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Causas de la Herejía

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Mecanicus.png

El Adepto Sabiondus, mascota del Imperio del Hombre, protege este saber; pues es parte del Omnissiah. Pulsa sobre él para aprender más sobre los dominios del Emperador.

El Omnissiah sabe todo, comprende todo. Tus visitas honran al Dios Máquina.


Hijos de Horus Lupercal Espíritu Vengativo Desembarco Batalla de Molech Wikihammer 40k.jpg

El Señor de la Guerra Horus y su Legión desembarcan en Molech desde la Espíritu Vengativo.

Este artículo, ampliable a medida que avanza el trasfondo, se centra en las causas que llevaron al bando Traidor a asumir tal postura, aunque incidiendo en los motivos a largo plazo. La información está expresada, en principio con cierto carácter conciso pero amplio. Veremos que en gran medida los errores, deseos y situaciones de unos pocos fueron capaces de condenar a muchos.

Lorgar, el Primer HerejeEditar

Lorgar llegó a un mundo lleno de fanatismo religioso, Colchis. Allí Kor Phaeron y Erebus lo criaron, siendo Kor Phaeron como un padre para Lorgar. Poco se conoce de esa religión ancestral colchisiana, pero Lorgar la eliminó cuando comenzaron sus sueños sobre la llegada del (para él Dios) Emperador. Tras ello pudo unificar todo el planeta. Al poco tiempo llegó el Emperador.

Lorgar fue el más devoto primarca, pero su fervor religioso corrompía la esencia ideológica de la Gran Cruzada y sus conquistas, aunque absolutas, eran lentas e inútiles. Era un soldado, no un sacerdote.

Al fin, su padre lo reprendió y humilló en Monarchia para castigar su incorrecta actitud, 43 años antes de la Herejía. Desorientado y vacío de paz interior, el Primarca buscó en el Ojo del Terror la respuesta a una creencia elemental y arquetípica, común a Cadia, Davin, Colchis y otros planetas. Toda esta búsqueda en última instancia dirigida por Kor Phaeron y Erebus, que manipulaban con familiar facilidad a su señor. Así, los Gal Vorbak, la anterior 7ª Compañía de los Portadores de la Palabra, recibieron de la antes humana cadiana Yngethel las respuestas a las preguntas de Lorgar. No había dualidad metafísica; Bien y Mal, Infierno y Cielo, Ángel y Demonio, Virtud y Pecado... sólo existe el Caos. La humanidad podía unírsele y sobrevivir... o perecer como el Imperio Eldar. Luego el propio Lorgar se internó en el Ojo para conocer él mismo a los Dioses Oscuros.

Cuando regresó, tenía claro que debía apartar a sus hermanos del Falso Dios que era el Emperador, pero no sería hasta Isstvan V cuando el Aureliano tendría claro su propósito. Aun así ya sabía su misión: la guerra y la herejía eran la única vía para salvar a la Humanidad de los xenos, gracias a los Dioses del Caos.

Konrad Curze y los Amos de la NocheEditar

Al igual que Mortarion y Angron, Konrad Curze detestaba al Emperador desde que éste llegó a su planeta natal.

Criado como una bestia solitaria, con un frío sentido de la justicia y desconfiante de un padre que al final acabaría con él, el Acechante Nocturno, aterrorizaba todo planeta que debería conquistar con sus escalofriantes tácticas de terror y ataque sorpresa. Eran de los Marines Espaciales más temidos. Pero quizá incluso entonces no participó la mancha del Caos en el Primarca. La situación más crítica sucedió cuando Rogal Dorn se burló de sus visiones. Curze dejó tirado y sangrando a su hermano en el suelo. Sus hermanos lo encerraron, pero él pudo matar a los Marines guardianes y escapar con la flota de su Legión.

Asqueado con unos hermanos que jamás fueron sus amigos, salvo Horus, Mortarion y Fulgrim, y con las gentes de su planeta Nostramo, que lo habían convertido de nuevo en un mundo de criminales, destruyó su planeta antes de que llegaran sus hermanos y sus flotas. Entonces empezó a esuchar las palabras del Caos y sus tácticas dejaron de ser astutas y brillantes y se convirtieron en actos de carnicería y masacre.

Por otro lado, las logias de la Legión, la corrupción de los Capellanes de los Portadores de la Palabra y la propia Herejía de Horus impidieron un juicio sobre el Primarca y sus hombres, que pudieron tomar partido por Horus, el Señor de la Guerra.

Alpharius y la Legión AlfaEditar

Alpharius es la Legión, y la Legión es Alpharius.

Alpharius era el mejor táctico y el Primarca más pragmático. Sin reparos morales empleaba todo recurso a su alcance para hacerse con la victoria (psíquicos, espías y contraespías, traiciones, secretos, escuadras de acción quirúrgica...). Aun así parece ser de los primarcas más leales, pero hay varios contras a esa lealtad para cuando estalla la Herejía.

Por un lado, Alpharius fue el último Primarca hallado, y lo encontró Horus, no el Emperador. La relación con su familia fue distante, dada su ambición de alcanzar victorias y su metodología poco ortodoxa. Roboute Guilliman lo despreciaba, y Alpharius lo ignoraba a él. Su gran rivalidad era con Corax, penúltimo Primarca que, no obstante, no consideraba sus victorias una forma de menospreciar la posición de su hermano, sino tan sólo su deber como Primarca.

Pero esto no parece suficiente motivo para traicionar al Imperio.

Otro motivo se considera su marcialidad, más afín a Horus que al Emperador.

Pero el motivo verdadero parece ser causado por La Cábala, una secreta organización de psíquicos humanos, Eldar y de otras razas xenos. Ellos emplearon a John Grammaticus como mensajero para el Primarca. Le revelaron, a él y a su hermano gemelo Omegón, que, partiendo de que la guerra civil será inevitable, la Humanidad tiene dos opciones: o vencer a Horus, pero perecer en decadencia y agonía a manos del Caos en los subsiguientes 10 o 20 milenios, o ser vencida por Horus, pero acabando con el Caos al extinguirse la Humanidad (la principal fuente de energía emocional del Caos) en una guerra entre los Primarcas Traidores a causa del remordimiento de Horus. Aunque Alpharius elige la segunda opción en fidelidad al Emperador, parece que priorizaba más destruir al Caos que seguir al Emperador. Así, recién nombrado Señor de la Guerra Horus pero 2 años antes de la Herejía, Alpharius escogió una masacre rápida de la Humanidad para acabar con el Caos antes que poder impedir la misma guerra civil.

Perturabo y los Guerreros de HierroEditar

Perturabo, aunque juró fidelidad al Emperador, era frío y mezquino. Envidioso y a la defensiva, se consideró siempre un segundón del cual se aprovechaban sus hermanos Primarcas. Esto se manifestó cuando en un banquete donde Horus alabó a Perturabo, Rogal Dorn le ofendió al despreciar sus tácticas frente al Palacio Imperial que pretendía construir. Perturabo entonces se sintió ofendido tras haber dicho que ninguna fortaleza sería resistente a su asedio, cosa que Dorn le negó con la misma intensidad en cuanto al Palacio Imperial.

Las logias también atrajeron a los Guerreros de Hierro al bando del Caos, pero fue en Olympia donde Perturabo escogió su verdadera lealtad.

Partidarios de su padre adoptivo Damnos y otros tiranos nobles olympios iniciaron una rebelión planetaria que inicialmente triunfó. Humillado por ser el único Primarca cuyo planeta había sido rebelde (el propio Horus notificó al Primarca sobre lo sucedido), Perturabo sofocó con millones de víctimas la masacre. Sabía que el Emperador castigaría tales medidas, y como entonces estalló la Herejía, Perturabo vio obvio pasarse al bando de Horus en secreto y también poder así vengarse de Rogal Dorn.

Fulgrim y los Hijos del EmperadorEditar

Fulgrim, en su afán de perfección, quedó cegado por su propio ego. Su fidelidad casi fanática al Emperador fue sutílmente mermada y truncada cuando en el planeta de los alienígenas Laer obtuvo una espada poseída por un Gran Demonio de Slaanesh. Paralelamente, su Legión se volvió más arrogante y despectiva con las demás, incluso con los Lobos Lunares del ya Señor de la Guerra Horus.

El Demonio interior empezó actuando como una segunda conciencia del Primarca, obstruyendo su mente en decisiones y pensamientos que pudieron haber decidido el sino de la Herejía. Casi ignoró la advertencia del Vidente Eldar Eldrad Ulthran; su sentido del arte se volvió retorcido y repugnante, inarmónico; su estética se hizo exagerada y casi ridícula… todo ello sin darse cuenta y sin reaccionar; tal era la sedante influencia de Slaanesh. Finalmente, al hablar con Horus sobre los incidentes de la Tecnocracia Lauretiana, Horus destruye su fidelidad al Emperador y manipula su cegada voluntad para sus fines.

Finalmente, tras matar a Ferrus Manus, el propio Demonio le reconoce sus pecados y faltas contra su hermano y el Emperador. Extenuado por la intensidad de su traición, permite que el Demonio posea por completo su ser para poder morir; pero el ser disforme le niega la paz eterna. Sería un error decir que los actos de ahora en delante de “Fulgrim” fueron responsabilidad suya, pues su conciencia ya sólo podría alimentar la sádica hambre del Demonio.

Por otro lado, los Hijos del Emperador, cegados por su supuesta perfección, acentuaron su hedonismo y arrogancia, cosa que alcanzó su clímax en el concierto de Bequa Kynska, donde los altos mandos fieles a su Primarca entregaron su voluntad a las energías de Slaanesh.

Mortarion y la Guardia de la MuerteEditar

Mortarion no quería servir al Emperador. Cuando éste le hizo una apuesta para servir o no a su causa según fuese o no vencido en combate por uno de los señores de la guerra de Barbarus, Mortarion no pudo triunfar, ya que los gases tóxicos lo debilitaron. El Emperador lo salvó y mató al señor de la guerra, pero debió cumplir su parte del trato a regañadientes.

Su introversión lo hizo accesible sólo para Horus y Konrad Curze, de modo que Rogal Dorn y Corax advirtieron la excesiva fidelidad que profesaba hacia Horus en vez de al propio Emperador, pero éste no reparó en tal actitud.

Al estallar la Herejía de Horus, aunque dicen que Mortarion se resistió, no fue necesario emplear magia demoníaca para pasarlo al lado de Horus. Sencillamente tenía la oportunidad de llevar su concepto de justicia al Emperador, además de vengarse por su afrenta.

En cuanto a la Guardia de la Muerte, es destacable la división entre los terranos y los reclutas de Barbarus, como Calas Typhon (que antes de ingresar en la Legión ya adoraba a los Dioses del Caos, y que luego fue conocido como Typhus, el Heraldo de Nurgle). También su original sentido idealista de la justicia fue alterado por un orgulloso sentido de la superioridad, de la “ley del más fuerte”. Tampoco hay que olvidar la acción de las logias, que se remonta a Davin.

Angron y los Devoradores de MundosEditar

Angron fue sacado por el Emperador, en contra de su voluntad, de una masacre a manos de unos nobles tecnócratas que aniquilaron a sus amigos gladiadores, los Devoradores de Ciudades. Esta falta al honor marcial de Angron, quien había pretendido morir junto a sus hermanos, le hizo considerarlo igual a esos despóticos nobles que jamás estaban con los sufrientes guerreros, como sujetos débiles y cobardes. Por ello, cuando Horus se unió al Caos, Angron fue el primero en seguirlo, ya que era despreciado por otros Primarcas por sus brutales métodos de combate y ansiaba tomarse su revancha contra el Emperador.

Por su parte, los Devoradores de Mundos (antes Perros de la Guerra) recibieron unos implantes de agresividad, como los usados en los gladiadores del mundo de origen de Angron, poco tiempo después de reunirse con él. Estos implantes destrozaron la mente de la mayoría de Astartes, que se enfurecían fácil y salvajemente. El uso de esos implantes fue prohibido por el Emperador después de que aniquilasen en una sola noche a todos los habitantes de un planeta que se negaba a unirse al Imperio, pero Angron, aún más resentido por ello, continuó usándolos en secreto. Además, al tener un carácter tan marcial, respetaban mucho más a Horus, quien solía luchar junto a ellos, que al lejano Emperador.

Magnus y los Mil HijosEditar

Su traición fue en última instancia. Desde que se unió a su Legión e hizo un pacto con lo que creía un ente disforme cualquiera (Tzeentch) para salvar a sus hijos de la mutación, los sucesos que orquestaron su caída (el retorno del cambio de carne, el Concilio de Nikaea, la rivalidad con los Lobos Espaciales…) parecen estar dirigidos a conciencia por el Gran Hechicero.

Tras vislumbrar la traición de Horus, y no poder mantener la lealtad de su hermano, Magnus destruyó (involuntariamente) la protección del portal a la Telaraña Eldar construido por el Emperador en las profundidades del Palacio Imperial, al intentar advertirle mediante hechicería prohibida de la traición de Horus. Su padre no le creyó, y envió a Leman Russ a apresarle y llevarlo vivo a Terra, pero durante el largo trayecto de año y medio hasta Prospero, Horus aprovechó para entrevistarse con él y convencerlo de que el Emperador había cambiado de idea y deseaba que Magnus y sus Mil Hijos fuesen destruidos por completo.

Lamentablemente, Magnus, aun siendo psíquico, estuvo cegado por un exceso de confianza tal que sólo se disipó al saber que había destruido el mayor proyecto de su padre, un acceso a la Telaraña para la Humanidad. Se sumió en un pesimista deseo de autodestrucción, ocultando la inminente venida de los Lobos Espaciales a su propia Legión y dispersando a la flota en órbita, y sólo reaccionó cuando la guerra en Prospero llegó a los pies de su propia pirámide.

Sin embargo, cuando Magnus el Rojo fue vencido en combate singular por Russ, con su legión mermada, su bello mundo arrasado y sus conocimientos en peligro y él mismo a punto de morir, accedió a servir a Tzeentch y después envió un mensaje de lealtad a Horus.

Por su parte, los Mil Hijos fueron rechazados por muchos imperiales por la desconfianza hacia lo psíquico y la Disformidad, pero no vieron mermada su determinación y lealtad hasta la Batalla de Prospero.

Horus, el Señor de la GuerraEditar

El gran defecto de Horus fue su gran ambición carente de humildad o remilgo moral. No es que no fuese leal, pero su deseo de poder y prestigio como primer Primarca del Emperador le hizo considerarse un verdadero heredero y mano derecha de su padre.

Tal ambición se cumplió en parte cuando fue nombrado Señor de la Guerra. Sin embargo, el inmenso papeleo, las presiones burocráticas, las envidias de sus hermanos, la perspectiva de abandono y lejanía del Emperador por una razón no revelada, las derrotas e insatisfacciones bélicas y diplomáticas, la sensación de traición ante la creación del Consejo de Terra, comandado por humanos y no por Primarcas, en definitiva, la sensación de ser un peón más del Emperador, hizo que las visiones que le hizo ver Erebus tras ser herido en Davin (cuyo cumplimiento se daría precisamente si causaba la Herejía) cumpliesen sus mayores temores y entonces escogiera el bando de los archienemigos del Emperador para alzarse como el verdadero Señor de la Humanidad.

La corrupción insidiosa del servil Erebus fue clave para hacer caer al mismo Horus, al dirigir la rebelión de Eugan Temba en la luna de Davin.

Los Hijos de Horus, corrompidos en su mayoría por las logias y el mismo Horus, decidieron seguir a su carismático líder contra el Emperador.

El Mechanicum Oscuro y el Cisma de MarteEditar

Al Adeptus Mechanicus le interesa, por encima de todo, el conocimiento ancestral, para poder desarrollar su tecnología. Cuando el Emperador selló su alianza con el Fabricador General Kelbor-Hal, le prohibió y censuró el acceso a las Cámaras de Moravec, un antiguo marciano que había potenciado la tecnología terrenal con energía disforme. Esto inició una secreta desconfianza y reserva contra el Emperador y Terra. Fue una alianza a regañadientes.

También se prohibió el uso de la Inteligencia Artificial (al menos en su faceta total e ilimitada) para prevenir los desastres de la guerra entre los Hombres de Piedra y los Hombres de Hierro.

Cuando Horus cambió su lealtad, envió al embajador Regulus del Mechanicum a Marte para ofrecer su apoyo en las ambiciones de Kelbor-Hal en lo referente al acceso libre a las PCE recuperadas, la I.A. y las Cámaras de Moravec.

Las motivaciones del Mechanicum Oscuro fueron muy pragmáticas, aunque con cierto resquicio de revancha.

El Ejército Imperial y las Legiones TitánicasEditar

Empezando por la 63ª Flota Expedicionaria y acabando por media fuerza militar imperial, Horus era la esperanza de muchos soldados descontentos que se veían a sí mismos como peones del Emperador, como números prescindibles. Pero también acudieron a la llamada de Horus ambiciosos y egoístas Gobernadores Planetarios, comandantes imperiales y Principes de las Legiones Titánicas.

Sin embargo, hay que entender que muchos Gobernadores no fueron protegidos por el Emperador ni sus tropas leales durante la Herejía. Cuando flotas como la de Horus pasaban por sistemas como Giges o Dagonet, a los civiles y nobles les quedaba unirse al traidor o enfrentarse solos a él y ser destruidos.

La actividad de los cultos del Caos se reavivó y aumentó con fervor las labores de corrupción y engaño a lo largo del Imperio.

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