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Legión de la Cruz de Hierro
El contenido de este artículo pertenece a la saga No Oficial de Balhaus, que ha recibido el Sello de Calidad Wikihammer.

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Se denomina Campaña de Gurukamol a la sucesión de batallas ocurridas contra los Orkos del Imperio del Sol Muriente de Kargum-Gok, como resultado de los acuerdos alcanzados durante el Tratado de Norsia entre Balhaus y los Tau en el 2568 DDF (889.M41).

AntecedentesEditar

La Campaña de Gurukamol, ejecutada en el 2569 DDF (891.M41), fue consecuencia directa de un movimiento político astutamente planeado por Balhaus con el único objeto de retrasar las pretensiones Tau de absorber a la civilización balhausita como parte de su conglomerado del Bien Supremo convirtiéndolos en Gue'vesa.

Dicho movimiento implicaba una demostración de fuerza que convenciera a los Tau del perjuicio que supondría la adhesión obligada de Balhaus a su doctrina, en un intento de retrasar las posibles acciones de los alienígenas para forzar su sumisión inmediata, lo cual habían conseguido evitar durante los últimos Miclos.

El escenario donde se desarrollaría toda la acción sería el sistema Morthaban, uno de los varios emplazamientos principales donde los Tau se estaban enfrentando fieramente contra los orkos, y donde la actividad de los pielesverdes tras algunos reveses iniciales había pasado de ser meramente defensiva a terriblemente ofensiva, especialmente tras la llegada masiva de tropas gracias a la gran flota de Gurukamol. Gracias a aquello, los Orkos habían tomado varios planetas y conseguido expulsar a los Tau hasta un par de planetas limítrofes.

El Imperio del Sol Muriente era un enemigo formidable, no sólo por la fiereza de los guerreros Orkos en sí, sus ansias de combate o su elevado número, sino porque, como pudo conocer el SVD tras la Campña de Fobia Verde, una parte de aquellos Orkos se habían convertido al culto de Khorne por las ambiciosas pretensiones de su líder, ganando así un gran poder que multiplicaba significativamente su peligrosidad.

Era obvio que cualquier batalla contra aquellos seres resultaría en un desastre para Balhaus si no era planificada al detalle, combates que además eran necesarios para demostrar a los Tau que los balhausitas eran tanto o más poderosos que los propios Orkos de Gurukamol.

Primera fase - Planeta KrotnarEditar

PreparativosEditar

Bombardeo Orbital

Bombardeo orbital de Krotnar

Con objeto de plasmar con claridad la potencia de Balhaus en el campo de batalla desde el principio, los estrategas del Kriegskunst desarrollaron un plan de acción cuya primera fase comenzaba en uno de los mundos donde el Imperio del Sol Muriente tenía concentrados numerosos efectivos que producían armas y equipamiento para abastecer a la horda en los diversos frentes, un lugar inmundo y muy bien protegido denominado por ellos como Krotnar–Gok, que en su traducción venía a significar aproximadamente el yunque de Kargum–Gok.

Krotnar era un pequeño planeta con un diámetro de 1185 km y una superficie de unos 8.500.000 km2, la cual estaba literalmente plagada de caóticas factorías donde millones de Orkos se afabanan en la construcción de Karroz de Guerra, kañonez e infinidad de gargantez, todo ello imbuido en paralelo por la sangrienta esencia de Khorne, que proporcionaba asimismo poderes adicionales a las temibles máquinas de guerra orkas.

Krotnar estaba situado estratégicamente en la retaguardia de los frentes principales donde los Orkos se batían con los Tau, abasteciendo a las líneas con armamento de forma constante y reponiendo las pérdidas inmediatamente, creando cada vez ingenios más mortíferos ayudados por Herreros de la Disformidad que otorgaban a las máquinas terribles capacidades destructivas para regocijo de las tropas, quienes las utilizaban con letal eficacia. Los principales beneficiados de la producción de Krotnar eran Varal y Lurdia, dos lugares que posteriormente serían objeto de las siguientes fases de la campaña.

El plan de Balhaus consistiría en un ataque en toda regla de gran potencia, para lo cual se utilizarían efectivos del Wehrgruppe, de la V División y la II División, estos últimos utilizando un buen número de las poderosas unidades Jötnar VIII junto con el milenario GOrnabul, evolucionado para convetirlo en una devastadora máquina cuya presencia empequeñecería al más grande de los Gargantes orkos.

Del mismo modo, se movilizó al Ala de Combate 22 y las Alas Rápidas 41 y 42 para apoyar el ataque, pues Kargum–Gok contaba con una gran flota de naves que, aunque obsoletas y en gran parte reconvertidas en grandes aparatos de combate desde meras naves mercantes, su número era abrumador y en proporción de diez a uno respecto a las de Balhaus. Una gran parte de la flota se encontraba alrededor de Krotnar, pues los esbirros de Gurukamol no querían sorpresas en forma de un ataque Tau a sus líneas de suministro, de modo que habían acumulado allí un numeroso continente que escoltaba los convoyes hacia los planetas en conflicto.

En la práctica el Kriegskunst sabía que la estrategia que iba a seguir Balhaus no era la idónea, pues iban a enfrentarse a un enemigo superior en número, en su terreno y con capacidad de reacción inmediata, pero era necesario demostrar a los Tau que incluso en semejante proporción de desventaja, Balhaus sería capaz de alzarse con la victoria.

Los análisis revelaron que un ataque directo y por sorpresa de la Weltwaffe contra la flota enemiga, contando con su superior tecnología y la sorpresa, arrojaría una tasa de pérdidas entre el 28 y el 33% en el primer envite, tras lo cual deberían tomar una posición más defensiva que permitiese el despliegue de las tropas de tierra y quizá alguna acción de bombardeo orbital. El resultado de los combates en tierra dependía de las variables, pero en principio se consideraba que el Wehrgruppe y la Legión de la Cruz de Hierro deberían poder hacerse con la situación en un período aceptable, causando los mayores daños posibles a las infraestructuras enemigas y eliminando Krotnar como fuente de suministro del Imperio del Sol Muriente de forma definitiva.

De la teoría a la práctica, no obstante, las cosas podían cambiar radicalmente.

DespliegueEditar

En el mes de Andür del 2569 DDF (891.M41), la flota de Balhaus compuesta por el Ala de Combate 22 y las Alas Rápidas 41 y 42 apareció en las cercanías del planeta Krotnar en formación de combate, iniciando un ataque coordinado contra las naves vigía de Gurukamol, las cuales comenzaron a ser destruidas y a huir despavoridas ante el brutal despliegue enemigo.

Pasaron horas antes de que las naves orkas se concentraran en número suficiente como para formar una línea contundente, tiempo durante el cual sufrieron centenares de bajas por el temible fuego de Balhaus, hasta que el frente quedó igualado en un intercambio de disparos que iluminó la órbita de Krotnar.

Mientras los poderosos Tötenkreuzer y los Nashorn establecían un salvaje combate directo contra los numerosísimos aparatos de Gurukamol, los transportes balhausitas iniciaron la invasión de tierra tras un breve bombardeo de superficie que tuvo un efecto parcialmente eficaz, despejando algunas zonas que fueron saturadas de Metaveneno. Tras aquello comenzó un rápido desembarco encabezado por los Grimmkrieg de la División V que abrieron un perímetro de seguridad, aunque a costa de grandes bajas. A continuación, se desplegaron varios escuadrones de Ständig con objeto de mantener a raya a los enloquecidos orkos que se lanzaban contra las aún frágiles líneas de Balhaus, logrando que más transportes pudieran alcanzar su objetivo sumando más efectivos que poco a poco pasaron a la ofensiva.

Unas horas después los balhausitas habían conseguido desembarcar a casi setecientos mil soldados del Wehrgruppe y una docena de unidades Jötnar Némesis, además del resto de efectivos de la División V, con lo que el signo del combate cambió favoreciendo a los invasores. Los grandes Jötnar pronto empezaron a arrasar las líneas orkas con su gran potencia de fuego, mientras en retaguardia los Reichfaust Dick lanzaban una lluvia de destrucción en forma de cortinas de proyectiles explosivos e incendiarios que reducían a una pulpa verdosa al contingente orko, quien no pudo más que comenzar a retroceder.

AvanceEditar

No fue hasta dos días después cuando aparecieron en el campo de batalla diez gargantes y casi el doble de Pizoteadorez, los cuales formaron una terrible línea con la que contraatacaron ferozmente, destruyendo a ocho de los Jötnar y causando grandes bajas entre los balhausitas. No obstante, para entonces ya se había conseguido preparar al Gornabul, que irrumpió en el combate aniquilando en la primera embestida a varias de las máquinas orkas, causando un caos tremendo y poniendo en fuga a un buen número de enemigos.

Cuando la batalla inicial cesó, más de millón y medio de orkos habían sido pulverizados, permitiendo el desembarco del resto de las tropas de Balhaus. La reorganización de sus filas hizo que pudieran crear una punta de lanza que avanzó directamente contra las grandes factorías orkas, destruyendo varias de las principales en un corto período de tiempo. No obstante, la marea verde pronto reapareció con muchos efectivos, de nuevo contando con gargantes, kañones y esta vez con un centenar de Dreadnoughts orkos e innumerables Lataz Azezinaz que abrían la formación.

La colisión entre ambas fuerzas fue demoledora, con los temibles artilugios orkos aplastando a los soldados del Wehrgruppe a diestro y siniestro mientras su artillería batía las posiciones enemigas con fruición. Sin embargo, la propia furia del combate hizo que pronto los grandes kañonez orkos comenzaran a disparar sobre la marabunta de sus propios efectivos mezclada con los balhausitas, causando tantas bajas entre los suyos como los propios oponentes.

Los siguientes días fueron un compendio de muerte que terminaron con la retirada de las fuerzas de Balhaus, pero no por haber sido vencidas, sino porque en la órbita el Ala de Combate 22 había conseguido una amplia victoria sobre la desorganizada flota orka, la cual comenzaba huir hostigada por los aparatos de las Alas Rápidas 41 y 42, lo cual permitió que se iniciara un salvaje bombardeo que masacró a las fuerzas de tierra como un inmenso mazo, aplastándolas y vaporizando a miles con cada descarga de sus cañones de aguja disparados con precisión.

La actuación de la Weltwaffe y el hecho de que sus aparatos se vieran libres por la huida de la renqueante flota orka –la cual dejó a sus congéneres en la superficie a su suerte–, dio paso a una estrategia mucho más conservadora por parte de los balhausitas, cuyas tropas permanecieron en posiciones seguras mientras densas formaciones de KG109 y KG17 se dedicaban a descargar sobre las líneas enemigas su letal carga. La falta de aparatos voladores de los orkos y la escasa precisión de sus baterías antiaéreas facilitaron que la fuerza aérea de Balhaus hiciera la mayor parte del trabajo, demoliendo las estructuras de sus cadenas de ensamblaje, ametrallando a los rabiosos orkos que disparaban sus armas contra las naves y destruyendo centenares de máquinas de guerra, lentas e inútiles contra los vertiginosos aparatos de Balhaus.

VictoriaEditar

Dos semanas de terribles combates terminaron al fin con la victoria de Balhaus, quien había perdido alrededor de sesenta mil soldados del Wehrgruppe, más de treinta mil de la División V, todos los Jötnar Némesis exceptuando a dos de ellos –el Gornabul apenas sufrió daños– y más de dos mil trescientos tanques, si bien gran parte de estos pertenecían a los batallones de Ständig no tripulados.

Por parte de las tropas de Gurukamol los números eran aterradores. Se estimó que los orkos abatidos superaban los seis millones, docenas de gargantes, cientos de lataz azezinaz y Dreadnoughts orkos fueron convertidos en chatarra esparcida entre los cráteres de los bombardeos, sus construcciones reducidas a escombros, las factorías devastadas por completo así como los complejos y almacenes donde se guardaban las armas destinadas a abastecer a los contingentes en otros planetas del sistema.

Segunda fase - Planeta VaralEditar

AcercamientoEditar

Krotnar estaba arrasado y los suministros de los que proveía al resto de planetas en conflicto con los Tau fue cortado de raíz, pero el frente aún se mantenía, y peor aún, gran parte de los orkos que allí luchaban pertenecían al culto de Khorne, bestias verdes mutadas con los dones del dios de la sangre que eran mucho más peligrosas que los millones de congéneres abatidos en el mundo de retaguardia.

Para complicar aún más la situación, las potentes naves de Balhaus no podían iniciar un bombardeo orbital como habían hecho en anteriores incursiones, pues en la mayoría de los casos las fuerzas de Gurukamol estaban mezcladas con los Tau en una línea dispersa que avanzaba y retrocedía a cada momento, impidiendo saber con certeza si los objetivos eran aliados o enemigos.

El planeta seleccionado para las siguientes acciones durante la fase dos de la campaña era Varal, un mundo mayormente oceánico y con escasa tierra plagada de montañas escarpadas. Las batallas entre las fuerzas del Imperio del Sol Muriente y los Tau sucedían en franjas de terreno de no más de cien kilómetros de longitud, librándose también combates acuáticos en los alrededores con constantes intentos de uno y otro bando por rodear las posiciones enemigas.

Existía una zona controlada por los Tau que sería la entrada para el despliegue de Balhaus, un lugar montañoso en el que se habían habilitado algunas plataformas de aterrizaje seguras desde las que debería iniciarse el ataque. El Kriegskunst había estudiado a fondo el relieve y las fuerzas enemigas, determinando que los poderosos tanques de la División V así como las unidades Jötnar no tendrían espacio como para poder desplegar sus capacidades de forma eficaz, de modo que optó por utilizar otros métodos.

La flota se reabasteció tras el golpe en Krotnar y viajó sin percances hasta la órbita de Varal, espantando a las pocas naves orkas que permanecían allí como apoyo y que se dieron a la fuga en cuanto vieron el nutrido grupo de aparatos que conformaban la fuerza espacial de Balhaus. Una vez en posición se comunicó a los Tau la presencia de Balhaus y comenzaron las acciones de desembarco de las tropas, cuya composición era diferente a la utilizada en los combates anteriores.

DespliegueEditar

Ziudaz Ozeánika

Sección de la Ziudaz Ozeánika orka

Durante varios días nubes de lanzaderas Sturmbock estuvieron transportando incansablemente tropas y material hasta la superficie del planeta, usando las escasas plataformas que los Tau habían construido para el aterrizaje de sus propias naves. La instalación de un traslador facilitó también la llegada de los balhausitas, los cuales desplegaron medio millón de efectivos del Wehrgruppe y un millar de Maschinenkörper de diferentes clases, pero principalmente Schwer, los pesados artefactos sobre patas que, como gigantescas arañas de Ultracarbono, se podían mover por las montañas con facilidad y rapidez. Asimismo, se enviaron varios centenares de Grimmklein y cincuenta cruceros Walhai, los cuales podrían otorgar superioridad en las operaciones acuáticas. Una vez establecidas las fuerzas, se procedió a un movimiento frontal en combinación con las fuerzas Tau de la Casta del Fuego, que contaba con un buen número de guerreros que hasta el momento habían podido retener a los poderosos contingentes orkos de Gurukamol, quienes se batían tenazmente y con brutalidad usando las numerosas galerías en las montañas, mientras que en el elemento acuático contaban con una enorme base flotante a la que se referían como Ziudaz Ozeánica, un conglomerado de plataformas unidas por innumerables pasarelas, las cuales operaban como una lenta unidad que sin embargo contaba con una impresionante potencia de fuego gracias a sus torretas y kañonez pezadoz.

AtaqueEditar

Sin embargo, como pronto comprobaron los balhausitas a costa de muchas bajas, aquella no era la única amenaza que tenían que tener en cuenta. Los efectivos con los que contaban en el océano se encontraron con una desagradable sorpresa, pues los Extrambótikoz orkos, de alguna manera, habían conseguido controlar a ciertas bestias primarias marinas denominadas Mursanios, enormes y poderosas, las cuales lanzaron contra los cruceros de combate balhausitas causando graves destrozos. Los Mursanios atrapaban con sus potentes mandíbulas a los Walhai y los comprimían hasta partirlos como si fueran palillos, destruyendo a dos docenas de ellos antes de que tuvieran que retirarse a aguas seguras.

Con aquella perspectiva no quedó más opción que comenzar a utilizas a los KG87 cargados con torpedos para tratar de abatir a la mayor cantidad de bestias posibles, pero el grosor de su piel y su dureza hacía que los daños que recibían no fueran suficientes como para detenerlos.

Por suerte para Balhaus, la combinación de los Machinenkörper, el Wehrgruppe y los guerreros Tau resultó tremendamente eficaz contra las filas de Gurukamol, quienes pese a contar con los poderes otorgados por Khorne no eran capaces de contrarrestar la tremenda oleada de fuego que se les vino encima. En escasos días las fuerzas terrestres de Kargum–Gok fueron barridas por completo, pero no sucedía lo mismo con el contingente oceánico, a resguardo en la enorme Ziudaz Ozeánica, erizada de armas y defendida por los temibles Mursanios.

Los analistas de Balhaus estudiaron la situación y concluyeron que con el dominio de los Mursanios por parte de los orkos cualquier ataque a la Ziudaz Ozeánica sería inútil, de modo que debían concentrar sus esfuerzos en eliminar el vínculo entre los eztrambótikoz y aquellas bestias si querían que hubiese resultados.

Para conseguir aquello, expertos de la Casa Wassengeist idearon un sistema que resultó muy eficaz e ingenioso. Se utilizaron lo que dieron en llamar minas psíquicas, que básicamente eran ingenios explosivos submarinos corrientes, pero que contaban de forma adicional con un tanque de vacío psíquico y una bobina de absorción. Al detonar, aquellos artefactos creaban una amplia esfera que, teóricamente, absorbía y disipaba la energía psíquica, lo cual debería afectar a los Mursanios utilizados por los eztrambótikoz orkos librándolos del yugo psíquico establecido.

El uso de aquellas minas fue probado tras sembrar una zona concreta y atraer a algunas de aquellas bestias usando como cebo un crucero Walhai, resultando en que el experimento tuvo éxito y los Mursanios se encontraron repentinamente libres del trance psíquico al que estaban sometidos, sumergiéndose en las profundidades de inmediato para no aparecer más.

Tras aquello, el camino hacia la Ziudaz Ozeánica estaba expédito, de modo que Balhaus concentró todas sus fuerzas en el ataque al conglomerado orko. Los KG87 y KG17, aún a costa de bajas significativas por las armas antiaéreas de aquel bastión flotante, lograron destruir varias de las conexiones y pasarelas que unían las diferentes plataformas, reduciendo así la potencia total del enorme artefacto, lo cual facilitó que los cruceros Balhai y los fugaces Grimmklein realizaran un ataque coordinado que permitió al Wehrgruppe desembarcar efectivos suficientes como para destruir una tras otra las defensas orkas.

Victoria y reprocheEditar

Mursanios

Mursanio adulto

Con gran parte de sus armas inutilizadas, su tamaño muy reducido y su contingente diezmado, la Ziudaz Ozeánica quedó a la deriva, siendo víctima de bancos de los propios Mursanios que, al no verse afectados ya por el control de los eztrambótikoz –muertos en su mayoría durante el combate–, se entretuvieron despedazando el ingenio y aplastando a sus pobladores, más como un juego que como venganza.

De esta manera Varal quedó liberada y la coalición Balhaus y Tau victoriosa, si bien hubo cierto resquemor de los primeros contra los segundos por su falta de actividad en alguna de las acciones clave, lo cual consideraban había aumentado su número de bajas de forma considerable dejándoles el peso del combate, especialmente en cuanto a las batallas marítimas se refería. El reproche de Balhaus fue tomado con bastante tibieza por parte de los mandatarios de la Casta del Fuego, quienes alegaron que habían empleado los efectivos disponibles para las batallas de forma proporcional, si bien era cierto que sus bajas fueron meramente residuales.

Las bajas balhausitas ascendieron a veinticinco mil, doscientos setenta Maschinenkörper Schwer destruidos, más de trescientos Grimmklein abatidos y cuarenta y tres de los cincuenta cruceros Walhai desplegados. Si bien se había conseguido la victoria, el saldo de pérdidas arrojado fue considerado demasiado alto por Balhaus, tomando nota el Weisering de las lecciones aprendidas para posteriores acciones.

Tercera fase – Planeta LurdianEditar

Preparativos y secretosEditar

Biblioteca de Lurdian

Construcción sobre la cámara-biblioteca de Lurdian

Con dos de los mundos principales del sistema Morthaban conquistados, Balhaus situó sus miras en un tercero, Lurdian, en el cual se concentraba una importante cantidad de guerreros orkos de Gurukamol impregnados por el poder de Khorne. Pudieron saber asimismo que el mismo Kargum–Gok se encontraba al frente de uno de los contingentes principales, batallando contra los Tau desde hacía semanas y provocando severos daños. En resumen, el Imperio del Sol Muriente se estaba imponiendo en Lurdian pese a no contar ya con el apoyo que obtenía desde Krotnar, lo cual demostraba que, por algún motivo, el poder de la horda en aquel planeta era muy superior a lo que Balhaus había podido ver hasta el momento.

Lurdian era un inmenso planeta con ocho lunas, unos 150.000 km. de diámetro y 65.000.000.000 millones de km2 de superficie, tan grande que los frentes requerían de larguísimas líneas de suministro que favorecían una estrategia de desgaste más que un enfrentamiento directo. Además de aquello, se trataba de un mundo desértico donde las temperaturas alcanzaban los sesenta grados, contaba con amplísimos desiertos y densas formaciones rocosas, aparte de peligros como enormes embudos de arena inapreciables a simple vista que actuaban absorbiendo todo aquello que se acercaba a la superficie que ocupaban, sumergiéndolos profundamente para nunca volver a liberar su presa. Por si aquello fuera poco, la fauna oriunda del planeta era tremendamente hostil y peligrosa, en forma de plantas carnívoras como las Krestaris, depredadores como los Mirifex o los violentos Struthikoi, todos los cuales supusieron un problema a tener en cuenta también en la planificación de la estrategia a seguir.

Balhaus quería evitar una situación como la sucedida en Varal, donde tuvieron que soportar la mayor parte del peso de la batalla y emplear gran cantidad de recursos para batir a los orkos de Gurukamol mientras los Tau permanecían en una cómoda reserva y los balhausitas ganaban la batalla para ellos. Sin embargo, por algún motivo los Tau habían desplegado en aquel mundo una gran cantidad de sus mejores tropas, material y otros recursos que no empleaban en otros lugares del sistema, lo cual era extraño, dado que Lurdia no era más que una bola de arena prácticamente estéril y sin yacimientos importantes de ningún tipo que pudieran atraer la atención de los alienígenas, tanto Tau como orkos.

Para los balhausitas Krotnar y Varal habían resultado una gran decepción, pues a pesar de haberlos liberado del yugo orko se trataba de mundos pobres, escasos en recursos y sin valor estratégico, al igual que parecía iba a suceder con Lurdia, de modo que hasta el momento no habían encontrado nada –salvo los motivos meramente políticos– por lo que mereciera la pena comprometer gran cantidad de recursos y tropas.

Columna blindada Orkos FW diorama

Una columna blindada Orka atraviesa el campo de batalla.

No obstante, aquello cambió radicalmente cuando agentes del SVD –muy atentos a las actividades Tau en el sector– revelaron una información importante, la cual quizá también explicaba que el propio Kargum–Gok se encontrara en Lurdia y los Tau estuvieran empleando gran parte de su potencial en la conquista de aquel mundo: según parecía, Lurdia había sido antaño el planeta de origen de una antigua raza alienígena desaparecida, la cual podía haber dejado tras de sí valiosos conocimientos y tecnología arcana en alguna parte del planeta.

Con aquello en mente, las perspectivas del Weisering respecto a la participación de Balhaus cambiaron rápidamente, conviniendo en que la presencia militar debería ser apoyada también por equipos de búsqueda y rescate (strafegruppen) que pudieran cribar la zona sin causar revuelo y de forma que ni los orkos ni los Tau percibiesen su presencia.

DespliegueEditar

Dadas las características de Lurdian, sus suelos desérticos y ahuecados en múltiples zonas, la falta de franjas amplias de terreno sólido –gran parte del planeta estaba compuesto por mares de dunas–, las tormentas de arena y el agobiante calor, el Kriegskunst enseguida descartó la posibilidad de utilizar armamento pesado, luego se necesitaba la colaboración de expertos que pudieran enfrentarse a aquellas condiciones sin contar con un gran soporte o mecanización. Para ello se contó con efectivos de la División III Wolfshund, expertos en operaciones en terrenos complejos, de la División VII Fallhammer, los cuales estaban acostumbrados a enfrentamientos con los orkos y conocían sus tácticas, de la División IX Ragnarök, con sus curtidos veteranos en centenares de batallas y finalmente con un gran número de batallones del Wehrgruppe traídos desde el lejano Prandal, un lugar que si bien no contaba con condiciones idénticas a Lurdia sí que compartía su clima y relieve, lo cual era una ventaja significativa.

Reichfaust Dick

Artillería Reichfaust

El total de soldados que Balhaus puso en escena fueron trescientos mil, además de equipo ligero de soporte en forma de artillería Reichfaust y numerosa presencia de aeronaves de la Weltwaffe, sin contar con varias escuadras de Strafegruppen cuyas órdenes no tenían nada que ver con los combates que se preveían en la superficie de Lurdia.

Por su parte los Tau empleaban numerosos Cuerpos de guerreros de la Casta del Fuego (alrededor de cien mil) apoyados por unos quinientos Tanques Cabezamartillo, unos doscientos TX78, transportes TY7 y auxiliados por un gran número de Kroot y Véspides, los cuales que sumaban más de cuatrocientos mil efectivos en total que llevaban combatiendo en el planeta desde hacía varias semanas.

Por el bando enemigo, Kargum–Gok contaba con un grueso contingente de guerreros bien armados, alrededor de dos millones y medio, un buen número de kañonez y también, en un principio, con un par de millares de karroz de guerra, los cuales tardaron poco en hundirse en las dunas o ser atrapados por la agresiva fauna local, con lo que se limitaron a desmontarlos y usar sus baterías como armas de posición. Un detalle que llamó la atención de los analistas balhausitas sin embargo fue la desproporcionada cantidad de Gretchins que pululaban alrededor de los grandes campamentos orkos, miles y miles de esas pequeñas criaturas, los cuales –pensaron enseguida– sin duda tenían encomendada la tarea de buscar los restos de aquella civilización extinta y sus arcanos artefactos, mientras lo orkos más grandes se dedicaban exclusivamente al combate. El cómo los orkos sabían aquello, resultaba un misterio.

Progreso del combateEditar

La llegada de Balhaus no pasó desapercibida para los orkos, pues en cuanto estuvieron preparados las naves comenzaron a sobrevolar velozmente las líneas orkas hostigándolos con sus bombas y cañones rápidos, mientras las tropas de tierra comenzaban a tomar posiciones junto a los poderosos Tau y sus aliados. Al sumarse a la refriega comprobaron de primera mano la dureza de los enemigos y las condiciones de Lurdian, que se cobraban también su porcentaje de víctimas.

Los orkos habían establecido un sistema de bastiones que formaban una larga línea defendida ferozmente, pero la cual no avanzaba, sino que permanecía obstinadamente estática en una larga batalla que los pielesverdes disfrutaban enormemente, sin al parecer tener intención de moverse o ceder un centímetro. Por otra parte, los Tau se habían estrellado contra el muro defensivo innumerables veces sin éxito y a costa de fuertes bajas, de modo que se habían limitado a situarse en posiciones alejadas desde las que sus tiradores podían batir a los incautos orkos a los que se les ocurriera poner el pie más allá de sus líneas, lo cual era más acorde al modo de combate preferido por ellos. No obstante, permanecer inactivos no era la estrategia que realmente estaban siguiendo, sino que utilizaban a los Véspides para atacar los puntos débiles de las líneas enemigas en ataques fugaces, mientras numerosas partidas de kroots se esparcían por el planeta en búsqueda de vestigios alienígenas.

Orkos klan goff ataque

El enfrentamiento era en realidad una carrera hacia la arcana tecnología oculta en Lurdia, lo cual requería no sólo de un frente firme y estático, sino también de una estrategia que permitiera a cada facción cierta libertad de movimiento para realizar sus pesquisas. Sin embargo, repentinamente los orkos hicieron que las cosas cambiaran de cariz. Sucedió de noche, y sin que los Tau ni sus aliados repararan en ello, pero tras sus propias líneas, a menos de un kilómetro de su retaguardia y dentro del propio perímetro de seguridad, un portal, similar al Portal de Gurukamol pero mucho más pequeño, se materializó en un instante vomitando a cientos de orkos mutados por el poder de Khorne que se lanzaron aullando contra los desprevenidos aliados, creando una terrible confusión.

Cuando se dio la alerta, la gran partida orka ya había destruido gran cantidad de vehículos y matado a un buen número de soldados Tau, balhausitas, kroot y Véspides que no llegaron a saber qué ocurría antes de caer bajo las terribles armas de los pielesverdes, que se regocijaban con la súbita carnicería que estaban provocando.

Al amanecer y tras un intenso combate focalizado dentro de las propias líneas aliadas, los orkos fueron finalmente exterminados, pero el daño causado había sido enorme. En aquel momento se escucharon los salvajes gritos de guerra más allá del frente, y una marabunta de orkos abandonó sus parapetos para lanzarse en un ataque rápido y masivo, mientras los kañonez batían ferozmente las posiciones de primera línea.

Los aliados tuvieron que emplearse a fondo para repeler el ataque, pero la sorpresa, la rapidez y los daños provocados durante la refriega nocturna hicieron que el frente se rompiera, obligándolos a retroceder ante el empuje orko. Además de aquello, los guerreros enemigos iban secundados por un buen número de eztrambótikoz entre los cuales se encontraba el propio Kargum–Gok, quien acabó con todos los soldados que pudo encontrar en su imparable avance, descargando brutales oleadas de energía contra ellas y reduciéndolos a cenizas. Pocas horas más tarde los Tau habían cedido terreno y se batían en retirada hacia un punto seguro, llevando con ellos a los kroots y a los véspides mientras Balhaus también trataba de reorganizar sus fuerzas para evitar el desastre.

Al final del día las pérdidas aliadas eran abrumadoras. Si bien los kroots llevaron la peor parte con más de dieciocho mil bajas, los Tau les iban a la zaga con casi doce mil, mientras que Balhaus perdió nueve mil quinientos soldados y gran cantidad de material, por no hablar de las posiciones asaltadas y la rotura del frente. El saldo final comparado con las cinco o seis mil bajas por parte de los orkos constataba una derrota en toda regla a manos del Imperio del Sol Muriente.

ReorganizaciónEditar

Con sus fuerzas mermadas, la moral afectada y una pérdida de terreno muy significativa, los aliados se situaron en una nueva línea aprovechando una gran formación rocosa, situándose de manera que los orkos no pudieran sorprenderles de nuevo en campo abierto gracias al uso de sus portales, para lo cual también situaron una fuerza en alerta constante para poder atajar cualquier intento de ataque.

El Kriegskunst estaba muy decepcionado con el comportamiento de los Tau, pues cuando los orkos realizaron su astuto ataque y rebasaron la primera línea de defensa, se habían limitado a replegarse rápidamente dejando atrás a kroots, véspides y balhausitas batiéndose cuerpo a cuerpo contra ellos. Era conocido que el modo de combate de la Casta del Fuego no consistía en enfrentamientos cara a cara, sino a distancia, pero en aquella situación el perder gran parte de las fuerzas había supuesto un duro golpe que quizá habría podido amortiguarse de haber contado con todos los efectivos disponibles.

Tau comandante farsight vs guardia cuervo y cicatrices blancas

Balhaus tomo nota de aquello sabiendo que en posteriores enfrentamientos lo más probable es que los Tau siguieran el mismo patrón en caso de llegar otra vez a la misma situación de combate cuerpo a cuerpo, de manera que se dieron las órdenes necesarias para evitar una carnicería. Si el Imperio Tau abandonaba el frente para salvar sus efectivos, Balhaus haría lo propio. Una cosa era demostrar a los alienígenas el poderío militar balhausita y otra muy diferente era condenar a sus soldados a un suicidio en masa por un tema político.

Como era lógico, aquella estrategia de no arriesgar efectivos en ningún caso aumentaba considerablemente las posibilidades de un enfrentamiento prolongado con los orkos, pero al fin y al cabo, Lurdia no suponía un objetivo de interés estratégico para Balhaus, aunque sí lo era para los Tau.

Se rehicieron los escuadrones y se enviaron algunos efectivos más para completar las filas de una manera uniforme, con lo que las tropas de Balhaus recuperaron de nuevo su homogeneidad y capacidades. Los orkos entre tanto parecían satisfechos con el gran avance conseguido, pues su maniobra con el portal aparecido en retaguardia –algo que los expertos de la Casa Wassengeist seguían investigando para comprender cómo lo habían hecho– había resultado un éxito rotundo a costa de no demasiadas bajas en comparación con su número, de modo que ahora el frente había recuperado la tranquilidad a la espera del siguiente movimiento que iniciaran las facciones.

Búsqueda y encuentrosEditar

Los orkos habían diseminado a miles de Gretchins por la superficie de Lurdia en búsqueda de la arcana tecnología alienígena abandonada allí –si es que existía–, cosa que los Tau también habían hecho enviando numerosas partidas de kroots con el mismo objetivo. Por su parte, los strafegruppen de Balhaus ayudándose del escaneo orbital del relieve de superficie provisto por la Weltwaffe se concentraban en las áreas donde parecía más probable poder encontrar algo. Varios días después, una de las escuadras balhausitas se encontró con una nutrida patrulla de Gretchins que excavaba bajo una extraña y retorcida formación rocosa, la cual parecía no haber sido modelada por los vientos y tormentas de arena, sino por la mano de algún ser inteligente, y aunque desgastada, aún conservaba ciertos rasgos que identificaban que no se trataba de algo de origen natural.

Tras comunicar el hallazgo esperaron pacientemente a que los Gretchins hicieran el trabajo, asegurándose de que los mensajeros que enviaban hacia sus líneas no llegaran con vida hasta éstas. Poco después, cuando los pequeños seres verdes iniciaron un gran alboroto que revelaba que habían encontrado algo, abandonaron su posición y se acercaron masacrando a las criaturas, eliminándolos por completo y haciéndose con el control del área.

Gretchin

Gretchins en el enfrentamiento

El strafegruppen encontró la entrada hacia una gran cámara soterrada, algo grandioso y antiguo que parecía ser algún tipo de biblioteca alienígena, cuyas paredes estaban llenas de escritos en lengua desconocida tallados en la arenosa piedra. Había cientos de nichos en las paredes que contenían tablillas del mimo material, muchas de ellas deshechas por el paso del tiempo, pero un centenar en buenas condiciones, aunque para sorpresa de los balhausitas, en ellas no había nada escrito.

Se examinó la cámara y no se encontró nada, salvo algunos restos retorcidos y polvorientos de antiguos artefactos de aquella civilización, de modo que, tras informar detalladamente, se determinó que se transportara en secreto todo el material encontrado y servible hasta la base, desde donde se enviaría todo hasta las naves en órbita que procederían a poner a buen recaudo el hallazgo.

Dos días después las tablillas y toda la información viajaban hacia Helheim en una nave escoltada, mientras en Lurdia el Strafegruppen había limpiado concienzudamente el área de su presencia, retirado los cadáveres de los Gretchin abatidos y sellado de nuevo la entrada como si allí nunca hubiera pisado nadie desde su enterramiento.

No pasó mucho tiempo antes de que los orkos enviaran de nuevo un grupo de Gretchins a la zona, pero esta vez fueron localizados por una partida kroot, quien atacó mató a las criaturas encontrando posteriormente la cámara. Cuando los Tau revisaron su contenido, lógicamente, no encontraron nada más que los vestigios de que allí hubo algo, pero a la vista de los restos determinaron que si bien era posible que existiera algún tipo de artefacto o información –salvo la tallada en las paredes–, se habría descompuesto por el paso del tiempo. Volaron la cámara y reiniciaron su búsqueda, sin saber que lo que habían estado buscando ya se encontraba en manos de Balhaus.

Estrategia y discusiónEditar

Equipo Rompelíneas Tau 7ª Edición ilustración

Guerreros Tau en combate

Se revisó la situación de la batalla en una reunión entre los comandantes de los Tau y Balhaus para poner en común las alternativas, pues si se quería atajar el problema era necesario un plan de acción inmediato. Los Tau, que aún contaban con fuerzas significativas, eran proclives a mantener las nuevas posiciones y seguir con la táctica de guerrillas utilizando a sus mercenarios véspides para sorprender a los orkos en sus puntos débiles y desgastar paulatinamente sus fuerzas. Para sustentar esto, explicaban, los aliados contaban ahora con un emplazamiento más resguardado donde no podrían ser sorprendidos con facilidad como había sucedido anteriormente, lo cual suponía una ventaja. Por otro lado, habían requerido de refuerzos y esperaban que en el trascurso de unos pocos días pudieran contar con más kroots, véspides y escuadrones de armaduras de combate, con lo cual reforzarían la posición y podrían plantear un contraataque en condiciones.

Balhaus sin embargo no era partidario de permanecer en el mismo lugar esperando a que los orkos tomaran la iniciativa, pues parecía obvio que si se quedaban allí, Kargum–Gok idearía alguna peligrosa maniobra para atacarlos que le favoreciera, mientras que ellos sólo podrían reaccionar ante lo que se les viniese encima.

Debido a esto, la idea de los estrategas balhausitas iba por derroteros muy diferentes a la de los Tau, pues en concreto querían utilizar a su favor la sorpresa tal y como los orkos habían hecho anteriormente con éxito. Para conseguir esto, propusieron, planteaban una astuta maniobra relámpago que impidiera a los orkos reaccionar de manera coordinada, para lo cual se aprovecharían de su natural inclinación al combate directo y sus ansias de sangre, pues no en vano estaban imbuidos por los poderes de Khorne.

El plan en realidad era sencillo: los orkos estaban situados a lo largo de una línea de frente de unos quince kilómetros, lugar donde habían establecido un sistema de defensa a base de grandes bastiones comunicados entre sí, los cuales poseían suficiente potencia de fuego como para desbaratar cualquier ataque directo…siempre y cuando hubiese efectivos suficientes en los mismos para defenderlos. La idea era atraer la atención hacia uno de los flancos, para lo cual se desplazaría una fuerza suficiente que rodeara la posición, iniciando un ataque posterior que, con fortuna, tentaría a los orkos a moverse hacia allí masivamente.

Dado que estas criaturas no rehuían el combate, sino que lo buscaban con ansia, el fragor de la batalla en el flanco muy probablemente haría que el contingente desviara su atención hacia allí, tras lo cual una segunda fuerza aliada –más numerosa– avanzaría directamente contra la línea del frente para situarse en su retaguardia y causar el mayor daño posible. Los orkos jamás esperarían que una fuerza en inferioridad numérica y recién vencida no hacía más que unos pocos días pasara al ataque sin más, pues eso iba en contra de toda su lógica de combate, y ése era precisamente la ventaja táctica que Balhaus, osadamente, quería explotar.

Tau etereos estrategia batalla

Estrategia Tau

La simpleza del plan parecía garantizar que funcionaría, pero no estaba exento de riesgos. En primer lugar, la fuerza inicial de distracción debería aguantar lo suficiente como para convencer a los orkos de que se trataba de un ataque real, no de un subterfugio, lo cual suponía que quienquiera que lo hiciese debía estar dispuesto a soportar un número elevado de bajas y a mantener la línea a toda costa. En segundo lugar, era posible que los orkos no picaran el anzuelo –aunque los estrategas balhausitas estaban convencidos de que lo harían–, con lo cual los aliados habrían mermado sus fuerzas inútilmente y quedarían expuestos a un ataque frontal que los arrasara. En tercer lugar, si por cualquier motivo la segunda fuerza no era capaz de rebasar la línea de bastiones orkos una vez iniciada la maniobra, la primera fuerza quedaría a merced de los pielesverdes, quienes masacrarían el contingente sin remedio. Se discutió durante horas tratando de acordar una estrategia para solucionar la difícil situación en la que ya se encontraban. Los Tau rechazaban de plano la tenaz estrategia balhausita, pero en cierto modo algunos de sus comandantes parecían aceptar la idea de que semejante movimiento sin duda contaba con el elemento sorpresa y con una ventaja táctica aprovechable en aquellas condiciones.

La reunión se prolongó largamente, hasta que Balhaus dio el paso definitivo ofreciendo sus fuerzas para liderar la maniobra de distracción en el flanco orko, lo cual suponía un riesgo alto, aunque el Kriegskunst sabía que de otra manera los Tau nunca accederían a tomar la iniciativa. Tras deliberar y constatar que los efectivos Tau permanecerían en una posición segura hasta poder ver si la maniobra tenía éxito, con lo cual ellos no arriesgarían nada en caso de que fuera un fracaso, finalmente accedieron.

La ofensivaEditar

No había amanecido cuando las tropas de Balhaus se pusieron en camino sigilosamente, para lo cual fueron cautos desplazándose treinta y cinco kilómetros hacia el Este, lo cual los situaba en una posición alejada del frente principal y justo en el flanco izquierdo de los orkos de Gurukamol. Antes de avanzar hacia ellos se hicieron notar para asegurarse de que atraían la atención de las verdosas criaturas, levantando gran cantidad de polvo y haciendo rugir los motores de sus vehículos ligeros, haciendo parecer que su contingente era mayor de lo que en realidad disponían.

Abrieron la marcha los veteranos de la División III Wolfshund seguidos de cerca por la División VII Fallhammer y los soldados del Werhgruppe, cerrando la marcha la División IX Ragnarök con varios vehículos que portaban rastrillos con objeto de levantar una enorme estela de polvo. El avance hacia los orkos, en principio, causó el efecto deseado, pues se escuchó la alarma entre sus filas y comenzó un frenético movimiento tratando de organizar la defensa, las cuales se dispusieron en una nueva línea bastante nutrida con alrededor de seiscientos mil guerreros que se prepararon para la embestida, quedando prácticamente un millón y medio aún situados en la línea principal del frente, encarando a los Tau, los kroots y los véspides.

Struthikoi

Strithikoi adulto cuidando su puesta de huevos

Balhaus, aparte de la treta de usar los rastrillos, utilizó adicionalmente los recursos del propio Lurdia en su favor, para lo cual se había dedicado a acorralar a un buen número de bandadas de Struthikoi con sus rápidos vehículos Grimmblitz, dirigiéndolos como si de perros pastores se tratara y concentrándolos en un gran grupo en el que se juntaron más de tres mil de estas agresivas criaturas. Cuando se produjo el avance hacia la posición de los orkos, se empujó a la gran bandada Struthikoi en primer lugar, con lo que los rápidos seres se lanzaron en una vertiginosa carrera zigzagueante que hizo retumbar el suelo mientras sus salvajes chillidos se escuchaban a kilómetros de distancia.

Los orkos no esperaban algo parecido a aquello, de modo que cuando los Struthikoi aparecieron frente a ellos en una rapidísima carga, a pesar de que abrieron fuego no pudieron abatir a demasiados –eran tan rápidos y esquivos como una bandada de pájaros en el aire, de modo que junto a la falta de visión por la polvareda, la mayor parte de los proyectiles erraron el blanco–, y finalmente se echaron sobre ellos atravesando la línea defensiva mientras los atacaban ferozmente con sus largos picos afilados como espadas y poderosas patas.

Entre tanto los balhausitas tomaron posiciones y comenzaron el ataque usando su artillería Reichfaust para batir la zona más allá de la primera línea, donde los orkos se arremolinaban a miles tratando de acabar con los Struthikoi, lo cual causó grandes bajas. A continuación, los soldados de las Divisiones II y VII junto con el Wehrgruppe abrieron fuego mientras los efectivos de la División IX avanzaban, logrando situarse en una posición más cercana para permitir el avance escalonado del resto de las fuerzas.

Repitieron la maniobra de avance y cobertura varias veces introduciendo una profunda cuña en la línea defensiva de Gurukamol, pero un par de horas más tarde las cosas empezaron a cambiar. Los densos montones de cadáveres orkos mezclados con algunos Struthikoi fueron usados como parapeto por las fuerzas de Balhaus, pero los pielesverdes pronto tomaron la iniciativa en un fuerte contraataque apoyado por su superioridad numérica.

El combate se desarrolló entonces en una serie de poderosos envites lanzados por los orkos que Balhaus tuvo que soportar, con los cuales lograron recuperar la línea y causaron muchas bajas, situando sus fuerzas en cada vez mejores posiciones, lo cual tarde o temprano, cuando repararan en la magnitud real del contingente enemigo, derivaría sin duda en un movimiento envolvente que los arrasaría. A partir de ahí el cronómetro comenzó a correr, y los comandantes de Balhaus sólo podían esperar.

Entre tanto, los Tau permanecían muy atentos a los movimientos en la línea principal del frente, la cual hervía de actividad mientras los orkos recibían las noticias del ataque por el Este, el cual en primer momento parecía estar machacando a sus fuerzas. Comenzó a producirse cierto movimiento de tropas, pero no de forma masiva, de modo que los Tau decidieron esperar acontecimientos antes de lanzarse al ataque.

Varias horas después, y pese a los esfuerzos de Balhaus por evitar ser rebasados, los orkos fueron conscientes de que sus tropas eran mucho más numerosas que los enemigos, con lo cual empezaron a concentrar sus ataques moviéndose hacia los laterales. Un poco más de tiempo y la pinza podría empezar a cerrarse, con lo cual los balhausitas sólo tendrían la opción de replegarse rápidamente –dando la espalda entonces al contingente enemigo y cesando en su defensa–, o de lo contrario morirían directamente en un tupido fuego cruzado imposible de contrarrestar.
Orkos vs guardia imperial avance arrollador

Los orkos corren al combate

Fue entonces, con la excitante perspectiva de una gran masacre, cuando los indisciplinados orkos que permanecían inactivos en la línea del frente principal comenzaron a desplazarse hacia allí en grandes grupos para desesperación de sus mandatarios. Los Tau pudieron ver cómo varios de los jefes orkos ajusticiaban a los que abandonaban sus puestos, pero lo que en principio fue un goteo pronto se convirtió en un auténtico torrente verde que se movía hacia el Este atraído por el olor de la sangre fresca.

Kargum–Gok, el líder del Imperio del Sol Muriente, rugía sus órdenes y descargaba su incontenible rabia contra los que tenía alrededor, pero ni siquiera aquello pudo evitar que la horda, como habían vaticinado los estrategas balhausitas, pusiera sus destructivos ojos en el frente del Este y los guerreros orkos se dirigieran haca el combate emitiendo sus salvajes alaridos.

Ante aquella situación los Tau por fin se decidieron a atacar, con lo cual sus fuerzas avanzaron directamente hacia los ya mal protegidos bastiones, destruyéndolos con facilidad e introduciéndose en la propia línea orka, ocupada en su desplazamiento hacia el combate que se producía en el Este.

Los segundos parecían horas para los soldados balhausitas, quienes hacían lo posible por defenderse de la brutal oleada de orkos que seguía creciendo de manera imparable, pero entonces por fin recibieron la comunicación de que los Tau se encontraban ya en la retaguardia y se movían rápidamente hacia los enemigos para atacarlos por la espalda. Las formaciones de la Weltwaffe bombardeaban a los orkos, pero eran tantos y sus disparos tan concentrados que muchos aparatos fueron derribados, lo cual pese a ser otro golpe consiguió tiempo para las tropas de tierra, quienes poco después por fin vislumbraron a los Cabezamartillo abriendo fuego contra la retaguardia de la horda, mientras centenares de armaduras XV8 Tau iniciaban su tarea descargando los blásters de fusión y cañones de plasma vaporizando a los sorprendidos orkos, quienes pronto se volvieron para tratar de afrontar la nueva amenaza. El resto del combate es historia. Con dos frentes paralelos y atrapados entre los fuegos de los Tau y Balhaus, los véspides acabando con los grupos dispersos y los kroot evitando que los orkos pudieran abandonar la bolsa donde se encontraban retenidos, los aliados actuaron como una terrible picadora de carne que durante treinta horas se dedicó a machacar de forma ininterrumpida a la horda.

Kargum–Gok, que no era tan estúpido como muchos de sus congéneres ahora atrapados entre el martillo y el yunque, había evitado sumarse al combate en el Este y había escapado junto con su séquito más cercano, sabiendo en el momento en el que sus tropas fueron atraídas hacia el Este que todo se trataba de una astuta trampa y que. salvo imprevistos, su ejército en Lurdia iba a ser completamente destruido.

Las sospechas del líder de Gurukamol, en efecto, se convirtieron en un hecho poco después.

Victoria y conteo de bajasEditar

Dos millones y medio de orkos de Imperio del Sol Muriente cayeron en Lurdian durante el mes de Dreiz del 2569 DDF (891.M41), lo cual suponía la práctica totalidad de sus fuerzas en el planeta. Su kaudillo, Kargum–Gok, escapó a través de un portal completamente cargado de ira, pues no en vano la pérdida de aquel mundo y sus tropas junto con la pérdida de Varal y Krotnar significaba que el sistema ya no estaba en manos de Gurukamol, y peor aún, difícilmente podría reponer las enormes bajas que había sufrido, lo cual resentiría sin duda su poderío en todos sus territorios.

Por otro lado, los Tau estaban eufóricos con la victoria y la actuación de sus tropas, las cuales, aun habiendo sufrido un tercio de bajas en total, controlaban el planeta por completo y ahora podían dedicarse a explorarlo en profundidad en busca de artefactos arcanos. Sin ninguna duda, los que peor parte habían llevado en aquella ocasión era Balhaus, pues de los trescientos mil efectivos que había desplegado en Lurdia sólo quedaban treinta mil, habiendo perdido a la totalidad de efectivos de la División IX y la VII, además de a casi todo el Wehrgruppe proveniente de Prandal. No obstante, los balhausitas habían demostrado de qué pasta estaban hechas sus tropas y la calidad de sus estrategas, algo que posteriormente redundó en sus relaciones con los Tau.

Fin de la Campaña y consecuenciasEditar

La Campaña de Gurukamol terminó exitosamente, aunque había requerido un gran sacrificio en soldados y recursos a Balhaus, pero los beneficios derivados de ella pronto se cuantificaron muy positivamente.

Por un lado, el Imperio del Sol Muriente había sido vencido y se habían encontrado vestigios en Lurdia provenientes de una antiquísima cultura alienígena, los que posteriormente fueron conocidos como las Tablas de Lurdian. Por otro lado, se había saqueado gran cantidad de material orko, así como información muy relevante sobre estas desagradables y violentas criaturas, lo cual sería analizado de forma concienzuda para formar parte de los bancos de memoria de Balhaus.

Por último, los Tau reconocieron la excelente labor realizada por Balhaus a lo largo de toda la campaña, y aunque no emitieron comentario alguno, era cierto que les había impresionado la potencia que los balhausitas eran capaces de desplegar en términos militares, su tecnología y la ferocidad de sus soldados.

Todo aquello fomentó positivamente las relaciones entre ambas culturas, y aunque no eliminó la idea de los Tau de que los balhausitas se adhirieran al Bien Supremo como Gue’vesa, sí que les hizo replantearse sus expectativas inmediatas, pues estaba claro que enfrentarse a ellos podría resultar algo largo, complejo y sobre todo costoso.