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Baal

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Mecanicus

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Baal
Imperio de la Humanidad
Baal
Detalles
Segmentum Ultima
Sector Desconocido.
Subsector Desconocido.
Sistema Desconocido.
Tipo Mundo Desértico / Mundo Natal de Capítulo de Marines Espaciales
Población 122.000

El mundo natal de los Ángeles Sangrientos es un planeta devastado. Hace milenios, antes de la fundación del Imperio , una guerra terrible estuvo a punto de destruir por completo este planeta y sus lunas, Baal Primus y Baal Secundus. Las armas antiguas tanto víricas como nucleares, que se arrojaron contra la superficie del planeta, convirtieron lo que antaño fue un mundo paradisíaco y sus lunas en desiertos tóxicos. Los supervivientes se transformaron en hurgadores y carroñeros de los restos de su antaño floreciente e idílica civilización. Adoptaron un estilo de vida nómada y se libraron guerras por los restos que encontraron.

Fue en la devastada luna de Baal Secundus donde Sanguinius se crio hasta alcanzar la madurez. Ya en su juventud, Sanguinius logro unificar a las tribus enemigas y conducirlas a una nueva era. Más tarde, cuando se fundó la Legión de los Ángeles Sangrientos, sus miembros pasaron a reclutarse en las lunas de Baal.

En el planeta Baal se encuentra la fortaleza monasterio de los Ángeles Sangrientos, La Torre de Amareo.

En la antigüedad, tanto Baal como sus lunas tenían atmósferas similares a la de la Tierra. Varios equipos de exploración, equipados con los mejores trajes anti radiación, han estudiado Baal y sus lunas con detenimiento. Bajo su corteza existe una gran cantidad de información, puesto que los estratos muestran patrones muy diferentes a los que se creía que iban a ser encontrados. Aunque Baal siempre fue un desierto, sus lunas habían sido lugares paradisíacos, donde la gente se concentraba en evolucionar en vez de en sobrevivir. En la superficie de Baal existen las ruinas de edificios que tuvieron que ser construidos por gente muy avanzada para haber soportado así el paso del tiempo. Es obvio que los primeros pobladores de Baal fueron muy evolucionados. El Imperio pudo hacerse una idea de cómo había sido Baal gracias a su arquitectura.

Es causa de gran consternación entre los historiadores imperiales no saber todavía lo que sucedió para que todo esto cambiase. Lo único que se sabe es que el cambio aconteció al final de la Era Oscura de la Tecnología. Las lunas de Baal sufrieron terriblemente. Se han encontrado evidencias de armas tanto víricas como atómicas. Los estratos de estos planetas muestran extensiones de hierba y de desierto contaminadas por la radiación. Lo que habían sido mares se convirtieron en lagunas saturadas de polución y cubiertas por un polvo blanquecino. Millones de personas murieron. Pero la Humanidad prevaleció de alguna manera. Los supervivientes se alimentaron como pudieron de los restos que quedaron de aquella gran civilización. Sin sus trajes anti radiación, hoy característicos, habrían perecido todos. Se baraja la idea, por parte de algunos eruditos imperiales, de que en aquel tiempo de oscuridad algunos supervivientes no solo se convirtieron en carroñeros, sino en algo mucho peor: caníbales.

Uno de los efectos secundarios de la radiación era, por otro lado, inevitable. Con el tiempo, las toxinas químicas y radioactivas acumuladas en los cuerpos de los supervivientes empezaron a causarles mutaciones que los convirtieron en meras parodias de los hombres que sus antepasados habían sido. La desintegración de la sociedad puede ser apreciada en las Cuevas de Lasquo, en Baal Primus: grotescas imágenes de mutantes dando caza y descuartizando al resto de la población fueron dibujadas en las paredes de esta caverna.

Pero, según lo que sabemos gracias al tomo Escritura Baalita, hubo personas que preservaron su carácter humano e intentaron mantenerse cuerdas. Para ello formaron tribus, como la que acogió a Sanguinius, que combatieron a los mutantes, al menos a modo de autodefensa. Pero estas personas fueron los menos, puesto que una nueva y salvaje cultura estaba emergiendo de entre las ruinas de la anterior civilización. La única estructura social que sobrevivió fue la tribu. Tanto en el caso de los purasangres como en el de los mutantes caníbales, los únicos en los que podían confiar eran en ellos mismos y en los de su especie.

Las gentes de Baal se hicieron nómadas: viajaban de un lado a otro, limpiaban cada zona de los pocos recursos que quedaban y guardaban celosamente el despojos que habían logrado reunir. Las tribus estaban constantemente en guerra; las alianzas cambiaban de una semana para otra; la extinción aguardaba a los lentos y a los débiles. Aunque hubo un tiempo en que estas lunas estaban cerca de ser un paraíso, ahora eran un infierno.

Los pocos humanos supervivientes debían luchar cada día por salir adelante. Durante mucho tiempo, tuvo que parecer que los baalitas estaban malditos y condenados y que no pasaría mucho tiempo hasta que las tribus feudales de mutantes tomasen el control absoluto de aquellos planetas convertidos en extensos desiertos. Aunque solo podemos estimar cuándo sucedió, el descenso de Sanguinius trajo la esperanza a un mundo que estaba a punto de morir.

La Fortaleza-Monasterio de los Ángeles SangrientosEditar sección

La Fortaleza-Monasterio tiene tres partes muy señaladas: El Reclusiam, que se halla en el núcleo de una gran cúpula que se erige por encima de la Fortaleza-Monasterio, y que sólo es superada en altura por la segunda parte señalada, que es la Torre del Sacerdocio Sanguinario. La tercera es el Claustro del Silencio.

En cuanto al Reclusiam, es el templo más sagrado de los Ángeles Sangrientos; guardado por los Reclusiarcas, los Capellanes de mayor rango. Ninguna otra parte de la Fortaleza-Monasterio es tan venerada como ésta, y sus piedras negras están teñidas de historia y grandeza. Luce adornado con estandartes y reliquias de épocas pretéritas. Aquí es donde los Capellanes llevan a cabo ceremonias tales como los ritos de Iniciación, Vindicación y Redención, o el Pacto Sangriento.

Antaño, la torre del Reclusiam fue utilizada por Sanguinius como sus dependencias personales, y los Ángeles Sangrientos creen que aún hoy su amado Primarca puede oír cualquier plegaria que se pronuncie entre estos muros.

Al norte del Reclusiam hay una pequeña antecámara a la que solamente tienen acceso los miembros del Consejo del Capítulo. Allí se guardan los Pergaminos de Sanguinius, los textos sagrados redactados por el Primarca durante su larga vida. También se conservan aquí los registros de las hazañas del Capítulo, sus grandes victorias y las leyendas de sus héroes más poderosos. Son libros voluminosos, con pergaminos escritos con sangre, que se mantienen por orgullo, por tradición y para que los nuevos Hermanos de Batalla vean cuál es la medida de sus propios logros.

Se dice que en la parte más sagrada del Reclusiam yace el cuerpo de Sanguinius, rescatado por Rogal Dorn del Espíritu Vengativo, cubierto totalmente de oro puro.

La Torre del Sacerdocio Sanguinario es más alta aún que la torre del Reclusiam, que se alza sobre la gran bóveda. Es luminosa como un faro de redención allí donde el Reclusiam es siniestro y oscuro, simbolizando la naturaleza dual del alma de un Ángel Sangriento. Aquí se asienta el Apothecarion y se guardan los Cálices de Sangre y el Grial Rojo cuando no están en el campo de batalla.

El Claustro del Silencio es uno de los corredores de la Fortaleza-Monasterio. Se cuenta que, mientras se está en él, no se puede pronunciar ni un sonido como muestra de respeto y admiración a las obras de arte que contiene. Entre otras muchas obras notables se encuentran los Tapices de Riga; que son un mural situado en el Claustro del Silencio de la Fortaleza-Monasterio de Baal. Muestran a Sanguinius y a la Legión de los Ángeles Sangrientos enfrentándose a las fuerzas de Morroga en el planeta Riga, en uno de los momentos más importantes de la Herejía de Horus.

FuentesEditar sección

Codex ángeles Sangrientos 5ª Edición. Games Workshop. Todos los derechos reservados

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