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Celestine

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Santa Leire Recortada.jpg La pequeña Santa Leire protege este sagrado artículo con santa ira y devota pasión en el nombre del Divino Emperador. Pulsa sobre su reverenciado icono para acceder a los archivos del Adepta Sororitas.

El precio de no leer es ser purgado.

Santa Celestine 2.jpg
"Era un ángel, puro como la justa destrucción. Arrasaba a los deformes y levantaba los ánimos de los justos. A su muerte, el grito de un millón de voces pronunció su nombre. ¿Volveremos a verla algún día? No, ni ahora, ni nunca jamás..."
Hermana Famulata Patricia, acerca de la desaparición de Santa Celestine

Santa Celestine, conocida como la Hieromártir de la Cruzada Palatina, fue una Santa en vida del Adepta Sororitas.

HistoriaEditar

No se tienen muchos datos acerca de la vida de Celestine antes de ser declarada Santa en vida, aparte de que era una Hermana Arrepentida de la Orden de Nuestra Señora Mártir. No era más que una simple guerrera entre las atormentadas fieles que luchaban una prolongada guerra contra los herejes del Cisma Palatino.

La guerra contra los cismáticos había llegado a un punto muerto en el planeta apóstata de Eurytion. Celestine encabezó la primera oleada de la ofensiva contra las murallas de la capital y su furia fue terible para los que la tuvieron que presenciar. Celestine cayó aquel día, junto con todas las demás Arrepentidas; pero, a pesar de la derrota, se dice que durante el asalto eliminó a más de cien cismáticos descuartizándolos con su eviscerador mientras ella y sus Hermanas gritaban por su redención. Cuando el ejército se retiró y cayó la oscuridad, su maltrecho cuerpo fue recuperado de la brecha en las murallas y transportado por una solemne procesión de Hermanas.

Cuando los restos mortales de Celestine se dejaron reposar entre los muertos a los que se estaba honrando, sus Hermanas vieron que todavía quedaba vida en su interior. En sus ojos contemplaron la luz de los elegidos por la divina voluntad del Emperador y se acercaron a ella con reverencia para limpiar su cuerpo de la sangre y la suciedad de la batalla hasta que quedó inmaculada ante ellas.

Al día siguiente se reanudó el asalto contra la ciudad con Celestine a la cabeza del ejército. La capital cayó en pocas horas y el resto de la Cruzada Palatina se transformó en un sangriento remolino de venganza a la vez que se aclamaba a Celestine como la cabeza principal de la Cruzada. No solo se exterminó a los cismáticos de todo el sector, sino a todo ser al que los cruzados no consideraron merecedor de seguir existiendo en el reino del hombre.

Lord Ansgar, el líder de la Cruzada, pensaba que la guerra llegaría a su fin en el mundo capital del sector Palatino, pero Celestine insistió en liberar primero un pequeño planeta apartado llamado Sanctus Lys. Lo que solo ella sabía era que en ese planeta se encontraba la milenaria Capilla del Corazón Ardiente, un lugar sagrado que antaño visitara Santa Katherine. Entre sus destrozadas ruinas, Celestine ordenó apartar un altar roto y levantar las losas debajo de este. Cumpliendo sus órdenes, sus seguidores dejaron al descubierto la entrada a una cripta escondida. Tras prohibir que nadie la siguiera, descendió los polvorientos peldaños que nadie había pisado en milenios.

Sus seguidores aguardaron su regreso, al principio con paciencia, pero, a medida que fue pasando el tiempo, se fueron llenando de preocupación. Sin embargo, Celestine había dado órdenes estrictas de que nadie la siguiera al interior de la cripta. Al final, cuando las primeras luces del alba iluminaban la capilla en ruinas, Celestine surgió de la tumba llevada por una columna de divino resplandor y atendida por querubines y palomas. Iba vestida con una armadura dorada y brillante y sostenía en su mano una espada recubierta de pétalos perfumados, con la hoja tan reluciente que nadie podía mirarla directamente. Contempló lo que la rodeaba y todo el que se atrevió a mirarla a los ojos se vio preso de una mezcla en igual medida de adoración celestial y terror infernal.

Después de su apoteosis, Lord Ansgar y un cónclave de sus congéneres thorianos declararon a Celestine Santa en vida. Fue aclamada como la Hieromártir de la Cruzada Palatina y combatió al frente de numerosas Guerras de Fe. Su sola presencia infundía un fervor sin precedentes en los fieles y a manos de sus ejércitos cientos de miles de herejes sufrieron una muerte ardiente. La mayoría sentían un profundo temor ante su presencia, pues estar junto a ella implicaba someterse al juicio de alguien cuyo ejemplo no podría ser nunca emulado. Su influencia sobre el Adepta Sororitas, para el que se convirtió en un foco de veneración absoluta, resultó milagrosa, pues era una Santa en vida y las Hermanas de Batalla la seguirían hasta el mismísimo centro del Ojo del Terror en caso de que ella decidiera conducirlas hasta allí.

El Imperio perdió a Celestine en los combates contra el señor de la guerra renegado de Forrax. Cuando el lunático caudillo activó la fusión del milenario generador atómico que había en el corazón de su fortaleza, un área de muchos kilómetros a la redonda se vio reducida a meros átomos. Muchos son los que creen que pereció justo en el momento de su mayor triunfo, aunque no hubo ningún superviviente que ofreciera la auténtica versión de la conclusión de la batalla. La imponente Torre de los Héroes en la sagrada Terra hizo repicar sus campanas para proclamar su pérdida entre los fieles, momento en el que un billón de almas dejaron por un instante sus quehaceres y dirigieron sus miradas hacia el Palacio Imperial unidas en la tristeza por la heroína caída. Por contra, a las Sororitas que estaban en plegaria en los salones del Convento Prioris las tristes campanadas las llenaron de alegría, ya que entonces supieron que, si había caído, Celestine estaría entonces sentada junto al Emperador.

ArmamentoEditar

Santa Celestine iba armada con la Espada Flamígera, una reliquia bendita capaz de arrojar llamas al enemigo, y la venerada Armadura de Santa Katherine, cuyas alas funcionaban como un propulsor de salto.

MiniaturaEditar

  • 3ª Edición.

FuentesEditar

  • Codex: Cazadores de Brujas (3ª Edición).

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