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Maestro Administratum 3.jpg El Archiescriba Primuscriptor, mascota del Imperio de la Humanidad, ha marcado este artículo como propiedad del Adeptus Terra. Pulsa sobre él para aprender más sobre los dominios del Emperador.

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Icono de esbozo Por orden de su Santísima Majestad, el Dios-Emperador de Terra. La Sagrada Inquisición declara este artículo En Construcción por nuestros escribas. Si encuentra algún problema o falta de devoción por su parte, notifíquelo, un acólito del Ordo Hereticus estará encantado de investigarlo.
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El Emperador en el Trono Dorado, por John Blanche.

El Emperador es el gobernante supremo del Imperio de la Humanidad, adorado como el Dios Emperador por el Culto Imperial y como el Omnissiah por el Culto Mechanicus. Este ser inmortal nació en la Prehistoria de Terra, y lanzó las Guerras de Unificación y la Gran Cruzada para restablecer los lazos entre las colonias humanas aisladas por la Era de los Conflictos. Sin embargo, la mitad de los Primarcas que creó se rebelaron contra él bajo el mando de su favorito, el Señor de la Guerra Horus, y aunque la cruenta guerra civil conocida como la Herejía de Horus concluyó con la muerte del Architraidor, el Emperador quedó físicamente destrozado y hubo de permanecer conectado para siempre a los sistemas de soporte vital del Trono Dorado, sin poder comunicarse ni reaccionar como un ser vivo. Desde entonces han pasado diez mil años, pero su dominio sigue aplicándose a lo largo y ancho de la galaxia por sus sucesores, los Altos Señores de Terra.

Aviso: Trasfondo en proceso de actualización

El contenido de este artículo procede en su mayor parte del libro Realm of Chaos: The Lost and the Damned, publicado por Games Workshop en 1990. Aunque en general se corresponde con la visión tradicional del Emperador y su vida, es probable que en las sucesivas ediciones y novelas se hayan introducido cambios en el canon que tenemos que comprobar cuidadosamente. Iremos publicando la información recolectada edición a edición en una serie de wikiblogs hasta ponernos al día. Disculpad las molestias, y aguardad con paciencia.

Bibliotecario Traductor Jefe Aresius King (discusión) 20:50 7 dic 2016 (UTC)


Historia

Gracias al Culto Imperial a millones de personas les son familiares las fábulas sobre el Emperador. Los niños cantan sus alabanzas y escuchan historias sobre su vida. Este es el Emperador que la humanidad conoce: El Emperador del Culto Imperial. Tal es el poder del culto y tan grande es la necesidad del hombre de creer en su autenticidad que nadie cuestiona su autoridad.

En cuanto al Emperador, no ha hablado ni se ha movido en los últimos diez mil años. Así, la verdadera historia de la extraordinaria vida del Emperador previa a su encarcelamiento en el preservador Trono Dorado ha sido ahora casi completamente maquillada por la pía doctrina de la Eclesiarquía.

El Emperador nació en la región de la tierra conocida como Anatolia Central en el octavo milenio antes de Cristo, un lugar de áridas montañas y fríos arroyos. Con el despertar de la Disformidad, la humanidad yacía desnuda ante sus energías.

La disformidad es un universo alternativo compuesto enteramente de energía psíquica generada por los pensamientos, emociones y actividad intelectual de los seres vivientes. La disformidad, en mucha menor medida, está también influida por plantas y animales. A veces se la conoce como el Mar de Almas debido a su espiritual reflejo de la vida, pero también es conocido como el Reino del Caos o el Empíreo. Cuando el universo era joven, la disformidad estaba compuesta por las energías de plantas y primitivos animales y esas energías psíquicas eran relativamente inofensivas; fluían armoniosamente y con fluidez a través de todo lo vivo. Con la evolución de los seres inteligentes, sus potentes mentes llenaron la disformidad con energías nuevas y poderosas.

Las energías naturales de la disformidad eran armoniosas pero las almas de los hombres eran problemáticas, obsesivas, guiadas por la culpa, o imperfectas. Estas energías negativas se congregaron en la disformidad, uniéndose a otras por atracción mutua, hasta que formaron problemáticos puntos de disonancia, como si se tratase de un tumor en un animal. Eventualmente estas fuerzas disonantes se convirtieron en los Poderes del Caos, las entidades psíquicas a las que hoy nos enfrentamos y que llamamos demonios. Fueron creados de los miedos, represiones e insuficiencias de los seres inteligentes.

En los primeros tiempos de la vida del Emperador los Poderes del Caos no eran fuertes y solo acumularon poder cientos de años después.

Desde que los primeros humanos primitivos evolucionaron, las especies desarrollaron una especial relación con la disformidad. Los simples cazadores y recolectores de los primeros tiempos reconocieron las fuerzas naturales que fluían a través de todas las cosas vivas. Aquellos que podían predecir el futuro y sentir el flujo de la energía disforme eran conocidos como chamanes o curanderos tribales. Usaron sus poderes para beneficiar a su gente.

Mientras el número de humanos se incrementaba y la civilización humana crecía desde sus raíces naturales, las particulares energías disformes creadas por los humanos comenzaron a dominar la disformidad. Allí donde las energías de la naturaleza eran armoniosas y benignas, las energías de los hombres eran a menudo impredecibles y peligrosas. Poder, ambición, codicia, lujuria y cientos de otros sentimientos humanos enraizaron en la disformidad y comenzaron a crecer. Al hacerse más poderosos y numerosos los pensamientos de los hombres, los ritmos naturales de la disformidad se vieron interrumpidos y se volvieron menos accesibles a los chamanes. Inevitablemente, el proceso de civilización dañó los lazos de la humanidad con las fuerzas naturales de la disformidad, y crearon otras nuevas basadas en su propio carácter. Con el tiempo las fuerzas disonantes crecieron y se transformaron en los Poderes del Caos.

El Emperador nació mientras el ritmo de la disformidad aún fluía con fuerza a través de todas las cosas naturales. Los viejos chamanes eran guiados por la disformidad y en su vuelta guiaban a su pueblo. Pero el crecimiento del poder de la humanidad se estaba dejando sentir, y los chamanes temían que todo su conocimiento llegara a desaparecer. Las energías de las que dependían se volvían más y más difíciles de controlar. Aún peor, estaban perdiendo su habilidad para reencarnarse. Cuando un chamán moría su espíritu fluiría por la disformidad, bañándose en sus energías, esperando el momento en que encontrara un nuevo cuerpo. Por este motivo los chamanes nunca morirían. Pero ahora esas almas eran consumidas por los malignos Poderes del Caos.

Aterrorizados por el futuro de su raza, todos los chamanes de la tierra se reunieron en un lugar y comenzaron el más largo e importante debate en la historia de la humanidad, un cónclave que transcurrió durante varios siglos y que condujo al nacimiento de un nuevo hombre.

Después de cientos de años de debates e investigación los chamanes se dieron cuenta de que estaban malditos, pero que sin ellos la raza humana no sobreviviría. Si continuaban como hasta entonces solo serían capaces de sobrevivir una o dos reencarnaciones y una vez finalizado dicho plazo, las entidades psíquicas podrían llegar a consumir el planeta.

Los chamanes decidieron reunir sus propias energías reencarnándose en un único cuerpo. Los cientos de chamanes del cónclave realizaron un ritual el cual culminaron tomando al unísono un poderoso y letal veneno. Todos ellos, sin ninguna excepción, murieron en aquel momento y su estirpe raza desapareció para siempre de la tierra. Un año después nació un hombre, la reencarnación de todos los chamanes. Ese hombre insólito sería posteriormente conocido como el Emperador.

El Emperador y la Historia Humana

El Emperador era poseedor de innumerables dones. Era capaz de aliviar el sufrimiento de otros y leer las mentes de las personas. Pero lo más importante, era inmortal y por lo tanto viviría para siempre. Los chamanes se aseguraron especialmente de esto porque el fenómeno de la reencarnación sería imposible de conseguir muchos siglos después. Al ser inmortal el Nuevo Hombre no tendría necesidad de reencarnarse de nuevo. Permanecería inalterado toda la eternidad.

Durante treinta y ocho milenios el Nuevo Hombre caminó sobre la tierra y a través de la historia humana. Al principio se limitaba a observar el mundo a su alrededor, pero pronto empezó a ayudar allá donde podía, aplicando su antigua sabiduría para extender un gobierno eficiente entre los pueblos, optimizando las cosechas y el cuidado de animales, y fomentando la tecnología y la paz. Además, aquel Nuevo Hombre siempre utilizó su influencia con cuidado, adoptando el aspecto de un hombre normal, y sin revelar su verdadera naturaleza.

Durante milenios el Emperador observó el desarrollo de la raza humana. Viajó por todo el globo, estudiando y ayudando, a veces incluso, adoptando la personalidad de un gran líder o consejero. En tiempos de peligros se convertía en un cruzado, un líder religioso o un mesías. En otros momentos permanecía contribuyendo a los eventos en un segundo plano, un consejero de reyes, un cargo de la corte, un científico pionero, etc. Muchas de las apariencias que tomó eran humildes, pero otras se convirtieron en monumentales figuras de la historia o la religión. En los momentos de crisis él estaría allí, dirigiendo la carrera de la raza humana a lo largo de un estrecho camino que sólo él podía ver.

El Emperador y los Poderes del Caos

El aumento y prosperidad de la raza humana tuvo repercusiones en la disformidad ya que esta se fue distorsionando paulatinamente e incrementó de un modo tal que su flujo no podía continuar sosteniendo el planeta como una vez lo hizo. A pesar de los esfuerzos del Nuevo Hombre para promover la paz y la armonía, el carácter humano no podía suprimir sus valores instintivos de ambición, desafío y autosatisfacción.

Los Poderes del Caos sintieron la presencia del Nuevo Hombre y los esfuerzos que este hacía por reprimir los poderes oscuros de la disformidad y detener su crecimiento. Incluso antes de alcanzar la plena conciencia los Poderes del Caos reconocieron en el Emperador a su gran enemigo. Khorne fue el primero en despertar totalmente y al hacerlo, una Era de guerras y conflictos rugió sobre la tierra. Tzeentch fue el siguiente, y naciones y políticas maduraron hasta la adultez con todas su intrigas implícitas y dobles sentidos. Nurgle fue el tercero en despertar y las plagas se extendieron sobre los continentes clamando almas para el Señor de la Podredumbre. A finales de la edad media los tres Poderes del Caos habían despertado y eran plenamente conscientes. El cuarto poder, Slaanesh, aún dormía y su ascensión coincidió con la Caída de los Eldars.

El Nuevo Hombre supo que mientras la humanidad estuviese encadenada a su propio sistema solar estaría condenada. A lo largo del segundo, tercero, y cuarto milenio, el Nuevo Hombre fue esencial en el desarrollo de la tecnología espacial. Pronto hubo colonias humanas por toda la galaxia.

En aquel momento el Nuevo Hombre se deshizo de su falsa envoltura y se convirtió en el Salvador de la Humanidad, el Emperador.

Durante los cientos de años precedentes al nacimiento de Slaanesh, el Emperador buscó establecer su gobierno sobre la tierra y moldeó a su gente para crear un ejército leal. Entonces empezó a planear la reconquista de la galaxia anticipándose a la dispersión de las tormentas de disformidad alrededor del planeta.

Personalidad del Emperador

El Emperador, supremo gobernante de la raza humana y el mayor organizador de la misma, resulta una personalidad interesante. En los pocos textos donde aparece antes de su Ascensión al Trono Dorado es visto como un individuo contradictorio, pues alterna el comportamiento de una divinidad benevolente con las debilidades de un ser humano común: en otros momentos se le podría juzgar como un ser despótico. Se sabe que es incapaz de sentir emociones negativas tales como el miedo, el odio, la ira, etc.; sin embargo, en su trato con los primarcas se muestra obsesivo, inconsecuente, apasionado, en ocasiones irracional, ignora ciertos hechos que cualquier otro hubiera dado por sentado, confía allí donde otros hubieran recelado...

Basta destacar su duelo final con Horus, en el cual su principal pensamiento es la preocupación y deseo de redención por su hijo pródigo, que se ha pasado al bando contra el que ha luchado con denodado esfuerzo. Y sólo al ver la crueldad de la que es capaz Horus al asesinar a su hermano primarca Sanguinius de los Ángeles Sangrientos y después de que éste hubiera tenido que atravesar una nave poseída por las fuerzas del Caos para llegar a donde estaba su señor, lo mueve a actuar.

Esto nos revela el verdadero ser del Emperador, un humano, con poderes divinos cierto, pero también con una misión y deberes que implican una pugna contra todo un universo hostil a la humanidad. En el fondo, se podría decir que la capacidad de amor del Emperador hacia la humanidad es su mayor debilidad pero también su mayor fortaleza; sin aquel amor casi ciego (un deseo de amar alimentado por años de soledad y de ver a los seres queridos morir, pues se sabe que el Emperador tuvo varias familias durante su milenaria vida y muchas personas a las cuales apreció) probablemente hubiera podido detener a los rebeldes dirigidos por Horus antes de que produjeran demasiado daño; pero también sin ese mismo amor apasionado, tan comprometido con salvar a la humanidad de su propia corrupción (manifestada en las fuerzas del Caos) no hubiese tenido la motivación para luchar tanto y tan denodadamente por la raza humana y perseverar en su empeño de darle un futuro mejor.

La Verdad Imperial

Una de las medidas que adoptó el Emperador y que tuvo mayor alcance y en la que se ven reflejadas sus convicciones y puntos de vista fue el de prohibir las religiones imponiendo en su lugar la Verdad Imperial, basada en la ciencia y en la lógica. En su momento, el Emperador le dijo a Horus que en la antigua Terra había antorchas, que eran los maestros, y extintores, que eran los Sacerdotes.

Esta medida fue lo que lo llevaría a tener que reprender duramente a Lorgar, uno de sus hijos Primarcas y jefe de los Portadores de la Palabra, una legión que veía al Emperador como un dios, y que creía que debía de haber algún motivo por el cual los seres humanos tienen tendencia a adorar a algo allá donde estén.

Al destruir el Emperador sus creencias, Lorgar se lanzó a realizar La Peregrinación, el viaje al lugar donde dioses y hombres podían coexistir. Éste viaje les llevó al Ojo del Terror, donde descubrieron la falsedad de la Verdad Imperial y los lanzó a la adoración del Caos, creando una brecha entre las filas imperiales y teniendo como resultados últimos la Herejía de Horus y la guerra civil.

La Verdad Imperial pugnaba por la creencia en que no existían ni dioses, ni espíritus ni otras realidades aparte de las que el ojo humano puede ver; cosa que es claramente falsa puesto que omitía la Disformidad y los Dioses del Caos. Sin embargo, se cree que la intención del Emperador era evitar que la humanidad reforzase a éstos dioses al adorarlos directa o indirectamente; era una mentira necesaria.

De hecho, tal y como se extrae de las palabras de Erebus cuando trata de convencer a Horus en Davin, parece que la táctica del Emperador estaba teniendo mucho éxito y que los Dioses del Caos se encontraban debilitados.

Con el correr del tiempo y tras su confinamiento en el Trono Dorado, sin embargo, parece que el Emperador cambia su perspectiva sobre la religiosidad, al brindar ayuda mediante sus poderes a agentes del Imperio tales como los Santos en Vida y al producir «milagros» que se narran en algunos libros de relatos de Warhammer 40,000 (por ejemplo, en Los Fantasmas de Gaunt).

Historia del Emperador

El Emperador y sus poderes

Según las palabras de Erebus en Falsos Dioses (a las que quizá no habría que dar plena veracidad teniendo en cuenta que el objetivo era convencer a Horus de que adorase al Caos), el Emperador obtuvo gran parte de sus inmensos poderes no sólo de su especial genética, sino de alguna clase de pacto con los Dioses Oscuros que después no cumplió.

Al parecer los Dioses del Caos a duras penas entienden el mundo material, y necesitaban a alguien que lo controlase por ellos. Según ésta teoría el Emperador se ofreció a ello pero después no les sirvió. Fue un fragmento de éste poder, junto con la genética, lo que les trasladó a los Primarcas.

Primeros tiempos

No se sabe apenas nada del Emperador antes de las Guerras de Unificación; pero, como hace notar el iterador Sindermann en la novela "Falsos Dioses", en los relatos de la historia de la Humanidad se repiten a lo largo del tiempo referencias a un personaje dorado salvador. Así pues, junto a otros hechos, parece demostrado que el Emperador llevaba muchos milenios participando en los acontecimientos de la Humanidad, pero sin desvelarse como lo que era.

Se cree que el Emperador esperaba que la Humanidad fuera capaz de triunfar sin su liderazgo, y que impulsó en muchos momento puntuales grandes avances científicos. Sin embargo todo se fue al traste tras la Edad Oscura de la Tecnología (M16). En algún momento de éste periodo, la humanidad luchó encarnizadamente contra las Inteligencias Artificiales; conflicto que tuvo que ser especialmente duro porque, milenios después, el Emperador prohibió el uso de las I.A. Tras ésto la humanidad cayó en la anarquía y, debido a las tormentas de disformidad, la Tierra perdió el contacto con sus colonias. El gobierno central que había gobernado la Tierra se vio fragmentado en varios imperios gobernados por locos tiránicos denominados Señores Tecnobárbaros. El hambre, la miseria y las matanzas se convirtieron en algo habitual.

Ésto, unido a la presión de los xenos y a las tormentas de disformidad, auguraban una probable extinción del hombre en cuestión de no muchos siglos.

Los Eldar que por aquel entonces eran los dueños y señores de la galaxia participaron en el conflicto desde las sombras decantando algunas de las batallas con pequeñas incursiones bien planeadas por sus videntes a fin de contener el potencial de la humanidad y la violencia del constante avance de los orkos lejos de sus territorios.

Fué durante esta época de conflictos en la que El Emperador, preocupado por la supervivencia de la humanidad, decidió convertirse en el líder salvador que ésta necesitaba y se percató de la necesidad de la creación de un ejercito de superhombres. A partir de su propio material genético empezó a crear a los Guerreros del Trueno y a los Adeptus Custodes para las Guerras de Unificación y, después y lentamente, para la conquista de la Galaxia, a los primarcas; con la ayuda de la tecnología disponible en sus laboratorios bajo la superficie del Himalaya.

Durante las Guerras de Unificación, que fueron especialmente violentas y destructivas y que en buena parte fueron la causa del aspecto que presenta Terra en el año 40k, el Emperador logró unificar el planeta bajo su mando gracias a los Guerreros del Trueno .

Los Primarcas

El Emperador nunca cometió el error de subestimar la amenaza del Caos, y en orden a encontrarse con esa amenaza puso a los mejores científicos de la tierra a trabajar. Por otro lado, armas y naves espaciales fluían abundantemente desde las factorías marcianas para apoyar a las sitiadas fuerzas por toda la galaxia.

El plan más largamente esperado por el Emperador para contrarrestar los Poderes del Caos era la creación de los Primarcas: superhombres genéticamente diseñados con poderes divinos. La intención del Emperador era crear una raza completa de superhombres con la esperanza de que serían inmunes a las tentaciones del Caos.

Los Primarcas serían brillantes ejemplos de humanos libres de la mancha de la corrupción. La energía de la disformidad incorrupta fluiría a través de ellos como lo hacía a través del propio Emperador, vigorizándolos y confiriéndoles poderes especiales como los poseídos por los chamanes de la antigüedad.

De algún modo, los Poderes del Caos supieron de la existencia de los Primarcas a pesar de los intentos del Emperador de esconderlos y aprovechando la ausencia del mismo en Terra, consiguieron rasgar la corteza de la disformidad y abrir una brecha en las tormentas atravesando la telaraña eldar y colándose dentro de aquellos laboratorios, iniciando una escaramuza a través de sus largos túneles. A fin de salvaguardar el proyecto del Emperador, y viéndose los defensores desbordados y sin salvación posible frente al avance de las fuerzas del caos, las cápsulas que albergaban a los primarcas fueron arrojadadas a la disformidad y dispersadas por todo el universo a través de los flujos caóticos de la misma. Incluso para los Poderes del Caos esto era un gasto masivo de energía. Los Primarcas fueron absorbidos a través de la disformidad y se dispersaron en mundos humanos separados. En ese momento los Poderes del Caos no tuvieron la suficiente energía para destruir a los Primarcas de una vez por todas.

A la vuelta del Emperador y por orden del mismo, la humanidad se encerró en Terra, cada vez más rodeada por corrientes de disformidad debido a la creciente evolución de la psique humana y el miedo de los dioses del caos de que el Emperador encontrase a sus preciados hijos. Bajo tierra, continuó con la creación de ese ejército preparándose para la gran cruzada que vendría en los próximos milenios mientras la superficie del planeta era asolada por las fuertes tormentas de la disformidad dejándola como la estéril superficie de cascotes y piedra que es hoy en día.

Los Marines Espaciales

El Emperador había perdido a los Primarcas y no podía recrearlos, e incluso si hubiera podido, no había tiempo. Los dolores del nacimiento de Slaanesh se hicieron mayores y mayores mientras el momento de su nacimiento se acercaba. El Emperador pensó otro plan. Usando el material genético de los Primarcas que había quedado en los laboratorios, algunas de sus cualidades podrían ser reproducidas como órganos biológicos separados. Mediante la implantación de estos órganos en un cuerpo joven en crecimiento podría crearse una persona con algunas de las cualidades de los Primarcas. De esta forma se fundaron las Legiones de Marines Espaciales. Cada Legión usaba material genético derivado de uno de los Primarcas.

La férrea supervisión del propio Emperador mantuvo a la humanidad protegida de la disformidad mientras esta rodeaba Terra, aislándola del universo durante milenios, hasta que se produjo la Caída de los Eldar.

La Caída de los Eldar

La raza eldar, que se había abandonado a sí misma en pos de su autocomplacencia y autosatisfacción, se vio sorprendida por el nacimiento de un nuevo Dios del Caos a partir de los defectos de su psique. El alarido psíquico proveniente del nacimiento de Slaanesh aniquiló a un gran número de eldar y llevó a la locura a muchos otros. La disformidad se retorció en su seno y las tormentas que asolaban Terra se dispersaron en cuestión de horas.

El Emperador, que llevaba milenios esperando aquel momento vio entonces su oportunidad de conquistar el universo y reencontrar a sus queridos hijos, perdidos años atrás.

La Gran Cruzada

En el momento en que las tormentas de la disformidad terminaron, los Marines espaciales y otras fuerzas Imperiales estaban listas para reconquistar la galaxia. Las fuerzas del Caos eran ya poderosas, y muchos mundos humanos habían sido tomados por adoradores del Caos u otros alienígenas. Era un esfuerzo duro y largo, pero con cada victoria el joven Imperio crecía más fuerte mientras nuevos guerreros se unían a la Gran Cruzada.

Comandando su nuevo ejército, los marines espaciales, y afianzando las bases del Imperio que es la humanidad hoy en día, el Emperador inició su expansión por la Galaxia, anexionando territorios como por ejemplo el mundo forja de marte y recuperando otros mundos de las garras de los orkos, de los demonios o incluso de las garras de gobernantes humanos corrompidos por la codicia o los dioses del caos.

La humanidad, que había estado perdida sin el faro de la luz que representaba su emperador, había seguido expandiéndose pese al aislamiento de Terra por toda la galaxia, usando naves perdidas en la disformidad durante sus primeros conflictos, o desde planetas que se consideraron perdidos cuando las tormentas de disformidad asolaron Terra o recubrieron los mismos.

Algunos de estos planetas habían retrocedido milenios en cuanto a su evolución, y adorando pequeñas reliquias de su antiguo origen se habían conservado en un estado primitivo casi cavernícola. Otras sin embargo habían retrocedido algo menos y se erigían en un sistema feudal y con una tecnología similar a la de la edad media. Las menos conservaban la tecnología más moderna y un gobierno parecido al antiguo de la Tierra pese a no haber tenido contacto con ella durante milenios.

En cada planeta que iba reconquistando, el Emperador anexionaba más hombres a su causa y recuperaba más almas perdidas de la humanidad liberándolas de su esclavitud para con los dioses del caos, esclavos de razas menores alienigenas o de dictadores sin escrúpulos. A cada planeta que llegaba, el horror era cada vez mayor con una rama de la humanidad más corrompida aún por el caos. En algunos casos la única opción que quedaba al Emperador era exterminar el planeta entero con un bombardeo orbital.

La primera cruzada llevó al emperador a sus límites en su esfuerzo por reunificar a la humanidad dispersa y abandonada a su suerte por todo el universo... Hasta que encontró al primero de sus hijos y al más brillante de todos ellos, Horus, que se juró a sí mismo ganarse el corazón de su padre y ayudarle en su gran obra.

Las conquistas iniciales se centraron allí donde los Primarcas habían sido arrojados. Usando sus poderes psíquicos el Emperador los localizó gradualmente y los reunió con sus respectivos capítulos de Marines Espaciales.

Los Primarcas no parecían haber sido afectados por su contacto con el Caos, habiendo crecido para derrotar a grandes líderes y guerreros de las comunidades humanas locales. Con los Primarcas comandando las legiones la Gran Cruzada se extendió sobre la galaxia y la humanidad comenzó a reconstruir su antigua herencia. El Caos se retiró a su propio reino en el Ojo del Terror.

Poco a poco, aprovechando las virtudes y devoción de sus hijos primarcas, la humanidad tuvo su época dorada. No había fuerza capaz de resistir el avance de la humanidad guiada por la luz de su Emperador, comandada por sus primarcas, tratados como divinidades a los ojos de un humano corriente, y el implacable avance y la eficiencia de los marines espaciales. Semidioses y fervientes protectores de la humanidad.

De este modo la humanidad se hizo pronto con el control del universo. Hasta que se produjo la Herejía de Horus.

La Herejía de Horus

No entraremos en detalle sobre la terrible guerra que casi condena a la humanidad. Es, sin embargo, otro capítulo en la vida el Emperador. En combate singular contra su más querido hijo, el Señor de la Guerra Horus, el Emperador casi fue destruido.

Fue Horus quien finalmente fue destruido en ese duelo y el Emperador nunca se ha recuperado de aquella confrontación en particular y nunca lo hará.

El Trono Dorado

El combate contra Horus tuvo lugar tanto en el plano material como en la disformidad, sus cuerpos y espíritus combatieron por la propia supervivencia. Una vez finalizada la titánica contienda el cuerpo del Emperador estaba casi destruido, y sus poderes psíquicos habían sufrido también un severo golpe. Las fuerzas del Caos se disolvieron y algunos de aquellos que no habían estado demasiado tiempo al servicio del Caos se liberaron repentinamente de sus ilusiones y rápidamente cambiaron de bando, luchando con todo el valor que pudieron para enmendar su traición. El cuerpo del Emperador se devolvió a la tierra apresuradamente transportado en una burbuja preservadora de vida.

La unidad de soporte vital conocida como el Trono Dorado fue rápidamente construida para acoger al Emperador. Sus poderes sobrevivieron a la lucha pero su cuerpo estaba hecho pedazos. Al principio era capaz de comunicarse coherentemente durante breves periodos y gracias a ello el Emperador fue capaz de supervisar la construcción de una máquina de soporte especial de vida psíquica llamado el Trono Dorado, pero después se sumió en un completo silencio. Ese silencio ha permanecido inalterado desde hace ya casi diez mil años.

Liberado de su cuerpo, el poder psíquico del Emperador, su alma, está abandonada a la deriva sobre las corrientes de la disformidad, esperando para ser llevada por las contracorrientes aleatorias y torbellinos del Mar de Almas hasta que sea el momento de renacer y aunque los poderes del Caos buscaron incansablemente el alma del Emperador por la disformidad no pudieron encontrarla. La disformidad es inconmensurable, y sus energías se dispersan y fluyen. Como los chamanes de la antigüedad, el Emperador es uno con la propia disformidad, por lo que su alma se funde en ella y así permanece escondida a los Poderes del Caos.

Aunque el cuerpo del Emperador está muerto en el sentido ordinario de la palabra, algunas de sus células viven y eso es suficiente para proveer un lazo a través del cual su alma puede comunicarse con el universo material.

El Niño Estelar

Al flotar a la deriva por la disformidad, el espíritu del Emperador se disolvió gradualmente en la corriente de energía, volviendo a la fuerza cósmica de la naturaleza del Empíreo en su forma incorrupta. Sólo un pequeño núcleo de la humanidad del Emperador permaneció completo, como si fuera un pequeño niño sacudiéndose sobre la corriente de una colosal tormenta en una pequeña barca de juncos.

Mientras el alma del Emperador sobreviva aún hay esperanza para la humanidad. Tal y como el Nuevo Hombre nació de las almas colectivas de los chamanes de la antigüedad, el alma del Emperador podría renacer un día. Pero ese día permanece lejos en el futuro. Sólo cuando los lamentos clamen por un nuevo salvador y fortalezcan suficientemente el núcleo del alma del Emperador, lo llevarán de nuevo a la vida.

Mientras tanto, el alma del Emperador es un mero potencial, un niño esperando a nacer: el Niño Estelar. Los humanos que quedaron a cargo del Imperio no tienen una idea real de lo que le ocurrió al Emperador. El concepto de que podría renacer nunca se les ocurrió. Para los gobernantes del Imperio, el Emperador continúa vivo mediante sus indiscutibles poderes.

Sólo unos pocos individuos elegidos conocieron dicho secreto a lo largo de los milenios, y se convirtieron en la muy secreta hermandad de los Iluminati. Los Iluminati esperan el nacimiento del Niño Estelar y la segunda venida del Nuevo Hombre. Ellos saben que su conocimiento los convierte en peligrosos herejes a los ojos del Imperio, y consecuentemente mantienen un estricto secreto sobre sus actividades. Permanecen como una fuerza secreta en el espacio humano, realizando sus acciones por detrás de la maquinaria del gobierno y el comercio, preparando el camino para el renacimiento del Nuevo Hombre.

Galería

Fuentes

  • Realms Of Chaos: The Lost and the Damned (1ª Edición).

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