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Cruzada del Golfo de Ofidio

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Bulldog.png El Sargento Guillermito, mascota de los Marines Espaciales, tiene el honor de patrocinar este espacio por orden del Capellán Cassius de los Ultramarines. ¡Pulsa sobre él y te acompañará a una Cruzada épica!

¡Lee más! ¡Sin piedad, sin remordimientos, sin miedo!

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Cypher, "La Voz del Emperador"

La Cruzada del Golfo de Ofidio estaba dirigida por el Castellano Raimer de los Templarios Negros, superviviente de la funesta Cruzada de Garon y comandante del Crucero de Asalto Golfo de Ofidio.

HistoriaEditar

Raimer dirigió a sus 90 Marines Espaciales en una Cruzada hacia una parte traicionera del espacio sin explorar en el sur galáctico, conocida como la Región Velada. Allí descubrieron algunos mundos habitados. Los primitivos xenos que allí vivían adoraban a un dios al que llamaban "Voz del Emperador"; y componían un floreciente imperio que vivía en enormes ciudades de oro.

Mientras intentaba averiguar la naturaleza de este dios, Raimer destruyó los templos alienígenas y avanzó hacia los mundos centrales del sistema. Al hacerlo, descubrieron que la mayoría de los planetas ya habían sido atacados por un poder destructivo mayor aún que el de Raimer y sus hombres. El Golfo de Ofidio era una nave muy rápida, y durante su viaje hacia los planetas centrales, el sensorium del Golfo de Ofidio detectó a una pequeña flota separándose de la órbita de uno de los mundos devastados. Los augurios determinaron que las naves pertenecían a los Ángeles Oscuros.

Tras entrar en contacto con la flota, Raimer y el Señor de los Ángeles Oscuros intercambiaron elaborados saludos en Alto Gótico y el Templario se ofreció al comandante de los Ángeles Oscuros para luchar a su lado y capturar al líder de los alienígenas, la "Voz del Emperador". El comandante de los Ángeles Oscuros se mostró reticente, pero al final aceptó.

La batalla final de la Cruzada del Golfo de Ofidio se libró en el recinto dorado del Templo de la "Voz del Emperador", el último refugio de un individuo misterioso que, de algún modo, había logrado dominar a todo un imperio alienígena para convertirlo en su feudo personal. Blasfemias como esta no pueden permitirse, por lo que, junto a sus guerreros de los Ángeles Oscuros que proseguían el ataque al sistema, el Castellano y Hermano de Armas Raimer lideró a los Templarios Negros en el asalto a la fortaleza dorada del alienígena.

Mientras los Ángeles Oscuros aniquilaban el ejército alienígena a distancia con la potencia de sus escuadras de devastadores, los Hermanos de Armas al mando del Paladín del Emperador, Korbinian, destruyeron la puerta principal de la fortaleza gracias a los disparos del cañón de fusión de un Land Raider Cruzado. La tecnología alienígena era avanzada y aterradora ya que sus guerreros tenían la habilidad de hacerse invisibles en el campo de batalla; por si fuera poco, sus armas superaban la formidable protección de las servoarmaduras gracias a extraños rayos multifásicos. Aunque el número de guerreros era inferior a cien, los Templarios Negros se abrieron paso a través de la cortina de fuego y rompieron una brecha enorme en una sala del centro de la fortaleza, aunque Korbinian tuvo la sensación de que les habían dejado llegar hasta allí.

En el centro de la cámara se encontraba sentada una curiosa figura, ataviada con una armadura negra como la de los Marines Espaciales. Cuando los Templarios Negros entraron, la figura se puso en pie y los marines pensaron que era uno de ellos. Era un guerrero vestido con una antigua servoarmadura negra sin labra ni panoplia alguna. Llevaba una espada en la espalda y dos pistolas al cinto, pero el guerrero no les atacó sino que simplemente sonrió, como si le hubieran sorprendido agradablemente y, a continuación dijo: "Vosotros no sois los cachorros del león, ¡qué curioso!"

Como se trataba de un Marine Espacial, Korbinian le contó la noticia de su descubrimiento al Castellano Raimer, y este empezó a entender la negativa de los Ángeles Oscuros a recibir ayuda y se retiró rápidamente al Golfo de Ofidio encerrando al prisionero en la cámara más segura de la nave para interrogarle. Casi de inmediato, los Ángeles Oscuros exigieron que se les entregara al prisionero. Al principio, Raimer se negó, pero cuando los sensores le advirtieron de que la flota de los Ángeles Oscuros estaban preparando sus armas, tuvo que obedecer pues su único Crucero de Asalto no era rival para toda la flota que se le oponía.

Cuando los Ángeles Oscuros recibieron al prisionero partieron de la órbita y abandonaron el sistema sin decir una palabra. El destino del Golfo de Ofidio sigue siendo un misterio. Lo último que se oyó de él fue una única comunicación transmitida cuando se dirigía al punto de salto del sistema. No ha habido nuevos contactos con el Castellano Raimer desde entonces. No ha vuelto a ponerse en contacto con ninguna de las fortalezas de los Templarios Negros.

El Gran Mariscal Helbrecht alberga terribles sospechas sobre su destino final.

FuentesEditar

Extraído y traducido de Lexicanum Inglés.

  • Codex: Templarios Negros (4ª Edición).
  • White Dwarf nº 312 (Edición inglesa).

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