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Batalla de Terra

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440px-Siege Imperial Palace

El Palacio Imperial siendo asediado por las fuerzas del Caos

La Batalla de Terra, también llamada el Sitio de Terra o el Asedio del Palacio Imperial en los registros imperiales, se refiere a la confrontación final de la Herejía de Horus que se desarrolló en la mismísima Terra, entre las Fuerzas del Caos dirigidas por el Señor de la Guerra Horus y los ejércitos leales al Imperio del Hombre dirigidos por el Emperador de la Humanidad. Las fuerzas leales salieron finalmente victoriosas, aunque por muy poco, y Horus fue derrotado por el Emperador en la cubierta de su enorme Barcaza de Batalla, el Espíritu Vengativo, aunque el Señor de la Humanidad fue mortalmente herido y tuvo que ser encerrado dentro de los mecanismos cibernéticos de soporte vital de la pieza modificada de avanzada tecnología de aumento psíquico conocida como el Trono Dorado. El resultado de la Batalla de Terra decidió el destino de la Humanidad durante los siguientes 10.000 años.

PreparativosEditar sección

Traidores terra caos

Horus y los traidores más importantes viajan hacia Terra

Tras la Masacre del Desembarco, llevada a cabo en contra de las tres Legiones leales de los Salamandras, los Manos de Hierro y la Guardia del Cuervo por las Legiones Traidoras, leales al Señor de la Guerra Horus en el planeta Istvaan V, se puso de manifiesto que 9 de las 18 Legiones de Marines Espaciales se habían pasado al Caos y en contra del Emperador de la Humanidad.

Horus declaró abierta y públicamente que ya no seguiría por más tiempo al Emperador, creyéndole inmerecedor de las batallas libradas en su nombre, y el Señor de la Guerra tomó formalmente el liderazgo de las Legiones Traidoras como su nuevo dirigente supremo, con el apoyo de elementos del Ejército Imperial, una porción del Adeptus Mechanicus y de las Legiones de Titanes que eligieron servir al Caos, conocidas como el Mechanicum Oscuro, más poderosas fuerzas navales imperiales que todavía formaban parte de las Flotas Expedicionarias de la Gran Cruzada y los engendros demoníacos del Caos.

En el transcurso de los siguientes 7 años de brutal guerra civil interestelar, su objetivo pronto quedó claro: Terra, el corazón del Imperio del Hombre. Los Hijos de Horus, la Guardia de la muerte, los Hijos del Emperador, los Devoradores de mundos y elementos de los Portadores de la palabra se prepararon para encontrarse en Marte. Al resto de la Legión de los Portadores de la palabra se les encomendó la tarea de destruir a Roboute Guilliman y a sus Ultramarines en el planeta Calth, en la Franja Este de la galaxia.

El Primarca de la Legión de los Puños Imperiales, Rogal Dorn, y el Regente del Imperio, Malcador el Sigilita, al recibir a los pocos supervivientes de la Masacre del Desembarco de Istvaan V cuando se retiraban a Terra, descubrieron las auténticas implicaciones de su posición y de la fuerza de Horus y las fuerzas traidoras. Rogal Dorn llamó inmediatamente a todas las fuerzas leales a Terra para prepararse contra la invasión de Horus.

De las Legiones de Marines Espaciales aún leales al Emperador, los Lobos Espaciales acababan de completar el Incendio de Prospero, el mundo natal de la Legión Traidora de los Mil Hijos, cerca del Sistema Chondax, donde los Cicatrices Blancas estaban estacionados. Sin previo aviso, la flota de la Legión Alfa salió de la Disformidad y se enfrentó a las fuerzas del Primarca Leman Russ, machacando a su menor flota y forzando a Russ a recurrir a tácticas de golpeo y huida. El Primarca de la Legión Alfa, Alpharius, también atacó a las cercanas fuerzas de los Cicatrices Blancas separándolas, en un intento de introducir a esa mayor Legión en un conflicto que la apartara de Terra.

El Primarca de los Cicatrices Blancas, Jaghatai Khan, deseaba desesperadamente ayudar a Russ, pero mientras las naves traidoras le atacaban, recibió una orden astropática de Rogal Dorn. Khan debía traer a su Legión de vuelta a Terra, de inmediato. Dorn también ordenó que transmitiera la misma orden a Russ, y que en caso de lograr evadirse de sus atacantes, sólo entonces debía intentar encaminarse hacia Terra. Tras enviar la orden y añadir a esta su disculpa por su incapacidad para apoyar a los Lobos Espaciales, los Cicatrices Blancas se dirigieron a Terra. Russ decidió enfrentarse a la Legión Alfa con renovada determinación. Al recibir ayuda desde un lado inesperado, los Lobos Espaciales lograrían finalmente dar la vuelta a la batalla con sus atacantes y saltar a la Disformidad hacia Terra, mucho tiempo después de que el asedio al Palacio Imperial hubiera comenzado.

De un modo parecido, en el mundo de Calth la fuerza expedicionaria de los Ultramarines, machacada por los constantes ataques de los Portadores de la Palabra, se había atrincherado en la superficie planetaria, mientras el Primarca, Roboute Guilliman, y los restos de su flota empezaban a organizar tácticas de golpeo y huida. Observando la escena del planeta, Guilliman rápidamente evaluó las posiciones de sus tropas de tierra, y comenzó a emitir órdenes a sus hombres, coordinando cada bolsa de resistencia. Una de esas bolsas, bajo el mando del Hermano Capitán Ventanus, organizó una salida, y retomó los cañones de defensa y los silos láser de Calth, destruyendo un gran número de naves traidoras. La victoria de Ventanus igualó las posibilidades en el espacio, dando tiempo a la gran parte restante de la Legión de los Ultramarines para llegar a Calth y expulsar a los traidores. Reunidos como una sola fuerza, los Ultramarines recibieron las órdenes de Malcador y partieron hacia Terra, navegando por la Disformidad tan rápidamente como podían incluso mientras sabían que podían llegar demasiado tarde para marcar una diferencia.

Mientras esto ocurría, los Amos de la Noche llegaron a la Franja Este de la galaxia para enfrentarse a los Ángeles Oscuros, y la armada de los Guerreros de Hierro salió de la Disformidad para enfrentarse a la flota de los Puños Imperiales anclada cerca del mundo de Istvaan V, convertido en cuartel general de los Marines Espaciales del Caos. Tras sobrevivir al empuje inicial de los ataques de los Guerreros de Hierro, la armada de los Puños se mantuvo firme y dispersó la flota del Primarca Perturabo, y asimismo saltó a la Disformidad hacia Terra en una desesperada carrera contra el tiempo.

Mientras tanto, en el Cúmulo Signis, los Ángeles Sangrientos, con un nuevo y terrible poder otorgado por un misterioso ataque de rabia en masa (que volvería a aparecer durante el Asedio de Terra), habían triunfado, aplastando a las fuerzas de los Demonios del Caos, y pudieron saltar a la Disformidad en dirección a Terra.

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Horus invadiendo Terra

Dirigiéndose hacia Terra, el Señor de la Guerra recibió una inesperada comunicación del recientemente traicionado Primarca de los Mil Hijos, Magnus el Rojo. Los Lobos Espaciales habían expulsado a los Mil Hijos de su mundo natal, Prospero, tras ser manipulados por Horus para que atacaran el mundo en lugar de simplemente tomar a Magnus bajo custodia para entregarlo pacíficamente en Terra, a fin de que se enfrentara los cargos de uso ilegal de hechicería ante el Emperador. Devastado por la destrucción de sus valiosos almacenes de conocimiento sobre el Inmaterium y la hechicería por los Lobos Espaciales, y habiéndose entregado al Dios del Caos Tzeentch para salvarse a sí mismo y a su Legión, Magnus ofreció su apoyo y el de la Legión de los Mil Hijos a Horus y al Caos en venganza contra el Emperador por su traición. Los Mil Hijos estaban en ruta hacia Terra, donde se unirían a las fuerzas de Horus.

De las nueve Legiones de Marines Espaciales leales, solo los Cicatrices Blancas y los Ángeles Sangrientos fueron capaces de unirse a los Puños Imperiales en la defensa de Terra antes de la llegada de las Legiones Traidoras al Sistema Solar. Tres Legiones Titánicas completas del Adeptus Mechanicus y cerca de dos millones de soldados del Ejército Imperial permanecieron a su lado para enfrentarse a los traidores en una batalla que determinaría el destino de la Humanidad durante 10.000 años.

Asedio del Palacio ImperialEditar sección

Puños imperiales batalla terra

Puños Imperiales durante la Herejía, en armadura Mk. VIII.

El asedio de Terra por las fuerzas traidoras de Horus comenzó con un bombardeo orbital llevado a cabo por la flota del Señor de la Guerra como preludio a la invasión. Aunque las flotas leales y los defensores resistieron y las enormes defensas orbitales de Luna barrieron más de una cuarta parte de las naves de la flota traidora. Pero como los soldados leales en la superficie eran demasiado pocos para enfrentarse a las fuerzas combinadas de tantas Legiones Traidoras, fueron aplastados sin piedad.

Tras días de bombardeo, los Marines Espaciales del Caos aterrizaron en Terra con Cápsulas de Desembarco y avanzaron sobre los dos espaciopuertos más cercanos a la localización del Palacio Imperial para asegurarlos en preparación para los desembarcos principales de las fuerzas traidoras. Elementos de cinco de las Legiones Traidoras participaron en la batalla, apoyados por las fuerzas traidoras ya en la superficie. A pesar de los valientes esfuerzos de los ejércitos leales, los espaciopuertos del Muro de la Eternidad y de la Puerta del León cayeron en cuestión de horas en manos de las Fuerzas del Caos. Los oscuros Cultistas del Caos realizaron muchas invocaciones, llamando a los Grandes Demonios del Caos desde la Disformidad directamente en suelo terrano.

Con los espaciopuertos asegurados, las restantes tropas de Horus de las Legiones Traidoras, el Ejército Imperial rebelde y las fuerzas de apoyo del Mechanicus Oscuro aterrizaron en masa, y los inmensos transportes cargaron miles de tropas cada uno, así como los terribles Titanes Traidores que servían a la causa del Señor de la Guerra y habían sido infectados por las demoníacas fuerzas del Caos. El tremendo tamaño de los transportes los convirtió en objetivos prioritarios para los lásers de defensa de Terra. Aunque muchas naves de desembarco traidoras fueron destruidas en la atmósfera, muchas más lograron llegar a la superficie, desembarcando aún más soldados, tanques pesados y Titanes para apoyar a la fuerza de los asediantes. Encontrando una dura resistencia por parte de los leales, ya que los defensores imperiales sabían que era supervivencia de su mundo, la de su Emperador, y que toda la raza humana dependía de ellos.

Mapa de Terra

Mapa del Palacio Imperial y alrededores, en Terra.

Leyenda:
PALACIO DEL EMPERADOR (verde claro): 
1. El Palacio Interior (Inner Palace) 
2. El Palacio Exterior (Outer Palace) 

FORTALEZA-MONASTERIO DE LOS PUÑOS 
IMPERIALES EN TERRA (amarillo) 

ASTROPUERTOS (azul): 
1. Muro de la Eternidad
2. Primus 
3. Damoclès 
4. Puerta del Leon
COMPLEJOS INDUSTRIALES (rojos):
1. Crisol
2. Infurnace 
3. Vulcanus 
OTRAS localizaciones (verde oscuro) 
1. Torre de las Sombras 
2. Librarium Techologicus 
3. Ciudadela de Justicia 
4. Fortaleza de la Verdad 
5. El Bastión Eterno
6. "Black Ministry" 
7. Fortaleza Prohibida



El AsedioEditar sección

Leales traidores palacio imperial caos terra batalla marines

Los Traidores abren brecha en los muros exteriores del Palacio

Los asediantes del Caos forzaron a los defensores imperiales a retroceder a los muros del Palacio Imperial, donde miles murieron ralentizando el asalto. El Primarca Angron de la Legión de los Devoradores de Mundos, convertido en un Príncipe Demonio del Dios del Caos Khorne, se adelantó ante las murallas del Palacio y exigió la rendición de las fuerzas leales, diciendo que estaban aislados, superados en número, y que defendían a un gobernante indigno de su lealtad. Muchos se hubieran rendido ante Angron tras ver el terrible poder de las Fuerzas del Caos que permanecían desplegados ante ellos, de no ser por el Primarca Sanguinius, el alado y aparentemente angelical líder de la Legión de los Ángeles Sangrientos. Los dos Primarcas, una vez hermanos, se miraron el uno al otro, quizás comunicándose telepáticamente. Finalmente Angron se retiró de las puertas del Palacio Imperial, diciendo a sus fuerzas, no sin cierto placer ante la perspectiva de la matanza, que no habría rendición. El asedio del Palacio Imperial comenzó entonces a toda prisa. Tres veces las Fuerzas Caóticas escalaron los muros, y tres veces fueron rechazados por Sanguinius y sus Ángeles Sangrientos. Fuera de los muros del Palacio, Marines Espaciales y fuerzas del Ejército Imperial dirigidas por Jaghatai Khan intentaron, sin éxito, atraer al grueso del ejército asediante lejos del Palacio. Pronto los defensores fueron rechazados al laberinto de pasillos y bastiones del interior de los muros del Palacio. Frustrado con el lento avance de sus tropas, Horus ordenó a la Legio Mortis (la Legión de los Cráneos de Muerte), una Legión Titánica Traidora, que demoliera secciones enteras del muro. A pesar de sufrir terribles bajas, los Titanes, dirigidos por el infame Titán Imperator Dies Irae, abrieron brechas en las defensas del Palacio Imperial, por las cuales luego los traidores se lanzaron al interior.

Asedio palacio terra

El Ejército Imperial trata de detener a los Traidores junto a los muros interiores del Palacio

Viendo las brechas y el potencial derrumbe de las defensas imperiales, Jaghatai Khan decidió cambiar de planes. En lugar de asaltar los casi invencibles flancos del ejército del Caos, Khan redirigió a sus Cicatrices Blancas, que conformaban una fuerza móvil y muy flexible, y a las Divisiones Blindadas supervivientes del Ejército Imperial hacia el espaciopuerto de la Puerta del León. Al amanecer el ataque relámpago de Jaghatai pilló a la guarnición traidora del espaciopuerto totalmente por sorpresa, y reconquistaron el espaciopuerto para el Imperio. El Khan ordenó a sus tropas reactivar los láseres de defensa del espaciopuerto para evitar que la flota traidora desembarcase más tropas o suministros, y formar un perímetro defensivo para asegurar el territorio recién reconquistado. Las fuerzas del Khan rechazaron varios frenéticos contraataques de los traidores, y comenzaron a disparar sobre las desprotegidas naves de desembarco de Horus. El plan del Khan funcionó perfectamente: el flujo de traidores y maquinaria hacia el Palacio Imperial había sido cortado por la mitad de un solo golpe. Inspirados por este éxito, las fuerzas leales intentaron también hacerse de nuevo con el espaciopuerto del Muro de la Eternidad, pero fueron repelidos sin dificultad por las fuerzas del Caos, ya que habían reforzado la guarnición tras la pérdida de la Puerta del León.
Sanguinius 5

Sanguinius venciendo al Demonio

Dentro del Palacio, los defensores se habían visto forzados a retroceder hasta la Puerta de la Eternidad, el único punto de entrada al santuario interior del Palacio. Los Ángeles Sangrientos y los Puños Imperiales intentaron retener a las tropas del Caos, mientras los restantes soldados leales cruzaban la Puerta. Pronto el poderoso Gran Demonio Devorador de Almas, Ka'bandha, se adelantó y dirigió un reto a Sanguinius en el nombre de su señor Khorne. El Demonio se lanzó contra el Ángel de Baal, dándole apenas tiempo para parar sus golpes. Ya cansado por el asedio, Sanguinius fue derribado por el Demonio, pulverizando el cemento bajo el impacto. Las fuerzas leales parecieron quejarse colectivamente.

Aun así el Primarca de los Ángeles Sangrientos no estaba vencido, sólo aturdido por la fuerza del impacto. Sanguinius se aclaró la cabeza, se obligó a volver a ponerse de pie, y una vez más despegó. El Ángel agarró al burlón Demonio, sujetándolo por el tobillo y el brazo derechos. El Primarca alzó a la criatura y le partió la columna sobre su rodilla, antes de arrojar el cadáver del demonio a los asediantes, que aullaron desesperados mientras los últimos leales retrocedían y se metían en el santuario interior antes de que el gran portal de la Puerta de la Eternidad fuera cerrado tras ellos. Por supuesto, al ser Demonio, Ka'bandah no podía ser realmente matado, solo expulsado a la Disformidad por 1000 años estándar, pero el espíritu del Devorador de Almas fue enviado aullando de vuelta al Inmaterium para encontrarse con el disgusto de su amo el Dios de la Sangre.

La Puerta de la Eternidad estaba cerrada.

El Juego del FinEditar sección

El asedio de Terra tras el asalto inicial al Palacio Imperial duró 55 días. Ambos bandos sabían que la derrota del Imperio del Hombre no estaba cerca tras la defensa de la Puerta de la Eternidad. Sintiendo esto, y sabiendo que debía completar el asedio antes de la llegada de refuerzos leales de las otras Legiones de Marines Espaciales que ya estaban en marcha, Horus se preparó para teleportarse a la superficie desde su nave insignia, el Espíritu Vengativo, para dirigir a sus tropas en persona. Antes de que esto pudiera ocurrir, el Primer Capellán de los Portadores de la Palabra, Erebus, trajo nuevas noticias para Horus: sus aliados demoníacos en la Disformidad les habían informado de que las Legiones de los Ángeles Oscuros y los Lobos Espaciales se aproximaban a Terra, y que los Ultramarines iban apenas por detrás de ellos.

En este momento, Horus se desesperó; su jugada había fallado, harían falta semanas de conflicto continuado para destruir a los defensores y los refuerzos del Emperador llegarían en cuestión de horas. Lo que ocurrió a continuación es discutido en la historiografía imperial de la Herejía; algunos creen que Horus desactivó sus escudos de vacío al experimentar un último momento de remordimiento por su traición a su padre y su paso al Caos, mientras que otros creen que fue un reto personal al Emperador. En cualquier caso, Horus bajó los escudos de vacío de su nave insignia, la barcaza de batalla Espíritu Vengativo. Este hecho fue detectado por las naves leales en órbita y la información fue transmitida al Palacio Imperial.

El Emperador de la Humanidad aceptó el desafío, dirigiendo su guardia personal de élite, los Adeptus Custodes, los Primarcas Sanguinius y Rogal Dorn, y varias compañías de Marines Espaciales veteranos de los Puños Imperiales y los Ángeles Sangrientos en el asalto y teletransportándose a bordo del Espíritu Vengativo. Horus usó sus poderes caóticos para dispersar a la fuerza del Emperador por todo el inmenso navío de guerra cuando atravesaron la Disformidad. Cada uno de ellos luchó una serie de batallas contra las Fuerzas del Caos a bordo de la corrupta nave, intentando reunirse con sus camaradas y enfrentarse a Horus.

Sanguinius vs Horus 2

Sanguinius rechaza a Horus

Fue Sanguinius quien llegó primero ante su hermano Horus. El Señor de la Guerra intentó convencer al Primarca de los Ángeles Sangrientos, su más antiguo y cercano amigo entre los demás Primarcas, de que se pasara al Caos una última vez.

Cuando Sanguinius se negó a ser corrompido, Horus le atacó. Herido en sus muchas batallas en Terra y en la terrible lucha contra el Demonio Ka'bandha, Sanguinius demostró no ser rival para Horus, quien ahora estaba en el cénit de su demoníaco poder tras su larga alianza con los Poderes Ruinosos.

Horus estranguló al Ángel de Baal con facilidad. Una versión alternativa de este hecho que a veces aparece recogida en los archivos imperiales muestra a Sanguinius cortando un pequeño agujero en la servoarmadura del Señor de la Guerra antes de morir, que más adelante ayudó al Emperador a derrotar definitivamente a Horus.

Cuando el Emperador de la Humanidad finalmente entró en la sala del trono del Espíritu Vengativo, vio el alado cadáver del angelical hijo, caído a los pies de Horus. Horus llamó estúpido al Emperador por rechazar el poder que los Dioses del Caos ofrecían a los hombres, y tímido por no domarlos a su voluntad si era verdaderamente el Señor de la Humanidad como afirmaba.

Warhammer

El Emperador se encuentra con su hijo Horus, que acaba de asesinar al Primarca Sanguinius.

Horus proclamó que si el Emperador se arrodillaba ante él, le perdonaría la vida. Pero el Emperador, decenas de miles de años más anciano que su equivocado y una vez amado hijo, conocía bien la trampa que había engañado a Horus. El Emperador le dijo al corrompido Primarca que era el engañado esclavo del Caos, no su amo, pues ningún mortal podía realmente afirmar ser más que un simple peón de los Poderes Ruinosos. Gruñendo, Horus arrojó rayos demoníacos al Emperador, pero Él los eliminó con Sus propias inmensas habilidades psíquicas. La suerte estaba echada. Cada ser casi-divino sabía que el destino de la Humanidad estaba sobre la balanza ahora.

El Emperador y Horus se enfrentaron en la sala del trono de la enorme barcaza de batalla, una lucha que fue tanto física como psíquica. Aunque los dones psíquicos y habilidades marciales del Emperador no tenían igual, se encontró a sí mismo reticente a invocar toda Su fuerza contra Su amado hijo. El Emperador sufrió graves heridas a manos de Horus, y tras una serie de golpes, paradas y contragolpes entre la Espada Rúnica del Emperador y la Garra Relámpago del Señor de la Guerra, este último abrió de un tajo el pectoral del Emperador, para acto seguido abrir su yugular y cortar los tendones de su muñeca derecha, desarmándole. Un rayo psíquico abrasó la piel de la cara del Emperador, destruyendo uno de sus ojos. Después de dislocar el brazo derecho del Emperador, Horus alzó a su padre por encima de su cabeza, y le partió la columna sobre su rodilla.

En ese momento, un solitario Adeptus Custodes entró en el puente. Horus mostró al guardaespaldas imperial la forma rota del Emperador y se rió del Custodio. El valiente guerrero imperial rugió y cargó contra el Señor de la Guerra. Fue despellejado vivo por un ataque psíquico de Horus. En otros registros de esta batalla final, es un Exterminador Puño Imperial quien ataca a Horus, y en otros más raros, el condenado es un soldado del Ejército Imperial llamado Ollanius Pius.

Horus contra el Emperador Wikihammer 40k
La brutalidad casual del acto del Señor de la Guerra endureció al Emperador al darse cuenta de lo que esperaba a la Humanidad bajo el dominio de Horus y los Dioses del Caos. Viendo que Su hijo favorito estaba verdaderamente perdido en la corrupción del Caos, el Emperador finalmente reunió su completo e impresionante poder psíquico en el Inmaterium y liberó una lanza de pura energía disforme que atravesó las defensas psíquicas del burlón Horus y destrozando su cuerpo. En algunas versiones de la historia, este disparo sólo fue capaz de herir el cuerpo del Señor de la Guerra a través del agujero que había sido hecho por Sanguinius antes de su muerte. Justo antes de morir, Horus miró a su padre en el ojo, derramando una sola lágrima, rogándole que le perdonara por su traición. El Emperador vio remordimiento en los ojos de su hijo caído. El Emperador también sabía que los Poderes Ruinosos podían intentar volver a poseer a Horus, y que Él no podría estar ahí para detenerlos si lo hacían. Apartando las casi infinitas reservas de compasión de su mente por el bien de la Humanidad que Él había servido y amado todos los años de su larga vida, el Emperador destruyó a Horus completamente, su esencia quemada de la existencia para que los Dioses del Caos no pudieran resucitarlo como un Príncipe Demonio al reclamar su alma.

La destrucción del alma de Horus envió una onda expansiva psíquica a través del Sistema Solar, expulsando a los Demonios del Caos de vuelta a la Disformidad, y extendiendo el pánico en masa entre las Legiones Traidoras y otras fuerzas rebeldes en la superficie de Terra en segundos, al quedar los poderes de los Dioses del Caos perturbados temporalmente por la muerte de su vasallo mortal favorito. Una terrible furia berserker, conocida después como la Rabia Negra, se había apoderado de los Ángeles Sangrientos en el momento de la muerte de su Primarca, y estaban avanzando para dispersar a los atacantes. La retirada se convirtió en huida, y la huida pronto se convirtió en un baño de sangre; miles y miles de Marines Espaciales Traidores y Titanes cayeron intentando huir. El suelo ante el Sanctum Imperialis se volvió rojo por la sangre de traidores y herejes.

Mientras tanto, el Primarca Rogal Dorn finalmente encontró la forma de llegar al puente del corrompido navío, sólo para encontrar a su hermano caído, Sanguinius, y el destrozado cuerpo del Emperaor, quien estaba ahora al borde de la muerte, con su energía psíquica gastada en la batalla contra Horus. Entonces el Emperador susurró instrucciones a Dorn, urgiéndole a llevarle al aparato conocido como el Trono Dorado en el santuario interior del Palacio Imperial. Los soldados leales supervivientes se teleportaron de vuelta a las mazmorras imperiales bajo el Palacio Imperial.

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Malcador

Allí Malcador el Sigilita, el Regente de Terra, que era por sí mismo un muy poderoso psíquico, había brevemente tomado el lugar del Emperador en el Trono Dorado, manteniendo así la Puerta a la Telaraña que el Emperador había estado construyendo para beneficio de la Humanidad cerrada por seguridad.

El cuerpo de Malcador se deshizo en polvo del terrible esfuerzo realizado para mantener a raya los peligros de la Disformidad e impedir que cruzaran la Puerta de la Telaraña y asaltaran Terra cuando fue retirado y el Emperador colocado en su lugar. A pesar de todo, el Sigilita entregó sus últimas energías psíquicas antes de morir al Emperador, para recuperar la conciencia del Señor de la Humanidad por una última vez.

De este modo, el Emperador pudo dar sus instrucciones finales a sus sirvientes antes de ser enterrado en el aparato mientras los Adeptos del Mechanicus trabajaban a toda prisa para modificar el artefacto siguiendo las especificaciones del Emperador.

El Emperador pronunció sus últimas palabras a sus seguidores. Les urgió a seguir luchando para liberar a la Humanidad de las fuerzas del Caos y de las maquinaciones de los Poderes Ruinosos, así como de la ignorancia que continuaba asediándola. Y entonces el Emperador ya no habló más, con su cuerpo enterrado en los mecanismos de soporte vital del Trono Dorado, y con su espíritu atrapado entre la Disformidad y un cuerpo mutilado y decadente por milenios. Incapaz de completar el proyecto de la Telaraña que el Trono Dorado había sido diseñado para proteger y mantener, el Emperador decidió ahora usar sus mecanismos de aumento psíquico tanto para mantener su destrozado cuerpo vivo, como para proyectar su mente en el Inmaterium, donde crearía y mantendría el faro de navegación llamado Astronomicón para mantener el Imperio unido y combatir a los Dioses del Caos en su propio terreno, siempre buscando proteger a la Humanidad de su corrupción y depredaciones.

El Imperio del Hombre había sobrevivido a la Herejía de Horus, pero se convertiría en el bastión de la represión y la brutalidad contra las que el Emperador había luchado tanto, sin su dirección personal sobre él. En esto, al menos, los Dioses del Caos habían logrado una victoria parcial, pues este estado de cosas aseguraría que sus tentaciones siguieran corrompiendo a los miembros más débiles de la raza humana, e impediría el establecimiento final del Orden en la galaxia. Aun así, a pesar de todos sus terribles y cada vez mayores fallos, a lo largo de los siguientes diez milenios el Imperio ofrecería igualmente a la Humanidad su mejor y quizás la única esperanza de supervivencia en un universo cada vez más hostil.

FuentesEditar sección

Codex: Marines Espaciales del Caos (I Edición).

White Dwarf 268 (Ed. australiana) - "Asalto a la Sagrada Terra", de William King.

White Dwarf 265 (Ed. australiana) - "Index Astartes: Guardia de la Muerte".

Warhammer 40000 Codex Imperialis.

Horus, Señor de la Guerra, de Dan Abnett.

Falsos Dioses, de Graham McNeill.

La Galaxia en Llamas, de Ben Counter.

Fulgrim, de Graham McNeill.

La Herejía de Horus: La Gran Guía Ilustrada', de Alan Merrett.

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