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Dolan Chirosius

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El Adepto Sabiondus, mascota del Imperio del Hombre, protege este saber; pues es parte del Omnissiah. Pulsa sobre él para aprender más sobre los dominios del Emperador.

El Omnissiah sabe todo, comprende todo. Tus visitas honran al Dios Máquina.

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Confesor imperial


El Confesor Dolan Chirosius de Chiros, conocido como el Gran Confesor, es un Santo del Culto Imperial. Fue martirizado por el Cardenal Apóstata Bucharis durante la Plaga del Descreimiento de la Era de la Apostasía en el M36. Sus actos ayudaron a poner fin al imperio renegado del Cardenal Apóstata y han servido como ejemplo del poder de la fe en el Emperador de la Humanidad para miles de millones de ciudadanos imperiales.

HistoriaEditar

El Cardenal ApóstataEditar

Solo unas pocas décadas después de la muerte del Alto Señor Goge Vandire y el ascenso de Sebastian Thor al trono Eclesiarcal en el M36, el Cardenal Bucharis dirigía una Diócesis centrada en el mundo de Gathalamor, al suroeste galáctico de Terra. Gathalamor no era una Diócesis rica, pero Bucharis, empujado por la envidia hacia los logros de sus iguales, juró construir uno de los mayores templos a la gloria del Emperador en su Mundo Cardenalicio. Después de esclavizar brutalmente a la población de Gathalamor, Bucharis necesitaba aún más gente y recursos. Usando un ejército de matones y asesinos, conquistó el vecino mundo de Rhanda. Con acceso a las minas más ricas de ese planeta, la riqueza de Bucharis creció. Fue también en el Sistema Rhanda donde Bucharis unió fuerzas con el Almirante renegado Sehalla de la Flota Imperial y con el comandante del 25º Regimiento de Rigellia de la Guardia Imperial, el Coronel Gasto. Con Guardias Imperiales y naves de guerra a su disposición, Bucharis se hizo con un pequeño imperio personal al oeste galáctico de Terra, tomando el control de 50 Sistemas Estelares en siete años estándar.

El reino de Bucharis estaba aislado de gran parte del Imperio por una densa concentración de Tormentas Disformes activas en esa época, y la noticia del ascenso de Sebastian Thor a Eclesiarca y de la reorganización del Adeptus Ministorum aún no se había filtrado hasta esa parte de la Galaxia. Como ahora Bucharis controlaba los viajes interestelares en su imperio, continuó suprimiendo cualquier información acerca de los sucesos en Terra que llevaron el Reinado de Sangre a su fin. Usando pruebas de la época de Vandire se declaró la verdadera Boca del Emperador y el nuevo líder del Adeptus Ministorum. Para aquellos que escuchaban sus elegantes discursos, Terra era una causa perdida y Gathalamor era el centro de la fe imperial a partir de ese momento. La Plaga del Descreimiento se extendió y las enseñanzas de Bucharis se convirtieron en la ley. Los mundos bajo el control de Bucharis se convirtieron en lugares intolerables llenos de bandas saqueadoras y nobles hambrientos de poder. El vecino luchó contra el vecino y las familias se enfrentaron por los botines producidos por este caos. Aquellos que ascendieron a la prominencia en semejante agitación atrajeron la atención de Bucharis y fueron recompensados con más poder. Compañías de su Guardia Imperial y FDP renegadas fueron enviadas a imponer el orden en nombre de Bucharis, dirigidos por aquellos lo bastante afortunados como para contar con el favor del Cardenal Apóstata. Aquellos que le servían bien eran recompensados adecuadamente, y los que le fallaban eran castigados apropiadamente. De esta forma, los dominios de Bucharis se extendieron hacia el norte y el oeste. Con cuidado de no acercarse demasiado a Terra hasta que su poder fuese total, Bucharis continuó sus conquistas por su región de la Galaxia. Su avance septentrional le acabó llevando hasta los territorios bajo la protección del Capítulo de Marines Espaciales de los Lobos Espaciales. La arrogancia de Bucharis supondría su desgracia, pues uno de los Sistemas Estelares en su camino contenía el Mundo Letal de Fenris, hogar de los Lobos Espaciales, quienes frenarían la expansión de su imperio personal. La caída de Bucharis, no obstante, tendría otras causas.

Agitación en ChirosEditar

Con la atención de Bucharis centrada en Fenris, la expansión de su imperio había sido frenada pero no detenida. Tenía muchos subcomandantes aún explorando el oeste galáctico y más Sistemas Estelares habían caído en sus garras. Sin embargo, empezaron a llegar informes de contratiempos en un Sistema recién descubierto: Chiros. El Cardenal Apóstata oyó que a pesar de la horrenda carnicería sufrida, los chirosianos no estaban ni mucho menos dispuestos a rendirse. El comandante al cargo, un Capitán, había evitado sabiamente usar las armas más destructivas de su arsenal, temiendo destrozar el bello planeta, que sería un retiro ideal para el envejecido Cardenal. A Bucharis le gustó la previsión del comandante y le envió tres Compañías más, confiado en que con esos refuerzos él pronto estaría cazando la abundante fauna de Chiros, persiguiendo a sus presas por las onduladas colinas de semejante paraíso natural. Sin embargo, el Capitán mercenario al mando del ataque informó tristemente de su rendición a los fanáticos chirosianos.

Bucharis estaba estupefacto. Sabía que la Guardia Imperial no era el mejor ejército del Imperio, pero un Regimiento entero debería haber sido capaz de derrotar fácilmente a cualquier escaso ejército que Chiros pudiese mantener. Los agentes de Bucharis regresaron del Sistema para informar más detalladamente. Los mercenarios no se habían enfrentado a unos pocos cientos de defensores mal armados y motivados. Toda la población del planeta se había alzado contra ellos, cada uno de sus habitantes con su rifle de caza y otras armas. Millones de tiradores habían llenado las colinas y los bosques, emboscando a los Guardias Imperiales y acribillándolos en multitud antes de usar las rutas y guaridas de caza para desaparecer de nuevo. Todo el territorio era hostil, no había suministros, no había descanso y cuando una escuadra suicida había cargado contra el corazón del campamento del Capitán y había detonado explosivos caseros, el ejército de Bucharis había perdido la voluntad de seguir luchando.

El camino hacia GathalamorEditar

Poco después que Chiros, otro mundo logró rebelarse con éxito: el Mundo Minero de Curyan. Los mineros habían eliminado a sus guardias con taladros y martillos, trepando por un montículo de sus propios muertos para estrangular a sus enemigos con las cadenas de sus grilletes. Tras Curyan vino Dolsia, y después Vaust. Las rebeliones estaban abriendo un camino a través de los dominios de Bucharis, directo hacia Gathalamor. En Colcha, las fuerzas de Bucharis prepararon una emboscada, y cuando una pequeña flota rebelde apareció de la Disformidad fue atacada y destruida casi por completo. Sin embargo, una única lanzadera logró alcanzar la superficie del planta. Receloso de la lanzadera que había aterrizado, el comandante supremo de las fuerzas de Bucharis en Colcha, Fredreich Khust, mantuvo sus hombres y tanques en estado de máxima alerta. La espera se alargó un mes, dos meses, tres meses, medio año. Un año después, casi en el aniversario, los tranquilos granjeros de Colcha se volvieron berserkers. Quemaron los cultivos y asaltaron los barracones locales con toscas escopetas y herramientas, perdiendo a tres cuartas partes de sus fuerzas antes de aplastar al enemigo. Desataron en estampida a sus vastos rebaños de gigantescas gorbestias contra las Compañías Acorazadas, machacando las máquinas de guerra bajo una atronadora tormenta de animales del tamaño de casas. Embalsaron los ríos y saquearon las ciudades en las que se acantonaban los hombres de Khust, arrasando sus propios hogares. Incluso los ancianos y los niños arrojaban granadas caseras hechas con Promethium destilado localmente, incendiando las vías de ventilación de los tanques Leman Russ y asfixiando a sus tripulaciones. A lo largo y ancho de los dos continentes del planeta, el pueblo de Colcha no se detuvo ante nada para liberarse de sus esclavizadores.

Expulsado el ejército de Colcha y después de Lima Rogan, Troudor y de otra veintena de mundos, las arcas de Bucharis se empezaron a vaciar más rápido de lo que se podían llenar. Muchos de sus soldados desertaron y hubo luchas internas y disensiones incluso en los más altos rangos de su ejército. Y las revueltas continuaban, como una flecha dirigida al corazón del Cardenal Apóstata. Finalmente, Methalor, el Sistema Estelar habitado más cercano a Gathalamor, cayó ante los rebeldes, tras la destrucción de su principal Ciudad Colmena en un furioso infierno iniciado por sus habitantes, que sobrecargaron su planta de energía geotérmica. Bucharis dobló el cordón de seguridad de su propio Sistema y ordenó que todas las naves fuesen detenidas y registradas. No mucho después de la caída de Methalor un mensajero llegó al Palacio Cardenalicio de Gathalamor. Con una mirada desafiante y una voz severa, el mensajero se identificó como el enviado del Confesor Dolan Chirosius, quien exigía la rendición inmediata de Bucharis además de su dimisión y entrega al juicio del Emperador. Más aún, debía renunciar a sus herejías y apostatar de sus ideas de autosalvación.

El Gran ConfesorEditar

Los restos del mensajero fueron clavados a las puertas del Palacio, donde las ratas y los cuervos se dieron un festín. El Confesor Dolan llegaría pronto a Gathalamor, y Bucharis quería que la primera visión que tuviese su populacho de su supuesto salvador fuese una de un hombre encadenado y azotado por las calles. Pronto, la lanzadera de Dolan llegó y el Confesor fue puesto bajo custodia, acusado de varios actos de herejía y traición contra el Emperador. Como Bucharis había prometido, Dolan fue encadenado y llevado por las calles, mientras soldados de su ejército azotaban al Confesor con látigos y le arrojaban piedras. Clavaron ganchos en su carne y les pusieron pesas, empujándole hacia delante con patadas y puñetazos. Sin embargo, las multitudes que se alineaban a los lados de las calles estaban silenciosas y recelosas. No hubo aclamaciones, pero tampoco gritos de condenación. Dolan fue arrastrado de esta forma a través de todo el continente principal de Gathalamor, un viaje de más de seis meses de duración lleno de tortura y tormentos constantes. No se le permitió dormir, estaba famélico y tomaba apenas un trago de fétida agua al día para sobrevivir. Y sin embargo, jamás se apagó su fiera mirada y nunca inclinó la cabeza ante los golpes de sus perseguidores.

Bucharis ordenó que se celebrase un juicio público contra Dolan, acusándole de blasfemias y herejía, junto con otros crímenes de traición, sedición y rebelión. Necesitaba que Dolan muriese, pero no quería dar a sus súbditos un mártir. Dolan sería humillado y mofado y después hallado culpable de los cargos. Solo cuando se demostrase que era el enemigo de la Humanidad moriría, dolorosa y lentamente. El juicio fue retransmitido por todo el dominio estelar de Bucharis, para que aquellos que presenciaran el evento no tuviesen dudas de su validez. Por supuesto, Bucharis no pensaba tratar con justicia al Confesor Dolan, pero tenía que parecer a las masas que así era. Siguiendo todos los procedimientos y precedentes correctos, Dolan y cientos de otros fueron interrogados y sus declaraciones contrastadas. Dolan aceptó dirigir su propia defensa y cuando, tras cinco largos meses, la acusación había completado su trabajo y presentado su caso, mil mundos esperaban ansiosos.

Dolan explicó cómo había predicado al pueblo de Chiros, explicando la tiranía de Bucharis y denunciando las falsas doctrinas del Cardenal Apóstata. Les inspiró la voluntad de luchar por su libertad en el nombre del Emperador, alzando a la gente común y a los cazadores con sus fieros discursos. Con su propio testimonio se pudo ver este poder. Sus ojos ardían con celo religioso, gesticulaba salvajemente para remarcar sus afirmaciones, y su actitud alcanzaba las almas de todos los que le observaban y las atrapaba con fuerza. Era un hombre feroz a quien algunos habrían podido llamar loco por su fanatismo. Y sin embargo no había dudas de que era leal al Emperador y a las enseñanzas más sagradas de su fe. Chirosius sufriría cualquier sacrificio e indignidad en su persona con tal de derrocar a Bucharis, y traspasaba ese ferviente odio a quienes le escuchaban. Dolan habló durante tres días, declarando cómo había empujado a los cosechadores de grano de Bellis XIV para lanzar a sus enormes máquinas segadoras contra los campamentos enemigos, aunque muriesen haciéndolo. Contó cómo había dirigido a los farraditas en su carga contra la Torre Inmortal, animándoles a continuar cuando ya habían caído más de 9000 hombres ante los campos de minas y los cañones de defensa. Fue uno de sus discursos lo que encendió tanto a la población de Resto Primis que sobrecargó la red de energía geotérmica de su Ciudad Colmena, destrozando los continentes del planeta con una oleada de erupciones volcánicas y terremotos. "¡Qué importa", gritó con sus destrozadas manos cerradas en puños alzados ante él "si un hogar se pierde o incluso si un mundo es destruido, si el sacrificio significa el fin del mal y de las herejías de los peores enemigos del Emperador!".

Al final de la larga diatriba del Confesor, Bucharis habló finalmente. Explicó que el mismo testimonio de Dolan le había condenado, habiendo admitido voluntariamente haber cometido todos los graves actos y crímenes de que se le acusaba. No había negado ni un solo cargo. El Cardenal se dirigió a sus seguidores y reiteró la flagrante oposición de Dolan a la verdadera autoridad de la Eclesiarquía. Llamó a Dolan y sus seguidores anarquistas e idólatras, una amenaza a la estabilidad de todo el Imperio. Los actos de rebelión y herejía de Dolan no le dejaban más opción que ordenar la ejecución del Confesor. Rogando que el Emperador tuviese piedad del alma de Dolan, ordenó a sus hombres que se lo llevasen a las mazmorras. Durante casi ocho largos meses Dolan soportó tormentos indecibles a manos de los torturadores de Bucharis. Cuando finalmente murió, su cuerpo fue colgado de los muros del Palacio para que los perros y las aves carroñeras se diesen un banquete. Su cuerpo había sido mutilado más allá de todo reconocimiento. Terribles cicatrices y quemaduras marcaban su carne, revelando una historia de gran dolor y miseria. A pesar de los horrendos tormentos infligidos a su cuerpo, el rostro de Dolan despedía una calma serenidad, y la paz envolvía su cuerpo como un aura. Aquellos que lo veían lloraban abiertamente, aunque cualquiera que exhibiese ese dolor era acusado de herejía y ejecutado por las fuerzas de seguridad del Cardenal. Aun así los carroñeros nunca tuvieron su festín: el cuerpo de Dolan desapareció poco después y nunca fue encontrado.

Muerte de un tiranoEditar

El plan de Bucharis de avergonzar públicamente al Confesor se volvió salvajemente contra él. Al permitir hablar a Dolan, le había dado los medios para extender su mensaje por las estrellas de una forma que jamás habría podido hacer por sí mismo. Cuando se anunció la muerte del Confesor, los dominios de Bucharis estallaron en revueltas. Casi al unísono, la población de un millar de mundos atacó a sus crueles supervisores. Inspirados por el sacrificio del Gran Confesor, millones de hombres, mujeres y niños se enfrentaron a los cañones de sus enemigos con sus manos desnudas. El propio palacio de Bucharis fue asaltado, y traidores entre las propias filas de los defensores abrieron las puertas para permitir que los fieles obtuviesen su venganza. Mientras sus escasos sirvientes leales mantenían a raya a la marea humana que avanzaba por los pasillos y salones destruyendo todo a su paso, Bucharis huyó. Usando una red de túneles llegó al espaciopuerto del Mundo Cardenalicio donde pretendía abordar la próxima lanzadera que fuera a despegar y abandonar todo lo que había construido para salvar su propia vida. Una vez más, sus seguidores más cercanos le traicionaron, esperando salvarse a sí mismos del salvajismo de la multitud. Avisados de la inminente partida de Bucharis, los habitantes de Gathalamor rodearon el espaciopuerto. Se arrojaron a sí mismos a sus muros electrificados hasta que los generadores cortocircuitaron. Bucharis nunca alcanzó su nave. La multitud le encontró cuando aún estaba subiendo a bordo. Engullido por una masa de cientos de miles de antiguos esclavos pidiendo a gritos venganza y sangre, fue destrozado. Su cuerpo nunca fue recuperado, pero cuando la masa de ciudadanos se dispersó, las machacadas cenizas de una hoguera era todo lo que quedaba para señalar el lugar de su perdición.

CanonizaciónEditar

Tras la muerte de Bucharis su imperio personal fue reabsorbido en el Imperio de la Humanidad y la Plaga del Descreimiento llegó a su fin. La Eclesiarquía pronto canonizó al Confesor Dolan Chirosius como Santo Imperial y su extraordinaria fe en el Dios-Emperador y su deseo de soportar cualquier sacrificio para cumplir Su voluntad ha sido un ejemplo durante miles de años para incontables fieles de toda la Galaxia.

FuentesEditar

Extraído y traducido de Wikihammer 40K UK.

  • Codex Imperialis.
  • Codex: Hermanas de Batalla (2ª Edición).
  • The Killing Ground, por Graham McNeill.

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