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Cisma de Medusa

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Desde su colonización, en el sistema Medusa se han producido multitud de incidentes de poca importancia. Las frecuentes incursiones de los Corsarios Eldars han perjudicado el transporte de mercancías de la región y el Imperio Tau, al ir ganando confianza y poderío, ha ansiado conquistar el planeta por motivos propios. No obstante, ninguno de estos enemigos ni los muchos otros que han amenazado el dominio del Imperio en ambos planetas, han estado tan peligrosamente cerca de desestabilizar el control del Imperio como el Cisma de Medusa, que causó estragos en el sistema hace doscientos cincuenta años durante un período prolongado de aislamiento provocado por el Acelerador de Van Grothe.

HistoriaEditar

El cisma empezó cuando dos de las ciudades colmena más grandes de Medusa IV se declararon independientes del Imperio. Las autoridades planetarias actuaron rápidamente y despacharon tres regimientos de la milicia planetaria para aplastar a los rebeldes y volver a imponer el orden en las ciudades. Se desconoce durante cuánto tiempo llevaba fraguándose la traición en el corazón de aquellos súbditos del Emperador caídos en desgracia, pero la podredumbre que corroía las entrañas de Medusa IV era más profunda y más maligna de lo que nadie pudiera haberse imaginado. Los adoradores de los Poderes Ruinosos, al estar bien armados y ser totalmente fanáticos, se enfrentaron a los regimientos de la milicia planetaria con un alud de disparos y, al enarbolar al viento los estandartes que declaraban su alianza a los dioses del Caos, revelaron el verdadero motivo del descontento. Los sectarios degenerados y la milicia planetaria combatieron durante semanas en las calles de las grandes colmenas hasta que la situación dio otro giro a peor cuando otras ciudades declararon abiertamente su lealtad al Caos y marcharon a la guerra con vastos ejércitos. Los verdes distritos agrícolas fueron arrasados por los incendios provocados por las fuerzas del Caos y en la oleada de pánico que siguió a los ataques murieron millones de inocentes.

Cada mes, más parte de la población fue cayendo en las garras de la locura, como contagiada por una fiebre maníaca, y se alió con los dioses oscuros dándole la espalda a la luz del Emperador.

Al cabo de muy poco tiempo, tan solo unas pocas ciudades seguían siendo fieles al Imperio. Al verse abrumadas y en inferioridad numérica, el bando leal envió mensajes astropáticos de auxilio. Las peticiones de ayuda urgente fueron básicamente ignoradas, ya que, mientras las tormentas disformes que mantenían el sistema aislado no amainaran, no podrían recibir ninguna ayuda. Solo Medusa V pudo responder a la llamada y, haciendo gala de una valentía admirable y una lealtad inquebrantable al Emperador, movilizó un ejército improvisado. Al no poseer una fuerza militar propia, la exigua Fuerza de Defensa Planetaria reclutó a los miles de mineros y obreros que se ofrecieron voluntarios para partir de inmediato hacia Medusa IV en cargueros y naves de suministros requisados por el ejército.

La muerte de un planetaEditar

Durante dos años y medio, el ejército improvisado de Medusa V logró impedir que los ciudadanos que seguían siendo fieles al Emperador se vieran totalmente abrumados rechazando un asalto tras otro de las fuerzas del Caos. Sin embargo, al final no pudo lograrse la victoria frente a aquellas condiciones, ni siquiera cuando la tormenta disforme se disipó y la Segunda Compañía del capítulo de los Ultramarines, comandada por Cato Sicarius, consiguió finalmente acudir en ayuda del planeta. La Santa Inquisición envió varios agentes para evaluar el nivel de la herejía y al final la única solución viable que se encontró fue declarar el planeta Exterminatus.

El Culto Mechanicus y el Adeptus Administratum presionaron a los agentes de la Inquisición encargados de supervisar el cisma para que pospusieran la ejecución de la sentencia el tiempo suficiente como para permitir que los pocos ciudadanos leales que quedaban pudieran ser evacuados. Las previsiones de diezmo y los calendarios de recolonización demostraron el efecto devastador que tendría el dejarlos morir para la industria del sector, así que la Inquisición les concedió una semana de gracia previa a la ejecución de la sentencia. Se cargó a millones de civiles en los transportes que normalmente se usaban para transportar alimentos y empezó un éxodo en masa de las zonas leales. Mientras los Ultramarines y los guerreros de Medusa V libraban una heroica retirada contra un mar infinito de locura, se evacuó del planeta a todos los inocentes que se pudo.

Ni siquiera los sagrados Astartes pudieron aguantar demasiado tiempo frente a un odio tan descerebrado y una superioridad numérica tan abrumadora. Finalmente, hasta ellos se vieron obligados a retirarse y dejar a los herejes y ciudadanos que quedaban a su cuenta y riesgo.

Una corbeta inquisitorial muy elegante al mando del Inquisidor Baptiste disparó una única salva de torpedos contra el planeta: una mortífera carga de incineradores atmosféricos. Las cabezas explosivas prendieron fuego a la atmósfera rica en oxígeno del planeta y lo arrasaron todo bajo una abrasadora conflagración que fue aniquilando toda la vida de aquel mundo, transformando el metal en masa fundida y la roca en vidrio a medida que la ardiente sentencia de la Inquisición hacía su destructivo efecto. El planeta ardió con fuerza durante un mes entero y, desde la seguridad de su mundo, los habitantes de Medusa V observaron absortos cómo el planeta vecino se iba consumiendo bajo el fuego purificador. Los ciudadanos leales que habían escapado entonaron plegarias de gratitud al Emperador por haberlos salvado.

Los nuevos residentes de Medusa V llegaron a millones procedentes del planeta en llamas y fueron bienvenidos por los agentes de la Inquisición, que inició un proceso extenso y minucioso de investigación con el fin de extirpar a todos los posibles herejes de entre los refugiados. Miles de ellos fueron conducidos a la pira para garantizar la futura pureza de Medusa V. El Adeptus Mechanicus erigió unas ciudades prefabricadas colosales a toda prisa, vastas estructuras capaces de albergar muchos millones de ciudadanos. Los refugiados fueron conducidos en masa a estas ciudades, que se mantuvieron separadas entre sí como medida para prevenir la herejía. Estas "ciudades de refugiados", unas construcciones lúgubres de metal y piedra, fueron integrándose poco a poco a la sociedad de Medusa V y supusieron una innumerable fuerza de trabajo con la que extraer el mineral de la corteza del planeta. En tan solo unos años, el planeta empezó a producir más combustible, metales y suministros de lo que nunca habría podido imaginarse.

FuentesEditar

  • White Dwarf.

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