia de la Muerte arrasando una veintena de planetas, hasta que finalmente se refugió en el Ojo del Terror. Allí recibió la recompensa final de Nurgle y se convirtió en Príncipe Demonio de pleno derecho, gobernando sobre el Planeta de la Plaga. Desde allí Mortarion envía sus flotas de Pecios de Plaga a la Disformidad para que lleven sus epidemias a lo ancho y largo de la galaxia.

CreenciasEditar

350px-Death Guard Chaos Dreadnought.jpg

Dreadnought de la Guardia de la Muerte tras la Herejía de Horus

Originalmente, la Guardia de la Muerte creía que los seres humanos debían estar libres de la opresión y que las dificultades debían enfrentarse con la fe en la fuerza interior y con fuerza de voluntad. Durante la Herejía, estas creencias se convirtieron en desprecio por los débiles y en la convicción de que las personas no estaban en condiciones de juzgar por sí mismas lo que era mejor para ellas.

Cuando la Legión fue atrapada e infectada por Nurgle en la Disformidad, su arrogancia y desprecio por la debilidad se volvió contra ellos. Su entrega a Nurgle les hizo odiarse a sí mismos y ahora buscan difundir la ruina y la decadencia con el fin de que su propio destino les sea menos vergonzoso.

OrganizaciónEditar

Antes de la HerejíaEditar

Antes de reunirse con su Primarca, los Incursores del Crepúsculo seguían muy de cerca el reparto de armas estándar y los patrones organizativos diseñados para las primeras Legiones por el Officio Militaris. En los registros la XIV Legión de este periodo aparece capacitada para múltiples modos de guerra, aunque con cierta inclinación hacia las formaciones de asalto pesado y las guerras de desgaste, como lo demuestra el uso generalizado de armas de corto alcance en sus unidades especializadas. Con Mortarion como señor, muchas cosas dentro de la Legión, incluyendo su estilo de combate, cambiaron dramáticamente con el tiempo. Él era en el fondo un soldado de infantería, y en la Guardia de la Muerte vio la ocasión de perfeccionar el principio del guerrero utilitario a pie que pudiera ir a cualquier parte, luchar en cualquier terreno y destruir a cualquier enemigo mediante la resistencia, la resolución y la agresión implacable. Siguiendo esta doctrina, las formaciones de escuadras no eran estáticas como en la mayoría de Legiones, sino que eran formadas, reformadas y ordenadas en función de la necesidad. A este fin, un Legionario de la Guardia de la Muerte era entrenado para ser igual de experto en cualquier papel de infantería que pudiera tener que realizar en el campo de batalla en lugar de centrarse en un rol específico. De este modo, un mismo Astartes podía actuar como Marine Táctico en una batalla, como artillero de un arma de apoyo en otra y así sucesivamente, de forma que solo los Tecnomarines y otros puestos altamente especializados se mantenían separados.

Fundamentalmente, la Legión de la Guardia de la Muerte se organizaba en torno al principio de equipar a cada Marine Espacial lo mejor posible, para que pudiera resistir y prevalecer contra cualquier enemigo que encontrase, y operar durante periodos extendidos sin reaprovisionarse ni recibir apoyo si era necesario. Este era un dogma defendido por Mortarion que fue rápidamente adoptado por toda la Legión, ya que venía a reforzar la independencia y seguridad con la que habían luchado los Incursores del Crepúsculo. Bólter, fusión y llamas eran ahora la trinidad de armas en la que se basaba su equipo ahora, manteniendo las necesidades de suministros al mínimo. Otros tipos de armas de disparo eran desplegados en escasas cantidades solo según dictasen la situación táctica o la naturaleza del enemigo. Cada Guardia de la Muerte también llevaba consigo un arma de combate cuerpo a cuerpo: anchas cuchillas de trinchera, guadañas y pesados kukra de Barbarus, forjados en densa cerámica negra; estas brutales y eficaces armas pronto se convirtieron en emblema de la Legión. Esta confianza en herramientas bélicas simples pero efectivos era una manifestación externa de la creencia central de la Legión en que el propio Marine Espacial era la mayor arma de que disponía el Imperio, una máquina incansable de guerra ante la cual cualquier enemigo acabaría por sucumbir, o como dijo Mortarion a su Legión:

"Un hombre puede asesinar a un mundo entero si se le da el tiempo suficiente y la fuerza para blandir la cuchilla una y otra y otra vez hasta que el trabajo de la muerte esté hecho."
Mortarion

La Guardia de la Muerte dependía casi exclusivamente de su infantería para obtener fuerza estratégica, y la mayor parte de su potencia de fuego de apoyo táctico procedía de Escuadras de Apoyo pesadamente armadas, y más adelante también de un considerable número de Exterminadores y Dreadnoughts que proporcionaban refuerzos y puntas de lanza en caso de necesidad, siguiendo una tradición iniciada por los Incursores del Crepúsculo. Este enfoque fue también una de las razones por las que la Guardia de la Muerte desarrolló un historial particularmente admirable en la purificación de pecios espaciales infestados de alienígenas y en la destrucción de ciudadelas y fortalezas desde dentro. Aunque la Legión mantenía y utilizaba vehículos blindados de transporte, apoyo y línea (ya que Mortarion no permitiría que sus fuerzas fuesen rodeadas, aisladas o dejadas en evidencia por carecer de ellos), estos no recibieron ninguna prioridad en su doctrina táctica. Las únicas excepciones a esta regla eran las unidades especializadas en el asedio, como el Vindicator, que era desplegado en un número des-proporcionadamente alto por la XIV Legión, junto con escuadrones de Tanques Superpesados Fellblade y Land Raiders Spartan en las guerras masivas. Es notorio, visto con perspectiva (y en especial en la Atrocidad de Istvaan III) que un número relativamente alto de las tripulaciones de vehículos de combate de la Legión de la Guardia de la Muerte eran de origen terrano hacia el inicio de la Herejía de Horus, mientras que las unidades de choque más pesadas, y en particular las equipadas con armadura de Exterminador, procedían de Barbarus.

Jerarquía de MandoEditar

Cuando el recién descubierto Primarca fue puesto al mando de su Legión, los demás Primarcas y los Lords Militantes del Imperio aguardaron sin duda con expectación a ver qué tipo de guerrero sería esta macabra adición a las filas de los hijos del Emperador. La respuesta llegó de una forma quizás inesperada, ya que Mortarion demostró desde sus primeras batallas que era uno de los mejores comandantes de campo que la Gran Cruzada había visto jamás, siempre en el frente de sus tropas para aplastar a sus enemigos. El misterioso Primarca tenía una percepción sobrenatural de los cambios en el ritmo de la batalla, y de cuándo y dónde las fuerzas bajo su mando (a veces a miles de kilómetros de su propia posición) deberían mantener la posición o avanzar para lograr un efecto brutal. Muchos de sus contemporáneos, e incluso sus comentaristas, han subestimado su afiladísimo intelecto y su inclinación por la simplicidad y la eficiencia organizativas. Estos factores, combinados con su capacidad para inspirar una lealtad fanática en aquellos de sangre de Barbarus, que le veían como poco menos que un salvador casi divino, permitieron a Mortarion rehacer a su Legión como un instrumento de su voluntad. De todas las Legiones, se decía que la Guardia de la Muerte era una sola entidad con un solo propósito y un solo cuerpo.

La obediencia y el orden en las filas de la Guardia de la Muerte eran absolutos y se daban por hecho, y una clara e ininterrumpida cadena de mandos recorría como la sangre las venas de la Legión. Los Legionarios eran extensiones de la voluntad de su Sargento, los Sargentos de la de su Capitán, y los Capitanes de su comandante, y de este modo todos eran instrumentos en cuerpo y alma de Mortarion. Pocos rangos o divisiones formales más existían, excepto en funciones muy especializadas, a menudo técnicas, y cada miembro de la Legión sabía su lugar y la importancia y tareas de los que le rodeaban sin tener que recurrir a la heráldica o los símbolos. Todos obedecían los decretos de Mortarion sin rencor o disensión, y según los testigos externos las rivalidades y conflictos internos eran escasos, especialmente en comparación con Legiones más problemáticas como los Amos de la Noche o los Lobos Espaciales. Cuando un oficial moría en combate, su sucesor ocupaba su puesto rápida y decisivamente sin necesidad de órdenes o discusión, y por ello la cadena de mando de la Legión no tenía fisuras ni siquiera al sufrir las bajas más terribles, lo que contribuyó a la reputación de resistencia de la Guardia de la Muerte.

Mortarion reordenó la Legión en general en siete "Grandes Compañías" de un tamaño mucho mayor que el que establecían las estructuras organizativas estándar; al parecer, el número siete y sus derivados tenían un significado oculto y ritual para Mortarion y para la cultura de su terrible mundo de adopción. Teóricamente, cada Compañía debía componerse de unos 70000 Marines Espaciales, deseándose que la Legión al completo contase con unos 490000 Astartes, aunque en realidad jamás se alcanzó una cifra ni lejanamente parecida. El desgaste y el derramamiento de sangre, así como los límites de tiempo y de recursos, hicieron que la Legión nunca llegase a ese tamaño, pero el número representa como poco un ejemplo de la ambición de Mortarion.

Las unidades de élite, los guerreros favoritos o selectos distinguidos del resto y las subformaciones dentro de la Legión de la Guardia de la Muerte eran también notoriamente escasas en comparación con el resto de Legiones, con solo unas pocas excepciones de entre las que destacaban especialmente los llamados Sudarios de Muerte. Seleccionados personalmente por Mortarion, eran guerreros veteranos escogidos por su habilidad con las armas, su carencia de miedo y su resistencia, y a menudo eran Guardias de la Muerte que habían sobrevivido cuando sus otros camaradas habían muerto, frecuentemente convertidos en “el último hombre” de una fuerza de asalto o una defensa particularmente sangrienta. Los Sudarios de Muerte conformaban la silenciosa escolta de Mortarion, y tanto en paz como en guerra se decía que al menos dos de ellos permanecían a un máximo de cuarenta y nueve pasos de su Primarca en todo momento.

Armas temiblesEditar

Hay que destacar que la Guardia de la Muerte bajo el mando de Mortarion rápidamente quedó más asociada al uso de armas alquímicas y radiactivas que ninguna otra Legión, oscureciendo aún más su reputación entre sus Hermanos de Batalla. Simplemente, el uso de gas tóxico, el fuego reptante del Phosphex y las contaminadas balas radiactivas no agraviaban a su honor como ocurría en otras Legiones, mientras que Mortarion era un maestro de tales armas y un estudiante de las artes de la guerra más horribles, y por tanto no tenía reparos en usarlas contra cualquiera que amenazase a la humanidad. Además, aunque la fisiología Astartes estaba diseñada de por sí para resistir a tales venenos y contaminaciones, la Guardia de la Muerte era superior en ese aspecto. La exposición a un patógeno o toxina que mataría a un humano desprotegido en segundos supondría solo una molestia o estorbo para un miembro de las Legiones Astartes, pero a la Guardia de la Muerte a menudo ni le afectaba. Esto hizo que la XIV Legión fuese desplegada cada vez más a menudo en zonas de guerra en las que había condiciones infernales y letales, ya fuesen atómicas, bacteriológicas o químicas, y allí destacaba ampliamente. La Gran Cruzada, después de todo, había sido emprendida para conquistar mundos y no para destruirlos, salvo que no hubiera alternativa, pero en tales escenarios, ya contaminados más allá de toda esperanza e inadecuados para la vida humana, las habituales advertencias y protocolos que restringían el uso de armas contaminantes por orden del Emperador no solían aplicarse. Esto dio lugar a que la Legión se viese cada vez más asociada a las guerras más terroríficas, y dentro de ellas, al uso de las armas más terribles.

Un timbre de horror y olor a osarios pareció adherirse entonces a la Guardia de la Muerte, mucho antes de que estallase la Herejía de Horus, y llegaron a ser rehuidos y mantenidos bajo sospecha por las demás Legiones, algo que jamás había ocurrido a los Incursores del Crepúsculo, aunque en realidad se puede debatir cuánto de esto tenía que ver con su siniestro Primarca más que con la propia Legión. El propio Mortarion se relacionaba poco con los otros Primarcas, salvo por Horus y Curze ocasionalmente, que eran quizá los más parecidos a él mismo, mientras que otros como Perturabo y Lion El'Jonson le rechazaban activamente. Se dice en algunas fuentes que mucho antes de que traicionase a su segundo padre, Mortarion y su Guardia de la Muerte fueron vistos con tanta suspicacia que el vigilante Corax y el resuelto Guilliman habían expuesto por separado y en persona sus recelos tanto hacia las operaciones de la Guardia de la Muerte como hacia las auténticas lealtades de su macabro y hermético señor. Si esto es cierto, entonces el Emperador desestimó sus preocupaciones por creerlas sin fundamento, y al hacerlo cometió un trágico error y quedó sellado el oscuro destino de la XIV Legión y su Primarca.

Disposición bélica al inicio de la HerejíaEditar

A diferencia de algunas Legiones, cuyas fuerzas estaban a menudo repartidas en diversos destacamentos, mandos y campañas, la Guardia de la Muerte estaba acostumbrada a luchar como una unidad. Así fue cómo la XIV Legión llegó al Sistema Istvaan con casi todas sus tropas disponibles, cifradas aproximadamente en 95000 Marines Espaciales, 70 naves capitanas y quizás el triple de astronaves menores de escolta y de ataque.

Durante un tiempo considerable antes de la traición, la Guardia de la Muerte había luchado junto a los Hijos de Horus en el norte galáctico, bien atacando objetivos de ambientes extremadamente peligrosos junto a unidades especializadas, bien uniéndose a combates en campo abierto como un yunque irrompible contra el que las fuerzas de otras Legiones atrapaban y aplastaban al enemigo.

Se cree que en la primera oleada de la Batalla de Istvaan III se desplegó un poco menos de un tercio de la Legión, compuesto por los principales elementos de sus 2ª, 5ª y 7ª Grandes Compañías, así como un destacamento de Fellblades y equipo de asedio. Esto comprendía no solo el grueso de los terranos de la Guardia de la Muerte, sino también a muchos otros Astartes, formando una fuerza de combate efectiva para retomar el mundo rebelde. No se sabe si estos elementos no terranos también eran vistos con desconfianza por su amo Mortarion con vistas a sumarse a la rebelión contra el Emperador, o simplemente considerados un sacrificio necesario dentro del plan del Señor de la Guerra.

Dada la naturaleza observada de la Legión, quizás resulte muy sorprendente que a pesar de su unidad de propósito y la inamovible lealtad de su Guardia de la Muerte, Mortarion simplemente desconfiase en algunos de sus soldados, particularmente aquellos procedentes de Terra, y por ello conspirase para destruirlos despiadadamente en Istvaan III. Por ello, la traición de Mortarion fue la más profunda y amargamente se sintió entre aquellos a los que despreció, burlándose de una lealtad que se convirtió en un ardiente odio hacia su antiguo señor. Irónicamente, fueron la doctrina de resistencia y autosuficiencia de Mortarion y la experiencia de la Legión en combates en campos de batalla letales las que permitieron a los traicionados de la Guardia de la Muerte responder rápida y eficazmente a su peligrosa situación, pues parece que proporcionalmente más de ellos sobrevivieron al bombardeo vírico inicial que en ningún otro destacamento Astartes dejado allí a su suerte, y su tozuda resistencia y voluntad de luchar a pesar de su inferioridad numérica les permitieron convertirse en una gran espina en el costado Traidor.

Tras la HerejíaEditar

Caos marine de la plaga.jpg

Marine de la Plaga

La Guardia de la Muerte está compuesta principalmente de Marines de Plaga y todavía siguen la doctrina que su Primarca Mortarion les enseñó. Sus tácticas se basan en el empleo de la infantería a pie y el uso constante de sus Bólteres. Todos los vehículos que se encontraban en posesión de la Guardia de la Muerte en el momento de la Herejía de Horus han caído en el abandono o son tripulados por Nurgletes.

La Guardia de la Muerte hace pleno uso de los dones de Nurgle, avanzando sólidamente en medio de una niebla de enfermedad y de asfixia, con los pies rodeados de Nurgletes e invocando horribles Portadores de Plaga procedentes de la Disformidad. En las batallas mayores, cuyo resultado es de la mayor importancia, un decadente Príncipe Demonio de Nurgle o un Campeón poseído por una Gran Inmundicia pueden tomar el mando del ejército.

La Guardia de la Muerte organiza sus escuadras en múltiplos de siete, basándose en el número sagrado de Nurgle.

FlotaEditar

Caos marine de plaga guardia de la muerte.jpg

Marine de Plaga

Aunque no era tan grande en número como las flotas de guerra de algunas Legiones (principalmente los Puños Imperiales, los Hijos de Horus y los Ángeles Oscuros), al final de la Gran Cruzada la Guardia de la Muerte poseía una gran proporción de navíos capitales pesados, muchos de los cuales no solo tenían un tamaño y un poder considerables, sino que eran únicos, reliquias de la Era Oscura de la Tecnología. Los nombres de estas naves habían entrado en la leyenda mucho antes de la Gran Traición, y seguirían vivos y cubiertos de infamia durante mucho tiempo después, como la Barcaza de Batalla Guadaña del Segador, que a menudo servía como la nave insignia de Mortarion y como el escenario de muchos de los ritos de la Legión. Otras eran la Terminus Est, una superviviente de la Era Oscura que se creía que era mejor que cualquier nave imperial de su clase en servicio, mientras que el Cuarto Jinete estaba configurado como un ariete capaz de hacer descensos a superficies planetarias a pesar de su tremendo tamaño. Quizás la nave con peor reputación antes de la Herejía era el acorazado Mia Donna Mori, una máquina de destrucción que transportaba en sus bodegas blindadas suficiente armamento químico y biológico de clase Exterminatus como para extinguir la vida de todo un Sector si era desatado.

Durante la Herejía de Horus, se sabe que la Guardia de la Muerte contaba con estas naves:

  • Resistencia - Nave Insignia.
  • Voluntad Indomable - Nave Insignia.
  • Espectro de Muerte - Nave Insignia.
  • Inmortal - Nave Insignia.
  • Inquebrantable - Barcaza de Batalla.
  • Valle de Halos - Transporte de suministros (destruido).

Salvo la Eisenstein, es bastante probable que todas estas naves se vieran atrapadas en la Disformidad en el momento de la traición de Typhon. La Terminus Est sigue existiendo, así como la Garra de Plaga, que probablemente sea una de las Naves Insignia antes mencionadas, renombrada para ajustarse al Culto de la Legión.

Miembros conocidosEditar

Durante la HerejíaEditar

Deathshroud.jpg

Los Sudarios de Muerte.

  • Holgoarg - Capitán.
  • Ujioj - Capitán.
  • Kargul - Dreadnought.

Tras la HerejíaEditar

Naves conocidasEditar

Warhammer 40k Guardia de la Muerte Nurgle.jpg
  • Voluntad Indomable - Nave activa durante la Herejía.
  • Incondicional (Barcaza de Batalla) - Activa durante la Herejía, sufrió graves daños durante el Alzamiento de Pasiphae.
  • Aguijón de Barbarus - Nave activa durante la Herejía.
  • Señor de Hyrus - Nave activa durante la Herejía.
  • Inmortal - Nave activa durante la Herejía.
  • Espectro de Muerte - Nave activa durante la Herejía.
  • El Valle de los Halos (Transporte de Suministros) - Destruido en el Enfrentamiento Arcturano.
  • Cuarto Jinete (¿Barcaza de Asalto?) - Nave activa durante la Herejía.

GaleríaEditar

Leer másEditar

Lista de Ejércitos de Marines Espaciales.

Lista de Legiones Traidoras y Capítulos Renegados.

FuentesEditar

Extraído y traducido de Lexicanum Inglés.

  • Index Astartes III: Los Perdidos y los Condenados.
  • Codex: Marines Espaciales del Caos (4ª Edición).
  • La Huida de la Eisenstein, por James Swallow.
  • Herejía de Horus: Visiones de Muerte, por Alan Merrett.
  • La Galaxia en Llamas, por Ben Counter.

Spotlights de otros wikis

Wiki al azar