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El inicio de los tiempos

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Aquí se recoge la historia conocida de la Galaxia desde la aparición de las primeras grandes entidades vivientes, conocidas hoy día como C'tan, hasta el nacimiento del futuro Emperador de la Humanidad en la Vieja Tierra.

Hacia 13.000 millones de años a. C.: Nacimiento de los Dioses EstelaresEditar

Fragmento de C'tan.jpg

C'tan Trascendente.

El nacimiento de las entidades conocidas como los Dioses Estelares tuvo lugar en el mismo momento de la Creación, formándose a partir de las vastas energías desatadas por el Big Bang. En aquella anarquía de materia y energía entretejidas, el mar de estrellas empezó a arremolinarse y extenderse, y durante un eón el universo no fue nada más que hidrógeno caliente y ligero polvo elemental gobernados por la fuerza gravítica de miles de millones de soles recién nacidos. Mucho antes de que los primeros planetas se hubieran formado y enfriado, los primeros seres conscientes de sí mismos emergieron, viviendo y pensando a través de las líneas de energía producidas por las llamaradas electromagnéticas y de plasma de las mismas estrellas. Tiempo después, estas entidades se conocerían como los C'tan, pero al principio de su existencia no eran para nada como los malévolos seres que acabarían por ser. Eran poco más que monstruosos parásitos de energía que mamaban de la energía de las estrellas que les habían dado vida, acortando las vidas de estrellas de secuencia principal en millones de años. Con el tiempo, estos vampiros estelares aprendieron a moverse sobre las diáfanas alas del flujo electromagnético del universo, dejando atrás sus lugares de nacimiento para avanzar a la deriva por el éter cósmico hasta nuevos territorios de estrellas en los que alimentarse. Al ser seres de energía pura, no prestaban atención a los pedazos de materia sólida junto a los que pasaban en el vacío del espacio, pues los fuegos geotérmicos y los débiles campos geomagnéticos de estos protoplanetas no bastaban para saciar su terrible hambre.

Hacia 60 millones de años a. C.Editar

Edad Dorada de los AncestralesEditar

Slanni.jpg

Un miembro de los Slann, raza sirviente de los Ancestrales.

Del mismo modo que las estrellas dieron a luz a sus hijos los C'tan, también los planetas de las recién nacidas galaxias acabaron por generar formas de vida compuestas de materia que empezaron la larga escalada evolutiva hasta ser conscientes de sí mismas. Los primeros seres inteligentes de la Galaxia de la Vía Láctea que se sabe que desarrollaron una civilización lo bastante avanzada para cruzar las estrellas fue una raza reptiliana de seres llamados Ancestrales por los Eldars, que fueron quienes les conocieron mejor. Poseían una sabiduría lenta y de sangre fría, pero aun así profunda, y habían estudiado las estrellas y elevado la astronomía y la física a un nivel tal que su ciencia y tecnología parecerían magia a la Humanidad. Su comprensión del funcionamiento del universo era tal que podían manipular dimensiones alternativas y emprender grandes obras de ingeniería psíquica. Su ciencia les permitía cruzar los vastos desiertos del espacio con un solo paso a través de los portales de la Telaraña, la cual, aunque reducida en extensión, siguen usando los Eldars. Los Ancestrales extendieron su progenie por muchos lugares de la galaxia, pero también consideraban que toda vida era preciada. Allí donde pasaban, sembraban nuevas especies inteligentes y reformaban miles de mundos para hacerlos suyos siguiendo criterios ambientales y geográficos predeterminados. Algunos en el Adeptus Mechanicus creen que hasta Terra sintió la influencia de los Ancestrales mucho antes de la aparición de la Humanidad, aunque esta idea es considerada herética en el mejor de los casos dentro de la Eclesiarquía, ya que el Culto Imperial enseña que la Humanidad fue creada a imagen y semejanza del Dios-Emperador antes de que su espíritu tomase forma humana hace milenios. La civilización de los Ancestrales alcanzó su cenit hace más de sesenta millones de años. Los Ancestrales fueron los responsables de la creación o el progreso genético de la mayoría de las especies inteligentes actualmente activas en la galaxia, incluyendo a los Eldars, los Krorks (antecesores de los Orkos), los Slann y los Jokaero), pero no se sabe si llegaron a influir directamente en la evolución de la Humanidad.

Primeras Guerras de Secesión de los NecrontyrEditar

Ankh de la Triarca Simbolo Glifo Sencillo Dinastias Necrontyr Necrones Wikihammer.jpg

Ankh de la Triarca, emblema común a todas las Dinastías Necrontyr.

La raza que se convertiría en lo que actualmente se conoce como "Necrones" empezó su existencia bajo el signo de una estrella terrible, implacable, millones de años antes de que la Humanidad hiciese su aparición en Terra. Asolados constantemente por vientos solares y tormentas de radiación, los Necrontyr, seres de carne y hueso, se fueron convirtiendo en un pueblo mórbido, con un ciclo vital corto y precario. Sus Dinastías estaban fundadas sobre el principio de la aceptación de la muerte: los vivos eran únicamente considerados residentes temporales que recorrían durante un corto plazo los sepulcros y las tumbas de sus ancestros.

Incapaces de encontrar la paz en su propio planeta, los Necrontyr se lanzaron casi a ciegas hacia otros mundos. Equipando sus lentas y antiguas naves con criptas de estasis, empezaron a colonizar otros planetas. Poco a poco, las Dinastías Necrontyr se fueron expandiendo por el espacio, hasta que gran parte de la Galaxia quedó sometida a su dominio.

El tiempo pasó, y los Necrontyr tuvieron que enfrentarse a nuevos conflictos. A medida que sus territorios crecían y se hacían más diversos, la unidad que los había hecho fuertes como raza empezó a resquebrajarse, y se desataron amargas guerras en las que provincias enteras lucharon entre sí para lograr la independencia. Finalmente, la Triarca (el consejo de gobierno de los Necrontyr) se dio cuenta de que la única esperanza de unidad era entrar en conflicto con un enemigo externo, pero existían pocas razas que pudieran suponer una amenaza creíble. Solo los Ancestrales, que habían sido la primera vida inteligente de la Galaxia, suponían un enemigo lo bastante importante como para poder unificar a los Necrontyr en una causa común. Dicha guerra sería muy sencilla de justificar, pues los Necrontyr nunca habían perdonado a los Ancestrales que se negasen a compartir con ellos los secretos de la vida eterna. Así pues, la Triarca declaró la guerra a los Ancestrales. Al mismo tiempo, ofrecieron la amnistía a todas las Dinastías secesionistas que se mostrasen dispuestas a volver al redil. Tentados por las promesas de inmortalidad y por la posibilidad de obtener grandes botines de guerra, los reinos separatistas abandonaron la rebelión, y dio comienzo la Guerra en el Cielo.

Inicio de la Guerra en el CieloEditar

Los detalles de las terribles campañas que siguieron podrían llenar de tomos una biblioteca, pero la verdad que subyacía bajo aquellos conflictos era una y simple: los Necrontyr no podrían ganar nunca. Su superioridad numérica y tecnológica era constantemente superada por la maestría de los Ancestrales en el manejo de los portales de la Telaraña. En apenas unos siglos, los Necrontyr fueron obligados a retirarse hasta que no fueron más que una pequeña molestia, un peligro desactivado y confinado a un puñado de mundos caídos en el aislamiento y el olvido. Ante la perspectiva de la derrota, la unidad de los Necrontyr empezó a fracturarse una vez más. La idea del enemigo común ya no tenía ningún peso para mantener unidas a las Dinastías. Innumerables generaciones habían vivido y muerto al servicio de una guerra imposible de ganar, y de hecho muchas Dinastías Necrontyr hubiesen tratado de pactar la paz si la Triarca se lo hubiera permitido.

Así fue cómo empezó la segunda encarnación de las Guerras de Secesión, aún más largas y devastadoras que cualquier conflicto que los Necrontyr hubiesen afrontado antes. Llegado ese punto las Dinastías se habían fraccionado tanto que, si los Ancestrales hubiesen querido, podrían haber exterminado a toda la raza Necrontyr con facilidad. La Triarca, enfrentada al total colapso de su imperio, empezó a buscar desesperadamente un modo de restaurar el orden. En ese aspecto sus plegarias fueron escuchadas, aunque el precio que deberían pagar por ello sería incalculable.

Intervención de los C'tanEditar

CTan El Embaucador Mephetran Necrones Wikihammer.JPG

Mephet'ran el Embaucador.

Fue durante el reinado de Szarekh cuando los poderosos seres de energía cuasi-divinos conocidos como C'tan amenazaron por primera vez a los Necrontyr. Resulta imposible asegurar a ciencia cierta cómo se encontraron ambas razas por primera vez, pues todos los relatos e informes al respecto de dichos eventos son engañosos, contradictorios y subjetivos. Los polvorientos archivos de Solemnace aseguran que fue por accidente, un descubrimiento azaroso llevado a cabo por una sonda estelar durante la investigación de una estrella moribunda. El Libro de la Noche Lúgubre, que es guardado bajo férrea vigilancia en el santuario más protegido de la Biblioteca Negra, cuenta que el odio puro que los Necrontyr sentían por los Ancestrales resonaba por todo el espacio, actuando como una señal que los C'tan no podían ignorar. En todo caso, ocurriese como ocurriese ese primer contacto, lo que sí se sabe a ciencia cierta es que la sombra de los C'tan cayó en primer lugar sobre las Dinastías más antiguas. Algunos Necrontyr buscaron activamente el favor de los C'tan, y para ello supervisaron la forja de cuerpos de metal viviente que pudiesen contener la nebulosa existencia de aquellos "dioses estelares". Ataviados con sus nuevas necrodermis, los C'tan adquirieron el aspecto de los semiolvidados dioses Necrontyr, ocultando sus verdaderos deseos e intenciones bajo una capa de aparente servilismo y sumisión ciega.

De este modo uno de los C'tan se presentó ante el Rey Silente, actuando en calidad de emisario ante la inminente llegada de sus hermanos. Entre los de su raza, este C'tan en particular era conocido como "El Embaucador", por su personalidad traicionera. El Rey Silente no conocía la verdadera naturaleza del C'tan, y por lo tanto concedió audiencia a la criatura. El Embaucador habló de una guerra, librada entre los C'tan y los Ancestrales mucho antes del nacimiento de los propios Necrontyr. Según dijo, había sido una guerra que los C'tan habían perdido. Tras ella, y temiendo la venganza de los Ancestrales, él y sus hermanos se habían ocultado, y desde entonces estaban esperando el día en que pudiesen encontrar aliados que por fin les permitieran rendir cuentas con sus enemigos. A cambio de esa ayuda, El Embaucador aseguró al Rey Silente que los C'tan proporcionarían a los Necrontyr todo lo que deseaban. La unidad de su raza volvería a ser una realidad, y la inmortalidad que habían buscado durante tanto tiempo estaría finalmente a su alcance. El Embaucador insistió en que no les pedirían ningún pago adicional por esas grandes bendiciones, pues no era más que su manera de dar las gracias a unos aliados tan valiosos como ellos.

Así habló El Embaucador, ¿y quién puede asegurar qué partes de sus historias eran ciertas y cuáles no? Ni siquiera se conoce lo que sabía él mismo, pues el engaño se había vuelto tan natural en su existencia que según parece ya no era capaz de reconocerlo. Fuera como fuese, sus palabras calaron en Szarekh quien, al igual que les había pasado a sus ancestros, lamentaba profundamente las divisiones internas que estaban aniquilando a su pueblo. Durante muchos meses debatió el asunto con la Triarca y los nobles de su Corte Real. A lo largo de todo el proceso, la única voz disidente fue la de Orikan el Adivinador, el astrólogo de la corte, previniendo de que aquella alianza traería sin duda una era de renacimiento y gloria, pero también destruiría para siempre el alma del pueblo Necrontyr. Aun así el deseo y la ambición superaron rápidamente a la cautela, y la profecía de Orikan fue despreciada. Un año después de que El Embaucador presentara su propuesta, la Triarca la aceptó. Y de ese modo condenó a toda su raza por los siglos de los siglos.

BiotransferenciaEditar

Illuminor Szeras Criptecnologo Necrones Wikihammer.jpg

El Illuminor Szeras, creador de la Biotransferencia.

Tras sellar el pacto entre los Necrontyr y los C'tan, los dioses estelares revelaron por fin la forma que tomaría la inmortalidad, y así comenzó la llamada "biotransferencia". Colosales bio-hornos rugieron día y noche, consumiendo los débiles cuerpos de carne y reemplazándolos con resistentes formas de metal viviente. Mientras las ciclópeas máquinas trabajaban llevando a cabo la biotransferencia, los C'tan se arremolinaban en torno a ellas para beber de su torrente de energía vital desechada, haciéndose cada vez más fuertes.

Mientras Szarekh contemplaba a los C'tan darse un banquete con la esencia vital de su gente, se dio cuenta del terrible alcance del error que había cometido. En muchos aspectos se sentía mejor de lo que se había sentido en décadas, habiendo dejado atrás las incontables incomodidades e incertidumbres de la vida orgánica. Su nuevo cuerpo de máquina era mucho más poderoso que la frágil forma que le había sostenido desde hacía tanto tiempo, y sus pensamientos eran más rápidos y claros que nunca. Y aun así, su mente se veía turbada por un vacío indescriptible, su espíritu era presa de una oquedad que desafiaba cualquier explicación racional. En ese momento, supo con una gélida certeza que el precio pagado por su inmortalidad física había sido la pérdida de su alma. Con gran tristeza, el Rey Silente contempló el destino al que había llevado a su pueblo: los Necrontyr se habían extinguido, para renacer como los desalmados Necrones.

Aun así, pese al terrible precio pagado, la biotransferencia cumplió todo lo prometido por los C'tan. Hasta los Necrontyr de más baja estofa se vieron bendecidos con la inmortalidad: ni la edad ni la radiación podían ya erosionar sus nuevos cuerpos, y solo las más terribles heridas eran capaces de destruirlos por completo. De un modo similar, los Necrones disfrutaban de una unidad que los Necrontyr jamás habían conocido (aunque se hubiese logrado mediante la tiranía, no mediante el consentimiento). El proceso de biotransferencia había integrado protocolos de mando en cada mente, garantizando a Szarekh la lealtad total y absoluta de sus súbditos. Al principio el Rey Silente abrazó sin reparos esta unanimidad, pues era una mejora evidente respecto al caos de los años anteriores. Sin embargo, a medida que transcurría el tiempo empezó a verla cada vez más como una carga, pero aun así no se atrevió a anular los protocolos de mando por temor a que sus súbditos se volvieran contra él, buscando venganza por la terrible maldición a la que los había abocado.

Ascenso de los NecronesEditar

300px-Despertar Necrones.jpg

Con los C'tan y los Necrones luchando unidos, los Ancestrales se vieron abocados a la derrota. Atiborrados de la fuerza vital de los Necrontyr, los C'tan resultaban casi imparables y desataron fuerzas inconmensurables. Se arrasaron planetas, se extinguieron soles y Sistemas enteros fueron devorados por agujeros negros creados por los poderes de los Dioses Estelares. Las legiones de Necrones penetraron finalmente en la Telaraña a través de las Puertas Dolmen con la ayuda de Nyadra'zatha el Ardiente y asaltaron a los Ancestrales en cada rincón de la galaxia. Pusieron bajo asedio las fortalezas de los muchos aliados que los Ancestrales tenían entre las razas inteligentes más jóvenes, cosechando su fuerza vital para alimentar a sus voraces amos C'tan.

Tras estas victorias, los C'tan y sus siervos inmortales Necrones dominaron la galaxia. Los últimos bastiones planetarios de los Ancestrales fueron asediados y las razas inteligentes que antaño habían protegido se convirtieron en ganado para la obscena hambre de los C'tan. Para las jóvenes especies inteligentes, los Necrones y sus Dioses Estelares eran crueles amos, que cosechaban despiadadamente sus poblaciones a capricho para alimentar la incesante gula de los C'tan.

Por razones desconocidas, pero probablemente por la carencia de límites de su sed de energías vitales, los C'tan acabaron por luchar entre sí y devorarse mutuamente. Entre los Eldars se dice que su dios Cegorach engañó al Extraño para que se volviera contra sus hermanos y empezara la terrible competición interna que acabaría por diezmar casi por completo su raza.

Entretanto, los Ancestrales, empujados por la desesperación, usaron sus grandes habilidades científicas para crear seres inteligentes con una conexión más fuerte con la Disformidad, capaces de emplear poderes psíquicos para defenderse a sí mismos y a sus creadores. Entre estas nuevas especies se cree que estaban los primeros Eldars, los Krorks, los Rashan y los K'nib. No obstante, este proceso llevó milenios, y los Necrones continuaron extinguiendo la vida en la galaxia.

Contraataque de los Ancestrales y las jóvenes razasEditar

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Vidente Eldar concentrando su poder.

Las razas dotadas de poderes psíquicos por los Ancestrales se extendieron por la galaxia, enfrentándose a la avanzada tecnología Necrona con la energía de la Disformidad. Al afrontar este contraataque, el poderío de los C'tan se quebró, pues las fuerzas psíquicas del Inmaterium eran anatema para unas entidades como ellos, constituidos como estaban por patrones de energía electromagnética puramente físicos. A pesar de toda la destrucción que podían causar, no lograron detener el implacable avance de los Ancestrales y las jóvenes razas por las estrellas. Los C'tan, unidos ante esta gran amenaza por primera vez en millones de años, buscaron una forma de derrotar esta nueva y terrible arma. Así, iniciaron un plan destinado a separar para siempre al Espacio Real del Disforme, cuyos primeros frutos pueden aún verse en los pilones que cubren el Mundo Fortaleza de Cadia y generan el área de estabilidad espaciotemporal frente al Ojo del Terror que se conoce como la Puerta de Cadia.

Con sus divinos poderes, habría sido cuestión de tiempo que tuvieran éxito, pero antes de terminarlo las semillas de destrucción sembradas por los Ancestrales hacía milenios germinaron en un cataclismo imprevisto. El creciente sufrimiento y los defectos psíquicos colectivos de las jóvenes razas agitaron las energías del Inmaterium, y la guerra, el dolor y la destrucción se reflejaron en las profundidades sin fondo del Mar de las Almas. Los torbellinos de almas arrojadas al Inmaterium por la carnicería de la Guerra en el Cielo coagularon en las anteriormente informes mareas de la Disformidad. Las entidades que ya existían allí se transformaron en terroríficos depredadores, desgarrando las almas de los psíquicos vulnerables mientras su medio ambiente renacía como el Reino del Caos.

La Plaga de los Esclavizadores y la caída de los AncestralesEditar

Xenos esclavizador krell.png

Esclavizador surgiendo de la Disformidad.

Las criaturas de la Disformidad se arremolinaron con hambre voraz en las grietas entre el Inmaterium y el Materium, buscando nuevas formas de penetrar en el Espacio Real. Los Ancestrales crearon nuevas razas guerreras diseñadas para defender sus últimos bastiones, incluyendo a los Jokaero, simios con un tremendo dominio de la tecnología, y probablemente los primeros Orkos, creados a partir de los Krorks, pero ya era demasiado tarde. La Telaraña fue invadida desde la Disformidad y tuvo que ser sellada parcialmente para impedir que la corrupción se extendiese a toda la galaxia, aunque la mayoría de sus mayores obras y centros de poder fueron arrasados por los horrores que sus propias creaciones habían generado.

Los más terroríficos de todos eran los Esclavizadores, entidades disformes cuya capacidad de dominar las mentes de las razas jóvenes y crear sus propios portales al Espacio Real a través de psíquicos poseídos les hizo multiplicarse a una velocidad galopante. Para los Ancestrales, este fue el golpe de gracia. Los últimos de su raza se dispersaron y huyeron, hasta que finalmente desaparecieron. No se sabe si se extinguieron o simplemente huyeron de la galaxia en busca de un nuevo refugio.

La Traición del Rey SilenteEditar

Cripta Teseráctica Fragmento C'tan.jpg

Cripta Teseráctica de la Dinastía Sautekh.

Durante las últimas fases de la Guerra en el Cielo, Szarekh se dedicó a esperar el momento justo en que los C'tan se volvieran vulnerables. Pese a que la totalidad de la raza Necrona estaba bajo su mando, sabía que no podría oponerse a los C'tan mientras estos permaneciesen en la cúspide de su poder. E incluso si lo hacía y lograba tener éxito, entonces los Necrones se encontrarían ante la tesitura de tener que finalizar la Guerra en el Cielo ellos solos.

No, antes de poder vengarse contra los C'tan por el horror que habían provocado, los Ancestrales debían ser derrotados. Así pues, cuando los C'tan ganaron finalmente su gran guerra, la alegría por la victoria les duró bien poco. Con uno de sus odiados enemigos finalmente derrotado, y el otro agotado tras una trabajada victoria, el Rey Silente decidió por fin iniciar la revuelta de los Necrones.

En su arrogancia, los C'tan no se dieron cuenta del peligro hasta que fue demasiado tarde. Los Necrones concentraron las inimaginables energías del universo viviente creando armas demasiado poderosas incluso para los C'tan. Sin embargo, los C'tan eran criaturas inmortales nacidas de las estrellas, parte misma del tejido fundamental de la realidad, y por tanto casi imposibles de destruir. De ese modo lo que ocurrió fue que cada C'tan, en vez de morir, quedó destrozado en miles de fragmentos. Sin embargo aquello no era suficiente para el Rey Silente, de hecho él ya sabía que la completa aniquilación de los C'tan era imposible, y había trazado sus planes de acuerdo con ello: cada Fragmento de C'tan fue encerrado en un laberinto teseráctico, como si fuera un genio en una botella. Aunque el coste de la victoria había sido elevado (millones habían sido destruidos como consecuencia de la rebelión, incluyendo a toda la Triarca excepto al Rey Silente), los Necrones habían conseguido volver a hacerse dueños de su propio destino.

El Gran LetargoEditar

Espectro Canoptico Intrusos Mundo Necropolis Necron Wikihammer.jpg

Espectro Canóptico destruyendo intrusos en un Mundo Necrópolis.

Incluso tras haber derrotado a los Ancestrales y a los C'tan, el Rey Silente vio que el tiempo de los Necrones había pasado ya, al menos por el momento. La gloria del dominio galáctico pasaría pronto a los Eldars, una raza que había luchado junto a los Ancestrales durante la Guerra en el Cielo y por tanto había aprendido a odiar a los Necrones y a toda su tecnología. Los Eldars habían logrado sobrevivir allí donde los Ancestrales habían perecido, y los Necrones no eran rivales para ellos, pues estaban demasiado debilitados debido a su esfuerzo por deshacerse de los C'tan. No obstante, el Rey Silente sabía que el tiempo de los Eldars también se acabaría agotando, como siempre se agota el de todas las criaturas orgánicas.

Así fue que Szarekh ordenó a todas las ciudades Necronas que se transformasen en grandes complejos funerarios llenos de criptas de estasis. Había decidido dejar que los Eldars modelasen la Galaxia a su gusto durante un tiempo. Después de todo eran criaturas efímeras, mientras que los Necrones eran eternos. La orden final que transmitió a su pueblo fue que durmiesen durante sesenta millones de años y tras eso se despertasen, listos para reconstruir todo lo que habían perdido, y para restaurar sus antaño gloriosas Dinastías. Su voluntad se vio cumplida, y mientras el último Mundo Necrópolis sellaba sus cámaras, el Rey Silente destruyó los protocolos de mando mediante los cuales había mantenido controlada a su gente, pues consideraba que les había fallado por completo. Tras eso y sin echar la vista atrás, Szarekh, último de los Reyes Silentes, se adentró con su nave en las negras profundidades del espacio intergaláctico, para pasar en solitario tanto los periodos de paz como los de penitencia que le hubiese reservado el destino.

Ascenso de los EldarsEditar

Eldar telaraña resolucion excelente.png

Mapa de la Telaraña Eldar.

Los Eldars, que habían aprendido los arcanos secretos de la tecnología de túneles dimensionales de los Ancestrales, toman el relevo de sus desaparecidos maestros y proceden a tomar el control de la Telaraña, reparándola y ampliándola. Los anfibios Slann, primeros entre los siervos de los Ancestrales, les advierten de que su civilización caerá ante el Caos por culpa de su orgullo, aunque con el paso de los milenios su aviso es ignorado.

Hacia 10.000 a. C.: Inicio de la expansión humanaEditar

Acaba la última Edad de Hielo en Terra y comienza la Era Neolítica. La Revolución Agrícola empieza en el antiguo Oriente Medio, en la región que se conocerá como el Creciente Fértil. Los humanos empiezan a asentarse en ciudades y a abandonar su existencia de cazadores-recolectores nómadas.

Hacia el 8.000 a. C.: Nacimiento de los primeros Dioses del CaosEditar

Caos combate de dioses en la disformidad wikihammer.jpg

El Reino del Caos.

En la Disformidad emergen primero tres grandes Poderes Ruinosos: Nurgle, el Señor de la Plaga; Khorne, el Dios de la Sangre]]; y Tzeentch, el Mutador, en ese orden. Estas entidades, conocidas coloquialmente como los Dioses del Caos, se alimentan de la huella psíquica de la Humanidad y el resto de razas inteligentes de la galaxia, y transforman el antaño tranquilo Inmaterium en la pesadilla poblada por Demonios que es hoy día. Si bien las razas mortales han tratado de dar un orden cronológico lineal a su aparición, esto no se puede aplicar realmente en el Reino del Caos: los Dioses Oscuros son a la vez neonatos y seres que han existido desde la primera vez que un ser consciente sintió miedo de morir, saboreó el ansia de combatir y matar o deseó cambiar su vida por algo mejor o por una existencia placentera.

Hacia 7.000 a. C.: Nacimiento del EmperadorEditar

En algún momento del Neolítico nace el ser inmortal que será conocido milenios después como el Emperador de la Humanidad, en algún lugar del centro de Anatolia. Según una leyenda, todos los psíquicos de Terra se suicidaron en un ritual hechicero especial para combinar sus energías en una sola alma que se reencarnaría en un ser humano extraordinario, el psíquico más poderoso de la galaxia. El futuro Emperador, que sería conocido por incontables nombres durante toda su larga vida, ayudaría a guiar a la Humanidad. A menudo adoptó la identidad de algunos personajes famosísimos de la Historia para empujar a la raza humana por un camino determinado, pero al llegar la terrible Era de los Conflictos y hacerse inminente la extinción de la especie, decidió participar activamente en la vida de los humanos y guiarlos personalmente hasta convertirlos en una especie totalmente psíquica como los Eldars.

FuentesEditar

Extraído y traducido parcialmente de Wikihammer 40K UK.

  • Codex: Necrones (Ediciones 3ª y 5ª).

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